Los personajes de Ranma y de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi.
La historia es creación de mi seso.
-"Los personajes piensan."-
-Los personajes hablan.-
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Capitulo 11: Con sabor a chocolate.
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En un departamento de la ciudad de Nerima, se encontraba un apuesto y pensativo agente. Eran las 3 de la madrugada y recién acababa de llegar a la comisaría, donde le habían tomado la declaración por lo sucedido en la pastelería. Lo dejaron oír los testimonios de los rehenes y las testificaciones de los captores, estos últimos exigían abogados y acusaban a una violenta joven de golpearlos sin contemplación, y de paso lo denunciaban a él de disparar sin aviso previo contra ellos.
El comisario y los demás oficiales buscaban a la desaparecida joven... Ren más que nadie quería encontrarla, había algo en ella que lo empuja a hacerlo.
Mientras pensaba en su cuarto, sentado en su enorme cama se despojaba de su ropa, mostrando sus bien delineados abdominales, pectorales, sus brazos largos, nada exuberantes en musculatura, piernas largas bien trabajadas... dueño de un cuerpo atlético, preparado para cualquier evento peligroso que se presente.
Pensaba el por qué de la huida de la peli azul... Él era una persona con que recordaba muy bien los rostros de los demás. Pero no se acordaba, por más que hacía fuerza él estaba seguro que ella no estaba en el momento del asalto... con ese vestido que tenía puesto era imposible pasar desapercibida, aunque el local estuviese lleno como estaba.
Él no la recordaba haberla visto, tampoco los demás rehenes, estaba casi seguro que no estaba en el momento de la toma... y en la forma en que redujo a los 3 ladrones en el baño y frente de él, como había golpeado al líder de la banda... ¿por qué ella se metería a la pastelería haciéndose pasar por una rehén?... ¿Qué conseguiría?... ¿Acaso también quería robar?... todo le parecía muy sospechoso.
Pensaba mientras se daba una fresca ducha para refrescar su mente. El clima estaba muy pesado, mucho calor. Salió del baño secándose el cabello con una toalla, mientras que unas gotas recorrían su torso bien definido, perdiéndose en la tela del toallón que estaba amarrado a su cintura (je, je... así que querían que prosiguiera he... ¡Pues no! Por ahora... si. Soy malita, pero así me quieren. ^.^), Colocándose su bóxer blanco dejando a la imaginación de los lectores/as, se acostó mirando el techo, como si algo interesante hubiese allí.
— "¿Por qué huiste Akane?... ¿Tienes problemas con la justicia? ... ¿De qué o de quién huyes?... ¿Qué escondes?... Te voy a encontrar ratoncita, soy un felino muy sagaz."- pensaba con los ojos cerrados y una sonrisa que adornaba su bello rostro, mientras iba cayendo en un profundo sueño... Dicen que no es bueno pensar mucho en una persona cuando estas por dormir, porque puede que sueñes con ella... o tal vez sea bueno, quien sabe depende de lo que sueñes.
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Esa misma noche en una terraza, la luna y las estrellas eran testigos de lo que prometía ser un encuentro de lujuria y placer entre dos jóvenes... Si, prometía porque en el mismo momento unos goles y gritos, provenientes del otro lado de la puerta, alertaron a los amantes casi desnudos:
— ¡AKANE! ¡SI NO ABRES LA PUERTA LA TIRARÉ ABAJO! — gritaba Ranma rabioso y amenazante.
— ¡Mierda! — dijeron al unísono Akane y Bankotsu. Molestos por la interrupción.
— ¿Tu ex tenía que venir a joder justo ahora? — comentó el ojiazul fastidiado. Viendo como Akane se levantaba y empezaba a vestirse — ¿Qué haces? No creo que pueda entrar. La puerta está bien cerrada.
— Conozco a ese imbécil y te aseguro que tirará la puerta en cualquier momento. Así que vístete —dijo ella sabiendo de las habilidades que tenía Ranma.
— ¿Le tienes miedo? — pregunto con una ceja levantada mientras volvía a colocarse el bóxer y el pantalón a regañadientes. Insultando de todas las formas en voz baja al aguafiestas y metiche de Ranma Saotome que arruinó un buen momento.
—No. No le tengo miedo... pero si nos ve juntos ahora es capaz de armar tremendo escándalo y arruinar la fiesta de mi hermana... No quiero que eso pase por mi culpa — decía mientras le ayudaba a abrochar la camisa. Oían las patadas que Ranma le daba a la puerta que por suerte era bien reforzada. Abajo nadie escuchaba el alboroto de arriba por la fuerte música.
— ¿Entonces Qué quieres hacer? — cuestionó divertido. A él le daba igual. Pero le parecía entretenido de solo pensar en una pelea con el ex de ella.
— Ven —Tomó de la mano al mercenario y caminaron hasta el borde de la terraza — hay que bajar desde aquí... estamos en el tercer piso nada mas — soltó con simpleza, porque para ella esa distancia era pan comido. Tenía confianza en sus habilidades.
— ¿Tercer piso nada mas? — cuestionó el ojiazul con sarcasmo mirando a la tranquila peliazul que asintió.
