Nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo la traduzco.

Y, ¿quién más podría ser mi Beta? Solo ella me soporta :P Gracias a Erica Castelo por seguir conmigo.


CAPÍTULO 11

CARLISLE

Sobé mis muñecas, mirando furioso los cortes y la sangre que quedaban cuando me quitaban las ataduras. Con un profundo suspiro, levanté la vista hacia los dos hombres que esperaban que comiera. Noté que no se habían molestado en ocultar sus rostros esta vez, y traté de no dejar que eso me molestara.

Sin embargo, estaba muy hambriento y sediento para centrarme demasiado en algo más que mi gran tazón de estofado frente a mí. Cogiendo la cuchara, le di una probada. No era el mejor, pero desde luego le ganaba a algunas de las comidas que había consumido en el ejército, y definitivamente era mejor que nada.

Mis ojos siguieron a uno de los hombres mientras se paseaba de un lado al otro con impaciencia, para después observar al que estaba recargado en la entrada. Ninguno había dicho una palabra, aunque me preguntaba cuál llamaría a mi hijo. Sin embargo, ninguno de los dos tenía la puta nariz rota de cuando golpeé a uno con la cabeza el primer día. Eso me decepcionó.

Alexander Gunter. Ese hijo de puta.

Suspiré, sacudí mi cabeza y continué comiendo en silencio. Ese trabajo había sido hace mucho tiempo, y nunca pensé que traería consecuencias, lo que me recordó que le debía a Edward una disculpa. Debía haberlo escuchado en lo referente a venir aquí, porque ni en mis sueños más salvajes creí que las cosas irían tan lejos, que esta mierda tuviera relación. Estos pendejos estúpidos estaban usando a mi hijo, mi familia, para que les consigan lo que ellos quieren. Y conociéndolos como los conozco, también lo harían. Edward atravesaría el infierno por su familia y su equipo, y esto no era diferente. Sin embargo, si mi hijo les daba armas nucleares a estos hijos de puta, iba a patear su trasero. En todo caso—eso me hacía más determinado a salir de una puta vez de aquí.

El hombre junto a la puerta le habló en voz baja a su compañero paseándose, y capté las palabras, "relájate, primo y venganza." Mirando a los ojos al hombre que se paseaba de un lado al otro frente a mí, vi su caminar por lo que realmente era—ira y odio puro. Y estaba dirigido hacia mí.

Sonriendo, terminé mi sopa, empujando el tazón. Me tomé mi tiempo bebiendo las dos botellas de agua sobre la mesa frente a mí. Podía ver que los dos hombres estaban armados, aunque sus armas estaban sujetas a sus muslos con fundas. Se estaban relajando en torno a mí, y eso significaba que mi silencio, mi cooperación, estaba funcionando. Los dejaba con una falsa sensación de seguridad a mi alrededor.

Me levanté de la mesa, lo que provocó que los dos hombres se tensaran, pero de verdad necesitaba estirar mis piernas. Solo me soltaban para comer y de vez en cuando para orinar, pero eso era todo; tan pronto como terminaba, estaba de vuelta en la silla o en el suelo con ataduras. Y esa idea y otro vistazo a mis ataduras me hicieron pensar en Bella.

Me examiné detenidamente… tomado un inventario mental de mis heridas y mi entorno. Estaba en mucho mejores condiciones que ella cuando se la llevó la rata psicópata de Miller, aunque sabía que yo tendría que esperar mucho más tiempo.

Bella me había contado una vez que cerró su mente al dolor, que perdía la consciencia a fin de sobrevivir. En ese entonces, había visto a mi hijo encontrar la paciencia que nunca supo que tenía a fin de sanarla, y mostró cada pizca de la hermosa alma de su madre—algo que creí que había muerto en él el día que ella nos dejó—todo el tiempo que resguardó, protegió, y le devolvió la vida a Bella. Ella había estado tan frágil como un conejito… y se asustaba con la misma facilidad.

Algo en esa idea, sobre la fuerza que Bella y Edward habían encontrado, me hizo sentir orgulloso, y determinado al mismo tiempo. Tal vez había estado encerrado en esa puñetera celda demasiado tiempo, pero para cuando mis guardias decidieron que ya había caminado bastante, yo estaba encabronado.

El guardia que se había estado paseando me agarró con rudeza, y sonreí en su dirección. "Debes tener un puto problema conmigo."

Me empujó con fuerza, mi espalda golpeando el muro de concreto. "Tengo que refrenarme para no matarte ahora," gruñó en mi rostro.

"Oh, así que hablas inglés," canturreé en respuesta con una carcajada, empujándolo para alejarlo de mí cuando su compañero trató de apartarlo. "No puedes matarme. El cobarde de tu jefe me necesita con vida."

"No te va a necesitar siempre," me juró, sonriéndome. "Mataste a mi primo en Moscú."

Me eché a reír, subiendo mis mangas. "He matado a muchas personas en mi larga vida. Tienes que ser más específico, cabrón."

Por qué lo estaba provocando, no tenía idea. Tal vez esperaba que perdieran el control, que revelaran algo de información por error, o tal vez simplemente había estado atrapado por mucho tiempo. De cualquier manera, me sentía más vivo de lo que me había sentido en días.

"¿Fue el bastardo lento al que le disparé a mi derecha? ¿O el nervioso pedazo de mierda que le disparé a mi izquierda?" Pregunté con una sonrisa, pero decayó rápidamente cuando el guardia finalmente perdió la calma.

Se apresuró hacia mí, pero estaba preparado, de modo que esquivé su poderoso gancho, para luego empujar mi hombro con fuerza en su estómago. El hombre tenía que tener la edad de mi hijo, si no es que un poco más joven, pero era lento para reaccionar. En alguna parte de mi subconsciente escuché al otro guardia pidiendo ayuda, pero no me detuve. Aterrizamos en el suelo sucio con un gruñido, y tenía la ventaja. Poniéndome a horcajadas en su pecho, lo golpeé con mis puños una y otra vez, sin darle al pendejo una oportunidad de recuperar el aliento.

Justo cuando iba a agarrar su arma, tres hombres me levantaron y me pegaron contra la pared.

Escupieron ruso en mi rostro, luego entre ellos, y finalmente, sacaron al bastardo a rastras de mi celda. El hombre a mi izquierda murmuró un nombre que captó mi atención.

Yury.

A esas alturas había dejado de luchar. Permití que mis dos nuevos guardias ataran mis manos—por enfrente, esta vez—y me empujaran de vuelta al suelo, donde hicieron lo mismo con mis tobillos. Hice una mueca por el dolor, pero lo acepté. Fulminando a los guardias con la mirada cuando me dejaron solo para que pudieran limpiar mi almuerzo, me moví para tomar una posición más cómoda contra la pared.

