IMPORTANTE, POR FAVOR LEER ESTO: Este fic es una traducción, su versión original pertenece a Vathara. Las notas y comentarios que encontrarán aquí son tanto de la autora como de la traductora.

N/A: para las personas que creen que Zuko ha conocido a muchas personas amables últimamente… recuerden primeramente que no saben quién es él. Segundo, algunas de estas personas pueden ser contactos del Loto Blanco de Iroh. Tercero, las personas en Ba Sing Se toman grandes medidas para evitar los problemas. (Los Dai Li para los problemáticos, ¿alguien?). y finalmente, recuerden la usual suerte de Zuko. Cuando las cosas vayan mal, van a ir catastróficamente mal.

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Embers

Por Vathara

Finalmente de regreso a una coherente rutina, pensó Huojin alegremente, dando grandes zancadas hacia la clínica de Amaya. No es que estuviera contento de llevarle estas noticias, pero el regresar a su turno regular era un alivio para toda la familia…

Guantes de piedra oscurecidos por las sombras matutinas, un agente Dai Li estaba llamando a la puerta de Amaya.

¡No entres en pánico!

Un practicado pensamiento; justo lo suficiente como para mantener su reacción como la sorpresa de un hombre honesto, dada la excitación de los pasados días.

Mantente tranquilo, se recordó a sí mismo, asintiendo al maestro tierra con educada cautela. Un hombre alto, con rostro esbelto; el uniforme hacía difícil estar seguro, pero Huojin pensaba que era más enjuto y fuerte que de huesos grandes. Si supieran algo, no sería solo uno.

A menos que el resto estén enterrados fuera de la vista…

Él amaba su ciudad, de verdad lo hacía, pero de vez en cuando, cuando la paranoia se arraigaba por lo que él era y parecía agarrarlo por la garganta…

Desearía que hubiera algo mejor. Algún lugar para ser libre.

Lee abrió la puerta y vagos pensamientos salieron volando de la cabeza de Huojin. Oh, Agni. Esto no es bueno.

-¿Podemos ayudarlo? –dijo Lee con calma.

-Estoy buscando a la Sanadora Amaya –dijo el agente con formalidad, sin si quiera parpadear por la cicatriz.

-Ya somos dos –señaló Huojin, casi formalmente-. Tenemos un reporte de una potencial plaga en los muelles. Algo de Omashu. Necesitamos rastrearlo y eliminarlo, rápido.

El agente no se miraba contento, pero aún parecía dispuesto a alegar.

-El paciente está en el palacio.

-Le diré a Amaya –dijo Lee. Y les cerró la puerta en la cara.

No sé si reír o llorar, pensó Huojin, paralizado. Aunque la expresión en el rostro del Dai Li no tenía precio.

Un minuto y Amaya abrió la puerta.

-¿Humano o animal? –preguntó al agente con un tono profesional.

El agente se agitó ligeramente. ¿Quizá estaba sudando? No era posible.

-Se nos pidió el llevarla con la mayor rapidez.

-¿Es el oso nuevamente?

Bajo el sombrero con borlas, el hombre de verdad parecía avergonzado.

-Es importante para el Rey de la Tierra…

-Lee. Empaca tu equipo.

-¿Yo? –el joven maestro fuego parecía más inclinado a pegar carrera hacia los muelles. Huojin no podía culparlo.

-Él tiene más experiencia con animales que humanos en este momento –dijo Amaya con franqueza, sujetando el hombro de Lee y regresando adentro al renuente adolescente-. Los pergaminos para el tratamiento del pecho de un animal están en el tercer cajón con el listón rojo –regresó la mirada al agente mientras Lee se retiraba-. No tengo dudas de que puede manejar la situación hasta que yo haya terminado de asistir a la cuidad.

El agente inclinó la cabeza. Se irguió y observó reaparecer a Lee.

-¿Qué haces con un brasero?

Con su equipo en una mano, Lee tocó la correa que sostenía su odre y el brasero sobre su hombro.

-Los animales no siempre entienden que estás tratando de ayudarlos. El agua caliente no los asusta tanto y algunas veces la necesitas para limpiar cosas antes de tratar de sanarlos.

Buena respuesta. Huojin trató de no lucir aliviado. Debía haber sabido que el muchacho tendría una coartada lista. Habían llegado hasta aquí, ¿cierto?

-Lee estuvo viajando por un tiempo –dijo Amaya con honesto cariño- se ha cruzado con algunas técnicas que no enseñan en el Polo Norte –colocó una mano sobre su hombro y asintió-. Lo harás bien.

Huojin los observó avanzar por el camino hacia una carruaje que esperaba. Suspiró y siguió a Amaya dentro para que recolectara su propio equipo.

-¿Estás segura de que fue una buena idea?

-Sabe que es lo que no tiene que decir y sabe que la vida de su tío depende de su habilidad de hacerse pasar por Lee, el sanador maestro agua –dijo Amaya con tranquilidad-. Él es acero de espada, Huojin. No se romperá.

-Pensaba que era jade sin tallar –bromeó Huojin.

-Eso también –empacando algunos paquetes con hierbas más en su bolsa, Amaya le sonrió-. Debiste verlo con Jinhai. Puede verse despiadado, pero tiene un corazón amable bajo todas esas cicatrices –su sonrisa despareció, alejada por la preocupación-. Huojin, normalmente mantendría esto en secreto por la familia, pero si algo sale mal, necesitarás saber. Jinhai necesita entrenamiento. El tipo de entrenamiento de Lee y Mushi –negó con la cabeza-. Solo espero que Meixiang y Tingzhe acepten la ayuda de Lee.

Por un momento pareció que todo el aire de sus pulmones le había sido robado.

