Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a JK Rowling y asociados.
11. Los Cuatro Malfoy
Otro día más, hoy su padre Lucius estaría a cargo de sus lecciones junto con su padrino 'el tío Sev'. Pareciera que desde siempre se habían tratado, existía una confianza, una familiaridad, un algo que la hacía sentirse segura en la presencia de ambos magos. Era rara la sensación de una extraña y ajena tranquilidad, era cierto que ambos magos apoyaron en su momento al Señor Oscuro y además disfrutaban de las artes oscuras con regularidad, pero como podía explicar los nacientes sentimientos que sentía hacia ellos dos. Algo dentro de ella le decía lo feliz que eran ambos hombres en su entorno, no podía ser que el mundo girara a su alrededor y todo se tratara de ella, pero su padre la hacía sentir de esa manera, y su padrino la hacía sentir una bruja intocable.
Con eso en mente espero a que vinieran por ella, hoy sería un día maravilloso para los tres, aún parece surreal toda la sensación pero aceptaría lo que viniera. Tenía algo que muchos no tenía, la oportunidad de convivir con su familia, a pesar de haber perdido una, lo haría por ella y no porque es lo correcto, sabía que su amigo Harry envidiaba su actual situación, planeaba compartir sus padres con él.
"Toc, Toc" Se escucharon suaves golpes en su puerta.
"Adelante" Contestó con un timbre de voz muy alegre y una sonrisa. Al abrirse la puerta entro su apuesto padre.
"¡Buenos días mi pequeña Hidra!, ¿Cómo amaneciste?" Preguntó.
"Muy bien y usted padre" Contesto de inmediato.
"Perfecto, me alegra. ¿Nos vamos?" Preguntó.
"Claro tengo hambre" Y como queriendo afirmar se escuchó un pequeño gruñido prominente de su estómago, de su padre solo se escuchó una risa.
El desayuno era relajado, solo ellos tres, aún que estaba un poco tensa por todos los acontecimientos recientemente ocurridos, no quería ser insensible a su padre después de haber herido sin querer a su madre.
Pero de sus padres Muggles su madre era con quien estaba más cerca y no quería que la aristocrática bruja ocupara su lugar, en cambio con su padre nunca tuvo una relación muy cercana a pesar que la querían mucho él era un poco diferente no era del tipo cariñoso, además que nunca aprobó a sus amigos en especial a Ron lo veía como poca cosa sin ninguna gracia, a Harry lo empezó a tolerar al conocer su pasado con él era cálido más que con ella, eso no le molestaba al contrario le gustaba incluso en una ocasión lo invito a pasar vacaciones con ellos cosa que no le agrado a la patriarca de los Weasley, pero esos días que pasaron juntos fue cuando se empezaron a ver como hermanos.
Era nuevo para el a pesar que con los Weasley se la pasaba bien y jugaban quidditch, con los Granger era otro mundo, allí lo primero que hacía era pasar al consultorio y hacerle una revisión bucal ya que era la especialidad de esa familia, seguido eran hacer los deberes a pesar de que el padre de Hermione no entendía la magia intentaba ayudarles en lo que podía, eran una familia unida y muy inteligente y entre ellos sentía ganas de estudiar aún que nunca lo ha confesado.
(...)
Así que en ese día haría lo posible por intentar entender a su familia biológica, aún que con su madre no quería disculparse, sabía que el orgullo debía tragárselo e intentar hablar con ella y explicarle como se sentía. Decirlo era más fácil que hacerlo. Esperaría a que ella diera el primer paso, en aquellos momentos sentía como si la culpa era de Narcissa y no de ella, pero nuevamente era su orgullo hablando y nada bueno venia de escucharlo era tonto, pero no daría el primer paso.
Por su parte Lucius también estaba preocupado no sabía cómo empezar el día, comenzaron desayunando pero desconocía como darle una lección de etiqueta, sabía cómo comportarse desde la perceptiva de un mago, pero no de una bruja.
Severus como leyendo sus pensamientos sonrió a su amigo uy hermano, tan poco sabía que hacer por primera vez, pensó si alguno de sus amigos conocía algo al respecto, pero sabía que Lucius quería a su hija para él solo, era posesivo con lo que le pertenecía, haciendo un repaso mental trato de recordar el comportamiento de las damas que conocía, sin contar a Bellatrix ella tenía lo de dama lo que el de príncipe encantador.