Sacudí mi cabeza despacio, dejándola que cayera hacia atrás al frío y duro concreto detrás de mí. De pronto todo tenía sentido—el comportamiento vacilante de Sergei, la desaparición de Boris, mi cautiverio, e incluso porqué seguía con vida.

Era un anzuelo… para mi hijo.

Yury quería Norilsk y había sido el comprador que se arrepintió cuando hice que Boris investigara más profundo, pero ahora veía todo el cuadro… y reconocía la voz detrás de la sombra. La había escuchado antes, y fui un tonto por no recordarlo.

Suspiré profundamente, cerré mis ojos mientras que mi corazón se calmaba. Justo antes de que mis guardias dejaran la habitación, los llamé, "¡Oigan! ¿Alguno de ustedes cabrones habla inglés?" Cuando uno asintió, le dije, "Dile a ese estúpido bastardo de Yury Spektor, que es un hombre muerto. No tiene idea de lo que hizo. No soy un anzuelo. Soy un puto localizador."

Me reí cuando dejaban la habitación, azotando la puerta de mi celda detrás de ellos. Sonriendo para mí mismo, saqué la cuchara que había robado de mi almuerzo. Con un poco de trabajo, podría ser de utilidad.

~oOo~

BELLA

"Presten atención, maldita sea," ordenó Mickey, sacudiendo su cabeza. "Tienen que saber cómo funciona esta cámara antes de que puedan meter a la hija de puta en cualquiera de los contenedores. ¿Entendido?"

"Señora," Felix y Eleazar respondieron al instante.

Me volví hacia Jasper y Edward. El primero se estaba poniendo una chaqueta camuflada que había encontrado en el depósito de Eleazar a un costado del hangar. El último estaba vestido todo de negro, al igual que Alec cuando salió de su pequeña habitación. Tanto Alec como Edward estaban sujetando sus armas a fundas en sus muslos.

Poniendo un mapa en la pantalla, miré a Jasper. "No hay un lugar alto para ti, Jazz. Sin embargo, MFQ está rodeada totalmente de bosque. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que trepaste un árbol?"

Sonrió, de forma dulce y torcida. "Aw, Bellsy… solo dime a dónde voy, ¿sí?"

Le guiñé un ojo, pero hice un acercamiento en un punto. "Aquí. El helipuerto está justo en la orilla de la propiedad. El mejor lugar para ti es está sección del bosque, pero vas a tener que ir a pie. Te dará la mejor posición no solo para ver el helicóptero, sino también por donde El y Felix entrarán al edificio. Voy a dejar que decidas dónde, pero Edward," dije, volviéndome hacia mi esposo, "tienes que dejarlo varias yardas atrás antes de descender aquí."

Asintió una vez, se puso su gorra de béisbol, y tomó la tableta de mi mano. "J, esos son como tres kilómetros. Lo que voy a hacer es bajarte, rodear la propiedad, y luego aterrizar. Eso te dará tiempo. De todos modos tenemos que pedir permiso para aterrizar."

"Entendido," respondió Jasper, pero revisó su rifle, solo para dejarlo sobre la mesa. "¿Y si veo a los hombres de Stefan?"

"¡No vayas a disparar!" Eleazar respondió desde el otro extremo de la mesa. "A menos que supongan una amenaza para nosotros, déjalos entrar y salir, pero me gustaría llegar allí antes que sus traseros. En otras palabras, me gustaría ver que actúen después que nos hayamos ido."

"En ese caso, tenemos que irnos," replicó Edward. "Espero que tengas razón y lleguemos primero, pero si ven bajar esta mierda, puede que se den una idea."

"Hasta ahora, no hay peligro," declaró Felix, levantando su teléfono. "Acabo de llamar para organizar una reunión. Les dije que aumentaran la seguridad en las siguientes horas. Dijeron que harían algo mejor y que pondrían el lugar en confinamiento—nadie entra, nadie sale. Tú nos verificarás cuando aterricemos."

Había mucho ruido en el hangar mientras todos empacaban lo que los chicos iban a necesitar, pero lentamente empezó a vaciarse.

"Excelente," dije, mirando a Edward. "Ya tienes combustible. Emmett está en eso. Una vez que estés en el aire, me conectaré con Alice y calibraremos la cámara en el helicóptero."

Mis ojos se estrecharon al verlo. En ese momento él era la definición de concentración y determinación, pero también podía ver que estaba dejando que su temperamento lo controlara.

"Edward," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza, porque odiaba el hecho de que íbamos a separarnos, incluso por ese tiempo tan corto. Su cabeza se levantó de golpe de la tableta. "Será mejor que te mantengas centrado, y que tengas cuidado. ¿Está claro?"

"Sí, señora," dijo con voz baja.

"Tal vez haya un Plan B, cariño, pero si tenemos que usarlo, voy a estar muy encabronada," le advertí, sonriendo cuando él se rio un poco.

"Si lo sabré yo," murmuró, dejando la tableta sobre la mesa y estirando sus manos hacia mí. "Te necesito en mi oído, amor… y en mi hombro. Así que, comunicación constante." Agarró mi barbilla, forzándome a mirarlo a los ojos. El verde era intenso, penetrante, pero con mucho amor. "Aunque probablemente esta es la misión más sencilla, dulzura. Entramos, salimos. Nosotros solo somos observadores. Esta es la parte legal."

Soltando un resoplido, asentí. "¿Hasta ahora? No tanto."

"Cierto," concordó, dándome mi sonrisa dulce favorita. "T-Te a-amo. V-Volveremos m-mucho d-después d-de q-que o-oscurezca, pero quiero escucharte todo el maldito camino."

"Señor," le susurré en respuesta, pero me paré de puntillas para besar sus labios. "Te amo. Ten cuidado."

Sus dedos se deslizaron entre el cabello de mi nuca, enredándose en él casi con rudeza. Me besó como siempre me besa cuando tiene que dejarme así—concienzudamente, de forma posesiva y reclamando con su lengua por lo general dejándome sin siquiera tener idea de cuál era mi nombre. Este no fue diferente. Gemí cuando su mano tiró un poco de mi cabello, pero también al sentir que apretaba mi trasero. Edward era un jodido provocador.

Sonrió contra mis labios, dándome tres dulces besitos antes de apartarse. "Lo siento."

"No, no lo haces," le dije con una carcajada. "Pero será mejor que termines eso cuando vuelvas."

"Eso planeo, dulzura." Se rio entre dientes, me guiñó un ojo y cogió su bolsa de lona. "Incluso si tenemos escaparnos para hacerlo. Repetidamente."