-Los accidentes –se las arregló para decir-. Las quemaduras. Los fuegos.

-Aparentemente, una secuencia de eventos que no son poco frecuentes –dijo Amaya secamente-. Le sugirió que pusieran cubetas con arena en cada habitación y que prohibieran que Jinhai se acercara a la estufa hasta que tuviera más control –enarcó una ceja-. También fue insistente en que Jinhai tomara el sol lo más posible. Sé que los maestros agua son más fuertes cuando la luna brilla, pero Lee dice que los maestros fuego necesitan del sol, que sin él ellos… mueren de hambre. Se vuelven desesperados.

-¿Si? –se aventuró Huojin.

-Evitó cuidadosamente el decir que tan desesperados.

Ah. Cierto. Lee era, aparentemente, justificablemente paranoico. Hubiera mantenido eso para sí mismo solo por el principio de "no quiero darle la oportunidad a las personas". Huojin dejó salir un lento suspiro, trayendo de regreso viejas memorias y cosas que había aprendido de otros refugiados.

-La locura lo cubre –dijo sin rodeos-. Demasiado tiempo y podrían morir. Es como las prisiones en barcos que de las que escuchas para los maestros tierra, en el mar. Si tu elemento no está cerca…

-Algo en tu espíritu muere –finalizó Amaya alzando su equipo-. ¿Nos vamos?

Afuera Huojin guió el camino a través de las torcidas calles, hasta los muelles.

-Pareces muy dispuesta a perdonar al muchacho que… bueno.

-¿Culparías a alguien por golpearte si estuviera delirando por la fiebre?

Huojin arrugó el ceño.

-Él no estaba enfermo.

-Sí, lo estaba –dijo Amaya con tristeza-. Aún lo está. Ha sanado considerablemente, incluso en estos pocos días. La quemadura no solo quemó la carne, Huojin. Le quemó el espíritu. Se ha aferrado a su humanidad con las puntas de los dedos y pareció como si le hubiera quitado a la última persona que ama en el mundo. Estaría mucho más preocupada si no me hubiera atacado.

El guardia entrecerró los ojos, tratando de seguir la retorcida lógica de la sanadora.

-Porque eso significaría que ha dejado de luchar.

-Si –se rió con tristeza-. Aunque estoy comenzando a pensar que Lee se rehúsa a reconocer que rendirse es una opción.

-El muchacho asusta –musitó Huojin.

-Sí.

El aire pensativo en ese tono le erizó los cabellos de la nuca.

-¿Sucedió algo?

-No es lo que pasó lo que me preocupa –dijo Amaya con cuidado-. Es lo que Lee dijo después. Has intercambiado historias con personas que sirven en la Muralla.

No era una pregunta exactamente.

-En esquinas tranquilas, seguro –dijo Huojin francamente. Con unos cuantos tragos a la mano y un amigable mesero que entendía que algunas historias no eran suficiente razón como para llamar a los Dai Li. Muchos de los veteranos de la Muralla terminaban uniéndose a la Guardia, luego de años o de heridas que los retrasaban-. Has tratado a muchos de ellos.

-Sí. Pero aparentemente no quieren molestar a una sanadora con el pensamiento de que algunos de sus oponentes parecen… inhumanos. Demasiado fuertes, demasiado rápidos –enarcó una ceja hacia él.

-He escuchado algunas historias –admitió Huojin luego de un momento de revisar que no había sombreros con borlas a la vista-. No son soldados comunes, pero cuando los maestros fuego imperiales salen a jugar… algunos de ellos supuestamente esquivan flechas. Otros patean las rocas fuera de su camino, incluso cuando los maestros aún están moviéndolas. Cosas locas como esas… -se interrumpió, con espadas brillando en una casa de té en su memoria.

Jet estaba fresco. Lee estaba exhausto.

Y aún así Lee se había mantenido al nivel, golpe por golpe. Y una arrollador y rápido corte que debió haber terminado la pelea permanentemente si Jet no fuera un acróbata de circo… Oh, Agni.

Exhaló un respiró.

-¿Qué es lo que has escuchado?

-Una puerta de un sótano hecha de roble con cubierta de granito, hecha pedazos con un empujón –dijo Amaya con franqueza.

-Um –¿y que, exactamente, se decía a eso?

-Como dije, fue la reacción lo que fue interesante –observó Amaya-. Aparentemente no era la gran cosa.

-De verdad –dijo Huojin con recelo.

-En parte, dice la historia, porque alguien que tenía verdadera habilidad, podía simplemente empujar y arrojar a una persona más de diez metros.

-¿Alguien? –Huojin hizo una mueca. Mushi.

-¿Has escuchado algún rumor como ese?

-No –dijo honestamente-. No lo he escuchado –torció un gesto-. Aunque por lo que he escuchado, muchas personas no regresaron, seis años atrás y tiene sentido pensar que esas personas… bueno., quizá vieron mucho más que las personas en la Muralla.

Amaya asintió.

-Ya te dije quienes creo que son –Huojin mantuvo el tono bajo, cubierto por la multitud de la mañana-. Creo que debí pensarlo yo mismo –oh, Agni. Tenemos un par de grandes nombres, maestros fuego imperiales en nuestras manos. ¿Qué hacemos ahora?

-Bueno –reflexionó Amaya- es bueno tener un marco de referencia para determinar exactamente a lo que se refiere Lee cuando dice que sus habilidades son pasables.

Urk, Huojin trató de no estremecerse. ¿Pasable como un sanador era una cosa. Pasable como un maestro fuego imperial? Una olla con bagre-anguilas completamente diferente.

