Gracias a todas/todos por leer el fic y sus capítulos, me alegra mucho que les esté gustando el fic.

Y agradezco también sus comentarios, lamento no poder contestarlos como debería, pero no hay tiempo suficiente.

Bueno, ésta vez la principal inspiración fue Ely Guerra con el tema "Quiereme Mucho", canción bellisima y con la cual quise poner el título y añadía algo de su letra.

BTW, espero les guste ésta entrega. Saludos!


… … * … …

Capítulo XI

"Quiéreme Mucho"

Silenciosa y alegre caminó por los pasillos de la Okiya, pero comenzó a escuchar bastante ruido, demasiado tumulto que no se explicaba, así que siguió caminando hasta encontrarse con todas las chicas rodeando a su Onee-san, desconocía las razones de su creciente contento.

—¿Y qué viene todo esto?— Preguntó una vez que se presentó ante los ojos de las demás mujeres.

— ¡Rukia-Chan! ¡Qué bueno que ya llegaste! ¡A que no adivinas! — Gritaba emocionada Rangiku, mientras le tomaba de la mano y la unía a la plática.

Rukia no entendía absolutamente nada, ¿de qué se había perdido?

—El Capitán Kuchiki le propuso matrimonio a tu Onee-san— Rukia quedó atónita, una noticia inesperada, la morena observó a Hisana, quien tenía una amplia sonrisa iluminando su rostro, luciendo en uno de sus dedos una bonita sortija.

—Me alegro mucho por ti, Onee-san— Expresó Rukia al abrazarla, esos eran sus más sinceros sentimientos, estaba contenta por ella, porque al final podría ser feliz con alguien que amaba. Incluso se preguntaba así misma si algún día, tendría su misma suerte.

—Gracias, Rukia-Chan— Le contestó dulcemente.


Tenían tiempo que no se sentaban a charlar como acostumbraban, siempre había prisas o misiones que realizar, a pesar de tener una buena amistad sus Divisiones eran paralelas, pero esa ocasión había tomado unas horas de respiro antes de reanudar sus labores cotidianas.

—La rutina me estresa— Dijo cierto pelirrojo una vez que dio un sorbo a su taza de té.

—Ni modo, así es esto— Resignado le respondió el pelinaranja, alzándose de hombros.

—Idiota, lo dices tan tranquilo porqué pronto te darán tus días libres…Si estuvieras en mi lugar, serías el primero en hacer escándalo— Si por algo la quietud de Ichigo, los días de descanso de su amigo estaban próximos y él… tenía que seguir el su trabajo.

—Cállate, me lo merezco— Le espetó con cierta molestia.

— ¡No me digas! Si no haces nada fuera de lo normal. Deberías aprender de mi, hago cosas peligrosas, maravillas, por algo soy Teniente— Era altanero, muy altanero, aunque a veces decía las cosas por querer enfadar al pelinaranja, era una forma de diversión, pero Ichigo desde cierto momento de su vida retenía negatividad en el pelirrojo, si quería dañar a palabras tenía las correctas.

—jaa si lo único que te he visto hacer es malobra— Ichigo buscaba molestarlo, estaba harto de su comportamiento y de que sus intenciones opacaran sus febriles deseos de ser feliz con la morena.


Estaba aún confinada dentro de las cuatro paredes, Madre le había asignado una de las dos habitaciones de la planta alta, exclusiva sólo para célebres Geishas de su Okiya, ahora que era una de alto estatus en el Hanamachi se lo merecía. Recostada en el futón envuelta en su acostumbrada yukata azulina, ni siquiera se había tomado la molestia de abrir las ventanas, se sentía algo entristecida por la pronta partida de la mujer que la instruyó y con la cual compartía lazos de sangre, Hisana siempre le levantaba el ánimo y daba buenos consejos, quizás se acostumbró tanto a su presencia que se había vuelto dependiente, y se preguntaba sobre que haría una vez que Hisana finalmente se casara y se mudara a la Mansión Kuchiki, para empezarse nueva vida.

Y aunado a ello, estaba Madre, que no dejaba de comentarle sobre la cantidad de clientes que le expresaban sus sinceros deseos de convertirse en su danna, para Rukia eso era lo que menos le importaba en esos momentos.

— ¡Rukia! ¡Rukia! ¡Levántate! — Se escuchaban los gritos de Madre, cada vez con más estruendo.

