Para todas aquellas amigas que estaban preocupadas por mi príncipe, aquí le dejo un capitulo dedicado solo a el. Cabe mencionar que adelante este capitulo debido a la insistencia de varias lectoras que deseaban saber que había pasado con mi amado Albert. Espero y le guste.

Y ya saben sugerencias, porras y abucheos todos los acepto con gusto.

Quiero agradecer a todas aquellas chicas que leen mi fic, desde el fondo de mi corazón un millón de gracias, sus comentarios me motivan a continuar, y mil disculpas por no contestarle a cada una como es debido pero he tenido mucho trabajo y poco tiempo para inspirarme.

Thania, Nelly, Claridad, Kasandra001, Magdy, Themis78, Jipuk, Calemoon,Yarda, Usagi13chiba, Alex85, Jenny, LadyGv, Galaxylam84.

Este capitulo es para ustedes con mucho cariño.

A L B E R T

Estando fuera del ultimo vagón de aquel largo tren Albert miraba hacia el horizonte, en el fondo de su corazón albergaba la esperanza de que Candy fuera a buscarlo, con la firme intención de decirle que lo amaba y que lo ocurrido la noche anterior era solo un mal entendido.

Pero Candy nunca llego. Con paso lento se dirigió a su vagón, su razón fue cegada por su orgullo herido.

A su mente llego lo que Megan le dijera, antes de salir solo a la estación.

FLASH BACK

- no vuelvas a besarme nunca- dijo el rubio mientras la separaba de sus labios-

-ella no te amara como yo, déjame demostrarte que puedo hacerte feliz.-dijo Megan mientras lo abrazaba

-lo siento,-dijo soltándose del agarre- pero mi corazón le pertenece solo a ella, me voy por un tiempo, y no se cuando volveré

- no entiendo- hablo desesperada, (ya que no sabia el por que de la partida del rubio, ya que pensaba que su plan había fallado.)

-me voy por que no resistiría verla feliz con otro-

- explícate por favor,-sorprendida

- Candy y Maxwell Vandervit son algo más que amigos, anoche lo comprobé.

-entonces es cierto- dijo sorprendida-Elisa tenia razón, y yo que creí que solo eran amigos

-acaso lo sabias- grito molesto.

-era el secreto a voces mas comentado de Chicago, -mintió

-y por que no me dijiste nada- le reclamo-me hubieras evitado este sufrimiento

-por que creí que solo eran chismes- se defendió- además estoy segura que, si te lo hubiera dicho no me hubieras creído. –guardo silencio por un momento- vez, nadie te va a querer como yo, déjame ir contigo por favor se que puedo hacerte feliz,- hablo mientras se acercaba lentamente hacia Albert.- esperare hasta que te divorcies de ella.

- lo siento, pero no soy hombre para ti.- hablo mientras caminaba hacia la puerta, estaba por salir cuando dijo algo que rompió con las esperanzas de Megan-. Aunque Candy no este a mi lado, siempre la amare a pesar del tiempo y la distancia, ella siempre será la dueña de mi corazón, adiós Megan espero que algún día encuentres a la persona que te ame como te mereces.- cerro la puerta tras de si pero escucho hablar a la joven

-no te vallas William, por favor, perdóname nunca quise lastimarte.

FIN FLASH BACK

El viaje fue una tortura para Albert, la única imagen que había en su mente, era la de Candy en brazos de Maxwell, mientras este gritaba que ya no tendrían que esconderse más.

Mil y un pensamientos lastimaban su mente.

- creí que eras sincera al decirme que me amabas.- pensaba el apuesto rubio en la soledad de su vagón privado.

Ya en el barco las cosas eran iguales o peores, solo en el camarote, las palabras de Elisa lo torturaban.

FLASH BACK

Son chismes tonterías de la gente, no hagas caso- se había disculpado Elisa

-habla Elisa, por que estoy perdiendo la paciencia-le había dicho

-Mis amigas dice que últimamente veían a Candy en compañía de ese tal Vandervit, claro que no hacían nada malo, solo platicaban, pero como tu sabes no es propio de una mujer comprometida dejarse ver en publico con otro hombre- dijo calmadamente- Y cuando estabas de viaje tío, me comentaban que diariamente la iba a buscar al hospital. Pero no me creas a mi investiga por tu cuenta. No quiero que pienses que soy yo la que comienza esta clase de rumores.

FIN FLASH BACK

-todo tenia sentido, su forma tan extraña de comportase, las mentiras, por que no fuiste sincera conmigo, te hubiera entendido.-pensaba tristemente.

Albert esta decidido a que nadie lo encontrara, sabia de ante mano que la tía abuela haría todo lo posible para localizarlo, y mas aun cuando ordeno a George que publicara en los periódicos la cancelación de la boda, sabia que seria un gran escándalo. Y a pesar del cariño que le tenía a su tía no estaba decidido a dar explicaciones a nadie sobre sus actos.

Durante el tiempo que duro el viaje en el barco, se dejo crecer la barba y bigote, haciéndose ver mas viejo e irreconocible. Al llegar a Londres se fue a un pequeño pueblo lejos del bullicio y glamour de la cuidad, para estar mas cerca de la naturaleza, busco trabajo de lo que fuera, tenia la firme convicción de no tocar un solo centavo de los Andrew, a los pocos días de su arribo, fue contratado por el Sr. James Hamilton un rico y viejo terrateniente que necesitaba un hombre para cuidar y amansar sus muy costosos y amados caballos. El rubio acepto la oferta de James, el cuidar y domar a los pura sangre era una ardua tarea para el joven, pero lo hacia sin descanso, todo para no pensar una hermosa rubia de ojos verdes.

