Disclaimer: Los personajes pertenecen a S Meyer, la trama es mía.
Historia adulta, si eres menor por favor abstente de leer.
Capítulo beteado por Sarai GN Beta FFAD
Beta de Verano: Camilin Cullen
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Fergie - Big Girls Don't Cry
Simple Plan - Your Love is a lie.
Ya no llores mi niña - Tommy Torres
Capítulo anterior:
Se fue, ni siquiera quería que me cambie en su casa. Ella estaba molesta, muy molesta. Jamás habíamos discutido así. Traté de pararme pero todo me dolía, en especial la parte baja de mi estómago. No me acordaba de nada. Lo más triste era que ni siquiera sabía si había tenido relaciones. Traté de caminar hacia el espejo, cuando llegué y me vi, estaba con el vestido puesto pero mis pies estaban todos sucios, mi cabello desarreglado y todo mi maquillaje corrido. Esa chica que miraba en el espejo estaba muy lejos de ser la Bella feliz…
CAPÍTULO 11
—Alice yo...yo… —Estaba parada en la puerta, sin saber qué decir.
—No digas nada Isabella, ve, Jacob te espera. Te llevará primero a tu casa, luego ya ve tú lo que hacen.
Quería llorar, ella ni siquiera me miró cuando asentí, me dirigí al auto de Jacob. Me abrí la puerta yo sola y entré. Ni siquiera nos miramos o nos saludamos, comenzó a tomar la ruta hacia mi casa mientras yo miraba por la ventana y no dejaba de llorar.
—Listo, apúrate ¿quieres? —Su tono de voz era tan antipático.
—No voy a ir a la reserva, me siento muy mal. Ya luego le explicó a mi papá. —Traté de sonar lo más educada posible.
—¿Qué pasó? ¿La juerga de ayer estuvo muy buena?
Oh no, no estaba de humor para las idioteces de Jake. Me bajé del auto, caminé hacia mi casa un poco mareada aún, por lo que sea que me hubiera dado James ayer, abrí la puerta y sentí a Jake entrar conmigo.
—Mira, no estoy de ánimo para tus mierdas, Jacob. —Comencé a respirar agitadamente—. Lárgate ¿quieres? no voy a ir, es más, ni siquiera sé qué haces aquí.
—¿Qué hago aquí? Me mandaron a recogerte, tengo cosas más importantes que hacer, pero igual vine, así que ahora te cambias y nos vamos.
—¿Cosas más importantes que hacer? Entonces lárgate, vete. —Comencé a golpearlo en el pecho—. Vete, vete, vete. —Me derrumbé en el suelo y comencé a llorar con más intensidad. Tenía las emociones a mil.
Él me observo por un momento, deliberando lo que tenía que hacer, vi duda, cólera y resignación. Se agachó y me abrazó muy fuerte. Lloré por un momento más, luego me solté de su agarre y nos levantamos. Jake me miró y no dijo nada.
—Iré a bañarme. —Dudé un momento—. Um, si quieres, puedes quedarte o irte, como gustes.
—Aquí te estaré esperando, ya no llores —dijo apenado.
Yo asentí y subí las escaleras con sumo cuidado ya que no tenía muchas fuerzas en mis piernas. Me saqué toda la ropa y me metí a la ducha. Comencé a refregar muy bien mi cuerpo con jabón, me dolía todo, yo definitivamente había tenido relaciones. Comencé a llorar de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué no me acordaba de nada? ¿Acaso lo que decía Alice era verdad? No, no, James jamás haría algo así, el me amaba ¿no? Y la persona que ama no hace daño.
Salí del baño y me puse lo primero que encontré, mis ojos estaban rojos de todo lo que había llorado. Bajé hasta el primer piso y encontré a Jacob durmiendo. Seguro que también salió ayer y tenía sueño. Mi mejor amigo, lo extrañaba. Me acerque, con mucho cuidado de no hacer ruido y comencé a acariciarle el rostro, él se removió un rato hasta que abrió los ojos e inmediatamente retiré mi mano.
—Bella. —Se levantó—. Yo tenía sueño y por eso...
—Tranquilo, no hay problema. Como los viejos tiempos. —Yo sonreí, pero creo que a él no le hizo ninguna gracia.
—Esos tiempos, cuando no estabas con James. Todo era diferente, tú eras diferente. —Me estaba reclamando.
—Yo no he cambiado Jacob, jamás cambiaría por alguien, en cambio tú si cambiaste, me dejaste de lado. No te importó lo que le pasaba a la que llamabas tu mejor amiga, simplemente echaste a la basura tantos años de amistad.
—Yo no eché a la basura nada, Bella. Tú no sabes mis razones…
—Entonces explícamelas, porque no entiendo…
Él no respondio, sin embargo, me miró por un largo rato, hasta que preguntó:
—¿Qué te paso? ¿Por qué estas así? Toda deprimida, acaso ¿cortaste con él?
—No tengo nada —mentí.
—¡Ja! —Se burló—. ¿Pretendes que te crea? —Me miró incrédulo—. Te conozco Bella, sé que algo tuvo que pasar en tu cuento de princesa para que estés así.
—¿Cuento de princesa? —Aquí íbamos de nuevo, no quedaba nada de la amabilidad que conocía—. Cuento de princesa es lo que tiene tu novia. Te metiste con ella, sabiendo que no la soporto.
—Tú te metiste con James, y lo peor fue que le abriste las piernas tan fácilmente.
Abrí los ojos, sorprendida y le di una bofetada.
—¡Qué mierda te pasa Jacob! Tú nunca me dijiste nada cuando estuve con él, incluso me apoyaste. —Comencé alzar la voz—. Nunca me dijiste, "no quiero que estés con él" o "no me gusta para ti". Lo único que hiciste fue dejarme de hablar, jamás me diste una explicación y crees que eres mejor que yo, eres una mierda para hablar así. —Estaba totalmente molesta—. Por lo menos yo estoy sólo con él. No como Helena, que se mete con todo lo que tenga algo entre las piernas.
—¡Hey! Cuidado con lo que dices —dijo molesto.
—¿Cuidado? —dije, levantando a un más la voz, si es que se podía—. Es la verdad, te metiste con la peor zorra de toda la escuela.
—¿Y tú, Bella? Estás con el más patán de toda la escuela, estás con un chico que consume drogas, que toma cuanta botella tenga al frente, con alguien que te alejó de tus amigos.
—Él no es como tú dices…. —Traté de justificarlo.
—Oh, ¡vamos Bella! Todo el mundo sabe eso.
—Sí, claro —dije burlona—, aparte, él no me alejó... —Levantó su mano, tratando de callarme.
—¿Quieres saber por qué me alejé de ti? —Asentí—. Bella, tú eras tan pura y tan inocente, yo no quería que nada te pasase. Trataba de protegerte siempre, tú siempre me contabas todo. Pero jamás me dijiste que tenías planeado acostarte con él. Me dolió, fue el golpe más duro que alguien me dio y ¿sabes por qué? —Yo negué con mi cabeza—. Me gustabas, te quería demasiado, quería que estuvieras conmigo. Quería que me eligieras a mí. —Toda la cólera que tenía, se esfumó—. Mi error fue confundir el amor con la amistad. Yo prometí estar contigo siempre, pero no lo puedo hacer, no cuando tienes esa basura como novio. —En sus ojos vi furia—. Tal vez te mereces estar con él. Dices que Helena es una perra, pero ella jamás se dejó manipular por alguien, jamás dejo de lado a sus amigos. En cambio tú sí, eres la marioneta de James, eres sólo su juguete.
