¡Vaya! En esta ocasión no me tardé (tanto) en actualizar…creo. Les agradezco a todos sus follows, favs, pero sobre todo, sus reviews, sé que lo he dicho mil veces, pero en realidad, es lo que me ayuda para saber qué piensan de ésta historia y cómo han sentido la evolución de la misma.
Mi lado ñoño-lingüísta salió a flote en este capítulo, lo siento, hay cosas que simplemente no se pueden dejar de lado, lamento si les suena demasiado técnico, pero si tienen dudas al respecto, no es nada que un PM no pueda arreglar. Por otra parte, aquellos fans de Kima pueden estar complacidos con que el pequeño babuino regresa a las andadas; por cierto, respondiendo a la duda de todos (nadie, estaba siendo sarcástica) "kima" es la palabra en swahili para "mono" o "simio"…sí, no tenía imaginación para el nombre en el momento, se los dice la persona que le puso "Lontra" a una nutria de peluche (que significa "nutria" en italiano).
Por otra parte, me gustaría recordarles mi recomendación al fic "Un corazón helado" de mi colega Berelince, léanlo y ejerzan presión para que actualice pronto. Así mismo, les anuncio que al final del capítulo les tengo una sorpresa. ;)
Finalmente, les reitero mis más sinceros agradecimientos y les recuerdo que Tarzán, Frozen y sus personajes pertenecen a sus respectivos autores.
Parte XI.
Los rayos de sol se filtraban entre las copas de los árboles; Elsa despertó poco a poco de su siesta, sintiéndose desorientada, vio a su alrededor y encontró a Jane Porter devolviéndole la mirada con una pequeña sonrisa en los labios y los ojos llenos de amor.
-¿Dormiste bien, mi amor?- preguntó Jane en un susurro bajo.
-Sí, gracias- respondió, admirada por una visión tan maravillosa cerca de ella, una que extrañó por mucho tiempo
-Te ves tan tranquila cuando duermes- una caricia suave como pluma recorrió la mejilla de Elsa, sus dedos trazando con tranquilidad el contorno de su quijada sin quitar los ojos de la rubia. –Extrañaba despertar a tu lado.
-También lo extrañé, querida- se sonrieron con dulzura; entonces, sucedió, poco a poco, como en un sueño, la castaña se inclinó sobre la Reina; la rubia estaba sorprendida, sus labios estaban por rozarse, por fin, luego de anhelarla por cinco años, por fin volvería a besar a su amada.
-¿Kima? ¿Qué estás haciendo?- Elsa se giró y vio a Jane de pie cerca de ella con los brazos llenos de fruta.
-Espera, ¿qué?- La rubia volteó hacia la chica que creía tener en sus brazos, un par de ojos cafés le devolvieron la mirada; mientras que gritaba a todo pulmón, el pequeño babuino se alejó corriendo y mofándose de la joven Reina.
Elsa rumió su enojo junto a un pedazo de banana; la risilla de Jane sólo alimentaba su molestia.
-Por favor, querida; tienes que aceptar que fue gracioso- dijo la castaña intentando aligerar el humor.
-Me alegra que encuentres divertido el que tu pequeño monstruo casi se haya aprovechado de mí.- dijo con desdén.
-No es un monstruo, es una lindura.- respondió tranquila acariciándole la barbilla para su beneplácito, el pequeño babuino estaba instalado en el hombro de Jane, compartiendo su comida.
-No logro comprender cómo fue que terminaron juntos.
-Pues, Kima estaba herido y perdido, era apenas un bebé; lo ayudé y cuidé hasta que se repuso; en su momento tuvo la oportunidad de regresar a su manada, pero al parecer me designó como su familia.- dijo con una pequeña sonrisa. –Es diferente estar con Kima a estar con Tarzán, a veces me sentía como una intrusa en su familia y eso empeoró luego de la muerte de mi padre; pero siento que encajo a la perfección con este pequeño, es como si pudiera entenderme. Nos encontramos junto cuando más nos necesitábamos, cuando estábamos solos.– Elsa sintió una punzada de dolor en el corazón por dos razones: uno, le dolía la idea de Jane estando sola y lejos de todo y todos lo que conocía; segundo, era la primera vez que oía sobre el hombre misterioso en la vida de Jane. –Pero basta de esos recuerdos, hay mejores cosas de las cuales hablar, ¿no lo crees, cariño?
-E-estoy de acuerdo, querida- respondió, las palabras de Kristoff hicieron eco en su mente. -¿Te importaría mostrarme los alrededores? Sé que sería imposible encontrar una mejor guía que tú.- Dijo con una pequeña sonrisa que desapareció con rapidez una vez que vio a Kima poniendo los ojos en blanco.
-Nada me complacería más.- Se tomaron del brazo y caminaron sin rumbo fijo, únicamente buscando la cercanía de la otra.
