CAPÍTULO 9
VUELTA AL TRABAJO
Dos semanas después
Cuando se abrió la puerta de la casa de los Cullen, Carlisle suspiró de alivio. A pesar de que Edward le había asegurado que no le iba a ocurrir nada malo, él era su padre, y era su deber preocuparse por no ver a su hijo en dos semanas. Sobre todo cuando tu hijo había ido a enfrentarse con un hombre que era inmortal para salvar a una chica inmortal que estaba siendo perseguida por una diosa que ya lo conocía. Definitivamente, Carlisle había tenido motivos para preocuparse por su hijo.
Tanto Edward como Bella parecían diferentes. Su hijo tenía los ojos de un brillante color dorado, demostrando que se había alimentado hacía poco. Además, su mirada estaba feliz, y tenía un brillo que hacía años que Carlisle no veía. Bella también parecía muy contenta. Llevaba un elegante vestido de cocktail negro con encaje de Emilio Pucci y unas sandalias negras. Su pelo estaba diferente, ya que estaba cortado de manera que tuviera flequillo a medio lado, y tenía reflejos rubios. Pero no era eso lo que hacía que la chica estuviera radiante, sino el rubor de sus mejillas y el brillo de su mirada.
Ambos se sentaron en un sofá, y esperaron sin decir nada a que los otros Cullen llegaran al salón. Fueron llegando, poco a poco, y se acomodaron en los sillones y sofás del salón. Bella notó que ni Nessie ni Alec estaban, pero sí Jacob, que la miró fijamente en cuanto entró en la sala. No parecía muy contento. La chica se prometió hablar con él después de la reunión con los Cullen. Se acomodó en su asiento y tosió. Luego empezó a hablar.
- Acabamos de perder a Cole. Bueno, en realidad no lo hemos perdido todavía, pero voy a matarlo en cuanto salga de aquí, así que olvidaros de él. Cuando lo mate, su hermana tampoco querrá ayudarnos, por lo que ni ella ni Jordan ayudarán tampoco. Una muy mala decisión, por cierto-comentó, y volvió a toser-. Necesitamos más ayuda, y a pesar de que Dianna y Joseph estén dispuestos a ayudar, creo que voy a tener que pedirle un pequeño favor a ciertos dioses a los que les gustan los vampiros.
La mirada de Bella se dirigió a Edward, que ya estaba de acuerdo con su plan, y luego hasta Rosalie. Esta, al comprender de qué dioses hablaba la chica, empezó a negar con la cabeza, y la fulminó con la mirada. Bella no se sorprendió. Sabía que Rosalie se negaría sin haber siquiera escuchado todo lo que Bella tenía que decir, pero no se preocupó. El plan que llevaba más de una semana ideando no pondría en peligro a la vampira rubia, ni a Edward. Su plan era perfecto.
- No voy a entregarte a Apolo, rubia. Sólo voy a necesitar teneros conmigo mientras negocio con ellos, para que los distraigáis con vuestra demoníaca belleza.
- ¿Demoníaca?-preguntó Emmett.
- Teniendo en cuenta que los dioses son celestiales, sí. Demoníaca.
Cole despertó. Seguía en la celda en la que Bella había estado encerrada, en Chicago. Había elegido aquella ciudad pensando en lo grande que era, pero a Edward no parecía haberle costado nada encontrarlo. El chico negó con la cabeza, e intentó moverse. Si las ataduras de Bella habían sido apretadas, las suyas estaban preparadas para que él no pudiera moverse de aquella incómoda postura, ni totalmente recostado ni totalmente incorporado.
Empezaba a ver todos los fallos que había tenido su plan. Ni siquiera sabía cómo se había atrevido a hacerlo, teniendo en cuenta que, ahora que estaba libre, Bella sería capaz de torturarlo durante años. Y su imaginación era muy grande. Cole recordó a aquella chica, Olivia. Era una de las víctimas de las que Bella tenía que encargarse por orden de Hera, porque era miembro de una secta adoradora de Satán. Bella la secuestró y la mantuvo durante meses en un apartamento abandonado. Había conseguido todo tipo de instrumentos médicos, y también varios ácidos. Le hacía cortes con el bisturí, y luego vertía sal en las heridas. A continuación, esperaba a que la herida se cerrara, y derramaba ácido sobre las marcas que quedaban sobre su piel. Cole estaba con ella en todo momento. Aquello fue lo más horrible que vio jamás. Al final, cuando la chica proclamó su amor hacia Hera, Bella la mató, de manera rápida. Lo que la diosa le había mandado en un primer momento.
