DISCLAIMER: NARUTO Y SUS PERSONAJES © MASASHI KISHIMOTO
"Ventanas del Alma" y "Almas Gemelas" © SAKURA_TRC, 2016
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ALMAS GEMELAS
(3ra Parte de "Ventanas del Alma")
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Capítulo 11. "Una Vida de Rencor"
- Según el informe, las últimas huellas recuperables son de 4 pares diferentes de pisadas que llegan a la cueva. Dos son de hombre y dos posiblemente de chicas diferentes.
Sasuke escuchaba atentamente la lectura del informe– ¿Dos chicas y dos hombres?
Shiho se acomodó los anteojos en un aire arrogante– Eso es lo extraño. Según hemos encontrado, todos los cadáveres pertenecen a niñas que no exceden los 10 años. Sabemos que Aria estuvo ahí, pero la otra huella no corresponde a los zapatos de Iseria. Y el otro par es de hombre y no es un zapato muy viejo.
- ¿Qué hay de la chica Saiyama? –volvió a preguntar el Detective juntando las piezas del rompecabezas que era su investigación.
- Ella usaba zapatillas deportivas tan desgastadas que estaba a nada de caminar con los pies descalzos –la Agente deslizó un par de fotografías ejemplificando sus palabras. Una era una huella con intrincados dibujos en la tierra, la segunda tenía un diseño de botas de explorador y la tercera era la foto que correspondía a las zapatillas de Aria– La diferencia es muy clara. Las niñas Saiyama no fueron las últimas en llegar a esa cueva.
- Pero el hombre era un pedófilo. Suponemos que la mayor de las chicas Saiyama fue obligada a ir con él para salvar a su hermana menor –Sasuke se paró frente a la pizarra con los bocetos de las víctimas que los forenses identificaron tras la recuperación de los cadáveres enterrados– ¿Por qué cambiaría de tipo de presas? –el Detective estaba sacando sus propias conclusiones sin compartirlas antes de hablar con su padre.
La rubia asintió tristemente mientras veía la fotografía de los restos del cuerpo de Aria tirado a la orilla del río, maltratado y destrozado por los animales que devoraron partes– Tal vez sucedió algo similar.
- No, no, no. Ese hombre estaba obsesionado con las pequeñas. Las chicas Saiyama fueron el único error que cometió y no se suponía tan grave –dijo enfocándose los bocetos, hechos por falta de fotografías, de las demás víctimas– Las primeras niñas fueron reportadas en cuanto sus padres notaron su desaparición –Sasuke estampó la palma de la mano sobre las fotografías de Aria e Iseria– Pero las chicas Saiyama… ellas provienen de un hogar totalmente disfuncional y de no ser que la escuela la que denunció su ausencia no sabríamos nada. La mayor era estudiosa, trabajadora y no era problemática. La menor era solo una niña. Pero la violencia en su hogar las obligó a huir. Eran el blanco perfecto para el asesino.
- Pero no sabemos cuándo se encontraron con él. Pudo haber sido la misma noche de su huida o un día después.
- Lo malo es que no podemos preguntarle a ninguna de las dos –Sasuke miró de reojo a Tayuya que jugaba con el nuevo teléfono móvil que él le había entregado para mantenerla controlada.
La pelirrosa levantó la mirada de la pantalla de su móvil y lo hizo a un lado ante la insistente mirada de Sasuke– Tienes razón: ninguna de las dos está disponible. Aunque tal vez podría traer…
- Ni siquiera lo pienses, niña –Yuri llegó a la oficina donde el Equipo discutía los detalles de la investigación y su negativa– Uno de los más grandes tabúes de las leyes del universo es jugar con las almas de los muertos.
- Pero ni siquiera he dicho que lo puedo hacer.
- Y yo solo te lo advierto por si algún día intentabas hacerlo –gruñó Yuri apretando el bastón en su mano.
Sasuke y Shiho veían extrañados como la batalla de voluntades entre Tayuya y Yuri llegaba a límites incomprensibles. Y fue el moreno quien se atrevió a romper la tensión– Dejen las peleas entre mujeres para la televisión, ¿quieren? Tenemos un caso aún sin resolver y quisiera terminar cuanto antes.
- Ven, Tayuya –la Agente rodeó los hombros de Tayuya y la llevó con ella fuera de la sala de reuniones– Tengo muchas ganas de café. Últimamente no he dormido bien y un poco de cafeína no me vendría mal. ¿Tú que dices? ¿Quieres un frappé?
Shiho y la adolescente abandonaron la sala, no sin antes de que Tayuya asesinara con la mirada a Yuri que seguía sus movimientos a pesar de estar ciega. Eso hacía pensar a Sasuke y Tayuya que la anciana tal vez no estaba tan ciega como decía estarlo.
El Detective esperó hasta que las mujeres se hubieran alejado un poco y empezó su propio ataque– ¿Qué sucede contigo, Yuri? Desde que sacamos a Tayuya de ese infierno has hecho su estancia con nosotros imposible. Buscas cualquier pretexto para hacerla enojar, la contradices, la regañas. A veces me pregunto si estoy trabajando con 2 adolescentes.
- Te lo advertí desde un inicio –Yuri golpeó el pecho de Sasuke con el mango de su bastón obligándolo a retroceder poco a poco– Esa chica no es más que problemas y no me hiciste caso. Pasas demasiado tiempo con ella. ¿O crees que no escuché cuando fue a buscarte a tu habitación en el hotel?
