Disclaimer: Recuerden, la isla de Gilligan no me pertenece, ni tampoco ninguno de sus personajes, son obra y creación de su autor, Sherwood Schwartz.
CAPITULO 11
La conmoción continuaba en el campamento de la isla esa tarde. El profesor ya se encontraba dentro de su cabaña. Las chicas de inmediato corrieron tras el hombre de ciencias para entrar también en la cabaña. El señor y la señora Howell no quisieron verse excluidos y se apresuraron hacia la cabaña donde el Capitán había entrado con un mojado e inconsciente Gilligan en brazos.
Dentro de la cabaña las cosas no eran más tranquilas, como una ráfaga entró el capitán al interior para encontrarse con una cama ya dispuesta, con toallas, mantas y un cambio de ropa seca. De inmediato deposito al muchacho en la cama y se dispuso a cambiarle las ropas mojadas. El profesor entró corriendo tras él. Se acercó a la cama donde el capitán se encontraba sentado cambiando las ropas mojadas de Gilligan.
Me temo que mi pijama le quedará algo grande, pero creo que es lo menos importante ahora.- El profesor le informó sobre la ropa dispuesta en la cama para vestir al joven marinero.
Esta bien profesor, es usted muy amable.- El capitán ya se encontraba retirando las ropas mojadas del chico.
¡Capitán! ¡Mire!- El profesor observó algo en los brazos desnudos de Gilligan.
¿Qué es esto? Parecen marcas de sogas.- El capitán detuvo su tarea para tomar uno de los brazos del chico.
El profesor se acercó para inspeccionar con más cuidado. En efecto, unas marcas rojas y moradas se apreciaban en las muñecas del delgado brazo. El profesor asintió corroborando lo que el capitán había dicho, eran marcas de sogas, el muchacho había sigo amarrado por las muñecas, probablemente habría intentado soltarse haciéndose daño y profundizando las marcas.
La expresión de angustia en la cara del robusto hombre conmovió al profesor. Los ojos azul claro de Jonás Grumpy, parecían que en cualquier momento soltarían amargas lágrimas de consternación, de compasión por el pobre chico que yacía inconsciente en la cama. El profesor se sentía igual, soltó el brazo, depositándolo con cuidado sobre las sábanas de la cama.
Curaré esas heridas, pero primero hay que quitarle toda la ropa mojada.- El profesor alentó al capitán para que continuara cambiando las ropas de Gilligan.
Mi pobre muchacho. Lamento tanto no haber podido ayudarte.- El capitán le habló al delgado chico, sabiendo que no podía oírle, pero sintiéndose culpable de no haber podido hacer nada por él.
El bullicioso de fuera de pronto se volvió más fuerte y cercano. Los cuatro náufragos restantes habían ingresado en la cabaña, hablando al mismo tiempo y queriendo ver al joven muchacho a quien creían muerto y ahora se encontraba tendido en una cama, de nuevo entre ellos. El profesor se puso de pie para intentar calmarlos, pero era más que obvio que la exaltación, el asombro y la emoción ganaban terreno.
¡Amigos! ¡Por favor!- El profesor empezó sin mucho éxito.- ¡Por favor! ¡Mantengamos la calma!- El profesor trataba de contenerlos.
Chicas, será mejor que salgan, estoy desvistiendo a nuestro amiguito.- El capitán comentó con algo de pena.
¡AAaaah!- Las chicas gritaron, se taparon los ojos y se voltearon, pero ninguna de las tres salió de la cabaña.
El capitán sonrió levemente, pues al menos el alboroto había cesado un poco, con tres bocas menos gritando. Solo el señor Howell continuaba preguntando, lo que hacía más comprensible lo que decía.
¡Exijo una explicación! ¡No pueden tenerme a mi y a mi esposa con la incertidumbre!- El señor Howell alzaba a su Teddy Bear en el aire demandando explicaciones.-¡Soy Thurston Howell III!-
¡Lo haremos! Lo poco que sabemos hasta el momento es lo que ustedes saben.-el profesor se explicó con los demás.- El objeto que el capitán observo desde la colina, resulto ser Gilligan, inconsciente en al orilla de la playa, le di primero auxilios, reaccionó pero de inmediato colapsó y perdió de nuevo el conocimiento. Y lo trajimos de regreso al campamento.- El profesor finalizó.