A pesar de trabajar sin descanso, nada lo hacia olvidar el vació y la ansiedad de su corazón, las semanas pasaban monótonas para el ojiazul, una noche no pudo mas, y salio a una taberna cercana para ahogar sus penas en alcohol, la bebida quemo su garganta y calmo su dolor por un momento, pero su mente lo traicionaba, recordaba los besos y caricias de la que era su esposa, sus ojos se volvieron cristalinos al recordar los bellos momentos vividos junto a la rubia, cuando de pronto unos hombres que estaban junto a el comenzaron a pelear, el lugar se convirtió en escenario de una gran batalla, sin darse cuenta Albert se vio envuelto en la disputa, pero estaba tan aturdido por haber tomado tanto que fue golpeado salvajemente. La policía llego al lugar y detuvo la pelea, como el joven estaba terriblemente golpeado fue llevado rápidamente al pequeño hospital de la localidad. Como no portaba identificación fue hospitalizado en calidad de desconocido, a la mañana siguiente el joven despertó con un gran dolor de cabeza. Victima de la resaca no recordaba como había llegado al hospital. Estaba por levantarse pero un fuerte dolor se lo impidió, de pronto apareció frente a el una mujer de mediana edad que portaba un viejo uniforme de enfermera.

-buenos días- dijo la mujer- veo que al fin despertó

-que hago aquí- pregunto al verse en la cama

-por lo que veo no recuerda que lo trajeron unos oficiales en la madrugada, estaba tan…

-oficiales- grito interrumpiendo a la mujer

-si, usted fue golpeado por unos malhechores en una taberna, es un milagro que no lo hayan matado a golpes.- dijo sorprendida

-muerto quisiera estar- murmuro

-perdón no escuche lo que dijo

-nada, -dijo mientras intentaba levantarse

-aun no puede levantarse, tiene varias costillas rotas y golpes en casi todo su cuerpo.

El dolor obligo al hombre a acostarse nuevamente. La enfermera le acomodo la almohada, al terminar buscaba algo entre su uniforme.

-tenga- dijo dándole un hermoso relicario- anoche mientras lo atendía en doctor, en sus manos sostenía esto con fuerza, es una suerte que no se lo hayan robado, imagino que fue por eso se defendió de aquellos hombres es una joya muy valiosa, tal vez trataban de robarlo.

El joven tomo por inercia la joya.

-gra- cias- hablo arrastrando las palabras

-es muy joven y hermosa su esposa- comento la enfermera al ver la cara de sorpresa de su paciente al momento de tomar el relicario-

-como sabe que es mi esposa- dijo con pesar

-estuvo delirando el resto de las noche, y lo único que decía era el nombre de Candy imagino que es la chica de la foto, debe estar muy orgulloso de tener a una mujer así a su lado.- dijo la mujer tranquilamente

El silencio invadió la habitación por un momento, la enfermera miro con detenimiento a su paciente y pudo constatar que sufría en silencio, así que opto por dejarlo solo un momento, mientras buscaba el desayuno.

Al estar solo guardo la joya en una cómoda cerca de su cama. Sin querer recordó la noche anterior, cuando estaba viendo las fotos de relicario.

-lo ultimo que recuerdo es que alguien trataba de quitarme algo que sostenía en las manos,

-sonrió- tal vez la enfermera tiene razón, peleé para que no me arrebataran la única imagen que tengo de ella.

Después de desayunar Albert cayó en un profundo sueño a causa del dolor. En sus sueños podía ver a una hermosa mujer rubia detrás de tres hombres, los cuales la protegían para que el no se acercara.

Mientras tanto James Hamilton era informado que Albert su cuidador estaba gravemente herido en el hospital. En el poco tiempo que llevaba de conocerlo le había tomado aprecio, ya que el joven tenía modales y educación no vistos en ningún hombre que se dedicara al cuidado de los animales, cosa que lo tenía intrigado.

Hamilton llego al hospital, la enfermera lo condujo a una pequeña habitación, al entrar vio que la barba y el bigote de su empleado habían sido cortados, y frente a el estaba un hombre joven, y no un viejo como el creía. Lo observo por un momento y le pareció conocido.

Lentamente Albert fue despertando de su sueño, y se sorprendió al ver a su jefe frente a el mirándolo fijamente.

-Sr. Hamilton que hace usted aquí- dijo el rubio tratando de levantarse.

-me informaron que estabas mal herido, pero no te levantes por favor.

-lamento que me vea en estas condiciones- se apresuro a explicar- pero le aseguro que no tuve nada que ver con lo que paso.

-no te preocupes muchacho, el dueño del lugar me contó como sucedieron realmente las cosas, lo que no entiendo es que hacías en una cantina. En el poco tiempo que tengo de conocerte he notado que eres un hombre pacifico.

-necesitaba tomar un trago-

-para que, para consumirte en ese dolor que te agobia y no te deja vivir tranquilo.

-pero que cosas dices señor Hamilton- dijo el rubio mas que sorprendido

-te he observado sin que te des cuenta muchacho, trabajas casi sin descanso, comes poco, y tu mirada parece perdida- el hombre guardo silencio por un momento- sufres por una mujer o me equivoco.

Albert se quedo mas que sorprendido al escuchar lo dicho por su jefe.

-no, no se equivoca

-quieres hablar de ello, tal vez pueda aconsejarte-

-gracias, pero aun no me siento preparado.

-como quieras muchacho, pero si algún día necesitas con quien hablar, quiero que sepas que estaré ahí para escucharte, no es bueno guardarse las penas a la larga solo nos hacen mas daño.

-lo pensare, y gracias señor Hamilton por preocuparse por mi.

Debido a los golpes y a la fractura de 3 costillas Albert pasó casi un mes en el pequeño hospital, James lo visitaba casi todos los días, los dos hombres se habían hecho buenos amigos. El estar tanto tiempo en cama hizo recapacitar al rubio, necesitaba contarle su pena a alguien o explotaría.

