Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, sin embargo la historia sí.

-Diálogos.-

:-:-:-:-:-: Cambio de escena.

La Burla

Capitulo Once.

Inuyasha se observó en el espejo mientras acomodaba el cuello de su camisa, su mirada se detuvo en sus ojos y el recuerdo de unos apagados le golpeo tan crudamente que lo dejo perplejo, ¿Cómo era posible que recordara tan vívidos detalles como el tono de ojos de aquella jovencita que variaban con el matiz de sus días? Sin saber cómo había aprendido que tono brilloso tomaban con una sonrisa sincera, también se sabía de memoria el tono café plano que ahora los coloreaban.

Por un momento ignoro las sensaciones extrañas enterrándolas en un baúl mientras se preguntaba ¿Qué diablos pasaba con ella? ¿Y con él? ¿De verdad habían perdido tono sus ojos o solo era él que la estaba comenzando a idealizar? ¿Estaba sintiendo algo por aquella prácticamente niña o solo era producto de su subconsciente tratando de realizar lo que su madre tanto le había pedido? ¿La conocía tan bien cómo para de verdad saber si ese tono café plano era el suyo o solo era el cambio de sus ojos ante su humor? Ninguna respuesta le gustaba en verdad, y sin embargo ¿Qué hacia él analizándolas? ¡Al diablo! no se quebraría la cabeza por sensaciones y emociones que no existían, por espejismos, cortejaría a la chica porque era conveniente para sus planes, no quería estar con una mujer a la que no conocía, el recuerdo de sus padres merecía más que eso; no por ello quería decir que llegaría a amarla siquiera a quererla, tal vez ella en algún momento se ganaría una chispa de afecto, pero sería más como el que sienten dos amigos y eso sería todo, no quería aquellas cursilerías que llevaron a sus progenitores a la tumba.

Decir que él no creía en el amor sería estúpido pensó mientras se encaminaba hacia la salida, no, él creía en el amor, lo había escuchado en las palabras de su madre cuando hablaba de su padre, lo había visto en los ojos de su padre cuando pensaba y recordaba a su madre, no obstante él había tenido la fortuna de conocerlo con sus dos caras; el dolor de su madre ante la lejanía de su padre por muchos años le había ganado su odio hacia él, sin embargo el dolor y la pena del antiguo Duque que lo había llevado hasta su muerte ante la muerte de la persona que más había amado le había hecho ver que la vida era una dualidad y nadie es eternamente feliz, con ello había curado su rencor hacia él pero había dejado la huella de la sabiduría; él no cometería el error del viejo, no sería tan estúpido como para amar tan encarnadamente que sufriría a la distancia del fruto de su afecto ni se dejaría carcomer con el dolor si en algún momento alguna pérdida obtendría, vivía en un siglo donde la muerte rondaba en cada esquina y si él se enamoraba correría el riesgo de entregarlo todo hasta quedarse como un cascaron vacio y aunque podría ser correspondido la realidad era que esa probabilidad era muy efímera, tanto como sacar el número treinta y tres en la ruleta de apuestas, además, tampoco quería eso para la mujer que lo acompañara, no quería verla desviviéndose por un amor que nunca sería correspondido, no quería que el día de mañana saliera lastimada por su culpa.