Yo no sabía qué decirle, me había quedado en shock por tantas revelaciones. Él estaba esperando que dijera algo, pero no podía. Nada salía de mi boca.
—Me voy, ya veré que excusa le cuento a tu papá. Adiós, Isabella.
Me quedé parada sin saber qué hacer, cuando reaccioné, mi ex mejor amigo ya se había ido. Lo había perdido y para siempre...
—Bella. —Oí que alguien me despertaba—. Bella, hija, despierta, anda a tu cuarto.
Me levanté, reconocí a Charlie y Reneé que me miraban con preocupación. ¿Y si Alice les llamó y les dijo algo? ¡Oh Dios mío!
—Bella, Jacob nos dijo que estabas con fiebre, ¿te encuentras mejor?
¿Fiebre? Él había mentido por mí. Oh, Jake…
—Ah sí, pero ya estoy bien. Sólo un poco cansada, creo que seguiré durmiendo.
—¿Te preparo una sopa de pollo? —Reneé, siempre preocupada.
—No mamá, gracias. Sólo necesito dormir.
Les di un beso a cada uno y me fui a mi cama. Me di cuenta que no había revisado mi celular, estaba tirado, al igual que mi ropa. Tenía tres mensajes:
Jacob:
Les dije a tus papas que estaba con la gripe, que no te tomen por sorpresa. Adiós.
Suspiré, él había mentido por mí, a pesar de todo, le importaba.
Alice:
Te quiero, no importa lo que pase ni las decisiones que tomes, siempre estaré para ti. Sólo piensa en lo que te dije, creo que es verdad. Cuídate.
En éste momento no quería pensar en lo que era verdad o no.
Y el tercero era de mi novio, o ex.
James:
Hola amor, espero que estés mejor. Te amo baby, te iré a recoger. Nos vemos mañana, cuídate, veras que esta vez todo será mejor, besos.
No les respondí a ninguno de los tres, porque simplemente no tenía ganas de nada. Lo que Jacob me había dicho me había agotado, el hecho de que yo le gusté, me imaginaba como habría sido para él cada vez que escuchaba que estaba enamorada de James. Pero aún si no hubiera estado con James, jamás pensaba estar con él, era mi mejor amigo. No lo veía con otros ojos, pero tenía sentimientos encontrados en éste momento, yo hice que se alejara de mí, yo misma lo perdí.
James, no sabía qué pasaba con nosotros, por qué regresaba con él, ni siquiera si estábamos juntos por amor o por costumbre. Sí lo quería, no podía decir que no porque sería mentirme, pero ya no estaba enamorada como alguna vez lo estuve… es más, no estaba segura si de verdad lo estaba.
Lo que Alice me había dicho era absurdo, no concebía el hecho de que James me drogara, tampoco le preguntaría. Me daba miedo… ¡Basta! Tenía que enfrentarlo, tenía que ser valiente, no dejarme manipular...
Mi celular comenzó a sonar. Contesté sin saber quién llamaba
—¿Hola? —dije, con voz somnolienta.
—Bella, estoy afuera. Apúrate, amor.
—¿James? ¿Qué hora es?
—Son las siete Bella, rápido. Te espero. —Me colgó.
¡Mierda! Era tarde, me dolía un poco la cabeza aún, pero de igual forma me cambie rápido. Bajé, estaba mi hermana con mi mamá. Las saludé y pasé la leche rapidito.
—Me voy, se hizo tarde, las quiero. —Me despedí rápido y salí a encontrarme con él.
—Hola amor. —Me dio un pequeño beso en los labios.
—Hola. —Comencé a pasarme la mano por el cabello en señal de nerviosismo—. Necesitamos hablar sobre lo del sábado.
Él arrancó, ni siquiera me respondió.
—James, necesito saber qué pasó el sábado. No me acuerdo de nada.
—El sábado nena, fue tu primera borrachera. —Rió—. Luego, te llevé a mi casa.
—Tomé un vaso. No pude haberme emborrachado con eso —dije confundida—. ¿Qué pasó en tu casa? ¿Por qué estaba desnuda?
—¿Cullen te dijo eso? Siempre tan chismosa.
—No me has respondido.
—Por... porque… —dudó un momento, y eso me sirvió para darme cuenta que me iba a mentir—. Porque vomitaste.
¿Qué? No tenía ni una mancha de vómito en mi vestido, era lo más absurdo que me pudo decir. Pero, como dije, si él iba a fingir conmigo, yo lo haría mejor.
—Ah, está bien amor, está bien. ¿Alguien conocido estuvo en tu casa?
—No, sólo los dos. Bella, ya no más preguntas, parece interrogatorio. —Rió un poco nervioso—. Te amo pequeña.
—Yo también. —¿De verdad lo amaba? Estaba comenzando a dudar sobre mi relación, y eso me daba miedo.
Llegamos a la escuela y James ¡Me abrió la puerta del carro! Nos agarramos las manos y empezamos a caminar mientras las miradas de todos estaban en nosotros. Me dejó en mi clase de historia. Alice estaba allí, me acerqué a ella, muy avergonzada, ella me miró y abrió los ojos muy sorprendida.
—¿Qué te pasa? —Yo la miré confundida—. ¿Por qué estás vestida así? —¡Ah! Era eso—. Isabella Swan, responde.
—Alice, me alegro de verte de nuevo. —Me burlé un poco de ella.
—Tonta. —Me abrazó muy fuerte—. Pero ya dime, ¿por qué estas así?
—Lo haré, tengo mucho que hablar contigo. Pero espera que tengamos libre.
No tuvimos libre hasta el almuerzo y tampoco pudimos hablar en ese momento porque Ángela y Jessica estuvieron con nosotras. Estábamos saliendo de la cafetería para nuestra última clase cuando alguien me agarró la mano, di un saltito por el susto, pero me di cuenta que era James.
—Amor, no me buscaste en el almuerzo. —Pasó su mano por mi hombro—. Hola chicas.
Todas murmuraron un hola menos Alice, que lo ignoró totalmente. Ellas avanzaban a mi lado y James al otro, era un poco incómodo ya que ninguno decía nada, sólo caminábamos. Estábamos a punto de llegar al aula cuando divisé a Steven. Me traté de zafar de James, pero él vio mis intenciones y me sujetó más fuerte.
—¿Qué vas hacer? —dijo molesto.
—Lo voy a saludar. —Mi voz sonó firme. Él estaba echando chispas por los ojos—. No me mires así, lo voy a saludar y punto. —Me solté de su agarre y fui hasta donde estaba él.
—Hola Steven ¿Cómo estás? —Me contempló totalmente sorprendido.
—Bella, ¿qué haces aquí? —dijo asustado.
—¿Cómo? Bueno, te estoy saludando.
—Sí, ya lo sé, pero tu novio… —señaló a James—, está allí.
—Sí, lo sé, pero eso no significa que no te salude. Tengo que ir a clases, nos vemos luego.
—Ok —Me estaba yendo, cuando me sujetó por la mano, yo me sorprendí por su toque—. ¿Estás bien? —Lo observe confundida—. Es decir, sé que estas bien, sólo que ese día de la fiesta bailaste muy raro y de un momento a otro desapareciste con tu novio.
—Yo…yo… —¿Qué decir? ¿Que no me acordaba de nada?—. Sí, estoy bien. Nos vemos.
Fui hasta donde estaba James, furioso, todos habían entrado a clases, menos nosotros y Alice que me esperaba para ingresar conmigo.
—¿Me puedes explicar lo que acaba de pasar? Es Steven, Bella, no me llevo bien con ese perdedor y lo saludas como si nada. —Estaba molesto, muy molesto.
