A medida que pasan los días, pude conocer mejor a Luna.
Eran hermanas menor de Celestía, que habían nacido, en Polonia, cerca de la frontera con La unión Soviética. Eran de una familia media baja, es decir nunca les falto nada, pero tampoco les sobro nada. Luna, se había casado muy joven a la edad de 23 años con Onix. Luna, llego a recibirse de la escuela, y no extendió más sus estudios.
Más tarde, me conto ella, Celestia viene a vivir en un pequeño pueblo, cerca de Lodz junto a ella. Al inicio de la guerra, cuando Hitler y Stalin firman el pacto de no agresión momento en el cual, como ellos Vivian en pequeñas comunidades judías chicas, Hitler empezó en todos los pueblos y ciudades donde había comunidades judías chicas, a concentrarlos en Ghettos, para después tener más facilidad para exterminarnos.
Luna me cuenta que un día, en la pequeña comunidad anuncian que todos los judíos serian trasladados, y que no llevaran grandes paquetes. A la mañana siguiente, antes de moverse todos los camiones, los alemanes hicieron pasar al frente a las personas notables: A los rabinos, a los médicos, unos abogados y unos intelectuales más. En ese momento, Luna cuenta a Discord que no valla, y Discord la escucho. Luego, hicieron ponerse al frente de la plaza, y los fusilaron delante de ellos. Esto fue para ellos, el primer paso al descenso de este infierno. Subieron a las mujeres y niños a los camiones, y los llevaron al ghetto de Lodz a 80 kilometros de allí, mientras que a los hombres llegaron 2 días después. Los llevaron caminando, y se divertían con ellos por el camino, porque a los que no podían caminar, los hacían caminar de rodillas, y más de uno quedo muerto en el camino. Así llegaron al Ghetto. Dentro de toda la miseria, pudieron vivir más o menos bien, porque a través del alambrado, que todavía no era electrificado, podían hacer trueques con los campesinos, pudiendo conseguir cebada, trigo o patatas para almacenar y no morirse de hambre durante 2 años.
Los alemanes ordenan la creación de un ghetto en la parte nordeste de Lodz. Más de 160.000 judíos (más de un tercio de toda la población de Lodz) fueron obligados a vivir en una zona pequeña de la ciudad. Después de Varsovia, los judíos de Lodz conformaban la segunda comunidad judía más grande de la Polonia de la guerra. El ghetto de Lodz está separado del resto de la ciudad por una cerca de alambre de púas. La zona del ghetto está dividida en tres partes por la intersección de dos vías principales, que están excluidas del ghetto. Para conectar los tres segmentos del ghetto, se construyen puentes peatonales. Los tranvías para la población de Lodz que no es judía atraviesan el ghetto pero no tienen permitido detenerse dentro de él. Las condiciones de vida en el ghetto son horribles; la mayor parte de la zona no posee agua potable ni un sistema de cloacas. La vida se caracteriza principalmente por el trabajo arduo, la superpoblación y la hambruna.
Como ellos habías sido deportados desde casi, el ingreso de los Alemanes a Polonia, me dice que a partir del 16 de enero de 1942, Comienzan las deportaciones desde el ghetto de Lodz al centro de exterminio de Chelmno. En esas fechas, La policía realizaba arrestos masivos en el ghetto. Cientos de judíos, principalmente niños, ancianos y enfermos son asesinados en el momento mismo de las deportaciones. Para septiembre de 1942, más de 70.000 judíos y alrededor de 5.000 romaníes (gitanos) habrán sido deportados a Chelmno, donde eran asesinados en camiones móviles de gas (camiones con un compartimento herméticamente cerrado que funciona como una cámara de gas). Pero, Entre septiembre de 1942 y mayo de 1944, no se realizan deportaciones importantes desde Lodz. El ghetto se asemeja a un campo de trabajos forzados.
Cada noche, después de hablar con Luna, y En los pequeños momentos de la noche antes de dormir, comencé a pensar en todo lo que pasaba, y me di cuenta que Cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, insoslayable, siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, como en nuestro caso que debíamos vivir en estos ghettos y enfrentar el exterminio, o una enfermedad incurable, como es el caso del cáncer que no se puede operar, precisamente entonces se le presenta la oportunidad al hombre de realizar un valor supremo, de cumplir el sentido más profundo, cual es del sufrimiento. Porque lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al cargar con ese sufrimiento.