Era mas de medio día cuando le dieron al fin de alta, el respirar el aire puro y sentir los rayos del sol sobre su piel lo hacían sentirse vivo, James fue por su amigo al pequeño hospital, lo llevo directamente a su casa como su huésped, Albert agradeció el gesto y decido sincerarse con su nuevo amigo.

- y de que quieres hablar- fueron las palabras de Hamilton

-necesito decirle a alguien lo que tengo aquí- señalando su corazón- o me volveré loco

-te escucho- dijo mientras se sentaba frente al rubio

Albert fue muy sincero al contarle de su vida de vagabundo, a pesar de ser uno de los hombres más rico de América, la forma de cómo conoció a Candy cuando aun era una niña, de cómo la salvo de morir ahogada cuando cayo de aquella catarata. Las cartas que sus sobrinos le enviaron rogándole que adoptara a la chica para evitar el maltrato de los Legan, su amor y perdida de Anthony, la relación de la rubia con Terry su dolorosa y cruel separación. De cómo Candy arriesgo su reputación al cuidarlo cuando había perdido la memoria, a pesar de no saber a ciencia cierta quien era. La forma en la que ambos se confesaron sus sentimientos, su boda secreta y los anónimos que le llegaban a su oficina informandole la supuesta infidelidad de su esposa.

Al terminar su relato Albert estaba lleno de amargura al recordar a Candy y Maxwell juntos que guardo silencio por un momento y se sorprendió al ver a James que lo observaba como a un gusano.

James Hamilton analizaba lo dicho por su j0ven amigo, había escuchado atentamente todas y cada una de sus palabras, observo todas las reacciones que había hecho al hablar y llego a una conclusión.

-quieres que te de mi opinión sincera- dijo rompiendo el silencio

-por favor- susurro

-ERES UN COBARDE- dijo con determinación mirándolo a los ojos

El rubio guardo silencio, cosa que aprovecho Hamilton para decirle unas cuantas verdades al hombre que tenia frente a el.

-si eres un cobarde, utilizaste la salida mas fácil -hablo molesto- cuando te vi por primera vez creí ver a un hombre hecho y derecho, conocedor de la vida, con valores, y sabes por que te digo esto, por que se reconocer la bondad de las personas cuando las veo por primera vez, pero siento que me equivoque contigo

-entiendo - lo interrumpió- pero

- no me entiendes-grito-

- claro que soy un hombre que conoce la vida, se distinguir lo bueno de lo malo –se defendió

-si así fuera no hubieras dejado lo mas valioso que has tenido hasta ahora, no se deja a una mujer como Candy a si como así, acaso no lo entiendes.

-el que no entiende eres tu James, me engaño, no fue sincera conmigo, ella jamás me había mentido- se defendió Albert

-y tu fuiste sincero con ella desde el principio- lo cuestiono- por que no le informaste desde el primer momento en que te llegaron los anónimos

-por que no les di importancia- murmuro

-Albert el verdadero amor es confiar ciegamente a la persona amada, pase lo que pase. Digan lo que digan, hacerlo es una prueba de amor, tú dices conocer a Candy más que a nadie en el mundo, no es así-

-y de que me sirvió, se caso conmigo si estar realmente enamorada de mi, lo hizo tal vez por agradecimiento, por lo mucho que hice por ella en el pasado -hablo confundido

-realmente lo crees- lo reto mirándolo a los ojos- dime realmente lo crees

-la vi en brazos de Maxwell, que quieres que piense, que esposa decente esta en la casa de un hombre soltero a solas y de noche- dijo mientras golpeaba la pared.

-las apariencias no siempre son lo que pensamos hijo, recuerda que estas hablando de Candy tu esposa, la mujer que te cuido sin importarle las habladurías de los demás, la mujer que te demostró su amor gran amor al casarse contigo en el mas absoluto de los secretos, y que seguramente esta sufriendo por tu abandono, la mujer que se enamoro de ti.

-enamoro si, pero no de mi- dijo sarcástico

-ya deja de atormentarte así- grito James- no puedo creer que seas tan terco y ciego

-ciego fui al confiar en ella, no veía mas allá de mis narices.

-sabes me da mucha pena oírte hablar así, por culpa de tus celos y desconfianza puedes estar perdiendo a una mujer muy valiosa, que según tus propias palabras no pensabas tener a tu lado jamás. Y lo que es peor sufres por gusto, y por primera vez en tu vida no sabes realmente que hacer y que pensar.- dijo sorprendiendo a su amigo

-tiene razón por primera vez en mi vida no se que hacer. Siempre actuaba escuchando a mi corazón, tratando de hacer lo correcto.-

- Albert, los celos son malos consejeros arruinan a las personas destruyen a quienes mas amamos, reflexiona por favor, o nunca podrás vivir en paz, y solo tu tendrás la culpa, busca a Candy pidele perdón, escucha lo que ella tiene que explicarte, no juzgues si saber lo que realmente paso. Según tus propias palabras, siempre estabas ahí cuando Candy mas te necesitaba, ahora ella esta sola a merced de la maldad de la gente sin escrúpulos.-suspiro- La soledad y el desamor son sentimientos que destruyen el alma y el buen corazón de las personas, las transforma para bien o para mal. En estos momentos Candy es vulnerable a la maldad de la gente sin corazón, ya que no estas ahí para protegerla.

Las sabias palabras de James hicieron reflexionar al rubio, su corazón le gritaba que tendría que volver.

