Capítulo 11.

Mientras más conocía a Tetsuya, más misterio representaba él para mí. Era un ser humano retraído, tímido, inseguro, con poca disposición para hablar o cooperar, que no fuera aquello relacionado con lamerles los pies a aquellas personas que pudiesen ayudarlo en algo. Era difícil entablar una charla con él, pues yo no encajaba en el grupo de personas a quien él consideraba como útiles para su vida, así que cuando estaba cerca de mí, no hablábamos mucho y realmente me incomodaba el silencio que ocasionaba su presencia. Yo no comprendía por qué siempre iba a buscarme cuando no encontraba a Genzo, y si no estaba él conmigo, Tetsuya podía quedarse sentado en un rincón, esperándolo.

Todavía no me explico cómo era que tanto Kitagawa como Wakabayashi conseguían pasar la "barrera de seguridad" (la cual constaba en un par de guardias armados hasta los dientes), que se había instalado en Forense desde las muertes recientemente acontecidas. Quizás dejaban pasar a Genzo por ser alguien conocido, quizás sobornaba a los policías, quién sabe, lo cierto es que no era de sorprenderse el encontrarse a uno de esos dos vagando por el instituto como si estuvieran en el parque. En un par de ocasiones, alguno de los doctores que trabajaban en el servicio le preguntó a Kitagawa qué estaba haciendo ahí, pero éste respondió que venía a verme a mí, y cuando me preguntaron, me dio vergüenza decir que no era cierto, aun no sé por qué. Así pues, cada vez que alguien veía al susodicho, daba por hecho que venía verme.

- Quizás le gustas.- había comentado Jean, alguna vez.

- No lo creo.- me apresuré a contestar, espantada ante esta posibilidad.- No lo digas ni en broma.

- ¿Te asusta tanto la posibilidad?.- se rió Jean.- Pareciera que él fuese el asesino. O quizás lo que te molesta es que si él te pretende, Wakabayashi no va a acercarse a ti.

- No seas idiota.- repliqué, algo molesta.- Deja de insinuar que entre Genzo y yo hay algo.

Jean me miró de una manera muy extraña, casi como con burla. Y no sabía por qué a últimas fechas todos los cercanos a mí tenían la misma expresión.

- Como digas.- me respondió él, luego de un largo rato.- Elieth me dijo que en este tema es mejor no llevarte la contraria.

No respondí. Eli era otra de las personas que insistían en decir que entre Genzo y yo estaba dándose una comunicación más estrecha, algo que sólo existía en la mente de los que me rodeaban. Un día, sin embargo, a Jean se le ocurrió comentarle a Genzo sobre el posible "enamoramiento" de Tetsuya, más en plan de broma que en otra forma, y yo esperaba que Genzo se lo tomara a broma, como lo hacía yo, o en todo caso como algo sin importancia, por lo que su respuesta fue de lo más sorprendente, al menos para mí: Wakabayashi se puso muy serio ante el comentario de Jean, y me miró fijamente por varios minutos.

- ¿De verdad eso crees, doctora?.- me preguntó, secamente.

- No, no lo creo.- respondí, sorprendida.- Eso fue invento de Jean…

- Ya veo. De cualquier modo, hablaré con Kitagawa.- me dijo Genzo.- Tiene que saber que estás fuera de su alcance.

Jean enarcó mucho las cejas al escuchar esta declaración, y yo sentí que me ruboricé aunque no entendí por qué. Más tarde, Jean quiso comentar este hecho pero yo no lo dejé. No quería que le diera más interpretaciones a las respuestas de Genzo, pues conforme más lo hacía, más me convencía yo de que todo estaba en su cabeza.

El funeral de la pobre Helga tuvo lugar unos días después de su muerte. Yo decidí no acudir, ya que me parecía una hipocresía total el ir a su entierro cuando no la había soportado en vida. Sin embargo, algunas personas acudieron, entre ellas el doctor Wojkiewicz, Otto, Zimmerman y el propio Jean, aunque según dijo éste, iba más por lástima que por otra cosa. Así pues, yo me quedé sola en el forense, con el técnico histopatólogo embalsamador de guardia, rogando que no me fuese a tocar una autopsia o que el asesino no se le hubiese ocurrido regresar, en todo caso, ya que no sabría qué hacer en alguna de las dos situaciones.

Frente a mí tenía un ejemplar del diario de ese día; la versión oficial fue que las muertes de Helga y de la Jefa de enfermeras habían sido causadas por el mismo asesino, alguien que probablemente estaba afectado psicológicamente hablando, y que había cometido los asesinatos de manera aislada. Wojkiewicz debió mover sus influencias muy bien, porque nadie mencionaba la reciente muerte de Kohl ni su posible relación con los últimos asesinatos.

