DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

DEDICATORIAS: No solo a todos aquellos que han estado esperando la continuación de "Retorno de la Oscuridad", tambien a aquellos que recien la leen; a mi querida Nee-sama Breen Martinez por ese incondicional apoyo *Naranja* que me ha brindado durante las ultimas 24 horas para que culmine este capitulo. A mi hermana menor Lucía Hincapie por entender la historia, ella, enserio que se la sabe toda y me ha ayudado a seguirla. Al Círculo Mercenarío porque... bueno, ellas no saben que el nombre está aquí xD pero me han inspirado de cierta manera a incluirle algo más a esta trama tan rara.

Cualquier anomalía me lo hacen saber :P

¡Disfruten el relato!

S7s


CAPITULO ONCE

¿Por qué nos ayudas, Kanna?

La princesa Rin le había prometido un salón de espejos dentro del palacio cuando la había conocido; para su cumpleaños número once, Kanna ya no vivía más en los sótanos de los Taisho junto a Kagura (por gusto propio, pues estos eran mucho más amplios que cualquier habitación) sino que ahora tenía su propio terreno y allí entrenaba su "magia" libremente; en su pequeño espacio se regocijaba internamente al poder entrenar, sin la preocupación de lastimar a nadie, sus propias habilidades.

Un gran laberinto de espejos se extendía bajo el palacio y aunque no estaba de gratis puesto que cumplía una función específica, se alegraba de trabajar para personas que le permitían trabajar cómodamente. Techo, suelo y paredes fabricados con espejos y cristales específicamente creados a partir de conjuros y energía oscura, una energía que manejaba muy bien y que amoldaba a su conveniencia. No había nada en aquel lugar que no reflejara a su persona y que no la dejara ver lo que ella quería ver.

Hacía doce años, a mediados de Octubre, Kagome había bajado corriendo hasta sus aposentos; su rostro enrojecido naturalmente por la fatiga y esa mirada que reflejaba algo que, esta vez, ella no podía descifrar. Tampoco lo había visto venir ¿Habría ocurrido algo malo con los reyes? ¿Los príncipes, tal vez?

—. ¡Kanna! —casi gritó la joven sacerdotisa, a lo que Kanna solo pudo hacer algo similar a una mueca de molestia

—Princesa K-… —intentó saludar la pequeña albina

—. ¡Préstame dinero, Kanna! —volvió a exclamar la azabache.

Kanna sabía que para las personas o para quienes la rodeaban la mayor parte del tiempo, ella era un ser estresante de silencio… sólo que ahora sí que había quedado muda. Tiene la fortuna más grande del planeta y viene a pedirme dinero.

—No —fue su seca respuesta y se giró para internarse en una de sus habitaciones.

Kagome se quedó con la boca abierta, pero no iba a rendirse —Vamos, Kanna. No será para nada malo… por favor, préstame dinero —

—Princesa Kagome… —quiso intervenir otra vez

—Ya deja de decirme princesa… anda, solo una suave cantidad —canturreó la sacerdotisa.

—Me niego —respondió

—No será para nada malo, lo prometo —siguió insistiendo pero la pequeña de cabellos blancos desapareció entre los reflejos de las paredes —Anda, Kanna —Kagome rondaba a ciegas por el recinto de cristal —que si compro lo que necesito con el dinero de la familia, Sesshomaru va a enterarse —

La cabeza de Kanna emergió de uno de los cristales pero lo curioso era que, no se reflejaba en ningún otro sitio a diferencia de Kagome que empezaba a marearse por verse a sí misma en todos lados.

—. ¿Si no es malo, porque el príncipe Sesshomaru no debería enterarse? —le dijo, Kagome se sobresaltó un poco —. ¿Debería decirle yo, acaso? —murmuró para sí misma, aunque su verdadera intensión era picar donde era a la princesa Kagome.

—No seas cruel… verás… —y así Kagome terminó involucrando a una más en todo el embrollo de Rin. La cantidad de dinero había sido más exfoliante que suave y todo aquello no era sino para incienso, mirra y eucalipto. Su cuenta había quedado casi vacía pues medía que algunas cuantas toneladas no serían suficientes para derribar a la familia Inu-Youkai.