—Te recuerdo que ese perdedor no tuvo ningún problema en que entraras a su fiesta ese día.
—Bella, mi paciencia es poca.
—Sabes, no me alejaré de mis amigos por ti. Tú me quieres a mí, sólo a mí, y yo también te quiero, pero tú estas mezclando todo —dije pasando la mano por mi cabello—, me he alejado de muchas personas, pero no quiero hacerlo más.
—¿De qué estás hablando? —dijo, entre confundido y molesto.
—Te quiero, pero ya sabes, tú estás conmigo, no con mis amigos, así que es fácil lo que tienes que hacer… ignorarlos. Me iré con Alice a la salida, si deseas, me recoges mañana. Nos vemos. —Le di un beso en la mejilla.
Entramos a la clase, ganándonos una severa mirada de nuestro profesor. Alice me escribió una nota:
No sé qué te llevó a tomar la decisión de ya no alejarte de tus amigos, pero es lo mejor que has podido hacer en la vida. Aquí me tienes para apoyarte, te prometo que todo mejorará, pronto serás verdaderamente feliz, aunque tengas que pasar por una desilusión primero. Te quiero.
Yo le respondí con otra nota.
Jamás me alejare de ti, no sé qué pasó el sábado y no quiero pensar mucho sobre ello. Pero no dejaré que James me maneje a su antojo. Sé que no te gusta cómo me he vestido hoy, pero así soy yo, siempre fui así. Algunos días me vestiré sexy, como tú dices, y otros así, como hoy. Te quiero enana.
Me sonrió. Yo le sonreí de vuelta, no sin antes preguntarme sobre qué desilusión pasaría, o por qué me decía que iba a ser verdaderamente feliz, acaso ¿no lo era?
Una semana después.
—No puedo Alice, simplemente, no puedo. —Suspiré molesta—. Todo esto me pone mal, ya no soy feliz. Ni siquiera me siento bien con él.
—Déjalo. Es ahora Bella, tienes que desligarte de eso, te está haciendo daño.
—No puedo dejar a James. —Ella me miró indignada—. No es tan sencillo, es mucho tiempo. Tengo miedo de quedarme sola, que nadie más se fije en mí —dije apenada.
—Eres tonta Bella, eres hermosa. Cualquiera mataría por estar contigo, te lo he dicho millones de veces. Yo entiendo que quieras a James, pero toda ésta semana que ha pasado no han hecho más que pelear. —Tenía lágrimas en los ojos de la cólera que sentía—. No tomes éste tiempo como perdido, sino como aprendido. Y no llores tontita.
—Es que lloro de cólera. ¿Cómo pudo ir a una fiesta de Helena? La odio. La detesto y él va como si nada, lo enfrento y me dice que estoy loca, que porque creo en rumores. Encima me entero que amenazó a Steven, diciéndole que se mantuviera lejos de mí. Se ha convertido en mi amigo Alice, no quiero que se aleje como hizo Jacob —dije con pesar.
—¡Hey! Tranquila, ya no estés triste ni te enojes. Pronto todo mejorará, te sacarás esa venda de los ojos y terminarás con él.
—No tengo ninguna venda. —Ella levantó una ceja—. Sí, tal vez la tengo, pero ya se acaban las clases, sé que terminaremos por la distancia o algo así. Oye, pasando a otro tema ¿Qué está pasando con Jessica? Ya no se junta con nosotras, ni siquiera la hemos visto mucho desde el miércoles. Ha cambiado ¿sabes? Las veces que la veo en las clases hace como si no me hubiera visto, o cuando me saluda me mira de pies a cabeza antes de decir hola.
—Sabes que a mí no me cae muy bien Jessica y ahora menos. Alejemos las malas amistades de nosotros, mira que ya se acerca nuestra graduación, faltan dos semanas. —Eso me emocionaba, todo mi esfuerzo se iba a ver recompensado—. Y volveremos a salir de compras. —Eso me quitaba todo el ánimo—. Quita esa cara ¿James aún no te ha pedido que seas su pareja? —Negué con la cabeza—. Bueno, no importa. A mí me lo dijeron tres chicos, incluido Eric. ¿Quizá puedas ir con Steven?
—¡Oh no! James lo mata, así que no le des ideas. —Puso su cara de cachorrito—. No, Alice definitivamente no.
—¡Está bien! Vámonos a dormir.
Nos acostamos, hoy dormiría en la casa de Alice porque así evitaba que James me fuera a recoger a mi casa, no quería verlo. Todo se había convertido en una pesadilla. Felizmente tampoco había visto mucho a Jacob, una que otra vez cruzábamos miradas, pero no pasaba de eso. Seguía con Helena, los había visto agarrados de la mano o dándose besos de vez en cuando. Y Jessica, bueno, se había alejado considerablemente de nosotros, ya no confiaba en ella. Me dormí pensando que poco a poco mi vida se venía abajo...
Me desperté y vi que no había nadie a mi lado. Me alisté y bajé a desayunar. Alice abrió los ojos, sorprendida.
—¡Bella! —gritó como loca—. ¿Por qué insistes en usar ropas así?
—¿Cómo así? —Me miré de pies a cabeza, para mí no estaba mal.
—Así. —Me señaló—. Zapatillas, jeans, remera suelta, cabello desarreglado, insistes en hacerme molestar y encima una gorra.
—¡Ay! No empieces Cullen, hace una semana me vengo vistiendo así y tú sigues con el mismo discurso.
—Pero Bella, tú me dijiste que habría días que te vestirías sexy. Pero dime, ¿cuándo? Hasta ahora, espero.
—Ya no seas exagerada. —Justo en ese momento entró Carlisle.
—Buenos días, Carlisle —lo saludé cordialmente.
—Hola, Bella. —Él me respondió de la misma manera—. Hija. —Le dio un beso en la frente a Alice.
—Papi, ¿cómo amaneciste?
—Bien, pequeña, ¿tú... tú… —Sonaba nervioso—. ¿Has sabido algo de tu hermano?
Oh, oh, pregunta incómoda. Trataba de enfocarme en mi café para no ver la reacción de Carlisle cuando le dijeran que su hijo venía pronto.
—Yo no papá, ósea sí, pero no. —Se estaba poniendo nerviosa—. Él está bien, no te preocupes.
—Que buena noticia, ahora, me voy al hospital, las veo luego. —Nos dio a cada una un beso en la frente.
Esperé que Carlisle se fuera para preguntarle a Alice:
—Puedes explicarme, ¿por qué tu papá no sabe que tu hermano vendrá? —pregunté curiosa.
—Porque Edward no quiere que él se entere, sé que cuando él llegue todo el mundo le dirá a Carlisle, pero mejor evitarle el dolor de saber que su hijo llega después de seis años, pero no viene a quedarse a su casa.
—Aún no puedo creer que Edward le haga eso, es decir, es su padre y Carlisle es muy bueno. Está bien, no lo apoyó, pero él también estaba dolido por lo que pasó.
—Umm, no sé Bella, las cosas son complicadas. —Ella pensó un momento en lo que me iba a decir—. Edward lo odia, él un día me lo dijo: "lo odio, él dejó de ser mi padre el día que murió mi madre". Sé que hay algo más detrás de todo eso, pero nadie nunca me dijo algo más de lo que sé.
—¿Y tú? ¿Odias a tu padre? —Ella se sorprendió mucho por esa pregunta—. Si quieres, no me respondas. Lamento haber hecho esa pregunta.
—No, no, está bien. No lo odio, él es mi papá. No hay forma de que sienta eso, me dolió mucho lo de mamá, me duele hasta hoy, pero sé que si ella se fue al cielo, es por algo. Aún la extraño, siempre lo haré, pero mi papá es feliz ahora, o por lo menos trata de serlo con Esme y eso está bien para mí.
