Hola a todos :) !

Hoy me he dado la oportunidad de subir mas temprano que de costumbre, aunque se los debo ya que me he tardado casi veinte dias en actualizar. Una disculpa enorme, ya saben la historia ¿no? Escuela, trabajo y asi haha ademas el mundo por estas fechas siempre no tiene tiempo de nada.

hablando de estas fechas tengo la idea de introducir un capitulo "navideño" en la historia, tendría que adaptarlo al borrador pero no sera muy dificil. Ya tengo varias ideillas por ahi jajaja.

Bueno, los dejo con la lectura, ojala la disfruten :) nos leemos abajo!

Disclaimer: Digimon no me pertenece.


Tres

Capitulo 11: Regresé

東京, 日本

Tokyo, Japón.

La vida de soltero no era del todo mala. ¿Cuántas veces la gente no se sorprendió de que a sus cuarenta y muchos el jamás se hubiese casado?

Por supuesto que le hubiese gustado formar una familia, y la oportunidad con las tantas mujeres que tuvo siempre estuvo allí. Al final ellas se iban, cansadas de esperar por una propuesta que jamás vendría.

Pero ya no era un jovenzuelo, aunque tampoco era ya un anciano. Se sentía en el límite, y eso le molestaba...

Le molestaba que a pesar de que hubiesen pasado otros diez años, el pensase en lo mismo.

Sora, el bebe, Sora, el bebe.

¡Las cosas hubieran sido infinitamente mas sencillas para todos si el se hubiese dado cuenta lo mucho que amaba a esa chica desde la adolescencia!

Para empezar, jamás la hubiese dejado irse. Serían de aquellos matrimonios que podrían contar de llevar juntos desde los diecisiete años.

Era un amor de lo más extraño, era algo que sólo el podía entender. Una vez trató de explicárselo a su amigo Koushiro sin éxito. ¿Cómo amas a alguien que ha estado lejos de ti desde hace tantos años? ¿A alguien que te dejo, que no le importo?

¿Como amas a alguien si ni siquiera conoces su nombre?

Esa, esa misma era la razón de que nunca hubiese sentado cabeza, y suena estúpido, muy estúpido. Pero para el, esposa e hijos solo tenían el rostro de Sora y aquel bebe desconocido, al cual imaginaba como un niño latoso revoloteando alrededor de su madre, volviéndola loca.

Pero así era Tokyo, que siempre le hacía pensar de mas, fantasear mejor dicho. Hacía unos ocho años que había venido a visitar a su familia, triste y melancólico por lo de Sora, incluso odiandola un poco; y con actitud derrotada por no haber sido seleccionado como embajador.

Ese mismo día había conocido a una pequeña que le inundó el corazón, de nuevo por razones desconocidas. Y pensó que buscar a Sora, buscar a ese bebé que tendría la edad que en ese entonces tendría la pequeña, no sería mala idea. Al final, Sora resultaba ser la esposa del magnate heredero de la FujiTV, una mujer no muy publica pero no desconocida, al menos para internet. Intento saber más, llegar a ellos cada cuando podía visitar Japon, sin exito. No había muchos datos de la vida de la familia Ishida-Takenouchi, algunas fotos de eventos sociales pero nada respecto a su hijo.

Porque tal vez Ishida era el padre biológico, pero el no conocía a ese bebé. El lo había visto crecer dentro de Sora, el añoraba su llegada y hasta había pensado ponerle el nombre de su padre: Yuuko. ¡Demonios, el le había salvado la vida cuando Sora tuvo una amenaza de aborto! ¿Yamato Ishida que demonios sabía de aquel bebé cuando se lo llevo de su lado?

Absolutamente nada.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una voz sonó por toda la cabina del avión, anunciando la llegada al país del Sol Naciente y que, por favor, se colocaran los cinturones de seguridad.

El avión a los pocos minutos aterrizo. Como todos los demás pasajeros el fue a recoger su equipaje de aquella plataforma giratoria, y se fue a la sala de recepción donde esperaba ver a su hermana.

Y ahí estaba ella, buscándole con la mirada mientras una niña de aproximadamente cinco años la tomaba de la mano fuertemente.

Su pequeña sobrina llamada Hidemi había sido la carta de reconciliación entre su hermana y Takeru. Un accidente de alguno de sus muchos encuentros furtivos, y aunque el al principio se negaba a aceptar que su hermana regresara con el hermano de Ishida, al final supo que le convenía mantener el contacto algo cerca. Grande fue su decepción cuando se entero que Takeru llevaba años alejado y sin saber de su hermano mayor.

Kari y Takeru decidieron casarse y ahora viven juntos y felices, con otro bebé en camino.

—Kari!

—¡Hermano! - a su encuentro lo abrazó fuertemente. —Hide, abraza a tu tio.