Los soldados de Ba Sing Se nunca se enfrentan a uno de ellos frente a frente. Ni siquiera nuestros maestros tierra. Usan tres por lo menos, e incluso entonces vamos a perder gente. Huojin ahogó un gruñido. Oma y Shu, ¿qué hice para merecer esto?

Bueno. Al menos ahora sabía porque Mushi estaba convencido de que Lee no había tratado de matarlo.

-¿Qué vamos a hacer?

-¿Hacer? –problemas brillaron en los ojos azules-. Creo que hemos manejado las cosas muy bien hasta el momento, ¿no lo crees?

-Bueno, si, pero…

-Están buscando un lugar en el cual descansar –dijo Amaya con voz tenue, entrecerrando los ojos en su dirección-. No son armas andantes, Huojin, son personas.

Personas y armas andantes, pensó Huojin nada contento. No es como si creyera que fueran a comenzar algo. Ese par no hubiera llegado tan lejos si permitieran que su temperamento los guiara. Incluso Lee. El muchacho podía enfadarse como un puercoespín-cerdo, pero no había alzado una mano hasta que alguien había amenazado a su tío.

Pero si algo de verdad comenzara, esos dos lo terminarían. Permanentemente.

Debí permitir que los Dai Li se llevaran a Jet.

Pensamiento malo. Trata de no llegar a eso. Lo hecho, hecho estaba y solo tenía que esperar que el honor de la Nación del Fuego fuera todo lo que su gente decía que era. Mushi había dicho que estaban buscando un lugar para comenzar de nuevo…

No. No, dijo que no tenían opción. Alguien quiere a Lee muerto… maldición, si han sido declarados traidores al Trono del Dragón, toda la Nación del Fuego los quiere muertos.

Gran diferencia. Enorme.

-Así que, ¿qué clase de plaga estamos buscando? –preguntó Amaya.

Piensa en ellos después, se dijo Huojin.

-No estoy seguro. ¿Has escuchado alguna vez algo llamado pentaricela?

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Contento de tener pasos ligeros, Zuko se apresuró a regresar a la vuelta de la esquina, fuera de la vista de la puerta abierta.

-¿Qué rayo es eso?

Bajo la máscara de formal calma, el agente Dai Li parecía ligeramente divertido.

-Es un oso.

-Eso no es un oso-ornitorrinco.

Una pizca de humor brillo en los ojos verdes.

-No, no lo es.

-O un oso-mofeta, o un oso-taltuza o incluso un oso polar.

El agente, de hecho, alzó una ceja.

-¿Dónde has visto un oso polar?

-…Los de la Tribu Agua traen pieles a los muelles, algunas veces –lo que era cierto. No había necesidad de mencionar que uno de esos monstruos había tratado de comérselo una vez.

-Hmm –el Dai Li le dio una pequeña sonrisa-. ¿La cosa más rara que has visto?

Zuko se quedó ahí parado un momento, partes de los pasados meses pasando por su mente. El Avatar, ojos y tatuajes resplandecientes, alzándose en una tromba de agua que barrió a sus hombres de la cubierta. La flota de la Nación del Fuego destruida por un monstruo de agua gigante. Su tío, vestido solo con un guayuco, cadenas meciéndose al pelear con los maestros tierra.

…Espíritus, ¿nunca iba a poder sacarse esa imagen de la cabeza?

-No –dijo finalmente-. No realmente –ignorando la mirada curiosa del hombre, abrió el pergamino de Amaya una vez más, leyendo cuidadosamente. Tómalo con calma. Hazlo bien la primera vez. Enrollando el pergamino avanzó hacia la puerta.

-No eres Amaya –acariciando al jadeante oso, un joven con anteojos adornado con el verde del Reino Tierra lo miraba con desconcierto-. Pueden hacer una reverencia, ahora.

¿Puedo qué?

Podía sentir la mirada del Dai Li taladrándole la espalda, así que Zuko silenció su temperamento y se arrodilló junto con el agente. Al menos no era una reverencia completa. Que lo partiera un rayo si tenía que hacer eso de nuevo.

-Somos lo humildes sirvientes de su majestad –dijo el agente con fluidez, como si no hubiera tratado de hacer un agujero con la mirada en la cabeza de Zuko.

-Si, si, lo sé. ¿Dónde está Amaya?, Bosco está sintiéndose terriblemente.

El oso gimió, como un masivo sobrealimentado infante con dolor en la barriga.

-La Maestra Amaya tuvo una emergencia con un Guardia, su majestad –dijo Zuko, tratando de un trabarse con el extraño sufijo. No había reyes en la Nación del Fuego. Nunca los había habido, a menos que contaran algunos de los reyes y reinas waegu de hace cientos de años, y ningún gran nombre honorable contaría jamás como sangre noble a un pirata-. Yo soy su aprendiz, Lee.

-¿Alguien está herido? –los ojos entrecerrados se abrieron tras los anteojos con preocupación-. Espero que no sea serio.

-Está tratando de asegurarse de que no lo sea –se las arregló para decir Zuko, tratando de conseguir tiempo para pensar. Esto es una ciudad. Una gran ciudad. Las personas se lastiman todo el tiempo solo por accidente.

Y aún así no había rastro de la precisión afilada como el vidrio que tendría la voz de Azula de haber dicho las mismas palabras. Ni rastro de la sádica sonrisa que su hermana hubiera esbozado, sabiendo que un campesino estaba a su inexistente misericordia. Y sabiendo que ellos eran conscientes también.

No. El hombre parecía honestamente preocupado. En una distraída y optimista manera que mucho le recordaba a un particular hiperactivo maestro aire.

¿Por qué tengo la impresión de que solo hay dos adultos en esta habitación… y yo soy uno de ellos?