Sacudiendo mi cabeza, me reí entre dientes. "Ponte en el aire, chico volador. Y dile a esos chicos que te traigan de vuelta conmigo."

"Señora," dijo con una sonrisa torcida.

Lo encaminé hasta la puerta del hangar, y mis ojos permanecieron en él todo el camino hasta el helicóptero. Una vez que volvió a revisar algunas cosas, me dijo adiós con su mano antes de subir al asiento del piloto. No me quedé a verlo despegar. En vez de eso, regresé a la mesa, organizando mi equipo para poder ver todo.

"Igor, activar," declaré.

"Sí, señorita Bella…"

"Activa la cámara del helicóptero. Tenemos que ver todo."

Levanté la vista cuando el ruido estruendoso de las aspas del helicóptero sacudieron todo a mi alrededor al volar por encima. Sonreí para mí misma, sacudiendo la cabeza, porque probablemente lo había hecho a propósito. Había algo en ese sonido que era sexy, reconfortante y simplemente… Edward, que casualmente era esas dos cosas y más.

El hangar se llenó con todos los que se quedaron. No dijeron nada al sentarse alrededor de la mesa y ponerse a trabajar junto a mí. Edward estaría en el aire por algunas horas, así que íbamos a usar ese tiempo para asegurarnos que la cámara estuviera funcionando, que los GPS en el bolsillo de El estuvieran activados, y si teníamos suerte, Alice podría captar una imagen de satélite de los caminos para entrar y salir de MFQ.

"Igor, contacta con Alaska, por favor," ordené, sonriendo cuando el rostro de mi hija llenó la pantalla. "Hola, niña hermosa. ¿Qué haces despierta?" Le pregunté.

"Hola, mami. Tía Alice me estaba mostrando dónde estás tú y papi," declaró, señalando la enorme pantalla en la pared detrás de ella que seguía constantemente de cerca nuestros rastreadores GPS. "Dice que papi está volando a una misión."

"Así es. Y puedes mirar por un rato, pero te quiero en pijamas y en la cama pronto, cariño."

"Sí, señora." Miró hacia arriba. "Aquí está tía Mack. ¡Te amo!"

"También te amo, Bethy." Sonreí cuando el rostro de Makenna tomó el lugar del de Bethy. "Hola. ¿Lista para ponernos a trabajar?"

"Soy toda tuya. En este momento Alice está accediendo a trasmisiones de satélite. Tendrás acceso en breve. Va a enviarte imágenes intermitentes." Se giró un poco y tecleó rápidamente. "Intentamos encontrar a ese tipo George Stefan. No pudimos. Al menos, no hay registros telefónicos, ningún vehículo a su nombre… ese tipo de cosas."

"Eso imaginé," dije con un suspiro, sacudiendo mi cabeza. "Por lo que sé, es el tipo de hombre que tienes que conocer para contactarlo." Cuando miré alrededor de la mesa, cabezas asintieron de acuerdo. "¿Tenemos una foto de él?"

"Eso sí tengo," declaró, sonriendo y tecleando. "Te la estoy enviando ahora."

Vi la foto, mirando al único hombre en el lugar que podía identificar a Stefan, y Boris asintió. "Es él," murmuró.

Poniéndome en contacto con Edward, le dije, "Edward, te estoy enviando una foto por el teléfono de Alec. Es George Stefan."

"Entendido, dulzura," respondió en seguida.

"Es él, Bellissima," Alec añadió. "Estaremos al tanto."

Las siguientes horas estuvieron tranquilas. Edward se reportaba con su locación de vez en cuando, Alice enviaba la imagen ocasional de satélite de toda el área de Krasnoyarsk, que tenía unos cuantos vehículos que ella estaba vigilando, e Irina se presentó en el hangar con comida.

Mickey y yo nos sonreímos entre nosotras cuando Kurt prácticamente se cayó de la silla para ayudarla. Incluso le habló en ruso para que no pudiéramos entenderlo, el pendejo, pero Boris se veía muy divertido por la escena.

Nos burlamos de él como nunca en el momento que ella se fue con algo de rubor en sus mejillas.

"Oh, amigo," Emmett dijo con una risa profunda y sacudiendo lentamente la cabeza. "Solo espera a que Eddie y Jazz regresen. Esta mierda es demasiado buena como para no tomarte el pelo."

"Será mejor que cuides tu trasero," Mickey le dijo con una sonrisa. "Puede que Eleazar te dispare por ella."

"Aw joder, ¿tú crees? Es solo que ella…"

Puse mis ojos en blanco. "Solo ten cuidado, casanova."

La risa resonó por el hangar e incluso por línea de radio de Edward. Su risa divertida fue todo lo que escuché, hasta que Eleazar habló.

"Irina puede cuidarse sola, pero te advierto… ella no es del tipo de chica que se deshecha, Kurt. Ella dejó mucho en Nueva York para volver a casa cuando su padre estaba enfermo. Ten cuidado," le advirtió, y cuando miré a Kurt, estaba asintiendo, aunque se quedó callado.

A medida que Edward se acercaba donde tenían que estar, el hangar se llenó de tensión y concentración. Yo miraba la cámara del helicóptero con Emmett a mi lado, Mickey monitoreaba la radio, y Alice tomó el lugar de Mack en la videollamada.

"Bethy ya se fue a dormir, Bellsy," murmuró, dándome una mirada significativa.

"Gracias, Alice," le dije, centrándome en la posición del helicóptero. "Edward, estás en posición. Es el momento de soltar a Jasper."

"Diez-cuatro, dulzura."

Sonreí al escuchar su voz, pero di una mirada minuciosa a todos los monitores. Edward estaba suspendido lo suficientemente alto para que Jasper pudiera rapelear, y justo cuando sus pies tocaron la hierba debajo de él, ya se estaba introduciendo en el bosque. El helicóptero se desvió a la izquierda, continuando su camino hacia MFQ, y Edward hizo exactamente lo que había prometido, que fue tomarse su tiempo anunciando su aterrizaje después de rodear por completo la fusión.

El rastreador GPS de Jasper mostraba su progreso. Tenía que haber estado corriendo tan rápido como se lo permitía el bosque, porque tan pronto como Edward descendió en el helipuerto, Jasper se detuvo a unas cuantas yardas del borde del bosque. Habíamos pegado una cámara a su rifle de francotirador solo para poder ver lo que él estaba viendo. Y lo que vimos fue a él trepando un árbol bastante grande, colocándose en alguna parte cerca de la cima. Toda la fusión se extendía frente a él después de que rompiera una rama grande por aquí y una ramita por allá.