Yo asentí, estaba bien que Carlisle intente ser feliz, él se merecía todo, era muy bueno, al igual que Esme... (1) Nos dirigimos hasta la escuela y James me estaba esperando en la puerta del salón, nos habíamos peleado ayer así que suponía venía a arreglar las cosas.
—Hola —saludé.
—Hola amor. —Me abrazó muy fuerte—. Supongo que ya dejaste de creer en esos rumores sobre que yo fui a esa fiesta.
Yo lo miré molesta, es decir, él no venía a pedirme disculpas, sino que quería seguir mintiéndome. Le hice con un gesto que me siguiera, no me iba a pelear con él en medio del corredor. Fuimos a la parte trasera de la escuela.
—¿Para qué me has traído aquí, amor? Acaso, ¿me darás un beso apasionado? —Yo sólo moví mi cabeza de un lado al otro, incrédula.
—¿Hasta cuando me seguirás mintiendo? —dije molesta—. Yo sé que fuiste, no me lo dijo una persona, sino varias.
—Y tú de ingenua, ¿les crees? —dijo, ahora molesto—. Bella, sólo quieren separarnos. —Se acercó a mí queriéndome besar, pero me alejé.
—¿Tú piensas que con besos se arregla todo? —Lo empujé—. No es así. Me cansé James, ésta no es la primera vez que vas a casa de Helena. —Él me contempló sorprendido—. ¿Crees qué no me cuentan? Sé que la otra vez fuiste y también fue Jessica. —Se puso pálido—. ¿O me dirás que no?
—No sé de qué hablas.
—Sí claro, cuando quieras ser sincero conmigo me buscas, mientras, no. —Hice un ademán de retirarme, pero él me acorraló contra la pared.
—Bella ¿Qué te pasa? Después de la fiesta todo cambió, tu forma de vestir, tu forma de ser con la gente, ni siquiera quieres hacer el amor conmigo. —Se acercó mucho más a mí, sentía sus labios casi pegados a los míos—. ¿Ya no me amas?
¿Lo amaba? La misma pregunta me hacía una y otra vez desde hace semanas. Lo observe y vio la duda en mi rostro. Se alejó de mí.
—¿Es en serio Bella? —Comenzó a alzar la voz—. No puedes dejar de amarme, me entiendes, simplemente no puedes.
—¿Por qué? —Lo encaré, me había cansado de dejar que me grite.
—Vamos Bella, mírate. —Me señaló—. Cómo te estás vistiendo ahora, poco femenina, toda desarreglada ¿Crees que alguien te soportaría así? ¿Alguien soportaría a una chica que sólo hace el amor con su novio cuando le da la gana? Toda tímida y torpe. —Me sujetó la cara con las manos—. Nadie estaría contigo siendo así, como estás ahora y aunque te pongas tacos, pantalones pegados y todo lo demás para llamar la atención, siempre serás la misma Bella, sin gracia, sin simpatía.
Todo, absolutamente todo, me había dolido, no merecía que me hablara así, no después de tres años donde le había dado todo de mí. Él se dio cuenta de todo lo que me había dicho, pero era tarde, cuando quería pedirme disculpas corrí sin rumbo alguno hacia los árboles, no fue hasta que vi a James entrar de nuevo a la escuela cuando salí, con dirección al gimnasio donde hacíamos deporte.
Menos mal no había nadie, me senté en una de las gradas y me puse a llorar. James, el supuesto amor de mi vida, el que me dijo todo eso, que era tímida, torpe, sin simpatía, todas las cosas que me decía Helena en la escuela, cosas por la que era motivos de burlas, me las había repetido él y todo por encararlo, por ser valiente y no dejarme manejar a su antojo. Oí que alguien entraba por las pisadas que hacían eco, me sequé las lágrimas inmediatamente, alce mi cabeza para ver quién era...
—Bella...
—Hola, Steven —dije nada emocionada—. ¿Qué tal?
—Bien. —Se comenzó acercar hasta donde estaba—. ¿Y tú?
—Yo, bien —afirmé—. Bueno, nos vemos luego. —Trataba de no mirarlo, para que no se diera cuenta que había estado llorando.
—Oye, ¿por qué estas llorando? —No era nada tonto.
—Yo... —dije nerviosa—. No estoy llorando. —Él me miró un buen rato—. Tuve una pelea con James. —Dudé antes de preguntarle, no sabía se sería una buena idea— Umm…¿tú crees que soy bonita?
Abrió los ojos como platos
—Bella, eres hermosa. —La intensidad con que me lo decía hacía que me avergonzara. Él se dio cuenta de ello—. Con lo que te pongas eres hermosa.
—¿Tú no crees... —jugué un poco con mis dedos—, que soy poco femenina?
—¡No! —gritó sorprendido—. Me gusta que te vistas así, eres sencilla, humilde, hermosa, sincera. —Me tocó la mejilla—. No dejes que nadie diga lo contrario.
Me paré de donde estaba, muy roja.
—Ya me voy, me he saltado la primera clase. Alice me debe estar buscando como loca. — Bajé las gradas y él bajó atrás mío. Me paré en seco cuando él me dijo:
—James no te merece, eres demasiado para él.
—¿Qué dices?
—Que él no te merece Bella, a veces no nos damos cuenta del daño que nos hacen las personas por el amor que les tenemos.
Asentí, fui hasta donde estaban los salones de la escuela, justo estábamos en cambio de hora.
—Bella, —Alice me abrazó muy fuerte—. Pensé que te había pasado algo. —Luego me observo y se detuvo en mis ojos—. ¿Has estado llorando? —Más que una pregunta, era una afirmación—. ¿Qué te hizo? Yo voy y lo mato.
—Nada, Alice. Estoy bien, ¿qué dijo la profesora? —Justo había perdido la clase de historia
—Preguntó dónde estabas. Tuve que mentir diciendo que estabas en el baño ya que habías comido algo que te cayó muy mal. La otra semana es el examen, el último.
—Está bien enana. Ya vamos...
Todo el día nos lo pasamos en clases con Ángela, ahora sólo éramos las tres, en el almuerzo me encontré con Helena, pero justo cuando me iba a decir algo, Jacob la jaló y se la llevó. No me había podido concentrar en las clases, todo lo que James me había dicho me había dolido, era la gota que rebalsó el vaso. Primero la fiesta de Helena, segundo la fiesta de Steven, luego la supuesta droga que me dio, se me revolvía el estómago de solo pensarlo, pelea tras pelea, de nuevo Helena y al final lo que me dijo hoy. Todo junto era demasiado...
—Ya está, Bells —dijo Alice, estacionando fuera de mi casa—. Nos vemos luego, te quiero.
Le murmuré un "yo también" y me fui a mi casa.
—Renée, ¿estás cocinando? —dije, entre emocionada y asustada.
—Hola hija, sí, es que si yo no lo hago, no lo hace nadie y quiero que tu estés concentrada para tus últimas semanas en la escuela. Ya almorzaste ¿cierto?
—Claro, un gesto muy noble si es que no voy a parar al hospital por intoxicación. Sí, sólo un poco, pero me gustará probar tu comida.
—Chistosita… —dijo primero molesta y luego se rió.
(2)Estaba a punto de volver hablar, cuando escuché que tocaban el claxon de un auto, alocadamente.
—¡Dios! ¿Qué es eso? —dijo mamá, tapándose los oídos.
—Esa es Alice, qué raro. Voy a ver qué quiere.