"Lucius que te parece si pasamos al salón, donde Hidra podrá continuar con sus clases de danza" Dijo Severus. Sonrió de agradecimiento a la sugerencia de su amigo.
"Buena idea Severus, te parece bien querida hija" Pregunto mirándola de frente.
"¡Sí! Pero no me hago responsable de los pisotones" Respondió.
"No te preocupes somos buenos instructores... Además nuestras botas son resistentes" Dijo Lucius intentando mantener un ambiente relajado.
De inmediato se trasladaron al salón donde Hermione empezó a practicar danza con su padre y después con su tío, por supuesto no era mala en el baile, ya había practicado cuando fue al baile con Víctor.
Tomaron té donde ella tendría que servirlo de la forma correcta como lo hace una dama 'o sirvienta', le habían enseñado a usar los cubiertos de forma correcta, y por ultimó le enseñaron los apellidos de las familias más influyentes con las que le convenía hacer amistad, por supuesto en esa parte se alarmo, pensando que su padre intentaría casarla con el hijo de alguna familia importante, pero su reacción al preguntarle fue una que no esperaba...
"¡Padre...Tío...! ¿Llegando el momento me obligaras a casarme con algún mago influyente...?" Pregunto un poco tímida.
"¡De ninguna manera! ¡Jamás lo permitiré, aun que tu madre lo quiera! ¡La última palabra la tengo yo! ¡Así que la respuesta es NO, Draco es el responsable de dar herederos esta familia, tu deber es verte preciosa, a mi lado por supuesto...!"
"¡Coj, Coj...!" Tosió Severus interrumpiéndolo.
"¡Ah y al de Severus..! ¡Siempre estarás a nuestro lado pobre del mago que ponga los ojos en mi única hija!" Dijo Lucius con voz firme y segura.
Hermine sintió que sus ojos se humedecían a pesar que se escuchaba muy arcaico y pasado de moda, le conmovió hasta el alma, sus hombres eran posesivos, celosos y oscuros, pero eran de ella.
"¿Por qué lloras...? ¡A caso existe algún mago que...!" Pregunto Lucius muy alterado, no quería compartirla, al ver a su hermano tan rígido supuso que pensaba lo mismo.
"No es eso...No quiero casarme...Es que nadie me había dicho palabras tan bonitas" Dijo mientras lloraba suavemente.
Ambos sonrieron, les gusto el hecho que ella misma no quisiera a ningún mago cerca de su persona. Solo esperaban que dentro de unos años pensara lo mismo.
Recordaba con cariño, una sonrisa y una solitaria lágrima resbalo de sus ojos, a pesar de lo rápido que aún era, sentía que dentro de poco Lucius sería su papá no su padre.
En cuanto a Severus era fácil decirle tío, se le daba de forma natural, con el tiempo sabía que ellos serían indispensables en su vida. Una conexión especial parecía que los unía, de una forma diferente que a su madre aún que con ella siempre había un ambiente un poco tenso, ella pedía demasiado, ella debería ser más especial que su padre como lo fue Jane su madre Muggle.
Pero ahora no cuestionaría a sus sentimientos ella se equivocó desde el comienzo y eso fue todo, el tiempo tal vez haría que hubiera una relación madre-hija, en cuanto a Draco esperaba que la perdonara y entendiera, pero algo le decía que su perdón no vendría pronto y menos fácil.
(...)
El día de los dos magos oscuros fue de maravilla, no querían que acabara o que llegara Narcissa y Draco. No eran tontos para no darse cuenta que Hidra estaba enojada con los dos y eso lo tenía sin preocupación, su lado egoísta pensaba que era lo mejor más para ellos y así Narcissa y sus amigas no le meterían ideas de matrimonio y mucho menos sobre hijos y familia.
Lucius quería llevarla a su trabajo para que todos la pudieran ver en su brazo, y lo envidiaran por tener una hija tan preciosa e inteligente, sobre todo el Parkinson ya que su hija seria buscada y accedida por los jóvenes magos y su hija no tanto en cuanto pusieran sus ojos en ella.
Los Parkison al igual que los Greengrass, buscaban casar alguna de sus hijas con Draco pero a él no le gustaba ninguna para nuera, eran brujas ambiciosas, que veían a su hijo como una llave a todo lo que no podían acceder por si solas o con ayuda de familia.