-no lo había pensado de esa manera –murmuro interrumpiendo al hombre

-solo tengo una duda, por que te fuiste sin haber hablado con ella, no entiendo

-tenia miedo, me sentía muy confundido y herido

-miedo a que, y por que

-a que Candy me dijera que estaba a mi lado solo por agradecimiento, sentí miedo por primera vez, fui tan feliz a su lado, que al verla con Max perdí el control, al principio pensaba en darme la vuelta y guardarme todo el dolor que sentí, pero los celos me dieron el valor de encararlos, al verlos abrazados dije cosas que nunca sentí, y por eso tome decidí irme por un tiempo

-tomaste la salida mas fácil, huir de los problemas en vez de enfrentarlos

-si, deje que mi orgullo fuera mas fuerte que el amor que siento por ella, me arrepiento tanto, fui un estupido al dudar de Candy, ella es incapaz de hacer algo indebido, pero las circunstancias la acusaban, la mayor parte de mi vida he estado solo sin amor que…

-que no supiste como reaccionar ante una situación así.-lo interrumpió el buen hombre

- tal vez fue eso, y mis tontos celos infundados, caí en la trampa de quien me enviaba esos tontos anónimos

-eres una gran hombre Albert, todos cometemos errores, pero aun estas a tiempo de reparar lo que hiciste, no pierdas mas el tiempo busca a tu mujer pídele perdón antes de que sea demasiado tarde. Investiga quien o quienes fueron capaces de semejante infamia y castígalos sin piedad.

Guardaron silencio por unos minutos, mientras Albert reflexionaba sobre su gran error.

-tiene razón, es tiempo de volver.- dijo mirando a su amigo, el cual se había puesto muy serio- que pasa de pronto se quedo muy pensativo.

-pensaba que tal vez, mientras estamos hablado la persona que te enviaba esos horribles anónimos puede estar cerca de tu esposa planeando hacerle daño.

Albert palideció al escuchar a James, tenia toda la razón.

Habían pasado varios meses desde que Albert se fuera de Chicago, partiría al día siguiente después de hablar con James Hamilton y reflexionar sobre su tonta actitud la preocupación no lo dejo dormir. James le ofreció hospedaje en su casa de Londres, al llegar lo primero que hizo fue salir a comprar su boleto para viajar a New York, pero debido a la guerra los viajes estaban suspendidos y el ultimo barco había zarpado una semana atrás, tendría que esperar un mes para volver, en todo ese tiempo pensó la en la forma de cómo pedirle perdón a su esposa, se imaginaba las reacciones de Candy, y sintió miedo. Decidió no informarle a nadie de su llegada ya que ingenuamente pensaba que Candy vivía en la mansión con la tía abuela, ya que era la protegida de la anciana, y sabia de ante mano que George cuidaría a la dos mujeres con su vida de ser necesario.

No sabía lo que le esperaba al volver.

La noche antes de su partida Albert sentía una horrible sensación en el pecho, abrumado salio a caminar por las calles, sus pasos lo llevaron cerca de un enorme hospital, la sensación aumento al estar frente del edificio, lo miro detenidamente, saco su reloj de bolsillo y vio la hora.

-son casi las nueve-dijo sus pirando.

De pronto vio a una mujer de cabellera negra salir del edificio, sostenía a un pequeño niño de pronto la joven se acerco a un elegante auto, al verla le pareció conocida pero la oscuridad de la noche le impidió reconocerla por completo estaba por acercarse cuando.

-pero señorita- hablo otra mujer que bajaba del auto y tomaba al pequeño que dormía- piensa pasar la noche aquí en el hospital.

-si Lili, mi prima esta muy mal, nos necesita mas que nunca ni mis tíos ni yo pensamos dejarla sola, no sabemos si resistirá dar a luz.- hablo preocupada la joven

-tan mal esta la señora- dijo preocupada la mucama

- el accidente ocasiono que se adelantara el parto, los médicos están haciendo todo lo posible por salvar a ella y al bebe, será una larga noche para todos, así que por favor cuida a mi sobrino, y no te separes de el.

-si señorita.

La hermosa joven se despidió de su empleada y entro rápidamente al hospital, sin percatarse que a pocos metros de ella, estaba un hombre que conoció meses atras. El auto se alejo en la oscuridad de la noche, el rubio estaba por cruzar la calle para entrar al hospital cuando un auto se interpuso en su camino.

-William, que haces en esta parte de la ciudad.-dijo James bajando de la unidad.

-Salí un momento a caminar-fue la simple respuesta-y cuando me di cuenta estaba frente a este enorme hospital.

- se que extrañas a Candy, pero el hecho de que sea enfermera no significa que la veras en el primer hospital que encuentres.-dijo sonriendo James mientras señalaba el recinto.- recuerda que mañana zarpa al fin el barco que te llevara de nuevo a casa y a los brazos de tu esposa tienes que descansar.

-tienes razón, será mejor irnos de este lugar.- hablo mirando nuevamente el enorme edificio como sintiendo que algo malo pasaba en su interior.

Ambos hombre subieron al automóvil y se alejaron del lugar, pero la sensación de Albert no desapareció, pero no quería preocupar a James, no le comento nada sobre lo que sentía, lo único que hizo fue pedir a Dios que protegiera a todos sus seres queridos.

Durante su travesía en el barco, mando un telegrama a George anunciando su llegada, no sin antes pedirle que no comentara a nadie su regreso. Sin saber por que se sentía muy emocionado, una alegría inexplicable brotaba de su corazón. El viaje le pareció interminable, al llegar al puerto de New York, lo esperaba el chofer de los Andrew.

-es un placer tenerlo de regreso señor- fue el amable saludo de hombre

-gracias Bruce, -respondió- yo también estoy feliz de regresar

-se quedara mucho tiempo señor

-no Bruce, pasaremos por la estación de trenes para comprar mi boleto quiero partir mañana mismo a Chicago, ya que tengo algo muy importante que arreglar.

- no se preocupe por eso, el señor George me ordeno tener listo el boleto para cuando usted llegara, su tren parte mañana a medio día.