En una ocasión, recordé a la viuda en la que yo visitaba en Varsovia, es decir la señorita Cherilee. Recuerdo que una vez, me confeso que nunca pudo sobreponerse a la pérdida de su marido, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas. En ese momento me pregunte a mí misma "¿De qué forma podría ayudarle? ¿Qué decirle?" Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello solté la siguiente pregunta:
-¿Qué hubiera sucedido, señorita Cherilee, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?
Nunca me olvidare, que ella me respondió:
-¡Ho! Para él hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo.
A lo que replique:
-Lo ve, señorita Cherilee, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte.
No me dijo nada, pero me tomó la mano y, quedamente, luego se retiró un momento a la otra habitación.
El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio.
Uno de los postulados, que me dejo las conversaciones con Luna, fue que el interés principal del hombre no es encontrar el placer, o evitar el dolor, sino encontrar el sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga sentido. Esa enseñanza me recordaba cuando Abraham había liberado al pueblo judío de Egipto, y pasaron 40 años vagando por el desierto.
Cada día que pasaba, me enfrentaba más y más con la pregunta: ¿Qué es la vida? ¿Qué es el sufrimiento, después de todo? Cierto que incesantemente y continuamente los pacientes me abordaban que me planteaban problemas humanos más que síntomas de cualquier enfermedad. Algunas de las personas que he conocido en la actualidad visitan al psiquiatra o más comúnmente a un psicólogo o psicoanalista, como en tiempos pasados hubieran acudido a un pastor, un sacerdote o un rabino, pero hoy, por lo general, se resisten a ponerse en manos de eclesiásticos, de forma que el medico tiene que hacer frente a cuestiones filosóficas más que a conflictos emocionales o físicos.
Durante el día, casi no veo a Luna, y estudio junto a Celestía. En una clase, en el receso que Celestia me daba antes de seguir, empieza a contarme su historia.
Ha vivido en parís veinte años, y habla un francés increíble. Celestia, había viajado, gracias a sus tíos que le dieron alojamiento en Francia para terminar sus estudios de profesora y entrar en la universidad, donde había conocido a Discord, y había vuelto a su antigua ciudad junto con él. Discord, también había viajado a Francia para especializarse como médico descubrí que él había nacido en la Unión Soviética, pero que había escapado cuando tenía 25 años, momento en el cual había terminado sus estudios en medicina. Gracias a él aprendía hablar ruso, que después me serviría mucho para leer a los grandes escritores rusos. Ella tiene 35 años pero, como pocas mujeres que conocí, se le podrían calcular entre veinticuatro o veinticinco. Me sigue contando su historia, que he olvidado hoy, pero era una historia dolorosa, cruel y conmovedora; de todo lo que vivió y perdió en esta guerra, porque así son todas nuestras historias, cientos de miles de historias, todas distintas y todas llenas de una trágica y desconcertante fatalidad. Nos las contamos cada vez que podíamos, y han sucedido en noruega, en Italia, en Argelia, en ucrania, y son sencillas e incomprensibles como las historias de la biblia. ¿Pero acaso no son también historias de una nueva biblia?
Pero cada historia, lleva consigo un significado profundo: "La convicción de que la vida tiene una finalidad", está grabada en todas las fibras del hombre, es una propiedad de la sustancia humana. Los hombres libres la llaman de muchas maneras a tal finalidad, y sobre su naturaleza piensan y hablan mucho, pero para nosotros, en esos tiempos, la cuestión era muy simple.
Recuerdo en especial un día, donde nuestra finalidad era llegar a la primavera. De otra cosa, ahora, no nos preocupamos. Detrás de esta meta no hay, ahora, otra meta. Por la mañana, cuando nos preparamos para comenzar el día, y cada soplo de viento se nos mete por debajo de la ropa y recorre en escalofríos violentos nuestros cuerpos indefensos, y todo alrededor esta gris, y nosotros estamos grises; por la mañana, cuando todavía no ha salido el sol, todos escrutamos el cielo hacia oriente acechando los primeros indicios de la dulce estación, y la salida del sol era comentado todos los días: Hoy un poco antes que ayer, hoy un poco más caliente que ayer; dentro de dos meses, dentro de un mes, el frío nos dará tregua y tendremos un enemigo menos.