Sasuke dio un respingo de sorpresa. Estaba seguro que nadie se había dado cuenta, aunque no tenía de que esconderse. La visita de Tayuya a su habitación solo fue por una simple y sencilla conversación– Entiendo que se vea mal permitir que una adolescente me visite en la habitación, pero no podía dormir y SOLO estuvimos conversando. Parece como si no recordaras que yo tengo a Sakura.
- Eso mismo me pregunto yo –la anciana siguió golpeando el pecho del Detective sin compasión alguna– ¿Qué crees que pensaría ella si, por una catastrófica casualidad, viera a una adolescente entrar a la alcoba de su novio? O piénsalo de éste modo, ¿qué harías TÚ si vieras a un hombre entrar a la alcoba de Sakura-chan?
La mirada de Sasuke se oscureció al imaginar lo que Yuri decía e hizo que la sangre le hirviera. De no ser que la pared más cercana era de cristal, la hubiera golpeado con todas sus fuerzas– No volverá a suceder.
- Tienes que alejarte de Tayuya o algo muy malo va a suceder.
Sasuke se quedó pensando en la advertencia de Yuri, ella no solía decir cosas al azar. El 90 por ciento del tiempo sus palabras solían tener un contexto bastante certero.
…
Sakura no podía dejar de mirar la marca blanca en su dedo anular que empezaba a desvanecerse. Había llevado el anillo que Sasuke le regaló desde que él mismo lo había deslizado por su dedo y la había besado para sellar la promesa de un futuro, juntos. Y ahora… no estaba. Nunca se lo había quitado. Se bañaba con él, dormía con él. Era lo único tangible que le permitía saber que ellos aún estaban juntos.
- Tomen asiento –anunció la voz a lo lejos. Los alumnos realizaron el saludo diario al maestro de la clase de Historia y tomaron asiento. Sakura lo hizo de manera mecánica y automática, era como un hábito aprendido con el tiempo, como el lavarte los dientes o vestirte – Ésta tarde la clase de Educación Física la impartirá Hideaki-sensei, al parecer Uchiha-sensei se encontrará ausente por unos días.
Sakura levantó la vista inmediatamente al escuchar el apellido, pero sus compañeros no se vieron sorprendidos y comenzaron el parloteo en voz baja en cuanto el maestro terminó el aviso y comenzó a escribir en el pizarrón.
- Eso ya no es raro –dijo uno de los compañeros – Obito-sensei siempre está faltando.
- Tal vez salió con algún miembro de la Sociedad.
- Pero Haruno-san regresó hace una semana –algunos ojos se asomaron por encima de los hombros de sus dueños para ver a la pelirrosa sentada en el centro del salón.
Decidida a averiguar lo que sucedía, la pelirrosa se levantó de su asiento y salió intempestivamente del aula en dirección a la zona de los grupos de Primer Grado de la Preparatoria.
…
- ¿Hay algún trabajo del que no fui avisada, Sakura-senpai? –preguntó Hanabi al ser arrastrada fuera de su aula por una furiosa pelirrosa– Que pertenezcamos a la Sociedad no quiere decir que podamos ir de aula en aula sacando a nuestros compañeros de una manera tan violenta…
El puño de Sakura se estampó en la pared junto al rostro de Hanabi. Un milímetro más y hubiera roto la nariz de la menor.
Con la cabeza agachada y el flequillo cubriéndole el rostro, la ojijade habló– ¿Por qué nadie me dijo que Obito es un Uchiha? ¿Por qué no me lo dijiste? Pensé que podía confiar en ti.
Hanabi no estaba impresionada por las acusaciones de Sakura, sino por la hundimiento en la pared bajo el puño de la pelirrosa. Compuso su semblante y se cruzó de brazos– Pensé que lo sabías. ¿Sabes? No es mi trabajo distribuir la información del personal que conforma la Sociedad. Si Obito y el Director no te lo dijeron es por algo. ¿No lo crees?
Sakura levantó el rostro con los ojos inyectados de resentimiento– ¿Dónde está Obito?
- Seguramente anda en algún lugar en los terrenos de la Academia. Tengo entendido que debe permanecer cerca de ti porque es tu guardián.
- Nos acaban de informar que él no dará clase hasta dentro de un par de días, pero no me ha llegado la notificación para ningún trabajo –los ojos jade escrudiñaron a Hanabi– Tal vez yo no pueda leer auras como Sasuke-kun, pero aprendí a interrogar sospechosos durante mi tiempo con la Unidad de Delitos Mayores –Sakura colocó ambos brazos a los costado de la castaña y acercó su rostro peligrosamente al de ella– Tal vez no pueda volver a confiar en ti, pero necesito hablar con Obito y tú vas a llevarme con él.
…
Mascullando cosas como que ella no tenía por qué saltar clases si no era extremadamente necesario o que no entendía porque tenía que ser la guía de turistas de una superior despistada. Aunque también se sentía un poco dolida por las palabras que Sakura había lanzado sin piedad alguna contra ella: "Tal vez no pueda volver a confiar en ti". ¿Cuándo Hanabi le había pedido que confiara en ella? ¡Nunca! Ella solo confiaba en el Director y en Obito…
Una mano frenó desde atrás a Hanabi tomándola por el codo. Cuando la castaña miró por encima de su hombro, Sakura miraba con el ceño fruncido justo la puerta de la habitación de Obito– ¿Aquí es? ¿Aquí es donde está Obito?
Hanabi vio la puerta. Era una puerta como cualquier otra, de madera, con una perilla, sin nada en particular. Una puerta igual a todas las demás de los dormitorios en el campus– Es su habitación, pero no sabremos si está hasta llamar –la tejedora de Destinos estiró la mano para tomar el picaporte, pero Sakura la jaló bruscamente– ¿Qué te sucede, senpai? Pensé que te urgía hablar con Obito-sensei.
