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Capítulo XI
—...Así que colaborarán y permanecerán en absoluto silencio. De lo contrario, he sido autorizada para sancionarles con castigos que exijan esfuerzo físico.
Meiko, de guardia asignada en el aula de detención por faltas de primera clase esa tarde, se arregló sobre una enorme y rectangular silla de cuero rojo, que tenía las insignias de la Academia bordadas en un material resplandeciente en la cabeza del respaldar, y dobló su blazer sobre la superficie lustrada del escritorio de cedro. Del portafolio gris que cargaba consigo, extrajo un estuche de rombos negros y blancos. Corrió el cierre suavemente, inundando el silencioso espacio de castigos con los ruidos gentiles que ocasionaba, y sacó una fina tableta plateada. Pronto, restándole interés a los mocosos que se suponía debía de vigilar y que sabía le temían demasiado como para osar a hacer alguna morisqueta mientras les ignoraba, Meiko se sumergió en el éxtasis de una batalla naval con algún jugador en línea que utilizaba el apodo ridículo de kiki-kokoro1D.
Una vez que le había visto ensimismarse en aquella competencia virtual, Rui se levantó con sigilo de su lugar, pasó por las áreas angostas que separaban los pupitres y perpetuó el vacío puesto que reposaba a un lado de Gumi. La mencionada, al sentir una presencia hostil a su derecha, retrajo su atención de la novela de ciencia ficción que leía. Sus ojos esmeraldas perdieron brillo al encontrar la mirada segura e invasiva de Rui sobre su persona.
—¿Qué quieres?—Gumi golpeó la cubierta de su libro con su palma, enfureciéndose. Su tono era bajo e inaudible para otros, puesto que sabía que intentar fatigar la paciencia de Meiko Sakine era una demencia suicida—, ¿no te bastó lo que sucedió esta mañana? Por tu culpa, estamos atrapadas en este sitio.
Rui no le respondió. Simplemente se agachó hasta que sus manos estuviesen a la altura de su mochila, arrancó una hoja de líneas negras de uno de sus cuadernos y sacó un bolígrafo de tinta azul. Gumi, pese a su trémulo deseo de obviar sus actos, prestó un detenido interés a lo que escribía. Al cabo de unos segundos, Rui posicionó la nota en frente de la joven de ojos recelosos y aguardó, con su expresión neutral, a que la leyera. Gumi, siendo precavida ante la oportuna e interesada mirada de Meiko, que había decidido apartarse de su juego durante breves segundos a causa de una molesta sensación de inusual complicidad en el ambiente, traspapeló el pedazo de hoja entre las páginas de su novela y actúo como si continuase ensimismada en su lectura.
Lamento lo de hoy. Len y yo tenemos un plan. Necesitamos de tu ayuda.
Gumi enarcó sus cejas con una palpable ironía, arrugó el papel en una bola y procedió a acabar lo que hacía antes de la indeseada interrupción. Rui, percibiendo la actitud despreciable que le mostraba, refunfuñó.
Serán dos horas de castigo muy largas.
Es terrible en esto. ¿Cuánto más he de esperar para darle su merecido?
Len, leyendo el mensaje que había llegado a la pantalla del ordenador que ocupaba en la biblioteca, sonrió sutilmente. Confirmando la hora en el gran reloj sobre las puertas del recinto, recogió los libros sobre los períodos de auge del arte gótico que ojeaba y transcribió una última respuesta antes de marcharse, con el espíritu turbado, de aquel paraíso de libros donde se hallaba a salvo de las zarpas de la impredecible e insistente Cul.
Una hora más. Si no se salva del fracaso, déjalo ser.
Se dirigió a la sala de profesores, con la frente en alto y su semblante incorruptible, haciendo caso omiso a las miradas de rencor engendrado que lanzaban varios estudiantes hacia él. Encontrar a Gackupo tenía primacía sobre la necesidad de darle su merecido a cada uno de los idiotas que se atrevía a avivar más su humor pesado.