— ¿Acaso no quieres que sigamos en otra parte? — mientras se posicionaba para saltar—...O ¿es que tienes miedo? — desafiándolo con una sonrisa pícara y burlona, viendo la determinación del joven en sus azulinos ojos. — Te espero abajo — salto dando unas acrobacias esféricas y cayendo parada como un gato, seguida de Bankotsu que cayó de igual forma. Se oyeron, al instante, como Ranma derribó la puerta y comenzaba a llamarla furioso.
Ambos jóvenes volvieron a la fiesta para despedirse de los novios, del pequeño Joshua y salir de allí. Cuando el valet parking le entregó la moto y las llaves a la peliazul, Bankotsu se las arrebato.
— Yo conduzco. Iremos a mi departamento — dijo antes de que la joven le dijese algo.
Ambos se subieron a la moto y emprendieron el camino. Al salir de allí un auto negro BMW y dos motos Honda una azul y la otra plateada, seguían a la pareja a cierta distancia para no ser detectados.
Treintenas cuadras después el ojiazul miró por los espejos de la moto al auto negro con vidrios polarizados y a la dos motos, ambos sujetos con cascos oscuros. Él se percató de la presencia de ambos a las tres cuadras de haber salido de la fiesta.
— ¡Akane, Nos están siguiendo! — le advirtió molesto —"Otros fastidiosos mosquitos... ¿No tendrán nada mejor que hacer?... ¡ya ni cojer tranquilo se puede! "— pensó.
— ¿Cuántos son? — Pregunto tranquila. Alerta a un posible ataque.
— ¡Dos motos y un auto! ... ¡Nos siguen desde que salimos del salón! — mientras tomaba otro camino para tratar de despistarlos, pero los muy malditos no les perdían el paso y Bankotsu estaba comenzando a perder la paciencia... sintió como Akane comenzaba a posicionarse delante de él...sentándose sobre sus piernas mirándolo de frente, sentía como la joven lo rodeada con sus piernas su cintura, sintiendo el roce de sus sexos — ¿Qué... haces? —preguntó jadeante por el contacto de ella.
— Me preparó para un posible ataque... dobla a la derecha, seguí cinco cuadras adelante, luego dobla a la izquierda y toma la autopista y acelera — le indicó.
Bankotsu empezó a aumentar la velocidad e ir por el camino que ella le indicó... al llegar a la autopista, los hostigadores al percatarse de que la pareja querían huir empezaron a disparar sin importarles las demás personas; autos, motos, camiones, micro... el ojiazul, por la ayuda de los espejos y con agilidad evadía las balas y a los rodados que tenía enfrente.
Akane con rapidez levantó el asiento trasero de su moto y extrajo una 9 mm semiautomática y una Bersa semiautomática. Comenzó a disparar a las motos y noto que ambos eran hábiles, profesionales... vio a un sujeto que sacaba su torso de la parte del techo del auto y comenzó a disparar con una ametralladora.
— Esto se pone cada vez mejor— comentó divertido el ojiazul mientras evadía los autos y una combi.
Akane le dio un tiro certero en la cabeza al tipo de la ametralladora y luego disparo a los neumáticos delanteros del vehículo, haciendo que por la velocidad que iba, el conductor perdiera el control, chocando contra un camión de carga de materiales.
Los motociclistas no cesaron en los disparos. Akane les disparo al de la moto azul en el pecho. Ahora solo le quedaba uno, esté había aprovechado la atención de la joven, que gatillaba a su compañero, por lo que apuntó al ojiazul y le disparó. Bankotsu alcanzó a meterse entre dos camiones, pero la bala entró y salió del pectoral izquierdo, arrancándole un grito doloroso.
— ¡Hijo de puta! ... ¡Akane, mata a ese desgraciado! — molesto con ganas de matar con sus propias manos al fastidioso sujeto.
— Con gusto — Al ver al motociclista, Bankotsu se posicionó entre los dos inmensos camiones. Akane le disparo en la mano al sujeto, logrando que se le cayera el arma y luego dos disparos certeros hicieron que la moto empezara a derramar gasolina. — ¡Acelera con todo! — el ojiazul aceleró y después de unos segundos una gran explosión se oyó en la gran autopista... Akane con su mano derecha presionó unos puntos de presión sobre la herida, para detener la hemorragia, cortó un trozo de tela del vestido y la amarró en la zona afectada — Te tienes que hacer atender la herida — mientras aplicaba presión.
— Estamos muy retirados del departamento — contestó algo adolorido.
— Iremos a mi casa, estamos cerca... déjame que conduzco — ella con una simple movimiento se dio la vuelta dándole la espalda y tomando el control de la moto.
Bankotsu no se movió ni protestó por el dolor de la herida, porque sentía a su fiel amigo que despertó, ya que el trasero de la peliazul presionaba su pene y eso le estaba empezando a formar una dolorosa erección, por lo que con su brazo rodeo la cintura de ella y la aprisionó más a él. Haciendo que ella sintiera su creciente necesidad.
A Akane se le hacía difícil concentrarse en el camino por el abultado amigo de Bankotsu que lo sentía en su trasero y porque también sentía una incómoda molestia en su propia intimidad. Sin darse cuenta se come un bache que había en el camino haciéndole dar un pequeño brinco y volver a sentir ese bulto que cada vez lo sentía más y más grande, oyendo el gemido de él en su oreja y su lengua jugueteaba en su lóbulo, cuello y hombro.