A pesar de que los rápidos asesinatos que Hera mandaba a Bella nunca se cumplieran, la diosa nunca se enfadaba. Y es que, según Cole sospechaba, Hera temía a Bella. La diosa sabía que Bella sería la única persona que sería capaz de acabar con ella algún día. Por eso, trataba con ella de la manera más amistosa posible. Hasta Clara.
Cole suspiró, y cerró los ojos. Estaba agotado, pero en esa posición era incapaz de dormir. En cuanto sus ojos se cerraban, sentía tirones en los brazos, y la molesta sensación de uno de los barrotes de la celda clavado en su estómago.
En el momento en el que tener un hierro clavado en el estómago no duele, es cuando un secuestrado se da cuenta de que se está acostumbrando a estarlo.
Bella entró en el restaurante, con Edward y Rosalie a su lado. Avisó al maître de quienes eran, y este los dirigió a su mesa, reservada en un apartado. Edward, caballerosamente, apartó las sillas de su hermana y de Bella, y luego se sentó al otro lado de Bella. Sus invitados todavía no habían llegado, pero eso no sorprendía a ninguno de los tres. Ya habían aprendido que los dioses, al ser superiores a los demás seres, se hacían esperar, llegando a llegar incluso varias horas tarde a las citas.
Cuando el maître llegó acompañando a una despampanante mujer hasta la mesa, estaba sudando, y parecía totalmente desconcentrado. La mujer estaba encantada, por supuesto. Edward se levantó y, al igual que con las otras dos, la ayudó a tomar su asiento, y después de efectuar una pequeña reverencia acompañada de una deslumbrante sonrisa, se volvió a sentar. Afrodita estaba encantada con toda la atención que estaba recibiendo.
Apolo llegó sólo minutos después, sonriendo a cada mujer que giraba la cabeza para verlo, y disfrutando enormemente de ser el centro de toda atención en el restaurante. Sólo Afrodita lo ignoraba, mientras que observaba fijamente a Edward, que pretendía no darse cuenta. Cuando Apolo alcanzó la mesa, besó la mano de Bella primero, y luego la de Rosalie, mientras que le guiñaba un ojo. La vampira se sintió nerviosa, y pensó en Emmett. El dios ignoró por completo tanto a Edward como a Afrodita.
- Siento haber interrumpido vuestro trabajo-comenzó Bella, sonriendo mientras cruzaba las manos por encima de la mesa-. Pero esto ha ido demasiado lejos, y necesito aliados. Verdaderos aliados.
- No pienses que puedes volver a comprarnos con los chupasangres, Isabella-dijo Apolo, mirándola fijamente con aquella mirada que la hizo tartamudear la primera vez que lo vio.
- Soy consciente. Estoy dispuesta a daros lo que queráis. Incluso mi propia cabeza. Pero quiero demostrarle a Hera que puedo con ella.
- No queremos tu cabeza, sierva. Te apreciamos, incluso. Siempre que no sea contra nosotros, un siervo que se rebela contra su dios merece todo nuestro respeto. Demuestran un gran valor-comentó Afrodita, cruzando las piernas.
- Además-añadió Apolo, poniendo una mano sobre las dos de Bella, que seguían cruzadas sobre la mesa. Bella resistió el impulso de suspirar, y notó cómo Edward se tensaba-, tú eres especial, querida Isabella. Nos conocemos desde hace mucho tiempo.
- ¿Y qué queréis?-preguntó, queriendo apartar la mano de Apolo de las suyas. La estaba desconcentrando.
- Cuando todo esto acabe, te quiero para mí. Y no como sierva, querida. Te quiero como esclava.
- Y yo quiero al de los ojos verdes-añadió Afrodita.
Edward bajó la mirada, pensando en Cole, y en cómo lo había dejado Bella. Supuso que Afrodita no estaría contenta con eso. Bella, sin embargo, pareció no haber escuchado lo último que había dicho la diosa. Cuando Apolo terminó de hablar, ella apartó sus manos, y se quedó en absoluto silencio, totalmente quieta. Rosalie se permitió sorprenderse, al ver a Bella asustada. Abrió la boca con intención de preguntar, pero Apolo se lo impidió, levantándose y acercándose a Bella. Se arrodilló a su lado, y acarició su cara con una de sus manos, mientras que la otra descansaba en el espacio de pierna que su vestido dejaba libre.