El bullicio de nuevo se hizo presente pues no consideraron suficiente la explicación de Roy Hinkley. Lamentablemente, no había más información disponible por el momento, y los náufragos debían conformarse con esa breve explicación.
Con mucha diplomacia y educación, el profesor echó a todos fuera de la cabaña, pidiéndoles que esperaran afuera mientras el capitán y él atendían y revisaban al chico. Lo que más le preocupaba al inteligente hombre era que Gilligan no despertara. Ni durante el trayecto hacia el campamento, ni durante la llegada con los gritos de los demás, ni cuando todos ingresaron a la cabaña con la misma conmoción y alboroto, en ningún momento reaccionó el muchacho.
Cerró la puerta de su cabaña y cuando regresó a la cama el capitán ya se encontraba arropando con cariño y cuidado al marinero, cubriéndole con las mantas para que recuperara el calor. El profesor recogió las ropas mojadas para ponerlas fuera pero el capitán le detuvo.
Profesor… también tiene marcas en los tobillos, igual de profundas, con algunos cortes y moretones.- La cara del capitán estaba llena de intenso dolor, unas lagrimas resbalaron por sus gruesas mejillas.- No se lo dije antes para no alarmar más a las chicas.- Lo dijo mientras toscamente limpiaba sus lágrimas con el torso de su gordo brazo.
El profesor dejó la ropa mojada sobre la mesa y se acerco apresurado a la cama. No movió al capitán de la silla, simplemente se paró a un lado de él y agachándose sobre la cama retiró un poco las mantas para descubrir las piernas del delgado chico. De inmediato levantó el pantalón del pijama.
Era verdad, gruesas marcas rojas, con algunas heridas que se habían abierto por el constante roce de las sogas, podían apreciarse, además de moretones, sangre molida con aspecto morado. El profesor se mostraba angustiado, entendía el pesar en el corazón del corpulento hombre sentado en una silla a un lado de él. Entendiendo el dolor que sintió ese joven muchacho, y queriendo hacer suyo ese mismo dolor.
El profesor volvió a cubrir las piernas con la manta. Tenía que mantener la calma, respiró profundo y se dirigió a la mesa donde se encontraban las ropas mojadas de Gilligan. También se encontraba consternado y molesto de saber que el muchacho no lo había pasado bien en manos de los nativos salvajes. Se dio la vuelta para observar de nuevo al marinero.
Iré por lo necesario. Ahora vuelvo.- el profesor anunció para salir de la cabaña.
Vaya usted profesor.- El capitán le habló pero sin apartar la vista de Gilligan. Ya nunca más le apartaría la vista de encima. Ya no le dejaría solo.
El profesor entonces salió de la cabaña, con la consternación marcada en su rostro. Los demás al verle salir de inmediato le bombardearon con preguntas, reclamos y gritos. El profesor levantó los brazos pidiendo calma y silencio. Entonces le dio las ropas mojadas a Ginger.
Por favor, lleven esto al área de lavandería. No sé si tenga algunas partes rotas que deban ser cosidas.- El profesor después les pidió a todos que se sentaran en el comedor común.
Les explicaré lo que sabemos hasta el momento.- El profesor comenzó a hablar ante los presentes, ya un poco más calmados y sentados.- Parece que Gilligan logró escapar de su raptor. No estoy seguro si lo hizo durante la travesía en el mar, o fue durante la estancia en otra isla. Tiene síntomas de deshidratación, insolación, fatiga y varias marcas en su cuerpo, producto de haber sido atado.- El profesor trataba de sonar calmado, pero su respiración se notaba agitada.
Pobre muchacho.- La señora Howell dejó ver su consternación al tiempo que lloraba amargamente.
Es valiente y fuerte corazoncito, ya veras que se repondrá, ¿Verdad Profesor?- El señor Howell lloraba también, pero se mostraba más calmado
Sus heridas no son graves, y no tiene fracturas.- El profesor les informaba.- Se recuperará, estoy seguro.- El profesor habló confortando a los presentes.
Es tan valiente, no se rindió nunca.- Mary Ann lo dijo con calma, parecía que lo decía más para ella que para los demás, pero sin parar de llorar.
Lo que debemos hacer ahora, es esperar, tener calma y dejar que Gilligan se reponga para que nos diga lo que pasó.- El profesor continúo.
Tal vez deberían preparar la comida.- El señor Howell puntualizó en la reunión.
¡Thurston! ¿Cómo piensas en comida?- La señora Howell reprendió a su marido.