De vuelta en el helicóptero, Edward y Alec salieron al helipuerto, para luego permanecer firmes junto a las puertas de carga. Estaban haciendo el papel de piloto y seguridad para Eleazar y Felix, y estaba funcionando perfectamente, porque tres hombres los encontraron donde terminaba el helipuerto. Hubo una ronda de apretón de manos, y unos cuantos gestos de cabeza en reconocimiento, y finalmente, llevaron a Eleazar y Felix al interior del edificio más cercano.

"Muy bien, todo el mundo, manténganse alerta," les ordené, mirando las pantallas frente a mí. "Mickey, quiero que monitorees a Jasper, Alice, quiero imagen de la seguridad interna de MFQ, si es posible."

"En ello, en ello, en ello," repitió. "Aunque no tienen mucha."

"Me conformo con lo que tengan," respondí, mirando las imágenes de satélite. "Vaya, vaya, vaya… mira lo que tenemos aquí," dije con tono cantadito, acercando la tableta. "Jasper no está solo en esos bosques."

"Dulzura, háblame," Edward demandó por el auricular.

"Hay movimiento en el lado norte de la fusión. Jasper, debes tener visual. Desde tu locación, aproximadamente a unos treinta yardas en lo profundo del bosque, a un ángulo de cuarenta y cinco grados. Echa un vistazo."

"¿Qué apuestas a que están esperando a que anochezca?" Preguntó, riéndose bajito. "Ed, Bellsy tiene razón. Tenemos compañía. Están muy interesados en la reciente actividad en los terrenos de la fusión, pero no están haciendo ningún movimiento. Y no veo a Stefan."

"Entendido," respondió Edward, pero tomó una respiración profunda. "El, ¿estás escuchando esta mierda?"

"Sí," respondió bajito. "Cambio de planes, chicos. Escuchen."

Tal parece que todos dejamos de respirar y nos inclinamos hacia adelante.

"Vamos a llevarnos esta caja, pero…" Su voz nos instó a escucharlo al alargar la última palabra antes de continuar. "Pero vamos a dejar que esos bastardos nos la roben. Lo intentaron en Chernobyl; lo intentarán otra vez ahora. Felix y yo estamos tomando posesión y la responsabilidad en este momento. Los caballeros aquí presentes no quieren arriesgarse a un robo. Vamos a fijar los rastreadores GPS y la cámara antes de que siquiera intentemos subirla al helicóptero."

"Que me jodan," gimió Edward. "Está bien, escuchen todos. Jasper, te necesito atento a este helipuerto. Vas a esperar hasta que veas un problema. Entonces… y solo entonces…tienes que encontrar una solución a ese problema. ¿Está claro?"

"Como el agua, Ed," Jasper respondió casualmente, pero definitivamente esa era su forma de trabajar. Todo el mundo podría estallar a su alrededor, y él tarareaba una melodía mientras salvaba nuestros traseros a través de la mira de su rifle.

"¿Dulzura?" Edward me llamó.

"Adelante," le dije.

"Mantén esos hermosos ojos muy atentos a nuestros amigos en el bosque. Quiero saber el segundo en que hagan un pequeño movimiento. ¿Entendido?"

"En alguna parte de eso escuché un cumplido. Lo aceptaré," le dije bromeando, sonriendo cuando soltó un resoplido. "Sí. Hasta ahora, no estás en peligro. No se han movido, así que relaja ese dulce trasero por mí, ¿está bien?"

Se rio suavemente, pero simplemente dijo, "Entendido."

Me encantaba coquetear con Edward por la radio. Todos lo hacíamos. Las chicas volvían locos a los chicos cuando había un caso de una esposa infiel bajo investigación, y los chicos nos llenaban los oídos de doble sentido y tomándonos el pelo. Nos mantenía con los pies en la tierra, evitaba que nos tomáramos la mierda demasiado en serio, y nos daba un momento para respirar.

"¿Qué? ¿No tengo un lindo trasero? ¿Qué demonios, Bellissima?" Alec bromeó por la radio, y podría jurar que escuché que Edward lo golpeó.

"Sí, lo tienes, Alec," le dije con un tono de voz apacible—el mismo tono que usaba con mis hijos—mientras examinaba las imágenes de satélite que Alice me estaba dando. "Simplemente favorezco el trasero junto al tuyo."

Edward soltó un resoplido, suspirando ruidosamente mezclándolo con un gemido.

Emmett sonrió desde el otro lado de la mesa, pero sacudió su cabeza. "¿Sabes?" Dijo con una risita. "De hecho, he escuchado esta conversación antes. Una noche estábamos en un bar…"

"Emmett, joder, te juro por Dios que te mataré cuando regrese," Edward gruñó por la radio, lo que hizo que todos—incluyendo a Boris—se partieran de la puta risa. "No necesito tu trasero en esta misión."

"Silencio, Edward," lo reprendí bajito. "¿Crees que no veo a las mujeres mirándote? ¿Crees que no sé cómo solías ser? Por favor… ¿por quién me tomas?"

"Cierra la boca, dulzura…"

"Como sea," canturreó Emmett, guiñando un ojo en mi dirección cuando le hice una seña con la mano para que continuara con una sonrisa. "Si recuerdo correctamente—porque ya sabes, ha pasado mucho tiempo y estaba algo borracho—había un grupo de chicas. En realidad, ellas fueron las que votaron por el mejor trasero. Era Eddie, Alec, Jazz y yo."

"¿Fue la vez que sacaron monedas de veinticinco centavos para ver si rebotaban?" Añadió Jazz.

Mickey se echó a reír y asintió. "Sip, estábamos en… Miami, si no me equivoco. Unas estúpidas perras universitarias borrachas…"

"Oh maldita sea," gemí. "De hecho, yo misma consideré hacer eso cuando estaba embarazada de Sammy. Culpé a las hormonas."

"Yo también," Edward añadió con una carcajada. "En los dos casos, Bella."

Me reí, sacudiendo mi cabeza al pensar que Edward probablemente era demasiado guapo y sexy para su propio bien. "Sí, sí… y déjenme adivinar. El señor malhumorado no participó."

"Ding, ding, ding," dijo Mickey con una carcajada. "¡Y tenemos una ganadora!"

"Le atinaste, Bellsy," Jasper añadió.

"¡Oh, por el amor de Dios!" Refunfuñó Edward. "No iba a dejar que una chica tratara de rebotar una moneda en mi trasero en un bar."

"Me suena a un desafío, Edward," le dije, sacando una moneda de veinticinco centavos de mi bolsillo y estrellándola en la mesa frente a Emmett solo para verlo reírse.

"Tú primero, dulzura," mi esposo amenazó, pero podía escuchar la sonrisa a través de esa mortal voz aterciopelada suya.

