"A veces, en la bella Italia. Se dice que cuando deseas algo de corazón; ese deseo, se hará realidad…"
"El abuelo Roma, solía decirme eso muy seguido cuando era niño…
Me abrazaba con fuerza y decía que todo era posible para nosotros en esta vida, que ni yo mismo se; que rumbo pueda tomar.
Lo siento abuelo… pero en verdad no te creí para nada. Bueno, puede que en un tiempo si lo hice…
¿Te acuerdas de aquel niño pariente de Germania?
Se llamaba Sacro Imperio Romano"
Abrió sus ojos lentamente y contemplo el techo. La luz de la mañana hacía que el blanco del techo resaltara y lastimara un poco su vista. Soñoliento, permanecía sin despegar la vista de ahí, sintiendo; como sus parpados empezaban a tomar fuerza y a cerrarse nuevamente. El alemán dio un fuerte suspiro y tapó su rostro con la sabana. Nuevamente cayó en sueño. Sin embargo… algo le impedía dormirse completamente. Estaba tan acostumbrado a levantarse tan temprano ha hacer sus actividades, que le era imposible retomar el sueño.
Incómodo, se volteó a la derecha durmiéndose de costado y tratar dormir de nuevo.
Pero el sol le decía "Levántate" y el no podía ir en contra de esos impulsos.
Hizo fuerza en sus ojos para no pensar en eso y tratar de dormirse. "Es temprano" se decía así mismo, quería por lo menos darse un lujo de poder dormir hasta tarde. Entonces, empezó a sentir como nuevamente quedaba dormido. Sonrió ante su victoria y suspiro bajamente. Conseguiría al fin dormir un poco más de horas. Sin embargo… sintió como algo se arrastraba hacía el, o más bien dicho "alguien" se escabullía hacia él. Sintió como lentamente unas manos frías lo rodeaban y se aferraban a él.
Abrió sus ojos nuevamente, y delante de él…
-¡Italiaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!- gritó con todas sus fuerzas sonrojado al ver al italiano dormido placidamente en su cama. Nuevamente Italia se había salido con las suyas respecto a dormir junto con él.
-¡Te he dicho mil veces que no te metas a mi cama!- se salió de la cama y se colocó en el extremo donde se encontraba el italiano. -¡Italia sal de mi cama ya!- tomó la sabana, lo destapó para ponerle más presión para que se fuera. Sin embargo, salió perdiendo y el rostro del alemán se puso rojo como un tomate haciéndose que se volteara rápidamente dándole la espalda. -¡Ni… ni siquiera tienes vergüenza…!- tartamudeó nerviosamente, ya que el italiano se encontraba desnudo.
Italia, un tanto haragán; abrió sus ojos y se estiro en la cama. Talló sus ojos castaños y bostezo un poco. Dirigió su vista hacia Alemania, quien se encontraba dándole la espalda y completamente sonrojado. El italiano solo sonrió. -¡Boun Giorno!- gritó animadamente mientras se incorporaba -¿Cómo amaneció Alemania?- se levantó jubilosamente de la cama y abrazó por detrás al alemán. Este dio un pequeño salto y se sonrojo mucho más. -¿¡Como crees que amanecí!- refunfuñó -¡Estando tu desnudo en mi cama! ¡Bonita imagen mañanera tengo ahora!- dijo frustradamente. -¡Pero es que Alemania no me deja estar en su misma cama!- hizo un puchero -¡Alemania es malo!- empezó a llorar.
-¡Eso que importa!- gritó el alemán aún dándole la espalda al italiano -¡Ve y ponte ropa de inmediato!- intentó con todas sus fuerzas deshacerse del abrazo del italiano. -¡No lo haré!- se aferró con más fuerza -¡Por que Alemania no me deja dormir con él!- renegó -¡Italia por favor ve y ponte ropa ya!- aplicó más fuerza para quitarse al italiano -¡No quiero! ¡No quiero!- con sus piernas también se sujeto -¡Italia por favor!- empezó a sacudirse fuertemente -¡No quieroooo!- exclamó fuertemente. -¡No lo haré, no lo haré, no lo hareeeeeeeé!- lloró con fuerza.
-¡PAR DE CABEZAS HUECAS CALLENSE Y DEJENME DORMIR!- gritó molesto Romano desde la otra habitación.
"Así es… ese pequeño niño se convirtió en lo más valioso de mi mundo.
En esos tiempos, yo no hacía más que ser un objeto para otras naciones. Tomando partes de mi cuerpo…
Y reclamándolas como suyas. Pero, váyase la ironía; gracias a eso termine viviendo con él.
Aunque me encontraba en esa situación, recluido de todo lo que era mió…
El hacía que se viera un poco más deplorable…"
-Ten Italia- extendió el alemán un plato al frente del italiano –Aquí esta tu desayuno- le dio un sorbo a su taza de café y se sentó a un lado del italiano para tomar también su desayuno.