Hidemi era una niña muy timida, y a su corta edad solo habia visto a Tai un par de veces así que lo miraba con cierto recelo.

—Ven aquí bonita.

Tai la tomo en sus brazos y la cargo, la niña se removio y muy pronto empezo a pedir los brazos de su mama desesperadamente. Ambos hermanos rieron.

—Creo que no le simpatizo.- comentó Tai al bajar al piso a Hidemi. —Por cierto... Estas hermosa hermana, ¿Cuanto tienes?

Hikari se sonrojo por el cumplido.

—Apenas cinco meses.- anunció mientras acariciaba su vientre apenas abultado.

Hablaron de otras cosas de camino al auto, asuntos familiares. Tai preguntó como estaban ya sus ancianos padres y se venia enterando que a sus casi 70 iban hacia un crucero como una segunda luna de miel.

Hidemi no tardo nada para quedarse dormida en el asiento trasero, arrullada por el suave ronroneo del motor de Hikari y el largo camino entre el trafico de Tokyo. Tai la miro por el espejo retrovisor con ternura.

—Es una princesa.- elogió Tai.

—Me alegra que ahora podrás pasar mas tiempo con ella. Contigo del otro lado del mundo y Takeru sin tener contacto con su familia realmente ha crecido algo sola.- explico Hikari.

Porque esa no era una visita de cortesía. Tai estaba volviendo a Japón a vivir.

Le habían ofrecido un excelente trabajo en la universidad de Tokyo como catedrático, experto en la materia diplomática. Y no es que hubiese renunciado a su sueño de encargarse de ser embajador, pero deseaba estar en su hogar y salir de esa oficina de una vez por todas.

Nunca hay un solo camino para llegar a algún destino en particular, y el dar clases no lo alejaba del curul principal.

Se quedaría donde Hikari y Takeru unos días en lo que llegaban el resto de sus cosas a Japón y el las ordenaba en su nuevo apartamento que estaría en Shinjuku.

—Así que TK sigue sin saber nada de nadie.- de nuevo comenzó Tai como quien no quiere la cosa.—¿Ni siquiera su padre?

—Sólo tiene contacto con su madre Natsuko pero ella esta en Francia. Su padre esta muy ocupado despilfarrando la fortuna que acumulo en tantos años como dueño de la Televisora Fuji, y pues de su hermano nada.

Hikari vio de reojo a Tai, quien empezaba a morderse las uñas.

—Hermano...

—Ya se lo que dirás, no es necesario que lo repitas. Pero una de las miles de razones que tuve para regresar fue reanudar la búsqueda de ese niño.

Hikari ya no dijo más, aun se sentía culpable de llevar a Yamato al encuentro de Sora. Aunque al contrario de su hermano, tampoco absolvía a la pelirroja de culpa, pues al final la decisión había sido solo de ella. Odiaba que su hermano hubiese tirado su propia felicidad por la borda debido a esa obsesión sin sentido de ser.

Entonces miró a su Hidemi, y su corazón le dijo que si ella hubiese sido separada de su hija también gastaría la vida en buscarla.

El problema es que Tai no era el verdadero padre de esa criatura. ¿Qué era lo que lo hacía actuar así?

—Llegamos.

El auto paró frente a una casa de mediano tamaño, con un jardín al frente que tenía un gran árbol. Era ese tipo de barrios con las casas hechas totalmente iguales.

—Lindo lugar Hika.- admiró el castaño mientras bajaba su equipaje de la cajuela.

Su hermana tomaba a su hija dormida en brazos y juntos se adentraron a la casa. La primera parada fue la habitación de Hidemi y la segunda fue la habitación de huéspedes donde Tai se quedaría.

—Supongo que vienes cansado del largo viaje.

Tai estaba sentado en la mullida cama, como probándola para verificar que tan suave era.

—Lo estoy, pero tengo que ir a firmar la renta del departamento hoy.- se tiro de espaldas en la cama. —Si que estoy cansado...- de la nada se levanto y sacudió la cabeza. —Volveré en un rato.

—¿No quieres que te lleve?- pregunto amablemente Hikari.

—No hermana, tendrías que despertar a Hide. Yo ire en metro. Extraño el metro de Tokyo.- dijo melancolico, tal vez recordando momentos especiales en el instituto.

—Si tu lo dices.

Tai salio de casa de Hikari, anoto el numero de casa por si llegaba a perderse y emprendió el camino.

Los barrios de Odaiba seguían siendo los mismos, la verdad era impresionante que hubiese cambiado tan poco en tantos años.

Finalmente llegó a la estación de ferris, tenía que cruzar la bahia para llegar a donde la mayor parte de la ciudad estaba. Se reprimió asimismo, hubiese pedido a Hikari que lo dejara en Shibuya, de ahi el camino hubiese sido muy corto en metro.