Lo digo por si el muchacho despierta con hambre.- El señor Howell se excusó acariciando su Teddy Bear.
Oh mi amor, eres tan considerado.- La señora Howell apretó una mejilla de su amable y generoso marido.
Creo que despertará con ganas de comer langosta hervida con mantequilla de coco, y ensalada de frutas con miel de maple.- El señor Howell ya tenía planeado el menú.
Eso suena delicioso.- La señora Howell aplaudió entusiasmada.
Eso suena a que usted quiere comer eso.- Ginger se cruzó de brazos observando al hambriento millonario.
De acuerdo, entonces preparen la comida mientras yo atiendo a nuestro primer oficial.- El profesor dio por terminada la reunión y se dirigió por sus cosas.
En el comedor los náufragos decidían quien se encargaría de preparar cada cosa o ir por los ingredientes. Mary Ann por estar lastimada no podía ayudar, por tanto se dirigió al área de lavado a depositar las ropas mojadas de su dulce y valiente amigo. Sonrió agradecida del milagro de poder volver a ver al marinero. Acarició con dulzura el suéter rojo, la playera blanca, y el pantalón azul celeste, y se quedó un rato pensativa bajo el techo del área de lavado.
Mientras tanto en el área de la cocina, el bullicio no paraba, pues ahora era imposible para tres singulares personajes encargarse de labores domésticas tan triviales y poco glamorosas. Ni la actriz de cine, ni la pareja de millonarios estaban de acuerdo en ser ellos los que prepararían la cena. Así pues, la discusión por tratar de coordinarse se acaloraba a cada segundo.
¡Muy bien, para esto si soy bueno!- El señor Howell levantó la voz.
¿Esto? ¿Para qué "esto" si es bueno?- Ginger preguntó con duda.
Pues para coordinar, linda. ¡Atención!- El señor Howell se subió a una banca del comedor y teniendo la atención de las presentes comenzó a hablar.- Haremos ésta cena de la mejor manera posible. ¡Lovey, Tu te encargaras de hervir las langostas!.- Apuntó con su bastón a una emocionada señora Howell.
¡Querido, simplemente eres maravilloso!- La madura mujer sonrió con los ojos brillantes a su capaz marido.
¡Ginger! Te encargaras de cortar las frutas y servir los platos.- El señor Howell ahora apuntaba hacia donde la pelirroja estaba parada escuchando.
¿Y usted qué hará?- Ginger empuñó sus manos colocándolas en sus caderas.
Niña, niña, ¿Acaso no me ves coordinándolas?- El señor Howell se sintió ignorado.
Solo está dando órdenes.- Ginger se cruzó de brazos.
Y es para eso, para lo que realmente nací.- El señor Howell alza la vista al cielo orgulloso de sí mismo.
¡Esplendido!- La señora Howell aplaudió emocionada de tener un marido tan útil.- ¡Vamos querida, la cena no se hará sola!- La rubia millonaria le hablaba a Ginger Grant.
Ginger estaba a punto de objetar algo más, pero antes de poder abrir la boca, ya era arrastrada por una emocionada y manipulable señora Howell hacia la cabaña de provisiones. Seguidas por el señor Howell que se había decidido a coordinar todo el trabajo hasta que los platos estuvieran servidos.
En la cabaña del profesor, el inmenso capitán del S.S. Minoow, el imponente hombre de gran estatura y corpulento físico, se encontraba destrozado, sentado a un lado de la cama, acariciando los cabellos castaños del joven marinero, que se hallaba todavía inconsciente, recostado y arropado con cómodas y suaves mantas. El capitán le acariciaba el cabello con cuidado, con cariño, como un padre acaricia la cabeza de su hijo enfermo. La preocupación en los ojos azul claro del capitán era notoria.
De inmediato algo llamó su atención, la cara del chico emitía un gesto de incomodad, lentamente los párpados del muchacho empezaron a levantarse dejando ver gradualmente los grandes ojos azules del joven marinero. Parpadeo un par de veces confundido y acostumbrándose a la luz para enfocar y poder ver a su alrededor. Con una rapidez impresionante se sentó en la cama y miró asustado a su alrededor, El capitán se asustó también al observar la reacción en su joven amigo. Gilligan comenzó a temblar y su cara expresaba miedo.