Italia miró su plato. Alemania había preparado un par de huevos acompañados con tocino y unas rebanadas de pan tostado con mantequilla. Para Italia, era muy raro que comiera ese tipo de comidas (Recordemos que es un Gourmet) sonrió calidamente y tomó el cuchillo y el tenedor haciendo un rápido corte en el huevo. -¡Grazie Alemania!- gritó alegremente, tomó el pedazo y se lo llevo a su boca. –Bitte- dijo un tanto apenado al ver la expresión de Italia y continuó comiendo. –Alemania debería estudiar cocina- dio un bocado a su plato –Así…- tapó su boca con la mano –Aprenderías más- se paso el bocado y bebió un poco de café. -¿Por qué dices eso?- lo miró con curiosidad mientras paraba de comer –Acaso… ¿Cocino mal…?- dijo un tanto preocupado, ¿Y como no debería? No es la primera vez que Italia le decía eso. No quería parecerse a Inglaterra. Italia limpió su boca con una servilla y le sonrió al alemán -¡Claro que no!- rió –Es que, ¡las comidas de Alemania parecen tan rudas!- extendió sus brazos –¡Pareciesen que lo preparan con rudeza y odio!- empezó a simular que tenía grandes músculos doblando sus brazos –No tienen nada de suavidad- suspiro
-¡Macho, macho! ¡Macho, macho!- siguió haciendo esos movimientos como si tuviera músculos.
-¡Entonces no te lo comas!- gritó molesto el alemán, al ver que el italiano se mofaba de él o más bien, de su comida -¡Para tu información mi comida por lo menos si proporciona todos los nutrientes que necesitamos!- golpeó la mesa con una mano –No es como la de Francia o la y tuya de tan "elegantes y refinadas"- bufó –¡Pero por lo menos yo tengo la decencia de no criticar las comidas de otra gente!- y molestó le retiró el plato aún con comida. -¡Alemania!- gritó el italiano -¡No seas así conmigo solo era una opinión!- empezó a batir sus brazos con fuerza -¡No era para que te lo tomaras a mal!- sollozó –Debiste pensarlo dos veces…- susurró mientras le daba un sorbo a su café –Ahora no vas a desayunar y te va ir mal en el entrenamiento por que no traes nada en el estómago- le dio otro sorbo -¡Alemania! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!- abrazó al alemán con fuerza mientras lloraba con más fuerza -¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡No fue mi intención! ¡Así que por favor no me hagas esto por favor! ¡No quiero entrenar!- lo apretó con más fuerza mientras lo sacudía -¡Aparte los autos de Alemania son geniales!- sonrió de oreja a oreja, intentando así; que por lo menos se le bajara un poco el malhumor. Pero…
–Lo siento Italia…- dio un trago largo y se acabo su café de golpe –Pero ese comentario ya no funciona más- sonrió maliciosamente mientras dejaba la taza en la mesa. -¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!- se aferró más contra el alemán lloriqueando con fuerza -¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!- ¡Lo siento!- Pero por más que pidiera disculpas, el alemán no le hacia caso. Es más, había comenzado a leer el periódico tranquilamente.
-¡Lo sientooooooooooo !- se oyó en cada rincón de su casa su lamento
"Poco a poco, ese niño fue haciéndose algo vital para mi vida.
No recuerdo, cuando fue la última vez después de tu desaparición abuelo; cuando viví una época de paz.
Pequeñas cosas de niños como sonrisas, juegos, vergüenzas y aventuras. Eran las cosas que más adoraba hacer con él cuando vivía en la casa de Austria. Por eso, a pesar de todo lo que ocurría; siempre sonreía.
Sin embargo…
Siempre hay algo malo donde arruinan siempre tu felicidad."
Con un silbato en su boca, marcaba el paso de su trotada con cada sonido que hacía cuando soplaba. Moviendo sus brazos al mismo ritmo que movía su pierna contrariamente, sin despegar su vista del camino. Pareciese que no le pesaba nada el ejercicio. ¿Y como no iba a ser eso cierto? Si Alemania estaba habituado perfectamente a ello, excepto… Italia.
Alemania, volteó hacia atrás sin dejar correr. A lo lejos, a más de 10 metros de distancia; Italia corría agitadamente. Su cuerpo ya no podía más, apenas podía respirar y tenía que parar cierto tiempo para continuar el recorrido que hacia Alemania. Realmente estaba agotado. Alemania, se retiró el silbato de su boca y lanzo un suspiro.
-¡Si no me alcanzas!- continuó corriendo -¡No voy a dejar de correr y así va ser hasta que me alcances!- y como si fuera apropósito, aumento su velocidad. Italia, agobiado; miró como el alemán se alejaba aún más de su vista. -¡Alemaniaaa…!- gritó jadeante -¡Lo siento! ¡No era mi intención ofenderte!- lloriqueó y con esfuerzo intento mantener su corrida, que de por sí; ya era bastante lenta. Pero Alemania no respondió.