Madre abrió las puerta de la habitación de la morena, algo agitada, se acercó hasta ella quitándole las sábanas de encima.

— ¡No seas floja!... ¡Levántate! —

Mientras Rukia fastidiada las jalaba esas sábanas de regreso hasta su cuerpo, no pretendía salir de cama sin una buena razón.

— ¡El Oficial Kurosaki dijo que te quería para ver florecer los cerezos…! — Continuaba vociferando Madre, Rukia al escuchar lo último quedó sorprendida, tenía casi una semana que no le veía así que dejó de forcejear por seguir reposando en cama.

—Tan sólo abre la ventana— Dijo Madre, al instante Rukia se fue arrastrando por el piso hasta llegar y hacer lo que Madre pedía, sus ojos se maravillaron con la belleza de esos árboles, el rosa de esos pétalos se mezclaba en perfecta armonía con el azul del cielo, se respiraba tranquilidad y el saber que Ichigo deseaba compartir esos momentos con ella, empezaba por hacerle creer que nada estaba perdido… quería lucir bella sólo para él, rozar sus labios… robarle el corazón.

Quiero bailar, quiero sentirme hermosa

Quiero cantar, ver el amanecer

Quiero sentir sólo tu dulce boca

Y bailar, quiero sentirme bien

Se dispuso a arreglarse llena de dinamismo, de alegría y de sonrisas.


Había elegido esa hermosa tarde para pedirle que le acompañara a recorrer el parque, para que ambos contemplaran juntos, la belleza de los cerezos florecer, era la temporada que mucha gente esperaba, era común por esas fechas ver a familias enteras, grupos de amigos o parejas hacer un picnic, mientras observan los cerezos florecer.

Quizás su corazón se llenó de valor en el momento menos oportuno, pero nunca era tarde para intentar, su determinación por conquistarla nació después de aquella tarde lluviosa, en que sus cuestiones sobre el amor asaltaron su mente y minutos después de haberlo meditado pensó que había esperanza, ahora estaba dispuesto a mostrarle las maravillas del mundo y convencerla de que había cosas que valía la pena darse la oportunidad.

Debajo de uno de tantos árboles de cerezo, se encontraba recargado en el tronco, su mano diestra sostenía un detalle natural: un ramo de flores, en el suelo un canasto, venía preparado para la situación. Mientras aguardaba a que la morena llegase a su encuentro, si bien estaba algo nervioso, no era común en su vida hacer ese tipo de cosas.

—Esa enana en verdad tarda— Musitó alzando la mirada al horizonte, pero escasos segundos después se pudo vislumbrar la delicada y delgada figura de aquella joven, de profunda mirada llena de brillo y alegría, ataviada como de costumbre de un kimono en tono verde pastel en detalles flores bordados en hilos azul, rosa y amarillo; y el obi color durazno. El cabello recogido con un tocado de rosa, como el matiz de su obi. Por ser la hora en que el sol brillaba con mayor intensidad, cargaba de una sombrilla blanca, Ichigo quedó atónito, en cualquiera de sus facetas, Rukia se veía bella y elegante.

La morena se había arreglado de la mejor manera posible, sólo que esa ocasión había decidido a usar especialmente ese kimono, era muy diferente al resto, la diferencia y encanto recaía en un discreto escote, que para Madre y las demás chicas de la Okiya era bastante escandaloso.

—Ichigo… discúlpame si tardé un poco— Dijo al estar a una considerable distancia de él.

—No te disculpes— Le contestó con una sonrisa —ahh…traje esto para ti— añadió el pelinaranja entregándole el ramo floral, Rukia se sorprendió, no pudo evitar ruborizarse ante el detalle, llenándole de tantas emociones positivas, quería gritar, abrazarlo… besar esos labios que se curveaban formando una sonrisa.

Y quiero, quiero

Sentir el calor que tu boca despide

En cada oración que dices

Quiero ser el corazón que tú buscas

—Gracias…que lindo detalle de tu parte— Expresó la morena correspondiéndole el gesto, hundiéndose en la mirada de aquel hombre al que tanto amaba en el silencio y en lo secreto.

—Quizás no es el regalo más lujoso y bello que hayas recibido pero…— Quiso terminar su frase, incluso se sentía apenado, no sólo por ser la primera vez en regalar ese tipo de detalles a una dama, también porqué a comparación con otros de los tantos obsequios que Rukia había recibido, el suyo era el más común.