Cabeza inclinada. Boca cerrada. Las cosas estaban mal aquí, en una forma en la que no podía entender. Mejor mantener lo ojos abiertos y ver que sucedía.

-Bueno, no te quedes ahí parado. ¡Ven a darle una mano a Bosco! –dijo alegremente el Rey de la Tierra-. No te preocupes; es un excelente juez del carácter.

El oso gruñó.

Estoy muerto.

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-¿Ella ha enviado a alguien más? –Long Feng, Gran Secretario de Ba Sing Se y el auto proclamado poder detrás del trono, arrugó el ceño ante el reporte. A la información, no al agente, Quan; él tenía la inquebrantable lealtad de sus Dai Li por una razón-. Creí que sabíamos de todos los maestros agua en Ba Sing Se –no es que fueran muchos, además de la Sanadora Amaya y la joven maestra del Avatar. La mayoría del resto eran pescadores menores que atracaban en los puertos de Ba Sing Se y que solían quedarse ahí. Amaya podía no haber tenido un entrenamiento oficial en combate, gracias a las restrictivas costumbres del Polo Norte, pero su rechazo al compromiso arreglado por sus parientes había venido con una vena creativa. Una que tendía a usar en cualquiera que amenazara con, como ella elocuentemente decía, arrastrarla de regreso al Norte donde pertenecía.

-El muchacho es nuevo –le informó Quan, apoyado contra la pared donde había creado un canal de roca para escuchar al Rey de la Tierra-. Lee; nombre de familia desconocido. Estamos rastreando sus registros en este momento. Medio Pantano Neblinoso, por uno de lo reportes.

Sangre mixta. Hmm. Eso nunca era predecible. Solo había que mirar a la Isla Kyoshi, protegiendo celosamente su neutralidad por casi un centenario, antes de que ese improbable contingente de mujeres guerreras se mostrara en la Bahía Luna Llena. Al menos las colonias de la Nación del Fuego implementaban el orden en su prole mestiza, incluso si era el orden enemigo.

-Pero podemos decir que se ha encontrado con un maestro fuego –prosiguió Quan, señalando hacia su ojo izquierdo.

Marcado, entonces, ¿y vivo para contarlo?, Interesante.

-¿Cómo explicó eso al Rey de la Tierra? –no es como si esperara que Amaya enviara a algún suicida para decirle a Kuei sobre la guerra, pero uno nunca podía estar seguro.

-No lo hizo –dijo Quan con ironía.

-En serio –Long Feng arqueó una elegante ceja-. ¿Y? –usualmente sus agentes no esperaban para ofrecer los detalles pertinentes.

Un irónico placer bailó en los ojos de Quan.

-Quizá quiera escuchar esto, señor –con una floritura de su mano abrió el agujero para escuchar un poco más, solo lo suficiente para que los dos pudieran oír.

-¡Grrh!, ¡Arrgh! –Bosco gruñó.

-En serio, no creo que… -comenzó Kuei.

-¡Siéntate! –la voz desconocida de un adolescente espetó, obviamente con la paciencia desgastada.

-¡Graahg!

-¡Eso va para ti también!

-¿Grr?, ¡Eeep!

Los sonidos siguientes fueron horriblemente desagradables y le recordaron a Long Feng del intento de un maestro tierra de destapar una coladera que había ido horrible, horriblemente mal.

-¡Grrr-yipe!

-Eww… -la voz de Kuei se desvaneció y se escuchó el susurro de la tela.

-Lo pudiste haber dejado caer –gruñó el adolescente.

-¿Dejar caer a su majestad? –la voz de Shirong, el agente Dai Li, ahogó una risita, que se convirtió en una jadeante tos-. Ugh… Lee, ¿qué es esa cosa?

Algo chapoteó y repiqueteó.

-Un arete, creo, uno grande. Hecho para parecer una uva –Lee dejó escapar, con el tono nasal de alguien que trata de no respirar por la nariz-. Jade y amatista, quizá…

-Oye… ¡tenemos un reporte de esa cosa como perdida!

-Bueno –Lee jadeó- ya la tienen. Tan pronto como alguien la limpie. Que la hiervan, quizá –otro jadeante respiro-. ¡Idiota!, ¡eso no es comida!

-¿Growf?

-Entonces, eso es todo –Lee respiró superficialmente-. Un dolor de estómago por cortesía de comer rocas –gruñó-. ¿Algo más?

-Enviaré a alguien a ayudar –dijo el agente amablemente-. Con una bata para el baño para que puedas limpiarte.

-Gracias –dijo el adolescente con fervor. Tragó saliva-. ¿De prisa?

-Estoy en camino.

Long Feng cerró el agujero con un practicado apretar de su mano e intercambió una elocuente mirada con Quan.

-A Shirong parece agradarle –dado que Shirong era uno de los más hábiles reclutas, cuando no estaba atendiendo otros deberes, eso era… interesante.

-Apresuraré ese reporte, señor –asintió Quan.

-Asegúrate de que no lo saquen del baño demasiado pronto –dijo Long Feng con sequedad-. Por el sonido de eso, todos lo apreciaríamos.

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Agua caliente. Aguantando la respiración, Zuko se sumergió completamente, sintiendo el agua limpia y caliente abrirse camino hasta sus huesos. Este era su tercer cambio de agua y por fin estaba comenzando a sentirse como si pudiera encarar comida nuevamente.

El baño de piedra vibró.

-No te vayas a ahogar ahí dentro.

Renuentemente, Zuko emergió y se encontró con sorprendidos ojos verdes.

Oops.

