11.- El veneno de la serpiente
Al día siguiente, a la hora del almuerzo, Remus se encontraba en el aula de defensa terminando de calificar unos ensayos de los gryffindors de séptimo grado para entregárselos a la hora de clase.
Tomó su pluma de águila, y tras mojar la punta con un poco de tinta roja, marcó un nueve en un pergamino firmado por "Harry Potter".
En su cansado rostro se dibujó una pequeña sonrisa originada por un recuerdo de su época de estudiante.
Dio un sorbo a su taza de café y se hundió en su sillón. Pasó los dedos por las ojeras que se le habían formado: no pudo pegar un ojo en toda la noche.
La última vez que la vio fue el día anterior, y en circunstancias no muy favorables; ahora se preguntaba si ella no estaría molesta con él por la forma en que le había contestado.
- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en tí?- se dijo en voz baja. De pronto alzó la vista y vio frente a él a un muchacho de cabello rubio y piel blanca que lo miraba fríamente con esos ojos grises que tanto gustaban a las chicas.
El chico negó con la cabeza y dijo:
- Las personas como usted dan lástima - Remus Lupin durificó su rostro dulce y con voz gruesa dijo:
- 20 puntos menos a Slytherin por insultar a un profesor.
- No lo estoy insultando - continuó Draco sin pizca de miedo, desafiante - digo la verdad... ¡anda detrás de una niña!
Draco Malfoy escupió las palabras con veneno y Remus sintió cómo su temperatura corporal subía a causa de la rabia que lo invadía. Se levantó de su escritorio y encaró al rubio.
- ¿Y eso a tí qué te importa Malfoy?- dijo con dureza y sin apenas razonar lo que decía- Hermione no es ninguna niña.
Malfoy lanzó una risa fría y cargada de victoria; el licántropo había mordido el anzuelo.
- A mi sí me importa - dijo tomando seriedad de repente - yo sé mi puesto y es hora de que usted conozca el suyo; además ya está bastante viejo como para andar en eso.
Remus apretó los puños conteniendo las ganas de darle un golpe a Malfoy en la cara.
Draco sonrió maliciosamente al ver la expresión de Lupin.
- Tengo la seriedad y la madurez que a ti te faltan Malfoy - dijo Remus fingiendo tranquilidad, volviendo a su sitio.
Malfoy frunció el ceño y se acercó un poco al escritorio. Lupin lo miraba expectante.
- Usted sólo es un sucio licántropo... Hermione está cegada, y usted es un aprovechado.
- Tenga más cuidado con lo que dice, señor Malfoy... - amenazó el profesor.
- ¿Y si no, qué?- desafió el rubio - usted no puede hacerme nada a mi.
Remus se volvió a levantar y miró a Draco peligrosamente.
- Se equivoca señor Malfoy... es su palabra contra la mía, y créame, el director sabrá en quién confiar - Remus sonrió levemente - yo no he hecho nada malo si cree que de eso se podrá aprovechar...
- ¿Ah no? ¿Y qué le dice el cortejar a una de sus alumnas...?
- No hay ninguna ley que diga que un profesor no pueda enamorarse de una de sus alumnas... y mucho menos cortejarla fuera del colegio, y créame señor Malfoy, he buscado esa ley muchas veces.
- Pero créame que todos los padres estarán escandalizados cuando sepan que un sucio licántropo trata de tener algo con una chiquilla - dijo haciendo una mueca de asco- y si el asunto llega a oídos del ministerio... ¡imagínese lo que podría sucederle! Sería peor que ser un hombre lobo- agregó.
- ¿Acaso trata de intimidarme, señor Malfoy?- dijo Remus tratando de no sonar alterado.
- No- dijo Draco con fingida prudencia- a lo que quiero llegar, es que le estoy advirtiendo que no le conviene tenerme como enemigo; Hermione es mía, y nadie, sobre todo un maldito licántropo sin futuro me la va a quitar.
- Pues no estés tan seguro de eso- dijo Remus alzando la voz- te costará trabajo.
- ¿Me está retando?
- Al contrario señor Malfoy, yo valoro a Hermione por lo que es y no creo que sea ninguna cosa... y si usted ha de ganarse su afecto, lo aceptaré... aunque dudo mucho que lo logre - lo último lo susurró.
Draco alcanzó a escuchar esto último y dijo:
- Pues ya lo veremos. Me muero de ganas de verlo retorcerse del coraje cuando nos vea besándonos y abrazándonos por todo el castillo, y peor aún, cuando escuche salir de sus labios palabras de amor dirigidas a mí.
Remus frunció el ceño una vez más y volvió a tomar asiento. Luego disimulando el coraje sonrió con hipocresía a Malfoy.
- Ahora si no tiene nada más que decirme, señor Malfoy... le agradecería que... - pero Remus no pudo terminar ya que por la puerta había entrado una Hermione bastante roja y muy despeinada por el esfuerzo de llegar corriendo.
- Remus, necesito preguntarte algo de... Oh, hola Draco.
Los dos hombres de la habitación se miraron desafiantes y miraron a la chica.
- Entonces creo que le voy a tener que pedir, señor Malfoy, que se marche- dijo Remus mirándolo burlonamente. Malfoy miró asesinamente al profesor y sin decir nada se marchó.
Hermione miró confundida a Draco salir del aula, algo no estaba bien.
- ¿Sucedió algo? - preguntó interesada.
Remus negó con la cabeza rápidamente.
- No, no pasó nada- mintió- ¿qué era lo que me querías preguntar?
- Oh, bueno - Hermione tomó aire como si estuviese fatigada -los chicos de séptimo me están preguntando si por fin para el jueves vamos a tener que entregar los 4 pergaminos de los vampiros...
- ¡Ah! Me temo que sí... y...- Remus no pudo resistir hacerlo- el jueves tendrán un pequeño examen; pero no se lo vayas a decir a nadie; eso solamente lo debes de saber tú- dijo guiñándole un ojo.
- ¿Y por qué me lo dices? Se supone que era examen sorpresa- dijo Hermione suspicazmente.
- Bueno... porque... - Remus dudó un momento y sus mejillas se tornaron algo rojas - igual sacarás 10... -"que excusa tan barata" pensó para si mismo tomando aun más color. Hermione levantó una ceja.
- ¿Entonces...
- Eh... pienso que no está de más... eh... avisarte...
- Oh.. vaya... gracias.
Hermione lo miró y lentamente se dio la vuelta y se dirigió a la puerta.
- Hermione espera - la chica se giró y lo miró expectante, aun estaba molesta por lo de ayer.
- ¿Qué?
- Quería disculparme, ayer te traté mal... - dijo apenado -lo siento.
Hermione se encogió de hombros.
- Claro- dijo con un tono de resentimiento y se marchó.
Remus apretó los labios y se sentó en la silla de nuevo suspirando. Todo eso le pasaba por ser tan necio... como si ella tuviese la culpa... como si él tuviese algún derecho... volvió a suspirar mientras pasaba ambas manos por el rostro con desesperación... ya faltaban exactamente 5 días para el baile de San Valentín. Todo se le estaba viniendo encima; todo estaba pasando tan rápido... ya no sabía qué hacer o cómo actuar, pues tal parecía que todo lo que hacía estaba mal. Suspiró y continuó calificando los trabajos.
