10. De verdad te amo (+18)
Advertencia: este capítulo contiene lemon.
Durante las siguientes horas, todo se volvió puro sentimiento entre los dos jóvenes. El contacto de los labios y las pieles los electrificó. Borró por completo sus prejuicios, su raciocinio; su capacidad de sentir pena y vergüenza. Sus emociones, reprimidas y aplastadas durante tanto tiempo, brotaron con la intensidad de un torrente.
Sus corazones se negaron a ceder, o a dar siquiera el menor atisbo a su razón y sus temores. Se habían añorado demasiado. Habían sufrido demasiado el uno por el otro. Se amaban y se deseaban de una manera que siquiera ellos conocian; y por eso no vacilaron en entregarse por completo. No hubo culpa ni prejuicio que los detuviera. El deseo brotó como parte de su amor inmenso, y juntos experimentaron por primera vez el deleite infinito de perderse en el cuerpo del verdadero ser amado.
Los suaves, pero intensos besos en la mejilla dieron lugar a una sucesión de besos rápidos en sus rostros. Leni fue quien comenzó la danza; besando poco a poco y con delicadeza toda la cara de su amado Linky. La sensación inenarrable de los suaves labios de satín obligó a Lincoln a cerrar los ojos y disfrutar cada contacto. Eso no se parecía a los mil y un besos que Leni le había dado antes. Aquí había deseo, pasión contenida que recién empezaba a desbordarse; un afán de transmitir los sentimientos más profundos en cada toque de los labios.
No tuvo consciencia del momento en que empezó a corresponder. Muy pronto, la muchacha sintió también que los labios de su amado recorrían toda su cara. Le beso repetidas veces las mejillas, las cejas, la frente y la barbilla. Eran toques suaves, pero intensos; con ese leve movimiento de succión que estimula la piel del ser amado. Los dos sintieron que su respiración se aceleraba; que sus corazones comenzaba a latir cada vez más rápido. Ya no sabían si besaban, si recibían besos, o si se concentraban en el contacto de sus manos acariciando su espalda. Las exquisitas sensaciones los envolvieron por completo, y se llevaron los últimos vestigios de su cordura.
Ninguno supo en qué momento comenzaron a besarse en los labios. No hubo transición, no hubo duda ni dificultades: la boca de cada uno parexia estar hecha a la medida del otro. Los labios humedecidos se acariciaron, se masajearon, se succionaron y se atraparon con intensos movimientos que acabaron por hacerlos perder la cabeza. Ya no pudieron pensar: tan solo sentir la felicidad de tener por fin el amor, y las caricias del ser al que habían amado y deseado durante tanto tiempo.
Los besos se hicieron cada vez más largos, más intensos. Los dos empezaron a gemir, a abrazarse con fuerza y a acariciarse. Sencillamente, no podían creer que aquello estaba sucediendo. Después de sufrir durante tanto tiempo y obtener por fin lo que tanto deseaban, no estaban dispuestos a saciarse de esa sensación inefable. En sus breves momentos de lucidez, cuando tenían consciencia de quién era la persona a la que estaban besando, sentían que se derretían y se aferraban para darse cariño con mayor pasión, con mayor deseo.
Ninguno había vivido emociones parecidas. Era la entrega total, que solo puede darse al verdadero amor. Sin pensarlo ni un momento, ambos supieron que no volverían a ceder sus besos ni su pasión a ninguna otra persona. No había más mujer que Leni, ni otro hombre que no fuera Lincoln. Sus nombres y sus cuerpos se estamparon para siempre en sus corazones anhelantes.
De nuevo fue Leni la que tomó la iniciativa, y comenzó a descender con sus besos por el cuello de Lincoln. El contacto fue tan intenso, que Lincoln comenzó a gemir. Sintió que todo su cuerpo se erizaba y se disponía por completo para el amor. Su hermana casi se había montado sobre él, abrazándolo con las piernas; y su dura erección comenzó a presionar la entrepierna de la muchacha. A sentir eso, Leni extravió por completo la cordura. Sus manos viajaron por la espalda de su hermano, y comenzaron a levantar los faldones de su camisa.
El torso de Lincoln quedó desnudo, y Leni lo abrazó con fuerza para sentirlo; para impregnarse por completo con su aroma y su calor. Volvió a besarlo en la boca, y esta vez fue Lincoln el que descendió suavemente, probando la delicada piel del cuello de la joven. El discreto escote apenas le permitía bajar un poco más allá de la base del cuello; pero Leni, con un movimiento hábil, se bajó la cremallera; y su torso casi desnudo quedó a la vista de su amado. Unos momentos después el sostén cayó también, y Leni se mostró ante Lincoln en toda su belleza.
