País: Polonia
Título: igły (agujas)
Resumen: Odias esta sensación en tu cuerpo, sientes miles de agujas clavarse sin piedad. Te arde todo tu cuerpo. No sabes que hacer, estás al borde del colapso. Tus sentidos ya no sirven de nada, los has perdido. Miles de personas caen cada día, una a una, y no puedes hacer nada. Los odias, realmente los odias; pero lo que más odias es el echo de sentirlo.
Has perdido la cuenta de cuanto tiempo ha pasado desde que esta estúpida guerra comenzó, desde que Alemania te invadió. Eres tu la principal víctima de esta masacre. Tu ha pasado de todo en tu vida y lo has soportado con fortaleza. No por nada te llaman el fenix. Ese nombre te viene como perfecto, aunque a nadie le parezca.
Odias esta sensación en tu cuerpo, cada muerte la sientes como si fuera la propia, sientes miles de agujas clavarse sin piedad. Es una sensación de quemazón que no te abandona desde que todo empezó. Te arde, todo tu cuerpo te arde. Lloras, por los humanos muertos lloras. No puedes hacer nada más que sentarte a esperar. Estás encerrado, encerrado con aquellos humanos por los que lloras.
Podrías escapar si quisieras, pero no sabes ni donde está la puerta, donde empiezan y acaban las paredes. Tus sentidos ya no sirven de nada, los has perdido todos. Además, no puedes moverte, tu cuerpo anoréxico no se aguanta ni diez segundos en pie. Estas totalmente echo polvo, inservible.
Soportas a pesar de todo, aunque miles de personas caigan cada día, una a una, y no puedas hacer nada, aguantas. Debes ser fuerte lo sabes, no debes tirar tus esperanzas, tus habitantes no lo hacen. Eres capaz de soportar todo cuanto pase. Y, aunque estás convencido de eso, aunque no pierdas la esperanza, no puedes evitar sentir un terrible odio.
Nadie se esperaría de ti, cursi como nadie, que pudieras sentir algo tan impuro como el odio. Pero, aparte de seguir con tus habitantes apoyándolos, no puedes evitar odiar a los que tanto daño te hacen. Los odias, realmente los odias; A Rusia, A Alemania, los odias con toda tu alma, con todo tu ser. Jamás podrás perdonarlos por esto.
Es gracioso ¿Sabes? Porque, a pesar de odiarlos tanto, no puedes evitar saber que lo que más odias es el echo de sentirlo. Odias el ser en el que te estás volviendo, odias los pensamientos de muerte hacia ellos que se te pasan por la cabeza y, por supuesto, te odias a ti mismo; el ser que aguantará lo que haga falta y haría lo que fuera por seguir adelante, a ti mismo por no poder hacer nada más que esperar a que todo termine y seguir odiándolos.