La peliazul para concentrarse en el camino se mordía el labio inferior, reprimiendo un quejido que se le quedó en la garganta.
— Ban...kotsu... — soltó en un suspiro con un dejo débil en su voz — No hagas eso que nos vamos a estrellar contra algo — protestó y oyendo la divertida risa del loco que tenía detrás que en vez de hacer caso a lo que ella decía, él hacia todo lo contrario.
El camino fue una tortura para la peliazul... pasó dos semáforos en rojo, casi les atropella tres autos y por poco se lleva puesta una anciana que cruzaba la calle. Oía las carcajadas del mercenario en su oído cuando ella gritaba como loca a la anciana que casi atropella, pero se descostillo más de la diversión al oír las palabrotas que la senil soltó con furia.
Para tranquilidad de Akane, por fin habían llegado al dojo Tendo. Llevó a Bankotsu a uno de los cuartos de la casa, más precisamente al cuarto donde dormía Ranma con su padre, pero ahora los Tendo habían puesto una cama. Allí dejó al ojiazul adolorido y que su sangre se derramaba de apoco por su cuerpo y ropa. Akane llamó a su amiga Kanae, al tercer llamado...
— ¡¿Dónde demonios te metiste?! — Oyó la voz molesta de la azabache.
— ¡Mouko-san... perdón! — contestó como niña chiquita que acaba de ser regañada por su madre — Después me insultas si quieres... Ahora necesitó que traigas a mi casa a Suikotsu, Bankotsu esta herido... no le digas nada a mi familia. Por favor— no quería preocupar a los demás.
— Ok... ¿tú estás bien? — preguntó preocupada.
— Si, yo estoy bien... no tarden, amiga — corto la llamada confiando en su mejor amiga.
Después de 20 minutos Kanae, Suikotsu, Jakotsu, Mousse, Yura y Nabiki llegaron al dojo.
—Yo le hable a él. Estos vinieron de chismosos, en especial tu hermana — habló Kanae al sentir la mirada de la peliazul en protesta.
Akane suspiro resignada, llevó a Suikotsu a la habitación donde estaba Bankotsu. El galeno revisó a su hermano mientras que afuera de la habitación...
— ¡Akane! Para ser tu primera vez te comportaste como una salvaje... ¡casi lo matas en serio! — soltó Yura alzando la voz y avergonzado a su amiga, por algo que no hizo, aún, lamentablemente.
— ¡YURA! — dijo colorada la peliazul — ¡no pasó nada entre él y yo! ... Cuando salimos de la fiesta un auto y dos motos nos siguieron y empezaron a disparar... les dispare y entre tanto que nos dispararon una de las balas le dio a Bankotsu — relato Akane.
— ¿Quiénes eran? — preguntó Kanae. Ella sospechaba que era gente de Onigumo.
— No lo sé. Pero no creo que fuera él... me quiere viva — contestó como si leyera la mente de su amiga —Jak. ¿Sabes sí a tu hermano lo quieren matar? — cuestionó al afeminado.
— No sé. Tal vez... no te olvides que es un mercenario... es lo más lógico que lo quieran ver muerto. — dijo Jakotsu sabiendo las consecuencias del trabajo de su hermano.
— Yura revisa las cámaras y si ves algo o a alguien raro me llamas. — le pidió a su amiga tecnológica.
— ¿Qué cámaras? — pregunto intrigado Mousse.
— Akane me pidió que por seguridad pusiera cámaras en el salón y así lo hice... desarrollé un programa que detecta los rostros al instante, buscando en la base de datos de la policía información que guardan los aeropuertos y si estas personas son extranjeras no radicadas en el país, lo rastrea hasta encontrar nombre, lugar de nacimiento, todo. Así tenga que buscar en la base de datos de otros países hasta encontrar a la "rata" — relataba mientras prendía su laptop que estaba en su bolso.
— ¿Pero no peligras que la policía te detecte? — preguntó muy interesado el oji verde, mirando a la concentrada peli corta.
— Utilizo un filtro que me permite ser invisible... por lo que no sabrán nada de nada... — contestó Yura con seguridad.
Pasada la medida hora, Suikotsu abrió la puerta de la habitación.
— ¿Cómo está Banky? — pregunto Jakotsu preocupado.
— La bala entró y salió de su cuerpo. Por suerte no hizo mucho daño pero tendrá que quedarse aquí. No debe moverse, porque se le puede abrir los puntos que le hice... Y conociendo como es, no hará nada de reposo. Al contrario si lo dejamos en el hotel solo hará de las suyas. — dijo Suikotsu soltando un suspiro de cansancio y preocupación.
— ¡No soy un niño!... ¡se cuidarme solo! — protestó Bankotsu que había oído todo lo que su hermano había dicho de él. Por lo que se sentó en la cama y empezó a colocarse la camisa, acción que le producía un gran dolor producto de la herida.
— No irás a ningún lado... ¡tú te quedas y te acuestas! — habló tajante la peliazul, mirando al testarudo mercenario que la observaba con molestia.
— Es verdad Banky... en el departamento no te vas a cuidar y tardarás en recuperarte si no haces caso a lo que te dice Suikotsu. — Habló el afeminado en forma de reproche a su hermano que estaba comenzando a enojarse.
