Narrado dos.
POV Izumi.
"Por el amor que nos teníamos"
Leí por milésima vez ese párrafo en voz alta. ¿Qué él amor nos teníamos? Eso quiere decir, que él me dejo de amar.
¿Takuya ya no me ama? por tercera vez en la tarde, volví a romper en llanto.
Hoy a la mañana, en la universidad en el momento que le iba a dejar la nota del día a Takuya, me sorprendí en encontrar una carta pegada con cinta en su locker. Esa carta era para mí. ¿Cómo lo sabía? Tenía escrito mi nombre.
Me alegre mucho, primero pensé que él me iba anunciar, que me daría otra oportunidad, pero después de leer contenido, mi corazón se partió en dos, sentía un nudo en mi garganta y no puede evitar que en ese momento las lágrimas corrieran libremente por mis mejillas, me sentía una idiota. Había perdido el amor de mi vida.
Con las lágrimas en mi rostro, decidí saltarme las siguientes clases e irme a casa. Al fin al cabo, si me quedaba no iba a prestar atención.
Salí corriendo de la universidad, sin impórtame que llamara la atención de los demás estudiantes. En ese momento agradecí que la universidad solo quedara a quince minutos de mi casa. Al entrar a casa, seguí corriendo hacia mi habitación, cuando llegue me lance a mi cama para lárgame a llorar desconsoladamente.
Así estuve durante las siguiente cuatros horas. Me siento una estúpida al creer que Takuya me perdonaría y me daría otra oportunidad, solo por enviarle notas tontas.
Todo este tiempo solo estuve haciendo el ridículo. Debí imaginarme que había perdido a Takuya para siempre cuando me encontró en la cama con Kouichi.
Kouichi Kimura. ¡Todo es tu culpa!
No, una parte también es mi culpa. Nunca tenía que haber aceptado en darle clases particulares a solas, menos después que el me confesó sus sentimientos. Cuando hizo eso, tenía que haberle dicho a Takuya que uno de sus mejores amigos estaba enamorado de mí, pero no quería que él se peleara con Kouichi, no quería que perdiera una amistad por mi culpa.
¡Que idiota soy!
Si se lo hubiera contado a Takuya, nada de esto estaría ocurriendo. Aun no comprendo cómo un momento, que le estaba dando clases a Kouichi y al otro, que me despierto por el grito de furia de mi novio, al encontrarme en la cama con Kouichi, y especialmente ambos desnudos.
¿Me acosté con él? ¡No!
Yo nunca le haría eso a Takuya porque lo amo demiasdo, pero no entiendo porque estaba en esa situación con el imbécil de Kouichi. No recuerdo si pasó algo entre nosotros pero para él castaño era una mentirosa y una infiel de primera… eso me enfada y me entristece.
Miro con tristeza el pequeño oso de peluche que tengo entre mis brazos y siento como las lágrimas se vuelven acumular en mis ojos. Takuya me lo regalo en nuestra primera cita. Sonrió en recordar a ese castaño de ese tiempo, el cual intentaba conquistarme.
Recuerdo su risa nerviosa, el sudor en su frente y en sus manos, como él me sonreía y el brillo de sus ojos, cuando nuestras miradas se encontraban. En ese momento no comprendía como el chico más popular del colegio, el mujeriego, el rompecorazones y el que tenía fama de rompe bragas, se había enamorado de mi. Todo había comenzado con unas cartas que él me enviaba con anonimato, esas cartas…
¡Las cartas!
Salto de mi cama, me acerco en mi armario, lo abro y en ella busco con la mirada una pequeña caja blanca con lunares de diferentes colores. Cuando la encuentro, la tomo con mis manos y me lanzo nuevamente a mi cama, saco la tapa y con una de mis manos tomo al azar una de las cartas que Takuya me enviaba.
Sonrió con nostalgia. Eran las cartas que hizo que me enamore de él, aun sin saber su verdadera identidad.
En ese tiempo el me amaba.
Comienzo a leer la carta que tengo en mi mano, después empiezo con otra y así sigo hasta leerme todas nuevamente. Tengo un nudo en la garganta. Lo perdí para siempre. El era lo más grande, lo mas bueno y lo más lindo de mi vida, el era perfecto para mí pero lo termine perdiendo. Nunca me di cuenta cuanto lo amaba, si, sabía que estaba enamorada de él, pero no de esta manera, la manera que daría todo para volver el tiempo atrás y evitar que lo que sucedió. Pero ya no hay vuelta atrás y ahora comprendo que estoy sola.
Nuevamente rompo en llanto. No quiero que las cosas terminen así, pero ya no puedo seguir humillando como lo estaba haciendo. Si él quería que lo deje en paz, con todo el dolor de mi corazón lo voy a hacer. El tiene razón, lo mejor para los dos que sigamos por caminos diferentes.