Ese día, recuerdo que, por primera vez, el sol ha surgido vivo y nítido fuera del horizonte de barro. Es un sol polaco, frio, blanco y lejano, y no nos calienta más que la epidermis, pero cuando se ha deshecho de las últimas brumas ha corrido el murmullo por nuestra multitud sin color, y cuando incluso yo he sentido su tibieza a través de mi ropa, he comprendido que se pueda adorar al sol.
-Das Schlimmste ist vorüber.
Dice Braeburn , un joven amigo de Italia pero que sabe hablar Alemán, que lleva aquí desde hace 8 meses. Estiramos los hombros puntiagudos hacia el sol.
-Lo peor ha pasado-conteste.
Vagamos por las calles del ghetto, lleno hacia los centros donde distribuyen alimento. Mezclándonos entre la multitud, vemos a un grupo de griegos, de esos admirables y terribles judíos salónicos, tenaces, feroces, prudentes, feroces y a veces, tan solidarios con sus compatriotas y a los que les ayudaron en estos tiempos. Eran uno de los más despiadados adversarios en la lucha por la vida; de esos griegos que han sobrevivido, en las cocinas y en las canteras; y que hasta los alemanes respetan y los polacos temen. Hace 2 años que están en el ghetto, y nadie mejor que ellos sabe lo que es el ghetto; ahora están reunidos, apiñados en un grupo, hombro contra hombro, y cantando una de sus cantinelas interminables.
Thunderhooves, un griego imponente, alto y formidable, me conoce:
-L´année prochaine á la maison!-me grita en francés desde el circulo, y añade -á la maison par la cheminée! (El año que viene a casa! …a la casa por la chimenea!)
Se escuchaba mucho de este tipo de chistes de humor negro, que hasta parecía que estuvieran fuera de lugar, pero que nos decíamos todo el tiempo. Luego sigue cantando. Y dando golpes con los pies rítmicamente, y se embriagan de canción, como lo haría una tribu.
Cuando por fin hemos terminado de comer, Braeburn , junto a otros amigos que también estaban cerca, nos separamos, cada uno por su lado. Yo me dirijo hacia la enfermería, el señor Discord me está esperando en la enfermería, solo me ha dado tiempo para comer. Recuerdo que el sol estaba discretamente alto y el cielo sereno. A mediodía se veían las montañas, más allá de la ciudad; al poniente familiar e incongruente, el campanario de la iglesia católica que estaba dentro del ghetto (¡Un campanario!, ¿podrían creerlo?) y todo alrededor las personas caminan, perdiéndose en la multitud y en la masa. Los humos de la Buna se estancan en el aíre frío y se veía también una fila de colinas bajas, verdes del Bosque más cercano. Luego bajo la vista a la ciudad y veo una camioneta llena de cadáveres. Se me encoje el corazón, porque todos sabemos que aquello, que hay han terminado nuestros padres, nuestras madres, esposas y esposos, hijos, hijas, hermanos y hermanas y que pronto también terminaremos allí, entre esa pila de cuerpos esqueléticos y haraposos, comidos por piojos. Pero, a pesar de que lo veía todos los días, nunca me he acostumbrado a verlo.
Sigo mi camino, y por primera vez me doy cuenta de que, a los lados de la carretera que se veía atreves del alambrado, también aquí, los prados son verdes: Porque, si no hay sol, un prado es como si no fuera verde.
El ghetto no es así: El ghetto es desesperada y esencialmente opaca y gris. Este desmesurado enredo de hierro, de cemento, de barro y de humo es la negación de la belleza de la naturaleza y de la vida. Sus calles y sus edificios se llaman como nosotros, con números o letras, o con nombres inhumanos y siniestros. Dentro de sus recintos no crece una sola brizna de hierba, y la tierra está impregnada por los jugos venenosos del carbón y del petróleo y de las piedras de las calles, y nada más que maquinas y los esclavos están vivos: Y más aquéllos que éstos.
El ghetto es tan grande como una ciudad; allí viven y trabajan, además de los dirigentes y los técnicos alemanes, cuarenta mil extranjeros traídos de toda Europa, y se hablan entre quince y veinte idiomas distintos. Todos los extranjeros viven en diferentes recintos, que forman parte del ghetto: El recinto de los polacos, de los franceses, de los griegos, de los provenientes de Bielorrusia, etc.
