Hola a todos, es lunes, media noche, minutos más, minutos menos y antes de ir a dormir, un capítulo más.
Como siempre, nada es mío y bla, bla, ya todos lo tenemos en claro…
Gracias a: Carolina por el beteo, me has ayudado bastante.
Por cierto… ¿les gustó el horario de Harry? Abajo pongo el de Draco… por si alguien le apetece verlo.
A leer:
HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
SEGUNDO LIBRO: "EL ÚLTIMO AÑO"
CAPÍTULO 11: "LO QUE ES UN AMIGO"
"Comprender es el principio de aprobar"
Baruch Benedict Spinoza (1632-1677)
Filósofo holandés, de origen judeoespañol.
15 de septiembre de 1998, Escuela de Magia y Hechicería de Hogwarts.
Durante el día siguiente Ron se las había arreglado para no cruzarse con él. Apenas y lo había visto a lo lejos saliendo del Gran Comedor y parecía realmente abatido. Por la tarde se sentó delante del lago, junto con el mapa del merodeador y un libro, decidido a estar solo. Estaba determinado a darle a Ron ese tiempo que necesitaba para asimilarlo todo… o al menos eso esperaba.
No había podido ubicar a Malfoy en toda la mañana. Supuso que estaría bien; tenía comida y parecía mucho más repuesto cuando lo había dejado. Al menos había tenido energía suficiente para pelear.
Vio por el mapa que Hermione se acercaba a él, sin embargo no se movió; espero en su sitio hasta que la chica llegó y se sentó a su lado. Tenía una mirada de resignación.
—Hey… te estuve buscando.
—Estaba aquí… tenía la sensación de que era mejor apartarme un poco.
—Tal vez… —coincidió ella mientras miraba hacia el lago.
—¿Qué tan enojado está?
—No está enojado. Sólo que aún no entiende…
—¿No te habrás disgustado con él o sí? — interrumpió Harry ligeramente angustiado.
—No, él sabe que estoy aquí y que sé lo que pasa… —Hermione se encogió de hombros ligeramente—. Se enfadó un poco porque yo lo supiera antes que él, pero ya se le pasó.
—Bien.
—Debes darle tiempo, Harry. Te dije que no sería fácil.
—Lo sé.
—Él te quiere, eres su mejor amigo; es sólo que algunas veces le cuesta aceptar ciertas cosas.
—Está bien.
—¿Tú como te sientes?
Harry sólo se encogió de hombros. En realidad sólo se sentía ligeramente aturdido. Hermione puso una mano sobre su hombro y Harry la encaró, ella le sonrió tímidamente.
—Dale tiempo, sólo eso.
*
Aunque no lo admitiría en voz alta, agradeció que Potter le hubiera traído tal cantidad de comida. No había tenido necesidad de salir de su habitación durante todo el día y había podido avanzar muchas de las tareas. Aún sentía un pequeño dolor en el costado pero era soportable así que decidió no emplear ninguna poción más; tenía que guardarlas por si las necesitaba a futuro, algo de lo cual estaba completamente seguro.
Ya era cerca de las seis de la tarde cuando escuchó, perturbadoramente cerca, aunque no en la misma habitación, la voz de Potter. Dio un salto por la interrupción a aquel silencio al que ya estaba acostumbrado.
—¿Eh… Malfoy?
Draco gruñó suavemente y se quedó en silencio, tal vez así se iría. Seguramente que regresaba a recordarle que lo había ayudado una vez más. ¿Por qué Potter tenía que andar ayudándolo siempre? Ah… claro, porque era el único Gryffindor tan noble para hacerlo, se respondió con cierta burla.
—¿Malfoy?
La voz sonaba mucho más fuerte y suspiró profundamente aún determinado en ignorarlo. Con lo que no contaba era con que el Gryffindor fuera tan entrometido como para entrar a la habitación.
—¿Por qué no contestas? ¿No oyes que te llamaba?
—¡Mierda, Potter! —chilló Draco girándose completamente para encarar a Harry —. ¿Quién te dijo que podías entrar?
—No contestabas y pensé que podías haber enfermado una vez más.
—No, no enfermé. Aunque quizá lo haga si sigues metiéndote a mi habitación sin permiso.
—Pudiste contestar.
—No se me dio la gana.
—Ya, claro.
Draco se cruzó de brazos y le dio una mirada fría —¿Qué es lo que quieres? ¿Qué te de las gracias por lo de ayer?
—No, es obvio que no sabes decir gracias, Malfoy —replicó Harry enfadado antes de darse la vuelta y salir nuevamente al pasillo. Antes de haber ido a la habitación de Malfoy había subido las escaleras hacia su propia habitación aunque no tenía muchos deseos de ir, y en el tercer piso se había acordado de Malfoy una vez más. Pensó que no estaría mal sólo cerciorarse de que estuviera bien, pero claro, Malfoy con todo seguía siendo el imbécil engreído de siempre.
Caminó con pasos rápidos hasta la sala común. En un rincón pudo ver a Ron, Hermione y Ginny conversando en susurros. Su mirada se cruzó un instante con la de Ron antes de subir hasta su habitación. Una vez dentro, se sentó en su cama y cerró las cortinas; realmente le apetecía que lo dejaran solo. No le daría la opción a Ron para seguir peleando.
Esa noche no bajó a cenar. Permaneció metido en su cama leyendo algunos folletos más que había conseguido sobre la escuela de Aurores. Cuando estuvo ya cansado de leer simplemente se tendió en la cama y cerró los ojos; pese a no haber hecho nada durante el día se sintió terriblemente cansado y no le fue difícil dormir rápidamente.
*
Draco terminó con la redacción que habían dejado para Transformaciones y suspiró mientras tachaba eso de su agenda sobre la pared. Con satisfacción vio que en verdad ya había terminado todos los trabajos pendientes y se sorprendió de sobre manera por eso ya qué por lo general siempre andaba con las justas de tiempo para terminar todo.
Claro que eso era antes, cuando tenía una vida, gente con quien hablar, amigos… todo lo que ya no tenía ahora. Trató de no dejarse abatir por aquellos malos pensamientos y se comió el último bollo que le quedaba en la canasta que Potter le había dejado. Mientras lo saboreaba recordó las palabras de Potter aquella noche "Es obvio que no sabes decir gracias" ¿Realmente esperaba que le agradeciera? No estaba en su naturaleza, no a Potter al menos, eran enemigos desde los once años, y sí, tenía que reconocer que había hecho mucho por él y por su madre, pero simplemente no se veía extendiendo la mano (la misma que Potter había rechazado en el tren tantos años atrás) y siendo agradecido. Era como pertenecer a una realidad bizarra, una diferente de la vida normal. Aunque claro, si lo veía de esa manera ya nada era como antes ni normal, y tal vez en esta nueva realidad agradecer a Potter no era tan mal visto. Negó con la cabeza y terminó de guardar todos sus trabajos alejando de su mente pensamientos tan inútiles.
*
Cuando había estado en cuarto año, Ron no le había hablado durante mucho tiempo, es más, casi nadie lo había hecho y de alguna manera se había acostumbrado a esa "soledad forzada"; se había sentido triste por ella pero la había llevado lo mejor posible. Esta vez él solo se había arrastrado a esa soledad. Trataba de permanecer el menor tiempo posible en la misma habitación que Ron, y por ende, de sus demás compañeros. Se pasaba las horas libres en la biblioteca y en el lago esperando el momento en que Ron decidiera volver a hablarle pero ya había pasado más de una semana y nada sucedía.
Levantó la vista del libro para distraerse un poco y miró alrededor. La biblioteca a esa hora estaba vacía y sólo unos cuantos alumnos de séptimo estaban estudiando. Una cabellera platinada llamó su atención. Se trataba de Malfoy que caminaba con lentitud hacia Madame Pince con un libro entre las manos. Harry no era tan experto en leer sus actitudes pero el rostro rígido, la lentitud al caminar, la forma como esos dedos presionaban contra el libro… al parecer Malfoy había recibido otra golpiza. Realmente le extrañaba que no se quejara, eso no estaba en su naturaleza. Antes se hubiera quejado si alguien hubiera siquiera osado tropezarse por accidente con él, sin embargo ahora parecía empecinarse en quedarse callado y dejar que las cosas pasaran.
Tal vez no tiene otra opción, se dijo cuando lo vio caminar hacia la salida mientras un par de chicos de Ravenclaw le daban unas miradas burlonas. Después de todo, ¿Qué iba a decir? ¿Qué lo atacaron sin provocación? ¿Qué sólo se defendía? Era obvio que le creerían a cualquiera menos a Malfoy. Ron le había hablado de las advertencias; si causaba problemas o se veía inmiscuido en algún lío lo más probable es que terminara encerrado, y por eso prefería callar, hacerse el valiente y no decir nada, en el fondo tenía bastante lógica.