Ya antes creían estar excitados, pero el tibio contacto de sus pieles los llevó un nivel más allá; casi hasta el paroxismo. Lincoln besaba los senos desnudos de su hermana, utilizando su lengua con suaves movimientos que nadie le había enseñado. El contacto de los pezones erectos, de la suave piel, y el inmenso amor que sentía por Leni le ayudaron a encontrar el equilibrio justo entre la pasión y la ternura. Se dejó guiar por los gemidos, los jadeos, los temblores y las palabras entrecortadas de su princesa. No había en su mente ninguna otra cosa que el afán de dar placer; el deseo de saciarse en la piel, el cuerpo y la sensibilidad de la maravillosa mujer que solo por una mala broma del destino era su hermana.
Leni disfrutaba inmensamente, concentrada por completo en sus sensaciones y sentimientos. ¡Por fin estaba recibiendo los besos y caricias que anheló durante tanto tiempo! Era tan difícil de creer... Pero era real: su amado Linky por fin la tomaba como lo soñó en tantas noches solitarias. Era tan increíble recibir esa recompensa después de tanto tiempo de sufrimiento, que las lágrimas de felicidad empezaron a aflorar por sus ojos. ¡Dios, Linky se lo merecía todo de ella! Y por esa razón se separó un poco de él; lo empujó hacia la cama y sin darle tiempo a reaccionar, volvió a besarlo con ansiedad en los labios.
Leni utilizó toda su pasión, toda su experiencia; y llevó a su hermano hasta límites que el chico peliblanco jamás hubiera creído posibles. El empujón, y la sensación del cuerpo turgente de su hermana arriba del suyo fueron solo el principio. Pronto, las manos, los labios y la lengua de Leni atacaron todo su cuerpo; besando, succionando, lamiendo, acariciando y humedeciéndolo todo. Lincoln creyó que se moriría de placer. Su hermosa hermana no daba tregua, y Lincoln pronto no supo en qué concentrarse. Su mente y todos sus sentidos se vieron envueltos en una poderosa ola de placer continuo. Abría los ojos, y veía el maravilloso cuerpo y el delicioso rostro de su hermana haciéndole caricias que no sabía que existían. Se concentraba en su cuerpo, y sentí las manos y la lengua de su hermana recorriendo desde su cuello hasta su abdomen. Pensaba en ella, y no podía creer que tuviera el amor y las caricias de la mujer mas hermosa y apasionada del mundo. ¡Dios! ¡Qué estúpido había sido! Era evidente que su amada Leni estaba gozando tanto como él. ¿Cómo pudo privarla del placer y el amor durante tanto tiempo? ¿Cómo pudo castigarlos a los dos propiciando esa separación que tanto daño les hizo? ¡Una amor así no se podía desperdiciar! Si existía algún verdadero pecado en el mundo, era el hacer sufrir a una mujer como Leni.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una sensación exquisita y desconocida. Leni le había quitado las últimas prendas que lo cubrían. Ahora la lengua, y la boca tibia y húmeda de la joven envolvían su masculinidad; hacíendolo sentir tal placer, que no pudo evitar un profundo gemido. La sensación era tan intensa, que supo que no podría resistir ese contacto durante mucho tiempo; así que tomó a su hermosa princesa por los hombros y la atrajo nuevamente hacia sí. La besó, y sus manos se apoderaron del hermoso cuerpo, descendiendo más allá de su espalda; corriendo el vestido y las últimas prendas interiores que aún cubrián la intimidad de la muchacha.
No hubo ni un momento de vacilación. Las últimas prendas desaparecieron, y Leni se montó sobre Lincoln. Así como sus labios se unieron sin vacilación, sus sexos se encontraron rápidamente, y ambos emitieron un profundo gemido de placer cuando la virilidad de Lincoln penetró por primera vez en la humedecida intimidad de la muchacha. No hubo dolor, ni incomodidad. Solo una sensación de placer infinito que se hizo más intensa cuando el pene hubo penetrado del todo.
Leni se tendió sobre Lincoln, haciendo contacto pleno con el cuerpo de su amado. Comenzaron a moverse muy lentamente; entre besos, caricias, suspiros de placer y palabras de amor. Los labios de Lincoln se unieron a la boca y a los senos de su amada, mientras sus manos se llenaban con las preciosas curvas de su cuerpo. La penetraba suavemente, pero fue acelerando el ritmo conforme la chica movia sus caderas a mayor velocidad.
El placer mutuo se volvió infinito, inefable... casi irreal. Las sensaciones eran exquisitas, arrebatadoras; pero además, había demasiados sentimientos involucrados. Ni siquiera se podía hablar de amor: era una entrega total, y en todos los sentidos. Sus mentes y sus corazones se vaciaron por completo, y se llenaron de la proximidad, el calor, las sensaciones y los sentimientos que el otro les producía. Leni ya no era Leni; Lincoln ya no era Lincoln: eran un conjunto de sensaciones, pensamientos y sentimientos que llegaban a la vez y se adueñaban por completo de su ser entero. Las sensaciones ya no se distinguían por separado. Leni era a la vez su amada, los deliciosos besos que le daba, la sensación de sus senos llenando su boca, el placer infinito que le producía el estar en su interior, las caderas que llenaban sus manos, el melodioso sonido de sus palabras, y sus fuertes gemidos de placer...