—No lo entiendo, Mew-sama—protestó de regreso, moviendo sus dedos sin sosiego sobre sus muslos—. Creí que ella estaba recibiendo estudios privados. ¿Por qué cambiar eso ahora?
—He oído el conflicto que se desató en tu clase esta mañana. Todos están preocupados por Rei y Rinto, por ti y también por Lenka. Parece injusto que toda la culpa recaiga sobre Len-kun. ¿No lo crees, Rin-chan?
—Pero, Mew-sama… ¿Cómo cambiaría algo que Lenka atendiese de nuevo las clases con el resto de nosotros?—Inquirió, totalmente mortificada por la idea.
—Pues, es obvio que hay que demostrarles a tus compañeros que Len-kun no representa un verdadero peligro. Después de todo, sabemos cómo resolver cualquier estrago causado. Queremos que entiendan que nosotros lo tenemos todo bajo control—explicó Mew, sin borrar la sonrisa espeluznante que exhibía para la chica. Rin sentía que el hambre de sus dudas incrementaba conforme el discurso acababa—. ¿Comprendes?
—Supongo que sí…
—Perfecto. Cul y Haku ya han recibido los horarios nuevos que preparé para ustedes. Como Lenka-chan está incorporándose en las horas de estudio y el papeleo se acumulará excesivamente, reduciremos los bloques de investigación de casos potenciales y delegaremos una parte a los asistentes de la cabeza ejecutiva. Yo asumiré la responsabilidad de las entrevistas con los clientes seleccionados. Repartiremos, durante las noches, los intervalos correspondientes de entrenamiento extracurricular. ¿Todo aclarado?
Rin asintió, insegura. Sostuvo una carpeta con una agenda recargada de reuniones y misiones entre sus escuálidas manos. Iban estrechamente equilibradas con espacios para culminar deberes y horas destinadas a estudiar, pero no había palabras tales como "descanso" o "tiempo libre" además de las seis horas recetadas de sueño. La joven quiso echarse a llorar.
—Perfecto. Puedes retirarte, entonces—antes de que la rubia pudiese desaparecer por la puerta, la directora coreó: —¡oh, y buena suerte en tu primera misión, Rinny-chan!
—Mayu-sensei—Len saludó a la maestra con una reservada reverencia. La aludida le sonrió mínimamente, como un gesto cortés de reconocimiento, y continuó corrigiendo los ensayos sobre post-modernismo que debía de entregar durante el transcurso de la siguiente mañana. El rubio, divagando con su mirada perceptiva, se fijó en el escritorio vacío de Gackupo—. ¿Dónde está…um, Kamui-sensei?
Ella le dirigió una mirada perpleja. Era evidente la sospecha rotunda que sentía, porque había sucedido bastante desde que Len había privado a Gackupo del mérito de recibir el título de "sensei", pero se hallaba muy ocupada como para dar hincapié a un interrogatorio que probablemente no le conduciría a nada, por lo que se limitó a contraer sus hombros e ignorar cualquier intención hostil o perversa. Sabiendo los compromisos que Gackupo debía de solventar, los cuales le tenían tan ajetreado como martirizado, pensó en espantar a Len con una mentira blanca.
—Fue citado en dirección después del almuerzo. No le he visto desde entonces—ella le observó una vez más y notó la portada del libro que sostenía entre sus manos y la magnífica foto que empotraba: se trataba del Retablo de la Cartuja de Miraflores, en Burgos. Sus cejas se arquearon al leer el título del volumen en voz alta—. ¿"Declive y clausura del clásico estilo naturalista: síntesis del período tardo gótico"? No sabía sobre tu interés por el arte, Kagamine.
—Usted desconoce tanto sobre mí—quiso responderle, pero optó por un cordial: —no me malinterprete, Mayu-sensei. Solo encuentro fascinante el variado estilo que aportaron las estructuras góticas, en especial las entonaciones expresivas de la arquitectura y la escultura.