Cerró el libro de DCAO que estaba leyendo y sacó un pergamino en limpio, puso el mapa del merodeador sobre la mesa y mirando atentamente para que nadie más lo viera empezó a estudiarlo y a escribir.
*
Llegó a su habitación casi con las justas y en cuanto lo hizo se dejó caer sobre el piso, levantó la túnica y el pantalón y vio que el corte en su pierna se había vuelto a abrir. Al parecer tendría que echarle más poción y esta vez evitar moverse, si no hubiera sido por que necesitaba ese libro para terminar con la tarea de Herbología…
Apretando un poco la mandíbula se puso en pie y se terminó de quitar la ropa. Sólo en ropa interior se tendió sobre la cama y aplicó nuevamente un poco mas de poción sobre la herida abierta. Sintió como la piel escocía suavemente, lo que significaba que estaba haciendo efecto, y cerró los ojos. Debía descansar un poco y dejar que la poción hiciera su trabajo antes de moverse nuevamente.
—Malditos Gryffindor —masculló fastidiado por el ardor, recordando a aquel grupo de idiotas que lo habían atacado durante la mañana cuando iba hacia el desayuno: Lewis Vivekananda, Idries Askew y Ginny Weasley. Se habían lucido de lo lindo con sus hechizos para herir y lastimar… y lo peor de todo era que le habían hecho perder el desayuno. Lo bueno era que el resto del día no tendría más clases. Slytherin iría a DCAO, pero como él tenía prohibido tomar esa clase podía quedarse allí hasta que se sintiera mejor, lo que probablemente sería hasta la noche.
De repente su estómago dio un rugido de descontento y extrañó la comida que Potter le había traído unas semanas atrás…
*
Malfoy no había aparecido para el almuerzo. Sabía que aquel día ya no tenía clases pero igual se le hacía raro no verlo, se preguntó si realmente estaría demasiado herido.
Luego de terminar con la clase de DCAO donde la profesora Loewenthal insistía en que fuera él quien diera los ejemplos de la forma correcta de realizar los hechizos de defensa (aquello realmente le enfadaba) y cenar, tomó sus cosas y caminó nuevamente hacia las cocinas esperando poder conseguir algo de comida y llevársela a Malfoy.
¿Por qué lo hacía? ¿Por qué se preocupaba de alguien que ni siquiera le daría las gracias o una mirada agradecida? No lo sabía. Tal vez porque se sentía solo y en el fondo quería creer que aún podía ayudar a alguien, o porque no tenía nada más que hacer y quería mantenerse alejado de su torre el mayor tiempo posible.
*
—¿Malfoy?
—Oh, mierda —murmuró Draco entre abriendo los ojos —. Dime que estoy soñando —dijo mirando hacia Harry y no creyendo que el chico se hubiera colado en su habitación una vez más.
—¿Quieres soñar conmigo? —preguntó arqueando una ceja. Draco frunció el ceño y se sentó un poco en la cama.
—Déjame adivinar. No encontraste una buena acción para el día y pensaste que tal vez yo necesitaría una —trató de parecer realmente enfadado y quiso evitar a toda costa encarar esos ojos verdes que lo miraban de esa manera tan extraña… se podía decir que era intensa. Debía ser la ausencia de gafas, eso era.
—Más o menos —respondió Harry sentándose en la silla frente a la cama de Draco. No quería admitirlo pero esperaba que Malfoy no se diera cuenta pronto que estaba sólo en ropa interior. Esa era una imagen bastante perturbadora. Había pasado los últimos… tal vez cinco minutos observándolo dormir, y por qué negarlo, mirando atentamente su pálida piel y sus músculos ligeramente marcados, su abdomen plano y su pecho que subía y bajaba lentamente, sus piernas, largas y apenas con una pequeña pelusa casi invisible. Había descubierto que Draco Malfoy, sobre una cama y desnudo, era mucho más atractivo de lo que podía haber imaginado y realmente, tratándose de Malfoy, ni siquiera lo hubiera pensado… debía recordarse que se trataba de él, Malfoy; no sólo el odioso compañero de clases sino un heterosexual, uno de aquellos a los que no se podía acercar.
Trató de alejar todo pensamiento irracional de su cabeza. Todo se debía a estar en abstinencia durante tanto tiempo… eso debía ser. Se había acostumbrado de una u otra forma a Fabio y estar encerrado allí no era bueno para su salud mental, tal vez podría escapar pronto… al menos por un rato.
—Busca otro con quien hacerlo —Draco finalmente pareció notar su desnudo por que rápidamente jaló una de las sábanas y se cubrió completamente —, y deberías aprender a tocar antes de estar entrando así no más.
—Llamé, pero no contestaste.
—Estaba durmiendo.
—No bajaste a comer.
—¿Ahora me espías? —preguntó Draco mirando directamente a Harry y con un tono un tanto agresivo.
Harry suspiró profundamente y desvió la mirada hacia el escritorio señalando una nueva canasta —Te lo traje porque supuse que no habías comido nada.
—¿Y eso te importa por qué…?
—No quiero que encuentren que te has muerto de hambre o algo por el estilo, no en mi último año al menos —Harry sonrió de una manera distinta a la que jamás había visto Draco —. Pretendo romper con la tradición, ya sabes…
—Oh, que loable —bufó Draco mirándolo con un poco de enojo —, pero no soy ningún muerto de hambre.
—No, aunque si estás algo flaco.
—Idiota, encima te has dedicado a observarme.
—Tú eres el que estaba sobre la cama, exponiéndose.
—¡Estaba dormido! —automáticamente jaló las sábanas un poco más arriba. —¡En mi propia habitación!
—Ya, como sea —Harry se encogió de hombros, disfrutando de alguna manera de la actitud de Malfoy y su intento por cubrirse —. Ese corte que tienes allí es muy feo, tal vez deberías dejar que la enfermera te revise.
—Ni lo creas Potter, no lo haré, yo solo me puedo curar.
—¿Por qué no te quejas?
—¿Por qué no te metes en tus asuntos?
Harry apretó los labios un instante y luego suspiró profundamente —Te traje esto —dijo entregándole un pergamino enrollado.
—¿Una carta de amor, Potter? —Harry palideció por un instante mientras Draco abrió los ojos como plato, seguro de que lo que acababa de decir no era para nada correcto. Ni siquiera sabía porque se le había ocurrido decir tremenda estupidez.
—¿Qué cosa es? —Su voz sonó más temblorosa que antes y Harry simplemente negó con la cabeza.
—Son atajos. Conozco muchos, demasiados, para que puedas ir por el castillo sin cruzarte con demasiada gente.
—Yo también conozco atajos —replicó Draco dejando el pergamino sobre la cama.
—Sí, pero estos no, créeme —se puso en pie y se revolvió el cabello —. Te servirán, en serio.
—Podría ser una trampa para que ustedes los leoncitos se venguen de este mortífago malo.
—Tú no eres un mortífago malo —replicó Harry y Draco bufó sonoramente —, y además, los leones no atacamos en grupo o ponemos trampas, Malfoy.
—¿Estás seguro de eso, Potter?
Algo en el tono de Malfoy, su ceja ligeramente levantada, la palidez de su rostro, no supo bien el qué pero algo lo hizo dudar, desvío la mirada hacia la pierna cubierta y luego de vuelta a esos grises ojos —¿Fueron… Gryffindors?
Draco sólo se encogió de hombros, pero no agachó la mirada; que el niño dudara de la nobleza de su casa, si es que no estaba al tanto realmente, claro.
—No creo que… —Harry frunció el ceño dándose cuenta que realmente no sería capaz de asegurar que sus compañeros, o no todos al menos, hicieran algo así como molestar a alguien que saben que no puede lanzar hechizos de defensa, y más aun, entre más de uno —Olvídalo…
—Claro, te andas metiendo en mi habitación… eso no es algo que se pueda olvidar, lamentablemente.
—Bien… —Harry no supo que más decir y simplemente decidió que era el momento de regresar. No podía negar que aquella discusión con Malfoy de alguna manera le había ayudado a distraerse del problema principal, al menos por un rato.
—¿Y por qué ya no usas gafas? —preguntó curioso cuando Harry ya se giraba para salir.
—¿Eh?
—Gafas… ya no te puedo decir cuatro ojos.
—Oh, las gafas —Harry se encogió de hombros, estaba cansado de responder a esa pregunta.
—Aja.
—Una mañana desperté y ya no las necesitaba… aunque las extraño algunas veces.
—¿No las necesitabas? Así sin más.
—Así sin más.