La penetración se hizo mucho más rápida e intensa. Con los nervios a flor de piel, Leni se incorporó para sentir con mayor intensidad el turgente miembro que la volvía loca. La visión plena de su maravilloso cuerpo fue demasiado para Lincoln. La sujetó por la cintura para atraerla hacia sí, y penetrarla tan profundo como le fue posible. Entonces, dio rienda suelta a toda su pasión, y comenzó a verter el calor de su esencia en las profundidades de la hermosa joven. Y ella, al sentir que la masculinidad de su amado la llenaba por completo, y al recibir las férvidas descargas, experimentó un orgasmo como jamás lo había sentido en su vida. No pudo, ni quiso contener sus gritos de placer. Ambos se vieron arrastrados en la intensidad del deleite total. El orgasmo les quitó por completo las fuerzas; la chica se tendió sobre el cuerpo de su hermano, mientras él la abrazaba y los dos intentaban normalizar su respiración.
Tardaron un buen rato en recuperarse. Lincoln quedó con la impresión de que se durmieron; porque cuando abrió los ojos, Leni descansaba con los ojos cerrados y la cabeza sobre su pecho. El brazo de Lincoln la rodeaba, y ella respiraba acompasadamente.
El joven peliblanco la recorrió con la mirada. Estaba seguro de que nunca en su vida había visto un cuerpo más hermoso que el de su hermanita. Pero incluso la belleza de su cuerpo no era nada comparada con la de su rostro angelical; adornado con la hermosa sonrisa que se dibujaba en los labios bellos y relucientes.
Parecía a la vez un ángel, una mujer y una niña. Despertaba adoración, ternura y deseo a la vez. La rodeó por completo con sus brazos, y la chica se acurrucó contra él; acariciando suavemente su pecho.
Lincoln sintió por ella una oleada de adoración, que muy pronto se convirtió en un sentimiento de culpa y pesar. Especialmente porque ella abrió sus ojos, y lo contempló con una sonrisa radiante. Después, suspiró y lo abrazó con fuerza.
- LInky... Te amo tanto -musitó.
Aquello hizo que Lincoln se sintiera todavía peor. Abrazó a la chica con fuerza, y sus lágrimas comenzaro a brotar.
- Leni... Por favor... Perdóname -dijo en un susurro.
Aquellas palabras y el tono de su voz hicieron que la chica volteara. Se sorprendió y se preocupó mucho al descubrir que su amado lloraba.
- Linky... ¿Qué pasa, mi amor? -dijo, tomándole la cara para mirarlo.
El chico sorbió su llanto y la estrechó aún más fuerte, antes de contestar.
- Leni, yo... ¡Te hice sufrir tanto! ¡Pasé tanto tiempo negando lo que sentía por ti! Te hice sufrir... Te lastimé...
Al escuchar esas palabras, Leni sintió que su corazón se derretía. El cuerpo de Lincoln ya le había confirmado lo mucho que él la amaba. Pero ahora, al escucharlo de su boca se sintió tan conmovida, que empezó a sentir que sus ojos se nublaban.
- Ay, Linky...
La joven le acarició los cabellos y lo besó en las mejillas humedecidas.
- Leni... Te traté tan mal, y ahora no entiendo por qué -continuó Lincoln, tomando suavemente sus mejillas-. ¿Cómo pude hacerte eso sí yo te amo, hermanita? Pero lo peor, fue que me di cuenta de que tú me amabas... ¡Y de todos modos te hice sufrir! ¡Nos castigue a los dos, amor!
Leni se mordió los labios, y un llanto de felicidad afloró por fin de sus ojos. Apenas se atrevía a creerlo. ¡Por fin, Lincoln le estaba diciendo que la amaba! Se emocionó tanto, que comenzó a besarlo de nuevo el el rostro y en los labios. Luego lo estrechó con todas sus fuerzas, y se separó para tomar su cabeza y mirarlo directo a los ojos.
- Linky... ¡Ya no te preocupes más, chiquito! Eso ya no importa. ¡Olvídalo todo! Vamos a olvidar el pasado, ¿quieres? ¡Vamos a olvidar todos los días que sufrimos! Yo te amo también. ¡Dios, no sabes cuánto te amo, mi amor! He soñado tanto con este momento. Y ahora que lo tengo... No puedo...
Las emociones la desbordaban. Apenas atinaba a hilar las palabras. Volvió a llenar de besos los labios de Lincoln; y lo hizo con tanta ternura, que el chico comenzó a corresponder.
