Hola a todos! les traigo otro capitulo un par de días antes de la fecha ¿qué tal?, como siempre muchísimas gracias a las personas que siguen y dejan sus comentarios, me gusta mucho ver que les agrada. Antes de que lean tengo un par de anuncios, la historia en cuanto a trama constaría de unas 33- 35 capítulos en total, pero los quiero reducir porque quiero hacer los capítulos mas prolongados, aunque esto lo comenzaría a hacer entrado agosto, por mientras quiero reducir el tiempo de espera entre cada capitulo, si bien era de 14 días, ahora lo quiero hacer la espera de 10.

Antes que se me olvide, las personas que me preguntaron sobre mi otra historia segunda oportunidad, les contare que ocurrió con ella. Resulta que tenia escrito toda la linea temporal y distintos antecedentes que iba a desarrollar en la historia, ademas de varios capítulos escritos, pero llegó un primo y se las dio de hacker y bey bey computador, no pude recuperar absolutamente nada de mi computador, y no lograba acordarme de todo lo que había hecho, ademas como me enojo rápido mandé todo a la mierda. Si bien me gustaría retomarla, por ahora no, tengo dos proyectos activos con los que estoy trabajando y prefiero culminarlos antes de embarcarme en otro.

Bueno eso es todo. Enjoy!

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Capitulo once

"Febrero"

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A pesar de que sabía a ciencia cierta que Harry trataba de que no leyeran el profeta ni ningún periódico, de igual forma estos llegaban a sus manos, y aunque en una primera instancia se había molestado por el querer tenerlos apartados del mundo exterior, por otro lado podía entender la preocupación del moreno.

Le sabia amargo como todos los días, sus padres o los familiares de los otros reclamados salían en el periódico, los estaban acosando para obtener alguna opinión, algún comentario contra los Potter. Ninguna familia había hablado por más que los instigaban, por lo que se pudo dar cuenta, los únicos que habían aceptado hablar era los gemelos Weasley, pero los periodistas salieron trasquilados, ya que los gemelos, en vez de hablar les jugaron bromas bastantes pesadas, y de largas consecuencias, según un periodista, amenazándolos de que dejaran en paz a su familia.

También se hacía cada vez más frecuente alguna columna o artículo en donde hablaran de los Potter, y aunque esto no era raro, si lo era el que ahora los periodistas parecían cada vez más osados y ya no escribían en un tono neutro o insinuante, sino que ahora derechamente los acusaban.

Rita Skeeter era la que más festejaba con esta inusual situación. Siempre hablaba de "sus fuentes", y que según ella eran muy confiables. En resumidas cuentas ella hablaba de que Harry los ocupaba para descargar sus impulsos sádicos, y hay que decir que la mujer tenía mucha imaginación y era perturbadoramente descriptiva, y que esos bajos instintos eran tan insaciables que esa era la razón de la cantidad de reclamados en poco tiempo.

".debemos estar preparados, el joven Lord Potter ha demostrado un hambre inusual por todo tipo de depravaciones. Según mis fuentes, que lo han visto con sus propios ojos, hace que sus reclamados utilicen collares y los hace caminar a cuatro patas, como si fueran animales. Roguemos que el sacrificio de esos jóvenes calme sus ansias y permita que el resto de la comunidad mágica logre conservar a sus hijos….. "

En verdad tenía imaginación aquella mujer. Dobló el periódico y fue a deslizarlo por debajo de la puerta de Grenger, la chica le había pedido que cuando obtuviera algún periódico se lo prestara. Él no tenía inconvenientes en hacerlo, por ello, después de leerlo, deslizaba el profeta por debajo de la puerta de Grenger, aunque ella no la utilizara mucho, casi siempre estaba metida en la habitación de la comadreja.

Comenzó a bajar por las escaleras, observando el paisaje fuera. La nieve ya no era tan densa, el invierno se estaba yendo y ya el verde comenzaba a asomarse por debajo del manto blanco, y junto con ello, enero estaba acabando y febrero entraba en su esplendor. Y con febrero llegaba san Valentín.

Paso junto a dos elfos domésticos, la elfina, vestida con un traje rosa, se reía coqueta a la vez que el elfo sacaba tras su espalda una pequeña flor amarilla. Los ojos de la elfina brillaron emocionados a la vez que chillaba emocionada ante el regalo, el elfo sonreía orgulloso de su resultado, aunque se acariciaba nervioso una de sus orejas. Cuando paso a su lado, ambos lo miraron e hicieron una reverencia para rápidamente volver a lo suyo

"Elfos sublevados" pensó.