—Oh…
—Adiós, Malfoy —dijo finalmente saliendo. Al menos esta vez no habían terminado peleando. No del todo, claro.
*
La sala común estaba como cada viernes; llena de chicos de los últimos años riendo y conversando en todos los rincones, alguna pareja haciéndose arrumacos en alguno de los sofás y en el fondo el sonido de alguna radio con música que no conocía. Más que nunca deseó estar fuera de la escuela, tal vez en Grimmauld Place, o en cualquier lugar alejado de todos…
Varios de sus compañeros lo saludaron con las manos y lo invitaron a unirse al grupo, sin embargo no se sentía con ánimos. Ron, que estaba junto a Neville, Dean, Seamus y Vance no parecía muy cómodo tampoco, a pesar que los demás chicos reían, decidió hacer lo mismo que había estado haciendo durante las últimas dos semanas, subió por las escaleras hasta su habitación y se metió en la cama.
*
Con un emparedado en la mano se sentó sobre la cama con bastante cuidado de no mover demasiado la pierna y abrió el pergamino que Potter le había traído. Era una descripción bastante elaborada de muchos atajos que Draco ni siquiera había creído que existían, incluso había uno que lo llevaba desde el segundo piso hasta un pasadizo cercano a la puerta del Gran Comedor. Con una pluma marcó ese como uno que debía investigar, junto con otro para llegar a la biblioteca. Para las aulas donde tenía clases era más complicado, supo que tendría que salir mucho más temprano para usarlos, en realidad no eran atajos propiamente dichos, solamente lugares por los cuales moverse sin ser muy visto.
Aceptó que tal vez Potter no lo engañaría. Al parecer el chico no mataba ni una mosca y por alguna extraña razón andaba solo. Eso le extrañó bastante. Lo había visto en clases, llegaba solo a clases y se iba de la misma manera. Ya no hablaba con la comadreja y sólo algunas veces con Granger o con la Weasley, ¿Sería que sus amigos se habían hartado finalmente de él y no lo querían más junto a ellos? No… Eso era algo improbable, seguramente Potter había hecho algo que sus amigos no toleraban y por eso ese comportamiento. Pero ¿Qué demonios podría haber hecho el perfecto y siempre bien portado héroe?
Negó con la cabeza.
—¿Por qué mierda estoy pensando en Potter? —dijo en voz alta y dejó el pergamino a un lado, se estiró lo suficiente para llegar a la mesa de noche y sacó un atado de pergaminos. Durante ese mes en la escuela su madre le había escrito casi todos los días, siempre preguntándole acerca de cómo se encontraba, si comía o no y si alguien lo estaba molestando o amenazando.
Draco había aprendido a responder a esas cartas con un "Madre, me encuentro bien, bastante atareado por los cursos" acompañado de "La comida aquí siempre ha sido buena, pero no puedo negar que extraño tu comida" y finalmente un "No soy el más popular de la escuela, pero al menos nadie se mete conmigo, lo que hace que pueda estudiar un poco más y obtener buenas calificaciones". No tenía caso llorarle a su madre, después de todo ella ya le había hecho saber lo inútil que era eso, que de nada servía, ahora sólo le quedaba sujetarse a lo que viniera y tratar de salir adelante por ambos.
Al menos sus calificaciones no eran despreciables. Seguro no era tan bueno como Granger en Estudios Muggles o como el idiota de Longbottom en Herbología pero los profesores, pese a que algunos realmente lo deseaban, no podían reprobarlo, podían obviar sus participaciones en clase, menospreciar sus prácticas, pero no reprobarlo.
Le animaba estar aventajando a los demás en Pociones. Agradecía infinitamente que no le hubieran negado esa clase, era la que más disfrutaba en realidad; el profesor Monroe había alabado varias veces su trabajo delante de los demás y siempre obtenía muy buenas notas en los ensayos, si seguía estudiando de esa manera estaba seguro que obtendría unos muy buenos resultados al finalizar el curso. Aunque claro, no podría hacer mucho con esos resultados cuando se graduara. Sólo esperaba que el Ministerio lo autorizara a trabajar y de esa manera ayudar a su madre con el oro para la casa.
Se dejó caer sobre la cama nuevamente, abatido por la cantidad de problemas que tenía encima como le sucedía cada vez que pensaba en el futuro tan incierto que le esperaba, y permaneció despierto, mirando hacia el techo durante casi todo el resto de la noche.
*
Tuvo un sueño muy extraño. Estaba caminando por uno de los pasillos de la escuela, al parecer era de noche, porque las antorchas apenas e iluminaban el camino, cuando lo escuchó; un terrible grito que lo asustó. Sobresaltado corrió tratando de llegar hasta donde provenía el ruido y cuando lo hizo frenó en seco al ver a Malfoy tendido en el piso bañado en sangre. En una mano tenía el pergamino que le había dado poco antes con los atajos del colegio y alrededor de Malfoy había un grupo de chicos, era extraño pero no podía identificar sus rostros, aunque estaba seguro que los conocía.
—¡Basta! —gritó con fuerza, pero nadie se giró, nadie hizo ningún movimiento que demostrara que lo habían escuchado.
—¡Basta! —repitió con más fuerza mientras avanzaba más hacia Malfoy. Intentó empujar a uno de los chicos y entonces notó que no podía, que estaba rodeado con algún tipo de capa que lo cubría totalmente y que actuaba también como un campo, no podía empujar ni sacar las manos para defender a Malfoy que jadeaba mientras se sujetaba el estómago con una mano empapada de sangre. Su pálido rostro estaba bañado en sudor y por un momento los ojos de Malfoy se conectaron con los de él, parecía pedir ayuda, de alguna manera mucho más frágil e implorante de lo que jamás lo había visto.
—Ahora que ya le hemos dado su merecido, vayamos por Potter, él es otro de ellos —dijo la voz inconfundible de Ron, aunque no pudo ubicar su rostro. Los ojos de Malfoy brillaron más que de costumbre antes de que se dejara caer completamente sobre el piso. El corazón de Harry golpeó con más fuerza y trató de acercarse a él pero no podía, lo que fuera que lo cubría lo tenía demasiado controlado.
—¡Por Potter! —gritaron las voces de los demás pero eso a él no le importaba, sólo el que Malfoy estuviera en el suelo casi como si estuviera muerto…
Empezó a gritar con desesperación por no poderse quitar aquello que lo rodeaba, sentía que sudaba y que su corazón latía cada vez más rápido, se sentía claustrofóbico mientras se retorcía con fuerza hasta que tropezó y cayó contra el frío piso…
Cuando abrió los ojos estaba enredado entre sus propias sábanas y en el piso de su habitación en la torre de Gryffindor, sus demás compañeros se habían puesto de pie y lo miraban preocupados. Una mano; la de Neville, lo ayudó a ponerse en pie.
—Harry, ¿Qué pasó?
—Sólo una pesadilla —murmuró apenas. Pudo ver al fondo, sentado sobre la cama a Ron, parecía algo indeciso entre acercarse o no.
—¿Te duele algo? —preguntó esta vez Seamus.
Harry solo negó con la cabeza antes de desviar la vista de Ron y encarar a sus demás compañeros, todos en pijamas y mirándolo con cierto… ¿terror?
—No pasa nada, tuve un sueño, nada más —dijo una vez más y se metió en la cama —. Lamento haberlos despertado.
Sus amigos apenas e hicieron unos cuantos asentimientos y se metieron nuevamente a sus propias camas. Ron seguía sentado mirándolo por momentos, Harry no estaba seguro, pero sentía que tal vez Ron le quería decir algo.
—En serio, estoy bien, no es nada de eso —aclaró hacia Ron temiendo que el chico creyera que estaba soñando con Voldemort nuevamente.
Ron sin embargo no comentó ni hizo ningún gesto, simplemente se volvió a arropar y cerró las cortinas de su cama. Harry dio una mirada al reloj, eran ya las cuatro de la mañana. Aún se sentía alterado y se pasó mucho más rato mirando el techo y meditando acerca de su sueño y lo que podía significar.
*
Lamentó que Potter no tuviera un atajo para llegar a la lechucería, pero el ser sábado y estar helando, hacía que al parecer no muchos alumnos tuvieran ganas de levantarse aún, así que muy temprano, caminando lentamente y evitando forzar más de la cuenta su pierna avanzó por los pasillos para enviar la carta a su madre. En esta última le preguntaba si realmente todo estaba bien, de pronto había amanecido con un sentimiento de preocupación, estaban tan lejos y no tenía la certeza de la situación en que su madre se encontraba.
No bajó a desayunar, tenía aún comida en la habitación y se encerró a estudiar nuevamente, era al fin lo único que hacía, estudiar y escapar de las venganzas que algunos de sus compañeros le tenían preparadas.