Salí corriendo de mi casa, ya que el claxon no dejaba de sonar y me estaba desesperando. Ella me vio llegar y abrió la puerta del copiloto
— Sube. —Vio la duda en mi rostro—. Es urgente.
Mandé un mensaje a Reneé, avisándole que iba a demorar un rato, mientras que mi mejor amiga manejaba como loca.
—Alice, más despacio ¿A dónde vamos? —Vi la ruta que estábamos tomando, yo la conocía a la perfección. —Estamos yendo a la casa de James. Mira Alice, no quiero hablar con él, ni nada por el estilo.
—Vas a ver algo que te hará quitarte esa venda de los ojos. ¿Sabes cómo entrar a su casa?
—¿Por qué entraría a su casa sin tocar? —dije confundida.
—Respóndeme —exigió.
—Sí, la llave la dejan debajo de la madera sobresalida en la entrada. —Ella asintió—. Espera, espera, ahora responde mi pregunta. —No dijo nada.
Comenzó a bajar la velocidad hasta que nos estacionamos en la puerta. Ésta casa la conocía a la perfección. Comenzamos a caminar hacia la entrada.
—Todo lo que veas, en un futuro será por tu bien. Aquí me tienes, apoyándote. Si no te lo demostraba, no me ibas a creer.
Metí la llave a la cerradura y abrí, no había nadie, todo estaba tranquilo en el primer piso, excepto por unos ¿gemidos? Esos sonidos provenían del segundo piso. Yo miré a Alice y ella me hizo un gesto para subir las escaleras. ¡Dios! Cada vez que avanzábamos, más fuertes se hacían los gemidos, el cuarto de James era el del fondo, yo lo conocía, habíamos hecho infinidad de veces el amor allí, en el corredor había ropa tirada, tanto de hombre como de mujer. Yo sabía lo que encontraría ahí, lo sabía antes de verlo, que me estaban engañando de la peor manera…
Abrí la puerta del dormitorio. ¡Mierda! Todo se me vino abajo, mis ilusiones, mis sueños, todo el dolor que uno puede sentir llegó a mí, como una ola que arrastraba mi felicidad con ella y sólo quedaba una Bella triste.
James estaba tirado en la cama y alguien lo estaba montando, jadeé de la impresión, cuando oyeron, los dos se voltearon mirando a la puerta. ¡Oh Dios! La chica... quería llorar, gritar, quería golpearlos a los dos, pero no hice nada de eso. Junté toda la dignidad que me quedaba.
—Nunca más, los dos, se acerquen a mí. Estás muerto James, y tú Jessica, nunca dejaste de ser la puta.
Cerré la puerta de un portazo y bajé corriendo seguida de Alice, ya no me aguantaba, lágrimas caían por mis ojos sin ningún control. A lo lejos escuchaba que James me llamaba, mi ex amor, mi ex todo, ese que me acababa de engañar. Subí al carro y Alice arrancó, alejándome del lugar de mis pesadillas.
Yo lloraba sin control alguno, no podía contenerme. Las imágenes se repetían en mi mente, una y otra vez.
—Alice para, para... —Ella frenó en seco.
Abrí la puerta y vomité todo lo que había comido en el día, me daba asco recordar la escena. Alice me entregó un pañuelito y me limpié. Arrancó de nuevo.
—¿Hace cuánto lo sabías?
—Yo... —Se veía nerviosa—. Comencé a sospechar de Jessica desde que nos enteramos que fue a la fiesta de Helena, luego me di cuenta que no era la misma, te miraba con envidia, y cuando fue la fiesta de Steven y James me llamó para recogerte, fui hasta su casa, pero justo antes de llegar lo encontré a él dándole un beso a Jessica en la puerta, un beso que tenia de todo menos pureza. No sé si se dio cuenta o no, sólo sé que ese día te encontré mal, Bella, muy mal, pero así como no me creíste que él te drogó, sabía que no me creerías el engaño.
Y ella tenía razón, no le hubiera creído, pero ahora, en este momento, no pensaba.
—Lo sabías, y no me lo dijiste. —Comencé a gritar—. Lo sabías, maldita sea. Alice, me vieron la cara de idiota no sé por cuanto tiempo, pero tú no me lo dijiste. ¿Qué clase de amiga eres? —Ella estaba sorprendida por lo que había dicho.
—Soy una que a pesar que estés molesta conmigo ahora y me digas muchas cosas, te seguirá apoyando. No es fácil superar esto...
—¿Y tú que sabes? —Le espeté, furiosa—. Si jamás te has enamorado
—Sí, tienes razón, no sé lo que es enamorarse, o que te engañen, pero sé qué es el dolor y te apuesto que perder a tu madre no se compara lo que sientes ahora, no es nada inclusive. —Estacionó frente a mi casa—. Te quiero. Cuando te des cuenta que todo lo hago por tu bien, me llamas.
Me bajé del carro, sintiéndome enferma conmigo misma, sintiéndome usada, engañada. Abrí la puerta de la casa, todos estaban en la mesa almorzando, cuando mamá me vio corrió a abrazarme.
—Bella —dijo preocupada—. ¿Qué pasó?
—Nada. —Trataba de contener mis lágrimas—. Voy a mi cuarto, no me pasen con nadie.
—Pero Bella...
—Nada de peros Reneé, necesito estar sola, por favor.
—Déjala Reneé —dijo mi papá—. Luego nos contará qué le pasa.
Yo asentí, dándole las gracias silenciosamente. Subí a mi dormitorio y me recosté, sintiendo que un hueco se abría en mi pecho, me sentía mal, una cosa era encontrar a tu novio besándose con otra, pero muy diferente era verlo teniendo sexo, y con una de tus amigas. Me paré y arranqué todas las fotografías que tenía en mi pared, él había muerto, me había hecho lo peor que te pueden hacer en la vida y dolía, dolía demasiado.
Era mi novio de toda la vida, era la persona que me prometió jamás engañarme, la persona con la que planeábamos tener un futuro. Yo sabía que íbamos mal, que peleábamos mucho, y que inclusive se me ocurrió terminar con él, pero no así, no de ésta manera, no viendo como mi amiga se lo montaba. Me fui al baño y cuando me vi reflejada en el espejo me di cuenta que no era la Bella feliz, James había consumido mi felicidad poco a poco, la había pisoteado, mi autoestima estaba por los suelos, la torre de la princesa se caía poco a poco...
— Bella. —Oía que me llamaban, pero no quería despertarme—. Hija, James está abajo, tu papá puede regresar de la comisaría en cualquier momento. —Los golpes se hacían más fuertes—. Bells, él está borracho.
Eso fue suficiente como para despertarme. Salí para ver a Reneé, y ella ahogó un grito, la miré confundida.
—¿Qué te hizo? Has estado llorando, tus ojos están demasiado hinchados.
—Nada mamá, déjame solucionar mis problemas.
Bajé con miedo, yo sabía que James borracho era una mierda, aparte, no quería enfrentarlo, pero si no lo hacía iba a seguir tocando la puerta como loco. Salí y ahí estaba él, con Eric a su lado.
—Mira, viste... hip... ahí es-tá mi chica, ella es hip... mi chica. —Ni siquiera podía hablar bien.
—Eric, déjanos solos. —El aludido se fue hasta el carro—. ¿Qué mierda quieres?
—Oh, Beeellaaa. —Arrastraba mi nombre, la borrachera no lo dejaba hablar bien—. No puedes decir malas palabras. —Luego, comenzó a reír como loco—. Per-dóname hip… tienes que entenderme. Yo, yo... soy hombre y tú no querías nada conmigo. El día de la fiesta, hip, tú ni siquiera... estabas consciente... cuando te la metí. Estabas taaan drogada... fue mala idea echar, hip... el líquido a tu bebida...