-gracias Bruce, no se que haría sin ti y George.

Ya era más de medio día cuando un muy entusiasmado Albert vio a pocos metros su casa.

Tal y como estaba previsto por George, Albert llego en el tiempo que el tenia calculado. El moreno estaba en la biblioteca cuando vio llegar al jefe del clan Andrew, sintió pena por lo que tendría que decirle, pero sabia que la tía Elroy no tendría el valor suficiente para contarle lo que había pasado durante su ausencia, así que discretamente tomo una copa de coñac para darse valor.

Por su parte Albert estaba tan feliz que bajo corriendo del auto, estaba por subir al segundo piso cuando una voz conocida lo detuvo.

-me alegra verte de nuevo William- fue el saludo de George- veo que el viaje te hizo reflexionar.

-si George, un amigo me hizo ver que actué como un niño, estoy muy arrepentido, y he venido para pedirle perdón a Candy de rodillas de ser necesario.- donde esta ella- pregunto ansioso

-no esta en casa- fue la triste respuesta

-seguramente esta en el hospital, voy a verla necesito hablar con ella cuanto antes

-tampoco esta en el hospital- dijo tristemente el hombre

-bueno la esperare,- dijo resignado- entonces iré a saludar a la tía seguramente esta descansando en su habitación- hablo mientras comenzaba a subir por la escalera

-la señora Elroy no esta en casa, fue a visitar a la señora Candy.

-no entiendo George, acaso Candy ya no vive aquí, no entiendo.

-han pasado muchas cosas desde que te fuiste de viaje William, las cosas ya no son como las recuerdas- dijo tristemente

-me estas asustando George, que pasa- pregunto al escuchar el tono del moreno

-ven conmigo necesitamos hablar.-

Ambos hombres entraron a la elegante a la biblioteca, se sentaron uno frente al otro.

-de que quieres hablar George, donde esta Candy, por que ya no vive en esta casa, a que se debe tanto misterio.

-no se como decirte esto William, me duele en el alma ser yo quien te diga esta terrible noticia, dijo el hombre bajando la mirada.- pero la dulce y tierna señora Candy

-sin rodeos George.- Grito interrumpiéndolo mientras se ponía de pie.

El hombre guardo silencio por un momento, respiro hondo y fue directo al grano.

- la señora Candy murió hace algunos meses.- hablo como si se quitara un gran peso de encima.-

Albert quedo en Shock al escuchar lo dicho por su casi hermano, sintió que el piso desaparecía bajo sus pies, se sintió mareado y cayo sentado en el sillón.

-no puede ser me estas mintiendo- dijo mirando a George como si este se hubiera vuelto loco.

- es la verdad-susurro

-no es cierto, dime que lo que dices, no es cierto- se levanto de la silla y tomo a George de las solapas de su saco y lo miro a los ojos.

-es cierto, al segundo día de tu partida la señora Candy se fue como voluntaria a la Guerra, y….

- por que no lo impediste- le grito mientras los soltaba y le daba la espalda

- Candy no le dijo a nadie de su decisión, cuando la señora Elroy y yo nos enteramos, ya era demasiado tarde por mas esfuerzos que hicimos no pudimos dar con ella fue como si se la hubiera tragado la tierra, pero lo que si sabemos es que tomo un barco del ejercito que la llevo hasta Londres, la mayoría de los médicos y enfermeras procedentes de Chicago fueron enviados cerca de las trincheras francesas. – tomo aire de nuevo y continuo- Y al poco tiempo de su arribo el hospital donde trabajaba fue destruido por una gran explosión, solo sobrevivieron unos cuantos pacientes- dijo perdido en sus recuerdos- la noticia abarco los principales diarios del país.

-no puede ser, mi princesa no puede estar muerta- murmuro mientras sus ojos se llenaban de lagrimas – me niego a creerlo

El silencio los invadió por un momento hasta que George decido continuar con su relato.

-por ordenes de la señora Elroy contrate a varios investigadores para buscar a tu "esposa," por que tu tía se negaba a aceptar que su sobrina hubiera muerto, pero poco pudieron hacer, ya que el lugar al que fue asignada era de difícil acceso para los civiles. De hecho aun estamos con el alma en un hilo, por que Neil se fue al poco tiempo del anuncio de la muerte de Candy y no pudimos hacer nada por detenerlo, estaba destrozado con la noticia, lo ultimo que supimos de el fue que había llegado difícilmente a Francia.

La mente de Albert era un torbellino, pero aun así se percato de que el buen George había dicho en varias ocasiones la palabra "esposa"

-dices que contrataron investigadores para encontrar a mi esposa.

-así es, nos enteramos que Candy y tu se habían casado en secreto meses atrás. De hecho ella dejo algo para ti antes de partir. –el hombre camino rumbo al escritorio, abrió un cajón y saco un pequeño cofre que entrego a un muy sorprendido William.

-que es esto –pregunto sorprendido tomando el cofre.

-son todas las joyas que alguna vez le compraras a Candy, me las entrego al día siguiente de tu partida.

Al abrir el pequeño cofre se sorprendió al ver el anillo de compromiso y de bodas, que con tanto amor e ilusión había comprado solo para ella.

A su mente llego el momento en la que ambos se habían jurado amor eterno, sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentía culpable,

-yo la mate- grito- yo tengo la culpa de todo, si tan solo no hubiera sido tan necio, y cobarde

-no te culpes William- lo calmo solo fuiste una victima mas de las circunstancias

-es que no entiendes- volvió a gritar- ella se fue por mi culpa al sentirse sola, yo la mate George, y todo por culpa de mis celos.- Dijo mientras dejaba el cofre sobre el escritorio y tomaba un jarrón y lo estrellaba contra la pared

George estaba por contarle lo sucedido con Megan y Elisa cuando, alguien entro de improviso a la biblioteca.