Miró en su horario y recordó que el lunes siguiente le tocaba la revisión de varita y entrevista con los "Grandiosos Aurores" —Genial —bufó en voz alta. Realmente si había algo que odiaba más que estar a merced de sus compañeros de escuela era estar a merced de los aurores, pues ellos, a diferencia de sus compañeros, eran magos calificados y autorizados para realizar cualquier hechizo que se les antojase y hacerlo correctamente además, y lo peor de todo, ellos si podían encerrarlo en Azkaban.
*
Aunque no sabía bien la razón, durante todo el domingo no había podido sacarse de la cabeza el sueño tan extraño que había tenido con Malfoy y sobre todo las palabras de los atacantes, "Vayamos por Potter, él es otro de ellos" ¿Otro de qué? Él no era un mortífago, era lo único que se le ocurría que podía ser Malfoy, (o que podían pensar que era, porque a él le constaba que no era un mortífago, no tenía la marca) ¿Un traidor tal vez? No, eso tampoco podía ser porque él no era un traidor, en todo caso la que había engañado a Voldemort había sido Narcissa, no Draco. Definitivamente no tenía ningún sentido. A menos que fuera simplemente una forma de reaccionar ante el conocimiento de que Malfoy estaba siendo molestado en exceso y que lo más probable es que fuera también por algunos compañeros de Gryffindor. Eso debía ser, simplemente un sentimiento de culpa.
Cerró el libro que fingía leer cuando Hermione se acercó a él, parecía algo preocupada.
—Hola.
—Hola.
—¿Qué tal estás? —preguntó mirándolo de manera inquisidora —. ¿Cómo te sientes?
Harry arqueó una ceja y giró rápidamente. Al otro lado de la sala común Ron y Ginny lo observaban, ambos al verse descubiertos retiraron la mirada y Harry suspiró.
—Mira…
—No, mira tú —interrumpió Hermione —el que Ron por ahora no se adapte a… bueno, tú ya sabes a qué —Harry sólo le mantuvo la mirada algo resentido porque ni siquiera ella podía decirlo en voz alta —, eso no quiere decir que no se preocupe por ti…
—Ya.
—Harry… ¿Qué soñaste anoche? ¿Tuviste una pesadilla?
Harry se sintió ligeramente culpable; sus amigos habían estado pendientes de sus pesadillas durante años y ahora que todo había acabado era lógico que se asustaran si es que el problema reincidía.
—Sí —admitió —, pero no de ese tipo, lo juro, Hermione.
—No tienes que jurarlo… —replicó ella, parecía mucho más tranquila.
—Soñé que golpeaban a alguien y que yo no podía detenerlo…
—Oh…
—No tengo en claro que puede significar… fue algo muy extraño.
—Tal vez… —Hermione se mordió el labio ligeramente, como cuando trataba de decir algo con más delicadeza de la que normalmente usaba.
—¿Sí?
—Tal vez ahora que… ya sabes, Voldemort no está… necesitas tratar de ayudar a alguien más.
Harry bufó —No tengo complejo de héroe.
—¿Quién era al que no podías ayudar?
—Nadie —dijo rápidamente Harry. No le había dicho nada a Hermione de sus visitas a Malfoy y prefería que permanecieran en secreto.
—¿Nadie?
Harry se encogió de hombros —No lo sé…
—De pronto y ese nadie eres tú, al que inconscientemente quieres ayudar y crees no poder —resolvió ella finalmente.
—Pues…
—Pero al fin los sueños muestran nuestros miedos y ansiedades… —murmuró más para ella que para Harry —¿Seguro que no era Ron?
—No, definitivamente no era Ron.
—Bueno… —Hermione dio una mirada atrás donde Ginny y Ron permanecían aparentemente a la espera —¿Por qué no vienes con nosotros?
Harry hizo una mueca —No quiero molestar e imponerles mi compañía y además aún quiero terminar de leer esto —dijo levantando un poco el libro que tenía entre las manos.
Hermione no objetó nada más, simplemente asintió y se puso de pie para reunirse con Ron y Ginny. Los tres se enfrascaron en una conversación entre cuchicheos y Harry supuso que estaban hablando de él; no le apetecía seguir allí así que se fue de nuevo a su habitación, aun era temprano pero al parecer últimamente se estaba acostumbrando a dormir temprano al no tener ánimos de hacer nada más.
*
—Buenas tardes, profesora McGonagall —saludó respetuosamente al entrar a la dirección. La profesora McGonagall que leía en el escritorio le hizo un ligero asentimiento y le señaló la chimenea.
—Debo decir que espero que esté a tiempo para la siguiente clase, de lo contrario el profesor puede quitarle puntos.
—Sí, profesora —Draco dio una mirada alrededor. El cuadro de Dumbledore lo observaba en silencio, su mirada no parecía siquiera de acusación, y Snape… seguía allí con la misma mirada altanera. Tomó una pequeña cantidad de polvos flú y antes de lanzarlos alisó su túnica nuevamente, odiaba esas visitas, realmente lo hacía —Al Ministerio de magia, sección veintisiete D.
*
Estaba acostumbrado a cruzárselo en el cambio de hora, cuando él y sus compañeros salían del invernadero y Slytherin y Hufflepuff llegaban, y le extrañó mucho no verlo. Durante la mañana, en la clase doble de pociones, había estado allí sin parecer enfermo ni convaleciente, es más, incluso había ganado 10 puntos para su casa por reconocer un antídoto a tiempo. Se preguntó si es que no le habría pasado algo después del almuerzo, algo que lo lastimara o dañara de alguna manera y le impidiera estar en clases, aunque claro, de ser así ya la escuela entera lo sabría y no había escuchado ningún rumor.
—Hey —dijo Ginny enganchándose a su brazo —¿En qué piensas tanto?
—Hola, Ginny —farfulló fastidiado tratando de ser amable y soltarse un poco de su agarre, pero la chica no parecía dispuesta a dejarlo ir.
—Te noté ausente durante la clase… ¿Sigues enojado con Ron?
—Yo no estoy enojado con él y, sinceramente Ginny, eso es algo entre él y yo.
—¡Ay, por favor! —suspiró ella negando con la cabeza, su cabello rojo se agitó de un lado a otro dejando un olor a flores en el aire —. Sé que Ron está enojado por nosotros… yo creo que si ve que nos llevamos bien entonces se le pasará el enojo… mira que ya no es tan divertido hacer las tareas sin ti.
—Te repito, no es asunto tuyo… —se soltó finalmente del agarre de la chica en el momento que Ron y Hermione los pasaban, Ron le dio una mirada de advertencia y Harry suspiró agotado.
—Si te comportas de esa manera mi hermano seguirá molesto contigo.
—El que tu hermano esté molesto conmigo no tiene nada que ver contigo, deja de creerte el centro del mundo y déjame en paz —Harry agarró con más fuerza la mochila y esquivó a los últimos alumnos de Hufflepuff que entraban ya al invernadero. Malfoy no había aparecido.
Sin muchos deseos de cenar caminó hasta el tercer piso, pero antes hizo una parada en uno de los baños del segundo piso y se puso la capa de invisibilidad encima, cuando llegó al tercer piso ni siquiera se molestó en llamar, simplemente susurró la contraseña y entró. La habitación, tan ordenada como siempre, estaba vacía. Se deshizo de su capa y por un momento se dirigió a sentarse en la cama pero pensó que eso sería algo que a Malfoy no le gustaría, así que optó por la silla frente al escritorio, miró alrededor y no notó nada extraño así que sacó el mapa de merodeador y empezó a buscar los lugares donde Malfoy podía estar, pero no aparecía por ningún lado.
Vio a Ron, Hermione y Ginny en la biblioteca y se sintió de pronto un poco abandonado. Aunque si era honesto, él tenía cierta parte de culpa en ese abandono, podría ir e imponer su compañía, tensar las cosas hasta que Ron reaccionara y le dijera si aceptaba que era gay o simplemente que la amistad se había terminado. Y era eso a lo que realmente le temía; a que Ron le dijera eso último, que definitivamente no quisiera ser más su amigo, porque en la situación actual, si bien todo era tenso, también era incierto. Ron no se había negado por completo a ser su amigo.
Suspiró y pensó que lo mejor era esperar a Malfoy, asegurarse que nada malo le había pasado y luego ir a su sala común. Sacó de la mochila el libro de herbología y comenzó a estudiar sobre el escritorio de Malfoy, esperando que el chico no se tardara realmente mucho.
*
Miró hacia el reloj por enésima vez en la tarde, sabía que ya iba tarde para la clase de Herbología pese a la advertencia de McGonagall, pero, como siempre, no había nada que pudiera hacer así que simplemente se mordió la lengua para no seguir reclamando y se dedicó a esperar.