— Akane se encargará de tí... ya que por culpa de ella estas herido... así que hermanita, tú responsabilidad es cuidar de él hasta que se mejore. — dijo tranquila pero sería Nabiki. Ya que desde que Akane había regresado a Japón, no le creyó en lo que su hermana le había contado a la familia... podía engañar a Kasumi y a su padre, pero no a ella. Por lo que acorralo a su hermana y le dijo que le contara toda la verdad o lo averiguaría ella misma por sus propios medos. Por lo que Akane no le quedó de otra que decirle toda la verdad.
— ¡¿Queee?!... ¡yo no tengo la culpa! ... ¡qué pasa si esos tipos lo querían matar a él y no a mí!... ¡Él debe de tener muchos enemigos! — Contestó Akane enojada e indignada por lo que decía su hermana —¡Yo salve su trasero, otra vez! — apuntando al ojiazul que la fulminó con la mirada.
Bankotsu iba a protestar pero la hermana de Akane habló primera.
— Tú tienes la culpa de que este herido, Akane. Si hubieses acabado con esos sujetos antes, con mayor precisión, él... — apuntando a la víctima — no estaría herido. — dijo Nabiki mirando fijamente a su hermana.
— Ella tiene razón... tú, tardaste mucho en eliminar a esos idiotas... — acusó el ojiazul mientras se acostaba de nuevo en la cama. — Casi me matan por tu ineficiencia — poniendo cara de cachorro herido... — Ahora me duele todo mi hermoso cuerpo — con aire de víctima plasmada en su voz y rostro. —...Así que me quedo — con rostro de picardía, malicia y Tajante en su voz. — Me bañeras todo mi cuerpecito, porque no puedo mover mi brazo... lavarás mi ropa, la plancharás y me vestirás... cocinarás para mí y me la darás en la boca... También me ayudarás a ir al baño, por lo que dejaré que me lo toques... todo — mirándola con picardía e incomodando a la peliazul y asiéndola rabiar por sus exigencias.
— ¡Tú!... ¡¿Quién demonios piensas que soy!?... ¡¿Tu sirvienta?!... ¿¡Tu enfermera?!... — Mirándolo con ganas de matarlo. Su rostro estaba como tomate del enojo y de la vergüenza por lo que decía con simpleza el muy impertinente. Una cosa es cuando estaban solos y otra muy distinta cuando estaban frente de los amigos y familia. — ¡Suikotsu!... ¡Jak!... ¡Se lo llevan!... ¡Con gusto le rompo las piernas y el otro brazo, para que no se mueva! — mirando y hablando con voz siniestra al ojiazul que por un momento sintió un escalofrío al ver que la joven se acercaba a él. Akane fue sostenida por Mousse y Jakotsu por detrás.
— Bankotsu... pensándolo mejor, creo que es mejor que te vayas a tu departamento... — hablaba pensativa Nabiki, mientras era observada por todos los presentes. — Ahora que recuerdo... Akane no sabe hacer los quehaceres de una ama de casa... mucho menos cocinar. Morirías por intoxicación... eso me hace acordar que tengo muchas invitaciones para cenar y almorzar con mis amigos... aun soy demasiado joven y hermosa para morir. — dijo sabiendo que eso molestaría a Akane.
— ¡Yo sé hacer todo eso! ... Para que lo sepas, la abuela Kaede y Jak me enseñaron a ser una ama de casa completa — contestó Akane orgullosa de sus logros.
— Eso son puras mentiras... porque desde que llegaste no te he visto cocinar —con aire de desafío hacia su hermana.
— ¿¡Quieres que te demuestre que se cocinar?! ... ¿eres capaz de comer lo que hago? —contestó la peliazul desafinado a la castaña.
— Por supuesto. — contestó segura.
Akane salió de allí directamente a la cocina. Luego de una hora, hizo que Nabiki probara un estofado. La castaña miraba el plato con atención. Una gota de sudor descendía de su frente. Observó el color de la comida, se veía normal.
—"¿Y si el sabor es mortalmente venenoso? "— pensaba Nabiki. Ya no se podía echar para atrás. Plantó el desafío y como una Tendo debía enfrentarlo con valentía... respiró hondo e hizo el primer bocado. Sus ojos, su rostro reflejaba sorpresa. Mientras que los demás estaban expectantes. — Es... es normal... sabe bien... esta rico — mientras degustaba la comida. — No hay más que decir... hermanita te encargarás de la comida mientras Kasumi este de luna de miel... y cuidarás a tu moribundo — La castaña se dirigió a la puerta para salir pero antes, miro a su hermanita menor — Por cierto Akane... tengo un traje de enfermera sexy, cuando quieras te lo presto — soltó esto último y salió de allí oyendo que la peliazul la llamaba y de seguro roja como tomate.
Ya había transcurrido dos semanas desde que Bankotsu estaba en la casa de los Tendo... El patriarca de la casa no tuvo ninguna objeción en que el ojiazul se quedara. Sentía la casa alegre, desde que Akane se había ido ya no era lo mismo allí, pero con el mercenario haciendo enojar a su hija todos los días y todo el tiempo se divertía... ya sea por las exigencias de él ojiazul o cuando esté hacia algo indebido... para Soun, Bankotsu era un buen chico.