Me limpio con mis manos las lágrimas que quedaban mi rostro y luego miro las cartas que están sobre mi cama. Si debo renunciar a Takuya, tengo de deshacerme de las cartas pero ¿Qué hago con ellas? ¿Las quemo? No puedo hacer eso ¿Y si las rompo y las tiro? No, tampoco puedo hacer eso.
Por mi mente pasa una idea. Miro el reloj que esta sobre mi mesa de luz, son las cinco de la tarde. El ya debe estar en su casa.
Me levanto mi cama y me voy caminando hacia el baño que se encuentra dentro de mi habitación. Cuando entro a este, lo primero que hago es mirarme al espejo y me sorprendo al ver lo mal que estoy. Mis ojos están muy rojos y súper hinchados por llorar toda la tarde y mi cabello esta todo despeinado. Suspiro para luego desvestirme y tomar baño un corto.
Después de bañarme, arreglar mí cabello y ponerme un vestido casual de verano porque hace mucho calor aun esta hora de la tarde. Tomo mi mochila, y de esta saco todo los materiales de la universidad para luego suplantarlos por mi celular, la pequeña caja blanca y el oso de peluche. Pongo mi mochila sobre mis hombres y comienzo a caminar hacia la casa de mi ex novio.
Después de estar caminando más o menos veinticinco minutos y practicar las palabras que utilizaría sin perder la poca dignidad que me queda, llego a mi destino. Cuando estoy en frente de su puerta, todo el valor con el que me vine se esfuma y mis piernas comienzan a temblar. Creo que fue una mala idea.
¿Iba intentar hablar con mi ex sin perder la poca dignidad que me quedaba? Que irónico, porque con solo venir a su casa, ya perdí mi dignidad completamente.
¡Vamos Izumi! Intento alentarme.
Tomo una respiración profunda y luego toco el timbre.
Mientras espero mis piernas siguen templando, mi respiración se entrecorta y las manos me comienzan a sudar. Malditos nervios.
Una mujer castaña y bonita de cuarenta y seis años me abre la puerta. La reconozco, es Yuriko Kanbara, la madre de Takuya. Luce sorprendida al verme.
-Buenas tardes señora- saludo cordialmente, mientras juego con el borde de mi vestido.
-¡Oh Izumi! eres tú. ¿Qué necesitas cariño? – me exclama sorprendida-Takuya me comento que ustedes terminaron hace dos semanas, pero nunca me dijo que el porqué.
"Ustedes terminaron hace dos semanas" Esas palabras retumban en mi mente y provoca que me ponga más triste de lo que estoy.
-Si lo sé. Solo vine para devolverle algo que olvido en mi casa hace tiempo.- digo dándole una sonrisa nerviosa- ¿Se encuentra en casa?
Ella asiente- Acaba de llegar de la universidad y solamente encerró en su habitación- ella me sonríe con ternura -Si quieres puedes subir o ¿Prefieres que lo llame?- me sugiere.
Si le avisa que estoy en casa, seguramente se negara en verme. Y realmente necesito devolverle estas cosas que están en mi mochila.
Muerdo mi labio inferior por los nervios- Prefiero subir, claro si no le molesta a usted.
La señora Yuriko se ríe – Zoe, no me hables de "usted", sabes que te tengo mucho cariño.YPasa, nunca me molestarías- se echa a un lado para permitirme la entrada.
Si supiera el motivo porque su hijo y yo terminamos.
Yo solo le sonríe- Gracias Yuriko.- digo, mientras entro a la residencia Kanbara.
La veo que se acerca a la mesa que está en la sala y de ella toma su bolso- Justo me estaba por ir al supermercado. ¿No te molesta que te deje sola con él en casa?
Los dos solos. Siento que los nervios se me suben a mil y mi rostro comienza a calentarse – No, claro que no – digo intentando disimular los nervios.
Ella me toma de la mano- Esta bien Zoe, solo estaré fuera por unas horas ¿Si? Digo por si después quieres quedarte para tomar un té o café conmigo.
Tengo una hermosa relación con ella. Desde el momento que Takuya me presento como su novia, siempre me trato con respeto, y cariño. Todas las veces que visite a la familia Kanbara, me hizo sentir cómoda, como si fuera otro miembro de su familia y siempre estuve agradecida con ella por eso. Muchas veces que venía a su casa, no era solo para ver a Takuya, si no, porque necesitaba un consejo de mujer o simplemente porque me sentía bien con su compañía. Solo con decir que la considero como mi segunda madre, demuestro el gran amor y cariño que le tengo a la Señora Kanbara.