Entonces ¿Por qué la insistencia de enamorar a aquella jovencita de cabellos obscuros? ¿Por qué querer atrapar al pájaro en una jaula de amor que se supone nunca sería correspondido? ¿Qué ganaba él con eso? ¿Cuál era la insistencia de atraer a aquella jovencita? ¿Por qué aquel cambio tan radical de pensamientos? La respuesta era una de tantas que en verdad le molestaba por lo que no se molesto en definirla, la quería para él y punto. Sí, probablemente era un cerdo narcisista y posesivo que buscaba solo aumentar su ego con una esposa bella entregada por completo a él ¿Pero y qué? El tenía como meta poseerla por completo, hacerse tan parte suyo que nunca lograra olvidarlo, lo que era una mierda por todas las mismas razones porque no quería enamorarse y porque hasta ahora no quería enamorar a nadie, solo tener a alguien con quien pasar el rato. Debería dejarla ir, pero bueno siendo realistas no lo haría, la chica era tan perfecta para sus planes que a veces lo mortificaba; su madre estaría encantada con lo bien educada y la vivacidad que la envolvía, su padre estaría orgulloso de él al verlo manejarlo todo con una joven bella a su lado, una joven de buena cuna y noble que haría tragar a los que siempre lo vieron como a una cucaracha, que limpiaría su origen, además ¿Qué pasaría si en algún momento por no haber puesto atención ella se llegara a enamorar de otro? Apagando el fuego que la idea encendió en su interior como lava entendió que él no lo permitiría; no, el único dueño de aquella jovencita y el único brillo de sus ojos sería por él o nadie más, destruiría toda posibilidad al tenerla enamorada, jamás dejaría que nadie pudiera poseerla, la marcaría tan hondo que no tendría oportunidad de hacerlo, no le importaba lo posesivo que eso podría sonar.

Si, el era un bastardo narcisista y egoísta, y aunque esa naturaleza extraña a él ahora tan arraigada en su espíritu lo molestaba, no por ello lo negaría, por una vez ambicionaba algo que lograría cumplir, por una vez tendría algo que en verdad deseaba, al diablo con todos sus principios y reglas.

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Kagome sintió el aroma de las flores, el aroma de las orquídeas rosas y jazmines le encantaba, también la perfecta armonía que hacían en aquel bello arreglo de flores, el Duque se las había enviado junto con un agradecimiento por la tarde de ayer cuando lo invitaron a comer. Había pasado dos semanas desde su regreso y había hecho tres visitas por lo que los rumores corrían como pólvora lo que era perfecto para los planes de su familia

De Houyo poco o nada sabía, no había querido escuchar nada de él, ya no salía a la plaza y tampoco había ido a misa a lo cual su padre no objeto puesto que sabía que era probable que ahí se toparan, se había dedicado a estar en la casona bordando o leyendo, lo último hasta altas horas de la noche.

Esperaba hoy nuevamente la visita del caballero y por extraño que pareciera no se sentía tan nerviosa como antes, si no había notado ningún cambio en ella hasta ahora ya no lo notaría y aunque muy en el fondo seguía el sentimiento de estar errando y miles de remordimientos que ahogaba en un baúl tratando de cerrarlo con llave. Tomo un nuevo libro de los estantes y dispersó cualquier duda o temor de su proceder, era lo correcto, los medios no importaban solo la meta, saldría de ahí y después comenzaría una nueva vida dónde nadie la regiría, en donde si quisiera sería una veleta la cual estaría dedicada únicamente a su hermano que sería el viento que la movería.

-Kagome, el Duque acaba de llegar, tu madre me mando para que te acomodara un poco el vestido o el cabello.- Le dijo Sango y ella sólo pudo soltar un suspiro, lo que su madre quería decir era que le ajustara un poco más el corsé y revisara que tuviera medias, rayos, seguía odiando las malditas cosas.

-Bueno, creía que aún andabas castigada.- Le dijo con una semi sonrisa, la chica hizo un mohín y ambas rieron. –Bueno, tus padres nunca se enteraron de que fui yo quien te llevo y aunque tienen sus dudas no hay pruebas, pero anda que se hace tarde

Más tarde una Kagome un poco más asfixiada entraba al salón donde la esperaba aquel hombre alto de anchos hombros, su cabello siempre sujeto en aquella coleta baja por un extraño instante le hizo desear soltarlo, parpadeo sorprendida ante tan extraño anhelo salido de quien sabe dónde.