Akane estaba que a veces le sobraban las ganas de estrangular lentamente al azabache por lo quisquilloso que era... Que la almohada estaba muy dura o muy blanda o muy alta o muy baja... Que quería ir al baño a orinar y como no quería mover su brazo izquierdo, lado donde tenía la herida, quería que ella lo ayudara en TODO, para orinar, bañar, etc... Pero ella se negó rotundamente. Ella intuía las intenciones del morocho, él buscaba retomar el momento de aquella noche frustrada, pero la peliazul lo evadía, aunque por dentro las ganas de estar con él le sobraban. Prefería esperar a que el mercenario se mejorará, para pasarla mejor... con lo que no tenían problemas era con la comida, Bankotsu no comía, devoraba lo que ella hacía, por lo que siempre preparaba de más y él se lo consumía todo. Eso alegraba a Akane, verlo comer lo que ella preparaba era motivo de felicidad, ya que él siempre le decía que su comida estaba sabrosa… ¡Y no se enfermaba!
Era lunes a las 10 de la mañana. Akane, Nabiki y Bankotsu estaban en la sala viendo la tele. Soun había salido hacia 10 minutos, a visitar a un amigo. Kaede llevó al pequeño Joshua a la escuela y luego iría a hacer unos trámites. La feliz pareja todavía estaban de luna de miel por Italia.
Nabiki cansada de ver la televisión y que no había nada entretenido se puso a leer una revista de chimentos. Bankotsu miraba una película de acción, él ya estaba mejor y no le gustaba estar acostado. Mientras que Akane revisaba sus correos en su laptop. Antes había ido a la cocina por chocolate negro, semi amargo fundido. Tomó una banana del frutero que estaba en el centro de la mesa, la peló hasta la mitad y comenzó a bañarlo con el chocolate.
Bankotsu sintiendo el olor a chocolate miró de reojo y vio como la peliazul se llevaba el plátano bañado a su boca... ella saco su lengua y recorrió la longitud de la fruta con la punta de su lengua, arrastrando y saboreando el chocolate, la oscura pasta había dejado rastro en su boca y con su lengua delineo su labio superior, con un movimiento inconscientemente sexy, haciendo que el ojiazul apretara fuertemente sus manos. Sentía su corazón acelerado y empezaba a percatarse que su "amigo" de apoco iba despertando con hambre.
Nabiki observó la escena muy discreta y vio que el chico estaba teniendo "problemas". Así que para su propia diversión, ya que estaba aburrida y tenía que joder a alguien, iba a hacer sufrir al joven mercenario.
— Akane. A qué no puedes meterte la banana en la boca sin romperla — Desafío Nabiki a su hermana. Como cuando pequeñas.
— ¡Claro que puedo! — Respondió segura. Se estaba llevando la fruta a su boca pero la castaña la interrumpió.
— No. Así no... Báñalo de chocolate primero — dijo divertida —"Hay Akane... A pesar de todo, aun sigues siendo algo inocente" — pensaba viendo como su hermana le hacía caso. Está no se daba cuenta del fuego que estaba despertando en el mercenario, el cual se mantenía muy expectante… y sudoroso.
Akane se llevó la banana a su boca, introduciéndoselo de apoco, respirando por la nariz. Cuando logró su cometido, apoyo sus labios en el plátano y se lo fue sacando muy lento, solo un poco. Vio que la fruta aún tenía algo de chocolate, por lo que volvió a chupar la banana una, dos, tres veces.
— Mmm... Esto está delicioso... Quiero más — dijo ingenuamente la peliazul, volviendo a cubrir la fruta con la pasta oscura.
Nabiki miraba muy discretamente a Bankotsu que lo tenía sentado enfrente en la otra punta de la mesa, ya que ella estaba sentada de la otra punta y Akane en el medio. Él miraba a Akane tan atento, seguía cada movimiento de sus labios, oía sus gemidos que lo estaban haciendo perder la cabeza, la compostura, todo. Su Jean negro le estaba apretando cada vez más por su creciente bulto, el cual, exigía atención. Cada gesto, cada lamida que la peliazul hacia era como si le estuviesen echando leña a la hoguera que se le estaba produciendo en el cuerpo.
Quería saltar sobre la peliazul como un animal en pleno celo pero como Nabiki estaba presente se tenía que aguantar... No podía más, su entrepierna estaba muy apretada, le dolía mucho... se paró dándose vuelta, de espalda para que las mujeres no notarán a su muy despertado amigo. Salió de allí a toda prisa. Las chicas oían como el chico subía rápido las escaleras.
— ¿Qué le paso? — pregunto ignorante la peliazul. Mientras se limpiaba la boca con la lengua.
— No sé. Seguro que fue al baño — dijo divertida, riéndose del pobre chico que estaba arriba tratando de atender su "asuntito" — Hay hermanita haber si aprovechas el momento — dijo poniéndose de pie, recibiendo una mirada de parte de Akane que no entendía nada — Me voy. Vuelvo tarde, igual que los demás. Así que diviértete... y cuídate. — mencionó lo último con doble sentido, dejando sola a una desconcertada Akane.