"Mmm," murmuré con aire despreocupado, mirando la trasmisión de seguridad dentro de MFQ. "Muy bien, parece que Eleazar está insertando los rastreadores y la cámara. ¿Estoy en lo cierto, El?"

"Sí, señora," declaró en voz baja. "Denme otros veinte segundos, entonces pueden revisarlos."

"Diez-cuatro," Mickey declaró, acercando la laptop hacia ella.

"Y, adelante," dijo Felix.

Mickey y yo trabajamos juntas tan rápido como nos fue posible. Ella calibró la pequeña cámara, y yo programé los rastreadores GPS en un mapa diferente.

"Estamos dentro," Alice canturreó en la videollamada, y se rodó hacia la vista de la cámara. "Ahora, veamos qué hacen esos tipos."

Le pasé el mapa con los rastreadores a Kurt y luego acerqué la laptop para conseguir una mejor vista de las imágenes satelitales. Alice había cambiado a térmica, dándome una mejor idea de lo que estaba viendo, pero no pasó mucho tiempo para que las manchas de colores empezaran a separarse.

"Muy bien, escúchenme todos," les dije, mirando hacia la vista de Jasper, que me mostró que Eleazar y Felix estaban haciendo una gran producción del traslado de la caja en sus manos. "Tenemos a El y Felix saliendo del edificio en el lado norte, y tienen a tres guardias con ellos. Hay tres… no, cuatro fuentes de calor moviéndose a lo largo del borde del bosque. Y será mejor que mis dos tórtolas en el helicóptero estén listas."

"Lo tenemos bajo control," Edward juró, y por la vista de Jasper, vi las figuras de él y Alec sacar sus armas de las fundas en sus muslos.

"Jasper, te necesito alerta. Tal parece que nuestra compañía va a esperar el momento hasta que los empleados de MFQ vuelvan adentro," sugerí. "Jasper, el control es tuyo."

"Entendido, B," Jasper respondió bajito, y sonreí al escuchar el suave tarareo que estaba haciendo por la radio.

Sonaba como una vieja canción religiosa, o tal vez una canción para niños. No estaba segura, porque lo hacía muy bajo. Si Jasper estaba preocupado, nadie se daría cuenta. Se comportaba como un despreocupado caballero sureño, y había nacido absolutamente para hacer lo que hacía. Podía quedarse quieto por días en ese árbol si se necesitaba, sin moverse un centímetro. Él era, de lejos, el tirador más astuto que había conocido. Yo me defendía, pero al parecer Jasper podía volarle las alas a una mosca a kilómetro y medio de distancia.

Mis ojos se desviaron de nuevo hacia el borde del bosque, moviéndose rápidamente entre eso y la cámara en el rifle de Jasper, que me mostraba al equipo en el helipuerto. Se estaban tomando todo el tiempo del mundo para colocar la caja en el interior de la bodega de carga del helicóptero. Si los hombres internados en el bosque iban a actuar, lo harían pronto.

"Prepárense, chicos," les dije. "Van a tener compañía en… tres, dos, uno…"

La cámara de Jasper apenas se movió, pero vi cómo evaluaba a cada uno de los hombres corriendo hacia el helipuerto. Incluso los contó en voz baja.

"Ed, tengo una solución en caso de que la necesites," le informó.

Edward no le respondió, pero nadie tenía que decir nada. Igual que en Chernobyl, había armas automáticas apuntando a nuestros cuatro hombres. A Alec y Edward les dijeron que arrojaran sus armas, y noté que los dos las arrojaron demasiado lejos para que sus captores las alcanzaran. Felix y Eleazar—con las manos en sus cabezas—se alejaron despacio de la puerta del compartimiento de carga del helicóptero.

Las voces que se escuchaban por la radio hablaban inglés.

"¡No se muevan!" Gritó un tipo.

"Cabrón, ¿te parece que me estoy moviendo?" Edward preguntó con agresividad.

Cerré mis ojos, tomando una respiración profunda y dejándola salir. Algunas veces quería abofetearlo. Sabía que estaba haciéndolo parecer real, pero no tenía que conseguir que le dispararan en el proceso. Aunque, Alec no era diferente.

"Baja el arma, stunad," dijo con una sonrisa. "Podemos resolver esto como Dios manda…"

"No lo creo," otro respondió.

"Marica," Edward escupió, dando un paso hacia adelante.

"Edward Anthony, da otro paso y tendrás que responder ante mí," lo amenacé con los dientes apretados.

Edward se paralizó a medio paso, pero fulminó con la mirada al hombre con el arma apuntando en su dirección. "¿Tienen alguna idea a quién le están robando?" Les preguntó.

"No nos importa. Nos pagarán sin importar quiénes son," fue la respuesta que recibió mientras dos hombres sacaban la caja del compartimiento de carga y caminaban de regreso al bosque. El hombre preparó su arma, diciendo, "Al suelo y pongan las manos sobre su cabeza, o les dispararé ahora."

"Jasper," declaré.

"Yo me encargo, Bellsy," respondió al instante. "El cabrón no tendrá tiempo de tirar del gatillo."

El tipo que había estado hablando con Edward le hizo un gesto con su barbilla a su amigo, enviándolo de vuelta hacia los árboles. Mi labio se retorció por la ira cuando cuatro de los hombres más fuertes que conocía se tumbaron sobre sus estómagos en el concreto, sus dedos entrelazados detrás de sus cabezas. La parte lógica de mi mente sabía que esto era lo que queríamos, usar el uranio como un anzuelo, pero ver a esos hombres, mi Edward en particular, con el rostro hacia el suelo me hizo querer decirle a Jasper que tirara del puñetero gatillo de todos modos.

Acababa de aceptar que el último hombre simplemente se iría, pero no lo hizo. En vez de eso, levantó su arma, apuntando hacia la cabeza de Edward.

"¡Jasper! ¡Hazlo!" Emmett y yo ordenamos al mismo tiempo.

El disparo se escuchó por los auriculares, provocando que todos lo que estaban a la mesa en el hangar nos sobresaltáramos, pero no podía apartar los ojos de la pantalla frente a mí. Después de asegurarme de que mis cuatro hombres estaban bien, en especial el ágil que llevaba la gorra hacia atrás que ya estaba de pie y corriendo por su arma y la de Alec, le eché un vistazo a la imagen de satélite.

"Tienen que irse," les advertí. "Joder, en poco tiempo se darán cuenta que les falta un hombre. ¡Vamos, vamos, vamos!"

"No tienes que repetirlo, dulzura," declaró Edward, subiéndose al asiento del piloto del helicóptero. El chirrido de las aspas y el motor era fuerte.

"Felix, quiero que informes eso, y quiero que te quedes en tierra para que sigas a esos bastardos," Eleazar le ordenó. "Vamos a necesitar un equipo de limpieza tan pronto como sea posible. Sin una historia, solo limpieza."