Aproximadamente media hora antes uno de los aurores, uno al que no había visto antes salió a llamar al siguiente entrevistado. Draco había aprovechado para reclamar que tenía que volver a la escuela pronto, que la profesora McGonagall había coordinado que la hora de la visita fuera a las tres para que no faltara a clases. El auror sólo se había encogido de hombros y había dicho que no habían recibido ninguna comunicación de la profesora, que lo más probable es que esta nunca hubiera llegado y que de todas maneras son los aurores los que organizan sus horarios, no los Ex - mortífagos o los maestros de estos.
Cuando lo dejaron pasar ya eran más de las siete, se había planteado el volver a la escuela, pero sabía que los aurores se agarrarían de cualquier cosa o pequeño error para encerrarlo y no les daría el gusto. Así que cuatro horas después de la hora en que se suponía tenía su inspección por fin pudo entrar a la oficina de aurores.
Lo recibió la mirada hostil de siempre, las preguntas estúpidas de rutina, la comprobación de varita, el esperar a que el inepto auror llenara el formulario correctamente, y luego firmar. Cuando terminó ya eran más de las ocho, incluso se estaba perdiendo la cena.
Apretando los puños y caminando con pasos rápidos usó la red flú para volver a la escuela, cuando aterrizó en la oficina, la profesora McGonagall lo esperaba, aún sentada tras el escritorio, con una gran pila de pergaminos y su clásica mirada severa.
—Señor Malfoy, llega usted tarde.
—Lo siento —masculló quitando el hollín de su túnica.
—¿Qué fue lo que pasó? Lo esperaba hace horas.
—Al parecer creyeron que mi visita estaba programada para las siete, no para las tres, y recién decidieron notificármelo a esa hora.
McGonagall frunció el ceño y asintió —Creo que tendré que hablar con ellos nuevamente. No puedo permitir que se salte clases…
—No, en serio profesora —objetó Draco rápidamente, la profesora frunció mucho más el ceño y asintió lentamente.
—Si es lo que desea… aunque no entiendo…
—En serio, profesora, no es necesario que hable con ellos, esto seguramente no se repetirá —ante la afirmación de cabeza de la profesora McGonagall, Draco se sintió algo incómodo y carraspeó un poco —Bueno… me voy a…
—Espere, Señor Malfoy, aún tenemos un par de cosas que hablar.
—¿Hablar?
—Si me hace el favor —pidió señalando una de las sillas desocupadas delante del escritorio —, hay un par de temas que me preocupan.
Draco asintió y espero que Potter no se hubiera ido de boca y hubiera hablado del par de ataques que había sufrido, si lo había hecho no le importaría recibir luego un castigo, realmente lo machacaría.
—Estoy algo preocupada. Durante el tiempo que lleva aquí el Ministerio ha pensado que lo correcto sería restringir su correo…
—¿Restringir? —Draco se tensó un poco más —. No pueden restringirme eso, sólo mi madre me escribe y ella…
—No, no me estoy dejando entender —lo interrumpió la profesora —, su correspondencia ya ha sido restringida, desde el primer día —Draco abrió la boca para replicar pero la profesora lo ignoró completamente —. De no haberlo hecho usted hubiera recibido más cartas además de las de su madre, me refiero a cartas no muy agradables de magos y brujas que aún siguen enojados con su familia.
—Oh.
—Y como comprenderá estoy preocupada porque en la escuela aún hay muchos alumnos hijos o familiares de personas que han sufrido durante la guerra a causa de los mortífagos —la profesora se adelantó un poco más y miró fijamente hacia Draco —. Sé que no habla usted con ninguno de sus compañeros, que apenas terminan las clases sale corriendo y no se detiene a siquiera saludar a nadie y estuve pensando… ¿Ha recibido usted algún tipo de maltrato en la escuela?
Draco la miró fijamente y por un momento pensó en decir que si, en dar nombres y quejas, en enseñar el par de nuevas cicatrices que cargaba y lo mucho que le costaba ya encarar a todos ellos, pero se recordó que aquello de nada serviría, que no había nada que la profesora pudiera hacer para ayudarlo, que se debía sentir afortunado por tener un cuarto para él solo y de esa manera evitar mayor contacto — No, profesora, nadie me ha amenazado ni atacado.
—¿Los profesores son justos con usted?
—Sí, también lo son.
La profesora McGonagall suspiró y negó con la cabeza — Bien, Señor Malfoy, le creo, ahora puede retirarse.
Draco asintió y se puso en pie, dispuesto a salir antes que la profesora decidiera seguir haciendo preguntas o indagando y preguntándose además si aquel interrogatorio se había debido única y exclusivamente a esas cartas o si realmente Potter había dicho algo más.
Cuando salió de la oficina de la directora recordó uno de los tantos atajos que Potter le había dado, en realidad no tenía hambre, se sentía demasiado molesto para bajar a cenar, sobre todo a la hora en que sabía no habría ningún profesor en el Gran Comedor, así que simplemente caminó hasta su habitación.
Y cuando entró lo encontró. Con la cabeza sobre el escritorio, el cabello desordenado sobre la frente y un libro a un lado, Harry Potter estaba durmiendo, sentado en la silla, delante de su escritorio, en su habitación. El muy inmiscuido se había colado de nuevo en SU habitación.
*
Harry dio un salto y buscó a ciegas la varita en el bolsillo de la túnica cuando sintió un golpe en el hombro. Un golpe demasiado fuerte. Parpadeó asombrado cuando se dio cuenta de que se trataba de Malfoy, de un Malfoy al parecer bastante enojado. Apartó lentamente la mano del bolsillo de la túnica mientras se estiraba completamente.
—Bien, Potter, te lo diré una vez más, a ver si está vez te queda claro —dijo Draco con voz fría ignorando la actitud tan alarmada de Potter —Está —dijo extendiendo las manos —, es MI habitación. Tú tienes la tuya en la sala común de Gryffindor, gracias a Salazar muy lejos de aquí.
—Oh —Harry se enderezó completamente sintiendo su espalda crujir por la posición en que había dormido —¿Qué hora es?
—No soy un reloj, Potter —respondió Draco cruzándose de brazos.
—Ya, me quedé dormido.
—Me di cuenta.
—¿Dónde estuviste? —preguntó obviando el fastidio en la voz de Draco y guardando el libro en la mochila —No fuiste a la última clase.
—Ese no es tu asunto.
Harry se pasó las manos por el cabello y se puso en pie —Entonces si estás bien. Pensé que te podían haber atacado o algo.
—¿Quieres dejar eso ya? —bufó Draco sentándose en la cama. —Y más te vale no decirle a nadie sobre eso.
—Todos lo saben, Malfoy.
—Me refiero a uno de los profesores, sobre todo a McGonagall, si le dices algo juro que me las pagarás.
—Ya y cómo, ¿me harás cosquillas hasta matarme? —replicó Harry colgando la mochila en su hombro, realmente empezaba a molestarle la actitud de Malfoy.
—No necesito una varita para ponerte en tu lugar, hablas con un mortífago, ¿Lo olvidas acaso?
—Tú no eres un mortífago, Malfoy, podrás hacerte el malo y los demás podrán creerte, pero yo sé que no lo eres.
—Potter, lárgate —gruñó Draco mirándolo con rabia.
—¿No me dirás si te pasó algo?
—No me pasó nada. ¿Estás contento? Ahora lárgate que tengo muchas cosas que hacer.
—¿Cenaste?
Draco puso los ojos en blanco y simplemente decidió ignorarlo no creyendo la terquedad del chico, y sobre todo, no entendiendo la razón por la que Potter estaba tan interesado en él y en lo que le pasara.
—Si no has cenado puedo traer algo… yo tampoco lo he hecho y…
—¡Demonios, Potter! — gritó Draco poniéndose en pie —¿Qué mierda te pasa? ¿Por qué demonios andas tras de mí?
—No ando tras de ti. Sólo me preocupo porque no me parece justo que te ataquen y que no te quejes.
—Ese es mi maldito problema, no el tuyo, no seré tu nueva obra de caridad.
Harry entrecerró los ojos y estuvo a punto de replicar pero decidió guardarse sus insultos, no necesitaba alterarlo más. Simplemente se dio la vuelta y se cubrió con la capa de invisibilidad antes de salir con pasos rápidos. Se sentía enojado y frustrado ¿Tan difícil era aceptar ayuda de vez en cuando para Malfoy?