"De repente, esa persona se fue.
Se fue de mí lejos, muy lejos de mí… Pero ¿Sabes? Me prometió que iba volver conmigo muy pronto.
Y mantuve esa cálida promesa en mi corazón, aún por más fría me mostraban la realidad.
Mantuve viva esa esperanza todos esos días de agonía y dolor. Pero… fue en vano.
El desapareció y me dejo aquí…
Solo…
Con un dolor, con una herida profunda en mí ser…
Hizo que me estremeciera, que odiara, que maldijera, que le pusiera mascaras distorsionadas a mis amigos, que quisiera venganza pagada con sangre. También toda esperanza murió en mí y decidí, por mi propio bien; abandonar toda luz y encerrarme en mi propio mundo. Donde todo el mundo… no sabía nada de él y que yo…
Tampoco sabía de él….
A pesar de todo, él volvió a mí; como si fuera una hoja de papel.
Una hoja de papel en blanco."
-¡Ya no puedo!- se detuvo de golpe y empezó a jadear bruscamente intentando, recuperar el aliento y controlar su corazón que latía con fuerza. Levantó su vista y pudo comprobar, de que Alemania se había adelantado bastante y que iba a estar difícil poder alcanzarlo. Se tiro al suelo al pensar en esa horrible idea. -¡Ya no puedo!- continuaba jadeante -¿Cómo rayos voy a alcanzarlo ahora?- empezó a sollozar -¡Ya debe estar a mas de quien sabe que tantos millones de kilómetros! Y si no lo alcanzo… ¡No parara de correr y no me dejara descansar nunca!- empezó a llorar ante esa idea -¡Debí haberme callado en ese justo momento! ¡Si no, no estuviera en esta situación!-
-¡Hasta que usaste la cabeza hermano tonto!- se escuchó la voz de Romano acercarse rápidamente. Italia, hizo su cabeza hacia atrás, y a lo lejos; pudo ver como su hermano se acercaba en una vespa rápidamente. Y detrás de el, en el asiento trasero; venía España. Y atrás de estos, venían Prussia y Japón en otra vespa. -¡Oni-chan!- se levantó del suelo rápidamente -¿Qué hacen aquí?- dijo curioso –Escuche que el hombre patata se enfado contigo y que te iba hacer correr hasta que cayeras muerto- se detuvo aún lado de él. –Y vine aquí para burlarme en tu cara cuando ocurriera, pero creo que acaba de pasar- una sonrisa maliciosa se dibujo en su boca. -¡Romano no seas mentiroso!- le jaló el rulo a la Italia, haciendo que se estremeciera –Lo que pasa es que se preocupo por ti por si acaso te llegaras a desmayar- sonrió -¡No es cierto…!- se ruborizó ya que, aparte; el español no había soltado su rulo. -¡Eres un mentiroso!- le dio un golpe en el estomago, haciendo que el español lo soltara de inmediato.
-Lo cierto es…- arribaron Japón y Prussia –Que realmente estamos aquí por eso- hizo una pausa –Bueno… yo debería haber llegado más temprano para alcanzarlos en el entrenamiento pero; creo que lo que le dijiste hizo que adelantara la hora de ejercicio- salió una pequeña risa del nipón –Pero te trajimos esto por que lo ibas a ocupar- guiño el awesome y le aventó una botella de agua al italiano. –Veeeee- dijo sorprendido -¡Muchas gracias Prussia!- sonrió animadamente y con un tanto de desesperación; abrió la botella y bebió un poco su contenido. –Deberías apurarte, conociendo a mi West si va cumplir su palabra- suspiro –Y por lo que veo ya a de estar bastante alejado- miro hacia el horizonte.
-¡Pero ustedes pueden darme una ayudadita! ¿Cierto?- dijo alegremente Italia, ya que; ellos estaban usando unas vespas, posiblemente así lo alcanzaría más rápido. –Claro que no- dijeron al unísono los cuatro países. –Eso sería trampa Italia-kun- suspiro –Así que mejor ve apurando tu paso, que entre más esperes, más lejos se ira- rió su hermano maliciosamente. -¡Nos vemos!- prendió la vespa el italiano y se marcho de ahí. -¡Buena suerte Ita-chan!- hizo lo mismo el prussiano y se alejaron de ahí rápidamente. -¡Esperen!- lloró Italia -¡No sean crueles conmigo! ¡Ayúdenmeeeeee!- sacudió sus brazos con fuerza pero se habían alejado. El italiano, resignado volteó hacia el horizonte y agacho su mirar –Seguramente… debe de estar ya muy lejos…- dijo desanimadamente –Así no lo voy alcanzar…-
Pero, de repente; sintió como alguien lo tomaba fuertemente de la cintura y empezó a avanzar rápidamente flotando. -¡Wuaaaaaaaaah!- cerró sus ojos con fuerza, seguramente un auto debió haberlo aventado a los aires. -¡Kesesesesese! ¡Abre los ojos Italia!- se rió con fuerza Prusia. Con miedo, Italia abrió sus ojos y comprendió todo. Quien lo había tomado de la cintura era España, quien lo sostenía con fuerza mientras avanzaban rápidamente en la vespa. -¿Creíste que enserio te íbamos a dejar solo recorrer toda esa distancia?- sonrió de oreja a oreja el español. –Te ayudaremos avanzar un poco, pero el resto, tendrás que correrlo tú con tu propio esfuerzo- dijo el japonés. Italia, solo sonrió.
