XI

-Lincoln, ¿me dejas tu coche esta noche? -le suplico.

-¿Mi coche? Pero si hace siglos que no conduces, ¿qué te ha picado?

-Nada. Tú déjamelo, ¿vale?

-No. Explícame por qué lo quieres o no hay coche.

-¡Lincoln!

Se cruza de brazos.

No le puedo decir que esta noche salgo de fiesta y no me apetece depender de los autobuses. Normalmente es él quien me lleva a casa pero si está en el hospital tendré que arreglármelas yo sola.

Suspiro.

-Es porque… He quedado con Clarke, quiero sacarla a cenar -digo deprisa.

-Vaya -se ríe-. ¿Y quieres mi coche?

-Sí.

-Pues son veinte pavos -me tiende la mano y le miro incrédula.

-Es coña, ¿no?

-No. Aunque bueno, siempre puedes pedírselo a Anya.

-¿Tú estás loco? Si le digo que Clarke se va a montar en su coche es capaz de quemarlo conmigo dentro, no la soporta.

-Entonces la solución es fácil -sonríe y vuelve a extender la mano.

-Déjalo -cojo mis cosas enfadada y me levanto para salir de la habitación pero antes de hacerlo oigo su risotada.

-Es broma, mujer, no te pongas así. Coge las llaves, están en la bolsa de la ropa creo.

Abro la bolsa que está en el armario y busco sus llaves. Cuando por fin las encuentro me giro y camino hacia la puerta sin mirarle.

-Oye -dice haciendo que me pare y me dé la vuelta para verle. Alza las cejas y sonríe antes de hablar-: pásalo bien.

Pongo los ojos en blanco y salgo por la puerta pero me echo a reír en cuanto estoy fuera.

Miro el reloj. Clarke me ha dicho que hasta las 10 no estarían en el bar así que calculo que tengo más o menos una hora.

En casa me doy una ducha y me visto lo más deprisa que puedo antes de salir otra vez para ir a la de Lincoln y recoger el coche. Creo que todavía no le he agradecido lo suficiente que se alquilara el piso en el mismo barrio que yo y viva a cinco minutos de la mía.

Al montarme en el asiento del conductor me siento un poco extraña. Es verdad que hace bastante que no conduzco y estoy algo oxidada pero espero que no se me haya olvidado cómo hacerlo.

Rebusco entre los CDs que hay en la guantera y encuentro uno que le grabé hace unos meses, está casi nuevo. Por mucho que haya intentado educar a Lincoln en la cultura musical se ve que no me ha hecho ni caso y sigue prefiriendo poner las radios locales antes que un disco. El muchacho es así, qué se le va a hacer… Habrá que quererle de todas formas.

Lo meto en el reproductor y arranco el coche.

Tardo un poco en llegar hasta el bar por culpa del tráfico y me cuesta encontrar aparcamiento, pero consigo aparecer a tiempo antes de que empiece a tocar el primer grupo. Cuando entro no consigo avanzar más allá de la puerta porque hay un montón de gente agolpada en ella. Me pongo de puntillas para intentar buscar a Clarke por alguna parte pero no alcanzo a ver más que cabezas.

-¿Lexa? -dice alguien a mi lado. Su amiga, Raven, me está mirando sonriente.

-Hola -miro a su alrededor y veo que no hay nadie que la acompañe-. Tú también llegas justa, ¿no?

-Como siempre -se ríe y tira de mí para que avancemos-. Venga, saca los codos o no saldremos de aquí en toda la noche.

Después de unos cuantos empujones y de esquivar varios cubatas que amenazan con ducharme otra vez subimos unas escaleras a la derecha y llegamos hasta una pequeña zona con sofás. Aunque no estamos mucho más altos que el resto de la gente se puede ver perfectamente el pequeño escenario que está al fondo de la sala. Parece que Murphy se ha encargado de que tengamos un buen sitio.

-¡Hola a todos! -grita Raven mientras comienza a saludar a la gente.

Reconozco caras que me suenan del día de la fiesta en el campus pero no encuentro la que me interesa. Veo a Octavia sentada al lado de su hermano por lo que deduzco que Clarke también estará en alguna parte del bar.

La saludo con la cabeza cuando me sonríe y voy hasta la barandilla que nos separa de la pista central. Hay muchísima gente pero sin poder evitarlo vuelvo a buscarla con la mirada. No pierdo nada por intentarlo.