- ¿Algo interesante?.- una voz que ya me estaba resultando muy conocida llegó hasta mis oídos, indicándome que su dueño estaba parado frente a mí.

- No.- negué, sin mirar a mi interlocutor.- Yo sé más de lo que se dice aquí.

- Me lo supuse.- dijo Genzo, sentándose en un banco, frente a mí.- Pensé que tú también irías al funeral.

- La verdad, me sentiría muy hipócrita si fuera.- suspiré.- No me llevaba bien con Helga, y me parece un tanto, eh, inservible el ir a pararme a llorar a su tumba. Ahora que está muerta, no le va a servir de nada.

- Entiendo.- fue todo cuanto él dijo.- Hoy andas de un humor más negro que de costumbre.

- ¿Por qué lo dices?.- cuestioné.- ¿Por qué fui sincera?

- Porque no trataste el tema con delicadeza.- deslizó Genzo.- Nada más por eso.

- Sí, quizás.- asentí, tomándome la cabeza con las manos.- Estos días no he estado de humor para muchas cosas… Al menos, te alegrará saber que se solicitó ya la prueba de ADN del raspado de uñas que se le hizo a tu abuelo durante su autopsia.

- ¡Genial!.- exclamó Genzo.- ¿En cuánto tiempo tendremos el resultado?

- Querrás decir que en cuanto tiempo tendremos nosotros el resultado.- lo corregí.- Quizás dos semanas, a lo mucho. La verdad, no deberían tardarse en hacerlo, pero tienen mucho trabajo, y como nosotros no hacemos esa prueba, pues tenemos que subrogarla.

- Entiendo.- suspiró Genzo.- Algo es algo. ¿Enviaron muestras de los asesinados también?

- No.- negué.- No hubo de dónde.

- ¿Cómo?.- exclamó Genzo.- ¡Pero si había cuerpos! Ésos no se los robaron, ¿o sí?

- No es por eso.- expliqué.- Es que durante las autopsias de Helga y la jefa de enfermeras no se encontraron huellas de lucha. Quienquiera que las haya atacado, las agarró de sorpresa y sin la oportunidad de defenderse. No se encontraron huellas digitales en las escenas de los crímenes, quizás porque había demasiada sangre, que borró todo rastro posible.

- ¿Y Kohl?.- insistió Wakabayashi.

- Kohl sí luchó.- asentí.- Pero sólo se hallaron restos de pintura en sus uñas. El asesino se cuidó de no dejar marcas esta vez.

- ¿Esta vez? ¿Te refieres a que corrigió los errores que cometió antes?.- cuestionó Genzo.

Me quedé callada. Se suponía que no había nada confirmado, igual y las muertes de todos eran eventos aislados (sí como no), y no parte de un plan más elaborado, pero las evidencias eran cada vez más obvias.

- La verdad es que hemos considerado el por qué se robaron el cuerpo de tu abuelo, y evidentemente fue porque querían deshacerse de la evidencia.- señalé, rápidamente, antes de arrepentirme.- Creemos que el asesino dejó demasiados rastros que lo delataban en el cuerpo de tu abuelo, y que eso lo llevó a robarse el cadáver. Con Kohl, Helga y la jefa de enfermeras fue más cauteloso, no dejó rastros y por eso no le interesó llevarse los cuerpos. Lo que apunta a que consideramos que sí, que todos los asesinatos fueron causados por la misma persona.

- Eso mismo había pensado yo.- confesó Genzo, mirando distraídamente el periódico que yo había dejado.- Al principio creí que había sido por motivos sentimentales, pero…

- ¿Cómo dices?.- me sorprendí.- ¿Qué motivos sentimentales podría tener el asesino para llevarse el cuerpo de tu abuelo? Eso sólo tendría lógica si quien se lo robó fuera uno de tus familiares.

Genzo se quedó callado, delatándose con su silencio. Yo me quedé mirándolo fijamente, bastante perpleja ya que no se me había ocurrido esa posibilidad.

- ¿Lo robó alguien de tu familia?.- exclamé, sin poder contenerme.

- No estoy seguro.- respondió él, tenso.- Se me ocurrió esa posibilidad. No te podría asegurar al cien por ciento que ninguno de nosotros lo hizo. Con excepción de Eriko, no conozco lo suficiente a mis hermanos como para negar categóricamente que ellos no hicieran algo así.