Sigo mi camino, entre la multitud de personas y de naciones, de calles que llevan el nombre que han sido llamados Ziegel, briques, tegula, cegli, kamenny, bricks, téglak, etc. Solo nombres que teníamos para ubicarnos, donde estábamos, aunque rara vez importaba. Casi llego hasta la enfermería. Cuando veo el humo que sale de la torre de uno de los crematorios ubicados en una ciudad lejana. Imagino esas grandes torres de ladrillos, negros y gastados que en su máxima altura deja salir el humo de los que, alguna vez fueron humanos. El odio ha cimentado esas torres; el odio y la discordia, como la torre de Babel y así la llamamos: Babelturm, Bobelturm y odiamos en ella el demente sueño de grandeza de nuestros amos, su desprecio a Dios y de los hombres, de nosotros los hombres y mujeres que están en esas calles.
Y todavía hoy, como en aquella fabula antigua, todos nosotros sentimos, y los mismos alemanes sienten, que una maldición no trascendente y divina, sino inmanente e histórica se cierne sobre la insolente razón, fundada en la confusión de las lenguas y erigida desafiando al cielo como una blasfemia de piedra.
Sigo caminando y llego al hospital, mirando los eternos charcos de agua sucia, sobre los que tiembla la superficie del agua por la brisa remanente del invierno. Reflejan el cielo sereno, y los tubos todavía fríos del hielo nocturno que se descongelan y las gotas caen haciendo vibrar la superficie del charco más cercano. Todo a mi alrededor, teñido de una capa azulada: La tierra removida de las zanjas más cercanas, los trozos de carbón, los bloques de cemento, las calles enlosadas, las paredes ennegrecidas de las casas y de las ventanas, exhalan una leve niebla, la humedad del invierno que nos deja por este año. Finalmente llego a mi destino y miro a los enfermos y a los habitantes salir y entrar de él. Veo que, todos los que salían, miran al cielo.
Hoy es un buen día. Miran a su alrededor como ciegos que recuperan la vista, y nos miramos unos a otros. Nunca habíamos visto al sol: Algunos sonríen. ¡Si no fuera por el hambre!
Pero ¿cómo podría pensarse en no tener hambre? El Ghetto es el hambre: nosotros somos el hambre, un hambre viviente.
Porque así es la naturaleza humana, las penas y los dolores que se sufren simultáneamente no se suman por entero en nuestra sensibilidad, sino que se esconden, los menores detrás de los mayores, según una ley de perspectiva muy clara. Es algo providencial y que nos permite vivir en esta guerra, Y es por esta razón por la cual con tanta frecuencia, en la vida en libertad, se oye decir esa frase: "Que el hombre es insaciable". Mientras, más que de una incapacidad humana para el estado de bienestar absoluto, se trata de un conocimiento siempre insuficiente de la naturaleza del estado de desgracia, por la cual, a causa de que son múltiples y ordenadas jerárquicamente se les da un solo nombre, el de causa mayor; hasta que llega a desaparecer, y entonces, uno se asombra dolorosamente al ver que detrás de una hay otra; y en realidad, muchas otras.
Por eso, aún no acaba el frío, que durante todo el invierno nos ha parecido el único enemigo, y ya nos damos cuenta de que tenemos hambre: y, repetimos el mismo error de todos los días.
-¡Si no fuera por el hambre!
Comenzamos a repetirnos los unos a los otros, en un coro apagado, que de fondo tiene la melodía do las aves volando, y de los peatones que conversan entre ellos, o que caen por el hambre.
Finalmente me encuentro con Discord.
-Twilight, ¿Te has tomado tu tiempo verdad? Ja, ja, ja- ríe un poco el señor Discord, y me acaricia la cabeza-Bueno, necesitamos que atiendas a los pacientes de la cama nro. 5 y 19, por favor se amable.
La paciente de la cama nro. 5 es una niña de 17 años, llamada Derpy, es la más hambrienta de todos los que estamos en el hospital. Cada tarde recibe un poco de potaje que le da un protector suyo, verosímilmente no desinteresado. Había empezado a hablar de su casa de Viena, y de su madre, pero luego ha pasado al tema de la cocina y ahora nos habla sin parar de no sé qué banquete de bodas y recuerda, con verdadero desconsuelo que siempre tiraba la comida al suelo por torpeza. Todos los pacientes cercanos la mandan a callar, y no han pasado más de 10 minutos cuando su compañera que estaba al lado de su cama, Trixie, nos describe de su campiña húngara, y de los campos de maíz, y de una receta para hacer sopa dulce con maíz tostado, canela y manteca con un poco de especias silvestres, cocinadas a fuego lento con…y la insultan, la maldicen, y hay otro más que empieza a contar. Esta eterna charla, mezclada de maldiciones, de recuerdos de familia, de cosas cotidianas y de comida, sucede todos los días (Y creo que incluso en estos recuerdos, que he escrito).