- Traes tu móvil contigo, ¿verdad?
- Claro, es obligación de los miembros de la Sociedad traer siempre el suyo.
- Llama a Konan y dile que venga a la habitación de Obito. Inmediatamente.
…
El pitido del intercomunicador no rompió completamente la concentración del pelinegro tras el escritorio de ébano tallado a mano– Director Madara, hay alguien que solicita verlo. Dice que es un asunto personal urgente.
Madara, sin despegar los ojos de los papeles, presionó el botón para que la secretaria escuchara su contestación– ¿Quién es?
- Su hijo, Uchiha Fugaku.
Una arrogante y diabólica sonrisa se formó en los labios del patriarca de los Uchiha– Que pase.
- Entendido.
La puerta se abrió y la joven secretaria acompañó un par de pasos a Fugaku dentro de la oficina del Director. Con una respetuosa inclinación la mujer estaba por retirarse cuando la fuerte voz de Madara emitió una última orden– No quiero ninguna clase de interrupción.
La mujer agachó la cabeza y cerró la puerta.
- Que sorpresa verte, Fugaku.
- Chichiwe –a pesar de la tensión del encuentro, Fugaku no olvidaba el respeto que sentía por su padre y se lo demostraba con su conducta y forma de hablar.
Madara se acercó a la sala de piel que formaba parte de la decoración de la oficina y se sentó en un sofá que se asemejaba al trono de un rey– Es un gusto verte después de tanto tiempo. ¿Cómo está la familia? Oh, espera. Me enteré que tu hijo mayor desapareció. Es tan desafortunado.
Fugaku resistió la burla de las palabras venenosas de su padre y no mostró ningún cambió en su semblante– Sí, es cierto. Itachi ha estado desaparecido desde hace un par de meses, pero tengo a mis mejores elementos buscándolo.
- Ahora ya sabes lo que se siente perder a un hijo.
- Es diferente –habló calmadamente el padre de Sasuke– Hahawe pensó que alejarme de ti era lo mejor para mí. Y tenía razón.
- ¿Cómo puedes decir eso si no sabes lo que es vivir conmigo?
Fugaku se acercó al ventanal y vio a una adolescente de cabello azul caminando al lado de un hombre de cabello anaranjado. La chica se veía molesta, mientras que el hombre sonreía nerviosamente– No vine a discutir sobre mi crianza, vine porque necesito contactar a mi hermano.
El patriarca de los Uchiha sonrió arrogante al servirse una copa de vino de la mesita a su lado– Ahora si es tu hermano –dijo con cizaña buscando herir a su hijo mayor– Recuerdo que la última vez que lo vieron, Obito estaba parado frente a las puertas de éste colegio esperando que lo llevaran con ustedes, pero no lo hicieron.
- Hahawe quería llevarlo con nosotros, pero tus abogados se lo impidieron diciendo que ella no tenía derechos sobre un niño que no era su hijo.
- Tienes toda la razón. Obito es mi hijo y solo mío.
- ¿Es por eso que lo usas para tus trabajos sucios? –preguntó Fugaku quitándole el vaso de vino de la mano a su padre y colocando una mano en cada brazo del sofá– Quiero saber dónde está Obito y lo que estaba haciendo en Yamagata cuando las niñas Saiyama desaparecieron.
- Tu hermano no me rinde reportes de lo que hace con su vida –Madara se levantó de su asiento obligando a su hijo mayor a retroceder un par de pasos.
Fugaku apretó los puños obligando a su ira, y a él mismo, a retroceder antes de cometer una tontería– Exijo saber el paradero de mi hermano o una forma de comunicarme con él.
- El día que saliste por las puertas de mi Academia perdiste todo derecho a exigirme cosas, Fugaku.
- Si es así como quieres que sean las cosas, así serán –el padre de Itachi se acomodó la corbata como un gesto para recuperar la compostura.
- ¿Qué vas a hacer, Fugaku? ¿Pedirás una orden de cateo? No tienes nada para justificarla.
Esa maldita sonrisa arrogante y llena de superioridad que exhibía Madara, Fugaku la odiaba. Para el padre de Itachi y Sasuke esa sonrisa solo le recordaba el poder e influencia que su padre presumía sin palabras– Encontraré los medios para hacerlo.
- Espero que tengas tiempo. Porque hasta donde recuerdo, nunca buscaste a tu hermano cuando estuvo trabajando para la policía. ¿Lo recuerdas?
Una inmensa culpabilidad abrumó a Fugaku y abandonó la oficina sin poder contradecirlo.
…
- Esa chica mandándome llamar como si fuera su perro fiel… ¿Quién se cree que es? ¿La reina de los…? –Konan se quedó con las palabras atoradas en la garganta cuando llegó frente a la habitación de Obito donde Sakura y Hanabi esperaban– ¿Qué es esto? –preguntó con la boca seca– ¿Cómo fue que…? ¡Sakura! ¿Qué es lo que está pasando?
Los ojos de Sakura oscurecidos por una calma aterradora evadieron la mirada de Konan tan rápido como pudieron– No sé qué es lo que está pasando, pero tengo una idea…
Hanabi se apartó del lado de la pelirrosa para buscar al acompañante de Konan– ¿Ves algo, Yahiko-sensei?
Yahiko sonrió nervioso ante la pregunta tan directa– No sé si quisiera decir que sí, pero… –la personalidad juguetona del pelianaranjado desapareció en un parpadeo– a juzgar por la cara de Konan y la mirada de Sakura-chan es algo que no debería estar aquí.
