Me encantaria dar una mejor razon para justificarme pero no la tengo, han pasado muchas cosas por mi camino que mejor las pateo lejos y continuo. Dios, tarde miles de años en terminarlo, pero aqui esta... de hecho, solo eran detallitos, lo tengo listo desde hace un par de meses (de hecho mas) pero no tenia muchas ganas de escribir. La inspiracion es un recurso inestable y digamos que he estado apatica. Asi disculpen por la tardansa y pues... agradesco sus comentarios a Riza-paola, MaraOsaki, a Kiwi (deja veo si tengo contactos por ahi y te consigo las buenas calificaciones, jejeje)a Scarleth Jade, Hony y por ultimo pero no menos importante, a Aiko Li.... (mija, donde andas, casi no he sabindo nada de ti)... Por ultimo, solo un par de avisitos... El draw de este capitulo estara en corto por deviantart y forosdz... y pues avisar que la version editada del cap 1 de este fic esta en Mundo Fanfiction, por si a alguien le interesa la version mas tratada...

ok, ya no molesto... aka va...


Soñó una foto virtual
de su amor enlutado.
El esta condenado a morir
por amar demasiado.

Si quisieras ahora venir
y acabar de una vez con mi vida
yo te lo pido blanca mujer
que me lleves a tu eterna guarida.

Nadie quiere nada de mí
y tu quieres que te quite la vida
pero no soy dueña de mí
solo espero la campana de arriba.

"Blanca Mujer" Robi Draco Rosa


Cap 11 Zozobra

Ya había pasado tiempo desde su regresó a la oficina, y otro tanto desde que se había marchado el hombre al cual siguió incondicionalmente. No es que le agradara recordar la fecha o contara los días, pero ahora si tenía un poco mas de noción del tiempo. Aunque… ahora que sus hormonas se habían nivelado hace ya un tiempo, debería tener más claro el panorama. Había tantas sombras en su corazón, que aun un rencor y una tristeza enorme la agobiaban día y noche. ¿Cómo olvidar?...

Cuando llegó al trabajo, no había nadie, una novedad tomando en cuenta que desde su regreso a la oficina, se retrazaba todos los días. Era aun tan temprano que preparo el café y se sirvió una humeante taza, se fue a su asiento y cerró sus ojos.

Nunca imagino tener la fortaleza de volver y quedarse, eran tantos los cambios en la oficina, que le sorprendía el hecho de que aun con lo difícil que le resultaba, los estaba sobrellevando. Es decir, antes hacia las cosas por un objetivo y al final no obtuvo nada. Eso derrumbaría a cualquiera, pero aun con su dolor, ahí seguía. Bueno, habría que reconocer que parte de ese merito era del coronel Josh Fokker, dado que gracias a él, se enfoco en otra cosa, en su nuevo objetivo que se había formulado desde el momento en que lo conoció, claro esta, que la razón original ya no existía. No obstante, le molestaba el sólo pensar en él.

Aunque debía admitir que sus estrategias habían estado fallando. El se había mostrado exageradamente tolerante. En este tiempo ella le había estado haciendo algunas sutiles muestras de su "aprecio" y es que sobrevivir a que le pusieran sal a su café, a que no le avisaran asuntos importantes como por ejemplo: una junta, no hacerle caso, ignorarlo por completo, apurarlo constantemente, aguantar que le dijera inútil y que no trabajaba, mojar los informes urgentes, y mancharle la guerrera entre otras cosas igual de "sutiles", eran dignos de admiración, ya que aun con lo obvio, no la había regañado, reprendido o mandarla a arrestar; en fin, no tenia pruebas para comprobarlo. Además, discutían con frecuencia, pero él parecía no notarlo al día siguiente, lo cual le molestaba, quería hartarlo tanto hasta que se fuera.