—. ¿Averiguarías un poco sobre el sitio, Kanna? —pidió Kagome.

Aunque no se lo hubiera pedido, lo hubiera hecho; pero Kanna nunca pudo ver nada. Solo eran lirios que resplandecían en el infierno.

Luego de la desaparición de Kagome ese 24 de diciembre, la Reina Izayoi había bajado hasta sus aposentos pidiendo sus servicios… después de tres años de fallidos intentos, se había rendido. Izayoi había sido testigo presencial del poder de la pequeña demonio albina, incluso le había prestado su energía yōkai para que localizara a su nuera pero todo había sido inútil; era la segunda vez que Kanna desconocía algo. Desconocían el paradero de la princesa Kagome.

Ni aún con la mitad del arco de oro blanco que había sido lo último que había sentido la energía espiritual de la Higurashi, habían podido localizar ni un cuerpo muerto. Cuanto se arrepentía de haber desaparecido antes de entrar por el portal Meidou cuando bajaron las otras chicas.

Doce años habían pasado y la verdad se había descubierto; Kagome estaba viva pero parecía no recordar nada… Rin había caído presa de una maldición, una situación que, por tercera vez, no pudo predecir o absorber. El príncipe Sesshomaru ahora era el Rey de Sengoku, InuYasha era su mano derecha y el cuerpo de Rin descansaba sobre un espejo que Yura y ella misma junto a Tsubaki, habían arreglado para que sostuvieran lo que quedaba del alma de la pequeña Taisho.

Junto a Yura, estaba allí cuidando de que la magia que desprendían los conjuros, conservaran el cuerpo casi putrefacto de la pequeña princesa.

Yura estaba incansable cepillando el cabello de sus muertos —. ¿Porque nos ayudas, Kanna? —preguntó al fin; el silencio para ella era realmente incomodo.

Kanna… aunque sus ojos estaban abiertos, su mente estaba en otra parte; batallaba contra la barrera que le impedía ver la verdad de aquel campo de flores, aun existente.

—Kanna… —llamó de nuevo la demonio de los cabellos.

La pequeña albina sintió como algo se quebraba dentro de su campo espiritual y sonriendo internamente, respondió

—Porque Kagome, me debe dinero —

Su cuerpo espiritual estaba frente al campo de flores aunque allí nadie la veía. Las flores se alzaron tomando forma… era una mujer de la que no distinguía apariencia, pero sí género.

—. ¡¿Qué?! ¡¿Kagome?! ¿Higurashi Kagome? ¿Cuánto? —exclamó Yura, aun incrédula

Su sonrisa interna se amplió. Kanna no podía leer los pensamientos o el espíritu de aquel ser pero…

—Unos seis o siete millones que no podrá pagar con el dinero de la familia Taisho —respondió autómata, como lo más normal del mundo. Yura se atragantó, ¡¿tanto?!

…Pero tenían ventaja; ahora podría ver con claridad los movimientos que el enemigo pudiera ejecutar.

—Los tengo —dijo para sí, aunque Yura la escuchó perfectamente… y sabía muy bien a que se refería.

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oOoOoOoOoOo

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Sus manos se alzaron pero en ellas no había absolutamente nada, aun así los lirios, siete con exactitud, se alzaban tras cada movimiento de ellas, los tallos también luminiscentes, se estiraban hasta la altura que la mujer indicaba con sus extremidades; Siete personajes en particular parecían haber sido creados en ese preciso instante, aunque la verdad era que aquella mujer estaba liberando alguna de sus almas… sus preferidas, a decir verdad.

—. ¡Ah! —gritó uno de ellos, aunque no se distinguía bien su tono de voz —¡Pero que mal me veo! ¡Osore-sama! ¡Haga algo! —exclamó con voz chillona

—Jakotsu, tu voz es molesta —comentó la figura más alta entre todas, con una voz arrastrada y pastosa.

—Tú eres molesto Kyokotsu —miró a su alrededor y luego al frente encontrándose con la fiera mirada de "su señora".