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La peliazul entró a su cuarto y al cerrar la puerta sintió la presencia de alguien más con ella. Cuando se dio vuelta, tenía a escasos centímetros a Bankotsu que la miraba muy fijamente. Akane sentía que en aquellos ojos solo había deseo. Necesidad. Fuego... A ella se le cortó la respiración. Los ojos azules de él, se volvieron de un azul intenso... su corazón empezó a latir con fuerza. Por reflejo retrocedió un paso, chocándose con la puerta... Alzó la mirada para toparse con esos zafiros que la estaban comenzando a hipnotizar.
El mercenario avanzó acorralando a la peliazul contra la puerta y su cuerpo. Atrapó esos ojos marrones con la mirada. Observó los labios rosados de ella, donde se notaba una pequeña mancha de chocolate. Akane por instinto se mordió el labio inferior, por nervios.
— ¿Qué... qué haces aquí? — preguntó Akane con una voz casi audible, pero que el mercenario oyó muy bien. Él alzó su mano derecha y acarició el rostro níveo de la joven, miró esa manchita oscura que aún estaba allí.
Con su lengua barrió la mancha de sus labios, el chocolate no podía tener mejor sabor. Quería. ¡No! Necesitaba más, por lo que besó sin permiso esos labios con sabor a chocolate. Akane le permitió el acceso abriendo su boca y sintiendo como la lengua de él la invadía, recorría su interior, volvieron el beso más intenso, pasional y sintiendo contra su abdomen la necesidad del mercenario. Llevó sus manos al cuello y al pelo de él. Sus lenguas tenían una ardua batalla, ella cuando podía mordía esos labios carnosos. Bankotsu saboreaba el chocolate en la boca de ella, era sabrosa, exquisita.
Por falta de aire comenzaron a separarse.
— Ya no puedo más, Akane — él no mentía. En sus ojos había deseo, deseo puro.
— Pero tú herida — pensó preocupada. Aunque ella sentía lo mismo debía anteponer la salud del mercenario.
— Ya no me duele — diciendo esto volvió a besarla. Igual o más intenso, exigente que antes. Ella se dejó llevar, entregándose al deseo que su cuerpo le exigía, al igual que él.
La peliazul le arrancó la camisa blanca, rompiéndole los botones de una y despojándolo de la tela. Sintiendo la piel morena del mercenario en sus manos; sus trabajados brazos, hombros, descendiendo por sus bíceps y sus abdominales...
El ojiazul le saco la remera rosa que la chica tenía, arrojándola a algún lugar de la habitación. Rompió el sostén salmón que también voló en alguna parte del lugar. Llevó su mano al pecho de Akane, el cual cabía muy bien en su mano y sentía el pezón duro de ella en su palma.
Akane llevó sus manos al pantalón del mercenario, comenzando a despojarlo de la prenda. El ojiazul patio el Jean, tirándolo por algún lado. Él le quitó el Jean corto gastado color celeste de ella que por gravedad cayó sobre los pies de la joven, dejándola con su braga color salmón.
Bankotsu la levantó con un solo brazo, ella rodeo con sus piernas la cintura de él.
— Mmmm... — Ambos gimieron al sentir el contacto caliente de sus sexos.
Bankotsu la aprisiono más a él asiendo que la peliazul sintiera más su necesidad mientras él besaba su cuello y hombro, y caminaba hasta la cama de la joven. Con su mano apretaba el glúteo suave de Akane, sintiendo en su excitado pene la humedad de ella.
Akane movió sus caderas rozando su intimidad contra la de él. Oyendo el gemido sobre su hombro izquierdo. Sentía como él mientras caminaba la embestía fuerte.
— Aah... mmm... — soltó ella mientras sentía esos choques contra su sensible y húmeda vagina.
Bankotsu la recostó en la cama muy suave. Le quitó la única prenda que tenia y ella hizo lo mismo con él.
El ojiazul acarició con sus manos la suave y perfecta piel, siguió el contorno del pecho prominente. Akane sentía su piel caliente, sus pechos estaban inflamados, ansiosos bajo las manos de Bankotsu que le tomó un pecho y sostuvo el blando peso en su palma con gesto posesivo.
Encontró con la boca la comisura de sus labios, la garganta. Cada beso era ligero como una pluma, pero dejaba una marca ardiente.
Ella sentía su necesidad. Su propio cuerpo respondía con un ardor cremoso. Akane se movió bajo de él y se arqueo para ofrecerle su pecho. Cerró los ojos y gimió en voz alta cuando él se lo llevó al calor de su boca. Le rodeo la cabeza con los brazos y le sostuvo contra ella, cada succión de su boca obtenía una respuesta de calor líquido de su cuerpo.
Bankotsu tenía el cuerpo duro y pesado. Quería sentir su suave piel contra él. Bankotsu se levantó un poco lo justo para ver su cuerpo. Ella yacía desnuda, con la piel sonrojada de deseo. Extendió la mano sobre su estómago, por su ombligo, tocando el pircing que la joven tenía y luego cubrió con la palma el triángulo de escasos rizos, donde notaba el húmedo calor. Un relámpago descargó a través de ellos y se precipitó por la sangre de ambos.