Sin pensar, comenzó a tararear una canción que el ex general de brigada Mustang siempre tarareaba, no sabía la letra, ni mucho menos, pero era una melodía familiar que entre tantos pensamientos, surgieron recuerdos de la nada, agradables pero no por eso menos dolorosos. En esa oficina no había nada que no se lo recordara. Debía admitirlo, la oficina tenía vida gracias a él. Desde su partida se perdió gran parte de eso, claro que los muchachos la animaban más que la soledad su casa, pero era diferente… Ahora el trabajo era tan aburrido que lo único que podía animarla era ver el rostro del coronel Fokker cuando descubría sus "muestras de aprecio". Pero extrañaba a su ex superior, sus excusas, las pláticas con los demás, hasta las lejanas e interminables llamadas a Hughes que finalizaban con un añorado "¿puede quemarse a alguien por teléfono?", sus dibujos en los márgenes de los informes, sus berrinches, sus caricias…

Todo esto acompañado de un enorme deseo de verlo entrar por esa puerta. Un deseo que por el sólo hecho de haberlo pensado la hizo querer reprenderse. "Ya no hay nada que nos una" se dijo a si misma, pero ni siquiera conocía el real significado de esa frase en ella. Se sentía a la deriva en su maldita vida, ya era hora de tener algo de dignidad y entender que si se había ido era porque él así lo quiso. Sin embargo, aun había un sentimiento confuso y doloroso en su interior, aun sentía sus manos sobre su cuerpo en ese día que no le gustaba recordar pero que seria imposible olvidar, ese sueño utópico que se convirtió en pesadilla a la mañana siguiente, mañana de la cual, únicamente Alice conocía su secreto... Riza se relajo en el sofá….

—A grandes rasgos, la historia más vieja y tonta del mundo. Fue algo como la Cenicienta enamorada del inalcanzable príncipe, que por obvias razones no podían estar juntos.

Así inicio su relato a Alice aquel día en que la interrogo, tenia el cansancio de incontables noches en vela y la agonía de su desastre de vida. La mirada de Alice le demostraba que tenía toda su atención, no conocía del todo esa mirada que le obsequiaba su nueva amiga, Riza Hawkeye no estaba acostumbrada a ese tipo de miradas, era algo como… ¿empatía? Su rostro seguía gacho ante la mirada cálida de su receptora. Continuó, contó todo, Alice pregunto si de casualidad él no era el coronel Mustang, Riza no tuvo mas remedio que asentir.

En fin, Alice se entero de sus miedo y culpas, de las posibles razones por las cuales el se fue, de lo que pensaba y de lo que sintió al verse sola.

—A como veo las cosas, esto no se trata de perdón… Le dijo Alice mientras la animaba a buscarlo.

Recordar cuando desahogo sus penas con ella, la hizo sentirse menos fuerte de lo que pensó, aunque la ayudo a comenzar a pensar un poco en ella misma. Así que trató de disipar sus pensamientos, otra vez tenia que hacerlo por la rabia que le daba el pensar en él cuando él nunca pensó en lo que ocurriera con ella.

Es una lastima que las personas no tengamos la capacidad de escuchar los pensamientos de las personas, por que si así fuera, ella se daría cuenta que ambos piensan el uno en el otro en este momento, y no sólo ahora, no sólo en este instante, sino cada segundo de desde que están separados, incluso en sus sueños los cuales estaban llenos de arrepentimiento, los de él por dejarla, los de ella, por haber descuidado al ser mas inocente.

Mientras pensaba, el coronel Fokker salio de su privado, ella nunca se percato cuando llego, Fokker al verla ahí tan relajada, se acerco, si estaba durmiendo, era prudente despertarla. La llamo una vez, ella no respondió por lo cual la nombro de nuevo. Tal parece que estaba muy concentrada porque hacia caso omiso de los llamados del coronel, así que se acerco más a ella, tanto que podía sentir el calor de su respiración en su rostro. Así que se acerco a su oído y…

—Teniente coronel…

Ella salto del susto, y sin querer lo golpeo en la cara con su mano al moverse por el susto. Un "ouch" fue lo único que pudo articular el coronel al ser noqueado sin querer por la teniente.

—Lo siento… —dijo la teniente realmente apenada, claro que al darse cuenta de que a quien había golpeado era ni mas ni menos que el coronel Fokker, su pena cambio por un desconcierto ¿Qué hacia ese hombre tan cerca de ella? —¿Acaso no conoce sobre el espacio personal?

—Lo siento, Teniente coronel, pero estaba dormida en horas laborales. —Contesto serio.

—No estaba durmiendo. —Se defendió de inmediato.

—Parecía… Como sea, saldré un momento así que quisiera que me tenga listo un informe sobre los avances en materia de seguridad de los últimos 2 años cuando vuelva.

—Tratare... —dijo casi sin hacerle caso.

Josh salio de la oficina. Ella siempre se mostraba distante en su trabajo, repetía tener mucho y lo entregaba a última hora, por eso no podía reprenderla por que siempre terminada cuando debía. Una vez escucho decir a sus subordinados que parecía que había tomado el puesto de Mustang.