*
En cuanto escuchó el cuadro del Hada Hermosa cerrarse nuevamente lanzó una patada contra la cama, luego jaló las sábanas con rabia hasta el piso, le siguieron algunos libros que volaron por toda la habitación. Respirando entrecortadamente se dejó caer al piso. En su mente ya no estaba Potter si no la preocupación por lo que la directora había dicho; estaba recibiendo amenazas que el Ministerio no dejaba pasar, ¿Qué tal si su madre también las estaba recibiendo y lo estaba ocultando?
Pensando en que tenía que cerciorarse de eso se puso en pie y con letra temblorosa empezó a escribir, rápido y directo al punto; le explicó que la profesora McGonagall le había dicho lo de las amenazas y quería saber si ella también estaba recibiendo ese tipo de cartas, si había hablado con los aurores al respecto y sobre todo si estaba siendo cuidadosa. Más que nunca maldijo tener que pertenecer a esa prisión en que se había vuelto la escuela y no poder cuidar a su madre. Lo único que le quedaba ya.
*
Harry entró en la sala común resoplando fastidiado y se dejó caer en uno de los sillones libres frente a la chimenea, tratando de calmarse y siguiendo el movimiento de las llamas, pensando en Malfoy y su terrible actitud, y en el sueño, empezaba a comprender. Él no podía ayudar a Malfoy y eso le frustraba, era eso lo que lo hacía sentir impotente, el no poder ayudar a alguien en algo tan simple como mantener a los demás a raya para que no lo maltrataran. Pero no había nada que pudiera hacer si Malfoy no se dejaba ayudar.
El sonido de la risa de unos chicos lo distrajo, eran carcajadas bastante fuertes y decidió prestar atención, sólo por alejar su mente de Malfoy.
—Pero el idiota ni se defendió, simplemente nos miró con odio, como si así fuera a provocar algo y entonces cayó de bruces contra el primer escalón, hubieras visto su cara… —Harry reconoció al chico, se trataba de Maurice Hawes, era de séptimo y estaba con él en casi todas sus clases, aunque pertenecía al grupo de Ginny, alrededor estaban los otros chicos de la clase, riendo animadamente. Algo amargo subió por su garganta y se puso en pie con rapidez, caminando hacia el grupo con pasos largos y mirada furiosa.
—¿A quién le hicieron eso?
—Oh, hola Harry —saludó Ginny. Harry recién notó la presencia de la chica en el grupo —, sólo hablábamos de Malfoy…
—¿En serio? —preguntó apretando los dientes.
—Sí —respondió con orgullo Hawes —, el otro día nos lo encontramos camino a la biblioteca y le dimos un poco de su propia medicina.
—Es decir… tú y…
—Nosotros —contestaron a la vez otros dos chicos: Lusk y Pennymon, sonriendo y con la mirada brillante era como si esperaran que Harry los felicitara por eso y pensó que tal vez eso sería lo que haría.
—Vaya… ustedes tres ¿Eh? —dijo Harry apretando los puños, no recordaba haber visto a Malfoy luego de que se hubiera dado un golpe de ese tipo. —Los felicito, han demostrado lo valientes que pueden ser —los demás pusieron cara de desconcierto, incluyendo a Ginny —. Atacando a un tipo que no se puede defender porque no puede usar ese tipo de hechizos… y tres contra uno —Harry sonrío un poco más tensamente — ¡Wow! Si que han demostrado su valor. Gryffindor puede estar muy orgulloso de ustedes.
Los chicos se quedaron mirándolo seriamente, casi como si no pudieran creer que Harry les estuviera diciendo eso.
Harry solo les dio una mirada molesta y caminó hacia su propia habitación, asqueado, por primera vez en su vida, de pertenecer a esa casa.
*
Agradeció no encontrarse con nadie importante de camino a la lechucería, y luego cuando volvió a su habitación se dedicó a ordenar todo nuevamente, al menos eso alejó sus pensamientos de todo lo malo que estaba ocurriendo, del temor de que a su madre le pasara algo y del desconcierto del comportamiento de Potter.
Ya eran más de las once de la noche, y tenía hambre, por un momento lamentó no haber aceptado la oferta de Potter, pero desestimó rápidamente ese pensamiento por incoherente y se dedicó a avanzar con las tareas que tenía pendientes.
*
Harry sintió a alguien acercarse a la cama y abrió los ojos algo sobresaltado. Delante de él estaba Ron mirándolo seriamente.
—Hey…
Harry se sentó rápidamente, algo asustado por que su amigo le hablara —Hola…
—Escuché que te enojaste un poco allá abajo.
—Sí, algo así.
Ron asintió suavemente y pareció dudar un momento antes de sentarse en la cama junto a Harry.
—Escucha… yo sé que hay cosas que no entiendo y que tienes derecho a estar enfadado conmigo pero… — Ron suspiró profundamente y desvió la mirada al piso —lo que me dijiste es algo que jamás me hubiera esperado, te conozco hace tanto tiempo y pensé que realmente éramos amigos, que nos conocíamos.
—Y lo hacemos, es decir, somos amigos —replicó Harry rápidamente, esperando que Ron no lo negara.
—Lo somos —admitió Ron encarándolo nuevamente —Sólo que esto es…
—¿Raro?
—Sí, raro y desconcertante…
—Lo lamento.
Ron se encogió de hombros —Hermione me explicó algunas cosas. Según ella esto no es algo que tú puedas elegir, dice que simplemente está en tu naturaleza.
—Sí, es cierto.
—Y bueno, que es lo que eres… y que nada ha cambiado en ti… que sigues siendo el mismo sólo que… — Ron sonrió suavemente, parecía avergonzado —, según ella, con gustos diferentes.
Harry también sonrió —Con gustos diferentes… algo así… es una buena explicación.
—Lamento haberme enojado.
—Yo no habértelo dicho antes… es que todo era tan difícil… aún lo es.
Ron asintió nuevamente y ambos permanecieron en silencio un momento más.
—¿Por qué te enojaste allá abajo?
—¿No te lo dijeron?
—No.
—Bueno, es sólo que ellos atacaron a Malfoy —Ron giró rápidamente hacia Harry y le dio una mirada preocupada —. Sé que no soportas a Malfoy pero no creo que sea justo que lo anden atacando en grupo, menos si es que él no se puede defender, es como atacar a… ¡Un muggle!
—¿Un muggle, eh? —Ron sonrío un poco más y Harry se tensó—. Sí, debe ser escalofriante para Malfoy convertirse en una especie de muggle.
—¡Ron!
—Ya… entiendo que tus gustos hayan cambiado pero no defiendas a Malfoy también, hay cosas que si me serán imposibles de comprender…
Harry dudó un instante, casi saboreando su reciente reconciliación con Ron —Bien, sólo dije que me pareció que no era tan valiente hacerlo, no sólo a Malfoy, a cualquiera, eso es todo.
—¡Y no lo es! —ratificó rápidamente Ron —, es sólo que me pareció como… justicia divina que se haya convertido en una especie de muggle.
—Seguro que él no lo siente así.
—No, estoy seguro que no… no deberían atacarlo así, es decir… no es correcto.
—No, no lo es —Harry no pudo negar que sintió cierto alivio por las palabras de Ron, al menos podía estar seguro de que su amigo no participaría en esas cosas.
—Te traje algo de dulces, no bajaste a cenar —dijo Ron luego de un momento. Harry sonrió agradecido y pronto se enfrascaron en una conversación acerca de las clases y los profesores mientras ambos compartían los dulces que había traído Ron.
*
La carta de su madre llegó el lunes a la hora del desayuno, Draco la recibió con manos ansiosas y casi rompe el pergamino al desatarla mientras la lechuza aprovechaba para picotear de su plato.
Draco, querido mío:
No debes preocuparte, las amenazas no son la gran cosa, hemos recibido tratos peores a esos… Pero si te deja tranquilo sólo han llegado un par a casa, nada de cuidado ni importante y los aurores están al tanto, así que por favor sólo dedícate a estudiar y a preocuparte por ti, yo estoy bien aquí.
Un beso, hijo.
Te quiere,
Tu madre
Draco bufó fastidiado dejando la carta a un lado, su madre le estaba mintiendo, seguramente que estaba siendo amenazada y nunca se lo diría.
—¿Qué pasó Malfoy, te escribió tu amante desde el más allá para decir que no vendrá a su cita? —habló una voz a sus espaldas. Draco giró rápidamente, en su cabeza las palabras aún resonando.
—¿Qué quieres?
Nott le sonrió de manera malévola y se acercó más a él, Draco retrocedió un poco en su asiento, se sentía ligeramente protegido por que los profesores estaban cerca, aunque claro, Nott no estaba haciendo nada más que hablarle.
—Mi madre me contó, hace poco me lo contó.
—No me importa lo que tu madre te cuente.