¡Oh Dios! Alice tuvo razón, James me drogó y me violó, comencé a llorar.
—Eres un hijo de puta, James. No me vuelvas a buscar jamás, vete. —Lo empujé, pero él era más fuerte.
—¡Jaja! —Rió más fuerte—. Al final, hip… me terminaras buscando. ¿Quién te soportará? ¿Quién aguantará a la prin… princesa Bella? Pero eres…¡miiiiiaaa! hip… Así que...no le abras las piernas... a nadie. —Me señaló
—En tus sueños volveré a ser tuya, púdrete. —Me fui corriendo a la casa y me encerré en el dormitorio.
—Bella, abre, tenemos que hablar. —Yo gritaba que no—. Isabella, ahora, abre.
(3) Abrí la puerta y entró Renée.
—Ya no llores hija. —Me abrazó—. No vale la pena
—Fui tan tonta, siempre me decías que él no era bueno.
—Ya, tranquila, shh. —Se recostó en la cama conmigo—. Ahora, a dormir...
—Mírate, pareces un hombre, nadie se querrá acostar contigo. Nadie te va a amar, más que yo.
—Ya no sigas, por favor... —Lloraba demasiado.
—Eres simple, Bella, no tienes gracia. Jessica se sabía mover mejor que tú. No eres nadie, princesita.
—¡Basta!
Me levanté sobresaltada, vi la mesa de noche, apenas eran las 5am, me levanté de frente a la ducha. Comencé a lavarme el cabello, pero cuando me tocó la parte del cuerpo, me acordé de todo lo que James me había hecho, comencé a llorar de nuevo. Era tan ilusa, creyéndole amor eterno a un chico que no valía la pena, depositando toda mi confianza en Jessica, que era igual o peor que Helena. Ya no quería llorar, quería ser fuerte, pero simplemente no podía, las lágrimas me traicionaban.
Sonó mi celular, era Alice... Ni siquiera le contesté, sabía que había hecho mal ayer en decirle todas esas cosas, ella era mi mejor amiga, la quería demasiado, pero igual me dolía, no el hecho de que ella lo supiera, sino el haber sido tan idiota de no creerle.
Bajé a desayunar muy temprano. Así que no podía evitar encontrarme con Charlie.
—Bella, buenos días.
—Hola papá. —Me acerqué y le di un beso en la mejilla.
—Sabes que respeto mucho tu vida privada, pero no me gustó verte así ayer en la cena, Bells, dime ¿por qué estas usando lentes? —No le contesté—. No hay sol, así que el único motivo que creo es que has estado llorando por ese patán...
—Papá —dije con voz de súplica, para que se callara.
—No, Bella, no me quedaré callado. Eres mi hija, me dolió verte así, pero aquí me tienes, si necesitas que le dé una paliza me olvido que soy policía y lo hago. Te quiero, nadie merece tus lágrimas.
Yo lo abracé muy fuerte, necesitaba a mis verdaderos amigos, y más que nada a mi familia. Tomé una taza de manzanilla y galletas de soda, ya que aun tenía el estomago revuelto. Llegué temprano a la escuela, no sabía qué hacer. Alice había insistido llamándome al celular, pero no le había contestado. Me escribió por el bbm diciendo que me quería, que nos veríamos en las clases.
Estaba caminando hacia la biblioteca cuando escuché:
—Vaya, vaya. —Esa voz de burla—. Pero, ¿a quién tenemos aquí? A la más ilusa de toda la escuela.
Volteé para enfrentar a Helena, aunque no tenía ganas de nada.
—¿Qué quieres? —dije molesta.
—Umm… —Hizo un gesto, como si estuviera pensando—. ¿Qué me digas que se siente que te engañen? —Ella estaba al tanto, todo el mundo lo estaba, menos yo. El día que escuché en el baño, hablaban de mí… —Te doy diez dólares a que en tu cabeza todo está encajando, sí, yo lo sabía, todo el mundo la verdad. Menos la pobre Bella.
—No sé de qué hablas…
—¿No sabes? Oh, vamos Bella, sé que ayer encontraste a tu novio, o puedo decir ex, metiéndosela a tu amiga. Eso debió doler.
—¿Por qué no te metes en tus asuntos? ¿Por qué quieres joderme la existencia?
—¿Por qué? Haber, déjame pensar. —Levantó una ceja—. ¿Sabes por qué? Porque te crees perfecta pero no lo eres. Mírate, pareces de nuevo el marimacho Swan.
Le dediqué una mirada de profundo desprecio, la odiaba con toda mi alma. Vi a Jacob venir por detrás de ella, pero eso no le importaba, seguía escupiendo su veneno.
—Eres una perdedora. ¿Quién es la infeliz ahora? Tú… —Me señaló, Jacob estaba caminando en nuestra dirección, pero ella no se daba cuenta.
—Si hablamos de infelices, sales perdiendo Helena.
—Sí claro, Bellita. —Jacob se paró a su costado—. Hola, amor. —Le dio un beso en los labios—. Mira Jake, ¿te enteraste que la engañaron? —Él abrió los ojos sorprendido.
—Deja que se vaya Helena.
Estaba retomando mi camino hacia la biblioteca…
—Das pena, no eres nadie…
—¡Basta Helena! —La cortó Jake—. Déjala irse. Ella sabe lo que hace.
—Pero amor…
—No, nada de peros. Vámonos. —La jaló hacia al lado contrario de donde me encontraba.
Le agradecí a Dios porque Jacob se la llevó, me encerré en el baño y me puse a llorar de nuevo. ¿Cuánta burla tendría que soportar? ¿Qué haría cuando todo el mundo se entere? Iba a quedar como la patética que le creía todo a su novio, pero que le habían visto la cara de estúpida, ¡y con su amiga!
—¡No! Basta, Bella. —Me dije a mi misma.
Me lavé la cara y me puse mis lentes de nuevo. No quería que todo el mundo se diera cuenta que había llorado. Si me quedaba un poco de dignidad, la iba a conservar. La gente comenzaba a llegar a la escuela, así que me fui hacia el salón. Me senté en el último asiento, no podía dejar que todos me vieran. Vi a Alice entrar, vino corriendo a abrazarme.
—Tonta, debiste contestarme el celular. ¡Hey! Aquí estoy para poyarte, no importa todo lo que me dijiste ayer.
Yo sólo asentí, las clases se pasaron muy rápido, para mi gusto. La verdad que éstas semanas eran de locos, gente iba y venía por el pasillo, buscando a los profesores para una última oportunidad o para entregar trabajos a último momento. Felizmente yo tenía todo en orden y al día.
A la hora del almuerzo convencí a Alice para ir a las bancas en el patio.
—Debes comer Bella, entiendo que no quieras hablar mucho y parezca que estás en otro mundo en vez de aquí, pero tienes que alimentarte.
—No tengo hambre —dije desganada.
—Pues igual tienes que comer. Mira, ahí viene Angie.
Volteé y efectivamente ahí venía Ángela, me miró un momento y me abrazó muy fuerte.
—Lo siento tanto —dijo con voz apenada—. Yo... yo no sabía que ella se metía con James. —Me tensé en sus brazos. El dolor que sentí al escuchar eso fue grande—. Lo siento, maldita sea, no debí decir eso. Aquí me tienes.
—Está bien, Angie —dudé un poco lo que iba a decir—. Si tú quieres seguir juntándote con ella yo… yo no tengo ningún problema.
—No, claro que no, Bells —dijo firme—. Aparte, ella se está juntando con Helena.
