Por ella, porque siempre será parte de mí.
Disclaimer: Shingeki no kyojin pertenece a Hajime Isayama; escribo esto sin fines de lucro.
Cada momento debe ser aprovechado al máximo, ¿cómo se dice? Carpe diem. Porque la vida es muy corta e incierta: puedes haber comenzado tu día como cualquier otro, pensando en las cosas que dirás o que harás, la rutina diaria, y escuchando las tonterías y bromas de tus compañeros, pero al terminar estarás parado en el techo de una casa, observando una horda de titanes destruyendo y consumiendo la vida de las personas con quienes conviviste durante tanto tiempo y con quienes has formado profundos vínculos.
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Ese día ella despertó al amanecer y, junto a sus demás camaradas de escuadrón, partió a su ronda diaria por la sección de las murallas que le correspondía (pertenecer al grupo de élite de la Estacionaria no le eximía del trabajo propio de cualquier otro soldado). Revisó los cañones, participó en el arreglo y la limpieza de unos cuantos de éstos, dando el ejemplo a los reclutas que ese día ayudaban, y supervisó algunas de las reparaciones en los muros. Terminó temprano y se dirigió al cuartel para recibir órdenes. Ya bien entrada la mañana, el caos se desató: el titán colosal y el titán acorazado aparecieron nuevamente y destruyeron la puerta de Trost. La prioridad de toda la milicia de la zona, incluyendo a los cadetes, era resguardar la huida de los ciudadanos, aun a costa de sus vidas.
- Ésa había sido una buena razón para morir, ¿no? Proteger a toda esa gente indefensa..., pero ¿ahora? ¿Qué sentido tiene esta nueva misión? ¿Por qué arriesgarse así por algo que se basa en meras suposiciones? - ella se hacía todas esas preguntas, mientras a su lado corría ese extraño muchacho, la grandiosa arma que les permitiría ganar, quizá, la primera batalla contra los titanes, al tener la capacidad de sellar el boquete en la puerta de Trost.
Poco después, cuando el plan falló y el chico enloqueció en su forma de titán, ella corroboró sus pensamientos: todo eso era un inútil sacrificio, un inútil y costoso sacrificio.
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- Nunca sabemos a qué nos enfrentaremos cada día que iniciamos, porque nadie tiene la vida comprada, ni siquiera si perteneces a la Estacionaria. Debemos experimentar toda clase de cosas - Ian le había dicho un día, jalándola para que entrara a una cantina. Después de varios días de guardia, por fin habían tenido un descanso, el cual, a instancias de Dietrich y Jarnach, habían despilfarrado en ese sucio establecimiento.
- ¿Su idea de "experimentar toda clase de cosas" es emborracharnos en este lugar? - ella se mostraba reticente.
- Hay que vivir lo más posible, porque la muerte puede sorprendernos a cualquier hora - Ian reafirmó.
- De una congestión alcohólica, por ejemplo, o envenenados con un licor de dudosa procedencia - ella se quejó.
- Vamos - Mitabi le dio un suave empujón hasta la barra.
- Si tuviera que decir por qué confío en ti, Dietrich, diría que por estupidez - ella le respondió en esa ocasión a su compañero. Eso había pasado años atrás, cuando eran unos novatos y empezaban a conocer la vida militar. - Hoy nos ha sorprendido la calamidad, ¿no es cierto?, y sigo siendo una estúpida por escucharte - la mujer de cabello plateado piensa y corre por los tejados, para llegar hasta ese campanario derruido, desde el cual podrá lanzarse para atacar a ese titán de 12 metros, en tanto Ian y Mitabi se encargan de los otros titanes, pues deben proteger a ese niño y esperar que éste haga su trabajo. - Espero que hayamos vivido todo lo que debíamos.