Despues del viaje en ferri, y de haber tomado el tren subterraneo, bajo en una parada cerca del parque central de Shinjuku, de hecho su nuevo hogar estaría frente a tal parque, el había escogido ese lugar por la vista.

La cita con la persona encargada de los arrendamientos fue muy rapida, y en quince minutos Tai estaba de nuevo afuera.

Entro al parque a caminar, una sensación de DejaVu lo envolvió pero decidió ignorarla. Iba caminando con las manos en los bolsillos cuando un par de gritos llamaron su atención.

—¡Tu eres una niña, no puedes jugar!

—¡Sí, vete!

—¡Vete a jugar con muñecas!

Tai miro aquella escena y de nuevo aquella sensación de Deja Vu volvió, aunque ahora lo transportaba a los confines de su niñez donde el defendió a una pequeña niña pelirroja llorando de coraje porque no podía jugar soccer.

Sora, así conoció a Sora.

El mismo coraje de hace mas de 30 años volvió a su ser y como un toro entro a esa cancha donde una pequeña niña era atacada por un montón de mocosos.

La diferencia entre esa niña y la pequeña Sora es que aquella niña no lloraba, al contrario sus ojos demostraban un rencor muy profundo.

—¿Que esta sucediendo aquí?- pregunto Taichi muy enfadado, incluso los niños saltaron al oir su imponente voz.

Nadie respondió, Tai iba a comenzar con el sermón cuando la niña se acercó al niño que tenía un balon de soccer en sus manos y le pateo la espinilla.

—¡Es mi balón, baka!- grito la niña arrebatandole el objeto de sus manos.

El niño se tiro al piso del dolor, pues la patada había sido muy fuerte, y aunque después trato de disimular enfrente de sus amigos ya no podía hacer tal cosa.

Tai quedó estupefacto por la reacción de la niña, incluso tenía la boca abierta.

Volteó hacia los niños que empezaban a burlarse de su compañero caído, aunque dejaron de reir cuando sintieron la mirada del hombre.

—Eso les pasa por meterse con niñas.

Tai salió de aquella cancha y persiguió a la niña con la mirada, ella estaba bajo un árbol abrazando a su balón. Su mirada era cristalina, y parecía que iba a empezar a llorar. Tai se acercó a ella.

—Le diste su merecido.

La niña volteó sus ojos rubies hacia Tai, el la miraba recargado en el árbol pero después se dejo caer sentado junto a ella.

—Los niños son idiotas.- dijo la niña con un tanto de recelo.

Tai sonrió.

—Sí, así somos. No podemos evitarlo.- respondió levantando los hombros.

La niña se rió quedamente.

—Si gustas yo puedo jugar fútbol contigo.- se ofreció Tai.

La niña dudó, pero es que tenía tantas ganas de jugar que no podía negarse.

Generalmente su madre jugaba con ella, su padre no era un gran aficionado al balompié. Además ella podía jurar que a su padre no le caía para nada bien que ella practicara aquel deporte, pareciese que le avergonzara que no se comportara como "niña".

Pero bueno, a su padre le desagradaba prácticamente todo.

—Esta bien, siendo dos supongo que podemos jugar a penaltis.- dijo la niña escondiendo su emoción.

Ambos se pararon de la hierba y se dirigieron hacia la cancha donde los niños bravucones habían estado.

—Yo quiero tirar primero.- dijo ella.

Tai se colocó en la portería en posé ya para parar cualquier balón que tratase de pasar, cuando aquella niña se empezó a reír sonoramente.

—¿Qué es tan gracioso?- preguntó Tai, haciéndose el ofendido.

—¿Piensa jugar con esa ropa?- contestó aun riéndose.

Tai llevaba puesto un traje, pues le gustaba llegar formal a cualquier cita que tuviese. Además que el juraba que se veía increíble con el.

Al ver su propio atuendo también rió.

—Tan sólo tira.

De igual manera tendría que comprar uno nuevo después.

...

¡Era magnifica!

Incluso el mismo, el mejor jugador infantil de su escuela cuando era niño era nada a comparación de los movimientos de aquella niña.

La forma de patear el balón, de hacer fintas, de colocar el balón justo en el ángulo con precisión perfecta e incluso de volar cuando fue su turno de ser portera; era maravillosa.

Tai estaba asombrado,hacía tanto que nadie le daba batalla al jugar fútbol.

Ambos se encontraban comprando unos helados, ella lo pidió de chocolate al igual que el.

Y de nuevo sintió aquella sensación de Deja Vú que no lo había dejado en todo el día.