-Maldita lluvia- susurró Jane en un intento por reunir el coraje suficiente para afrontar el sonoro trueno que perforó el cielo; era la primera vez que estaba sola durante una tormenta, siempre tuvo a su padre, Tarzán o a Elsa para abrazarla y tranquilizarla, pero su padre estaba muerto, rechazó el amor de Tarzán y Elsa…sólo los cielos sabían cómo estaba Elsa. El diluvio la tomó por sorpresa, estaba tan ocupada intentando hacer un cuchillo que no se percató de las nubes negras en el horizonte, ahora estaba al menos a tres kilómetros de la casa del árbol.
Se abrazó las rodillas intentando no pensar en el rugido iracundo del cielo, así que se concentró en otros sonidos: los animales buscando refugio, de las gotas golpeando contra las rocas, el río fluyendo al mar; de repente, escuchó un llanto lastimero. Movida por la curiosidad, Jane hizo acopio de todo su valor y salió en búsqueda de quien profería aquel lamento, lo cual, no le tomó mucho; encontró a un babuino pequeño, mal alimentado y con varias heridas atrapado en la cornisa de un árbol; hablándole en voz baja, lo tomó y lo llevó con ella.
Al principio, el simio desconfiaba de Jane dado que nunca había visto un primate tan alto y extraño, pero con el paso de los días, comenzaron a abrirse el uno con el otro; Jane le enseñó su idioma, así como aprendió el del babuino; dado que no tenía nombre, la chica se ofreció a otorgarle uno, aceptó y estuvo de acuerdo en la propuesta de la joven, la cual, era la única palabra que conocía en swahili: Kima.
-…y así, Kima derrotó a tres cocodrilos con una sola mano y una roca, o eso dice.- Jane terminó de interpretar las palabras del babuino para Elsa; Kima le sonreía a la rubia de manera petulante, había muchos huecos en la historia, además encontraba poco probable que un simio de esa talla pudiera hacer semejantes proezas como pelear con cocodrilos; la castaña observó divertida el intercambio de miradas, al parecer querían iniciar una discusión pues se retaban con una sonrisa o una ceja arqueada.
-Suena como una gran aventura.- Dijo Elsa con un dejo de sarcasmo en la voz; el babuino hizo algunos de esos sonidos a los que comenzaba a acostumbrarse y Jane soltó una carcajada. –¿Qué? ¿Qué acaba de decir?
-Oh, nada, cariño; solo está siendo juguetón como siempre- respondió limpiándose una lágrima, de la nada, comenzó a sollozar mientras sus hombros se sacudían. –Siempre ha sido tan bueno- entonces tomó al babuino entre sus brazos. –Por favor, Kima, nunca me abandones- por un instante, Elsa y Kima intercambiaron miradas de confusión, pero no le tomó mucho tiempo recuperarse y corresponderle el abrazo con una sonrisa de victoria; la rubia resopló pero le recorrió la espalda con una mano intentando tranquilizarla, sin embargo, no pasaron ni cinco minutos antes que Jane regresara a su buen humor y le contara sobre los alrededores; Kima hizo un par de observaciones que la chica interpretó de buena gana.
-¿Podrías enseñarme?- preguntó Elsa.
-¿A hablar babuino?- la rubia asintió; Jane le sonrió, la tomó de la mano y se sentaron a la sombra de un árbol.
-¿Qué le gustaría que le enseñara, Su Alteza?- dijo con una pequeña sonrisa.
-Pues, podría ser algo básico; siempre has sido una excelente profesora.- La sonrisa de Jane se ensanchó, pero se compuso pronto.
-Bien, empecemos.- Hizo una serie de sonidos tan extraños que Elsa no tuvo idea de cómo reproducir. –Sólo inténtalo, Elsa; concéntrate en mis labios.- Sintiendo cómo se sonrojaba, la rubia obedeció y dirigió su mirada directo a los labios que tan bien conocía; le tomó al menos quince minutos el lograr algunos de los sonidos básicos.
-Es más difícil de lo que parece.- dijo Elsa, claramente confundida con la enunciación de un sonido.
-No, no lo es…inténtalo de nuevo; pon la parte media de tu lengua en tu paladar.- La Reina lo intentó sin lograrlo. -¡Por favor, Elsa, sabes cómo mover la lengua!- ambas se sonrojaron. –Uh, digo…ponerla en el lugar correcto.- Jane usó todo su autocontrol para no golpearse la frente "sabes a qué me refiero.- Elsa decidió pasarlo por alto y seguir las instrucciones, al fin, haciendo la pronunciación correcta. -¡Fantástico, Elsa!- dijo la castaña –ahora intenta decirle la oración completa a Kima.- Tomando aire, se volvió hacia el babuino e hizo lo que le pidieron, la joven creyó haber hecho un buen trabajo hasta que el simio se enojó y se alejó haciendo ruidos enojados.
-Bien, ¿en qué me equivoqué?- preguntó molesta.
-Bueno, en la segunda parte hiciste un sonido explosivo en lugar de uno bilabial, así que en lugar de decirle a Kima que querías que fueran amigos, le dijiste que querías cenarlo.
-¿Todo eso por un sonido?
-Entre otros errores.
-Eres la peor- dijo fingiendo enojo- apuesto a que eso lo entiendes en cualquier idioma.
-Sólo estás celosa de que hablo babuino mejor que tú.