Ahondó con su dedo en la entrada aterciopelada de su vagina y encontró calor, disposición y necesidad. Sintió el aliento de Akane a la altura de su corazón. Notó como ella besaba su pecho; él ahondó más con sus dedos, un incentivo deliberado. Notaba como se aferraban a él los músculos de terciopelo y el cuerpo de Bankotsu exigía alivio a gritos. Ahondaba cada vez más con sus dedos, exploraban y avivaban a posta el fuego que se propagaba por su cuerpo.
Akane pasó su lengua por su músculo con una suave caricia. Mordisqueo su piel con suavidad juguetona.
Bankotsu exploró sus muslos con la otra mano libre, arrancando sollozos entre cortados de la garganta de Akane. Ella buscó y encontró con sus manos los músculos marcados de su amplia espalda, y el tímido contacto enardeció aún más al mercenario.
El ojiazul le estaba haciendo cosas con las manos, solo con el tacto, la estaba llevando hacia una tormenta de fuego y anhelo imposible de saciar. Ella le beso el pecho, acarició con su nariz el bello oscuro, lamió un pezón. El cuerpo de Bankotsu se endureció hasta que creyó volverse loco.
La obligó a separar las piernas, para tener mejor acceso a su femenino calor. Se apretó contra ella casi con agresividad, la necesitaba de un modo desesperado. Akane notaba su dura erección, gruesa e insistente en la entrada. Le pareció demasiado grande. Una invasión desmesurada. Él le sujeto el trasero con la palma de la mano y la mantuvo pegada a él.
Bankotsu se agarró de las caderas de Akane con más fuerza, casi hasta el punto del dolor. El cuerpo de él se impulsó hacia adelante para hundirse profundamente en Akane. Ella soltó un grito de dolor y placer. El grito de él ronco y triunfal, se fundió con el de ella.
El ojiazul empezó a moverse, casi incapaz de soportar la tirantez de su sexo aterciopelado. Le apretaba de un modo tan ardoso y adictivo, que sin darse cuenta deseo perderse para siempre en ella.
La fiera acción le consumió del todo, hasta que se encontró cabalgando sobre una ola de placer tan enorme que perdió toda noción del tiempo y espacio. Sus aromas almizcles, fragante, se fundieron y crearon el perfume de la pasión y la lujuria. La boca de Akane sobre la suya, tan erótica y frenética, seguía su ritmo salvaje y exaltado. Se perdió en la pura sensación. Él se enterró más a fondo y con más fuerza pues quería enterrarse tanto en su interior lo más que podía.
Akane le agarró la espalda, temerosa de verse arrastrada. Saboreo con su lengua la herida del pecho que estaba descubierta, probando el sabor masculino y animal de Bankotsu, que la sostenía con fuerza por las caderas, la mantenía quieta para perpetrar su invasión. Era más de lo que ella podía soportar, el rostro de él en tensión por el placer. Ella movió sus manos por la espalda hasta llegar a sus nalgas, como queriendo memorizar cada centímetro.
A Bankotsu se le escapó un gemido gutural, profundo y ronco, como si fuese arrancado de su misma alma. Alzó la cabeza, con sus ojos azules fundidos, exaltados, feroces. Besó la comisura de sus labios, la barbilla. Ella notó el aliento sobre su garganta, el roce acariciador de su lengua. Todo su cuerpo se contrajo como reacción, aumentando aún más el placer del mercenario, hasta que pensó que podría morirse.
Él arañó con sus dientes su pecho, de tal manera que Akane se arqueo más y más, presionando contra su boca. Y a continuación se encontró llorando de placer, su garganta se movía de forma convulsa cuando el mercenario, succionaba con fuerza sus pechos, la abrazaba y su cuerpo la tomaba con un anhelo feroz, más allá de las fantasías más alocadas... Akane fue arrastrada por sucesivas oleadas de placer que la sacaron de su cuerpo y la introdujeron en él. Y como si fuese un solo ser explotaron hasta lo alto del cielo.
Enlazados uno al otro, permanecieron juntos echados, con sus corazones latiendo con un mismo ritmo intenso. Bankotsu le acarició el pecho con la lengua provocando un estremecimiento que se propagó por la sangre de ambos. Le tomó el rostro entre sus manos y la beso. Era un beso tranquilo, suave. Él por primera vez se sentía raro, pero bien, como si tuviera paz por dentro, pero como siempre, se encargó de ignorar eso.
Ella le contemplaba incapaz de regresar del todo a la tierra. Bankotsu estaba dentro de ella, Akane le rodeaba con su cuerpo. Se limitaron a mirarse uno al otro como queriendo mirar el interior de sus almas.
Akane notaba su gruesa y dura erección que empezaba a moverse con una fricción increíble de calor pegajoso. Bankotsu se movió despacio, saboreando cada largo impulso, devorando su rostro con sus ojos de zafiro. Quería tomarse su tiempo, aumentar el placer poco a poco, continuando con un lento y lánguido movimiento de caderas. Descendió entre sus pechos. Su balanceo lento y rítmico la dejaba sin aliento y avivaba las cenizas del fuego que no había dejado de arder en algún lugar en la boca del estómago. Su cuerpo se movía con el de Bankotsu, seguía su guía sin inhibición. Sentía sus manos rodeando sus pechos, el roce de su barbilla, de su boca sobre sus pezones. Akane encontró las caderas de Bankotsu con sus manos.