¡Que débil es la carne! Yo me doy perfectamente cuenta de cuan vanas son estas imaginaciones del ser humano, pero no puedo sustraerme a la ley común y ante los ojos me bailan los platillos que tanto mal nos hace escuchar.
Termino con Derpy, y voy hacia la cama nro. 9, que quedaba en la otra habitación, separada por un pasillo, y en el camino, miro atreves de la ventana. Más allá de la carretera está funcionando una excavadora. Su cesta, suspendida de los cables, abre las mandíbulas dentadas, se queda un momento como dudando en la elección, luego se lanza sobre la tierra arcillosa y blanda y la muerde vorazmente, mientras de la cabina de mando sale un bufido satisfecho de humo blanco y denso. Luego se alza, gira a medias, vomita por la trasera el bocado de que está cargada y vuelve a empezar. Apoyada en la ventana, me quedo mirándola fascinada. A cada mordisco de la cesta mi boca se cierran, trago saliva miserablemente y la siento en mi garganta, visibles bajo la piel fláccida, que se reflejaba débilmente atreves del espejo. No consigo sustraerme al espectáculo de la comida de la excavadora.
Finalmente llego, hasta la otra habitación, miro a los enfermos, y voy hasta la cama nro.19, es Little Strongheart, hija de Thunderhooves, que ha estado un tiempo aquí. Tiene una relación con Braeburn, de la cual el padre aún no se a enterado. Debido a las múltiples nacionalidades que debíamos convivir, teníamos problemas territoriales muy serios, pues muchos que recién llegaban, debían encontrar su lugar en el ghetto, siempre con los de la misma nacionalidad, y no es extraño que tuviéramos esos problemas. Pero estos, dos, de la misma manera que en la obra romeo y Julieta, se habían enamorado, de un día para el otro.
Mientras la atiendo, veo que mira a Sugar belle, que estaba en la cama de enfrente.
Sugar Belle la última que ha llegado, se saca del bolsillo un envoltorio, preparado con la minuciosidad de los húngaros, y dentro hay media ración de pan: la mitad del pan de esta mañana. Es bien sabido que sólo los nuevos son capaces de quedarse con el pan en el bolsillo; ninguno de nosotros, los antiguos, está en condiciones de conservar el pan durante una hora entera. Luego veo que todas la estaban mirando.
-Moi, on m'a jamais volé mon pain! –gruñe Stellar Eclipse golpeándose el estómago cóncavo: pero no puede apartar los ojos de Sugar Belle, que mastica lento y metódica, de la «afortunada» que posee todavía media ración a las diez de la mañana–: ... sacré veinard, va!
Termina de atender a Little Strongheart, y veo que su padre ha venido a verla. Me sonríe, y dice:
-Petite Twilight, mon partenaire a une surprise pour vous, et pour d'autres patients (pequeña twilight, mi compañero tiene una sorpresa para ti, y para el resto de los pacientes).
Yo me dirijo hacia afuera, mientras escucho que Thunderhooves empieza a hablar en griego, sé que solo me habla en francés a mi, porque es el único idioma que compartimos. Llego a la puerta y veo que estaban sus amigos, que traían una maravillosa marmita de cincuenta litros, casi llena de sopa.
Thunderhooves, es un excelente rastreador aquí en el Ghetto: tiene para la sopa de los Civiles una sensibilidad exquisita, como las abejas para las flores. Nuestros vigilantes, que no eran malos vigilantes, le deja las manos libres, y con razón: Thunderhooves se echa a andar siguiendo pistas imperceptibles, como un sabueso, y vuelve con la preciosa noticia de que un vagón de nabos se ha quedado sin guardia en la vía muerta de la Cocina de la Fábrica, a dos kilómetros de aquí, y han dejado cuarenta litros de sopa porque sabía a rancio. Hoy, los litros son cincuenta, y nosotros somos quince en el hospital, Discord y yo comprendidos. Son tres litros por cabeza; uno lo tomaremos a mediodía, además de la ración normal, y para los otros dos iremos por turno para esta tarde, pero como solo teníamos un plato, debíamos turnarnos. ¿Qué más podría desearse? Hasta el trabajo me parecía ligero ante la perspectiva de los dos litros densos y calientes que nos esperan.