En un lugar que clamaba que no había guerra, dejar que otros vieran sus cicatrices posiblemente no era… inteligente. O provechoso para la supervivencia.

-¿Aprendiz de sanador? –el agente Dai Li dijo con tono neutral, dándole educadamente la espalda.

Envolviéndose en una toalla, Zuko trató de mantenerse tranquilo.

-Mi madre no tuvo tiempo de enseñarme mucho antes de… desaparecer. Tío no podía ayudar y la Maestra Amaya es la primera maestra agua que he conocido que no ha tratado de empalarme con hielo –cuidado, eres un mal mentiroso. Apégate a la historia de Amaya. Di cosas pequeñas y deja que ellos supongan.

Girándose hacia él, el agente lo estudió un largo minuto.

-Puedo ver porque –una mano envuelta en un guante de piedra le tocó por encima del pelo húmedo-. Deja que crezca lo suficiente para un moño alto y podrías pasar.

Saliendo del agua caliente, Zuko se estremeció.

-Ni si quiera bromees con eso.

-No era una broma. Siempre es bueno tener otra roca para arrojar –retrocedió y asintió-. Soy Shirong. Creo que nos estaremos viendo constantemente –una pausa deliberada-. Cuando regreses para revisar al oso.

No es una amenaza. Creo.

-La ropa es tuya. Llámalo una recompensa por la… desagradable experiencia –una mirada irónica-. Alguien estará aquí en breve con el pago de la Sanadora Amaya. Ellos te escoltarán a la salida.

La piedra resonó y se hubo marchado.

¿Ropa?

Sobre la mesa estaba su ropa café, recién lavada y demasiado húmeda como para usarla, a su lado, suficientemente alejadas para que no se mojaran, estaba otro juego. Nada elegante; algo de decorado en el cuello y los bordes para sumar interés a la resistente tela. Respetable para el Anillo Medio por lo que había visto en los alrededores de la casa de los Wen.

Verde. Argh.

Castaños podían ser típicos del Reino Tierra, pero no estaban demasiado lejos de los oscuros tonos encontrados en los uniformes de la Nación del Fuego. No le parecía correcto el vestir verde. Incluso el verde oscuro, tan oscuro que era casi el color del uniforme de los Dai Li…

Vale. Escalofriante.

Con los nervios gritándole o no, no iba a ser atrapado a medio vestir por quien quiera que fuera a venir.

Verde será.

Vistiéndose rápidamente, Zuko se envolvió en la túnica externa. Hizo una pausa, una mano alzando una manga. Algo no está bien. Frotó nuevamente la fábrica entre sus dedos y estuvo seguro. Hay algo en la bastilla de esto.

No había tiempo para preocuparse de eso. Se envolvió la faja y la amarró justo cuando la puerta se abría.

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Amaya se sentó al otro lado de su amigo y paciente de muchos años, deseando tener el toque de Mushi con el té. Su yingsen era vigorizante, pero lejos de ser reconfortante.

-Entiendo que esto debe ser una sorpresa…

-Descubrir que el Avatar Kyoshi creó a los Dai Li, eso es una sorpresa –el canoso profesor dijo con aspereza-. Que uno de mis más brillantes estudiantes desapareciera antes de que estuviera calificado para enseñar por un indiscreto comentario en las políticas actuales, eso es una sorpresa. ¿Esto? Esto es un desastre.

-No es culpa de Jinhai –dijo Amaya con firmeza.

-Intenta decirle eso a Min –dijo Tingzhe Wen con aspereza-. Está viendo sus oportunidades de unirse al más exclusivo grupo de maestros tierra arder en el fuego. Literalmente –el profesor observó su taza-. ¿Dónde me equivoque, Amaya? He tratado de criar a mis hijos para que sean honestos, honrados y para que supieran como usar las mentes que los espíritus les dieron. Y todo lo que Min desea es unirse a aquellos que nos silencian a todos –sus labios se torcieron-. Para ser un maestro tierra, quizá es él el que tiene mucho de su madre en él.

Los ojos de Amaya se entornaron.

Incluso al decirlo, Tingzhe pareció sorprendido.

-Oma y Shu, no quise decir…

-Lo sé –dijo la sanadora con calma. Era mejor que este veneno saliera de su sistema ahora, con ella, que en una discusión con Meixiang-. Has escuchado algunas de mis historias de la Tribu de Agua Norte, la gente de Meixiang no tienen un monopolio por la codicia del poder. Espíritus, si lo tuvieran, no habría Dai Li –suavizó su voz-. Pero en cierto modo, también tienes razón. Min siempre ha tenido el impulso de ser el mejor y todos saben que los Dai Lo son los mejores. Y tiene dieciséis años. Su familia siempre ha estado ahí para él, no se da cuenta de que sus decisiones de verdad pueden amenazar a las personas que le importan.

-¿Y este muchacho que quieres que le enseñe a Jinhai? –dijo Tingzhe mordazmente-, ¿no tiene dieciséis años?

-Lee es diferente –replicó Amaya-. Él ha aprendido unas lecciones muy difíciles. Ha perdido a casi toda su familia y casi muere él mismo. Eso te cambia –sonrió-. Tiene dieciséis años, si, y tiene su temperamento, pero Lee es más maduro que mucha gente que he conocido.

¡Slam!

Cabello húmedo revuelto, vestido en verde cuando lo había mandado en castaño, Lee entró apresuradamente con un bulto de ropa húmeda y una mirada que probablemente habría hecho huir de terror a inocentes transeúntes y a no pocos delincuentes.

-Quiero olvidar que el día de hoy pasó.

-¿Qué estaba mal con él? –preguntó Amaya con recelo.

-Nota seis –gruñó Lee entregándole los pergaminos y una bolsa con monedas.