"Entendido," respondió Felix, y lo escuché llamar a los guardias de MFQ.

"Jasper," Edward lo llamó mientras lo veía descender de árbol en el que había estado apostado. "¿Puedes llegar antes que esos hijos de puta al helipuerto? ¿O quieres que te recoja en otra parte?"

"Llegaré a ti más rápido," gruñó mientras corría lo más rápido que podía directamente hacia la fusión, su señal de GPS moviéndose a través de la línea de árboles restante. "Estaré ahí en menos de sesenta segundos."

"Hasta ahora, no lo han notado," les dije, viendo la imagen de satélite. "Están muy preocupados en subir esa caja." Cambié a otra pantalla, sonriendo cuando Jasper llegó al helicóptero justo cuando Edward se elevaba del suelo.

"Yo me encargo de la puerta," Eleazar declaró. "Felix, te reportarás tan pronto como estés fuera de este lugar. ¡Ve!"

La tersa voz de Edward anunció su vuelo, y la cámara del helicóptero se alejó lentamente de MFQ. Al fondo del lado norte del bosque, una SUV partió a toda velocidad, dejando un rastro de polvo detrás.

"Maldita sea, ni siquiera revisaron dónde estaba el último hombre," solté un resoplido, sacudiendo mi cabeza. "Solo lo dejaron."

"Oh bueno," Emmett suspiró, mirando por encima del hombro de Mickey. "¿Ed?"

"Adelante," respondió Edward.

"El paquete está trasmitiendo perfectamente. La cámara todavía está grabando," le dijo. "Misión cumplida."

"Diez-cuatro. Nos dirigimos de vuelta," declaró Edward, suspirando de cansancio.

Lo conocía muy bien. Sabía que estaba preocupado por perder el rastro de la caja, por perder la última cosa que necesitábamos para recuperar a su padre, pero todos estuvimos de acuerdo en que dónde sea que se detuviera esa caja nos daría las respuestas que necesitábamos a fin de ganarles a todos esos pendejos en este juego.

"Igor, monitorea esa señal todo el tiempo. Alértanos y a Felix de cualquier cambio de dirección o velocidad para que él pueda seguirla," ordené.

"Sí, señorita Bella."

"Edward, puedes detenerte a cargar combustible. Te estoy enviando las coordenadas," le dije.

"Gracias, Bella." Su voz sonó apagada, y sacudí mi cabeza.

"Esa mierda estuvo muy cerca," le murmuré a Mickey, que simplemente asintió, con una mirada solemne. "Juro que algunas veces no sé si besarlo o matarlo a golpes."

"Escuché eso, dulzura."

"Bien." Rodé los ojos al escuchar su risa. "Ya habré tomado mi decisión para cuando llegues aquí."

Se echó a reír nuevamente. "Lo espero ansioso, amor."

"Mmm," suspiré, recargándome en mi silla. "Ten cuidado, chico volador."

"Entendido."

~oOo~

El hangar estaba en silencio y el fuego de la caldera en el rincón daba un poco de calor. No podía dormir, pero nunca podía hacerlo cuando Edward estaba en el aire. Y esta vez no fue diferente, sobre todo con lo cerca que había estado de recibir una bala en la cabeza.

Emmett caminaba lentamente afuera de la puerta del hangar. Había tomado el siguiente turno. Sabíamos que estábamos a salvo con Irina, pero Edward quería que siguiéramos alerta. Mickey y Kurt se habían ido a dormir una vez que vieron que se estaba rastreando bien al uranio, aunque todavía no habíamos visto una cara en la cámara. Boris estaba dormido en la silla frente a mí. Y Felix ya estaba en movimiento, usando la ayuda de Igor para mantenerse detrás de los hombres de Stefan a una distancia segura. La hermana de Irina nos trajo un poco más de comida para que Eleazar, Edward, Alec y Jasper pudieran comer cuando regresaran, lo que esperaba en cualquier momento.

Boris resopló un poco y siguió durmiendo, pero los fuertes golpes sordos de las aspas del helicóptero hicieron que me pusiera de pie y caminara hacia la puerta del hangar para ver a Edward descender. Emmett lo guio, abriendo la puerta del compartimiento de carga una vez que las aspas empezaron a pararse. Se intercambiaron unas cuantas palabras, pero se callaron cuando salí del hangar.

"No lo mates, Bellissima," dijo Alec en broma, pero hizo una mueca cuando le levanté una ceja.

"Oh mierda, ella va a explotar," murmuró Jasper, empujando a Emmett y a Eleazar hacia el hangar, dejándome para esperar a que el helicóptero se apagara por completo.

Edward se bajó del asiento del piloto, poniendo sus audífonos sobre el cojín antes de volverse hacia mí. Su sonrisa engreída hizo que cerrara mi mano en un puño.

"Bueno, ¿es un beso o un golpe, dulzura?" Preguntó, pero dio un respingo cuando mis nudillos conectaron con su bíceps. "¡Ay, Bella! ¿Qué demonios?"

"No te vuelvas a exponer así de nuevo," gruñí, porque con cada palabra, le estaba dando manotazos donde sea que pudiera alcanzarlo, sin lastimarlo en realidad, pero para hacerle ver mi maldito punto de vista.

"¡Bella! ¡Basta!" Gruñó, agarrándome por la cintura y poniéndome en la puerta abierta del compartimiento de carga. Sus manos eran lo bastante grandes y fuertes como para sujetar mis brazos a mis costados al pararse entre mis piernas. "¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Lo siento!"

"¡Puede que tengamos un Plan B, Edward Cullen, pero no quiero usar esa mierda!" Le siseé. "¡¿Tienes idea de lo que fue tener que darle a Jasper esa orden?! ¿Eh? ¡Ese pendejo te estaba apuntando a ti!" Zafé mi brazo de su agarre, solo para picarlo con mi dedo en medio de su frente. "¡No a Alec, no a El… a ti!" Lo piqué de nuevo. "Todo por tu puñetera boca…"

Edward dejó de luchar conmigo, mirándome con una expresión de disculpa y de miseria. Sus ojos estaban de un verde oscuro, sus pestañas elevándose despacio, y sus cejas fruncidas cuando comprendió lo que yo había visto. Repentinamente, ya no estaba enojada con él; simplemente estaba agradecida de que estuviera justo frente a mí otra vez.