- ¡Es tu culpa que haya llegado hasta aquí!
- ¿Crees que lo hice a propósito? –contestó Sakura levantando tanto la voz por encima de los gritos de Konan– Fue por un trabajo que se complicó.
- No se habría complicado si tan solo estuvieras haciéndolo bien –Konan empujó a Sakura por el pecho con ambas manos tomando por sorpresa a todos– Tu presencia siempre trae malos presagios a donde quiera que vas.
Sakura no retrocedió ni un paso ante las acusaciones de Konan. ¿Cómo hacerlo si tenía toda la razón?– Vas a ayudarme, ¿sí o no?
- Has mancillado mi hogar; es obvio que tengo que limpiar tu desastre –la pelirrosa apretó fuerte los puños, pero contuvo su ira– ¿Cuál es el plan?
- Pensaba en hacer lo mismo que hicieron cuando yo estuve poseída.
- Estás bromeando –más que una pregunta, la aseveración era una agresión directa– ¿Sabes cuantos trabajamos ese día? ¡Éramos SEIS, Sakura! ¡CINCO dotados y tu amiga!
¿Acaso Konan sabía que Sasuke no era una persona "normal"? Claro que lo sabía. La Sociedad siempre sabía más de lo que decía. Sakura alejó esos pensamientos de su cabeza, el trabajo que haría requería toda su concentración, no era momento de preocuparse por pequeñeces– Solo te voy a decir una cosa, Konan… si estás dispuesta a entrar conmigo lo que suceda ahí dentro debe quedarse entre nosotros. Nadie más puede saberlo.
Sin saber por qué, Konan sintió un escalofrío recorrerla al escuchar las palabras de Sakura. Era como si la pelirrosa la invitara a hacer un viaje que cambiaría su vida por completo. La idea de lo que podría suceder le cerró la garganta y le dificultó tragar.
…
- ¿Dónde lo encontraron? –el hedor era agobiante y haber estado tanto tiempo alejado de la morgue lo hacía peor. Sasuke y Shiho apenas podían contener las ganas de vomitar ante la pestilencia del putrefacto cuerpo.
- El río baja hasta una represa. Los restos quedaron atrapados en el sistema de destilado de la purificadora –explicó el hombre de bata blanca– O por lo menos lo que quedó de ellos.
Shiho sintió un leve mareo y gracias a Sasuke pudo mantenerse en pie. No quería parecer una Agente poco profesional, así que hizo su trabajo y se acercó al cuerpo– He visto cuerpos arrastrados por corrientes, pero nunca con este grado de daño. ¿Tiene algún preliminar?
- Las heridas no fueron hechas por el río. Son demasiado precisas en algunos puntos. Incluso podría decir que las hicieron para que los animales de la zona lo devoraran –el hombre señaló una herida en la entrepierna. O al menos lo que quedaba de ella– La marca en el fémur. Estoy casi seguro que es producto de un ataque con arma punzocortante.
- ¿Un cuchillo?
- Tengo que tomar algunas mediciones y diferenciar entre ataque de animal y arma. Esto tomará su tiempo.
Sasuke analizó la zona de la herida– El hombre perdió el arma y su víctima aprovechó la oportunidad para recogerla. Pelearon y ella le clavó el arma en la pierna porque era el lugar más cercano.
- Eso es muy posible –concordó el médico forense– Pero tengo más evidencias que son incluso más fáciles de señalar. Tenemos varios impactos de bala en la espalda, hombro, rodilla y tal vez haya más. Pero será difícil de decir cuántos exactamente por el daño que sufrió el cuerpo.
- ¿La víctima llevaba un arma con ella? –Shiho no lograba encontrar la lógica a eso.
- Si hubiera sido así, ¿para que lucharía por el arma blanca? –lanzó la pregunta al aire Sasuke– No eran los únicos en ese lugar. ¿Recuerdas el cuarto par de huellas a la entrada de la cueva? Alguien más llegó justo cuando atacaba a la chica.
- O tal vez los siguió desde el principio –añadió la Agente.
Sasuke no podía creer a lo que sus ideas daban forma– ¿Usaron una chica como cebo? ¿Quién haría algo tan bajo?
- Encontré un solo casquillo en los pulmones. Debió ser uno de los disparos que recibió por la espalda.
- ¿Suficiente para identificar el arma?
- Posiblemente –analizó el hombre el pequeño envase con la punta de la bala dañada por el impacto, pero con el material necesario para una reconstrucción.
El Detective tomó la evidencia de las manos del examinador y la puso en las de su compañera– Shiho, manda esto a la oficina central.
- ¿Qué va a hacer, Detective?
- Tengo que hacer una llamada.
…
Sakura tomó una profunda bocanada de aire mientras reunía el valor de girar el picaporte de la habitación de Obito.
- ¿Lo vas a hacer? ¿O lo hago yo? –advirtió Konan poniendo su mano encima de la de Sakura.
- ¡No, Konan! ¡Espera! –para cuando la voz de la pelirrosa salió, su compañera ya estaba girando la perilla y algo las jalaba dentro cerrando la puerta de golpe.
Yahiko corrió a la puerta gritando los nombres de las menores– ¡Konan! ¡Sakura-chan! –con desesperación intentaba abrir la puerta, pero por más que hacía girar el picaporte nada sucedía. Cerró los ojos y con la frente recargada en la puerta se concentró en las mentes al otro lado. Podía ver que Konan intentaba abrir la puerta desde dentro y a Sakura acercándose a Obito.
…
- Tenías razón, Sasuke. Tu abuelo y Obito tuvieron algo que ver con el caso de las niñas Saiyama –informó Fugaku en cuanto salió del edificio principal de la Academia.