-Oh, cielos –esa particular nota personal en el mapa del chi era sobre el hecho de que Bosco podría y trataría de comer todo lo que supiera vagamente como comida. Hasta el momento seguía sin saber cómo se las había arreglado para tragarse un cucharón para sopa sin que nadie lo notara, y no estaba inclinada a averiguarlo.

-Eso fue asqueroso –dijo Lee débilmente, apretándose el puente de la nariz para mantener a raya el dolor de cabeza por el estrés. Un movimiento muy práctico; ella misma lo usaba, seguido.

Él lo hace sin si quiera pensarlo. ¿Se relaja alguna vez?

-No quiero volver a hacer eso otra vez, pero dijeron que alguien tenía que revisar al oso y… -Lee se detuvo en seco observando a su sorprendido huésped-. Usted debe ser el Profesor Tingzhe Wen.

-Debo serlo, ¿eh? –el maestro tierra observó a Lee de arriba abajo, como si estudiara un ensayo a punto de ser marcado con tinta roja.

La sombra de una sonrisa se dibujó en el rostro de Lee.

-Jinhai se parece mucho a usted.

Tingzhe se reclinó en su asiento con un brillo interesado en sus ojos avellana.

-Eso no es algo que escuche seguido.

-¿No? Oh, por los ojos y… -Lee inclinó un poco la cabeza-. Es por la forma en la que mira cuando está tratando de entenderte. Puedes verlo pensando y… lo siento. No soy muy bueno con las personas.

Mejor de lo que crees, consideró Amaya agradablemente sorprendida. Tingzhe había venido preparado para una pelea y todos sus esfuerzos apenas lo habían llevado apenas a tranquilizarse. Las sencillas palabras de Lee, un maestro fuego afirmando primero que Jinhai era hijo de Tingzhe y todo lo demás luego de eso…

El encantar a las personas es como una moneda de cobre en una docena, y vale mucho menos. Tú y tu tío, bajo esa planeación… son sinceros. Eso es raro.

Maldición, el tiempo.

-La gente llegará para las citas, en unos momentos –dijo Amaya poniéndose de pie-. Ustedes dos deberían llevar esta discusión al jardín.

Tingzhe asintió parándose. Lee dudó.

-Maestra Amaya, ¿ese asunto oficial?

No mencionas la plaga porque no quieres que la gente se asuste si no es verdad. Chico listo.

-Completamente infundado –lo reconfortó Amaya y no pudo evitar sonreír-. Aparentemente alguien les jugó una práctica y pesada broma a las fuerzas de la Nación del Fuego que ocupaban Omashu. Una que les permitió evacuar la ciudad entera –cruzó los brazos imaginando el disgusto que se llevaría la armada cuando lo descubrieran-. Me gustaría conocer a este Sokka de la Tribu Agua Sur. Debe ser un inteligente y hábil guerrero…

Lee emitió un sonido ahogado.

Ella lo miró.

-…Nada, pacientes, yo solo…

-Lo conoces –Tingzhe le dirigió una mirada considerada-. Y si conozco a los jóvenes, no en buenos términos –emitió un tch-. Sé que es difícil de aceptar a tu edad, pero no hay nada de malo con perder frente a un hombre más experimentado…

-¡Tiene quince!

Tenso silencio.

Lee mantuvo sus manos de apretarse en puños con esfuerzo.

-Quince y es un idiota, con destellos de ingenio táctico. La parte idiota en él lo habría matado hace un buen tiempo, si no fuera por un pequeño detalle. Está viajando con el Avatar –su aprendiz dejó salir una exhalación, visiblemente forzándose a mantener la calma-. Tienen razón, pelee con él. Y perdí –Lee le hizo una reverencia con la mandíbula apretada-. Maestra. Necesito un poco de aire.

-Ve –dijo ella, perturbada. Manteniendo suficiente atención en él para estar seguro de que se encaminara al jardín y no de regreso a la calle con los despreocupados transeúntes. Espero lo suficiente para que estuviera fuera del alcance de sus voces y silbó-. Bueno. Ciertamente no me esperaba eso –o conoció a Sokka en sus viajes… o tenía razón y ha estado en los polos. Ambos.

Observando las pantallas que daban al jardín el profesor parpadeó y le dirigió la mirada.

-Eso explica gran parte de desazón. Una cosa es perder justamente. Perder porque tu oponente trajo su propia armada es otra situación. Especialmente contra un honorable joven.

-Su tío jura que Lee no era parte de la guerra –protestó Amaya. Incluso si fue entrenado para ella.

-Mi estimada sanadora, todos somos parte de la guerra –dijo Tingzhe secamente-. Puede no ser un soldado, pero si el muchacho de la Tribu Agua terminó en el mismo pueblo que tu aprendiz… tu gente tiene una larga historia de atacar enemigos primero.

Amaya arrugó el ceño, insegura de cómo tomarse eso.

-¿De quién crees que fue la culpa?

-¿Cómo podría saberlo? No estuve ahí –dijo Tingzhe con aspereza y arrugó el ceño-. Tiene una interesante forma de hablar, tu Lee. Si no estuvo en la armada, ciertamente recibió educación militar. Aunque puedo imaginar que es cierto para la mayoría de los maestros fuego estos días –se quedó ahí de pie un largo momento, pensando-. No me he decidido. Aún no. Pero me gustaría hablar con él, si crees que pronto estará suficientemente calmado.

-Probablemente ya esté calmado –suspiró Amaya- o al menos bajo control. Es bueno en eso –demasiado bueno, creo yo.

-Hmm –Tingzhe le dirigió una sonrisa seca-. Bueno, pues, tiempo de enfrentar al dragón.