¿Qué? Además de que se metía con mi ex novio, se juntaba con mi peor enemiga.
—¡Oh! Es una perra —dijo Alice.
—Para, ya no me importa, nada que tenga que ver con ese grupo lo hace. Y no quiero hablar más, por favor.
Asintieron y empezaron hablar de lo poco que faltaba para la fiesta de graduación. Alice tenía su pareja, era Jack amigo de Steven. Ángela, por muy loco que suene, iba a ir con Eric. Y yo... bueno, yo no tenía pareja y dudaba mucho si ir o no…
Lo amaba, lo amo aún, ¿cómo decirle a tu corazón que no quieres a esa persona allí? ¿Cómo decirle que lo único que te hace es daño? ¿Y qué tienes que desterrarlo de allí? Pero el corazón no entiende, Alice me podría decir que lo olvidara, que me hizo daño. Pero, ¿acaso es fácil marginarlo de tu mente? ¿Cómo hacerlo con una relación de tanto tiempo? ¿Cómo dejarlo ir, cuando hubo amor? Y lo más importante ¿Cómo volver a confiar en alguien?
Era jueves, habían pasado tres días de ver a James con otra. Felizmente no me había cruzado con ellos, los estaba evitando, salíamos tarde de una clase y entrábamos a otra, en el almuerzo íbamos a las bancas, hubiese frio o no, nos íbamos temprano de la escuela. James no me había dejado de mandar mensajes con sus excusas patéticas de que era hombre, me amaba, tenia necesidades, me seguía amando y una sarta de estupideces más. Yo me sentía triste, terminar una relación así no era fácil, me dolía mucho verme en éste estado, y por más que intentaba cambiar, no podía.
Sí a mi me dolía verme así, me imagino cómo les dolía a las personas que me rodeaban, pero no dejaba de tener pesadillas en las noches y eran las mismas. Viendo como Jessica se montaba a James, como se reían en mi cara. Y luego caía en un hoyo negro, pero no paraba, seguía cayendo, y cayendo…
—Bella, hija te estoy hablando...
—Ah, disculpa Charlie —dije, con profundo pesar.
—Reneé, lleva a Rebecca a dormir.
—¿Por qué papi? No tengo sueño —dijo mi hermanita.
—Igual anda a dormir princesa, vamos, despídete.
—Hasta mañana. —Le dio un beso—. Hasta mañana, Bella. —Me miró y frunció el ceño—. Ya no estés triste, sonríe, tienes una hermosa sonrisa.
Hasta mi hermanita se daba cuenta de mi tristeza.
—Bueno, yo también me voy a dormir. —Sabía que si no lo hacía, iba a venir Charlie con su discurso. Estaba parándome…
—No señorita, necesitamos hablar.
—Papá, tengo clases mañana, mejor lo dejamos para otro día —dije nerviosa.
—No, Bella. —Hizo un gesto para que me sentara—. ¿Qué pasa? ¿Por qué sigues mal? ¿Por ese chico? —Yo lo miré sorprendida—. Sé que estas así por él, todos los sabemos. Pero mírate, ¿te has visto al espejo últimamente? Estás delgada, con ojeras, ojos hinchados.
—Son las clases —interrumpí.
—Bella, vamos, no soy tonto —dijo irritado—, no importa lo que pasó, tampoco si cometiste errores. La vida está hecha para cometerlos, si no no aprenderíamos nada. James no fue un buen chico, pero no me voy a enfocar en eso porque él no me importa, me importas tú. Me duele verte así, ver que no sabes cómo superar esto que te pasa. Nadie dice que la vida es fácil, hay alegrías pero así como también hay momentos tristes, momentos que da ganas de encerrarte en tu cuarto y jamás salir. —No podía contener las lágrimas—. No te voy a decir que no llores, porque por más que te lo diga lo seguirás haciendo. Pero ¿te gusta verte así? ¿Verte toda delgada, sin arreglarte? Te apuesto que ese chico lo está pasando bien ¿y tú Bella? ¿No mereces ser feliz? —Él tenía tanta razón—. Tú pones el límite hasta dónde quieres llorar, hasta dónde quieres sufrir. No dejes que nadie mate esos sueños que tienes, que nadie te quite esa sonrisa en la cara.
—Papá. —Lo abracé tan fuerte—. Te quiero, tú, mamá y Rebe son lo que más amo en éste mundo.
—Y nosotros a ti, Bella —dijo mi mama detrás mío—. Ya no estés mal, pon tu límite, permítete ser feliz, las cosas siempre pasan por algo. En algunas ocasiones Dios siempre nos tiene destinado algo mejor, aunque para que eso llegue, a veces nos tenemos que desilusionar.
Nos fundimos en un abrazo los tres, ésta era mi familia, no importaba qué había sucedido, lo único importante era que desde éste momento me iba a dedicar a ser feliz, nadie decía que iba a ser fácil. Pero cuando uno se proponía cosas, las lograba, y como decía Charlie, tenía que ponerme un límite y hoy me había puesto el mío, que hasta el día de hoy había llorado lo suficiente, ya no mas lágrimas, no más caras tristes. Iba a disfrutar mi vida con personas que me querían, que se preocupaban por mí. Iba a disfrutar cada momento con mi familia, de ahora en adelante ningún James o ninguna Jessica me iba a quitar mi felicidad, aunque él había logrado con su engaño que jamás volviese a confiar en las personas, y no volver abrir mi corazón a ningún hombre…
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Después de la conversación de ayer con mis padres, me había propuesto ya no llorar más, ni estar mal por personas que no valían la pena. Estaba llegando a la escuela en mi auto, habíamos quedado con Alice encontrarnos en el estacionamiento. A partir de hoy faltaba exactamente una semana para la graduación. Y eso me ponía feliz.
Estacioné y me di cuenta que había mucha gente rodeando a dos chicos. Justo divisé a Alice, que también estaba llegando en su flamante deportivo.
—Enana —dije despeinándola.
—Hola, te ves muy bien. —Me sonrió—. Oye, mira están gritando: ¡pelea, pelea! Vamos a ver.
Nos acercamos, pero había demasiada gente, oímos el primer golpe que le daban a alguno de los dos chicos, todos gritaron, chicos alentando, chicas diciendo que paren. Nos abrimos paso entre todos y llegué adelante para ver quiénes peleaban ¡Oh dios!... Era James con Steven. El último tenía rojo toda la parte de la mejilla, Steven le respondió con un puñete en el estómago. James se dobló un poco, pero luego rió…
—¿Eso es todo perdedor? —dijo James, burlándose—. Eres tan patético. —Estaba a punto de tirarle otro puñete.
—¡NO! —grité—. ¡Basta, los dos! —Me puse en medio de ellos. Era la primera vez que me encontraba a James cara a cara después del engaño.
—¿Pero a quién tenemos aquí? Hola amor. —¿Amor? Este tipo estaba loco.
—¿Amor? No, estás equivocado James. Deje de ser tu amor hace tiempo. —Observé a Steven—. Vamos a la enfermería. —Estaba a punto de agarrar a Steven e irme con él cuando escuché la voz de Jessica.
—¿Tan rápido sales con otro? —dijo con burla—, qué mal, Isabella.
Me había cansado de esconderme, de evitarla, si tenía que gritar sus verdades delante de todos lo haría.
—¿Yo, saliendo con otro? —refuté—, estás equivocada. Pero bueno, ¿qué se puede esperar de una perra como tú, que piensa que todos somos de su misma condición?
Se escucharon cuchicheos a mí alrededor, porque para mucha gente nosotras seguíamos siendo amigas.