Un gruñido al otro lado de la línea hizo notar que el menor de los hijo de Fugaku no estaba muy sorprendido– ¿Pudiste hablar con Obito?
El chofer del Jefe de Policía saludó a su jefe con una marcada reverencia y abrió la puerta para que abordara sin problemas– No, tu abuelo no quiso decirme como comunicarme con él…
- ¡Debemos encontrarlo! El hombre que secuestró a todas esas niñas apareció muerto en una Estación Purificadora de Agua –la agitación en la voz de Sasuke no era porque estuviera haciendo algún esfuerzo o ejercicio, sino por las incógnitas que rodeaban el caso y el mal presentimiento que tenía desde que encontraron la cueva donde el hombre tenía a las menores– Parece ser que hubo una víctima más y un hombre llegó justo a tiempo para matar al secuestrador. ¿Casualidad? No lo creo.
- ¿Dices que Obito fue quien mató al secuestrador?
- No lo sé –refunfuñó frustrado el Detective– Por eso quiero hablar con él y aclarar las circunstancias de su presencia en Yamagata.
Fugaku revisó la hora en su reloj y formuló algunas ideas en su cabeza– Sabes que no puedo pedir una orden de presentación de la nada. Necesito algo para poder pedirla a un fiscal. Además toma en cuenta que no está dentro de mi jurisdicción.
- Otou-san –si pudiera acudir a otra persona lo haría, pero quien mejor para hablar de Obito que Fugaku– Solo quiero saber dónde está y yo me encargo del resto –un inminente silencio siguió a las palabras de Sasuke. ¿Qué esperaba de su padre exactamente? Ni siquiera él mismo lo sabía.
El padre del Detective se aclaró la garganta y preparó cuidadosamente sus palabras– Madara se niega rotundamente a decírmelo.
- No te preocupes. Dame la dirección de la Academia y yo mismo voy a verlo.
- No es una buena idea, ya sabes cómo es Madara cuando se trata de Obito –Fugaku abrió la ventanilla del auto tratando de refrescar su cabeza.
Sasuke se masajeó el puente de la nariz cansado de dar vueltas en círculos sin poder avanzar– No, otou-san, no lo sé porque tú solo nos permitías verlo en las reuniones familiares.
- Tengo mis razones, Sasuke. Entiéndelo.
- ¿Cuáles son? Si no me las dices no puedo entenderlas.
El menor de los Uchiha escuchó un fuerte golpe al otro lado de la línea. Había acabado con la paciencia de su padre. Aunque había sido un tiempo record el que la había mantenido– Hablaré con tu abuelo nuevamente y le pediré que te permita hablar con Obito.
- Es inconcebible escucharte decir eso –de verdad Sasuke estaba buscando que Fugaku le colgara, pero el hambre de saber podía más que la razón– ¿Le vas a pedir permiso a tu padre para que puedas hablar con tu hermano? No puedo creerlo.
- Te llamo cuando sepa algo –eso había sido la gota que derramó el vaso. Fugaku colgó la llamada sin despedirse.
Viendo el móvil en su mano, Sasuke le habló como si su padre aun siguiera en la línea– ¿Acaso hablar con Madara es más difícil que hablar contigo?
Tres golpes en la puerta y la voz de la compañera de su hermano llamándolo interrumpió sus pensamientos– Detective Sasuke.
Sasuke abrió la puerta de la oficina que había tomado momentáneamente y salió al encuentro con la rubia– ¿Qué sucede?
- Creo que ha llegado el momento de retirarnos.
- ¿Retirarnos? Esto todavía no termina. Aún tenemos que identificar a las víctimas y a la persona que tomó la justicia por sus propias manos. Tenemos la evidencia para dar con él.
Shiho negó silenciosamente– Ya no tenemos más que hacer. Nos pidieron venir a encontrar a las niñas secuestradas. Las encontramos. Lamentablemente están muertas. Ya no hay nada que podamos hacer. El caso se lo quedará la policía de Yamagata y terminará de hacer las investigaciones.
- Me rehúso a dejar el caso.
- Tendrá que hacerlo. Fue una orden del Director Danzou –Shiho usó la única carta que tenía. Una orden superior era totalmente inapelable.
- Si conoce bien a mi hermano sabrá que él tampoco dejaría un caso inconcluso.
- Detective, a mí tampoco me agrada la idea de dejar un caso a medias, pero hay muchos más de donde salió éste y no hay suficiente personal para atenderlos.
…
- No se abre. Está atascada –Konan golpeó y pateó la puerta, pero no se movía ni un centímetro.
Mientras su compañera luchaba con la puerta, Sakura se acercó lentamente a Obito que yacía sentado en la orilla de la cama con los antebrazos recargados en sus muslos y la mirada perdida en el suelo.
- ¿Obito? ¿Obito, me escuchas? –con cautela la pelirrosa se acercó al hombre estirando una mano para alcanzar su hombro.
- ¿Cómo te atreviste? ¿Cómo te atreviste a hacerme esto? –Obito tomó por la muñeca y el cuello a Sakura y la levantó un par de centímetros del suelo– Lo único que quería era darles un poco de amor.
La vidente sentía un poco de rencor contra su guardián, pero sabía que el que le estaba haciendo daño no era él y no quería herirlo. Fue por ella que Obito acabó con la vida de ese hombre. Y si no fuera por Obito, ella tal vez no dejaría que Sasuke la volviera a tocar. Ni siquiera podría verlo a la cara. Konan tenía razón, eso estaba sucediendo porque era su culpa– ¿Amor? ¿Dañar a alguien le dices amor? Lo único que tú querías era saciar tus sucios instintos. Eres un bastardo que lastimó niñas.