- Olvídalo todo, Linky -dijo, cuando pudo calmarse un poco-. Todo valió la pena. Por tenerte hoy a mi lado... ¡Todo valió la pena!
- Leni... -musitó él, antes de atraer su rostro para besarla de nuevo.
Estuvieron un rato sin hablar, expresando sus emociones solamente con besos y caricias. Se limpiaron las lágrimas el uno al otro, y sus rostros se iluminaron con sonrisas de felicidad.
Para Leni, lo que había ocurrido no era más que la confirmación de sus propios sentimientos, y el descubrimiento de que Lincoln la amaba tanto como ella a él. Para Lincoln, representó romper sus barreras mentales, y aceptar por fin unos sentimientos que guardaba en su alma desde hacía años. Leni siempre había sido su favorita, y no podía explicarse por qué. Amaba a todas sus hermanas, pero Leni siempre brillaba con una luz especial en su corazón. ¿Acaso era por su belleza? ¿Por su inocencia y su enorme ternura? ¿O por el inmenso potencial que escondía en su interior, y que solo él era capaz de ver?
Al final, poco importaba. Leni era la dueña de su corazón. Lo era desde hacía mucho tiempo, y quizá siempre lo fue; por más que sus prejuicios y su condicionamiento mental le impidieran reconocerlo y aceptarlo.
Ahora ya no había nada que pensar. Se habían demostrado su amor de la manera más pura posible. Se habían hecho el amor porque se amaban; porque sus corazones y sus cuerpos ya no estaban dispuestos a que se siguieran engañando a sí mismos. Su mente inconsciente ya no aceptaba que vivieran en el engaño, la ocultación y la mentira. Un amor tan grande no podía ser reprimido, no podía permanecer oculto. Quemaba tanto, que no podía permanecer para siempre en su interior. Tenían que vivirlo y afrontarlo, o languidecer en él para siempre.
Ahora tenían que ser muy valientes, fuertes y precavidos. Lincoln comenzó a pensar en ello mientras acariciaba el rosto y el cuerpo de su amada.
- Leni... De verdad te amo, pero... ¿te das cuenta de que esto no va a ser fácil?
La muchacha sonrió.
- Claro que sí, corazón. No soy tan tonta, ¿sabes? Yo sé que todo mundo va a estar en nuestra contra. Somos hermanos, y todo eso. Se supone que no debemos enamorarnos, ¿verdad? Pero lo estamos. ¡Lo estamos, Linky! Y yo, por lo menos, estoy bien segura de que nunca encontraré a nadie a que me pueda amar como tú.
Lincoln hizo una mueca.
- Len, por favor, ¡nunca vuelvas a decir que eres tonta! No lo eres, mi amor. Nunca lo has sido. Quizá antes eras algo despistada, ¿pero qué importa? Sabes perfectamente lo que quieres, preciosa. Solo una mujer inteligente como tú puede saber eso.
- ¡Gracias, mi amor! -dijo la chica emocionada, justo antes de premiarlo con un apasionado beso.
Lincoln correspondió, y el beso fue ganado en pasión e intensidad a cada segundo que pasaba. Muy pronto, sus cuerpos se llenaron nuevamente de deseo; sus caricias subieron de tono, y la excitación hizo presa de sus mentes y corazones. Una cosa llevó a otra, y el enhiesto pene de Lincoln visitó de nuevo el interior del cuerpo de su amada.
Esta vez, la entrega fue más pausada y todavía más placentera. No dejaron de besarse ni un solo momento. Leni, que nunca antes había tenido un verdadero orgasmo, ahora experimentó dos en rápida sucesión. Lincoln se dio cuenta muy pronto de lo que tenía que hacer para que su hermanita sintiera el placer supremo en esa posición; y de nuevo pudieron coordinarse para tener un orgasmo final casi al mismo tiempo.
Terminaron tan relajados que apenas pudieron evitar dormirse. ambos sabían que su familia no tardaría en llegar. Se fueron juntos al cuarto de baño para asearse un poco, y los dos se sorprendieron mucho de que les resultara tan natural estar desnudos el uno frente al otro.
Se despidieron con besos y caricias frente al cuarto de Leni, entre palabras de amor y promesas de que siempre estarían juntos. Cuando se fueron a dormir, solo podían pensar el uno en el otro; y en lo maravilloso que sería vivir juntos para siempre.
Por fin, los cuerpos de Lincoln y Leni han hablado, y se han dicho todo lo que sentían el uno por el otro.
¿Qué les espera? ¿Podrán mantener su relación, al menos por algún tiempo?
Pronto sabremos mucho más al respecto. Por causas de fuerza mayor, no puedo contestar aqui las reviews del episodio anterior. Pero lo haré en el siguiente capítulo. ¡Saludos a todos!