-Buenos días my Lady.- Pronuncio él con aquella voz grave que siempre le provocaba un cosquilleo en la boca del estómago, ignoró aquellas cosas raras que en otro momento analizaría a detalle.

-Buenos días my Lord, no esperaba verlo tan pronto.- No quiso que sonara como un reproche, sin embargo fue exactamente lo que le dijo el ligero arco de la ceja, con cinismo pensó que su lengua suelta había vuelto.

-Valla, si no fuera porque estoy seguro de su sincera sorpresa, pensaría que no le gusta la idea.- Le dijo el hombre elevándose con aquella estatura que la hacía sentir demasiado pequeña y por un instante regañada, abochornada sintió como las mejillas se le coloreaban de la pena lo que provoco una sonrisa ladina en el apuesto rostro que solo lo hizo parecer menos rígido.

-¡No! No me malentienda, por supuesto que es agradable volverlo a ver tan pronto, sin embargo me resulta sorprendente pues yo lo hacía en su mansión… o… o…- Y a Kagome se le achicharraron las ideas de los nervios, lo que solo logro más nervios y una sonrisa más ancha en el apuesto caballero quien observaba con diversión la escena ¿Se estaría burlando de ella? La pregunta quedo colgada mientras la mitad sobreviviente de su cerebro trataba de pensar en algo que la sacara del apuro. –es decir… yo solo decía… bueno pensaba que estaba en algo más importante.- concluyo sintiéndose avergonzada al extremo.

Inuyasha solo vio con humor el nerviosismo de la chica quien sin duda por la mirada que daba hacia la entrada buscaba la manera de salir del aprieto, decidió que ya la había hecho sufrir en demasía y por un momento observó otro extraño cambio en su rostro demasiado tranquilo en las últimas visitas, era como si hubiera llevado una máscara que empezaba a cuartearse y una alarma se encendió al fondo de sus pensamientos, pero el adorable sonrojo de la chica y las manos retorciéndose la hicieron olvidar al instante.

-Bueno ¿Qué puede ser más interesante que una joven dama como usted?- Y Kagome se sintió algo cohibida por el piropo, hacia semanas que no le había dicho ninguno lo que ella no había extrañado hasta ahora, eso hasta que se acordó que las palabras eran palabras y ella era como una pieza hermosa de exhibición para él, nada más.

-¡Ho! Le aseguro que hay miles de cosas más interesantes que yo.- Le contestó tratando de que sus palabras no trajeran tintes del acido que ella sintió en su garganta.

-Créame ángel, no hay nada en este momento que sea más interesante para mí que usted.- Las palabras retumbaron en el salón y ella por un milésimo de segundo deseo que fuera verdad, pero fue tan breve que no alcanzo a saberlo y no lo entendió.

La observó y le pareció extraño, nuevamente se volvió un enigma que logro sacar unas palabras demasiado sinceras para su gusto, ella en verdad le era interesante, demasiado atrayente, aquellos ojos repletos de brumas eran como una fogata para sus ojos e irremediablemente se sintió como una tonta polilla, sólo que él no se quemaría.

Salieron caminando hacia el pequeño jardín a pesar de una pequeña reticencia de la chica, sin embargo se había prometido que haría bien las cosas así que olvido los amargos recuerdos que ese lugar le traía y se encamino junto al Duque.

Iniciaron una charla amena que logró que olvidara, él le hablo de sus caballos que a ella en verdad le pareció atrayente, siempre le había gustado el poderío y el garbo de aquellos elegantes animales así que escuchó fascinada la crianza y desarrollo que se daba en sus propiedades lo que la hizo más atrayente para el joven Duque, hacía mucho que no notaba a una mujer interesada en algo más que chismes, lazos y bailes, era un aire fresco para sus pulmones.