"Pero, me equivoque.
Estuve, todo el tiempo con una venda en los ojos. Pensando; en que todo hubiera sido mejor, si hubiera seguido igual. Le tomé importancia a algo tan vago, pero tan vago; que casi logro lastimar más a esa persona tan importante para mí. Y no solo a él. También a las personas que me rodeaban y que nunca… nunca, me habían abandonado.
Pero que, gracias a ellos; me di cuenta de mí error. Del mal que estaba cometiendo.
Gracias a ellos, pincharon la burbuja que cree para protegerme de todos.
Y pude salir.
Sin embargo, faltaba lo más importante aún…"
Italia sacudió su mano en forma de despedida, mientras veía como los demás partían hacia su casa. Realmente le habían hecho una gran ayuda. Solo le ayudaron a recorrer cierta cantidad de distancia, y que a partir de ahí, debía continuar a su propia marcha. Veneciano, volteó hacia el horizonte; aún no podía ver un rastro del alemán, pero no podía darse por vencido. Le dio su último trago de agua a la botella y la tiró al suelo. Y dio un paso firme y decidido a alcanzar al alemán. Se sentía renovado un poco, ya que el recorrido en la vespa le dio permiso de descansar un poco. Controlaba su respiración al trotar, procurando no agitarse demasiado antes de tiempo, y no tratar en pensar en la distancia ya que con eso solo ganaría ansiedad y empezaría a agotarse ante la idea.
Con su mano se retiro el sudor de su frente que empezaba a brotar. No podía permitirlo, apenas había recorrido poca distancia. Miró hacia al frente, aún no había ninguna pista del alemán. Dio un suspiro largo, y empezó a correr un poco más rápido, dando zancadas más largas y respirando un poco más lento para no agitarse demasiado. Inclusive, pensó en Inglaterra para poder acelerar un poco más. Sintió, como poco a poco sus piernas empezaban a tensarse y su respiración alterarse. Estaba empezando a agotarse. Sacudió su cabeza ante eso, no podía dejar de correr. Más por que al frente de él se podía ver, a lo lejos; apenas observar la espalda de Alemania.
"Por fin, pude reunirme con esa persona. Le pedí disculpas por todo lo que había ocasionado. Por ser tan idiota por preocuparme, por algo tan tonto como lo son las memorias. Por haberme enojado con él, por no haber cumplido su promesa. Cuando, realmente lo había cumplido.
Pero el solo me sonrió y me dijo que no importaba.
Que solo importaba, que yo estuviera ahí con él; sonriente como siempre.
Me había rodeado con sus brazos y me sentí tan feliz. Sentí que todo iría bien de ahora en adelante.
Pero hubo algo muy importante, que el me dijo…
Me dijo:
"Acaso, lo volverías hacer?"
Me lo dijo, cuando le pregunte si alguna vez volvería ha hacer lo mismo.
Pero no le había respondido…"
El italiano, aun que estuviera agitado; continuó corriendo lo que más podía permitirle sus piernas. La fuerza se le estaba agotando. Pero, a muy pocos metros de distancia se encontraba el alemán que al parecer no se había dado cuenta de su presencia. Con gran batallo tomó una gran bocanada de aire. -¡Alemaniaaa!- gritó con todas sus fuerzas, haciendo que el alemán voltease hacia atrás.
Abrió sus ojos de par en par. Justo, detrás de él; se encontraba Italia totalmente agotado. -¿Italia?- dijo sorprendido sin dejar de correr –Es imposible… he avanzado lo suficiente para que el me pudiese alcanzar tan rápido…- dio un trago de saliva y sacudió su cabeza -¡Por favor!- sus piernas empezaron a flaquear -¡Detente! ¡Alemania!- extendió un brazo para intentar detenerlo. -¡Ya te dije que hasta que me rebases dejare de correr!- gritó fuertemente el alemán y corrió mucho más rápido. -¡Alemaniaaa!- lloriqueó sin dejar de correr
"Pero, creo que se cual fue la razón por lo que lo dijo…"
"Alemania… "
"Aunque yo no te haya respondido en ese preciso instante.
Te puedo asegurar que de todo corazón, que ya tengo mi respuesta a esa pregunta."