Por la tarde, el señor Discord me preguntaba:
–Wer hat noch zu fressen? (¿Quién tiene que comer?)
Esto, no ya por burla o por escarnio, sino porque verdaderamente este nuestro comer de pie, furiosamente, escaldándose la boca y la garganta, sin tiempo para respirar, es «fressen», el comer de las bestias, y no por cierto «essen», el comer de los hombres, sentados ante una mesa, religiosamente. «Fressen» es el vocablo apropiado, el comúnmente usado entre nosotros.
Ese día, pudimos comer todos, y el señor Thunderhooves, pasó mucho tiempo con su hija. Al final, de la tarde Le llega el turno a Little Strongheart , a la que, con plebiscitario consentimiento, le han sido asignados cinco litros, sacados del fondo de la marmita. Si se preguntan el porqué de tan generoso donativo, fue debido a petición de Little Strongheart, a su padre. Además de que muchos pacientes pertenecían al grupo de los griegos, y muy pocos eran de distinta nacionalidad, y por peticion de Little Strongheart, tambien se les dio sopa.
Al atardecer, suena la sirena del Feierabend (hora de cierre), del final del trabajo; y puesto que todos estamos, al menos durante unas horas, saciados, no hay lugar a litigios, nos sentirnos bondadosos. Yo y el señor Discord, volvemos a casa.
En ese día, me cuenta su historia. Me cuenta que había salido del servicio militar de la unión soviética, que duraba cerca de 25 años, y que en esos tiempos, a los jóvenes se los mandaba a Siberia. Pudo escapar arrancándose, él mismo 14 dientes (Pues si te faltaban 12, no te mandaban al servicio militar) con una pinza que utilizaban para arreglar los vehículos, como las camionetas y demás. Sus padres, tenían familiares en suiza, donde a los 21 años comenzó a estudiar medicina. Se especializo en medicina clínica, y luego de graduarse viajo a Paris. Durante una residencia en un famoso hospital, que hoy día ya no existe, conoce a Celestia. Durante unos meses el la corteja, y más tarde se casan. Vivieron un tiempo en parís, hasta que Celestia termina sus estudios y puede volver a casa de sus padres. Sus suegros, siempre lo tuvieron de persona ilustre, y no tardo en ser aceptado. Justo en ese año, nace Screwbelle. Entonces se mudan a casa de su hermana Luna, que en esos tiempos también era madre, y fue la primera vez que Discord conoció a Onix, que en esos tiempos no se llevaban bien. Discord, antes de que explote la guerra, quería volver a Rusia, pero debido a que Celestia no quería abandonar a su familia (Y sobre todo a su hermana) decidieron quedarse en ese pequeño pueblo. Luego ocurre lo que todos ya sabemos. Quedamos unos minutos en silencio, y entonces le digo lo que había pensado.
-Sabe señor Discord, he estado pensando que Cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, insoslayable, siempre que uno tiene que enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, como en nuestro caso que debíamos vivir en estos ghettos y enfrentar el exterminio, o una enfermedad incurable, como es el caso del cáncer que no se puede operar, precisamente entonces se le presenta la oportunidad al hombre de realizar un valor supremo, de cumplir el sentido más profundo, cual es del sufrimiento. Porque lo que más importa de todo es la actitud que tomemos hacia el sufrimiento, nuestra actitud al cargar con ese sufrimiento.
-Je…sueles pensar mucho Twilight, sabes, uno de los más grandes escritores de Rusia dijo una vez que El interés principal del hombre no es encontrar el placer, o evitar el dolor, o realizar un valor supremo, sino encontrarle un sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga un sentido. Ni que decir tiene que el sufrimiento no significará nada a menos que sea absolutamente necesario; por ejemplo, el paciente no tiene por qué soportar, como si llevara una cruz, el cáncer que puede combatirse con una operación; en tal caso sería masoquismo, no heroísmo.
Me quede meditativa un momento, y asentí con la cabeza.