Kagome por su parte no notó lo tranquila que se sintió platicando con aquel hombre que hasta hacía dos semanas la irritaba, rememorando aquello le pareció ilógico su comportamiento agresivo, eso hasta que recordó que hasta hacia dos semanas ella se creía comprometida, pero basta de eso, ella nunca lo estuvo y supuso que su sub consiente empezaba a notarlo por lo que ya no se sentía engañando a nadie, lo que en sí era tonto porque estaba engañando precisamente a la persona a su lado.

Llegaron a un gran árbol con grandes flores rosa en el que a ella le encantaba estar, sus grandes ramas los cobijaron del sol de la tarde, el aire limpio soplo llevándose demonios amargos en los que ella prefería no pensar ¿Para qué? No había caso llorar por la leche derramada, se recargó en el tronco y él se colocó frente a ella sin dejarle de contar sus experiencias.

-Mi familia lleva años en su crianza, de hecho como había dicho anteriormente, pienso introducir una nueva veta de sangre para poder obtener nuevos ejemplares más veloces y ágiles.- Termino de decir Inuyasha mientras observaba a la joven recargada pacíficamente en aquel árbol y se quedó maravillado de su belleza, pero era algo más en ella lo que le atraía pensó sorprendido mientras daba un paso más cerca; la chispa de interés en sus ojos ante su plática se lo decía, no sólo era su belleza física, era aquella vivacidad que a veces sus ojos nocturnos dejaban entrever, era aquella energía que envolvía cada uno de sus movimientos, era aquella sensación de sentir que debía protegerla siendo que ella dejaba sentir que no era completa fragilidad, aquella comodidad de platicarle sobre cosas que normalmente nunca hablaría con ninguna mujer, era una amalgama de conjuntos tan extraños que no tenían forma, ni punta ni fin.

Kagome escuchaba las palabras del hombre frente a ella, no se dio cuenta de la comodidad que se había instalado entre ambos, solo escuchaba dejándose llevar por sus palabras y sin notarlo siquiera se encontró observando su rostro, aquel rostro anguloso de rasgos aristocráticos, de barbilla imponente que daba armonía a las cejas pobladas perfectamente delineadas, a aquellas largas pestañas que no era común ver en un hombre las cuales enmarcaban a ese extraño tono de ojos que ella nunca había visto en nadie, eran de un dorado como los rayos que se vislumbraban entre las hojas del árbol dueños de una mirada profunda y atrayente y solo se quedó ahí, viéndolos maravillada, viendo el contraste entre su piel refulgiendo cada vez más, notando las motitas rojizas que aumentaban su fulgor, la dilatación de aquellas pupilas que se veían como dos pozos sin fin, tan profundos… nunca notó cuando el silencio cómplice se instalo entre ellos, tampoco noto como la cercanía del hombre para con ella se hacía cada vez más, su mirada solo estaba al pendiente de aquellos ojos.

Inuyasha observó a la joven, a aquellos castaños ojos que nuevamente habían cambiado, que tenían un brillo tan extraordinario, inconscientemente se acercó siendo atraído por ella, por aquella sutileza extraña que empezó a inundar el ambiente proveniente de ella envolviéndolo; quiso algo, su cuerpo deseo algo y viendo aquellos labios suaves y carnosos supo que, suavemente se inclinó hasta quedar a la altura de ella, sus manos a los costados de su cuello apoyadas en el tronco, un escalofrío lo recorrió ante el soplo de sus respiraciones, sin embargo se sintió con la obligación de darle una última oportunidad de huir dado que si ella lo aceptaba no daría ya marcha atrás; devolvió la mirada a sus ojos que nunca lo habían dejado de observar y viendo ahí aquel extraño brillo no le cupo duda.

