Disclaimer: Ninguno de los personajes de Inuyasha me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este Fic, que espero disfruten :)

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Difícil de expresar
Por Franela

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Marcha

Se había cumplido la semana, y cuatro días más habían pasado sin que el joven prodigio se dignara a salir de su hogar. Evitaba los desayunos con su madre, los almuerzos con ella y las cenas por la noche con su padre, juntos como la familia que alguna vez fueron. El retorno del primogénito y heredero ya había perdido el color que antes tenía y el gris oscuro había vuelto a apropiarse de cada rincón. Incluso Jaken, el siempre insistente asistente de su padre, había perdido el entusiasmo que antes tenía por cumplir cada uno de sus caprichos.

Ese día, sin embargo, Irasue aguardó por él en el comedor hasta que se dignó a bajar. Leía como siempre de algún pequeño libro mientras bebía té, en silencio le indicó que se sentara y aguardó a terminar el capítulo para dirigirse a él.

—Necesito que vayas por Rin. —El encuentro, que tanto había evitado, se lo estaba lanzando. Su madre continuaba leyendo, quizá era el único rasgo que compartía con su padre—. Hablé con Kaede y no hay problemas. Jaken te llevará.

Ni siquiera le cuestionó, no preguntó por qué debería hacerlo. Aguardó, como antes, a que terminara un nuevo capítulo. Ella quería decirle algo más.

—Es un asunto delicado, te agradecería tener tacto.

Sesshoumaru se levantó ligeramente molesto, pero de igual forma aguardó por Jaken en el auto hasta que éste se dignó a aparecer, soltando mil disculpas y otras mil excusas que a él poco le importaban. Después de algunos minutos se dio cuenta que no seguían el camino al orfanato. En medio de la ciudad se detuvieron frente al cementerio y Jaken abrió la puerta para él. Era un día soleado y sin embargo corría una fría brisa. Estaban a mediados de Julio.

El asistente de su padre caminó hasta un hombre que se encontraba cerca e intercambió un par de palabras. Volvió hasta él y le indicó que aquel hombre lo llevaría hacia donde se encontraba la chiquilla esa. «¿Por qué a mí? —se preguntó entonces—. Claro.» Irasue le había encargado a él el asunto, no al pequeño asistente de ojos saltones. Le indicó al hombre que lo seguía, y en silencio emprendieron marcha. Como era habitual mucha gente paseaba por el lugar, quizá disfrutando del día a pesar de la temperatura y de que los cerezos regaran todas sus flores algunos meses atrás.

—Ha estado más de dos horas acá —le dijo el hombre. Les llevó algo de tiempo encontrar a quien buscaban, estaban lejos del templo y de los demás visitantes—. Debería aconsejarle que al menos descanse a la sombra, las nubes son escasas y el sol es fuerte a estas horas.

Sesshoumaru sólo se acercó cuando el hombre estuvo lo suficientemente lejos. Ella demoró en reparar en la presencia ajena, y para cuando lo hizo se quedó viendo en su dirección un largo rato. Él se miró los zapatos, seguro de que ya había estado en su compañía con ellos puestos (tal vez se había cambiado los zapatos antes de subir al auto). Miró entonces a su alrededor. Jamás habían estado juntos en ese ambiente. En casi ninguno, en realidad. Eran siempre terrenos en los que ella se manejaba a la perfección: el orfanato y su propio hogar, sitios que ella conocía al revés y al derecho, en los que se desplazaba como cualquier persona con la vista intacta.

—Soy yo —dijo él.

—Sesshoumaru —respondió la chica—. Hola.

El muchacho no respondió, seguía analizando la situación. ¿Por qué su madre no se lo advirtió de forma más textual? Un "asunto delicado" no bastaba para meterlo en tal embrollo. Se acercó y vio las tumbas. Maldijo a su madre en silencio, y al incompetente de Jaken también, seguramente él estaba al tanto y tampoco le había informado.

—Es la primera vez que los visito —mencionó ella—. Si no fuera por el hombre que me ayudó a llegar ni siquiera sabría dónde están.

—Mi madre habló con Kaede...

—Le pedí autorización para venir sola, le dije que necesitaba hacerlo... Que podía volver sola. —El sol salió detrás de una nube. Sus ojos brillaban; su voz, temblaba—. Pero... pero no sé si mis piernas puedan moverse. —Estrujó sus puños y echó su cabeza hacia atrás, sus párpados estaban fuertemente apretados. Se esforzó por tapar con sus manos un quejido se escapó de su garganta—. Diablos, odio la lluvia —dijo, tratando de sonreír.

Sesshoumaru miró alrededor. ¿Qué más podía hacer? ¿Qué podía decirle? El agua seguía cayendo por sus mejillas.

Al cabo de unos minutos en los que el único ruido perceptible fueron aquellos pequeños gemidos, el joven se paró a su lado y tocó su cabeza con una de sus manos, acercando a la muchacha hacia su pecho. Ella, por el repentino movimiento, extendió sus manos en busca de apoyo y terminó aferraba a sus brazos. Había al menos unos treinta centímetros de diferencia. Sesshoumaru, a pesar de mirar en otra dirección, pudo percibir cada hebra del cabello negro entre sus dedos, y para cuando decidió que ya podía verlo se sorprendió del brillo del sol en él. Quiso creer que aún en aquella oscuridad había un pequeño rayo de luz.

—Vamos a casa —le dijo.