Mustang… Mustang… respetaba a Mustang, pero algo hacia que comenzara a caerle mal, indirectamente siempre había estado presente en su vida; era el ídolo de su esposa, el ex jefe de su subordinada y la persona a quien lo habían mandado a reemplazar. Además, había comenzado a pensar que quizás había algo de cierto en los rumores sobre ellos, posiblemente no algo tan abierto como ser amantes… pero él no era quien para juzgar eso, el amor es ciego y no se limita por una regla o un estatus, simplemente llega y te ahoga con su encanto, te da ilusiones, esperanzas de un futuro mas bello y sin esa soledad que tanto duele.

Josh salio del cuartel sólo, no encontró ningún pretexto para que lo acompañara, de todas formas se habría negado, ella lo despreciaba y el estaba seguro que por mas que hiciera seria muy difícil hacerla cambiar de parecer… aunque no imposible. Penso.

Se río un poco de si mismo mientras evaluaba una vez mas su situación. Un inútil viudo que sigue pensando en su querida esposa y en ocasiones cree oírla. No verla ni mucho menos porque lo que mas recordaba de ella era su voz, resultado de sus innumerables encuentros telefónicos a lo largo de esos tres años que duro el castigo impuesto por romper la ley anti-fraternización. Dicho sea de paso, lo mismo que duro su matrimonio. ¿Cómo ella se enamoraría de alguien así?

Lo que lo salvaba de caer mas bajo era que, aunque poco y lejano —Por que así había sido su matrimonio— también fue apasionado y mutuo. Ella lo quería más que a nada en el mundo, él la quería tanto como ella a él, ella siempre decía que eran almas gemelas, siempre pensaba lo mismo que él, siempre se amaron con la misma intensidad. Su muerte también fue la suya. Sin embargo, en el limbo en que se encontraba, se topo con alguien que no esperaba.

Joshua Fokker estaba en la línea de fuego, por un lado tenía la memoria de la mujer que mas había amado en el mundo, y por el otro, la ilusión. Algo en Riza le atraía de una forma que no entendía. Era un masoquista sin control. ¿Cómo interesarse en una mujer que lo desprecia? Para cualquier lado a donde viera no había nada para él. El recuerdo de un amor tan grande y añorado, contra el deseo de llegar a encontrar un lugar en el corazón de esa mujer. Ninguno de esos sueños eran alcanzables, en primer lugar porque Marie estaba muerta. En segundo, por que esa mujer viva, sólo esta en pie por que puede respirar, pero ha podido notar que esta tan muerta como lo esta él.

.oOo.

La pluma en su mano se deslizaba rápidamente por la hoja apoyada en una de sus piernas, sentado sobre la leña durante su guardia. Estaba tan ensimismado en su improvisada tarea que no se dio cuenta cuando uno de sus subordinados más jóvenes, un raso, se le acerco con curiosidad. Había captado su atención al verlo tan concentrado en el papel.

—Oficial Mustang —lo llamó, era tal su curiosidad que no pudo evitar hablarle al sujeto extraño que era su jefe directo. Roy le dirigió una mirada que le obligaba a exponer su duda. —Perdone mi atrevimiento… pero esta mas huraño que de costumbre. ¿Qué le pasa?

—Nada —contesto de inmediato el jefe.

—Últimamente se la vive escribiendo. Si me permite eso es extraño ¿Es un escritor o algo así? Normalmente no se ven intelectuales por aquí.

—No, sólo soy un oficial que ayuda a su país en lo que puede. —Dijo con desenfado. El cabo lo miro con cierto aire fiscalizante.

—No sea mentiroso, algunos sabemos que usted es un alquimista nacional certificado y que estuvo a punto de estar entre los altos mandos.

Comento el joven muy seguro de su información. Roy le lanzo una mirada de extrañeza y se pregunto como es que él sabia eso, se supone que pidió lo mandaran hasta el fin del mundo para que nadie lo molestara.

—Aunque, realmente a la guardia fronteriza no nos interesa mucho, normalmente no nos llegan noticias del resto del país. Pero mi hermana me contó todo eso, creo que usted le gusta, lo vio una vez que trajo mi almuerzo.