- ¡No! ¡Yo las quería!
- Si las hubieras querido –Sakura apenas tenía el aire suficiente para hablar. Su mirada empezaba a nublarse– las habrías protegido… como lo hace Obito conmigo.
- ¡Suéltala! –gritó Konan golpeando a Obito por la espalda, que por el dolor dejó caer a la pelirrosa.
Sakura tosió frotándose la garganta al mismo tiempo. El Uchiha tenía mucha fuerza y era seguro que eso dejaría una marca alrededor de su cuello– Gracias.
- Pensé que tenías un plan –le reclamó Konan jalando a la pelirrosa de un brazo para ayudarla a levantarse.
- ¡Lo tengo! Pero pensé que podía hablar con Obito antes de intentarlo.
- ¡Argh! ¿En qué estabas pensando? Esa cosa es oscuridad total, es más que obvio que Obito no puede contra él.
Sakura se recargó en sus rodillas al tiempo que se limpiaba la saliva de alrededor de la boca y tomaba grandes bocanadas de aire– Konan, ¿puedes atar almas?
La peliazulada se arremangó el suéter y resopló para hacer a un lado el flequillo que caía sobre sus ojos– No me subestimes, niña prodigio.
- ¿Prodigio? –agitó la cabeza para alejar esa idea– No dejes que salga de la habitación.
Mostrando una impresionante agilidad Konan se paró entre Obito y la puerta. Una ráfaga helada sumió la habitación en un frío apenas soportable. Con eso no cabía duda, Sakura y su compañera habían sido entrenadas por la misma persona, Nagato.
Segura de que nada saldría mal, Sakura se preparó para hacer lo que tenía planeado. Cerró los ojos y se encerró en su interior
…
- No debes usarlo o serás devorada por el otro lado –las palabras del dios de la muerte retumbaban en su cabeza. Era una advertencia seria, pero no podía hacer otra cosa con tan poca ayuda.
- Aria, ¿me escuchas? –preguntó en voz alta mirando la media luz a su alrededor.
La chica que aparecía en todos los noticieros a nivel nacional apareció pegada a la espalda de la vidente– Te topaste con él, ¿verdad?
- Si, y está lastimando a mi… –no podía decirlo. No podía decir que era su amigo porque le había mentido– a la persona que nos salvó en la cueva.
- ¿Qué quieres que haga? –preguntó Aria sin separar sus espaldas.
- Ayudarme a tomar venganza por tu hermana, por ti y por todas las niñas a las que torturó.
Aria se giró y rodeó los hombros de Sakura en un abrazo. Susurrándole al oído entrelazaron los dedos de su mano izquierdo– Es un trato.
…
A Konan le costó un poco de trabajo atar las dos almas a un punto específico de la habitación– Si tan solo me hubieras ayudado a separarlas… no sería tan complicado. ¡Este favor te va a costar muy caro, Sakura!
La peliazulada nunca supo si su grito fue lo que sacó a Sakura de su trance o ella simplemente terminó lo que estaba preparando. Pero al verla abrir los ojos, se llevó tremenda sorpresa. Las pupilas de Sakura brillaban con luz propia y su mirada reflejaba un estado de calma absoluta.
- Konan, asegura el alma de Obito a su cuerpo y libera la del asesino.
- ¿Estás loca? Si esa cosa huye podría poseer a otra persona y no sabríamos a quien.
- No, no lo permitiré. No esta vez –la pelirrosa tomó el vaso de la mesa junto a la cama y lo dejó caer libremente al suelo. El vidrió se hizo añicos al contacto con la madera y ella recogió uno de los trozos sin quitarle la vista de encima al cuerpo de Obito que seguía luchando contra los encantamientos de Konan. Con la frialdad que había estado mostrando, Sakura cortó la palma de su mano izquierda sin un solo índice de dolor y acercándose lentamente la colocó en la espalda de su guardián– Déjalo ir, maldita basura.
Como si aferrara algo tangible, la chica sacó el alma del asesino del cuerpo de su guardaespaldas. Obito cayó de rodillas inconsciente, fue gracias a Konan que el hombre no golpeo de cara contra el suelo.
- La sangre derramada nos encadena a nuestros pecados y con mi sangre yo te encadeno en espera del juicio que te mereces –con la mano ensangrentada, Sakura, golpeó el suelo y de la mancha de su palma surgieron cinco cadenas que aprisionaron el alma del asesino de las hermanas Saiyama– Sé el juez y yo forjaré la sentencia. Sé mi cuchilla y yo seré el verdugo. ¡Aria!
Konan nunca imaginó ver semejante demostración de poder. Las sombras de la habitación se extenderonn hasta los pies de Sakura y treparon por su cuerpo como animales rastreros, acumulándose en su mano izquierda. La oscuridad tomó la forma de un cuchillo que la pelirrosa empuñaba firmemente.
Con forma de su antiguo cuerpo, el alma del asesino luchaba por soltarse de las cadenas, pero era imposible ya que no solo eran las cadenas las que lo aprisionaban. Las almas de las pequeñas a quienes había lastimado se aferraban a sus piernas y manos reforzando el agarre y obligando al hombre a hincarse frente a la vidente.
- ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! –bramaba el hombre furioso y asustado, casi llorando.
- Eso es solo un poco de lo que ellas sintieron –Sakura levantó la mano izquierda y la dejó caer justo en el centro del pecho del hombre– Con la gracia del nombre que mi alma ostenta desde su creación, yo te condeno a la eternidad. No vivirás, no morirás, no renacerás; sólo sufrirás hasta que la vida misma exhale su último aliento.