Ella asintió contra su pecho y tomó la mano que él deslizó por su brazo. Mientras caminaron juntos hasta la salida Sesshoumaru trató de memorizar el lugar que podía detallar con la mirada. Podría volver el año próximo cuando los cerezos generaran lluvias rosadas y él pudiera retirar aquellos pétalos de entre los cabellos negros, caminar de la misma forma en que ahora lo hacía pero con mucha gente alrededor.

Se encontraron con el asistente de ojos saltones. Jaken abrió la puerta no sin antes reparar en las manos entrelazadas y la cerró con delicadeza cuando ambos jóvenes ya se encontraban en el interior del vehículo. Partió de vuelta al hogar.

Durante el caminó ninguno habló, ninguno sabía qué decir. El único pensamiento que ocupaba la mente de Sesshoumaru era cómo ayudarla, cómo evitar que su mano siguiera temblando. Cuando llegaron al domicilio la ayudó a bajar y la llevó al salón de Irasue, era lo único que se le ocurrió en diecinueve minutos de silencio. Sólo cuando la sentó frente al piano se sintió capaz de soltar su mano.

—Desahógate —le ordenó. Ella obedeció.

Jamás había escuchado un Chopin tan desordenado, desigual y desafinado, y sin embargo casi podía palpar la angustia de su alma atormentada, el suplicio de su cuerpo y el abandono de su propia persona. Podía ver claramente la soledad que la invadía a cada nota, la lucha personal por correr del aislamiento y la incapacidad de salir adelante. No sólo el llanto era contenido, la rabia y el rencor también lo eran. Supo entonces que no había dado vuelta la página, y que probablemente no lo haría nunca.

La pieza terminó en menos tiempo de original, la muchacha se había saltado compases e incluso frases completas, inventando otras además. Fue un desastre de inicio a fin. No había sido de sus mejores jugadas, ahora ella estaba inmóvil frente al piano, sus puños apretados y la mirada baja. Su madre lo mataría en cuanto viera el poco tacto que había tenido. ¿Por qué, entre todas las piezas existentes, tuvo que elegir aquella marcha?

—Mi padre siempre bromeó con aquello cuando era niña —dijo ella de repente, sacándolo de sus pensamientos—. Siempre dijo que quería que alguien tocara a Chopin para su funeral, que quería morir a lo grande. —Sesshoumaru la oyó suspirar; sus manos estaban ahora apoyadas en su regazo y miraba hacia arriba, como si esperara que volviera a llover aunque sus mejillas ya estaban secas y ligeramente coloreadas —. No le pude cumplir su capricho hace años, y ahora ha sido un desastre.

—Para mí ha estado perfecto. —Incluso él se sorprendió de lo que se escapó de sus labios, no era propio de su persona mentir, mucho menos si había una interpretación de por medio. Era conocido en orquestas del mundo por la acidez de su lengua, aquello le generó más de un problema con distintos intérpretes, incluso con más de un director.

Rin tampoco le creyó, sin embargo, igualmente le agradeció el gesto.

Sesshoumaru se acercó y se sentó a su lado. Comenzó a improvisar, a ratos Rin le acompañaba, a veces sus manos chocaban y la música se interrumpía, otras se distanciaban tanto que parecían tener una discusión de agudos y graves. Pasaron así algunos minutos hasta que ambos se cansaron de batallar. Ella siguió con una sonata de Mendelshon, él con una de Grieg, ambos disfrutaron el Bólero de Ravel e intentaron entretenerse con el Aprendiz del Hechicero, pero fue demasiado el desastre que provocaron las escobas y la interpretación se desmanteló a medida que las energías se iban acabando.

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Nota de la autora: Traté de que el cementerio al cual se hace referencia fuera el Cementerio de Aoyama, ubicado en Tokio. Lamentablemente fue muy poca la información que pude encontrar respecto a este lugar en internet para hacer más exacta esta parte del fic, como la disponibilidad de tumbas o distribución de las mismas (sólo leí que había una pequeña parte para los extranjeros). Algo más que puedo contarles de este lugar es que suele ser muy frecuentado: la concepción de cementerio es muy diferente en Japón que aquí en occidente, de hecho, está en medio de la ciudad; además el cementerio de Aoyama es casi turístico, recibe muchos visitantes durante todo el año y más en primavera cuando los cerezos están florecidos (si mi memoria no me falla, entre marzo y abril) y es la época de Hanami.

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¡Hola!

Siento mucho la demora, y que este capítulo, que tenía concebido como uno algo más dramático, resultara tan corto.

La parte buena es que creo poder subir el capítulo 12 de aquí a una semana o a más tardar, dos. El capítulo en sí lo tengo escrito casi en su totalidad, pero me falta continuidad para el trece, y ya nos estaríamos acercando al final de esta historia :)

Yoya: Nuevamente me demoré, pero no creo demorar tanto al menos para el siguiente capítulo, así que espero seguir sabiendo de ti hasta el final c:
Elie G.S: Si lees este creo que te demoraste muy poco en llegar al final, ¡lo siento! Prometo enmendarme en el 12vo, que te aclarará algunas dudas (de boca de la propia joven en cuestión) y ojalá te genere otras jajaja ¿En serio amas a mi Irasue? Yeii, tenía (y sigo teniendo) mis dudas al manejar a este personaje por lo poco que se sabe de él, pero no quería hacerlo una mujer taaaaaan fría con todo el mundo, así que trato de equilibrar (sobretodo cuando se trata de ella y Sesshoumaru).
Invitado(a): Muchas gracias, lo continúo y queda poco (:

¡Saludos~!