—¿En serio?—Mayu arrimó el montículo de trabajos no corregidos y le indicó a Len que tomara asiento a su lado—, ¿qué tal si esperas por Gackupo aquí? Estoy segura de que regresará pronto… Olvidó unos folios que debía de entregar a la coordinadora técnica, antes de marchar a la dirección, por lo que deberá de volver por ellos. Podría recomendarte varios autores que comentaron perspectivas fascinantes sobre el sentimiento de la explosión gótica durante el Renacimiento mientras Gackupo aparece.
Perfecto.
—Está bien—respondió él, desplomándose sobre la silla ofrecida y atendiendo lo que la maestra tenía que decir.
El alba había cantado la bienvenida a un día que aparentaba ser común. En los dormitorios, los estudiantes ordenaban sus pertenencias y útiles, y se preparaban para lidiar con los deberes del día. Los comedores estaban dotados de cansados alumnos que aguardaban el fin de la semana. Apenas era miércoles y parecía que una infinidad pasaría antes de que el glorioso timbre final del viernes hundiese los pasillos con su esperanzador grito de libertad.
Aquella mañana, el aire era más denso dentro del aula de segundo año. El Equipo A y el Equipo B, que todas las mañanas arribaba puntualmente en el salón, no estaban presentes. El Equipo C se mostraba más callado y conservador, y el Equipo D parecía más tímido y retraído. Nada más los integrantes del Equipo E, las "ovejas negras" de la clase, ignoraban el rumor que se había desplazado por los pasillos y actuaban como si aquel asunto fuera un insecto minúsculo y tonto que solo necesitaba ser obviado.
El chisme de que Lenka Yamamoto se integraría a su clase, después de dos años de ausencia, había dejado a todos en éxtasis. Más allá de eso, era increíble si quiera considerar que le reincorporarían al grupo al que una vez perteneció y por el cual se hallaba en una situación complicada.
—¿De regreso en el Equipo Especial?
—Sí—respondió Neru mientras jugaba en un dispositivo de pantalla táctil. Masticó varias veces más y explotó una bomba de chicle, de un oscuro color naranja que sabía que Rui jamás probaría porque solo apreciaba los sabores que detonaban azul, rojo o morado. Len sintió que sus venas se hinchaban—. Será interesante, ¿no lo crees?
—Supongo. Creí que se graduaría por su propia cuenta, con un certificado de estudios privados o algo así—comentaba Teto, sin detallar que el único ocupante del banco vecino oía todo lo que manifestaba—. ¿No había sufrido un trauma que le impedía asociarse con grupos de numerosas personas?
—Quién sabe. Quizás ya lo superó.
Demonios, Rui... ¿Dónde estás?
La puerta del salón se entreabrió y Gackupo atravesó el portal de entrada, seguido por los integrantes del Equipo B. SeeU hacía y deshacía sus rulos perfectamente ondulados, Akikoroid batallaba por caminar en línea recta y los parientes de China conversaban suavemente en mandarín. Detrás de ellos, luego de un intervalo enigmático, se escurrieron Piko y Miku, ambos con caras desconcertadas y perturbadas. Por último, se introdujeron en el recinto Miki y Rui, seguidas por una inquieta Rin y... Lenka.
Todos jadearon mientras las puertas eran cerradas.
—Escuchen bien lo que diré porque no pienso repetirlo—habló Meiko sin clemencia y todos se percataron de que había sido ella quien había bloqueado la salida del salón. La castaña dio un paso hacia el frente, cuando Gackupo indicaba al resto de los estudiantes retornar a sus respectivos bancos, dejando a Lenka detrás de ella. Sus ojos enrojecidos eran tragados por unas profundas bolsas negras—. Como todos habrán escuchado por los fastidiosos chismes que circulan por los corredores, Lenka estará presente de ahora en adelante durante las clases. Se encuentra bien y no tiene ningún desorden psicológico como todos ustedes creen. Nada más sufre de amnesia. Por ende, no los recuerda. No la atosiguen con preguntas estúpidas, pues estoy segura de que no desean que recuerde las tonterías que tanto les caracterizan. ¿Alguna duda?