Los elfos domésticos del castillo eran totalmente distintos del resto, eso había quedado claro desde que los vio a todos con sus uniformes impecables, nada de trapos viejos y harapos. Inclusive se había percatado que los elfos y elfinas poseían distintos uniformes dependiendo de lo que hacían. Los de traje negro con blanco, el típico de mayordomo y sirvienta, lo usaban los elfos que se encargaban del servicio directo con ellos y los que aseaban el castillo, habían otros que usaban trajes blancos, quienes trabajan en la cocina, había otros con trajes celestes que se encargaban del aseo de las habitaciones y sus ropas, y otros con trajes burdeos, aunque eran muy pocos, que siempre estaban en la enfermería, y por ultimo otros que usaban camisas blancas y jardineras cafés que se encargaban del cuidado de los jardines.

Pero nunca había visto a uno vestido de rosa. Así que mientras seguía su camino, daba de vez en cuando vuelta la cabeza para ver a la pareja de elfos que seguía coqueteando. No, nunca había visto a ninguna otra elfina usando ese traje.

De pronto su cuerpo colisiono contra otro, trastabillo hacia atrás pero unas manos lo tomaron por la cintura. Plata choco contra esmeralda.

-disculpa, venia pensando- se disculpó Harry sin soltarlo, las manos calientes de Potter le pusieron los cabellos de la nuca de punta.

-vaya, eso sería un milagro- respondió desembarazándose de las manos, queriendo evitar la sensación de vacío que dejo las manos de Harry sobre su cintura.

- antipático- le contratacó el otro con una sonrisa, pero pronto sus ojos se trasladaron a las dos figuras melosas rodeadas de corazones tras él- cada año- murmuro con una sonrisa mientras meneaba la cabeza.

- ¿que se ponen en celo en esta época?- pregunto mientras seguía a Potter por el pasillo, alejándose de los elfos.

-bueno, en verdad la mayoría de las criaturas mágicas tienen sus celos en otoño- dijo lentamente- Lidy y Dorby son simplemente melosos, especialmente si se acerca san Valentín.

Siguieron caminando por el pasillo hasta que llegaron a uno de los pasillos que daba por fuera de uno de los patios internos. La comadreja y Hermione estaban sentados en una banca, muy cercas y muy acaramelados. Demasiado cerca.

-se nota la llegada de la primavera, ¿no? -comento jovial Harry siguiendo de largo por el pasillo, Draco se dio vuelta justo cuando los tortolitos comenzaban un beso más o menos intenso- no queda nada para que comience oficialmente la primavera.

-¿le enviaras flores a tu novia?- pregunto venenoso. Harry lo miró con exasperación,

-ya te he dicho que no tengo novia- respondió monótono

- pero te gustaría tener una, especialmente si es la Weasley- continuo presionando. Su mirada fija en las expresiones de Potter, y es que recordaba a fuego las pocas veces en las que había pillado a Harry observando a la Weasley a través de su bola de cristal.

-deja el tema- le respondió hastiado el otro hundiendo los hombros.- si tanto te preocupa mi vida amorosa...

-oh ten por seguro que no me preocupa, Potter- Harry inspiro fuerte.

-como decía, si tanto te preocupa quizás debas salir con Sirius y Peter- arqueo las cejas interesado.

-¿salir a dónde?- pregunto, Harry sonrió ladinamente.

-pues a follar- estaba seguro su tono de piel bajo unos tonos apenas escucho eso, y lo más probable es que también había colocado una cara estúpida porque Potter sonreía encantado.

-¿a follar?- pregunto con voz ahogada, Harry asintió.

- claro, Sirius y Peter llevan aquí casi 20 años, ¿qué esperabas? ¿que se la jalaran todos estos años?- se rio entre dientes antes de continuar- de vez en cuando salen al mundo muggle a ligar, algunas pocas van a bares de magos, aunque ello es más difícil.

-¿no los reconocen?

-cambian su apariencia- respondió- un poco de glamour y listo.

-¿y tú has ido con ellos?- pregunto mientras sentía la boca acida, Harry se rio.

-claro que no, mi mamá nunca me dejo por ser menor de edad, además ellos van juntos pero llegan por separado- una sonrisa maliciosa se expandió en su cara, él lo miro dando por obvia la explicación- pero no es solo por eso- dijo - a veces se van cada uno por su cuenta.

- eso es un tanto patético- comento imaginándose a los dos hombres, cada uno en un bar sentado solo. Pero Harry ladeo la cabeza para mirarlo, algo en sus ojos decía que no era tan así.