Al poco rato noto que alguien se coloca a mi lado más cerca de lo normal pero lo ignoro y sigo concentrada en mi búsqueda.

-Hola -reconozco su voz suave.

Me giro para verla y la encuentro con la cadera apoyada en la barandilla mirándome divertida. Lleva el pelo recogido en la nuca y dos mechones le caen desenfadados a ambos lados de la cara. Se ha puesto un vestido gris largo que se le ajusta al cuerpo y una chaqueta de cuero negra.

Trago saliva.

-Estás preciosa -digo sin poder apartar la vista de ella.

-Gracias -se ruboriza un poco y luego me estudia mordiéndose el labio-. Tú también.

Siento que se me seca la garganta y de pronto tengo muchísimo calor. Bajo la vista hasta las dos cervezas que sujeta y ella me imita.

-¡Oh! Se me ha olvidado, perdona. Esta es para ti -me tiende una de ellas.

-Gracias.

-No hay de qué.

Me bebo media de un trago casi sin pestañear.

-Vaya, pues sí que estabas sedienta.

-No lo estaba hace un minuto -digo mirándola con intensidad.

Vuelve a sonrojarse por mi comentario y aparta la vista al escenario, yo continúo observándola un rato más. Sabe perfectamente que lo estoy haciendo pero no se inmuta.

-¿No vas a girarte a ver el concierto? Están empezando -dice al final.

Me río y decido hacerlo para no incomodarla más. En realidad creo que nunca me ha interesado menos un concierto.

Tocan unos cinco grupos antes que el de Murphy. La mayoría de ellos interpretan versiones de canciones folk o de rock alternativo y el único que se atreve a meter alguna canción original es un chico que sale solo con una guitarra acústica. Es lo suficientemente mono como para que un grupo de chicas que están en la primera fila comiencen a gritar como locas cada vez que deja de cantar. Eso o resulta que se ha traído a todo su club de fans.

-¿Y qué se supone que le dan al grupo que gane? -le pregunto a Raven cuando nos sentamos con ella.

-Creo que les dan dinero para grabar una maqueta y barra libre el resto de la noche.

-¿Barra libre?

-Sí, así que más le vale a Murphy hacerlo bien porque hoy no me apetece gastarme dinero en las copas -se ríe y yo lo hago con ella.

La verdad es que la chica me cae bastante bien, es directa e inteligente. Además, me he dado cuenta de que tiene una habilidad innata para hacer rabiar a Clarke y eso me encanta.

-¿De qué os reís vosotras dos? -pregunta cuando nos ve.

-De tonterías. Lexa quería saber si roncas cuando duermes y le he dicho que a veces emites unos ruiditos raros, pero nada más.

-¿En serio? -alza las cejas.

Me encojo de hombros y las dos nos echamos a reír por su cara. Fijo la vista detrás de ella y veo que Anya nos está clavando la mirada desde el otro sofá. Ya me imaginaba que aparecería por aquí esta noche cuando dijeron que vendría más gente de la universidad...

De pronto siento que no me apetece estar ahí más tiempo y en cuanto oigo la voz de Murphy por los altavoces presentando al grupo le ofrezco a Clarke ir hasta el centro de la pista con la excusa de verlo más de cerca.

Nos cuesta un poco llegar por la cantidad de gente que hay pero al final conseguimos quedarnos en un sitio relativamente cómodo mientras suena la primera canción y la gente baila en el sitio. Le devuelvo la sonrisa que me lanza cuando ella también comienza a hacerlo y anima al grupo divertida.

Sin embargo yo aún pienso en la cara de Anya ahí arriba. Me molesta profundamente que se comporte de esa manera con Clarke y no entiendo la pataleta que monta cada vez que aparece en alguna conversación. Si tiene algún problema personal con ella debería ser capaz de decírselo a la cara y si no quiere hacerlo por lo menos podría dejar de intentar amargarme la relación con ella.

-¿Estás bien? -su pregunta me devuelve a la tierra. Me doy cuenta de que estoy rígida y tengo los puños apretados.

-Sí, perdona no es nada. Suenan bien, ¿no?

-La verdad es que sí -contesta animada.

El resto de las canciones las pasa bailando y aplaudiendo y yo no puedo hacer otra cosa más que mirarla y sonreír mientras lo hace. Creo que el alcohol ya le está haciendo efecto pero es adorable verla tan contenta.

Es difícil no animarse con lo bien que están tocando y el ambiente que hay, por eso me sorprendo cuando anuncian que van a terminar con una balada y reconozco las notas que empiezan a sonar.