- Pero acabas de decir que estás de acuerdo conmigo en que crees que se pudieron robar el cuerpo para ocultar evidencia.- insistí.

- Lo sé.- fue todo cuanto él me dijo.

Miré a Genzo a los ojos y constaté, perpleja, que sí, efectivamente él sospechaba que el asesino podría estar dentro de su familia. Ésa era una posibilidad que nadie en ninguna circunstancia querría considerar, pero él lo había hecho y al parecer, se había resignado a ella dada la expresión de sus ojos negros.

- Puedo equivocarme.- continuó él, después de un rato.- El abogado de mi abuelo sigue sin aparecer. Quizás él es el culpable de todo este asunto.

- ¿Y ya encontraron el testamento?.- me pareció recordar que el documento también estaba perdido.

- El último no.- negó Wakabayashi.- Sólo encontramos un testamento de hace cinco años, y tampoco nos sirve, pues mi abuelo lo cambió al menos un par de veces después de eso, estoy seguro.

- Así que aparte de todo, testamentos desaparecidos.- fruncí el ceño. Tres testamentos en cinco años me parecía mucho, pero quizás la gente rica se movía de otra manera.- ¿Qué tanto dinero tenía tu abuelo? O sea, no sé de cuántos millones estamos hablando. Se nota que Eriko gasta como si fuera la heredera de Carlos Slim.

- No poseemos tantos millones.- se rió Genzo.- Pero sí una buena cantidad. Es decir, no podría darte una cifra exacta porque nunca me he interesado en eso, pero sé que es una fortuna grande, si a eso además le añades el dinero en propiedades y las acciones de la empresa.

- Demasiado dinero, demasiados familiares.- comenté.- Un buen motivo para matar a alguien. ¿No dijiste que tu abuelo cedió el control de tu empresa hace tiempo?

- Así es, a mi padre.- asintió Genzo.- Y repartió varias cosas más, digamos que fue para calmar a muchos mientras llegaba la hora de su muerte.

- ¿Ah, sí?.- me sorprendí.- ¿Qué más repartió?

- Algunas propiedades.- él desvió la mirada.- Nada importante…

- O sea, que te dio algo a ti.- lancé mi pedrada, esperando acertar.

- Bueno, mi padre amenazó con desheredarme si no me interesaba más en la empresa.- Genzo tenía la actitud de un niño que ha sido descubierto haciendo una travesura.- Así que mi abuelo quiso asegurarse que eso no fuera a suceder.

Miré detenidamente a Wakabayashi, tratando de evaluar su expresión. Se veía culpable, no, más bien lucía avergonzado. Por un momento creí que eso de que su abuelo no quería que su padre lo desheredara era una tonta excusa, pero al ver su expresión culpable me convencí que de verdad Genzo no había querido que su abuelo le adelantara una parte de su fortuna. Pensándolo bien, no tendría por qué necesitarla o quererla, Genzo era sin duda uno de los hombres mejor pagados de Europa y lo seguiría siendo por un buen tiempo, así que falto de dinero no estaba, prueba de ello era el famoso Mustang rojo. Además, se notaba que él era una persona más tranquila y menos avariciosa que sus hermanos, que disfrutaba de las cosas sencillas de la vida, pero… Bueno, bien decía Jean, que caras vemos y corazones no sabemos. Muchas veces la codicia impulsa a personas buenas a querer ir por más de lo que ya tienen.

- Sé lo que estás pensando, y no, no maté a mi abuelo por más dinero.- me dijo Genzo, muy serio.- No sería lógico.

- Quizás no.- admití.- Quién sabe. Lamento si te ofendí.

- Realmente, no.- negó él.- Yo también me consideraría culpable.

- Esa frase no ayuda mucho, ¿sabes?.- me reí, aun cuando sentí un tirón en el estómago.

- Lo sé.- él no sonrió.

Y mi sonrisa se congeló en mi rostro. No me gustaba nada la expresión de Wakabayashi, y de pronto me di cuenta que en realidad no lo conocía mucho y que yo estaba a solas con él, ahí en el forense. Me puse nerviosa y no supe por qué. ¿Y si todo eso de que quería que lo ayudara, no era más que un cuento para acercarse a nosotros y borrar todas las huellas? Yo le había abierto las puertas al forense, dejándolo entrar. ¿Sería yo la siguiente en la lista de asesinatos?

"Deja de pensar esas estupideces, Elieth lo conoce desde la infancia", me dijo una vocecilla, muy insegura, en mi cabeza.