Bankotsu impulso su cuerpo hacia adelante y se hundió más a fondo dentro de ella.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó el ojiazul embistiendo más, más profundo, más fuerte, aumentó el ritmo hasta que las cenizas candentes pasaron a ser llamaradas gigantescas.
Cuando el inesperado fogonazo descargó en el cuerpo de Akane, ella se mordió el labio.
— Perfectamente... bien... Aaah — contestó entre jadeos, estallando en explosiones demoledoras, tanto para sus cuerpos como para sus mentes. Su grito entre cortado fue callado por el mercenario cuando encontró su boca y atrapó el sonido.
Cada músculo de Bankotsu estaba en tensión. Se mantuvo inmóvil durante una milésima de segundo, luego hecho para atrás su cabeza y se impulsó hacia adelante para enterrarse en ella. Su autocontrol quedó anulado con la reacción arrolladora que pareció prolongarse, por fin la liberación, el mundo dando vueltas. Mezclando sus flujos, haciéndolos uno solo.
Permanecieron echados juntos, sin moverse, sin hablar, saboreando el momento. Bankotsu fue el primero en moverse, cambió de postura, acostándose al lado de ella, rodeándola con un brazo la cintura. Akane apoyo su cabeza en el pecho de él.
Ambos cayeron en un profundo sueño.
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— Señora. Él no volvió al hotel... tal vez este en la casa de esa mujer — dijo una joven de ojos negros fríos como el hielo. Pelo negro azabache de unos 23 años, piel blanca. Camisa rosa y traje blanco con minifalda y zapatos rosa. Miraba a su jefa, a la cual, le estaban haciendo la manicura.
Ella era una mujer hermosa, de ojos color carmín. Piel clara, pelo negro, con un vestido negro, ceñido al cuerpo, resaltando la voluptuosa figura, mostrando un sugestivo escote, dejando ver sus pechos.
— Dime Kikyo. ¿Ya averiguaron quién es esa zorra? — preguntó la mujer con molestia. Haciendo tensar y asustar a la pobre joven que le estaba pintando las uñas de las manos.
—Si señora. Se llama Akane Tendo y hay algo que descubrí de ella, le va a interesar — dijo con malicia plasmada en su rostro. Le pasó una tablet que tenía enchufada un pendrive, el cual contenía datos de la peliazul. — Su marido esta por llegar, ¿quiere que le diga algo? — preguntó Kikyo antes de retirarse.
— Él se pondrá a trabajar en la biblioteca como siempre. Si te pregunta por mí, dile que estoy con la manicurista — contestó la mujer con sonrisa divertida y siniestra. Ella sabía muy bien que cuando estaba con la manicura su marido no aparecía en dos o tres horas por lo que tendría tiempo de ver el informe.
— ¿Se le ofrece algo más señora, Kagura? — preguntó la asistente que estaba parada al lado de la puerta.
— No Kikyo. Puedes retirarte — respondió Kagura, mirando la tablet y empezando a leer. La manicurista había terminado su trabajo y se marchó con su buena paga.
Estaba sorprendida con lo que leía, las fotos y videos que veía.
—Vaya, vaya... Así que mi queridísimo suegro esta detrás de ti y tú detrás de mí hombre... pobre de ti, tendrás el mismo destino que tu mami — soltando una burlona y siniestra risa- morirás como ella y me encargaré que tu familia tenga el mismo destino... y tú lo vas a ver — su risa resonó en su lujosa habitación matrimonial. Contemplando una foto de la peliazul con su familia, una imagen muy reciente. Tomó su celular y marco a su asistente y mano derecha. — Kikyo ven — luego de dos minutos se oía que tocaban a la puerta. — Pasa — dio la orden.
— Diga señora Kagura, que se le ofrece — preguntó la pálida mujer.
— Quiero que busquen a los recién casados... ya sabes qué hacer... que parezca que hubiese sido mi querido suegro. — Habló Kagura tranquila mientras tomaba una copa de vino tinto.
— Así se hará señora... con permiso — contestó Kikyo retirándose de la habitación para comenzar a cumplir la orden de su jefa. Sintiendo que una buena diversión se aproximaba para ella. Y una nube negra se acercaba a los Tendo.
Continuara….
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Hola se que no he hablado mucho y les pido disculpas. Leo todos sus raw y me da gusto saber que esta historia les sea de su agrado, ya que es una pareja muy diferente a las demás.
Digamos que me la jugué. ^.^
GRACIAS POR LEER Y LES AGRADEZCO SUS MENSAJES. DESDE ARGENTINA LES DESEO UNA FELIZ NAVIDAD. PÁSENLA BONITO Y SE ME CUIDAN! ESPERO QUE LES ALLÁ GUSTADO EL CAPITULO Y LES HAGO UNA PREGUNTA: ¿QUIEREN QUE EN EL SIGUIENTE CAPITULO ALLÁ OTRO LEMON CON ESTÁ LOCA PAREJITA?
LOS DEJO. BESOSSSS!
PD: Pido disculpas por mis HORRORES ortográficos. Se que debo mejorar y eso quiero hacer, la práctica ayuda. No me molesta que me corrijan. Siempre con respeto, como lo han hecho todos y se los agradezco y espero que halla podido mejorar aunque sea un poco el anterior capítulo. Besos