El tono monótono, directo y sincero de Meiko resultaba horripilante. Ni siquiera parecía afectada por el hecho de que Lenka, la aludida de tal desagradable padecimiento, se hallaba a menos de un metro detrás de ella mientras les informaba, claramente y sin rodeos, sobre las circunstancias que debían de afrontar. Al cabo de un silencio breve, en el que la castaña encontró bastante práctico y conveniente que ninguno de los estudiantes abriera la boca para comentar algo que tentase su humor, procedió a ordenar a Lenka a que se uniera a Rin y a Len en el banco del Equipo Especial. Se despidió con un gruñido gutural, frotando su cabeza como si aquello fuese la clave para deshacerse de su jaqueca.
Más nunca aceptaré un desafío en línea.
Gackupo, acomodándose sobre el escritorio vacío para vigilarles durante aquella hora libre, observó como la tensión crecía y se transformaba en una materia tangible. Los ojos ávidos de los estudiantes estaban anclados en la figura de Lenka. Ella se encaminó hasta el fondo y tomó asiento a un lado de Rin, indiferente a la atención excesiva e indeseada que había ganado, y susurró alguna cosa en los oídos de la joven rubia. Rin asintió, reluctante, y aclaró su garganta:
—Por favor, están incomodando a Lenka.
Len estaba desmoronándose en una apocalíptica crisis mental. Su rostro estaba pálido, mucho más lívido de lo normal, y tenía el semblante enfermizo de quien está por vomitar. Rui, la única en el aula que parecía percatarse de su estado de agonía absoluta, notó cómo luchaba para no ceder contra el estrés que aquella aparición había ocasionado y cambiar de asiento con Rin.
Con Rui como testigo único a su próxima acción, articuló:
No habrá cambios de planes. Bajo ninguna circunstancia.
—¡Mayu-sensei, espere un momento!—Iroha corría por el pasillo, con un block de dibujo apretado en contra del suéter de su uniforme, andando detrás de la profesora que se dirigía hacia el área común de maestros. La susodicha esperó por la pequeña jovencita—. Mayu-sensei, ¿recuerda la tarea que nos asignó durante la última clase? ¿Sobre los dibujos de órdenes clásicos? Necesito—Iroha se sonrojó sutilmente—...un consejo.
La maestra se extrañó por aquella petición. Iroha destapó la cubierta del block y pasó varios hojas, todas con distintas actividades, y le mostró una impresión de una columna de orden corintio. Señalando las líneas de las estrías, dijo:
—Quería perfeccionar el acabado utilizando un rapidograph 0.2 para las estrías, pero la tinta se corre una vez que paso de la tercera. La regla que utilizo se mancha terriblemente y no sé con qué limpiarla para que se seque rápido. Y si repaso, limpio y espero a que se seque bien antes de volver a repasar, la tinta se seca con un tono distinto al resto... No sé por qué. Puedo enseñarle para que vea a qué me refiero.
Mayu estaba extremadamente confundida. Era la primera vez oía un caso como ése, mas Iroha era una de sus mejores estudiantes y siempre tenía dudas peculiares que envolvían accidentes y situaciones aún más extrañas. De cualquier forma, le indicó que se acomodaran sobre un mesón de uno de los laboratorios vacíos mientras intentaba probar trabajar con los materiales con sus propias manos.
Iroha comenzó a tararear ligeramente y sus irises resplandecieron con una maravillosa emoción.
—¿Es cierto que nos perderemos el festival de deportes?—Rin se sentó entre Haku y Cul, delante de una distraída Lenka, durante la hora del almuerzo. La campana, además de anunciar el receso, había avisado la llegada de las dos jóvenes de grado mayor a la puerta del salón de segundo año. Recogieron y escoltaron a Rin y a Lenka fuera del alcance de los demás, armando una especie de picnic en los jardines del edificio de preparatoria.
