Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.
Capítulo XI. Unión.
Elsa se encontraba revisando un par de documentos en su despacho, habían pasado un par de semanas desde la llegada de la carta de las islas del sur, ese mismo día había llegado otra responsiva de ese reino.
Elsa hizo que un perro oliera la carta para asegurarse que el contenido no tuviera algún tipo de veneno, pues pese a que creía que estaba asciendo lo correcto, también era consciente que no todos tienen el mismo grado de honor, y era mucho mejor prevenir que lamentarse. El perro había sido entrenado para ese propósito, y al darle el visto bueno, abrió la carta.
"Reina Elsa, un cordial saludo de su servidor el rey Hantel, solicitó me disculpe por la carta anterior, desconocía las acciones de mi hijo menor hacia su persona. Por lo que también ruego me perdone por sus acciones. El pago solicitado será entregado en la mayor brevedad posible."
Elsa leyó un par de veces la carta. Pues no esperaba que el rey se disculpara, y por lo mismo no podía bajar la guardia por un par de palabras cordiales, sabía perfectamente que podría ser una treta para que ella pensara en ellos como un aliado, por el momento le daría el beneficio de la duda pero no significa que confiara en el.
Dejó la carta a un lado. Y siguió revisando el resto de cartas, la mayoría eran aún cartas de felicitación por su coronación, pero una en específico le llamó la atención, pues no reconocía el membrete de la carta, pues era una flor de lily con una corona en la parte de arriba. Elsa le dio la vuelta para ver si estaba escrito quien la mandaba, pero grande fue su sorpresa al ver que la carta no iba dirigida a ella, sino a su hermano.
La curiosidad se llevó la mejor parte de ella, así que abrió la carta, para descubrir que era una carta de una doncella, pues la carta estaba bañada en perfume de rosas.
Apenas empezó a leer, sentía como el papel se rendía ante su fuerza. Pese a que solo era una felicitación por el regreso del príncipe, entre líneas había insinuaciones que no le terminaban de agradar a Elsa, la mayoría sobre planear un encuentro fortuito entre ambos.
Elsa arrugo la carta e hizo sonar una campana para que un siervo fuera a su llamado, a los pocos segundos alguien toco su puerta.
- Pasen.
Por la puerta se asomó Kai, el mayordomo real. - Me llamó, su majestad.
- ¿Dónde se encuentra mi hermano?
- Me parece que el príncipe se encuentra en el patio practicando con un guardia.
- Llámalo y que venga lo antes posible.
- Por supuesto su majestad. - El mayordomo hizo una última reverencia antes de retirarse.
Elsa tomo nuevamente la carta arrugada de su escritorio y le dio una leída rápida para verificar que no hubiera confundido lo escrito.
A los pocos minutos su puerta fue tocada nuevamente.
- Pasen.
Por la puerta entro caminando el príncipe Andrew, acompañado de Kai, su camisa de seda se pegaba a su cuerpo por el sudor producto de la actividad física que se encontraba haciendo.
- Gracias Kai, puedes retirarte.
El mayordomo salió y cerró las puertas detrás de sí.
Andrew camino al escritorio de Elsa, y aunque el rostro de la reina tenía marcada la molestia, Andrew no podía dejar de admirar la belleza de las facciones de la contraria, sin el darse cuenta sonreía ante la visión.
- ¿Me llamaste?
- Podrías explicarme esto. - dijo Elsa entregando el papel arrugado a Andrew.
Este sin saber que era comenzó a leer, en su rostro se veía perfectamente lo desconcertado que se encontraba. - ¿Quien la envió?- preguntó una vez termino de leer.
- No lo sé, tú dime.
Andrew veía perfectamente la molestia en el rostro de Elsa, y la revelación de lo que sucedía lo golpeó fuertemente. Y pese que trato, no pudo ocultar la sonrisa que nació en sus labios.
- Estas celosa...
Elsa casi salto en su asiento, y soltó un bufido. - Ja, ¿yo celosa? - y lo dicho hubiera tenido más peso, si las mejillas de la reina no se hubieran pintado de escarlata.
Andrew rodeó el escritorio y se posicionó detrás de la reina, poniendo sus manos sobre los hombros de Elsa, sus manos tomaron los hombros de la reina, haciendo un masaje sobre de ellos, tratando que la tensión del cargo real desapareciera.
Elsa sentía como el toque de Andrew hacia que la tensión se iba poco a poco, pero de repente el despacho se tornó en un ambiente más "caliente", pues sentía como Andrew se inclinó para que su boca quedará justo sobre del oído de Elsa, dejando una suave mordida en su lóbulo. Elsa tuvo que reprimir un gemido, causado por la placentera sensación, no podía dejar que se saliera con la suya tan rápido.
- ¿Como podría fijarme en alguien más si a mi lado tengo a la reina más hermosa del mundo? - dijo Andrew dejando suaves besos en la piel detrás de la oreja.
Elsa sonrío sin poder evitarlo, las palabras eran como un bálsamo sobre de una herida, y hacían que su corazón se acelerará a un ritmo alarmante. Cuando dejó de sentir el tacto de Andrew volteo para exigir una explicación, pero sus palabras murieron apenas sintió como era jalada por el brazo, y Andrew hizo que se sentara sobre de sus piernas.
- ¿Quien tiene los ojos más hermosos del planeta?- dijo Andrew con tono meloso.
Elsa hizo su rostro a un lado, pero Andrew tomo su mentón haciendo que voltear hacia el, y dejó un beso en cada ojo de Elsa. -¿Quien tiene los ojos más hermosos del planeta?
- Yo...
- Si, tú. - Elsa sintió los brazos apretarla más en contra suyo, y sus labios sobre de los suyos.
El beso rápidamente fue subiendo de ritmo. Y Andrew deshizo el peinado de Elsa, dejando que el cabello plata bailara libremente.
Elsa sintió los labios de Andrew sobre de su pulso, cuando escucho un ruido sordo. Ambos voltearon a la puerta, encontrando a Gerda y a su madre en la entrada de la habitación, y el ruido fue producido por una charola que Gerda había dejado caer.
Y los cuatro quedaron en absoluto silencio.