—¡Ja! —Nott se acercó un poco más a Draco, casi quedando pegado a él —¿Dime una cosa, Malfoy, lo maricón se pega? Porque si es así mejor sería que no comieras cerca de nosotros.
—Idiota —respondió Draco empujando a Nott con fuerza, el chico trastabilló hacia atrás un par de pasos, tenía la mirada más furiosa aún.
—¿Qué creías? ¿Qué nadie se enteraría de aquel tipo? ¿De cuáles son tus gustos?
—Y eso a ti qué te importa, ¿Estás celoso acaso? —replicó con voz segura. La mesa entera y los Hufflepuff que eran los que estaban más cerca miraban todo con atención.
—Eres asqueroso, Malfoy.
—Mira…
—Señor Malfoy y Señor Nott —llamó seriamente el profesor Cummings. Estaba de pie, con el ceño fruncido y los brazos cruzados —, a mi despacho, ambos, ya mismo.
—Pero, Señor —protestó Nott mientras Draco metía la carta de su madre en la mochila y se ponía en pie —, Malfoy es un buscón que no hace más que molestarnos y protestar.
—Esos problemas, Señor Nott, los resolveremos en mi despacho, y ahora muévase de una buena vez si no quiere que su castigo incremente — Draco estaba ya al lado del profesor, con la mochila colgada del hombro y la cabeza en alto, el corazón latiéndole fuerte y la respiración pesada, seguramente que Nott no se contendría y le diría a los demás lo de Yarik, les diría todo lo que había pasado. Seguro que algunos ya habían escuchado algo de lo que Nott había dicho. Como si necesitara más problemas. Siguió a su profesor hacia la salida del comedor, escuchó unos cuantos cuchicheos y murmullos pero no les prestó atención; casi al final, cuando estaban por cruzar la puerta de salida se cruzó con Potter que le dio una mirada preocupada, pero él ni se inmutó, tenía otros problemas que resolver y la intromisión de Potter no era uno de ellos por el momento. Nott los seguía resoplando fastidiado pero sin atreverse a insultar ni crear más problemas. Por el momento al menos.
*
Harry se dejó caer en un rincón de la mesa de Gryffindor y al instante Hermione y Ron lo alcanzaron; casi había olvidado que Ron ya no estaba enojado con él —Me quedé dormido.
—Todos lo notamos… ¿Terminaste la composición para Pociones?
—Sí, Hermione —respondió aburrido mientras se servía un poco de cereal —¿Qué fue lo que pasó con Malfoy?
—No lo sabemos. Nott y él estaban discutiendo, Malfoy empujó a Nott y el profesor Cummings se los llevó a su despacho —informó Ron.
—Lo más probable es que los castigue por pelear —continuó Hermione —lo cual sería bastante justo, no es correcto que se estén peleando.
—Ya, pero tampoco que anden molestando a Malfoy y que nadie haga nada por castigar a los culpables.
—Oh… —Hermione miró a Ron y suspiró, seguro que el chico ya le había contado acerca de su conversación —. Creo que tienes razón, el primer día de clases la gente le gritó cosas horribles y no creo que las cosas hayan cambiado mucho… pero es Malfoy el que tiene que quejarse y acusar a los culpables, no es ya nuestro asunto.
—Pues, ¿Tú le creerías a Malfoy? —preguntó Harry —. Es decir, si él viene y dice que un grupo de chicos lo atacó sin razón aparente, ¿Tú le creerías? ¿O pensarías que en realidad lo más probable es que Malfoy se hubiera buscado dicho ataque?
Hermione pareció dudar un segundo antes de hablar —Hay un dicho muggle; dice "Crea fama y échate a la cama"
—¿A la cama de quien? —preguntó Ron y Harry vio que Hermione hacía lo posible por no poner los ojos en blanco.
—Quiere decir que la fama de Malfoy le precede. Nadie creería cien por ciento en lo que dice porque en el pasado ha sido un quejumbroso llorón, sin contar el historial de su familia, es decir, tiene mala fama y por eso no le creerían. Aunque ahora de verdad se estuvieran comportando de manera agresiva con él, a menos que encuentre la forma de demostrarlo sería improbable que creyeran su historia, y aunque encontrara la forma de probarlo, lo más seguro es que los culpables alegaran que Malfoy en algún momento los maltrató… Claro que si recordamos lo que nos contaron los chicos que pasó aquí el curso pasado… tendríamos que darles razón.
—¡Hermione! —protestó Harry —Eso es tan incorrecto… se supone que ahora todo debe estar en paz. ¿Te imaginas si es que están tratando así a todos los que fueron exonerados o liberados? ¿Cómo se supone que vamos a tratar que todo siga bien si la gente sigue resentida?
—Hubo mucha gente que murió, Harry —replicó Hermione con voz dura —, muchas familias destrozadas, apenas han pasado unos meses. No puedes pedir que lo olviden tan pronto.
—Ella tiene razón, Harry —intervino Ron por primera vez, su voz era más seria que antes, últimamente parecía tomárselo todo con demasiada madurez —. Ni mis padres ni yo hemos podido olvidar aún a Fred, y estoy seguro que Andrómeda tampoco ha podido olvidar la muerte de su hija, e incluso tú la de Remus.
—Tardará, Harry, no puedes esperar que el mundo se abrace y haga las paces de la noche a la mañana —apoyó Hermione, y Harry tuvo que darle razón, no era tan fácil, él aun no podía olvidar a Remus, a Tonks o a Fred, incluso a todos esos chicos que murieron en la escuela; pero también le parecía injusto que la gente quisiera seguir con el ajusticiamiento, tampoco se encontraría paz de esa manera.
—Muchachos —dijo Dean dejándose caer a un lado de ellos, haciendo que su discusión, gracias a Merlín, terminara.
—No van a creer lo que nos acaba de contar Kevin Whitby —dijo Seamus que se había sentado delante de ellos, junto con Neville, Ginny, Paul Bryce y Lewis Vivekananda, dos chicos de séptimo también de Gryffindor.
—Sorpréndannos —dijo Ron con una sonrisa no tan sincera mientras Parvati Patil y Sylvia Zelazny, se les unían al grupo.
—Pues Nott y Malfoy se han peleado porque Nott descubrió un retorcido y asqueroso secreto —continuó Dean.
—¿Secreto? —preguntó Parvati en un murmullo —¿Tiene algo que ver con que sea un mortífago?
—Nah —dijo Seamus haciendo un movimiento con la mano —, es sólo que al parecer Malfoy tuvo un amante el curso pasado y…
—Una amante, querrás decir —le corrigió Zelazny —, y eso no tiene nada de extraño.
—No, no dijo una amante, dijo UN amante —aclaró Dean —eso es lo que dijo Nott.
—Y entonces Malfoy se lanzó sobre Nott y lo empujó —continuó Seamus.
—Pero Whitby nos dijo que entonces Nott le dijo a Malfoy algo como que si pensaba que nadie se enteraría de aquel tipo o de sus gustos…
—Oh… —murmuró Ginny arrugando la nariz.
—Eso es… extraño —concluyó Neville.
—O sea, a Malfoy le gustan los chicos —razonó Vivekananda.
Harry sintió como sus mejillas empezaban a calentarse y a sus amigos tensarse a su lado.
—Eso no es tan extraño —dijo Dean, que había crecido entre muggles —, aunque claro, no me hubiera imaginado que Malfoy fuera de esos.
—¿Cómo que no es extraño? —preguntó Bryce algo agitado —, es algo muy extraño, anormal y condenado.
—¿Por qué?— preguntó Dean con el ceño fruncido, no comprendiendo a sus compañeros.
—Porque sí.
—Muy buen argumento, Bryce.
—Dean, lo que ocurre es que en el mundo mágico no se ve bien eso — explicó Hermione con voz algo nerviosa. Harry aún no podía moverse ni decir nada sin sentir que podía delatarse, ¿era esa la forma como actuaban por algo así? Sin contar los miles de pensamientos que tenía hacia Malfoy en ese momento, ¿él también era gay?
—Oh…
—En el mungo muggle no es tan repudiado como aquí —explicó hacia los demás.
—Pues es una suerte no vivir allí —dijo Ginny resueltamente —, al menos aquí todo es más sensato.
Harry giró para ver a Ginny por un momento, y ella le sonrió en respuesta, pero Harry sólo hizo una mueca de fastidio y se puso en pie —Olvidé mi tarea de pociones — dijo con voz tensa.
—¿Te acompaño a traerla? —preguntó Ginny solicita y poniéndose en pie, pero Harry sólo negó con la cabeza y siguió avanzando hacia la salida. Apenas y había tocado el desayuno pero definitivamente se le había quitado el apetito, agradeció que ni Ron ni Hermione lo siguieran, no tenía ganas de hablar con ellos ni intercambiar siquiera comentarios al respecto.