Se preguntó a donde se había ido su raciocinio, una alerta sonó en lo más profundo de su mente al observar al joven caballero colocar los brazos a sus costados impidiéndole huir, sin embargo aquella mirada hipnótica no le dejo pensar lo que sucedía, se sentía en un vórtice de oro puro que no la dejaba escapar, lo notó inclinarse y su corazón se acelero ante el calor que su cuerpo desprendía, a su nariz llegó un aroma enmaderado que sin siquiera conocerlo supo era el aroma de los bosques entremezclado en él y haciéndolo propio, sin poderlo evitar sus pulmones absorbieron una fuerte bocanada y se sintió por completo embriagada pero no le importo, en ese preciso momento todo su cuerpo y sus pensamientos estaban al pendiente del hombre frente a ella, sus ojos se desviaron sutilmente a su boca lo que pudo haber logrado romper el embrujo bajo el cual estaba no obstante el dorado mirar nuevamente la observó directo y ella no hizo nada, no quiso hacerlo, lo vio acercarse cada vez más ladeando el rostro, se sintió entregada a todo lo que ese instante pudiera brindarle.

El sutil roce los envolvió a los dos con una descarga de energía que no se esperaban, la calidez de los labios posados uno sobre los otros les despertaba los sentidos embriagándolos y dejándolos atontados. El peli negro se sintió embebido de una extraña sensación nunca probada por él, la suave boca de ella respondía con torpeza a las caricias que la suya le prodigaba logrando que por unos instantes su cerebro se desconectara del mundo sólo al pendiente de la joven entre sus brazos, los roso una y otra vez sintiéndola temblar y logrando que otro nuevo estruendo de energía lo sacudiera cambiando algo tan hondo en él que no sabría hasta más tarde, no obstante en ese momento no se daría cuenta ni le importaba, su único pensamiento era para la jovencita entre sus brazos.

Sentía como algo cálido la recorría de los pies a la cabeza, la fuerza de las sensaciones la hacía temblar como una hoja en la tormenta y ella solo se dejaba llevar, los sutiles roces la cimbraban por completo y más tarde se daría cuenta de que este suceso la marcaría para siempre cambiándola por completo, su primer beso. Tal vez era con una persona que nunca se imagino, tal vez no era con la persona que había soñado, pero ni en sus más atrevidos sueños había imaginado que sentiría aquello, su cuerpo se estremecía por la energía que lo inundaba, el tiempo y todo se borro y por lo único que se sentía vivir en ese momento era por ese perfecto instante que la hizo existir como nunca.

Cuando al fin se separaron era por la falta de aire que los embargaba. El hombre fue el primero en hacerlo notando una imagen que se le clavo en lo más hondo, la chica lucía completamente hermosa con sus ojos aun cerrados y aquellas largas pestañas reposadas sobre sus mejillas con un sutil rubor que decoraba su blanca piel realzando su belleza, se contuvo a duras penas de volverla a tomar entre sus brazos y darle un beso real, profundizándolo e invadir por completo aquella preciosa boca que ahora sabía que sabia a fresas con miel hasta dejarle los labios hinchados, dando un paso atrás cerro los puños para no intentarlo siquiera.

Kagome lentamente abrió los ojos sintiéndose aún atontada por aquel beso que le había hecho sentir emociones que nunca pensó en que existieran, su respiración aún agitada y su corazón queriéndose salir del pecho, al instante su mirada se encontró con la ambarina y lo que notó nuevamente le arranco el poco aire a sus pulmones, el color había cambiado a unos con suaves tintes de encendido como las flamas, pero era tan suave que se pregunto si sería real o sus sentido seguían embotados por toda la energía que aún la hacía temblar.

-Me temo…- Comenzó a decir el joven hombre por lo que ella trató de salir de su atontada situación. –Que creo que sus padres nos observaron desde el salón.- Terminó de decir mientras un extraño calorcillo le empezaba a inundar en el pecho por verla aún sonrosada y sus ojos con un brillo distinto a los anteriores, le dio la impresión de que su mirada lucia soñadora y se sintió imbécil por sus cursi pensamientos.

Kagome trato de hilvanar su pensamientos con las palabras que el Duque le había dicho, y aunque por un momento los sintió de agua por fin logró que le entraran y los comprendiera.