Asiento y le sonrió – Claro, me encantaría.
Veo como su rostro se ilumina por mi respuesta, y luego rápidamente comienza a caminar hacia la puerta- Me alegra mucho eso. Sentirte como en tu propia casa.
-Nuevamente gracias Yuriko.
Me sonríe otra vez -Vuelvo en un rato Zoe.- se despide para luego salir de su casa.
Suspiro e intento respirar con normalidad. Miro hacia adelante y me encuentro en frente de la escalera. Las miro por unos segundos y lentamente comienzo a subir.
Cada escalón que piso, mis nervios aumentan. Seguramente esta noche no podre dormir por la fuerte migraña que me dará por tantos nervios y tensiones. Después de pisar el último escalón, comienzo a caminar por largo pasillo del segundo piso de la residencia Kanbara, me detengo frente una de las puertas marrones de esta casa.
Cuento a hasta diez en mi mente, intentando recuperar la valentía con la cual vine a su casa. Mi cuerpo se tensa por unos segundos para luego relajarse, y así también soltar el aire, que no sabía que estaba reteniendo en mis pulmones.
Nuevamente suspiro y con timidez toco la puerta.
Escucho un ruido detrás de la puerta – Pasa madre, está abierto.
Si le digo que soy yo, me pedirá que me vaya. Igual si me lo pide, no lo hare porque realmente por el bienestar de mi salud mental, necesito devolverle las cartas y el oso de peluche.
Suspiro para luego abrir la puerta. Al entrar su habitación, lo encuentro sentado en una silla dándome la espalda, frente una mesa repleta de libros. Al notar mi presencia se media vuelta y cuando finalmente me ve en su habitación, parada frente su cama, se queda sorprendido. El me mira por segundos antes de cambiar de su rostro sorprendido a uno enojado.
Takuya gruñe - ¿Qué haces tú aquí? Te pedí que me dejaras en paz. - escupe molesto.
-Hola- lo saludo con la mano nerviosa.
Lleva puestos un short playero y una franela azul, su cabello castaño se encuentra despeinado. Takuya se levanta, para luego caminar hacia mí, y me toma del brazo molesto.
-Te pregunto de nuevo ¿Qué haces aquí? – Me mira fijamente a los ojos – Creí ser claro contigo Izumi. Vete.
Intento sacar su mano de mi brazo pero no lo logro, porque él es más fuerte que yo- No vine a suplicarte que vuelvas conmigo. Si eso crees. Takuya suelta mi brazo, me lastimas.
El posa su mirada en mi brazo para darse cuenta que me está apretando con mucha fuerza, suspira y me suelta. – Entonces ¿Qué quieres?
Retiro la mochila de mis hombros, con la mirada atenta de Takuya en mí, provocando que me ponga más nerviosa. Con una de mis manos saco de la mochila, la pequeña caja blanca y el oso de peluche. – Quiero devolverte esto.
El se queda mirando uno segundos los objetos que tengo en mis manos y luego se ríe con sarcasmo- ¿Qué quieres que haga con esas cosas? ¿Qué juegue con eso?
Ruedo mis ojos y suspiro,- En la pequeña caja están las cartas que enviaste hace dos años atrás y este es el oso que me regalaste en nuestra primera cita. Ya no lo quiero conmigo.
Su rostro esta rojo y luce muy molesto- No los quiero tampoco, y además son regalo que te di y lo que se, los regalos no se los devuelven.
árralos maldita sea. No quiero tenerlos porque me hacen recordar y eso me hace daño.
-No, quédatelos por favor.
Lo escucho suspirar- No, son tuyos. Puedes hacer lo quieras con ellos.
Niego con mi cabeza-Ya no son míos. No quiero romperlas y muchos menos quemarlos. Por eso te los devuelvo, para hagas lo que tú quieras con ellos porque yo no soy capaz.
Mi mirada se posa en sus ojos y en ellos, veo una mezcla de rencor y tristeza, pero no veo ni una pizca de amor. Y eso me desilusiona, no hay dudas, el me dejo de amar.
Siento una fuerte presión en mi pecho, creo que en cualquier momento me dejara sin aire.
-Me niego Izumi, no lo voy a tomar. Si quieres desacerté de ellos, hacerlo tú misma.- dice sin dejarme de mirarme.
Su mirada me hace que me ponga incomoda- Takuya, por favor quédatelos tu, tenerlos cerca de mi me hace daño y como me pusiste en la carta que no hay vuelta atrás, no le encuentro sentido tenerlos...- me mira deja de estar molesta para transformarse en una de tristeza- Me trae muchos recuerdos de cuando…-Me sonrojo y miro hacia otro lado -Cuando me amabas.