—Mira zorra, no sabes nada de mí, así que cállate. —Ella echaba chispas por los ojos, y James a su lado no decía nada.
—Quizá no sepa mucho de ti, pero sé lo necesario, que te metiste con mi novio. —Contemplé a todos a mi alrededor—. Sí, que a todos les quede claro que Jessica Stanley se metió con James, como muchos saben mi novio de tres años, o bueno, ahora ex.
Todos jadearon por mi revelación.
—¿Y saben qué más? —Me reí en su cara—. No los encontré besándose, si no que los encontré…
—Basta, Isabella —dijo James, molesto.
—¿Basta? No amorcito —dije burlona—, que todo el mundo sepa qué clases de personas son… Los encontré teniendo sexo. En el cuarto de él, no les digo cómo, porque hasta a mí me produce náuseas.
—Dije basta, Isabella. —Ahora James estaba completamente molesto.
—¿Qué está pasando aquí? —dijo el director.
—Oh, nada —dije mintiendo—. Solo coordinábamos sobre la graduación.
—Bueno —dijo no muy convencido—, todos a clases de una vez.
La gente se fue retirando. Justo cuando pensé que el director no se había dado cuenta, habló:
—Joven, ¿qué se hizo en la cara? —Señaló la mejilla de Steven.
—Um yo... yo director verá...
—Lo que pasa es que él me estaba esperando afuera de mi auto, pero no me di cuenta, abrí la puerta y golpeé su mejilla —dije apenada.
—Mmm… debe tener más cuidado señorita Swan. Llévelo a la enfermería —miró a Alice, James y Jessica que aún se encontraban mirando—.Y ustedes, a clases ahora —sentenció.
Ellos se fueron mientras yo llevaba a Steven para que lo curaran. Estábamos en un silencio incómodo. Él era tímido y yo era peor, así que no había tema de conversación…
—Mira jovencito, ponte esto sobre el sitio de tu golpe y toma éste analgésico para el dolor. Tú, ya te puedes ir a clases —me dijo.
—No, quisiera quedarme con él. —Ella se dedicó a observarme un momento, hasta que asintió.
—Está bien, ayúdalo con el hielo. Luego vengo para echarle la crema.
Le serví un vaso de agua para que tragara su pastilla y luego agarré el hielo para que pudiera tomarla.
—Gracias —expresó avergonzado.
—No hay de qué. ¿Por qué peleaste? ¿Por qué con James?
—Yo… yo Bella. —Estaba muy nervioso—. Le reclamé para que ya no te moleste más, nada de llamadas, ni de mensajes. —Abrí los ojos muy sorprendida—. Lo siento, no debí meterme, pero es que, tú sabes… es decir, quiero que estés bien.
—Estoy bien, Steven… —Él me cortó.
—No parece. —Yo levante mi ceja—. Es que estabas triste y creo que saber de él tan seguido te hacía mal.
—No tenías por qué meterte —aseguré un poco molesta—. Aprecio lo que has hecho, pero no te metas porque no quiero que salgas lastimado. Mira cómo has quedado, no quiero más problemas por mi culpa.
Él me sujetó la cara con sus manos.
—Bella, me importas. —¡Dios! Me sentía caliente de lo roja que debía estar en éste momento, me soltó y pasó sus dedos por sus mejillas—. Y no soy el único que se preocupa por ti, te lo aseguro.
—Bueno… umm, creo que es suficiente para el hielo —comenté nerviosa—. Tengo clases. Deberías apurarte tú también, nos vemos.
Le entregué el hielo y salí prácticamente corriendo a mi clase de matemáticas, Steven era guapo, sexy, todo lo bonito en un hombre, pero yo no estaba ni para recibir halagos, ni para que me toquen de esa manera, su cercanía, su toque me había puesto incómoda y avergonzada. Él era mi amigo, y no quería que confundiera eso. Llegue al salón respirando agitadamente por la corrida que me había dado.
—Bella, ¿qué paso con Steven? —preguntó preocupada Alice
—Él se quedó en la enfermería, está bien.
—Qué bueno, oye, me siento orgullosa de ti —opinó ahora sonriente—. Lo que hiciste allá afuera no es fácil, me alegro que hayas puesto tu límite.
—Yo también, me siento bien conmigo misma. Gracias por aguantarme estos días, poco a poco se logran las cosas.
—Señorita Cullen y Swan ¿quieren venir a dar la clase? —interrogó molesto el profesor, nosotras negamos con la cabeza—. Bueno, continuamos.
Comenzamos a atender las clases y de nuevo no teníamos tiempo de nada, se pasó volando hasta que llegó la hora de almuerzo. Alice se estaba dirigiendo para el patio donde estaban las bancas, como siempre.
—No, Alice —Negué con la cabeza—. Hoy no almorzaremos aquí.
Ella sonrió, fuimos a nuestra mesa de siempre, lo que nos sorprendió es que todos nos saludaban "Hola Isabella, Hola Alice" "Hola chicas" "Hola" y se notaban que eran saludos y sonrisas sinceras, nadie fingía.
Nos sentamos, se nos unió Ángela, Steven y Jack, que era amigo de él y pareja de Alice para el baile de graduación.
—¿Ya se enteraron? —preguntó Ángela. Todos la miramos confundidos—. El miércoles se acaban las clases, no el viernes —informó emocionada.
—¿En serio? —Ella asintió—. Genial.
—Sí, ¿Bella, ya tienes pareja?
— Yo umm... no creo que vaya a la fiesta.
—¡¿Qué?! —gritó Alice—. Dime que he escuchado mal
—No...
—Estás loca, claro que irás. Y no quiero peros, estas cosas no se dan dos veces en la vida.
—Está bien —señalé resignada—. Pero no tengo pareja.
—Ya verás que la habrá, hay muchos que mueren por ir contigo.
—Eso es cierto —ratificó Jack—. Muchos se pelearán para tenerte por una noche —manifestó mirando a Steven...
.
.
.
Los días pasaban rápido, estábamos a martes, sólo un día más y acabábamos las clases, todo el fin de semana Alice se había pasado en mi casa viendo películas. Habíamos tratado de no tocar el tema de James, pero fue imposible. Me había puesto a llorar de nuevo, aunque ésta vez había sido con menos intensidad que las anteriores.
El lunes habíamos dado nuestro último examen de historia, la profesora lo revisó de inmediato, saque un ocho y necesitaba un dos, así que había pasado ese curso. Y hoy nos encontrábamos ayudando a Jack con su trabajo de matemáticas, era su última oportunidad.
—Jack, atiende —pedí molesta—. Estás sólo mirando culos y tetas a cualquiera que pasa por delante de nuestra mesa.
—No —afirmó fingiendo indignación.
—Es cierto —replicó Steven—, disimula un poco, así como yo.
—Hombres, todos iguales. Ya está bien, acabemos, porque la hora del almuerzo se acaba y tú tienes que entregar el trabajo —anunció Alice.
Él presto atención a lo que Ángela y yo le explicábamos, terminó el trabajo justo a la hora que sonó la campana, se fue con Steven y nosotras fuimos a nuestra clase.
—Me cae bien Jack —expresó Alice, muy feliz.
—A mí también. —La observe un rato—. Oye, ¿no te estará gustando?
—No, Bella, es mi amigo.
—Bueno —informé no muy convencida—. Ahora voy al salón, iré al baño primero.
Ellas asintieron. Entré al baño sólo para mojarme un poco la cara, oí que entraban pero no presté atención, lo que despertó mi curiosidad fue que le estaban echando seguro a la puerta. Levanté mi mirada y por el espejo vi quién era...
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