-pero que fue ese ruido George- grito la tía abuela, pero guardo silencio al ver a su sobrino nieto casi frente a ella- hijo al fin has vuelto- dijo mientras se acercaba al joven.

La anciana corría hacia el y ambos se abrazaron fuertemente

-tía, Candy, yo la mate- dijo en el cuello de la anciana- yo tengo la culpa, soy yo el que debería estar muerto y no ella.

-no digas eso hijo- hablo con lagrimas en los ojos-

-todo esto paso por mis tontos celos- dijo mirando a la mujer a los ojos- nunca me lo perdonare

-no te atormentes hijo, ya no podemos hacer nada.- hablo mientras limpiaba las lagrimas del bello rostro de su sobrino

- George me dijo que visitabas a Candy todas las mañanas, a que se refiere tía- pregunto

-cuando nos informaron de la muerte de Candy, me negué a creer que estuviera muerta, pero el tiempo ha pasado y poco a poco me fui haciendo a la idea de que no esta en este mundo y mande a construir una tumba para rezar por su alma, ya que debido a la guerra fue enterrada en Francia, según nos informaron, pero cuando todo termine podremos trasladar su cuerpo para que descanse junto a Anthony y Steve, como la Andrew que fue.-dijo la mujer secándose las lagrimas

-perdóneme tía,

-no tengo nada que perdonarte hijo

- se que sufre por la muerte de Candy, la abandone sin escuchar sus razones, me convertí en un monstruo, un ser frívolo sin sentimientos, me deje cegar por lo escrito en un papel, y no escuche a mi corazón.

La tía abuela noto que su sobrino estaba muy alterado, le ordeno a George que fuera por un te para calmarlo, el buen hombre salio para dejarlos solos, ahora Elroy seria la encargada de contarle lo acontecido meses atrás.

-William necesitamos hablar, pero quiero que estés calmado

-como quiere que me calme tía, si la mujer que amo murió por mi culpa.

-entiendo tu dolor hijo, también sufro por la perdida de mi niña revoltosa, acaso crees que todos estos meses he vivido en un lecho de rosas, he tenido que lidiar con la prensa que gozan con mi dolor, he tenido que dar la cara para que el nombre de nuestra familia no se vea en el escándalo, Neil casi se volvió loco de dolor al enterarse de la muerte de Candy, salio en su búsqueda, decía que ella no había muerto, y juro que no regresaría hasta encontrarla, de eso hace 3 meses.

-siento que por mi culpa hayan pasado malos ratos, pero le juro que ya no huiré de los problemas, de ahora en adelante no pienso dejarla sola, en cuanto a Neil ordenare inmediatamente su búsqueda.

El buen Albert se limpio el resto de lágrimas que aun corrían por su rostro, y camino rumbo a la puerta.

- a donde vas William- pregunto sorprendida la mujer al verlo tan sereno de repente- necesitamos hablar tienes que saber lo que a pasado

-voy a visitar a Candy, - dijo calmadamente- después hablaremos tía.

Salio de la biblioteca, tomo uno de los autos y arranco con dirección al cementerio, al llegar camino hasta la cripta de los Andrew, le fue fácil localizar la "tumba" de su esposa, ya que frente a ella habían dulces candys frescas que aromatizaban el lugar. Al estar frente a la lapida vio una hermosa fotografía de la joven en la cual se mostraba con una gran sonrisa.

Cayó de rodillas frente a la tumba, y así en esa posición comenzó hablar.

-perdóname Candy todo esto paso por mi culpa, jamás, jamás me lo perdonare- grito mientras con sus manos golpeaba con todas sus fuerzas el frió concreto de la lapida, - no se como voy a vivir sin tu hermosa sonrisa, nunca mas veré el hermoso brillo de tus ojos, perdóname por todo el daño que te cause, perdóname por que no fui el hombre que merecías,- hablo derramando gruesas lagrimas de dolor, y sus manos se teñían de sangre a causa de los golpes- fui un cobarde por abandonarte de la forma como lo hice, se que no valgo una sola de las lagrimas que derramaste por mi, no quiero ni imaginar cuando debiste haber sufrido por mi causa, se que ni la muerte seria suficiente castigo para mi, era el encargado de protegerte, sin embargo te guié hacia la muerte. James tiene toda la razón soy un cobarde.

Albert paso mucho tiempo frente a la tumba de la que fuera su esposa, maldiciéndose a si mismo, ahora la vida no tenia ningún sentido para el, por su mente paso una macabra idea. Con paso lento se alejo del lugar, al llegar a la mansión, se fue directo al despacho, sentía la necesidad de llenar su cuerpo con alcohol, tomo un vaso y se sirvió, tomo hasta que perdió el sentido.

George había visto llegar a su joven amigo, comprendía su dolor y sabia que los mejor era dejarlo solo, ya era de noche cuando entro al despacho para verlo, se lleno una gran sorpresa al verlo tirado en el piso se asusto al ver sus manos ensangrentadas, se acerco para comprobar que estaba bien, respiro tranquiló al comprobar que solo estaba borracho, totalmente desaliñado, a como pudo lo levanto y acostó en un sillón cercano, pidió ayuda al mayordomo para limpiarle las heridas y subirlo a su habitación cuando de pronto William abrió los ojos, pero su mirada estaba totalmente perdida.

- sin ti mi vida no tiene sentido- hablo lloroso- perdóname Candy, mi dulce candy.- dijo antes de volver a quedarse dormido.

A George se le rompió el alma ver a William en ese estado, y aunque le doliera reconocerlo sabia que había tenido parte de la culpa, ahora tendría que esperar al ver su reacción cuando se enterara que todo había sido obra de su sobrina Elisa y su socia Megan, en complicidad con Elizabeth mujer que fuera secretaria en el consorcio Andrew.