Italia, observó que el alemán había aumentado su velocidad.
"¿Y sabes como pude encontrar esa respuesta?"
De la nada, Italia sintió como un fuerte vigor dentro de él lo invadía lentamente recorriendo cada extremo de su cuerpo. Dándole la fuerza y vitalidad que había perdido. Sus piernas, ya no pesaban como antes y su respiración se regularizo. Su mirada detonaba un brillo de carisma demasiado fuerte y su velocidad aumentó considerablemente. Y en un abrir de cerrar de ojos, se encontró justamente al lado de Alemania.
Italia, jadeante; mostró una sonrisa victoriosa y volteó a ver al alemán que se encontraba perplejo.
"Cuando volviste a perder nuevamente tus recuerdos."
-¿Sorprendido?- le dijo jadeante el italiano sin dejar de correr -¡Puedo ser igual de rápido como tu Alemania!- sonrió alegremente, el alemán; solo soltó un suspiro –Cada día, me sigues sorprendiendo más Italia…- sonrió.
"Aún que, solo tus recuerdos duraron por solo unos días después del evento en Venecia…"
El italiano, dirigió su mirada hacia los ojos del alemán; mirándolos con calidez. -¿Qué ocurre Italia?- dijo con curiosidad al ver que el italiano no despegaba su vista de él.
"Aquellos ojos azules, fuertemente expresivos prevalecieron en ti"
Italia solo le sonrió alegremente.
-¡Ti amo Alemania!- gritó efusivamente. Alemania se torno rojo como tomate al escuchar eso e inclusive perdió su equilibrio y casi cae al suelo. -¡Italiaaaaa!- gritó apenado -¡No digas eso como si nada!- intento alcanzar al italiano, pero este; ya llevaba realmente una larga distancia entre el y el alemán. Ahora Alemania, era quien tenía que alcanzar al italiano.
"Mi respuesta, es la siguiente:
"Si volviera a ocurrir lo mismo, que algún día perdieras tus memorias; sonreiré.
Por que tú, estas aquí; conmigo… Y eso es lo que importa.
Tú calor, tú amor, tú persona, y tú ser prevalecen. Y una prueba de ello, son tus ojos.
Así que no me importaría nada. Por que he aprendido ya mi lección.
Por que aparte, en contra del destino que Dios tenía preparado para ti; luchaste y volviste conmigo a pesar de todo."
-¡No dejare de decir "Ti amo" hasta que me alcances!- volteó el italiano y le saco la lengua. Alemania no pudo ruborizarse más ante esa idea. -¡Italia detente!- gritó e intento aumentar su velocidad, pero después de tanto correr; los efectos ya estaban empezando a aparecer. -¿Qué ocurre? ¿Ya no me puedes alcanzar?- rió alegremente el italiano -¡Entonces no queda otra opción!- dijo cantarinamente y tomó un poco de aire
-¡Ti amo Alemania! ¡Ti amo Alemania! ¡Ti amoooo Alemaniaaaa!- empezó a gritar a los cuatro vientos alegremente. -¡Aaaah Italiaaaa!- se ruborizó más el alemán. Pero a pesar de todo, Alemania solo suspiro profundamente y sonrió felizmente. -¡Esta bien di lo que quieras!- gritó -¡De todos modos eso ya lo sé!-
Italia rebajo un poco su velocidad, y entonces el alemán pudo alcanzarlo. Alemania pudo ver como en los ojos del italiano se dibujaban unas pequeñas gotitas cristalinas mientras miraba hacia el horizonte. –Tonto- sonrió el alemán y con su mano izquierda sacudió el pelo del italiano. –Sabes que también te amo. Así que deja de correr ya- se detuvo de golpe. Italia, también se detuvo. Y con lágrimas en los ojos volteó a ver al alemán, quien le tenía los brazos extendidos.
-¡Alemania!- gritó llorando el italiano mientras corría hacia los brazos del alemán. -¡Lo siento por decir que tu comida sabía mal!- lo abrazó con fuerza. –Ya, ya…- suspiro -¿Cuántas veces te tengo decir que no importa?- sonrió y sacudió su cabello. –Pero yo realmente te amo…- susurró suavemente el italiano –Yo también… Italia- susurró sonriente el alemán. Se agacho un poco y bebió las lágrimas de sus ojos y de ahí, beso suavemente los labios de Italia.
"Si algún día…
Tus memorias vuelven de nuevo…
Te prometo que no llorare y actuaré como un idiota.
Al contrario…
Estaré ahí, sonriente; con los brazos abiertos y te diré:
¡Bienvenido!
Con una bolsa gigante de dulces en mi mano.
Y te contaré todo desde el principio, pero no aquellos recuerdos horribles y dolorosos que tuvimos.