-Dios mío, me encanta esa canción -digo emocionada.

Cuando me giro está estudiándome con interés. Baja la vista hasta mi mano y siento que comienza a entrelazar despacio sus dedos con los míos. Vuelve a mirarme interrogante y le sonrío para que sepa que no me molesta que lo haga.

En realidad quiero más, así que tiro de ella suavemente para colocarla delante de mí y abrazarla por la espalda. Noto que tensa el estómago cuando pongo mis manos sobre él pero enseguida se relaja y las rodea devolviéndome el abrazo.

-¿Te importa? -le susurro al oído y tiembla ligeramente bajo mis brazos. Niega con la cabeza mientras intenta disimular una sonrisa-. Genial.

Comienzo a balancearme lentamente moviéndola conmigo y cierra los ojos.

Aprovecho para apoyar el mentón en su hombro y aspiro su perfume, no lleva mucho pero es el justo para maravillarme y hacer que tenga que controlarme para no besarle el cuello ahí mismo. Instintivamente, yo también cierro los ojos para disfrutar del momento.

Intento sin mucho éxito seguir el ritmo de la música pero dejo de prestarle atención por completo cuando después de un rato apoya ligeramente su cabeza sobre la mía y nuestras caras quedan tan cerca que puedo sentir su respiración sobre mi piel.

-¿Y qué se supone que están cantando? -dice con un hilo de voz.

Sonrío pero continúo sin abrir los ojos.

-Una canción.

-Me refiero al nombre.

-Lo sé -me río-. Seventeen de Youth Lagoon, ¿por qué?

-Porque siempre que estoy contigo acabo escuchando canciones bonitas y quiero poder recordarlas luego.

Los aplausos y los gritos de la gente nos hacen reaccionar en ese momento y levantamos la vista al mismo tiempo. El grupo se está despidiendo así que nos soltamos para unirnos a los aplausos.

Clarke se da la vuelta rápido y se acerca hasta mi oído.

-Vámonos de aquí antes de que empiece a salir todo el mundo -me agarra la mano y tira de mí para llevarme de nuevo a los sofás.

El grupo de Murphy consigue ganar con bastante ventaja respecto a los demás y gracias a eso durante el resto de la noche no paran de llegar botellas de champán y bandejas con chupitos a nuestra zona. De hecho, él es quien se encarga personalmente de que todos tengamos siempre el vaso lleno dándonos otro en cuanto se nos acaba uno. Eso sí que es aprovechar una barra libre.

En un momento dado me fijo en que Clarke conversa animada con Nyko. Busco rápidamente a Anya con la mirada y no tardo en verla un poco más apartada contemplando la escena con cara de odio.

-¿Tú también lo has notado verdad? -Octavia se acerca a mi lado mientras mira al mismo sitio que yo.

-¿Qué es lo que tengo que notar?

-Anya no te ha dicho la razón por la que nunca le ha caído bien Clarke, ¿no?

Niego con la cabeza.

-Nyko conoce a Clarke porque hace las prácticas de medicina en el hospital de su madre y siempre se han llevado muy bien entre ellos. Cuando Anya empezó a salir con él se sintió muy incómoda por su amistad y desde entonces le hizo la cruz. Es absurdo porque nunca han sido nada más que amigos -se encoge de hombros.

Por fin conozco la verdadera razón por la que Anya habla tan mal de Clarke, aunque sigo sin entenderla. Si ya me parecía estúpida por hacerlo ahora que sé el motivo me dan ganas de matarla.

Vuelvo a fijarme en ellos y veo que Clarke se despide de él con un abrazo y se gira para venir hasta nosotras. Por el camino se choca con un chico y está a punto de caerse pero consigue recuperar el equilibrio antes. Cuando llega se apoya en mí y tengo que sujetarla al ver que se tambalea otra vez.

-Clarke, estás pálida. ¿Te encuentras bien?

-Pues estoy un poco mareada… Creo que no tenía que haber mezclado la cerveza con el champán -dice sin poder fijar bien la vista.

-¿Quieres irte a casa?

Asiente débilmente.

-Clarke, yo he venido con Bell y no te puedo llevar pero si quieres busco a Raven para que lo haga -dice Octavia.

-No te preocupes, yo me encargo.

-¿Estás segura?

-Sí -la agarro de la cintura y tiro de ella para marcharnos rápido del local. Conozco esa sensación de sobra y lo peor que puedes hacer es quedarte rodeada de gente en un sitio oscuro y con la música bombardeándote los oídos.