Esperaba que su hija no fuera a tener problemas con ellas cundo regresara a Hogwarts, sabía que en sus años anteriores fue víctima de insultos de parte de la casa de Slytherin, dudaba que la fueran agredir físicamente pero las palabras dolían más.
No recordaba la última vez que estuvo feliz por algo que no era el sufrimiento y desdicha ajena, tano él como Severus eran felices como una familia, desde los días en que su padre estaba vivo y por supuesto la infame Lili Potter. Todo dolor y tristeza volvía a quedar atrás de ellos, en el pasado y nunca volvería.
Severus por su parte al igual que su hermano, pensaba en lo bien que había salido aquel día, sentía un poco de simpatía por Narcissa pero este era un mundo cruel y el cruel sobrevive, su pequeña ahijada parecía estar enojada con ella y el no metería las manos por ella y ni por nadie. Eran sus propios problemas y tendría que resolverlos sola, tal y como los consiguió.
En total Hidra era compasiva y tal vez después de un tiempo se olvide de lo ocurrido, tal y como perdonaba a los cabezas huecas que tenía por amigos, sobre todo el Weasley siempre haciéndola sufrir con sus palabras y actos. Por supuesto que en aquel tiempo desconocía su parentesco si lo hubiera sabido, otra hubiera sido la historia, pero ya no podía regresar el tiempo atrás, sus logros académicos los ponían orgullosos, si tan solo su padre Abraxas estuviera con ellos podría verla y estar orgullo que su familia era sobresaliente en todo lo que se proponían y eran los ganadores.
Recordó con una sonrisa que Hidra aún no había conocido a su abuelo aunque sea en una pintura, le agradaría conocerlo y conversar con él, aun que estaba muerto escuchar su voz través de aquella pintura siempre lo reconforto, nadie sabía de ello ni siquiera Lucius, solo él su padre adoptivo, como lo quería y lo extrañaba, él lo había rescatado de caer en un orfanato ya que la familia de su madre lo repudió, en aquel entonces cuando lo conoció en unas vacaciones, cuando Lucius lo invito a pasar navidad con ellos, Abraxas Malfoy sintió una simpatía por el osco joven mago, simpatía que llego a convertirse en cariño el suficiente para adoptarlo después de quedar huérfano.
Tubo que pelear con Dumbledore, el viejo tonto no quería que lo tomara como uno de los suyos, pero con sus influencias y el dinero suficiente lo consiguió, al principio el adolecente Severus no lo veía con buenos ojos, pensaba que le tenía lastima y que lo había recogido por petición de Lucius, el como buen padre aristócrata sangre pura lo crio igual que a su hijo, estrictamente termino de crecer con ellos, tenía todo lo que podía desear y más. Un día de la nada comenzó llamarlo padre y una sonrisa se dibujó en su rostro impasible ese día se dio cuenta que él era su hijo de verdad no solo porque un papel lo decía si no porque desde su interior lo quería aún que no lo decía muy seguido, sus hijos sabían que los quería y su forma estricta era una forma de hacérselo ver.
Lucius estaba feliz por fin tenía un hermano, no sentía celos de su amigo y con gusto compartió a sus padres con él, era un hermano mayor y fue su responsabilidad llevarlo a hacerse hombre a una casa de citas a la misma que su padre lo llevo al cumplir sus diecisiete años. El rostro de Severus era de un tono rojo muy bonito, por el cual se rio por un tiempo a su costa. Después de ese día recibió su marca tenebrosa.
(...)
El día estaba por terminar, habían decidido salir a cenar, Hermione se vistió como su madre le había enseñado, pero esta vez era diferente quería verse bien para ellos los tres saldrían y no quería avergonzarlos así que se esforzó por verse hermosa para ellos.
''¡Hidra! Querida estas lista, mi princesa'' Pregunto Lucius con su voz de seda.
''¡Sí! ¡Padre, ya nos vamos!" Contestó. Tras su intercambio de palabras bajaron al salón donde los esperaba el temible murciélago de las mazmorras.
"¡Tan hermosa como siempre mi pequeña Hidra!" Dijo al verla acercase. Se ruborizo y bajo la cabeza, los magos la veían con una sonrisa ante la señal de su inocencia.
"Bien pues salgamos, el carruaje nos espera nos espera" Dijo Lucios. Hermione solo lo miro pensaba que se iban aparecer como normalmente lo hacían.