—Ese festival no es tan importante—le restó importancia Cul, con un gesto despectivo de su mano, mientras robaba uvas de la canasta de Haku. La albina golpeaba su mano cada vez que le veía hurtar de su merienda—. Nada más los alumnos compitiendo en carreras ridículas y juegos inútiles, haciendo porras y concursos tontos, blah blah blah. Todo un cliché. Es un alivio que estaremos ausentes, Rinny-chan.
—Pero...
—¡Además!—Cul juntó sus manos dulcemente, omitiendo la expresión decaída y entristecida de la rubia. Haku, más simpática que ella cuando se trataba de emociones ajenas, ofreció a la rubia unos trozos de mandarina. Rin los aceptó sin ánimo alguno—, la misión que nos han encomendado es mucho más entretenida.
—Si poner en riesgo tu vida por una ridícula joya que es más grande que tu cerebro es divertido—Lenka habló calladamente—, diferimos en opinión.
—Siempre lo hacemos—replicó la pelirroja, sin dar a torcer el brazo—y es eso precisamente lo que hace nuestro vínculo tan fuerte. ¿Ne?
—¡Yamamoto-san, Hanazono-san, al fin les encuentro!
Las cuatro damas voltearon su atención al origen del llamado. Separándose del prominente edificio de preparatoria y atravesando el mar de grama de los jardines desolados, con un el mudo y tierno Lui dejando huellas detrás de ella, se aproximaba Mayu. El delgado niño de ojos borgoña, compañero de Equipo de Suzune e Iroha, cargaba entre sus enclenques brazos una pila de skecthbooks. La maestra, moviendo su sedosa melena, saludó con una sonrisa amable a sus estudiantes.
—Quería hablarles sobre la fecha de entrega del proyecto de arte griego que me entregaron la semana pasada—las dos menores intercambiaron miradas, viéndose desubicadas con tal información—. ¿Acaso Kagamine no les puso al tanto de esa evaluación? Uh, ¿qué sucede con él?
Mayu rebuscó entre sus papeles alguna planilla, mas no pareció encontrarla. Lui, a su lado, evitaba el contacto visual con las presencias amenazadoras de Haku y Cul. Cuando Rin le había saludado, él había respondido con un vago asentimiento.
—Tsk. Creo que tengo una fotocopia de las planillas en mi oficina para ustedes... En fin, se trata de la construcción de una maqueta de alguna estructura arquitectónica de la Antigua Grecia. Cada integrante del equipo presentará, además de participar en la explicación de dicha maqueta, un reporte con las diferencias que existen entre este estilo y el estilo romano. ¿Alguna de ustedes podría acompañarme?
Cul entrecerró los ojos, con su mirada suspicaz y recelosa, y miró a las dos jóvenes.
—Haku irá con usted, Mayu-sensei—respondió y la maestra pareció sorprenderse por unos momentos. Entonces, se recompuso, contrajo sus hombros y le indicó a Lui que se adelantara.
—Entendido. Haku-san, sígueme. No quiero que el receso acabe antes de que poderles entregar su tarea.
—Reaccionaste con mucha prudencia, Lenny—Rui palpó al cabellera húmeda del rubio, que acababa de regresar del baño para refrescar su mente, y terminó recostándose a su lado. Estaban solos en el aula durante la hora la esperada hora del almuerzo, pero ninguno tenía ni el más mínimo rastro de apetito—. Te sobreestimé. Estoy orgullosa de ti.
—Tengo una jaqueca terrible—él respiró profundamente y se rio con amargura entre dientes—. ¿Cómo puedes decir eso? No hice nada extraordinario. Solo me contuve.
—¡Exactamente! ¿Cuándo te habías contenido antes? ¡Nunca! Por ello, es una ocasión especial. Debemos de anotarla o algo, para no olvidar celebrar lo que sucedió este día.