Oigo su voz murmurar -Cuando estaba imbécil por ti.
Creo escuchar como mi corazón se rompe otra vez. Siento unas inmensas ganas de llorar, pero no lo hare, menos frente a él. Las lagrimas las guardare para cuando este en casa con un kilo de helado.
-Por eso me anime a venir hacia tu casa para entregártelos.-digo con la voz entrecortada. Pongo la pequeña caja y el oso de peluche sobre su cama – Te los dejo ahí, haz lo que tú quieras. Yo ahora iré a bajo a esperar a tu madre.
Takuya posa su mirada en lo que deje en su cama y vuelve a mirarme confundido- ¿Esperar a mi madre? ¿Para qué?
Me doy la media vuelta, dándole la espalda.- Tu madre me invito a tomar una taza de té para cuando vuelva del supermercado.
Pongo mi vista por unos segundos en la cama de Takuya, y no evitar sonrojarme al recordar todo lo que hicimos en ella. Que buenos tiempos aquellos.
-Izumi no te vayas sin llevarte esas cosas que dejaste en mi cama.
Me acerco a la puerta, y tomo la perrilla de esta, dispuesta en irme a la sala -No lo voy hacer Takuya.
El rápidamente toma mi muñeca, aun sigo dándole la espalda. Por su cercanía, siento su respiración en mi nuca – Izumi…
Un escalofrió pecaminoso me recorre- Takuya, perdóname por lo que voy a hacer
Me mira confundió- ¿Perdonarte? ¿Qué harás Izumi?
Me doy la media vuelta, y me abalanzo encima de él y tomo su cara entre mis manos -Por esto –digo para después estampar mis labios contra los suyos.
Al principio Takuya se resiste, pero lentamente comienza a corresponderme. Primero es un beso suave, y tímido, para hacerse uno apasionado y mi corazón se derrite al recordar la delicia y el sabor sus labios. Nuestras respiraciones se aceleran, el calor en la habitación aumenta y la ropa se me empieza sentir que está de sobra.
Odio saber que el solo sabe hacerme sentir así. Mi cuerpo siente toda una electricidad que pasa por mis venas, mi corazón se acelera cada segundo que pasa y en mi estomago, siento esas típicas mariposas.
Takuya presiona su cuerpo contra el mío, en mis muslos siento su latente y dura erección. De mi sale un gemido entre el beso. El me levanta con sus fuertes brazos y de inmediato enrollo mis piernas en su cintura. No puedo evitar jadear al sentir más cerca su erección. Lo deseo tanto. Nos separamos del beso por falta de aire, pero automáticamente Takuya posa sus labios en mi cuello, empezando a lamber y dejarles unos pequeños besos, mientras me carga y lentamente me deja sobre la cama, empujando todo lo que sobre ella. El se aleja para sacarse la franela.
¡Oh por dios! Olvídate los hermosos abdominales que tiene Takuya.
El se recuesta sobre mi cuerpo, sin poner todo su peso. Nuevamente se adueña de mi cuello, mientras que paso mis manos por su pecho definido y por su abdomen sintiendo sus músculos. Una de sus manos se posa sobre mi muslo acariciándolo, para luego en menos de un segundo retirarme el vestido dejándome en ropa interior frente a sus ojos. La otra mano con tirón arranca mi corpiño, rompiéndolo. Luego coloca ambas manos en mis pechos, mientras juega y manosea con ellos. De mis labios se escapan gemidos.
Con besos, acaricias, manoseos y así seguimos retirado el resto de ropa que nos sobra en nuestro cuerpo, para después entregamos y ser uno mismo una vez más.
Después de hacer al amor, ambos nos quedamos en la cama, desnudos sin decir una palabra y sin mirarnos. Siento mucha vergüenza por lo que acabo de hacer. Me siento decepcionada conmigo misma. Me prometí no humillarme otra vez por él, pero termine haciendo lo contrario. Hice el ridículo. Si me quedaba una pizca de dignada la acabo de perder, todo por hacer el amor con Takuya.
Necesito que alguien me golpee fuertemente. Soy una estúpida sin nada de dignidad.
Nota de Autora: ¡Que tal! Que les pareció el capitulo ¿Les gusto? Si les gusto, no olviden dejar un comentario, son muy importantes para mí. Este uno de los capítulos más largo que escrito. Espero que se acostumbren que esta historia será contadas de muchas formas, por notas, cartas, narrados por mí, y Takuya y Izumi. Me despido porque en Argentina son las seis de la mañana (Pase toda la noche escribiendo este capítulo jeje), pronto tendrán la continuación.
Saludos xoxo
Instagram: dearthirlwally