En efecto, Roy era el nuevo prospecto local, y es que la sola idea de ver a un hombre serio, solitario, atractivo, trabajador, aun joven, y con ese pasado tan interesante, lo hacían un buen partido a los ojos de las mujeres que buscan una conquista atractiva, ya que era tan ermitaño que era excitante pensar en la idea de ser capaces de intimar, aun en el sentido mas mínimo de esa palabra, con ése hombre cautivador, la que lo llegara a lograr podía considerarse una gran mujer. Su atractivo era tal que podía pasarse por alto ese pequeño defecto en su rostro, al fin y al cabo, dicen que los hombres con cicatrices tienen su encanto.

—No me ha visto bien últimamente, ¿cierto? —Acomodo su parche para enfatizar sus palabras.

—Lo ha visto un par de veces, se supone que usted… perdió su ojo en un acto heroico ¿no?

—¿Eso dicen?

—Entonces ¿no fue así?

—Depende de lo que consideres heroico.

—Oficial Mustang, si va a ponerse filosófico déjeme decirle que yo…

—No es filosofía, es sentido común, creo…

—Aja… pero estoy seguro de que si fue héroe de Ishbal…

—No fue algo que pidiera. Ishbal fue una guerra horrenda.

—Wow, habla como un hombre muy viejo... —dijo el cabo ante la plática de su superior.

—¡Oye! Se que podría ser tu hermano mayor, pero no es para tanto. —Frunció el seño.

—¿Cuántos años tiene? —Interrogo con un tomo de asombro y extrema inocencia.

—Veintiocho. ¿Y tú?

—Veintitrés, con una prometida y un hijo en camino… —Pronunció cada palabra con la euforia de una persona orgullosa —¿Usted nunca se ha casado?

—Nunca…

—Pero he oído que tuvo muchas conquistas, eso lo compensa ¿no?

—Eso no es algo de lo que un hombre deba enorgullecerse. Al final del día… —Claramente el pelinegro no pudo continuar con lo que le decía a su subordinado, lo que iba a decirle era que al final del día un hombre como él no tenía nada más que un bello recuerdo lejano. Pero ya había hablado lo suficiente de él en un lugar donde nadie debería saber lo que ocurrió en su vida. —Voy a hacer mi recorrido, usted debería hacer lo mismo.

—Si, tiene razón, sólo… me pregunto si… ¿quisiera ir a tomar un trago con los muchachos de la brigada? No hay la gran cosa en la taberna, sólo cerveza, pero es un buen lugar.

Tal parece que el muchacho comprendió que no podía hablar de ciertas cosas, así que hizo lo que tenia ganas de hacer. Roy contesto con una sonrisa que le indico al cabo que estaría ahí. Ciertamente era la primera vez que lo había visto sonreír. Aunque esa sonrisa estuviera cargada de desolación aun cuando se notaba el esfuerzo de parecer animado.

.oOo.

El coronel Josh Fokker volvió a la hora del almuerzo, en su mirada no había más que ese molesto vestigio de agotamiento mental. Mientras se dirigía a la oficina encontró a Furey, quien iba de salida a un servicio técnico en los sistemas comunicacionales. Así que se fue directamente a su privado, notando únicamente el total silencio de la estancia, estaba completamente sólo. Tanto Furey como los demás ya no se inmutaban, el coronel era así, muy extraño pero un buen sujeto. Riza entro detrás del coronel, pero dado que no era una persona de su interés, no lo alcanzo ni mucho menos. Entro como quien entra a su propia casa a la oficina y aprovechando que el coronel estaba en su privado, tomo unos documentos.

—¿Puedo ayudarla? —pregunto al sorprenderse de la entrada tan abrupta de su subordinada. Él estaba sentado, con los codos sobre el escritorio y la cara recargada en una de sus manos.

—Aquí esta el informe que me pidió. —Él lo tomó y en casi un susurro le dio las gracias, al tiempo que tomaba otros papeles y simulaba revisarlos. —También mandaron estos documentos, deben estar firmados y corregidos. A tiempo por favor. —Dijo como quien advierte algo por enésima vez.

—Lo haré teniente coronel, eso sólo paso una vez y por obra de algún "graciosito". —Dijo sugiriendo su culpabilidad. Sin despegar la vista del papel y simular escribir.

—¿Quién habrá sido? —No podía evitar el sarcasmo. —Espero lo descubra después de hacer su trabajo.

—¿Quién se cree que soy? No tiene porque arrearme, no soy su perro a quien deba entrenar.