Si no…
Nuestros recuerdos de amor y esperanza…"
FIN
Epílogo. Ricori d' Amore e di Speranza (Recuerdos de amor y de Esperanza)
Extra
"Romano y la promesa con Sacro Imperio Romano"
-¡Che!- chasqueó sus dientes enfadado -¿¡Por que rayos tengo que ir contigo maldito España!- refunfuño. El joven país se encontraba montado sobre un toro un tanto incómodo mientras el español jalaba de la cuerda del toro. –Romano, ya te dije que necesito que vengas conmigo- suspiro el español un tanto mortificado -¡Pero te he dicho que me importa un bledo de los temas que vayas ha tratar con el estúpido de Austria!- se molesto aún más. -¡Aparte por su culpa te vas a meter en una batalla!- cruzó sus brazos –Losé, losé…- cerró sus ojos –Pero Romano, no te traje aquí para eso…- dijo en voz baja mientras volteaba a ver a la pequeña Italia –Necesito que vayas a ver a tu hermano- sonrió levemente. -¿A mi hermano?- dijo sorprendido -¿Qué acaso no lo vi la semana pasada? A parte el idiota de Austria no nos deja ver tan seguido, solo una vez al mes- suspiro
-Pero esto es algo importante- volteó hacia delante el español –Por eso te pido que veas a tu hermano…- dijo en un hilo de voz. Romano sintió cierto nudo en la garganta. Para que España le pidiera algo y con ese tipo de actitud, tan cortante, seca y deprimida… Algo realmente había pasado.
-Quiero que tomes todo tu tiempo con Ita-chan- tomó de la cintura al pequeño país y lo bajo del toro colocándolo en el suelo –Si ocupas algo estaré con Austria. Y si te pierdes, busca a Hungría ella te llevara a donde yo estoy- sonrió y le dio unas pequeñas palmaditas en la cabeza. -¡Ya lo sé! ¡No necesitas repetírmelo!- se quito la mano del español de su cabeza y corrió hacia el interior de la casa. Romano, camino por uno de aquellos largos y elegantes pasillos que había en la casa de Austria. No era la primera vez que venía a ese lugar, así que ya sabía donde se encontraba la habitación de su hermano. Pero, aún así no podía sentirse algo incómodo. ¿Qué rayos habría pasado que el idiota de España se iba a involucrar en una guerra? Y lo más importante ¿Qué le paso a su hermano? Aún que no quisiera, no podía evitar sentirse preocupado. Era su hermano menor y aun que le pese era parte de él, y casi casi; el puede sentir lo mismo que su hermano. Así que podía percibir cierta ansiedad.
Al llegar a la habitación de su hermano, se dio cuenta que la puerta se encontraba levemente abierta. -¿Estas bien Ita-chan? ¿Quieres que te traiga un poco de pasta?- se escuchó una leve y suave voz dentro de la habitación. Intrigado, se asomo por la ranura que daba la puerta y observó que en su interior estaba Hungría sentada a la orilla de la cama de su hermano. Y este, acostado dándole la espalda. –No gracias…- su hermano respondió bajamente. ¿Italia rechazando pasta? Esto era ya algo grave. Romano empezó a sentir un nudo en la garganta.
–Si ocupas algo llámame, estaré en el estudio con Austria- se agacho un poco y beso la mejilla del italiano. Romano se hizo para atrás ya que Hungría salió de la habitación. -¿Romano?- dijo sorprendida al ver al pequeño país -¡Que sorpresa tenerte por aquí!- sonrió pero Romano no contesto ya que se encontraba viendo hacia el interior de la habitación. –Mi hermano…- dijo bajamente -¿Qué le pa…- -Romano- se hincó la húngara al frente de este y tomo sus manos –Por favor, intenta animar a Ita-chan- bajo su mirada –Ahorita esta pasando un mal momento y ocupa todo el apoyo de nosotros- sonrió mirando calidamente a los ojos del país. Después de esto se levanto y camino hacia el estudio de Austria. Romano, solo volteó a verla y de ahí, abrió con cuidado la habitación de su hermano.
-¿Veneciano…?- susurró bajamente mientras entraba a la habitación. La habitación estaba en completo silencio y con las luces apagadas. No pudo evitar sentir como su corazón se oprimía al entrar en ese lugar. -¡Oye! ¿Qué es lo que te pasa?- se acerco a la cama de su hermano, pero este siguió sin contestarle y sin dejarle de dar la espalda. –Che…- suspiro y camino hacia el otro lado de la cama para poder ver cara a cara a su hermano. Pero al llegar al lado de este, cual iba a ser su sorpresa al ver a su hermano; hecho un ovillo con el rostro mojado de lágrimas y aferrado lo que al parecer era una capa de color negro. Los ojos de Romano empezaron a acumularse una pequeñas lagrimitas. -¿¡Quien rayos te hizo esto!- gritó molesto -¡Dímelo que me lo pagara muy caro!- pateó el suelo. –No importa oni-chan…- dijo bajamente –El ya no esta aquí…- apretó con fuerza la prenda que traía entre sus brazos -¡No me importa!- se acercó hacia su hermano –Quien te haya hecho esto… juro que me las pagara muy caro- dijo fuertemente mientras con su mano limpiaba las lágrimas que aún corrían en el rostro de su hermano. -¡Nadie hace llorar a una Italia!- se sentó a la orilla de la cama. –Oni-chan…- murmuró –Nunca te habías preocupado tanto por mí- sonrió levemente –Idiota…- se sonrojo –Eres mi hermano, mi propia sangre italiana… como tu hermano tengo que cuidarte… y… protegerte…- agacho su mirada un tanto apenado -¡Ya lo dije y jamás lo volveré a decir!- gritó avergonzado –Así que más te vale que lo recuerdes-
Una leve risa se oyó salir de la boca de su hermano menor.