*
—Que quede claro, Señor Nott, que por ningún motivo permitiré que se ataquen entre ustedes —reprendió Cummings paseando de un lado al otro del despacho, caminaba con las manos en la espalda, como si estuviera meditando, su tono de voz era bajo pero amenazante.
—Yo no lo ataqué, Señor.
—Pero si te le acercaste… cuando jamás lo haces, ni tu ni tus compañeros así que no debo ser un genio para deducir que aparentemente lo insultaste —Draco simplemente tenía la mirada inexpresiva y seguía el caminar del profesor de un lado a otro, nunca lo había visto realmente molesto como en esta ocasión.
—Él empezó.
Cummings detuvo su caminata y enfocó a Nott con mirada asesina —No le estoy preguntando ni pidiendo explicaciones. No soy un imbécil. Sé muy bien lo que pasó y ahora guarde silencio si es que no quiere quedarse castigado durante las vacaciones de navidad.
Nott solo asintió y agachó la mirada. Draco pensó que el chico realmente debía ser idiota, era más que notorio que Cummings estaba cabreado con ellos, y lo mejor era no provocarlo más.
—En cuanto a usted Malfoy, le pediré que se controle un poco más, los insultos no matan, así que no debe andar empujando o respondiendo a ellos —Draco arqueó una ceja y estuvo a punto de replicar que aquello era más que un insulto, que ninguno de ellos tenía derecho siquiera de mencionar a Yarik, que todavía dolía que se lo recordaran, que le recordaran que estaba muerto, pero se recordó que no debía, o mejor dicho, que no podía, no necesitaba más problemas.
—Ambos estarán castigados, por separado, por supuesto, y la próxima vez que los vea discutiendo, insultándose o golpeándose, ambos terminaran en la oficina de la directora. No permitiré los ataques ni discrepancias en mi casa, ¿les quedó claro?
—Sí, señor —replicaron ambos a la vez en voz baja y evitando mirarlo a la cara.
—Bien Nott, tu ayudarás a la profesora Sprout durante las siguientes dos semanas después de clases, tengo entendido que necesita trasplantar algunas cosas y le vendrá bien tu ayuda.
—¿A Sprout?
—Eso he dicho, a la Profesora Sprout ¿Algún problema?
—Eh… no, no señor, claro que no —respondió rápidamente y Draco sonrió internamente por el tono miedoso que usó.
—Ahora largo de mi oficina antes que me arrepienta y el castigo suba.
—Sí, señor —Nott hizo una ligera reverencia y salió sin siquiera mirar a Draco una sola vez, lo cual era un alivio.
—Ahora, señor Malfoy —continuó Cummings sentándose tras su escritorio —usted ayudará durante las siguientes dos semanas al profesor Monroe, está preparando unas cuantas pociones para la enfermería y además me ha comentado su gran talento para realizarlas, así que supongo que no habrá problema.
Draco casi sonríe, ayudar al profesor Monroe no era un castigo, era genial —Claro, señor.
—Señor Malfoy, yo no estuve aquí durante la guerra, pero sé muy bien todo lo que tiene que ver con usted y su familia —continuó hablando el profesor, la casi sonrisa se borró del rostro de Draco, que apretó sus puños mas fuerte —y también con su sentencia y la de su madre… —el tono de voz cambió a uno más comprensivo y calmado. —Simplemente te diré una cosa, me parece que aún eres muy chico para tener que cargar con todo esto, pero al parecer es justo, o eso argumenta el Ministerio, y lo mejor que puedes hacer es afrontarlo como un hombre y no dejarte caer por cosas como los insultos de tus compañeros.
Draco sólo hizo un ligero asentimiento mientras el profesor se estiraba sobre la silla, parecía ligeramente más relajado.
—No me gusta que hablen mal de mi casa —siguió hablando el profesor —. Esto que le digo no es sólo para usted, es para mi casa también, no me agrada que todos nos anden señalando como "magos oscuros" cuando ha habido tantos o más mortífagos en todas las otras casas y el comportamiento que presente ante la escuela de una u otra manera influye en eso así que no estoy dispuesto a que sigan mermando nuestra reputación, ¿nos estamos entendiendo, Señor Malfoy?
—Sí, sí, señor, entendido.
El profesor hizo un asentimiento y sacó un pergamino en el cual garabateó un par de líneas y Draco removió sus pies no sabiendo muy bien que hacer hasta que Cummings enrolló el pergamino y lo selló con un hechizo —Entrégale esto al profesor Monroe y no quiero verte de nuevo aquí por una pelea.
—No, señor —respondió Draco recogiendo la mochila del piso y saliendo a pasos rápidos hacia la salida. Corrió por los pasillos, obviando los atajos que Potter le había dado, ya la clase debía haber iniciado y no había casi nadie alrededor que pudiera representar una amenaza, además que ya era tarde, no quería que lo regañaran también por llegar tarde y además perder puntos.
*
Cuando por fin alguien tocó a la puerta del aula, Harry no pudo evitar voltear rápidamente.
—Adelante —dijo el profesor Monroe desde el escritorio donde estaba terminando de anotar algo en un pergamino. La clase había iniciado diez minutos atrás y no quería admitir que ahora le preocupaba más aún el hecho de que Malfoy no apareciera, así que cuando la rubia cabellera se asomó por la puerta casi suelta un suspiro de alivio, pues Nott había llegado casi a tiempo, refunfuñando y molesto y no entendía la razón para que Malfoy no lo hiciera.
—Lo lamento, profesor Monroe —se empezó a excusar Draco seriamente —estuve en la oficina del profesor Cummings y…
—Pase, señor Malfoy —interrumpió el profesor levantando la vista —, Sí, me enteré de algo.
Draco no se sentó en su acostumbrado sitio de al fondo, sino que siguió avanzando hasta donde se encontraba el escritorio del profesor —El profesor Cummings me pidió que le diera esto.
—Oh, bien, gracias —dijo recibiendo el pergamino enrollado, levantó la vista al resto de la clase —. Vamos, chicos que esas pociones no se harán solas —y al instante todos se pusieron en movimiento nuevamente, excepto Harry que todavía miraba a Draco de reojo, preguntándose demasiadas cosas.
—Bien, Señor Malfoy, esta vez no le quitaré puntos, puede ir a su sitio y empezar… —le dijo el profesor Monroe mientras leía el pergamino —y luego de clases le pediré que se quede unos minutos más para coordinar su castigo.
—Claro, gracias, profesor —respondió Draco aliviado por no haber perdido puntos y regresando a su sitio, en el camino se cruzó con la verde mirada de Potter que lo miraba de manera indescifrable. Draco simplemente pasó de largo no queriendo pensar en qué demonios querría ahora Potter.
Harry lo vio pasar y entonces entendió, entendió el sueño, "Vayamos por Potter, él es otro de ellos", entendió por qué había algo que lo atraía de una manera a ayudar a Malfoy, y por qué se sentía vagamente comprometido con velar por él; porque ambos eran iguales, eran gays en un mundo que no los toleraba, por eso Malfoy había empujado a Nott porque le había recordado a un ex amante, porque seguramente lo había amenazado con hacerlo público… Por primera vez se sintió identificado con Malfoy y no le pareció desagradable ni perturbador.
—¡Harry! —chilló Hermione a su lado —solamente son unas gotas de…
Pero fue muy tarde, su caldero explotó levantándose por los aires y emanando un extraño vapor verdoso y apestoso, la clase entera cuchicheó y los Slytherin rieron con algo de burla mientras el profesor Monroe agitaba su varita para detener el vapor, Harry instintivamente volteó hacia el sitio de Malfoy esperando la risa de burla que siempre había escuchado pero está no llegó, Malfoy simplemente torció el gesto y continuó preparando su poción como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera perturbado la clase. Algo herido por ser ignorado Harry escuchó la gran cantidad de llamadas de atención del profesor mientras le decía que tendría que hacer la poción nuevamente y sobre todo prestar más atención.
*
El horario de Draco:
h t t p : / / i 8 4 6 . p h o t o b u c k e t . c o m / a l b u m s / a b 2 7 / z a f y _ d r a c o / H O R A R I O D E S L Y T H E R I N . p n g
Gracias a todos por leer…
Ahora ya Harry sabe que Draco es gay, y además como reaccionan sus demás compañeros ante esa información. Para el siguiente capítulo:
CAPÍTULO 12 "POCIONES, QUIDITCH Y CHARLAS"
Les deseo una linda y productiva semana, espero con ansias sus comentarios/opiniones/quejas/sugerencias, como siempre serán bienvenidas.
Besos
Zafy