En cuanto salimos a la calle el aire fresco hace que le mejore un poco la cara. Por suerte no he dejado el coche demasiado lejos así que no tardamos en llegar. La meto deprisa en el asiento del copiloto, le ayudo a ponerse el cinturón porque le cuesta encontrar el enganche y me monto en el coche.

Me doy cuenta de que no sé dónde vive.

-Clarke, necesito que me des tu dirección.

-¿Hmm? -es lo único que dice.

Está apoyada en la ventanilla con los ojos cerrados intentando atrapar el poco aire que entra por ella.

Como sé que no voy a conseguir que me diga nada mejor que eso cojo el móvil para preguntárselo en un mensaje a Octavia. Gracias a Dios contesta al momento y puedo arrancar de una vez.

Durante todo el camino la vigilo por si de pronto le entran ganas de vomitar y tengo que parar, solo me faltaba que lo hiciera dentro del coche y tener que aguantar después a Lincoln. Conduzco bastante deprisa por lo que en unos diez minutos estamos ya en su casa.

La ayudo a bajar del coche y dejo que se agarre a mí para llegar hasta la puerta. Tira de mi chaqueta con tanta fuerza que creo que me la va a romper pero no le digo nada.

Saca las llaves de su bolsillo y espero pacientemente hasta que consigue encajarla en la cerradura después de tres intentos. No me fío de que sea capaz de llegar hasta la cama en las condiciones en las que se encuentra así que decido entrar con ella para asegurarme de que lo consigue.

No enciende ninguna luz pero el destello de las farolas que se cuela por las ventanas es suficiente para caminar sin tropezarte. Además creo que las paredes son blancas y eso ayuda.

Camina aún agarrada a mí hasta un pasillo y abre la puerta de la que supongo es su habitación. A partir de ahí parece que se le acaban las fuerzas y tengo que tirar de ella para llevarla hasta la cama. Le quito la chaqueta y las botas como buenamente puedo antes de tumbarla en ella y taparla con la manta. Ronronea ligeramente cuando lo hago y me echo a reír.

Me giro para marcharme pero vuelve a agarrar mi mano impidiendo que me vaya.

-No… -murmura- Quédate, por favor.

La contemplo durante unos segundos. Ni si quiera es capaz de mirarme, tiene el ceño fruncido y está abrazada a su almohada con una mano mientras tiene la otra aferrada a mí. La verdad es que no creo que deba dejarla sola tal y como está…

Suspiro y comienzo a quitarme las botas y la chaqueta pero para eso último tengo que liberarme de su agarre, arrancándole un gruñido. Vuelvo a sonreír.

Paso por encima de sus piernas y me meto en el otro lado de la cama. Intento quedarme un poco apartada para no molestarla pero tarda poco en girarse y pegarse a mí. Agarra con las dos manos mi camiseta como si fuera su única sujeción a la tierra y se me acelera el pulso cuando al hacerlo roza ligeramente mi pecho por encima de la tela.

Atrapo uno de los mechones que caen por el lateral de la cara y lo coloco detrás de su oreja. Ella reacciona a mi caricia acercándose aún más y hunde la cabeza en mi cuello.

Me tenso cuando noto que lo besa lentamente y contengo la respiración cuando comienza a avanzar hacia arriba mientras lo sigue besando.

-Clarke… -susurro nerviosa.

Antes de darme cuenta siento sus labios sobre los míos, besándome con fuerza. Su beso es ansioso, torpe e incluso áspero pero hace que se me desboque el corazón y no puedo evitar devolvérselo de la misma manera. Ahogo un gemido cuando atrapa mi labio inferior y lo muerde con ganas.

La aparto sacando fuerzas de donde no las tengo e intento coger aire.

-Clarke, para. Estás borracha -jadeo.

Gruñe pero después se deja caer de nuevo sobre la almohada y me da la espalda murmurando algo que no logro entender.

Creo que ni si quiera es consciente de lo que ha hecho así que suspiro y vuelvo a colocarle bien la manta antes de girarme y quedarme mirando al techo.

Todavía tengo el corazón acelerado y tardo un rato en volver a respirar con normalidad.

No hay nada que me apetezca más en este momento que besarla y sentir bajo mis manos cada centímetro de su piel, pero no así. No cuando prácticamente no puede ni abrir los ojos y lo más seguro es que no sea capaz de recordar nada de esto cuando despierte mañana.