Al salir de la Mansión vio un elegante carruaje de color negro con detalles dorados, parecían como si fueran de oro, algo que no dudaba, pero lo más hermoso que vio fueron los caballos alados tan magníficos, los únicos que había visto eran los que llevaron a las estudiantes de Beauxbatons en el torneo de los tres magos.
El cochero se bajó haciendo una inclinación a los magos y la joven bruja abrió la puerta para que entraran.
"Hidra deja te presento a Nicolas nuestro cochero, cundo quieras salir alguna parte, él te llevara, por supuesto debo autorizar dicha expedición y Nicolas esta es mi hija Hidra, mi mayor tesoro" Dijo Lucius haciendo señas al cochero quien sonrió a Hermione.
Hermione solo sonrió, su padre se portaba de maravilla y le encantaba ser su pequeña hija, la atención que le brindaba la hacía sentirse especial. Severus la miraba con cierto brillo en sus ojos, estaba feliz y lo demostró, aún que solo un poco.
Los tres subieron al carruaje, llegaron a un lujoso restaurant lejos del callejón diagon, en una zona exclusiva, como era de esperar algunos magos y brujas reconocieron el carruaje ya que nadie en Londres tenía suficiente dinero para poseer algo tan lujoso.
Los que vieron salir a Hermione del carruaje se sorprendieron un poco, ya que se parecía a la bruja que había salido en el profeta, claro no sabían que ella era su hija.
Lucius miro a su alrededor no les prestó atención en su lugar tomo la mano de su hija y la coloco en su brazo, y lentamente los tres caminaron a la entrada del restaurant, de inmediato los hicieron pasar. El resto de la noche paso sin alteraciones cenaron con tranquilidad ignorando las miradas que les lanzaban y claro Severus les daba una propia mirada aterrorizante de las que solo él sabía dar.
Su tiempo juntos fue perfecto, había una armonía y una sensación de paz, Hermione no sentía ni la más mínima incomodidad. Le gustaría que fuera así de sencillo relacionarse con Narcissa pero ella era un poco más pesada, en el aspecto que esperaba mucho de ella, quería algo que no podía dar por el momento, tal vez después pero por ahora el dolor estaba cercano.
Había momentos en los que sentía que traicionaba a su padre, pero los desechaba pronto al final ellos nunca le dijeron la verdad y habían tenido varios años para decirle una parte de ella se alegró que jamás le dijeron, tal vez escuchar la verdad salir de sus labios hubiera dolido peor que su muerte.
Su padre seguido la volteaba a mirar, como queriendo comprobar que allí estuviera y no fuera un sueño, muchas veces soñaba con su hija, como sería ella la quería sin conocerla el amor es especial y grande, el amor por sus hijos no se comparaba con nada, daría todo lo que tenía por cualquiera de los dos, a pesar que la relación con su hijo era un poco tensa en estos momentos, él los amaba junto con su hermano, a su querida esposa Narcissa, bueno su relación era especial, cuando se casaron no se conocían, él acepto casarse con ella por el bien de su familia no por amor, claro que no es de piedra y en su tiempo hubo una joven que cautivo su corazón con la bondad que desprendía, pero jamás hubiera sido aceptada por su padre, era mestiza no sangre pura, tal vez si ella hubiera sido su esposa, su hija no estaría peleada con ella y su hijo sería diferente, pero ya no podía hacer nada ella ya no estaba a su alcance.
"Hidra, ¿te ha gustado la comida?" Pregunto Lucius mirándola.
"¡Si padre! Pero más me gusto estar con los dos, aún que hubiéramos comido en la mansión" Respondió con una sonrisa radiante. Severus sonrió cálidamente algo raro en él, pero le gustaban las dulces palabras que salían de sus labios.
"Podemos volver a salir los tres juntos... Esta no será la única vez" Dijo Severus.
"Por supuesto ahora será mejor regresar a la mansión, ya es un poco tarde y además quiero presentarte a mi padre, tu abuelo" Dijo Lucius.
"¡Oh! Me gustaría conocerlo aún que solo sea en pintura, si estuviera vivo seguro estaría aquí con nosotros, verdad" Preguntó volteando de un lado a otro para mirarlos.
"Si, Hidra estaría con nosotros, él reprobaría la actitud de Narcissa y la de Draco" Contestó Lucius un poco melancólico.