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Es un dragón muy pequeño.

Acercándose tranquilamente, Tingzhe se tomó un momento para estudiar al jovencito sentado en el suelo, pasando los dedos por el estanque de Amaya. De verdad era una sorpresa el que se las hubiera arreglado para pasar desapercibido todo este tiempo. Las finas y esbeltas facciones, la pálida piel… agrega un moño alto, cambia los ojos verdes y la túnica por dorado y rojo y podría ser cualquier joven gran nombre sacado de los pergaminos clásicos.

Una confirmación de cómo mucha gente simplemente no ve, supongo.

-Once –dijo Lee con voz quieta-. Los conté a todos. Tres veces –miraba el agua, obviamente viendo… algo más-. Esos fueron todos nuestros hombres que fueron sacados del agua luego de que se marcharon. El agua era hielo en la cubierta… y el agua que no estaba a bordo –negó con la cabeza, despacio-. Los lanceros que Katara congeló tuvieron suerte. Una vez que los liberamos solo necesitaron algunas bebidas calientes. Pero para cuando sacamos el barco del glaciar y dimos la vuelta por los que el Avatar arrojó por la borda… estuvo demasiado cerca. Demasiado –tragó en seco-. Tuve que contar. No sabía todos sus nombres. El agua estaba tan fría…

Fría y oscura. Dos formas seguras de matar a un maestro fuego. Decidido, Tingzhe se sentó.

-¿Así es como conociste a Sokka?

-No espero que lo entienda –Lee aún no lo miraba-. El Señor del Fuego había declarado al Avatar como enemigo de la Nación del Fuego. Teníamos que investigar. ¡No lastimamos a nadie! –apartó los dedos con brusquedad del agua, gotas se alzaron como vapor-. Asustamos personas, amenazamos mujeres y niños, no estoy orgulloso de eso. El Avatar prometió ir con nosotros y… nuestro comandante prometió no lastimar a nadie. Nos fuimos –una respiración profunda-. Y entonces, Sokka y su hermana maestra agua decidieron aterrizar un monstruo volador de diez toneladas en nuestra nave y todo se fue al carajo.

El profesor se mantuvo callado, usando décadas de una vida de razonamiento y lógica para abrirse paso por sus primeras reacciones emocionales. El horror no ayudaría a nadie, tampoco lo haría el enojarse con un jovencito que había estado haciendo… bueno, lo que muchos de sus compatriotas aparentemente pensaban que era lo más razonable de hacer.

-Puedo entender que la Nación del Fuego pone un gran valor en el honor –Tingzhe dijo con voz tranquila-. Si tu comandante ofreció a un prisionero un trato razonable y este lo rompió, incluso con una investigación externa… si, por lo que he leído de vuestra historia, eso es un grave insulto –observó cuidadosamente al muchacho-. Lo que realmente me sorprende es que estés más molesto por las casualidades.

Lee se encogió de hombros, como si no importara lo que pensara.

-Sokka es peligroso. Vuelve las cosas inestables y no piensa. Sale de problemas porque es afortunado, no porque tenga entrenamiento. Su hermana es una maestra agua entrenada y tiene al Avatar por amigo, así que tiene a la suerte de su lado. Y, espíritus –cerrando los ojos Lee abrazó sus piernas contra su pecho-, pregúntele a la Maestra Amaya sobre el Polo Norte. No quiero pensar sobre eso.

Un centenario de guerra que tu nación ha desatado en la mía. Sus estudiantes podrían bromear acerca de que él aún viviera en el reinado del cuadragésimo sexto Rey de la Tierra, pero Tingzhe era perfectamente consciente de la guerra. Simplemente no había nada que él pudiera hacer al respecto, salvo ayudar a su gente a recordar el pasado para que tuvieran la esperanza de un mejor futuro. Debería sentirme complacido por la retribución del Avatar.

Pero este no era el Señor del Fuego. Este era un muchacho con muchas cicatrices que había visto tanto horror como la mayoría de los veteranos en la Muralla, alguien que había huido de la guerra, como Meixiang lo había hecho.

Deja de perder el tiempo, se dijo Tingzhe con firmeza. Ya sabes lo que has decidido.

-Mi esposa dice que quieres enseñarle a Jinhai a apagar los fuegos.

-Es lo primero que mi madre me enseñó –Lee se desenroscó y lo miró, ojos verdes brillando y serios como el fuego-. Mi hermana… había muchos maestros alrededor y… no quieres a dos maestros alimentando el mismo fuego. Es más difícil que comenzarlos, pero hace las cosas más seguras. Da menos miedo –la mirada de Lee se desvió a un lado y regresó determinada-. Él siempre será suyo primero, sabe. Tío dice que las otras naciones no están ligadas por la lealtad como nosotros. No en sus espíritus. Jinhai es un maestro fuego y ustedes sus padres y él los ama. No importa lo que yo pueda enseñarle, siempre lo mirara a usted primero. Siempre.

Tingzhe trató de no mirarlo fijamente, reconociendo la arcaica frase de una de las viejas cartas que había encontrado recientemente en la colección de la universidad.

-¿A quién buscas tú, nacido de los dragones?

-He sido arrojado a las olas, pues mi clan ha huido y nuestra fortaleza yace en las cenizas.

-¿A quién buscarás tú, nacido de los dragones?

-Busco un gran nombre, uno digno de mi espada y fuego.

O eso dice la historia, la carta seguía. Lo cual hubiera dado una pista al despistado oni que lo único que iba a conseguir era un contrato por monedas, no lealtad, y cuando el clan se reagrupara, sería un ogro flameado. Pero esas son cuentos. Y ahora tú estás persiguiendo cuentos en Ba Sing Se. Padre, por favor se cuidadoso. Sé que se lo prometiste a tu amigo, pero tu clan te necesita también.