Cada palabra que pronunciaba Sakura y una a una las almas de las niñas, envolvieron el alma corrupta del hombre imposibilitando cualquier movimiento y finalmente arrastrándolo a la oscuridad que creaba la sombra de Sakura.
Konan miró alrededor. En un segundo todo había terminado y la habitación estaba como si nada hubiera sucedido– ¡¿Qué demonios?! –vio por último a su compañera que tenía la mirada vacía y sin previo aviso se desplomó golpeando en seco el suelo– ¡Sakura!
…
- ¡Sakura! –en el segundo que Yahiko y Hanabi escucharon el grito desesperado de Konan, también escucharon el seguro de la puerta botarse y la puerta abrirse.
Yahiko no esperó e inmediatamente entró a la habitación.
Obito estaba recostado en el suelo boca arriba y Konan tenía a Sakura en los brazos con sangre escurriendo de su frente. En cuanto la compañera de Yahiko lo vio las palabras salieron de su garganta como si ni ella misma creyera lo que decía– No respira. Sakura no está respirando –dijo mostrando una mano cubierta de sangre.
Yahiko se tiró junto al cuerpo de la pelirrosa, tomó su mano para revisar su pulso y pegó su oído al pecho de ella.
…
El avión que los llevaría de regreso a la Agencia no tuvo contratiempos para salir del aeropuerto. Después de todo era un vuelo gubernamental y tenía prioridad para viajar. Pero nada parecía estar bien, menos cuando Sasuke se tomó el pecho.
- ¿Detective? –preguntó Tayuya al ver cada vez más malestar en el rostro del pelinegro. Corrió hasta sus pies y pudo ver que Sasuke estaba atravesando por un intenso dolor– ¡Agente Shiho! ¡Agente!
Shiho dejó el libro que leía sobre el sofá e inmediatamente corrió en auxilio de sus compañeros.
- ¿Shiho? ¿Sasuke? ¿Qué está sucediendo, Tayuya? –preguntó desesperada Yuri al escuchar el alboroto dentro del avión.
…
Tres rítmicos golpes en la puerta y al instante supo quién era– Adelante –concedió sin dejar de estirar la manta sobre su cama.
- ¿No deberías estar descansando? –preguntó antes que cualquier otra cosa.
- Lo mismo digo yo –la chica esponjó la almohada y la colocó en la cabecera de la cama– El cuerpo se somete a mucho estrés cuando es forzado a contener dos almas al mismo tiempo.
- También sé que realizar exorcismos es algo extenuante –Sakura se encogió de hombros restándole importancia– ¿Sakura, por qué me ayudaste si estabas enfadada conmigo?
La chica dejó de acomodar las cosas sobre su cama y se sentó pesadamente– Nagato me enseñó que no importa que persona sea, siempre debo auxiliarla.
Obito tomó la silla del escritorio y se sentó frente a Sakura recargando su mentón en el respaldo de la silla– Konan me dijo que lo de ayer no fue algo que Nagato hubiera podido enseñarte. Según sus palabras: fue algo que ningún humano pudiera hacer.
- ¡Maldita sea! Le dije que no hablara de eso –masculló la pelirrosa por lo bajo.
- ¿Hay algo que deba saber?
- Creo que esa es mi línea –Sakura levantó la mirada clavándola en su guardián– ¿Cuándo pensabas decirme que eres familiar de Sasuke-kun? ¿O porque yo no debía saberlo?
Obito bajó la mirada avergonzado de esconder algo tan estúpido como su apellido– Pensé que sería incómodo para ti trabajar con el tío de tu novio.
- ¡Wo! ¡Wo! ¡Wo! ¡Detente! –la ojijade no podía creer lo que estaba escuchando y se paró de su mullida cama para tratar de asimilar la noticia– ¿Tío? ¿Eres tío de Sasuke-kun? Él nunca mencionó a un tío.
- ¡Era por esa misma razón que no quería decírtelo!
- No entiendo porque no querías que lo supiera –confesó Sakura con la mirada en sus manos entrelazadas sobre sus piernas– Ahora no sé qué pensar.
Obito suspiró sonoramente y pensó en algo que no empeorara la situación– ¿Sabes porque Sasuke no te ha hablado de mí? –la pelirrosa negó con la cabeza aun con la mirada en sus manos– El padre de Sasuke y yo somos hijos de diferente madre. Mi padre tuvo una aventura con su joven asistente y yo fui el producto de ese engaño. Mi madre falleció durante el parto y fue la abuela de Sasuke la que cuidó de mí porque ella decía que yo no tenía la culpa de las malas decisiones de mis progenitores.
- Ella hizo a un lado el dolor del engaño.
El pelinegro asintió apenado por poner a una buena mujer en una situación como esa. Según sus propios pensamientos, él también tenía la culpa, aunque sabía que todo lo sucedido estaba totalmente fuera de su control– Llegó el día en que la esposa de mi padre se cansó de las descabelladas ideas que él tenía sobre reunir a los niños con capacidades "diferentes"… y se fue. Se fue con mi hermano y me dejaron atrás.
- ¿No los has buscado?
- Solo he visto a Sasuke y a Itachi un par de veces, cuando mi padre hace alguna reunión familiar. Pero a mi hermano no. Él no quiere saber nada de mí.
- Si no lo has visto, ¿cómo sabes eso?
La negra mirada de Obito cambió su color por un carmesí que a la adolescente le recordaba el color de la sangre– Porque juré que la próxima vez que se cruzaran en mi camino, él y Kakashi pagarían por la muerte de la persona más importante para mí.