Al día siguiente Albert despertó con un gran dolor de cabeza y manos, todo le daba vueltas, estaba por levantarse cuando vio en su habitación a Teodoro el mayordomo, levantar la ropa que estaba en el piso.

-buenos días señor- saludo Teodoro- desea que le traiga el desayuno.

-no, quiero una botella de whisky, o coñac, -ordeno-

-pero señor aun es temprano, para….

-acaso tengo que repetirlo – interrumpió asustando a Teodoro-

-no señor – dijo asustado el hombre que jamás había visto a su jefe en ese estado.

A los pocos minutos el fiel Teodoro llevo el encargo de su jefe y salio silenciosamente de la habitación. Pasaron varios días en los cuales Albert se perdía en el alcohol, al principio la tía abuela pensaba intervenir, pero George le hizo ver que William necesitaba tiempo para hacerse a la idea de que había perdido al amor de su vida. Pero una mañana cansada de la actitud de su sobrino entro a su recamara, al verlo se lleno de dolor, el rubio estaba muy pálido, en pocos días había perdido peso, la barba le estaba creciendo, y tenia enormes ojeras, lentamente se acerco a el, lo vio sentado frente a la ventana mirando hacia el jardín, junto a el su inseparable botella.

- hijo ya no tomes por favor- rogó la mujer- solo te haces daño

-ya nada tiene sentido para mi tía, por favor déjeme solo con mi dolor. –dijo mientras llenaba un vaso y lo tomaba de un solo sorbo.

-no me iré hasta que me responda dos preguntas, después podrás ahogarte en alcohol si quieres y te juro que no voy a detenerte.- hablo con seriedad la mujer mientras se colocaba frente a su sobrino

-esta bien tía pregunte lo que quiere saber y déjeme solo- dijo el rubio sin mirarla

¿Amabas realmente a Candy?- dijo con firmeza - ¿ si ella estuviera viva harías lo que fuera por verla feliz.

Albert se sorprendió al escucharla, pero respondió sin inmutarse

- Me enamore de ella desde la primera vez que la vi solo que aun era una niña, yo tenia como 12 años, era tan tierna,- suspiro al recordarla- parecía un ángel, dulce, suave y fuerte a la vez- aun la amo, y lo haré todo lo que mes resta de vida, la cual espero sea muy corta, y si ella viviera claro que haría lo que estuviera a mi alcance para verla feliz, aunque eso significara perderla para siempre, pero no entiendo su pregunta tía.

- aun recuerdo la vez en la que Candy me platico la forma en como la consolaste cuando Anthony murió, y te repetiré la mismas palabras que le dijeras a ella. –que le has dado desde que te enteraste de su muerte, solo lagrimas, y sufrimientos, piensas que a ella le gustaría verte a si,- suspiro- es ahora cuando debes mostrar tu fortaleza William y salir a delante, no maches la memoria de Candy comportándote de esta manera,- dijo señalándolo- emborracharse no solucionara nada. Por favor hijo recapacita, hazlo por Candy, por mi, me parte el alma verte así, Archie y tu son lo único que me quedan en el mundo, mi corazón no resistiría una perdida mas.- dijo mientras sus ojos se volvían cristalinos.

Albert pensó por un momento lo dicho por su tía, y sabía que tenía razón, ya había hecho muchas tonterías, y en honor a la memoria de Candy decidió no tomar más.

-tiene razón tía, ya no haré mas tonterías, a Candy no le hubiera gustado verme en la basura que me he convertido, a partir de mañana tomare de nuevo la riendas de mi vida, viviré solo y para el trabajo, Dios me dio la dicha de conocer el amor y la felicidad aunque fuera por un muy corto tiempo, pero el suficiente como para vivir de esos hermosos recuerdos.- dijo llenando el vaso que tenia junto a el.

- pero hijo- dijo la anciana al ver lo que hacia- seguirás tomando

-dije que mañana tomare las riendas de mi vida tía, por ahora déjeme estar con ella aunque sea de esta forma.- dijo mirándola con dolor por primera vez desde que la mujer entrara a la habitación- por favor

-entonces te acompaño- hablo la mujer sorprendiendo a su sobrino.

-pero tía, si usted no toma, -la miro sorprendido

-que sabes tú, si yo también tengo penas que ahogar, tu dolor es casi perecido al mío- dijo llenando el vaso y tomando frente a un muy sorprendido Albert que no daba crédito a lo que sus ojos veían.

Tomaron hasta terminarse la botella, como la tía no estaba acostumbrada a beber al tercer vaso estaba totalmente ebria, Albert llamo a Teodoro y entre los dos llevaron a la mujer a su alcoba. Al salir le ordeno a su fiel mayordomo le preparara el baño, y citara a George a la mañana siguiente. Ya en la mañana Albert vestía impecable, pero aun tenia enormes ojeras, bajo al salón principal a mirar la pintura de Candy, se llevo una gran sorpresa al ver que solo estaban su retrato y el de su sobrino, y donde debería estar la pintura de la rubia estaba un hermoso tapete con bordados de oro y finas sedas, estaba por llamar a Teodoro cuando George hablo detrás suyo. Como si leyera los pensamientos del rubio, el buen hombre hablo.

-la señora Elroy mando a quitar la pintura, el verla todos los días le hacia mucho daño, de hecho tuvo una recaída que casi le cuesta la vida, por suerte la señora Annie la cuido día y noche a pesar de que ella también sufría por la muerte de su casi hermana.

-entiendo, y donde esta la pintura

-en el sótano junto a la pintura de tu hermana y sobrinos. Acaso piensa colocarla de nuevo.-pregunto sorprendido.

-no, por favor ordena que la lleven a mi cabaña, ese será ahora su hogar. Dijo seriamente

-como ordenes,

- vamos al despacho tenemos muchas cosas que hablar.