Por primera vez el coronel elevó su rostro, azoto la pluma en el escritorio. No estaba de buen humor, Riza lo noto al instante y hasta dio un brinco con el impacto de la pluma, pero como la persona astuta que era, sacaría partido de la situación, el coronel Fokker estaba molesto, así que esta era otra de sus oportunidades para fastidiarlo.

—Claro que no, Black Hayate es obediente. Piense lo que quiera, sólo no se retrase. —respondió con la completa calma que la caracterizaba.

—¿Ah si? ¿Y este que "sorpresita" va a tener? Además no sea igualada, en la academia debieron dejarle en claro la manera de dirigirse a un superior. —Se levanto de su asiento.

—Claro, coronel, pero ya no soy una cadete y también cuento con un rango. Además, se comportarme.

—Pues no lo parece, debe moderar su temperamento. No pido caerle bien, pero al menos podría fingir.

Dijo en una rápida resolución, sin embargo, le hastiaba no poder llegar a mejores términos con ella, menos en este momento en que se sentía un guiñapo. Sólo quería sacarla de su oficina, no quería que nadie lo viera con esa actitud y en ese estado de miseria. Ella menos que nadie.

—Es usted quien no me soporta. Así que, coronel Fokker, usted es quien debería fingir.

—No sé de donde saco eso. No me molesta aun con todas sus "bromitas" de chiquilla malcriada.

—¿Bromitas? No se de que habla, tampoco me interesa. Sólo sé que no me soporta.

—Ya le he dicho que no. Ahora aléjese de mi vista, teniente coronel Hawkeye.

—Claro, tengo mejores cosas que hacer… —Se dio la vuelta para irse.

—Pues ahora se queda. —Intento detenerla. Riza volteo de nuevo.

—No SEÑOR. No necesito seguirlo escuchando y haga lo que quiera, ya es hora de almorzar y no pienso desperdiciar ese tiempo con usted. Por cierto, se ve estresado, relájese un poco antes de ir al comedor, puede contagiar ese mal humor a los demás.

—Ya fue suficiente, no permitiré más sus altanerías.

—Si cree que me asusta se equivoca. Haga lo que quiera.

—Lo que quiera he?

—No me obligue a… —La teniente no pudo continuar con lo que tenia que decir, pues los labios de su superior apresaron a los suyos.

Quedo tan sorprendida que tardo en reaccionar. Segundos después, como quien queda paralizado hasta que la adrenalina se libere, intento zafarse forcejeando con el coronel Fokker. Pero él estaba muy lejos de ceder. La tenía sometida como a una valiosa presa, de ambas manos y sus piernas inmovilizadas con su cuerpo acorralándola contra el escritorio. ¿Coraje? ¿Deseo? ¿Venganza? esas serian las posibles causas a la acción desesperada del coronel Fokker. La teniente se resistía pero su fuerza no era suficiente, sin embargo, siguió forcejeando hasta que no supo de si, hasta que dejo de oponerse y no se dio cuenta de cuando comenzó a responder a ese beso. El cual de violento y robado, se fue calmando hasta los niveles más dulces, cuando la presión al mantener los labios juntos fue disminuyendo y el par pasivo se sumo al par activo en esa acción insospechada y sin aparente sentido. Porque, cada beso tiene un significado, pero en dos personas como ellas, en esa situación ¿Qué podría significar? Apuesto a que ni siquiera él que lo inicio lo sabe con exactitud… ¿o si?

A la par que sus bocas se sentían mas libres, las manos de ambos también lo apreciaban, en especial las de la rubia, quien las dirigió al cuello del coronel, mientras que las de él se dirigieron a la cintura de su subordinada, justo al tiempo en que ella recupero un poco la cordura y al notar la posición de sus manos, jalo el cabello del hombre hacia atrás, separándolo al instante de sus labios.

—¿Qué preten… —Intento pedir una explicación sobre lo que acababa de hacer, pero ciertamente, aun necesitaba recobrar el aliento…

—Veo que…—también necesitaba aire —Es bastante ruda. —Dijo mientras sus manos seguían descansando en las caderas de Hawkeye

"En mi trabajo, eso es necesario" eso es lo que le habría respondido, pero para cuando había formado las palabras para responderle, el coronel aprovecho el descuido y alcanzo su rostro para besarla de nuevo. Riza repitió su técnica, pero fue en vano. El no retrocedió ni un milímetro. Tal parece que disfrutó sacar de control a la teniente. Ella siguió forcejeando hasta que con su rodilla lo noqueo. Al verlo retorcerse un poco, aprovecho para torcerle un brazo.