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- ¿Cómo sucedió todo esto? ¿Cómo llegamos hasta aquí? - piensa. - ¿Cómo acallar esta ansiedad? Porque nada de esto debió pasar... Al despertar esta mañana, nunca creí que algo así ocurriría, no tenía por qué.
Todo es tan confuso y alocado, todo da vueltas a su alrededor, pero debe conservar la cordura, la razón... Todavía no terminan, todavía hay mucho por hacer...
- Somos las únicas que quedan, ¿qué hacemos, líder? - escucha las palabras de la chica a su lado, mientras ve cómo es devorado uno más de sus hombres.
- Por el momento vayamos hasta la roca - dice inexpresiva, porque quiere, no, debe confiar en que ese sacrificio valdrá la pena. Debe aferrarse a creer que todas esas muertes significarán algo más que dolor al final. De repente un grito estremecedor se oye y ambas voltean hasta el lugar donde surge. Es el chico titán cargando la enorme piedra. - Lo ha hecho - ella dice para sí y por primera vez le parece que no todo está perdido.
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No puede recordar de quién lo oyó, pero en su mente se repiten esas palabras: "todo tiene una razón de ser". ¿Es verdad? Esos gritos, los lamentos, el sufrimiento, la sangre, los cuerpos desmembrados..., tantos muriendo en esos momentos... ¿Todo eso tiene una razón de ser?
- No me dejaré comer, no seré una presa fácil. Aunque estar aquí constituya mi perdición, no se la dejaré tan fácil a esos monstruos asquerosos, les daré pelea y... - dice con un nudo en la garganta, que le dificulta pasar saliva y que le duele más que sus músculos cansados. - No debemos rendirnos - ve a sus compañeros correr por las calles para atraer a los titanes, observa a sus amigos ofrendar sus vidas. - No tendremos una muerte de perro... ¡No moriremos en vano! - grita furiosa y corre, y siente que el piso se mueve, y la cabeza le da vueltas, y su corazón late desbocado dentro de su pecho. Intenta contener, parpadeando varias veces, las lágrimas que amenazan con salir de sus ojos, pero sus lentes se empañan levemente.
Nunca ha entendido a esos locos de las Tropas de Exploración, ni aunque cuente con amigos entre ellos, pero ahora, en esos instantes, en que pelea por su vida y algo más, sin saber a ciencia cierta si servirán todos sus esfuerzos, cree comprenderlos un poco, sólo un poco, porque la muerte nunca se entiende del todo.
- ¡Triunfaremos incluso en la muerte! - vocifera y el sonido se pierde entre el alboroto del momento. Acciona su equipo 3D y lanza sus arpones hacia la cara de un titán, en una milésima de segundo se ve frente a frente a ese monstruo, encajando una de sus cuchillas en uno de sus ojos. Después de eso, todo sucede tan rápido: el muchacho arroja la roca y cubre la abertura de la muralla. Han ganado... han vencido... - Sus muertes no han sido en vano - las lágrimas escurren por sus mejillas, en tanto toma de su cinturón la pistola de bengalas y lanza la señal de éxito. - Más te vale haber vivido todo lo que tenías que vivir, Ian - seca con el dorso de su mano su rostro mojado, - algún día nos reuniremos nuevamente todos - ella susurra.
No sé cuántas veces he releído esto, no sé cuántos correcciones le he hecho, y aún siento que le falta algo, porque siempre lo diré, las palabras no son suficientes. La que habla y actúa es Riko Brzenska, en distintos momentos (están separados por esos puntitos entre párrafos). Quise plasmar un poco de la confusión y vértigo que ella, y tal vez muchos otros, pudo sentir cuando fue invadida Trost.
Este capítulo es para leonhardtrose, no es mucho, pero espero que te guste (te agradezco por haberme dado la idea). Doy las gracias también a todos los que lean esto. Y algo más, "carpe diem" es una frase latina, proviene de una de las odas de Horacio, un poeta latino del siglo I a.C., y literalmente significa "agarra el día".