Después de haber comido su postre salieron de aquel restaurant, al regresar a la mansión la llevaron por unos pasillos en los que nunca había estado. Estaba un poco ansiosa, quería conocer a Abraxas Malfoy y hablar con él y hacerle muchas preguntas le hubiera gustado poder abrazarlo, contarle sus secretos y quejarse de su madre para que la regañara.
Cuando lo vio de inmediato le pareció ver una versión más vieja de su padre, con el mismo cabello rubio y los mismos ojos grises como plata.
"Hijos míos, a que debo el placer" Se escucha una voz que salió dela pintura de aquel mago.
"Padre, hemos traído a una pequeña brujita que quería conocerte" Dijo su hijo mayor, Lucius. Su padre alzo una ceja esperando ver a la bruja en cuestión, no era tonto sabía que su nieta estaba en la mansión, sus hijos habían prometido llevársela.
Dando un tentativo paso hacia delante Hermione alzo la cabeza para que pudiera verla, sentía una cosa que no podía explicar su corazón saltaba con una especie de alegría, y unas lágrimas salían de sus ojos, ninguna nieta esperaba conocer a su abuelo en un lienzo, aún que este hablara, no era lo mismo que abrazarlo y hablar con él en persona, pero el tiempo no podía ser cambiado. Tal vez en otra realidad alternativa el estaría vivo.
"Porque lloras, pequeña nieta mía" Preguntó con la voz más paternal y tierna que Abraxas poseía.
"Yo... No sé... Es diferente verte así..." Dijo entrecortadamente le llego un sentimiento de dolor y melancolía que no sabía porque lo tenía si nunca lo había conocido, pero los abuelos siempre tenían un aire cálido y especial, ellos eran lo mejor de la vida de cualquier niño y ella no lo había tenido en su vida, por el egoísmo de algunas brujas y magos.
Sin poder resistirse se puso a llorar dejando salir todo el dolor que aún tenía, desde la muerte de sus padres, la discusión con los Weasley y las recientes peleas con su madre y hermano. Era demasiado para soportar.
Abraxas sentía lastima por ella, no podía consolarla, ella era la primera mujer Malfoy que nació en varios siglos, siempre nacían puros varones en su familia y le nacimiento de una niña era algo sorprendente, un milagro de Merlín.
"Tranquila mi pequeña, para mí también es difícil esta situación pero no podemos cambiarla" Dijo con pena en su voz.
"Para mí es un regalo tu vista, mis hijos están más felices desde tu llegada, cuídalos por mí, nunca los dejes, te necesitan y a pesar que no estoy físicamente aún me gustaría escuchar tu voz, cuando tenas tiempo para este viejo retrato"
"¡Sí! Yo los cuidare por ti abuelito... Jamás los dejare y siempre tendré tiempo para mi abuelito, si hubiera un retrato extra te llevaría a mi habitación" Contesto más calmada, pero las lágrimas fluían mientras hablaba.
Lucius y Severus no sabían que hacer, la tenían agarrada, cada uno por un brazo pero sentían su dolor y el de su padre, el destino era cruel para algunos.
"Hay un retro extra lo tengo en mi habitación, es pequeño, pero con gusto te lo daré" Dijo Severus evitando su mirada, a pesar de ser viejo, no era insensible y también le dolió escuchar las palabras que compartieron.
Lucius lo miro, nunca pensó que estaría dispuesto a entregar la única foto que tenia de su padre, pero le daba gusto que quisiera tanto a su hija como para desprenderse de algo valioso para su corazón.
"Ves pequeña, estaré cerca de ti y hablaremos muy seguido, siempre te ayudare en todo lo que pueda" Dijo feliz.
"Creo que podemos dejar esta conversación para otro momento, ya es tarde, y tu hija mía deberías estar dormida y no despierta" Dijo Lucius con voz un poco más seria, pero no tanto.
"¡Oooaauuhh! Si tienes razón pero..."
"Hablaras con tu abuelo en otra ocasión, cuando te traiga la foto podrás hablar todo el día con él" Dijo Severus.
"Ya escuchaste después hablamos, ahora ve a dormir y sueña muy bonito mi nietecita" Dijo Abraxas.
"Buenas noches, abuelito" Contestó.
Después de que los magos se despidieron, los tres emprendieron camino a la habitación de Hidra, sin notar que el mago en el lienzo los veía retirarse con una sonrisa en sus labios feliz de que su familia estaba junta nuevamente.
Solo voy a decir que lo siento, e intentare no tardar tanto.