Ambos se encerraron en el despacho donde hablaron por horas, George le contó la verdad, la forma en la que Elisa y Megan sobornaron a Elizabeth la secretaria para que les informara todos sus movimientos, las fotos que Candy recibió casi al mismo tiempo que el recibía los anónimos. Albert escuchaba atentamente a su fiel amigo, y su corazón se llenaba de rencor hacia esas 2 mujeres.

-tal era la confianza que mi princesa tenia en mi que no me dijo nada de los anónimos que ella también recibía- hablo el rubio con dolor

-de hecho fue Elizabeth quien cito a Maxwell utilizando el nombre de Candy, por esa razón estaban juntos. De hecho tu ex secretaria me contó que en un principio pensaban en Sean Alexander Wilson para la trampa, pero desgraciadamente Candy casi siempre fue vista con Maxwell, pero nunca haciendo algo indebido.- se apresuro a explicar- Es mas Maxwell fue a buscarte a tu oficina para aclarar el mal entendido, pero desgraciadamente ya te habías marchado.

- y no sabes donde puedo ver a Vandervit, necesito aclarar las cosas con el.

-lo ultimo que supe de el fue que viajo a Londres por negocios hace mas o menos 5 meses, de hecho por la ciudad circulaba el rumor que se había casado en secreto. Pero sabes bien que nunca presto atención a los chismes y no quise saber más.

-entiendo, y Megan que sabes de ella.

-esta en Florida, con su padre atendiendo los negocios.

-necesito una cita con Harry Andretti, quiero decirle personalmente la clase de hija que tiene, y Elisa donde esta.

-después de su matrimonio se fue de viaje de bodas, tal vez regrese para navidad, que piensas hacer

-lo que debí hacer hace mucho tiempo poner a Elisa en su lugar,

-pero antes tienes que limpiar tu nombre, ya que todo el mundo cree que Megan Andretti y tu están comprometidos.

-quien fue capaz de divulgar tal estupidez- grito furioso

-Elisa, lo grito a los cuatro vientos el día de su boda, desgraciadamente tanto la señora Elroy como yo estábamos tan consternados con la desaparición de Candy que no pudimos desmentir o confirmar la noticia.

- y Megan que hizo, apoyo lo dicho por Elisa

- de hecho no comento nada, después del anuncio de la muerte de Candy se alejo de Elisa. Hay algo de Megan que debes de saber.- Dijo serio – el día que te fuiste Candy fue a buscarte a la oficina, pero Elizabeth le mintió al decirle que ya te habías marchado, el portero del edificio me contó que la vio salir corriendo, tomo un carruaje que la llevo a la estación, pero no te encontró por que tampoco sabia que tu tren partía a medio día- guardo silencio por un momento.

-entonces fue a la estación por mi.- sorprendido

-si, pero al no encontrarte camino de regreso al antiguo departamento en el que vivía antes de venir a vivir aquí, por desgracia se encontró con Megan, la cual le dijo que entre ella y tu sostenían una relación desde hacia tiempo, y que si estabas a punto de casarte de Candy era solo por cumplir un deber moral.

-pero eso no es cierto, como se atrevió a decir semejante cosa.

- Candy se fue destrozada creyendo que entre Megan y tú había algo más que negocios,

-no puedo creer que mi princesa le haya creído a esa mujer

-y por que no, si tu desconfiaste de ella, además Megan le dijo el secreto que disipo sus dudas

-de que secreto hablas

-de tu matrimonio con Candy, cosa que ni yo siendo tu mejor amigo sabia, dime como no dudar ante esa verdad. Y que su supuesta infidelidad era el pretexto ideal para separarte de ella.

- y como sabes todo esto, acaso Candy te lo contó.

-no, mi novia me lo dijo, ella estuvo con Candy acompañándola todo el tiempo.

-cual novia- pregunto sorprendido- nunca me contaste que tenias novia.

-siempre creí que mi amor era imposible- dijo sonrojado- pero dentro de poco me casare con Doroty, solo esperaba tu regreso para que tomaras las riendas de los negocios Andrew y así fijar la fecha de la boda.

-jamás lo hubiera creído, Doroty y tu, me da gusta por ti George, por lo menos tu serás feliz, -hablo tristemente- y donde esta Doroty, me gustaría hablar con ella y disculparme por la forma en como la trate.

-no te preocupes por eso, pero dudo que quiera verte y hablar contigo, desde que se fue no ha puesto un pie en esta casa, por mas esfuerzos que hago, no logro convencerla,

-pero por que,

-según ordenes tuyas, Doroty tiene prohibido poner un pie en cualquiera de las propiedades de la familia Andrew, esa fueron las ordenes que le diste a Teodoro.

-entiendo en su lugar aria lo mismo y donde esta Doroty

-antes de que Candy se marchara, le consiguió trabajo con la señora Wilson, de hecho es el ama de llaves y esta a cargo de la casa ahora que los Wilson se fueron a vivir a Londres.

-mi princesa siempre pensando en los demás.

El fiel George le contaba a William parte de lo sucedido durante su ausencia, advirtiéndole que solo Archie, Annie la tía abuela y Neil sabían de su matrimonio secreto.

- ante la sociedad aun eres uno de los solteros mas cotizados del país.- agrego

-nunca mas me volveré a casar- hablo con firmeza- mi amor murió con ella-

-entiendo

-termina de contarme lo que ha pasado en todo este tiempo.

Al terminar de contar todo lo que sabia, George noto muy pensativo a su joven amigo.

-William te puedo hacer una pregunta- dijo cauteloso

-claro amigo

-que piensas hacer ahora.

-ya lo veras George, ya lo veras. –hablo con un extraño brillo de maldad en sus bellos ojos azules y una seriedad nunca antes vista por George.

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