- Puedes pensarlo y contestar en un par de días. Preguntar a Cole. Cuando sepas la respuesta, contacta conmigo. Estaré esperando.
Bella asintió con la cabeza, y Apolo sonrió. Besó la frente de la chica, y se levantó, acariciando su pierna por última vez. Luego, sin esperar a Afrodita, se marchó, justo cuando la camarera se había atrevido a acercarse. Cuando lo vio de manera tan cariñosa con Bella, volvió a esconderse en la cocina, aparentando tener mucho trabajo. Edward estaba muy incómodo después de ver cómo Apolo trataba a Bella; y sobre todo, como ella se dejaba.
Afrodita se levantó, y antes de marcharse, murmuró que el plazo para la respuesta era de dos días. Rosalie se levantó, preparándose para marcharse, y Edward la siguió segundos después. Bella fue la única que no se movió, alertando a Edward. Incluso Rosalie parecía preocupada. Aun así, queriendo salir de ese restaurante lo más rápido posible, la agarró de un brazo, y la hizo levantarse. Edward comprendió lo que su hermana hacía, y cogió el abrigo, mientras que todos se dirigían a la salida del restaurante. Antes de salir, Edward dejó unos cuantos billetes, y se disculpó frente al maître con una sonrisa.
Cuando estuvieron en la calle, el frio aire llegó a ellos, haciendo que Bella reaccionara. Esta se puso el abrigo que Edward le tendía, y miró a los dos vampiros, con expresión preocupada.
- Creo que esto ha acabado…
El viaje de vuelta a casa de los Cullen estuvo coronado por un incómodo silencio. Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, Bella se había subido al asiento del piloto del Volvo de Edward, por lo que él se sentó al lado de su hermana en la parte de atrás. La chica tenía una expresión tan ensimismada y a la vez conmocionada, que ninguno de ellos quiso decirle nada.
Bella conducía a casi doscientos kilómetros por hora, pero eso no preocupaba a los vampiros. Ellos también conducían a aquella velocidad. Rosalie preguntó mentalmente a Edward sobre qué ocurría con la chica, pero su hermano sólo negó con la cabeza. Ninguno de los dos sabía que le había ocurrido a la chica. Incluso habían pensado que todo se les facilitaría, porque lo que Afrodita y Apolo habían pedido era bastante simple.
Cuando Bella aparcó en el garaje de los Cullen, entraron en el comedor, y Rosalie se sentó en una de las sillas, mientras que tanto Edward como Bella se quedaban en la puerta, sin decir nada. Los demás Cullen, sin embargo, no parecían dispuestos a que ellos dejaran pasar el tema, por lo que Rosalie suspiró y empezó a hablar.
- Nos ayudarán si Bella se convierte en esclava de Apolo y Cole de Afrodita-dijo simplemente. Tampoco había sucedido mucho más.
- ¿Y por qué estáis tan cabizbajos?-comentó Alice-. No es mucho, ¿verdad?
- ¿Que no es mucho?-dijo Bella, y tanto Edward como Rosalie se sorprendieron al oír su voz. Tenía el exacto tono que había tenido en el restaurante-. Vosotros no sabéis nada. Ser esclavo de un dios te ata eternamente a él. Te da poder, sí, pero también hace que siempre estés localizado, que el dios sepa dónde estás y qué estás haciendo… Estás absolutamente controlado, y además, estás obligado a hacerle caso en todo. Y yo no quiero eso. Yo no puedo ser eso.
- ¿Por qué?-preguntó Rosalie-. Te sacaríamos de ahí.
- Ese es el problema. Sé que vosotros querríais sacarme de ahí, pero yo no. Yo querría matar a cualquiera que intentara apartarme de mi amo.
Edward la miró fijamente por un segundo. Al siguiente, salió corriendo de la habitación, sin que nadie tuviera tiempo de evitarlo. Bella dejó escapar una solitaria lágrima.
¿Qué os ha parecido? ¿Qué creéis que ocurrirá con Bella? ¿Qué pensáis sobre los esclavos?
Quiero agradecer a todo el que dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que me llegan.
Aunque lo dijera en una nota que publiqué, quiero que sepáis que voy a preparar un nuevo outtake, y que vosotros podéis darme ideas sobre en quién centrarme durante ese outtake. Por favor, dadme ideas.
Espero que os haya gustado este capítulo. El siguiente, que publicaré mañana, se llamará: Grandes Aliados
Nos vemos =)