—Osore, tanto tiempo —comentó alguien más y Jakotsu no habló más, por el momento.

—Mi querido Bankotsu —respondió la mujer extendiendo sus brazos hacía él; sin embargo este hombre, Bankotsu, sólo respondió con un movimiento afirmativo de su cabeza.

—Veo que la maldición aún no culmina, Osore —continuó el tal Bankotsu

—. ¿Por qué lo dices, Banky? —comentó el primer personaje, Jakotsu.

—Porque seguimos pareciendo plantas, imbécil —le respondió otro.

—Basta Renkotsu, Jakotsu —Sentenció Bankotsu —Osore debe tener algo entre manos como para llamarnos a nosotros…

—… Los siete guerreros —completó otra voz.

La mujer movió sus manos como si girara alguna empuñadura y uno a uno, aquellos personajes comenzaron a tomar forma humana.

—Por ahora nada más puedo hacer sino esto, mis queridos guerreros —les habló a ellos en referencia a su forma humana. Luego, señalando a su lado mientras abría su mano, dejó caer uno de los petalos y este una vez que tocó suelo, se convirtió en una mujer.

Los siete hombres se sorprendieron, no solo por su nueva apariencia –una mucho más joven– si no por el nuevo objetivo. Cuando Osore dejaba caer algún artefacto y este se convertía en persona, para ellos era el objetivo. Esto lo había dejado de hacer ya mucho tiempo atrás. Qué se concentrara en enseñarles a detalle su próximo objetivo era porque todos ellos peligraban.

La mujer que habia surgido gracias al pétalo, levantó su mano derecha dejando ver la replica de un anillo. Bankotsu apretó sus puños aún más, sin embargo su rostro seguía impacible.

—Esto es lo que quiero de ella —quitó el anillo de la mano de la mujer, volviéndolo polvo entre sus manos (lo que no suponía mucho esfuerzo pues seguía siendo parte de un pétalo)

Osore caminó quedando tras la joven mujer —y esto… —continuó diciendo, al tiempo, su brazo derecho atravezó el corazón de aquella chica.

Jakotsu disimuló su reacción mientras observaba a Bankotsu; Suikotsu y Kyokotsu también estaban sorprendidos. Mientras el aludido tensaba su mandibula sin poder evitarlo; los siete guerreros observaban las reacciones de la falsa mujer mientras su pecho, su corazón, era atravesado por la mano de la demonio.

—. ¿Quién es ella? —pregunto un joven más bajito.

—. ¿Qué quiere que hagamos exactamente? —arrastró las palabras el más alto de todos, Kyokotsu.

—Higurashi Kagome, ese es su nombre —tomó del mentón a la creación del pétalo mientras este lloraba —Ella es la única que puede tocar el anillo. No sé como, no se cuanto tiempo les lleve; quiero que destruyan esa maldita argolla… y a ella, desde adentro —el cuerpo de la falsa Kagome, fue atravesado por una incontable cantidad de raíces que la hicieron polvo.

—Es sólo una baratija, Osore; un simple anillo. Puedo traerte cualquiera, el mas caro —habló Bankotsu al fin.

Varios de sus compañeros, excepto Kyokotsu, Suikotsu y Jakotsu, estuvieron conformes con el comentario. Los otros tres sabían que solo fingía para evadir aquella encomienda.

—En esa argolla está su memoria —reveló Osore.

—. ¿Qué quieres decir? —habló Jakotsu —Es que acaso ella…

—Ella no recuerda nada… —Osore culminó la frase de aquel afeminado.

—Y no está bien así, si te conoce pues no lo recuerda; ni recordara que esa argolla existe —habló el más bajito.

—Mukotsu, lo ultimo que recuerda es su argolla y si la obtiene, recordara como matarnos… —respondió la mujer hecha de flores.

Bankotsu se tensó de lleno…

—… A todos —

Tenía que encontrar una salida y pronto.

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Continuará?


Si, continuará. xD

Señores y señoras. ¿Lo esperaban? 3:) yo sé que no.

Espero sus comentarios :D no les tomará mas de cinco minutos.