-Aparte de esto-continua el señor Discord-Hay situaciones en las que a uno se le priva de la oportunidad de ejecutar su propio trabajo y de disfrutar de la vida, pero lo que nunca podrá desecharse es la inevitabilidad del sufrimiento. Al aceptar el reto de sufrir valientemente, la vida tiene hasta el último momento un sentido y lo conserva hasta el fin, literalmente hablando. En otras palabras, el sentido de la vida es de tipo incondicional, ya que comprende incluso el sentido del posible sufrimiento. Por ejemplo, durante mi trabajo como médico en este ghetto, he tendido a restaurar la capacidad del individuo para el trabajo y para gozar de la vida, incluso si se cree que esto se ha perdido; también he perseguido dichos objetivos y aún más, tratar de ir más allá al hacer que el paciente recupere su capacidad de sufrir, si fuera necesario, y por tanto de encontrar un sentido incluso al sufrimiento.
Mire un momento al suelo, y cambie de tema.
-También he pensado en una frase de Heráclito, que estos días me ha tenido pensativa. La frase dice: Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia.
El señor Discord sonríe un poco.
-En otras palabras, la transitoriedad de la vida. A este tipo de cosas que parecen adquirir significado al margen de la vida humana pertenecen no ya sólo el sufrimiento, sino la muerte, no sólo la angustia sino el fin de ésta.
El señor Discord se detiene unos minutos, y mira el horizonte, luego prosigue.
-Nunca me cansaré de decir que el único aspecto verdaderamente transitorio de la vida es lo que en ella hay de potencial y que en el momento en que se realiza, se hace realidad, se guarda y se entrega al pasado, de donde se rescata y se preserva de la transitoriedad. Porque nada del pasado está irrecuperablemente perdido, sino que todo se conserva irrevocablemente. De suerte que la transitoriedad de nuestra existencia en modo alguno hace a ésta carente de significado, pero sí configura nuestra responsabilidad, ya que todo depende de que nosotros comprendamos que las posibilidades son esencialmente transitorias
El señor Discord continúa su camino, y yo junto a él.
-El hombre elige constantemente de entre la gran masa de las posibilidades presentes, ¿a cuál de ellas hay que condenar a no ser y cuál de ellas debe realizarse? ¿Qué elección será una realización imperecedera, una "huella inmortal en la arena del tiempo"? En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia, porque el hombre en un principio no es nada, y solo es lo que hace de si mismo. Normalmente, desde luego, el hombre se fija únicamente en la rastrojera de lo transitorio y pasa por alto el fruto ya granado del pasado de donde, de una vez por todas, él recupera todas sus acciones, todos sus goces y sufrimientos. Nada puede deshacerse y nada puede volverse a hacer. Yo diría que haber sido es la forma más segura de ser.
Luego me mira, y piensa unos minutos.
-Al tener en cuenta la transitoriedad esencial de la existencia humana Twilight, no estás siendo pesimista, sino activista. Dicho figurativamente podría expresarse así: el pesimista se parece a un hombre que observa con temor y tristeza como su almanaque, colgado en la pared y del que a diario arranca una hoja, a medida que transcurren los días se va reduciendo cada vez más. Mientras que la persona que ataca los problemas de la vida activamente es como un hombre que arranca sucesivamente las hojas del calendario de su vida y las va archivando cuidadosamente junto a los que le precedieron, después de haber escrito unas cuantas notas al dorso. Y así refleja con orgullo y goce toda la riqueza que contienen estas notas, a lo largo de la vida que ya ha vivido plenamente. ¿Qué puede importarle cuando advierte que se va volviendo viejo? ¿Tiene alguna razón para envidiar a la gente joven, o sentir nostalgia por su juventud perdida? ¿Por qué ha de envidiar a los jóvenes? ¿Por las posibilidades que tienen, por el futuro que les espera? "No, gracias", pensará. "En vez de posibilidades yo cuento con las realidades de mi pasado, no sólo la realidad del trabajo hecho y del amor amado, sino de los sufrimientos sufridos valientemente. Estos sufrimientos son precisamente las cosas de las que me siento más orgulloso aunque no inspiren envidia". Twilight, esto que te digo, espero que algún día lo entiendas.
Tarde un poco, pero hoy en día, que estoy escribiendo esta historia, lo entiendo perfectamente.