"Fue una estupidez, Bella… lo sé…"

Lo interrumpí con mi boca en la suya, agarrando su gorra y arrojándola detrás de mí al interior de la cabina del helicóptero para poder hundir mis dedos en su cabello. Mi beso era con ira, dolor y miedo, y él lo recibió todo. Usando mis piernas, lo acerqué, lloriqueando cuando sus manos agarraron mi trasero y lo apretaron. Hubo dientes, lenguas y gemidos, y me recordó nuestro primer beso, ese beso iracundo, necesitado y celoso en las escaleras de la oficina legal. Muchas cosas habían ocurrido desde ese beso, y con ese pensamiento, mi corazón dolió.

"Jodidamente estúpido," siseé contra sus labios. "No me hagas eso, Edward. No lo vuelvas a hacer nunca. ¿Sabes lo que me habría hecho?" Le pregunté, incapaz de evitar que mis manos tocaran su rostro—pasaran por su cabello, a lo largo de su mandíbula ahora con vello, y finalmente, su barbilla, donde lo sujeté y lo forcé a mirarme.

Asintió, mirando a mi regazo, solo para clavar esa mirada ardiente una vez más en la mía. "Entra," ordenó, mirando por encima de su hombro antes seguirme al compartimiento de carga. Con un último vistazo hacia el hangar, cerró la puerta con fuerza detrás de él, para luego sentarse en el asiento más cercano. "Ven aquí, bebé."

En el momento que sus brazos me rodearon y me pusieron a horcajadas en su regazo, mis ojos se llenaron de calientes lágrimas aún por la ira.

Tomó mi rostro entre sus manos, sus pulgares limpiando debajo de mis ojos. "T-Tienes r-razón. F-Fue e-estúpido, B-Bella. J-Joder, l-lo s-siento t-tanto. Solo debí haber mantenido la maldita boca cerrada. Es solo que estaba cabreado. Se veía tan malditamente engreído, como si se estuviera saliendo con la suya, y yo…"

"Y se te ocurrió burlarte del hombre que solo te veía como un obstáculo en su camino llamándolo marica. ¡Maldición, Edward!" Gemí, sacudiendo la cabeza. "No puedo perderte… simplemente no puedo. La próxima vez voy a ponerte cinta en el boca, joder, lo juro por Dios."

Me sonrió al escuchar eso, incapaz de contenerse de decir, "¿Lo harías?"

"Sí," le confirmé, asintiendo una vez.

Sus ojos se movieron rápidamente a nuestro alrededor. "Echarías de menos mi boca, dulzura…"

"No te atrevas a comportarte todo lindo y sexy ahora. No estoy segura que estés perdonado," declaré, aunque con tan solo estar de vuelta en sus brazos estaba provocando que mi ira desapareciera entre más tiempo pasaba a horcajadas en su regazo. "De hecho, debería de conseguir la maldita cinta de todos modos. Tienes alguna por aquí, ¿no?" Le pregunté, levantando mi mano hacia el contenedor encima de su cabeza.

Edward soltó una suave risita y un suspiro profundo, sus manos sostenían mis costados, pero empezaron a moverse, levantando mi blusa en el proceso. "Te lo dije, Bella… echarías de menos mi boca."

Sonreí, pero la oculté detrás de la puerta del contenedor, porque conocía ese tono. Edward era totalmente descarado al tratar de hacer que me rindiera, y sabía qué decir, cómo decirlo, y qué hacer para conseguir que cediera. Bajando la vista, me preparé cuando sus labios encontraron mi estómago. Los vellos de su barba me hacían cosquillas en la piel. Mis ojos rodaron dentro de mi cabeza cuando su lengua y sus dientes se sumaron a la sensación de los besos que estaba dejando por mis costillas, esternón, y ombligo.

Empujó y tiró de mi camiseta hasta que estuvo por debajo de mis senos. Continuó besándome, lamiendo, y chupando mi piel, siempre prestando más atención a las cicatrices que todavía eran visibles. Al echarme hacia atrás en su regazo provoqué que esos besos se detuvieran, y nuestros ojos se encontraron por un momento.

"Deberíamos volver adentro," suspiré con arrepentimiento, empezando a acomodar mi camiseta. "Nunca nos dejarán olvidarlo."

"Que se jodan," murmuró, su mano introduciéndose en mi cabello. Le dio un suave tirón, llevando mi frente a la suya. "Tú eres más importante en este momento. Nos avisarán de los cambios."

Tomó una respiración profunda, rozando sus labios sobre los míos— el superior y luego el inferior, con un ligero roce de su lengua arremolinándose. Con un rápido movimiento que había perfeccionado hace siglos, me subió y quitó la camiseta, colocándola en el asiento junto al nuestro.

"Además," ronroneó, "Si vas a poner una cinta en mi boca, ¿no recibo una oportunidad de usarla al menos una… vez… más?" Su voz sonó mortalmente suave e hipnótica al acercarse para dejar un beso donde mi pulso ya palpitaba con fuerza. "¿No puedes conceder a un hombre un último deseo?"

Era totalmente imposible ignorarlo, luchar contra el deseo que él sabía crear entre nosotros. Sabía qué decir, más ahora que cuando nos conocimos. Su lengua se arremolinó sobre mi piel, haciéndome jadear cuando chupó justo dónde sabía que era la parte más sensible—debajo de mi oído. Edward metió mi lóbulo en su boca, solo para soltarlo con un pop.

"Última oportunidad, dulzura. ¿Dónde quieres mi boca por última vez?" Me provocó, sonriendo contra mi mandíbula.

Sacudí mi cabeza, suspirando en derrota. Él era demasiado para resistirme, y sabía que su temperamento estaba al borde con todo lo que habíamos estado haciendo para recuperar a su papá. También conocía a mi esposo. Nunca, jamás querría asustarme, y confiaba en su equipo—en este caso, en Jasper—hasta el fin del mundo y de vuelta. Y Edward también me necesitaba; necesitaba algo que hiciera que esta dura mierda… no fuera tan dura.

"Es tu castigo, Edward," le dije altivamente. "Supongo que deberías de escoger. ¿Dónde te gustaría a ti poner tu boca una última vez?" Sostuve el pesado rollo plateado de cinta para darle énfasis.

Edward gruñó y una sonrisa malvada curveó las comisuras de su boca mientras arrastraba su lengua por su labio inferior. Sacudiendo una vez su cabeza, dijo, "Por todas partes."

Sonriendo, podía leer su expresión como un puto libro. "Dilo, Edward. De la forma correcta."

"Mmm, Bella," canturreó, sacudiendo lentamente su cabeza. "Sabes que moriría feliz si consigo probar ese dulce coño (1) una vez más…"

Ahí estaba. Le había escupido esa palabra al cabrón con el arma apuntando en su dirección, pero cuando la decía de la forma correcta—de forma sexy, descarada y lasciva—quería treparme en él, darle lo que quisiera. Sentí que todo mi cuerpo se lanzaba hacia adelante, mis caderas restregándose sobre él al mismo tiempo que agarraba su camiseta, pero él me detuvo.