Gilligan…- El capitán trató de tomar del hombro al delgado chico pero esto sólo asustó más al confundido marinero.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH. Un grito desesperado fue emitido por el joven castaño, quien se acurrucó en la cabecera de la cama.
¡Gilligan! ¡Soy yo!- El capitán se levanto de la silla sumamente asustado de ver a su muchacho en ese estado.
El profesor hiba en camino a su cabaña ya con sus instrumentos, cuando alcanzo a escuchar el grito proveniente de su habitación y fue entonces que alarmado corrió para ingresar e investigar lo que estaba pasando. Irrumpiendo con violencia en su cabaña, el profesor se encontró al capitán tratando de acercarse a un aterrorizado Gilligan, que se encontraba hecho un ovillo en una esquina de la cama recargado en la pared, abrazando sus rodillas a la altura de su barbilla sin parar de gritar.
¡Está en shock!- El profesor de inmediato entendió lo que estaba pasando.
¡Parece que no me reconoce!… Amiguito.- El capitán le habló a Gilligan alzando un poco su voz para ser escuchado entre los gritos de su primer oficial..
Gilligan pareció reaccionar ante el llamado dulce y amable del capitán, pues los gritos cesaron y levanto un poco la vista para buscar con sus ojos azules "algo" en la habitación. El capitán no lo soportó más y se acercó al muchacho subiendo una rodilla a la cama para alcanzar el delgado cuerpo del muchacho.
Capitán, tenga cuidado podría…- El profesor trató de advertirle al capitán.
El profesor no sabía cómo podría reaccionar el muchacho, Pero al ver la cara de terror del chico al ver al corpulento hombre acercarse a él, supo que no podría ser nada bueno. Por su parte, el capitán no dejaría a su amiguito solo con su dolor de nuevo. Se acercó y abrazó al muchacho, aún cuando Gilligan rechazó su abrazo asustado, y gritando de nuevo.
Soy yo muchacho, soy el capitán, tu gran compañero.- Le hablaba con calma, sin intenciones de soltarlo.
Gilligan forcejeaba, tratando de soltarse, gritando con intensidad, alarmando a todos en el campamento. El profesor observaba todo, esperando que el capitán pudiera hacer reaccionar al perturbado marinero. El capitán no lo soltaba, a pesar de los golpes del chico, a pesar de las patadas por alejar al hombre corpulento. Simplemente el capitán no lo soltó.
Tranquilo hijo, yo estoy aquí, ya no te dejaré.- El capitán continuaba hablándole a su muchacho con ternura y con calma
Gilligan cesó su forcejeo, poco a poco sus pataleos, sus golpes y sus gritos se detuvieron. El capitán no dejaba de abrazarle y acariciarle los castaños cabellos, continuaba murmurándole frases tranquilizadoras al muchacho. El corpulento hombre sintió como unos delgados brazos le rodeaban por su amplia cintura, y como el pequeño y flacucho cuerpo temblaba y se estremecía levemente entre sus brazos. El capitán bajó la mirada, con una extraña mezcla de pesar y emoción se dio cuenta que el muchacho estaba llorando aferrado a su pecho.
Tranquilo, ya todo esta bien.- El capitán no pudo evitar llorar con el chico.
Un llanto angustiante, un llanto doloroso se dejó oír por parte del muchacho, quien ahora no soltaba al corpulento capitán de barco. Apretaba con fuerza la camisa de Jonás Grumpy con sus delgadas manos, mientras lloraba amargamente en el pecho de su gran amigo.
Tranquilo, yo estoy aquí, ahora estoy aquí.- El capitán acariciaba la castaña cabeza de su joven amiguito, mirándole con compasión.
El profesor estaba llorando también, no pudo evitarlo, al escuchar el llanto desconsolado de Gilligan, no pudo evitar sentirse apenado, impotente, tan inútil en esa cabaña. Al no poder ayudar en ese momento al pobre muchacho. Observó con calma y con lágrimas en sus ojos la enternecedora escena.
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Bien, siguiente capitulo listo, me tardé un poco con ésta escena, no sabía como escribirla adecuadamente, espero que sea de su agrado.
Recuerde, que todos los comentarios son bienvenidas, las criticas constructivas también.
Agradezco de todo corazón los reviews de callensensei, Aingeal, Ladymallard y Squee-bunny, todos sus comentarios los aprecio mucho, son un amor. Las quiero!
Cuidado con ese acantilado! Sostengámonos bien de la rama chicas!