—Creo que no es lo material, si es costoso o no… sino el sentimiento que le pones a las cosas… y éste ha sido uno de los más bellos y significativos que me recibido— Terminó la morena en decir, confiada de sus palabras, sonriente, se podía ver en sus ojos un brillo único que relucía sólo cuando estaba con él.

—Me alegra mucho escuchar eso—

Entre miradas y sonrisa fueron tomando rumbo, contemplando la belleza de paisaje y a la par buscar el lugar idóneo para pasar parte de la tarde, sin descuidar ni un solo detalle de lo que cada uno buscaba lograr en aquella cita.

Encontraron un sitio adecuado, perfecto para tender una manta en el fresco y verde herbaje, bajo la copa de esos tradicionales árboles de cerezo, llenos de una exquisita beldad que a todos gustaba contemplar.

Se sentaron uno al lado del otro, separados por una pequeña distancia. El canasto, además de sus respectivos trastos, contenía comida apropiados para el momento: jugos, arroz, panecillos.

—Gracias— Dijo Ichigo una vez que Rukia le sirvió algo de zumo en una vaso.

La morena tomó un panecillo, gustosa se dispuso a saborearlo, era la primera vez que asistía a un picnic, y le resultaba divertida la idea, pero más allá de eso, le parecía un bello detalle que la hubiese invitado exclusivamente a ella.

—Entonces… Hisana se casará dentro de unos días— Comentó Ichigo con naturalidad, y conocía tal información puesto que el mismo Capitán Kuchiki le había invitado.

—Así es… Aunque me va hacer mucha falta cuando se marche de la Okiya, me alegra mucho que sea el Capitán Kuchiki con quien se case, ella lo quiere mucho— Comentó la morena con cierta melancolía en sus ojos, cosa que Ichigo no pasó desapercibida.

—Algún día alguien a quien ames te tomará como su esposa y serás muy feliz— Le dijo al acariciar su cabeza con ternura, estaba siendo positivo, la morena era la clase de mujer que todo hombre quisiera tener como esposa, no le sorprendería que ya hubiese recibido ese tipo de propuestas.

—El problema es que… siempre se enamoran de mi las personas equivocadas— Comentó ella alzando la mirada, hundiéndose en la mirada de su compañero, tratando de dar una señal de su realidad.

—Pero Renji...— Se adelantó a decir titubeante, mirándola con cierta expectación, estaba algo confundido.

—Renji… si estuviese enamorada de él ya hubiera aceptado casarme con él— Declaró bajando la mirada, con esa frase resolviendo todas las dudas existentes en la mente del pelinaranja, así como liberando los sentimientos que en su corazón se mantenía atados por la creencia.

Se quedaron en silencio mientras el viento acariciaba sus rostros, ambos volvieron a enfundarse en sus propios pensamientos, debatiendo entre el miedo y la duda, y es que si las cosas seguían así, guardando todas esas emociones y sentimientos en lo más profundo de su corazón, nunca saldrían del error.

En esos instantes la morena alzó el rostro, topándose con la mirada avellana del Shinigami, ambos espiraciones se mezclaron en un solo hálito.

—Sé que tus sentimientos no tienen similitud respecto a los míos… pero, si nos hubiéramos conocido en otro contexto ¿Te hubieras enamorado de mí?— Preguntó Rukia con curiosidad, esa era una cuestión que desde hace días vagaba por su mente; y por lo menos quería escuchar de sus labios la respuesta, sin importar si fuese negativa o positiva.

La pregunta proferida por labios de la joven Geisha fue la gota que derramó el vaso, ahora que había dejando al descubierto sus sentimientos, era momento de desenmascarar los suyos.

—Rukia…Yo ya estoy enamorado de ti— Declaró abiertamente el pelinaranja, mostrando otra de sus bellas sonrisas a los ojuelos violeta de la morena, quien al escucharlo sintió su existencia iluminarse de sobremanera, ahora podía proclamar a los cuatro vientos que la felicidad había arribado a su vida completamente, dándose que cuenta que todo lo que necesitaba para ser feliz era a él y nada más.

El Shinigami acercó sus labios lentamente hasta los de la morena atrapándolos en una dulce demanda, saboreando el almíbar de sus carnosidades, con los sentimientos floreciendo ante la oportunidad de amar tan cándidamente a una mujer única como ella.

Un amor nuevo… un amor sincero… un amor que tenía que permanecer en secreto.

… … * … …