Unos cuantos días de búsqueda no habían sido suficientes como para saber lo que el padre de la Señora Kotone había prometido, pero dada una carta que había sido escrita algunas décadas atrás, metida en uno de los pergaminos sobre el Avatar Yangchen, el último Avatar Nómada del Aire… bueno.

Quizá lo mejor es no mencionar que el Avatar Aang visitó la universidad solo unos días atrás. Algunas veces la mejor medicina es el tiempo.

-Hablaré con Amaya acerca de una buena hora para que vengas –dijo Tingzhe sin rodeos.

-¿Podrá estar ahí?

Dado que estaba por mencionar justamente eso, el profesor arqueó una aprensiva ceja.

-Fuego y tierra no son tan diferentes como la gente piensa –explicó Lee-. Las posiciones no son las mismas, y nosotros pasamos más tiempo en el aire, pero si usted observa verá… cosas en común –dejó salir una exhalación y asintió con determinación-. Así, si algo va mal y los Dai Li me atrapan… usted sabrá donde comenzar a ayudar a Jinhai a aprender por sí mismo.

Tingzhe arrugó el ceño.

-No te van a atrapar. No si eres cuidadoso.

-Soy cuidadoso –dijo Lee con sequedad-. Las cosas simplemente pasan a mí alrededor, no importa lo que planee. Así que es mejor que usted sepa. Además, Madame Wen podría querer pulir sus formas también.

-Mi esposa –Tingzhe dijo con deliberada calma-, no es una maestra fuego.

-Ya lo sé –dijo Lee, obviamente desconcertado.

-¿Por qué podrías creer que sabe algún movimiento de Fuego Control? –prosiguió Tingzhe, observándolo como lo haría con cualquier estudiante que no había cumplido con la lectura asignada.

-¿Por qué todos las conocen? –dijo Lee con exasperación- ¿para defensa personal? –el jovencito pareció repentinamente meditabundo-. A menos que sea como Huojin, mayormente criada aquí…

-No… ¿de verdad le enseñan a pelear a sus mujeres? –Tingzhe negó con la cabeza, años de estudio súbitamente mostrados erróneos-. He leído algunas referencias sobre mujeres guerreras, pero creí que eran... bueno, mitos. Como Wan Shi Tong o el Espíritu Azul. Nunca nadie ha visto a una.

-Oh, eso está por cambiar –musitó Lee. Le dio una mirada incrédula-. En la Isla Kyoshi enseñan a las mujeres a pelear.

-Eso puede ser correcto –admitió el profesor-, pero todos saben que son una pocas piedras de la montaña.

Le se le quedó mirando, como si hubiera sugerido que caminaran en medio de un agujero lleno de víboras-avispa.

-¿Suyin y Jia no saben cómo pelear?

-Jia es una hábil maestra tierra –dijo Tingzhe con impaciencia-. Estoy seguro de que si tiene el infortunio de encontrarse con un joven rudo, podía atraparlo efectivamente hasta que un guardia llegara…

Lee enterró la cara en las manos.

-Jovencito ¿qué sucede contigo?

Le negó con la cabeza y alzó la mirada.

-¿Y qué hay de Suyin?, ¿o si no es un joven rudo con lo que Jia tiene que enfrentarse?, ¿qué tal si es un Dai Li?

Tingzhe lo miró con la boca abierta, horrorizado.

-¡No puedes pelear con los Dai Li!

-Nunca te rindas sin pelear –un feroz verde lo taladró con la mirada-. Si quiere que entrene a Jinhai… entonces entrenaré a Suyin también.

-¡Ella ni siquiera es una maestra!

-Algunas de las personas más peligrosas en el mundo no son maestros –dijo Lee con impaciencia-. El Maestro Piandao derrotó a cientos de soldados ¡con una mano!

-¿Quién?

Lee comenzó a decir algo y se detuvo.

-Solo… alguien de quién escuché hablar. Hace años –entrelazó las manos, enderezándose; igual a igual-. Por favor, considérelo. No siempre podemos estar ahí para proteger a las personas que nos importan. Lo mejor que podemos hacer es enseñarse a protegerse a sí mismos.

-Hablaré con la sanadora Amaya –dijo Tingzhe finalmente-. Ha sido muy… interesante, el hablar contigo –inclinó la cabeza y Lee hizo una reverencia.

La verdadera imagen de un educado joven, pensó el profesor, marchándose. Pero cuando realmente te importa algo, cuando ese fuego interno destella… solo un hombre ciego no puede ver lo que eres.

¿Qué hace un gran nombre en Ba Sing Se?

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N/A:

Waegu – coreano, "brigadas de Wa", i.e. Japón. Viene del japonés wako. Básicamente, piratas.

Sobre la reacción de Huojin al descubrir que tiene dos maestros fuego imperiales en las manos… puesto en contexto. Eres un policía U.S. regular de corazón. Estás armado y, legalmente, gran parte de tus compañeros ciudadanos. (No nos preocupemos de las diferencias entre el acero y el Control de momento).

Y entonces descubres que dos recién llegados al vecindario tienen un tanque Sherman aparcado en su patio trasero.

Si.

Desde luego, es mucho peor de lo Huojin cree. En el canon vemos a Iroh y a Zuko aplastar cerca de dos docenas de maestros fuego imperiales… luego de estar a la deriva en el océano polar por tres semanas, heridos, hambrientos y defendiéndose de buitres marinos. Y quien sabe que más.

Huojin probablemente esta mejor sin saber eso…