Se sentaron sobre una banca, Tai se recargo en el respaldo. Estaba exhausto, la edad estaba empezando ya a pasarle la cuenta.

Suspiró y luego volteó hacia ella que comía su helado algo abstraída del mundo.

—¡Hey! ¡Animate, eres una excelente jugadora!- dijo golpeando suavemente su codo en el brazo de ella

Ella abrió los ojos y volteó hacia Tai con sus mejillas rojas. Era de lo mas tierno que Tai hubiese visto en su vida.

—¿De verdad lo cree?- dijo ella incrédula.

Tai asintió con la cabeza y una sonrisa.

—De lo mejor que he visto, de verdad.

Ella sonrió complacida, pareciese que fuese lo mejor que hubiese escuchado en tanto tiempo.

Entonces volvió a su helado sólo que sus ojos miraban a Tai a cada momento, como si quisiese decirle algo pero no se atreviese.

Tai se dio cuenta de estas miradas furtivas y esbozo una sonrisa.

—Sueltalo.

La pequeña cerro los ojos, pareciese que su voz la hubiese espantado. Al abrirlos volteó a verlos, la mirada era suplicante.

—Yo... quisiese que usted me entrenara.- pidió ella ya sin tapujos. —Yo quiero jugar como usted y hacer los trucos que usted hace... !son maravillosos!

Tai se sorprendió por la petición, aunque la idea no sonaba para nada mal. El soccer siempre había sido su pasión pero jamas se le había pasado por la cabeza el ser entrenador. Seguro que era muy divertido, y aquella niña era una prodigio, no podía permitir que su talento se desperdiciara.

A la niña se le hacían eternos los minutos que el tardó en responder mientras se lo pensaba.

—Esta bien, acepto.

La niña explotó en una sonrisa, de hecho ella sentía que jamás había estado tan emocionada como lo estaba en aquel momento.

Del bolsillo del castaño sono su telefono movil, rompiendo con aquella atmosfera. Tai rapidamente sacó su celular, era Hikari.

—Hermana... Oh si lo lamento, me entretuve en el camino... No, no estoy perdido... Yo puedo regresar solo... Si, si no te preocupes ya voy para allá... Vale, adios.– Colgó y se dirigió a ella, que se acababa el helado de un ultimo mordisco al cono. —Tengo que irme, ¿te parece si vienes a entrenar mañana?

Ella asintió con la cabeza.

—Muy bien, mañana en esta misma cancha a la misma hora.- explicó.

–Si.- ella se levantó de la banca de un brinco para irse a casa.

—¡Hey, espera¡ ¿Cual es tu nombre?

—Megumi. Ishida, Megumi.- dijo haciendo una reverencia.

Megumi... El habia escuchado aquel nombre antes, al oirlo pegado a Ishida un escalofrío recorrio su espalda. Quiso preguntarle el nombre de su padre pero entonces ella...

—Se hace tarde, tambien tengo que irme. ¿Cual es su nombre?- preguntó ahora Megumi.

—Yagami Taichi... Pero llamame Tai.

De nuevo ella solo asintio con la cabeza y se marcho dando pequeños saltitos.

Tai se quedo ahi viendola estupefacto. Ishida, Ishida, Ishida... El apellido sonaba como un eco interminable en su mente.

El destino le jugaba una terrible broma en su primer día en Japón, definitivamente. Ishida es uno de los apellidos mas comunes en todo el país. ¿Cuales serían las posibilidades que ella fuese hija de Yamato y Sora? Prácticamente nulas.

Se sintió como el mas grande de los tontos por darse esperanzas con algo tan banal como aquello. Sacudió la cabeza para despejar la mente y partió hacia el lado contrario.

Megumi... Le gustaba ese nombre.


Si bueno, se que es super parecido al capitulo anterior. Pero amo tanto los reencuentros! Ademas esta megumi difiere mucho de la megumi pequeña. En la introduccion respondí a una pregunta que me hicieron en los reviews. ¿Tai no se ha casado? Pues no y ya ven por que :)

realmente me habia dado cuenta que en muchos fics la mayoría de ellos describen a Tai solo, porque se ha muerto la esposa, o que se divorcio, o que le gusta vivir la vida loca, o que la madre de sus hijos es una prosti, Hahaha pero en si en pocos fics suena Tai con una novia o una esposa. En fin, a mi tampoco me hacia gracia inventarle una novia o esposa, no puuude. Hahahaha

En fin, asi son las cosas. Lamento que la historía vaya tan lenta pero ya pronto toooodo saldra a la luz, para bien o para mal. Quien sabe jejejeje.

Un enorme saludo a todas mis reviewers! Bienvenidad Genee y Bienvenidos a los nuevos followers, mil gracias!

De nuevo un saludo enorme y nos leemos pronto!

30-Nov-12