Len rodó sus ojos y se disponía a contestarle con una trampa más audaz, no obstante, el sonido de ronquidos suaves que se asemejaban a ronroneos le distrajo. Apreciando el mismo ruido que él, su compañera decidió investigar la causa. Rui se movió entre los bancos y encontró, desplegada a lo largo de toda su plenitud, a Akikoroid dormida. Parecía estar oyendo música clásica mientras se aventuraba por las tierras de Morfeo. Los ojos ámbares de la joven que controlaba el hielo saltaron hacia Len.
—¿Qué hora es?
—Hora de irnos—Len se puso de pie tras revisar su reloj de muñeca. La pelinegra asintió y, mientras el rubio se retiraba del aula, pateó el banco donde Akikoroid reposaba. Ella se meció bruscamente y acabó tirada sobre la fría cerámica, con un ánimo de perros.
—Despierta ya—Rui le lanzó una mirada de reojo desde la entrada—. Si algún monitor te consigue aquí adentro, durante la hora del almuerzo, estarás en problema. Ve a buscar a SeeU.
Akikoroid rugió enojada cuando Rui desaparecía por el pasillo.
El canto de un ruiseñor se unió al bullicio de su conversación. Rin, quien adoraba observar a las aves cantar, cortó la respuesta que la daba a Cul acerca de su película favorita y desvió su atención hacia el árbol que les acobijaba con su sombra. Entre la copa tupida diferenció la figura pequeña, del tamaño de un puño, de un bonito ruiseñor. Tenía las alas de un color castaño claro y su pecho era de un pardo verdoso. La rubia sonrió al notar que tenía unas manchas blancas como cejas.
—Miren, es tan tierno—habló y Lenka alzó su mirada. En ese momento, el ruiseñor decidió jugarle un sucio truco a la segunda rubia y dejó que su excremento cayera desde lo alto de las ramas hasta manchar la chaqueta impecable de Lenka. Ella se petrificó.
—Oh Dios—Cul tapó su boca con sus manos e intentó tragarse las carcajadas que luchaban por escapar de su garganta. Rin intentó quitar la mancha con una servilleta, pero Lenka rechazó su disposición. Poniéndose de pie, se marchó, indignada por el comportamiento tan ofensivo de Cul.
Sin embargo, antes de marcharse, lanzó una piedra resentida hacia el pájaro. La ronca le dio en una pata y el animalito chilló, adolorido, antes de echarse a volar y perderse lejos de ellas. Cul se retorcía de la risa sobre el césped mientras Rin lamentaba el destino del pequeño animalito.
—¡Está demente!—Gumi prorrumpió en llantos rabiosos—, ¡¿quién tiene el corazón para maltratar a un animal así?! ¡Solo los demonios y psicópatas!
—Estaba molesta. No todos aprecian recibir popo de pájaro en sus uniformes—comentó Miki, a su lado, tratando de calmar su estupor—. Ya sabes, algunos no creen que sea una señal de buena suerte.
—¡De todas formas no se justifica!—Ella limpió sus lágrimas, ásperas contra su palma abierta, asomándose por la ventana del salón de secundaria donde podían admirar a Rin y a Cul sentadas sobre la manta de picnic—, no tenía que ser tan cruel. Yo creí que era dulce y cariñosa, no una bestia que lanza piedras a criaturas indefensas.
—Gumi, ésa de la que hablas era la vieja Lenka. Esta Lenka es diferente.
—¿No quedará algo de la amiga que todos tuvimos en lo más profundo de ella?—La joven armó un puchero—, porque esa Lenka nunca lastimaría a una inocente ave de esa forma.
—Chicas, ya regresé—Gumiya apareció con una bolsa de hielo entre sus manos enrojecidas y miró a Miki—. No creerás lo que presencié mientras venía subiendo. Lui se tiró por las escaleras del segundo piso e hizo un desastre con los sketchbooks que llevaba. Haku y Gachapoid tuvieron que recogerlos por su cuenta porque el genio se lastimó gravemente.
—¿Cuánto queda por terminar?—Quiso saber Miki, ojeando unas hojas desprendidas que estaban esparcidas alrededor de Gumi.