-Con toda la práctica que has tenido, eso está fuera de discusión.- Elsa le dio un pequeño empujón, pero debido a que Jane estaba poniéndose de pie, perdió el equilibrio jalando a la rubia sobre ella en su caída.
Tener a la Reina sobre ella, tan cerca pero tan lejos, era como un déjà vu; ninguna se atrevió a moverse un milímetro, el cabello trenzado de Elsa caía sobre su hombro y entre los senos de Jane; la castaña se maravilló con la luz filtrándose entre las hebras de cabello rubio platinado, con la piel clara reflejando la luz; se movió con lentitud y acunó suavemente la mejilla de la joven sobre ella.
-Otra vez debo estar soñando- pensó Elsa, pero la calidez de esa mano le hacía pensar lo contrario.
-Eres cautivadora, cariño" le susurró Jane; el instinto y el anhelo empujaron a Elsa a hacer un movimiento más atrevido, se inclinó hacia la chica debajo de su cuerpo sin romper contacto visual por temor a que fuera otro producto de su imaginación; estaban tan cerca, que podía sentir el cálido aliento de Jane contra sus labios, estuvieron a punto de besarse cuando apartaron a Elsa de un empujón. Kima regresó con sus sonidos de enojo; ambas rieron, una para ocultar su nerviosismo y la otra, para disfrazar su enojo…ese maldito babuino. –Vamos, Elsa- dijo la castaña poniéndose de pie y alejándose del lugar lo más pronto posible para evitar el momento incómodo. –Hay otros lugares que quiero mostrarte.
Kima trepó al hombre de Jane en un solo movimiento, sin embargo, se volvió hacia la Reina con una sonrisilla de burlona. –Créeme, de verdad lo prepararía para la cena.- murmuró por lo bajo.
El sol se ponía en el horizonte y parecía incendiar el cielo, reflejando en el agua los vivos amarillos, rojos y naranjas del ocaso, ambas jóvenes observaban el espectáculo en un cómodo silencio.
-Es tan diferente de Arendelle- dijo la joven Regente –Sé que es el mismo atardecer, sin embargo pareciera que lo atestiguo por vez primera.
-A veces puedes ser muy poética, cariño.- dijo la naturalista con una pequeña sonrisa. Elsa se sonrojó, tomó un saquito de su mochila y se lo ofreció a la joven junto a ella.
-¿Me permites tentarte?- Jane la vio con una ceja enarcada, pero tomó el saquito de cualquier manera, la quijada le cayó al piso.
-¿Son…caramelos de menta?
-Prueba uno y dímero tú- La castaña obedeció y se llevó un dulce verde claro del tamaño de una canica pequeña a la boca, cerrando los ojos extasiada.
-En serio, en serio los extrañaba.- dijo al tiempo que le daba uno a Kima, el simio lo estudió y comió su dulce para pedir otro más.
-Parece que tu pequeño monstruo también tiene debilidad por los dulces.- sentenció la Elsa entre risillas.
-Eja e iama mosto a Kima- balbuceó Jane con la boca llena de dulces, la Reina soltó una carcajada para gusto de la castaña, estaba feliz de estar así con ella, de compartir esa libertad.
-Acompáñanos a cenar esta noche Kristoff y a mí.
-Elsa, no sé si…
-Por favor, sólo esta noche; extraño tenerte a mi lado; prometo acompañarte de regreso a tu casa.
-No aceptarás un "no" por respuesta, ¿cierto?
-Me conoce muy bien, señorita Porter.- La rubia sonrió mientras que Jane la tomaba de la mano.
-Guíeme pues, Su Alteza, estoy a sus órdenes.
En medio del campamento, la fogata crepitaba al compás del laúd de Kristoff, el joven rubio estaba sentado en el piso con la espalda apoyada en un cubo de hielo de su talla, mientras tarareaba una cancioncilla; extrañaba el frío y el hielo…también extrañaba a Sven y a Anna, no en ese orden, pero el hielo era su vida entera; estaba tan perdido en su música, que no se percató que Elsa acababa de llegar.
-Suena como una buena canción.- Dijo la Reina en un tono amigable.
-¡Elsa! ¡Regresaste!- Se puso de pie y vio a una joven de cabello castaño junto a ella. -¡Y viniste con Jane!
-¿Cómo sabes mi nombre? Preguntó.
-Ah, es que Elsa nunca deja de hablar de ti, tampoco Anna, pero Elsa más que nada- Poco a poco, la pálida piel de la Regente se sonrojó. –Como sea, soy Kristoff Bjorgman- dijo extendiendo la mano para saludarla.
-Jane Porter- dijo la sonriente joven, estaba a punto de tomarle la mano, cuando un grito los sobresaltó; en un instante, Kristoff estaba en el suelo con un hombre musculoso peleando con él; el resto de los hombres encargados de la expedición se dirigieron hacia ellos para terminar con la pelea. -¡Alto!-gritó la joven a todo pulmón, ambos hombres al fin fueron separados por los marineros. Jane se volvió al hombre alto de cabello castaño y le habló en un idioma que se asemejaba mucho al babuino. –Tarzán, ¿qué estás haciendo aquí?
¡Sorpresaaaaaaa!