—Este comportamiento amerita una corte marcial… —Dijo en un hilo de voz con el poco aire que alcanzo a inhalar mientras su otra mano cubría su boca para evitar que viera el enrojecimiento en sus labios, resultado de la presión por ese pasional beso, y el rojo en su cara y mejillas, que no era precisamente rubor. —Este seguro de eso.

Al terminar su frase lo soltó, le tomo al coronel unos segundos para incorporarse.

—Mmjum... Merezco un juicio, si… Soy culpable pero… ¿esta segura de que procederá aun cuando en el primero hubo un mutuo acuerdo?

La rubia se sorprendió del cinismo del ojiazul. Lo hizo notar cuando lo volteo a ver al rostro ¿Acaso le había dicho lo que le dijo? Eso era el colmo de los colmos. Así que no oculto su indignación y su mirada exigía una explicación ante la acusación, misma que el coronel atendió.

—Vamos, sus labios dejaron de negarse por un momento, puedo presumir que respondió y sus manos hicieron lo propio cuando estuvieron en mi cuello… o dígame, ¿a que se debió eso? A los ojos de cualquiera, eso es de "común" acuerdo. —El tono al pronunciar cada palabra estaba completamente bien empleado, pero fue el énfasis que imprimió en la palabra común lo que hizo sentir a Hawkeye que no tenía escapatoria.

Ella se quedo atónita, eso era algo que no esperaba, algo que no hizo a plena conciencia. ¿O si? Sabía muy bien que se había percatado del momento en que dejó de forcejear, pero no cuando tomó parte en el acto. Tarde se dio cuenta de su error. Agacho su rostro.

—Yo no… —los monosílabos eran mas para ella que para tratar de exonerarse. —Usted es quien se comporta de una manera inapropiada y es hostil.

—Y usted muy linda, pero demasiado terca y dispuesta a deshacerse de mi. —Se acerco demasiado al rostro de la teniente.

—No se crea tan importante… —Dijo mientras se alejaba de él. —Que no se vuelva a repetir, si vuelve a intentarlo yo… ¿acaso quiere tener una bala en medio de los ojos?

—Ve, es usted quien se empeña en pelar y… ¿Por qué no me disparó antes… o ahora? Me ha quedado claro que le gusta usarme de tiro al blanco.

—No soy estúpida, no arruinaría mi impecable carrera con alguien como usted. Tengo trabajo que hacer, al igual que usted, "coronel" Fokker. —Enfatizo el Coronel.

Hubo un silencio, corto pero silencio al fin y al cabo. Riza no sabía si era porque no sabía que decir o por que habría un cambio, una disculpa tal vez… Pero lejos estaba el coronel Fokker de eso, aun cuando las palabras de Hawkeye lo habían herido.

—Tiene razón, Teniente Coronel Hawkeye —dijo con una sonrisa y un molesto tono de victoria, tomando los documentos que había lanzado al escritorio. Solo que mas que orgulloso, aunque había un poco de eso, se sentía devastado.

Hawkeye al verlo continuar con su trabajo así como si nada, se quedo atónita. Estaba tan molesta que salio del privado, y de la oficina, en el camino se encontró con Breda y Flamman..

—¿Le pasa algo, teniente Hawkeye? —Preguntó Flamman al verla enojada.

—No nos diga que volvió a pelear con el coronel Fokker. —Agrego Breda.

—No nos llevamos bien, así que… SERÉ FELIZ SI ÉL SE VA. —Esto último resonó por el pasillo. Así que se alejo rápido.

Al llegar a los jardines del cuartel se recargo en un árbol. No quería derrumbarse ahí en ese lugar, pero no lo pudo evitar, se sentó a la sombra, cubrió su rostro y lloró quedo para descargarse, era lo mas que se podía permitir ya que lo que quería era gritar, ya no podía mas. Toco sus labios, no podía creer lo que había hecho… ¿Qué fue lo que cruzo por su mente en ese momento? Y más que eso. ¿Por qué el bastardo se atrevió a besarla? Lo mas seguro era que se estaba regocijando… pero después de eso, nada en el mundo la haría cambiar su opinión sobre él. Ahora si, él tenia que irse.

—Maldito.. —Dijo furiosa.