Sakura sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, desde la punta de los pies hasta erizarle el cabello de la nuca– ¿Hablas del Capitán Kakashi, Hatake Kakashi?
- Nunca creas lo que él dice. Es un mentiroso y traicionero –Obito apretó los puños hasta clavarse las uñas en las palmas– Mi hermano y Kakashi tienen la culpa de que Rin haya muerto. En ese entonces, mi hermano era el Capitán del Distrito 7 de Tokyo y Kakashi acababa de pasar su examen para Teniente. Kakashi era el favorito de todos, incluyendo a mi hermano. ¿Cómo podrían mandarlo a patrullar? Ya era todo un teniente –dijo con mofa– Ese día se conjuntaron muchas coincidencias. Yo me ausenté por un problema que surgió aquí en la Academia, mi hermano mandó a Kakashi a una redada y Rin fue asignada a patrullar con un novato a la peor zona de Tokyo. Rin y su compañero siguieron a un sospechoso hasta una zona de bodegas, el novato se asustó y dejó a Rin sola. Desgraciadamente ella entró a la misma zona en la que Kakashi estaba haciendo la redada. Rin quedó atrapada en medio del fuego cruzado. Cuando llegué al hospital ella ya había fallecido. Las investigaciones determinaron que murió por tres disparos que le perforaron el estómago y los pulmones. ¿Sabes a quien pertenecían las balas que sacaron del cuerpo de Rin? –Sakura cerró los ojos imaginando lo peor y deseando que no fuera quien pensaba– Estás en lo correcto, fueron disparos que salieron del arma de Kakashi. Él era el mejor tirador de nuestra generación en la Academia de Policía. ¿Cómo pudo haber fallado?
- Obito… yo… yo no sé qué decir. Pero… ¿no crees que estás siendo injusto con el Capitán Kakashi?
- Todo mundo dice lo mismo –gruñó con rabia– Dicen que él debe sentirse la peor escoria al haber acabado con la vida de su amiga. Dicen que debería comprender el dolor que siente al manchar sus manos con la sangre de una persona cercana. ¿Y yo que? Yo la amaba Sakura, ella era mi sol, mi vida. Era la única razón por la que iba a alejarme del yugo opresor de mi padre. Pero cuando ella se fue, se fueron mis fuerzas.
Sakura empezó a sollozar y con mucho esfuerzo intentó limpiarse las lágrimas que escurrían por sus mejillas– Ahora yo me siento lo peor persona del mundo por hacerte recordar esto. Lo siento. Lo siento.
Al verla llorar tan amargamente, Obito olvidó toda la ira que había desatado el interrogatorio de Sakura. Con una terrible culpa oprimiendo su corazón, Obito atrajo la cabeza de Sakura a su pecho con un abrazo y depositó un beso en su coronilla para tranquilizarla– Lamento haberme enojado así. Por favor, no llores. Si Rin siguiera entre nosotros, estoy seguro que tú y ella serían buenas amigas.
- Solo lo dices porque no quieres que siga llorando.
Obito sonrió nervioso al ser atrapado en su trampa– No soy bueno consolando a la gente –confesó rascándose la nuca– ¿Pero sabes que es cierto? –la pelirrosa negó con la cabeza limpiando los restos de lágrimas de sus ojos– Eres tan valiente y lista como Rin. No tenías que arriesgarte para ayudarme y lo hiciste –el moreno acarició la frente de Sakura donde una bendita cubría la cortada sufrida ante su desmayo– A pesar de la omisión de información a la que te hemos sometido, tú hiciste todo por ayudarme y eso es más de lo que cualquiera ha hecho por mí. Gracias, Sakura. En este corto tiempo, he sentido que tú y Hanabi son como la familia que nunca tuve.
Sakura sintió su corazón acelerarse. Las palabras de Obito crearon una sensación de calidez en su corazón que se fue extendiendo a todo su ser. Un abrazo cálido, palabras de gratitud, un sentimiento tranquilizador. Ese momento, con él, era tan reconfortante.
…
- Has estado muy pensativa. ¿Qué sucede, Konan? –cuestionó Yahiko mordiendo el pan de melón que recién había comprado en la cafetería.
La peliazulada seguía pensando en lo vivido la tarde que Sakura y ella realizaron el exorcismo al otro miembro de la Sociedad. Sus ideas iban de una cosa a la otra, llenando de dudas y más dudas lo que sucedía– No sé cuáles sean los planes del Director, pero estoy segura que van más allá de querer ayudarla a encontrar al hermano de su novio.
Yahiko dejó de morder su pan intrigado por las palabras de su compañera– ¿Crees que quiere que Sakura-chan se quede en la Academia… para siempre?
- Sakura es una chica como ninguna otra. Ella es algo demasiado particular y eso la hace valiosa.
- Espera. Espera –un poco preocupado, Yahiko tomó a su protegida por los hombros y la detuvo para que lo viera a los ojos– Konan, no habrás ido con el Director a contarle lo que sucedió en la habitación de Obito, ¿o sí?
- Por supuesto que lo hice –Konan se soltó fácilmente del agarre y siguió caminando como si lo que conversaran fuera solo el clima– Mi deber es informarle todo lo que ella haga mientras está en la Academia. El Director cree que Obito se ha encariñado mucho con ella y sus reportes se han visto afectados.
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¿Qué tanto podemos vivir con el rencor?
Debemos liberarnos del rencor antes de que nos arrastre hasta la muerte.
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"Leaving Tonight"
The Birthday Massacre