"¿Y eso qué?", replicó otra voz. "Nadie sospecharía que su amigo de la niñez es un asesino, ¿o sí?"

Tragué saliva, procurando no mostrarme nerviosa. La verdad era que ya estaba empezando a portarme paranoica, así que busqué algo que me sacara de mis ideas idiotas, y vi la esquela orbituaria de la jefa de enfermeras que habían colocado en el periódico las enfermeras que estuvieron a su cargo. Al entierro de la jefa sí había acudido, pues ella siempre había sido amable conmigo y yo le guardaba respeto y aprecio, y así como yo, casi todo el personal se dejó ir para darle el último adiós a la mujer, entre ellos, Gwen y Leo. Aun recordaba que Gwen lloraba desconsolada, mientras que Leo la abrazaba con fuerza para confortarla. A mí lo que en verdad me partió el corazón fue ver a las dos hijas, ya casadas, y al hombre ahora viudo que habían amado a esa mujer como una madre y una esposa. De sólo recordarlo me volvieron las ganas de llorar, y eso me permitió constatar con alivio que había conseguido dejar mi paranoia de lado.

- ¿Te sientes bien?.- preguntó Genzo.

- Claro.- tragué saliva.- ¿Por qué no?

- No lo sé, dímelo tú.- él me miró fijamente.- ¿Sabes? He estado pensando, y me da un poco de curiosidad, nunca he estado en una morgue.

- ¿Ajá?.- no me gustaba cómo sonaba eso.

- Dices que no hay nadie, ¿cierto?.- cuestionó Genzo.- ¿Me podrías llevar al sitio en donde hacen las autopsias?

Muy seguramente me puse pálida, pues estaba segura que se me había bajado la presión al escuchar eso. Tragué saliva, tratando de no mostrarme nerviosa mientras se me ocurría qué demonios podía decirle para no justificar su pase a la sala de autopsias, en donde estaría a solas con él. Digo, en esos momentos también estábamos a solas, pero el técnico de guardia estaba en el cuarto contiguo y ante cualquier circunstancia, me pondría a gritar.

- Uhm, no sé si sea prudente.- contesté, mostrando una calma que no sentía.- Ya suficiente me juego el trabajo con dejar que vengas a visitarme todos los días.

- Entiendo.- Genzo hizo una mueca.- En fin, que no creo que sea para tanto, no voy a ir a robarme un cadáver, y aunque así fuera, la seguridad aquí no es de lo mejor.

- Eso veo, no te cuesta trabajo pasar.- comenté.- No sé cómo le haces.

- Ya ves.- Genzo se encogió de hombros.- No hay nada que detenga a un hombre que se ha propuesto una meta.

- Y por lo que veo, tú tienes una.- suspiré.

- Creí que eso era obvio.- replicó Wakabayashi.- ¿No es por algo por lo que vengo casi todos los días.

- Sí, por tu abuelo.- a propósito, tiré una engrapadora que había sobre una mesa, para llamar la atención del médico de guardia.

- Más que eso.- insistió Genzo.- En fin. ¿Me llevarás a la sala de autopsias?

- Mira, así como están las cosas, no creo que sea prudente que me quede contigo a solas.- creo que mi miedo habló por mí y no razoné mi respuesta antes de decirla.- Después de todo lo ocurrido, no es bueno que nadie ajeno del instituto conozca tan bien nuestras instalaciones, ni que uno de nosotros se quede solo con alguien que no sea de completa confianza.

Me quedé callada al darme cuenta que había acusado a Genzo de ser sospechoso, peor aún, de que lo había acusado de ser "poco confiable" e incluso, peligroso. Él se quedó callado también, mirándome entre dolido y sorprendido por lo que yo acababa de decir. Me maldije a mí misma por ser tan idiota y lengua floja y traté de enmendar lo sucedido.

- No quise decir eso.- me apresuré a decir.- Lo que quise decir fue…

- Creo que quedó perfectamente claro qué fue lo que hiciste decir, doctora.- Wakabayashi estaba muy ofendido.- Y creo que lo mejor es que me vaya.

No hice muchos esfuerzos por detenerlo, y creo que él debió darse cuenta de mi alivio porque éste se pintó en mi cara. Genzo me volvió a mirar, más dolido y decepcionado aún y se marchó murmurando un "buenas tardes" muy seco, dando un portazo al salir. El técnico de guardia alcanzó a verlo y me preguntó qué había sucedido.

- Nada.- respondí.- Simplemente, soy una idiota.

Y era nada más que la pura verdad.