-¿Mis padres? ¡Ha! Mis padres ¿Pasa algo con ellos?- Aquello definitivamente le subió el ego y el buen humor a Inuyasha, quien sonrió de lado y observó a la ventana que daba al salón en donde hasta hacía unos momentos estaban los padres de la joven, los había visto de reojo cuando se separo de ella.

-Nos acaban de ver y supongo que ahora su padre anda buscando algún arma con que atacarme por haber mancillado el honor de su preciosa hija.- Kagome lo observó y trató de comprender por qué su padre buscaría un arma con la que herirlo si para empezar le habían dicho que querían que el Duque se casara con ella, al momento se dio cuenta de que su cerebro aún seguía frito por aquel relámpago de energía que instantes atrás la había cimbrado.

-Bueno, supongo que no le agradará ver que se ha aprovechado de su hospitalidad al besarme, aunque un arma es algo exagerado.- Le contesto tratando de aligerar el ambiente mientras hacía como que se acomodaba el vestido cuando en realidad trataba de acomodar todas las ideas que él le había tirado.

-Tal vez pequeña, aunque creo que esa bala valdría la pena, pero bueno, supongo que sí sería algo exagerado, sobre todo porque planeo pedir su mano en matrimonio y una herida atrasaría mis planes, eso si es que sobrevivo.- Continuo sonriendo sin dejar de ver a la pequeña mujercita que ahora hacía como que se acomodaba los guantes, le dio ternura su inocencia y se sintió profundamente satisfecho al saber que él había despertado suficientes cosas en ella como para ponerla así de nerviosa.

Kagome escuchó las palabras del ambarino, sin embargo aun trataba de recuperarse de aquellas sensaciones que le empezaron a dar temor ¿Cómo era posible que las hubiera sentido con un hombre al que apenas conocía? ¿Qué no le inspiraba más que desconfianza y rechazo? Un hombre vil que sólo pensaba en lo que más le convenía no importando lo que ella pudiera pensar… espera ¿Habló de pedir su mano? Elevo el rostro sorprendida.

-¿Pedir mi mano? ¿A mis padres?- Repitió oyéndose como una tonta pero sin poder evitarlo.

-Así es, dime princesa ¿quisieras ser la nueva Duquesa de Wethimburg? ¿Quisieras ser mi esposa?-

Siempre fui

Esclavo de la libertad

De esos que saben flotar

Y que besan el cielo.

Y hasta que

Apareciste por ahí,

Me decidí aterrizar

Y quedarme en tú suelo.

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Buen, sé que tardé mucho por eso se los pongo mas largo, escribir éste capítulo me emociono mucho, no se si debería poner ese beso aquí pero algo me hizo escribirlo y no pararlo, me parece que nuestros personajes ya van madurando, ya van sintiendo más y eso es maravilloso, me encanta escribir escenas románticas, no se si se note pero bueno, creo que el verdadero fic empieza desde aquí, como ven todo apunta a que nuestra pareja estarán en el altar muy pronto, pero descuiden, trato de no hacerlo muy OOC así que muy pronto verán a ese Inuyasha al que amamos, bueno las dejo y disfrútenlo, por cierto alguna falta de ortografía que se me falte mil disculpas.

La canción es de Camila (por mucho uno de mis grupos favoritos) y se llama "entre tus alas" escúchenla cuando lleguen a la escena del beso, a y escúchenla con sólo el grupo, a mi parecer es la mejor versión, aunque el gusto se rompe en género, no puse en esa parte de la escena la canción porque no me gusta romper la armonía de lo escrito introduciendo temas que por lo menos a mí me corta la emoción de lo que va sucediendo; ésta canción y otra más serán en las que me base y me inspiraron para este fic, bueno ahora si me despido y gracias por leerme, un beso y abrazo para todas y mil gracias por leerme.