No pasaron unos cuantos minutos, cuando la pequeña Italia del Norte quedó dormida. Romano, permaneció en vigilia observando a su hermano caer en un sueño profundo. -¿Pero que es lo que te hicieron…?- susurró bajamente mientras le acariciaba el cabello –No se por que tengo el presentimiento que…- una pequeña vena se exalto de su frente –No, más le vale que no sea eso…- refunfuño. El sonido de un arbusto moverse captó la atención del pequeño italiano que hizo voltear hacia la ventana que había en la habitación. -¿Qué fue eso?- miró con atención hacia el exterior, pero no vio nada. Pero nuevamente se escucho el sonido del arbusto moverse y entonces se dio cuenta que alguien los observaba. -¡Aaah maldición!- gritó pero se tapó la boca con ambas manos para no despertar a su hermano. La silueta negra que los observaba salió corriendo de ahí apresuradamente. –Ni creas que te vas a escapar maldito…- dijo en voz baja y con una rapidez salió de la habitación através de la ventana.
-¡Oye tú!- gritó con fuerza -¡Detente bastardo!- corrió con fuerza para intentar alcanzarlo. Pero este se había adentrado a lo que era una colina de altar hierbas haciendo que fuera más difícil encontrarlo. -¡Ni creas que con esta te saldrás con la tuya!- gritó con bravura mientras se adentraba también a ese prado. Romano, puso atención a los otros pasos secundarios que aplastaban fuertemente la hierba y con ello se guió para poder alcanzarlo. Entonces, dio con el justamente detrás. -¡Ya te tengo maldito!- saltó sobre él como si fuera su presa.
-¡Aah suéltame!- gritó la otra persona -¡No te voy a soltar maldito!- lo sostuvo con fuerza haciendo que esta perdiera el equilibrio y empezaran a rodar colina abajo sobre la colina. -¡Wuaaaaah!- sintieron ambos el azote al hacer contacto en el piso. -¿¡Que demonios te pasa!- gritó molesto la otra persona -¿¡Que demonios te pasa a ti!- se levantó del suelo Romano, quien se quedó anonadado al ver quien era la persona a quien estaba persiguiendo.
-¡Genial!- refunfuño -¡Tenias que se ser tú precisamente!- frunció su ceño -¡Sacro Imperio Romano!-
El pequeño alemán se levanto del suelo y empezó a sacudir sus ropas -¿¡Y que esperabas que fuera!- gritó también molesto -¿¡Me podrías decir que le hiciste a mi hermano!- se acercó molesto al pequeño Imperio -¡Esta llorando y algo me dice que es tu culpa desgraciado!- dijo mientras lo tomaba con fuerza de sus ropas
-¡Suéltame!- intentó quitarse al italiano de encima -¡No hasta que me digas que fue lo que ocurrió!- lo sacudió con fuerza. Sacro Imperio Romano agacho su mirada y suspiro.
-De acuerdo… Te contare todo…- dijo un tanto agobiado.
-¿Así que te involucraron en todo esto?- murmuro el italiano –Así es…- asentó con su cabeza
Ambos se encontraban sentados en el suelo frente al frente, mirándose fijamente a los ojos.
-Le prometí que volvería cuando todo esto acabase…- hizo una pausa –Pero siendo sincero, eso podría durar mucho tiempo, demasiado…- murmuró bajamente.
-¿Y como rayos sabiendo eso no le dijiste la verdad?- cruzó sus brazos –Sabes que las mentiras duelen más que la cruda realidad- murmuró –Lose- cerró sus ojos –Pero, si le digiera eso… la hubiera destrozado más…-
Un suave viento empezó a soplar rodeando a los dos países.
-¿Realmente lo quieres verdad?- divagó su vista Romano –A mi hermano… digo hermana…- se corrigió a si mismo, ya que recordó que a su hermano lo miraban como una chica. Sacro Imperio solo se sonrojo. –Sí… la amo…- dijo suavemente con una sonrisa. –Por eso…- hizo un puño con su mano –Decidí hacerme mucho más fuerte, para protegerla… y que nadie pueda tocarla y abusar de ella…- se levantó del suelo y miró hacia el horizonte. –Por eso, aunque me duela separarme de ella… tengo que hacerlo por su bien…- dijo con cierta ansiedad.
