Capítulo 11
Cuando me desperté estaba acostada en una cama que parecía muy cara, y la habitación en la que me encontraba estaba llena de lujos innecesarios. Me puse la mano en la cabeza, me daba unos pinchazos horribles.
A mi lado tumbado en la cama se encontraba Alan durmiendo. Me acerque a él y le di un fuerte abrazo, le había echado mucho de menos. Estaba tan ocupada abrazando a Alan que no me di cuenta de que había alguien más en la habitación, hasta que me cogió y me obligo a mirarle.
Al verle por un momento me pareció ver la cara de Alexander pero después me di cuenta de que era el otro chico. Forcejee con él intentando soltarme, pero aumento la presión en mis muñecas y me atrajo hacia él. Iba a gritar pidiendo ayuda cuando me beso a la fuerza. Intente librarme de él, pero no pude, era mucho más fuerte que yo. Pasado un tiempo que a mí me pareció eterno me soltó. Me levante de la cama de un salto y le di una bofetada en la cara.
-No me vuelvas a tocar en tu vida.-le dije con odio y asco en la voz.
-Vas a ser mía pase lo que pase.-me dijo sonriendo muy confiado en lo que decía.
-Eso abra que verlo.- le dije sosteniéndole la mirada.
Salí del cuarto hirviendo de rabia. Antes de marcharme comprobé que Alan había estado dormido todo el tiempo, no me hubiera gustado que hubiera visto lo que había pasado, y lo deje descansando, sabía que el imbécil ese no se iba a atrever a tocarle ya que después de todo era el hijo del rey.
Al salir cerré la puerta de un portazo, con el primero que me encontré fue con Thresh que se dio cuenta de que ocurría algo.
-¿Qué te pasa Elie?- me pregunto preocupado.
-Nada.- le respondí de muy mala leche, segundos después vio salir a Ethan de la habitación con la marca de la palma de mi mano en el cara.
Al ver eso no pudo evitar reírse. Eso hizo que mi mal humor disminuyera.
-Deberías estar orgullosa.- me dijo riéndose.- Eres la primera chica la primera chica que lo rechaza y se atreve a pegarlo.-dijo.- Esa marca no se le irá en varios días días.-dijo haciendo una mueca de dolor
-¿Ninguna chica lo rechazado? No me extraña que sea tan arrogante.- Ups le había pensado con toda mi fuerza pensé. Sonreí satisfecha, eso le recordaría mantenerse alejado de mí durante unos días.
Al ver que me encontraba perfectamente Thresh se marcho y yo volví a entrar en la habitación con mi hermano.
Alguien toco a la puerta, casi en el mismo momento en el que yo me sentaba en la cama.
-Adelante-dije un poco tensa, como fuera el imbécil ese se iba a marchar con la otra mejilla de color morado.
Alexander entro corriendo hasta el lugar en el que me encontraba.
-Cuéntame lo que te ha hecho ese desgraciado.- le mire extrañada, había más furia en su voz que la que debería haber y supuse que tenían algún tipo problema entre ellos.
Le conté lo que me había hecho y durante unos segundos me miro avergonzado.
De repente se arrodillo ante mí.
-Te lo juro.- me dijo.- Voy a protegerte pase lo que pase, aunque eso me cueste la vida.-lo dijo de una forma que me desgarro el corazón ya que en sus palabras había una enorme tristeza.
-Aunque tenga que atravesar enormes obstáculos, aunque te encuentres al lado de un inmenso mar, te encontrare y te protegeré contra todo lo que te pueda hacer daño, nunca dejare que nadie más te haga llorar, aunque eso signifique que tenga que luchar contra viento y marea.- dijo mirándome fijamente a los ojos.
No supe que contestar, el corazón me latía a mil por hora, en ese momento la puerta se abrió y mi padre apareció por ella.
Joder papa tres años sin verte y tienes que venir en este preciso instante pensé irritada.
-Acompáñame.- me dijo amablemente. Alexander se levanto y le hizo una reverencia después de esto se marcho sin dejar de mirarme.
Mi padre me condujo hasta la sala del trono y luego les ordeno a todos los soldados y criados que se marcharan. Cuando nos quedamos a solas se acerco a mí me dio un fuerte abrazo.
-He estado buscándote durante mucho tiempo.-me dijo con tristeza en la voz.- Esa puta consiguió esconderte bien.-dijo con odio.
Bueno por lo menos en algo pensamos igual me dije a mi misma.
-¿Por qué? ¿Cuándo se largo no el tipo ese, mama nos confesó que solo habíamos sido una carga para ella?- le conteste.- ¿Para qué querría escondernos?
Mi padre se calló durante unos instantes
– Voy a contarte toda la verdad.-me dijo mirándome a los ojos.-Esa mujer no es tu madre.- me soltó de repente.- No habría casado con esa arpía ni harto de vino. Ella era la hermana de tu madre, y el tipo ese no es otro que nuestro enemigo Jergal.
No me podía creer lo que estaba escuchando, era imposible.
-¿Por qué nunca nos lo contaste?-le pregunte, las lagrimas estaban empezando a caer por mis mejillas.
Se sentó en su sillón.
-En esa época estaba demasiado triste debido a la muerte de tu madre, Elisa, mientras daba a luz a Alan. Su hermana, Lavinia, me convenció de que no os dijera nada de su muerte y de que nos hiciéramos pasar por una familia. No vi nada malo en eso y pensé que nos quería ayudar, así que bloqueamos todos tus recuerdos de tu madre, ella me dijo que todo era para que no sufrierais ahora que erais pequeños, y que cuando fuerais más mayores os lo contaríamos. No sé cómo me dejé convencer.
-Así fueron pasando los años y cuando superé la muerte de tu madre me di cuenta de lo falsa y retorcida que era, decidí escarparme con vosotros y volver a mi mundo. Ya que la gente me reclamaba para que reinara.
Una expresión de asombro recorrió mi rostro y me di cuenta de que mi vida entera había sido una mentira. Pude ver dolor en los ojos de mi padre.
-Ella adivino mi plan y se escapo con vosotros, ya que erais el único medio de llegar a la corona. Pero no tuvo paciencia suficiente, ni tampoco precaución ya que cuando se le acabo el dinero, la muy tonta puso la hipoteca de vuestra casa a mi nombre. Gracias a eso pudimos encontraros.
Alguien llamó a la puerta y un criado entró.
-Su majestad ya sé que dijo que no le interrumpiéramos pero resulta que alguien fuera que reclama su presencia.- después de decir esto se marcho.
-Vete a tu cuarto, te he dado mucho sobre lo que pensar.- cuando estaba a punto de salir por la puerta me llamó.
-Elie, me alegro de que estés conmigo.- dijo mirándome con ternura.