—No mucho—Gumi desvió su mirada hacia la ventana, fijándose en las dos complexiones que se acercaban a Cul y a Rin, y señaló al exterior—. Chicos, miren.
—Rui y Len—musitó Miki antes de morder sus labios—, ¿qué tendrán pensado?
—¿Tianiyi, Moke?—Gackupo observó con curiosidad al par de primos que le esperaban en su escritorio. Ellos hicieron una inclinación al verle entrar y sonrieron educamente—. ¿Puedo ayudarles en algo?
—Gackupo-sensei, ¿alguna vez usted ha probado los baozis que Moke-ge hace?
El profesor quedó desconcertado. Negó con su cabeza al distinguir las expresiones ansiosas de sus alumnos chinos y, en seguida, la jovencita descubrió un recipiente que su primo mantenía detrás de su espalda. Lo destapó y el exquisito aroma del platillo llenó el salón. La jovencita le pidió a Gackupo que se aproximara.
—No tema, Gackupo-sensei. Siga mis órdenes. No se distraiga y coma—ella empleó su gen-V para hacer que su maestro reaccionara de su trance de desconfianza y confusión, y se acomodara detrás de su escritorio, presto para devorar los bollos preparados para él. Moke y ella se sonrieron mutuamente mientras Gackupo satisfacía su inusual y descomunal hambre.
—Pero si son Lenny-kun y Rui-chan—Cul sorbió un poco de té de su termo y les regaló una hospitalaria sonrisa—. ¿A qué debemos tan honorable visita?
—Quiero hablar con Rin—exigió Len y la pelirroja soltó una risa seca.
—¿Qué esperas, entonces? Le tienes delante de ti—ella ensombreció las facciones de su rostro—. Háblale.
—En privado—Cul negó un par de veces, chasqueando su lengua. Rin quiso intervenir, pero la pelirroja no se lo permitió—. ¿Qué pretendes al controlarla, Cul? Ella puede decidir por sí sola.
—Rinny-chan, ¿por qué no vas a buscar a Lenka-chan?—Más que una sugerencia, Rin distinguió la orden que acarreaban sus palabras. Asintiendo, se puso de pie y lanzó una mirada lamentable a Rui y a Len. Se largó de ahí mientras los otros dos le veían.
—Ustedes dos, si aprecian a Rei-kun y a Rinto-kun, se quedarán aquí y me escucharán. ¿Entendido?
Al momento en que Rin daba la vuelta en la esquina de un pasillo, recibió una descarga que le arrebató la conciencia. Dos pares de pies emergieron de las tinieblas y se posicionaron a los costados de su cuerpo desfallecido. Una mano conectó un cable auxiliar a sus audífonos, descifrando y cambiando los códigos que aparecían y crecían en su tableta, y un sonrisa victoriosa se pintó sobre sus labios pálidos.
—Lo tengo—dijo la chica, con una chispa de triunfo coronando sus orbes.
—¿Qué significa eso?—Inquirió la que no comprendía nada sobre los números y signos que adornaban la pantalla de la tableta.
—Que hemos completado la misión, SeeU—Akikoroid determinó con una sonrisa, cerrando los programas que no estaba utilizando en ese momento, incluyendo la ventana de cierto juego donde utilizaba el sobrenombre de kiki-kokoro1D—. Soy una genio.
Hola a todos :) Gracias a todos por sus comentarios! Porque son tan gentiles y grandiosos conmigo, he decidido subir esta actualización apenas el capítulo estuvo finalizado (y mientras todo está teóricamente calmado). Creo que ha sido una de las cosas más largas que he escrito... Espero que lo disfruten y que no se confundan. Yo lo hice un par de veces mientras armaba los cambios de escena. No se preocupen, todo tiene su explicación :)
Nos leemos pronto. ¿Me dejarían un review? ¿Sí? ¡Gracias!
Cuídense, por favor.
Atentamente, Uni Sawada.