"Ponte de pie, bebé," me ordenó, y lo hice. Él también se puso de pie, pero me sentó en el asiento, quitándome las botas que en realidad no estaban atadas. A continuación, sus dedos alcanzaron mis pantalones, sonriendo cuando me levanté lo suficiente para que me los quitara de un tirón. "Bueno, maldita sea, dulzura…" Dijo con una suave carcajada. "¿Dónde tenías escondidos esos?"

Mi sujetador era negro, el que me había quitado con un simple movimiento de sus dedos, pero mi ropa interior eran unos boyshorts camuflados. Eran sexies, pero de algodón y cómodos… y ahora estaban muy mojados.

"A la mierda, no respondas eso," murmuró, agarrando la cintura negra. "No me importa. Solo quiero lo que está dentro."

Tiró de mí con fuerza hacia el borde del asiento, subiendo mis piernas sobre cada uno de los reposabrazos y abriéndome frente a su rostro. Llevó su mano hacia su espalda para agarrar su camiseta y quitársela por encima de su cabeza, solo para arrojarla al asiento encima de la mía.

El verde en sus ojos desapareció, y un intenso y obsceno negro encontró mi mirada mientras arrastraba sus labios por la cicatriz de mi muslo. Dejó un beso en medio antes de lamer y mordisquear al subir hacia donde ahora lo necesitaba más.

La sensación de sus lengua, pero aún más su barba que picaba, provocó que elevara mis caderas con un siseo.

"Me voy a afeitar, bebé… pronto," prometió contra mi clítoris, para luego meterlo a su boca.

Por simple costumbre, mis dedos se entrelazaron en su cabello, a pesar de que casi estaba demasiado corto para hacerlo. Fue todo lo que pude hacer para no restregarme en toda su cara, pero no estaba segura que le hubiese importado. Su boca estaba en mí como si estuviera hambriento—lamiendo, chupando, y mordisqueando ocasionalmente solo lo suficiente como para hacerme gritar su nombre.

Deslizando dos dedos profundamente dentro de mí, su boca se prendió de mi clítoris, chupando y arremolinando su lengua, hasta que era un desastre retorciéndome en el asiento del helicóptero. Mis manos se aferraron a él, del reposabrazos, de donde pudieran, pero me estaba llevando a la cima velozmente y con intensidad, que probablemente era lo que quería.

"Jesús, Edward… me voy…"

"Mmm," gimió contra mí, y eso fue todo lo que se necesitó para enviarme volando a la cima.

Todo mi cuerpo se arqueó en el asiento y mi respiración se atoró en mi garganta. "Aw, mierda," gruñí con los dientes apretados para evitar que me escucharan dentro del maldito hangar, o demonios, posiblemente en la casa de Irina.

Una mano caliente y callosa acarició tiernamente mi estómago, ayudándome a tranquilizar los espasmos que sacudían mi cuerpo. Pero fueron esos dulces ojos verdes los que me observaron detenidamente, aunque al mismo tiempo se veían ligeramente petulantes.

Edward no dijo nada, pero llevó su mano debajo del asiento para sacar una bolsa de dormir, extendiéndola en el piso del compartimiento de carga.

"Métete antes de que pesques un resfriado, amor," me dijo suavemente, quitándose sus botas y sus cargos.

Hice lo que me pidió, diciendo, "De verdad deberíamos entrar, cariño."

"Todavía no," murmuró, dejando caer al piso su bóxer antes de meterse a mi lado. "Saben que estoy en problemas," susurró con una sonrisa torcida, pero cayó rápidamente. "S-Siento ha-haberte a-asustado, d-dulzura." Su susurro fue sincero, honesto y dulce a medida que cada centímetro de su piel desnuda se deslizaba increíblemente contra la mía.

"Lo hiciste." Tomé su rostro con mis manos, acercándome más y enredando mis piernas con las suyas.

"Lo sé, bebé," admitió, apenas rozando sus labios en mi mejilla. "Voy a controlar más mi boca, Bella. Lo juro."

Soltando una suave carcajada al escuchar ese juramento, rodé los ojos. "Guarda esa boca solo para mí, guapo. Mantenla cerrada contra los pendejos con armas."

"Lo prometo." Dijo riéndose entre dientes, rodándose sobre mí, y le di la bienvenida al sentirlo por todas partes. "Entonces... ¿sin la cinta?"

"Cállate, Edward, y bésame. Muy pronto van a interrumpirnos," dije con un suspiro, abrazándolo con un poco más de fuerza. "Y hace mucho tiempo que no nos hemos echando un polvo en el helicóptero…"

Sonrió, acariciando mi nariz con la suya. "Gracias por tomar esa decisión hoy."

"No me obligues a hacerlo de nuevo, Edward Anthony," susurré, sacudiendo mi cabeza.

Se acercó, alineándose hacia dónde todavía lo ansiaba. "Sí, señora."


(1) Aquí se usa la palabra "pussy" en inglés que se traduce "marica" y "coño" por eso Bella dice que es la manera correcta como Edward debe usarla, no para insultar al tipo que casi lo mato, sino para seducirla a ella ;)


De tal palo tal astilla dice el dicho y con Edward y Carlisle es claro que son padre e hijo, los dos provocando a sus contrincantes jejeje. Pobre Bella, al menos Edward supo cómo tranquilizarla *meneando las cejas* Bueno, ya tenían el uranio, ahora ya no, pero esperan que a dónde lo lleven les permita saber más de los captores de Carlisle o incluso dónde está. ¿Lo lograrán? Ya lo veremos. ¿Qué les gustó a ustedes del capítulo? ¿Qué les llamó la atención? Espero que lo hayan disfrutado y si es así, no les cuesta nada decirme que les pareció, o simplemente decir hola. Como siempre, este es el fic más leído y el que menos comentan, ¡increíble! Pero bueno, solo le diré los que siempre les digo, un gracias no cuesta nada, sus comentarios es el único pago que recibimos ;)

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: DenniChavez, SandraSance, Mariana, Antonia, niyus1205, Yoliki, Angel twilighter, EmDreams Hunter, Tecupi, Shikara65, ameli2703, Manligrez, Pera l.t, YessyVL13, Marlecullen, Lunita Black 27, bbluelilas, Adriu, tulgarita, Ali-Lu Kuran Hale, lizdayanna, dushakis, Sei, lauritacullenswan, Sei, Pili, Sully YM, paosierra, ValeWhitlockGrey, Ericastelo, Pam Malfoy Black, Andrea Ojeda, Anastacia T. Crawford, glow0718, Mafer. Gracias por corresponder :) Nos leemos en el siguiente.