Romano, asombrado por la actitud del imperio; solo suspiro y se levantó del suelo. –Entonces, ¿Realmente quieres a mi hermana?- cruzó sus brazos y mostró una actitud fuerte. -¿¡Cuantas veces quieres que te lo diga!- volteó a verlo -¡Claro que sí la amo!- dijo con seguridad mientras se ruborizaba. -… Esta bien- cerró sus ojos –Aceptaré todo esto con una condición- suspiro -¡Y más vale que la cumplas!- lo miró con fiereza.
-Tienes que prometer que vas a volver al lado de mi hermana. Y si me entero, que la has hecho sufrir y herirla sentimentalmente; lo pagarás muy caro y tendrás todo el odio del gran Imperio Romano- dijo fuertemente.
-¡No necesitas decirme!- reclamó -¡Por que es justamente lo que haré!- gritó con mucha seguridad.
-Eso quería escucharte decir maldito…- sonrió el italiano
-¿Qué… demo…?- abrió uno de sus ojos castaños la Italia del sur. -¿Un… sueño?-
Nuestro italiano, se había despertado de su siesta de mediodía que había decido tenerla en un cómodo sofá de su sala.
-Italia… no puedes tomar de dos cartas…- se escucho la grave voz del alemán -¡Pero es que no me ha salido ninguna buena!- hizo berrinche el italiano. -¿Eh…?- movió su cabeza hacia el lado derecho y vio que Alemania y su hermano se encontraban en la cocina jugando póker.
-¡Aaaah!- reacción inmediatamente el italiano al ver esa escena. Y con una fuerza indescriptible tomó un libro que se encontraba al costado del sofá y lo aventó justamente hacia la cabeza del alemán con fuerza, haciendo que este aparte del golpe del libro en la cabeza se golpeara también contra la mesa.
-¿¡QUE DEMONIOS TE PASA!- volteó enojado a ver al italiano -¿¡Se puede saber que te hice para que me aventaras un libro!- se sobó su cabeza -¡Oni-chan no lo golpees!- se levantó de la mesa molesto Veneciano.
-¡Maldito bastardo macho patatas!- gritó molesto el italiano -¡Te mereces eso y mucho más!- volvió a acostarse en el sillón.
Romano había recordado por que odiaba tanto al alemán.
-Pero…- susurró hacia él mismo –Terminaste cumpliendo tu palabra…- gritó fuertemente para que lo escucharan y sonrió levemente ya que era cierto. –Así que la venganza del gran Imperio Romano se pospone…- suspiro y cerró sus ojos.
-¿De que rayos esta hablando tu hermano?- volteó el alemán a ver a Italia. –Veee… No losé…- dijo indiferentemente.
Y volvieron a su partida de póker.
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Como decimos por aquí…
"¡Colorín colorado!, ¡Este cuento se a acabado!"
Pues ahora si chicos y chicas, se acabo mi Fanfic. Espero que les haya gustado mi Fanfic tanto como a mí el hacerlo. Les agradezco que hayan seguido pendientes de esta historia y por dejarme Reviews de apoyo. No saben lo que significa para mí saber que les agrado mi historia. Les pido también que no me odien, por que Alemania perdió sus memorias de nuevo, pero algo no cambio; y ese fue el amor que profesa a Italia. Y me alegro por Italia; que ahora ya es capaz de reaccionar como valentía y fuerza cuando las volvió a perder.
Espero que les haya gustado el Extra también. Tenía ganas de poner la razón por la cual, Romano detesta tanto a Alemania y por que siempre en varios capítulos le reclamaba por no cumplir su "promesa" entre ellos.
Sin más por el momento, me inclino como despedida.
Y también para invitarlos a leer mi próximo Fanfic, que será algo muy diferente a los fanfics de Hetalia que he leído. Ya que resultara ser un reto para mí. Tanto como historiadora y semi-escritora.
Llevará el título de "Crónicas de una Conquista"
Aquí les dejo el Summary:
"España, se embarcado a una nueva expedición en busca de nuevos territorios. Y cuál iba ser su sorpresa al encontrarse, lo que iba a parecer su nuevo reino. Sin embargo, este nuevo país; no permitirá que esto ocurra. A pesar de que no vio venir, que nuestro español se convertiría en su primer amigo y confidente"
España y México Oc.
Por eso les digo que será un reto, por que la mayoría de los que leen en Fanfiction también son de Sudamérica y saben un poco de la historia de México. Por eso daré mi esfuerzo para que sea fácil de entender y sepan más de la magnifica historia de mi México.
Sin más que decir…
Y realmente muy agradecida desde mi corazón por que hayan leído este Fanfic les digo.
Maiden Out.