- bueno, Peter aún guarda la esperanza de encontrar a su media naranja, y los muggles tienen muchos clubs para personas adultas solteras, así que no le cuesta mucho encontrar a alguien, además que el buen estado físico que tiene suma muchos puntos, a esa edad la mayoría ya se está dejando estar.

-¿y Sirius?- pregunto imaginándose al extrovertido hombre en un club para gente joven.

- pues él va a lugares más... excéntricos, donde es bueno ir solo- frunció el ceño girándose a ver al moreno, Harry parecía un poco abochornado y le corría la mirada. Una idea se comenzó a implantar en su cabeza.

-¿va a burdeles?- Harry negó inmediatamente con la cabeza.

-no claro que no, solo que a veces va a lugares más... alternativos- explico con simpleza.

-no, no te sigo- Harry suspiro derrotado.

-bueno digamos que a veces Sirius va a lugares exclusivamente para hombres- entrecerró los ojos sin entender, Harry parecía frustrado.- ya bueno, a veces, varias veces de hecho, Sirius va a buscar hombres en vez de mujeres y para ello va a clubes exclusivos.

- ¿va a buscar hombres?- pregunto, sin entender como eso podía ser malo como para provocar ese sonrojo en Harry- es natural, a veces uno necesita rodearse de su mismo género para conversar y esas cosas- se sintió un poco cohibido cuando vio que Potter lo miraba con grandes ojos incrédulos.

-¿tú crees que sale a buscar compañía masculina para charlar?-le cuestiono, se encogió de hombros despreocupado.

-¿y para que más buscaría compañía masculina?- los ojos de Harry no dejaban de mirarlo, es más, detuvo su andar posicionándose justo frente a él, con una ceja arqueada y un rictus de un intento de sonrisa en su boca, mientras las esmeraldas lo miraban como si quisieran que terminara la ecuación. Su pecho dio un palpitar fuerte a la vez que sentía su boca abrirse incrédula- me estás diciendo que... que él... ¿con otros hombres?- Harry cabeceo afirmativo- pe..pero ...¿pero cómo? ¿Por qué? No hay comparación, ¿qué puede hacer con un hombre?- tartamudeo azorado- a lo sumo, tocarse entre ellos o... chupársela- finalizo con la cara hirviendo de vergüenza, y para su horror Harry tosió, desviando la mirada y con las mejillas un tanto arreboladas.

- pues de hecho mucho, Sirius ha sido bastante grafico al explicarme- conto rascándose la nuca a la vez que cerraba los ojos y fruncía el ceño.

- pe..pero..pero...¿por dónde?- tartamudeó bajando el volumen de su voz- tu sabes- como respuesta Harry suspiro y con el pulgar apunto hacia su propia espalda, le tomo un par de segundos lograr conectar la idea- debes estar bromeando ¡es imposible! No hay manera de que eso quepa ahí- susurro entre dientes demasiado abochornado como para siquiera imaginárselo.

-Sirius ha comprobado que es posible- le respondió Potter, gimió hacia dentro cerrando fuertemente los ojos

Deberías ver lo que resiste un trasero.

-¡aaagghhh!- gruño recordando lo que les había dicho Sirius semanas atrás. Ahora comprendía todo, las miradas insinuantes, los comentarios, las sonrisas ¡todo!

¿Y si Sirius ya era sabedor de su secreto? Ese que ni siquiera le quería dar un nombre en su mente por miedo, eso que le hacía sentir mariposas en el estómago y fuego en el pecho. Recordó con pánico año nuevo y la ayuda que Sirius le había dado para que Harry rompiera su compromiso con Níniel. ¡Por supuesto que sabía!

Se llevó una mano al pecho mientras su respiración se agitaba y se tornaba irregular. Sirius sabia, Sirius sabe, y quizás desde hace cuánto. Por eso se acercó a él, por eso le miraba todo el tiempo, por eso le había dicho que estaba celoso, ¡por eso todo!

-ey, cálmate- sintió las manos de Harry sobre sus hombros y su mirada preocupada dirigida hacia su cara- estas hiperventilando, ¿Qué sucede?

-na..nada- se obligó a decir, inspiró profundo tratando de regular la respiración, pero aunque logró calmarse, el pánico no lo abandono.

-ey, que a Sirius le gusten los hombres no significa que vaya a hacerte algo- comento Harry, seguramente pensando que eso le preocupaba- sigue siendo el mismo de siempre.

-estúpido Potter- le espetó, golpeando las manos de un sorprendido Harry, para luego dar media vuelta y salir corriendo por el corredor, sin detenerse a pesar de los gritos del moreno tras su espalda.

Corrió por los pasillos sin parar, mirando en cada salón por el que pasaba buscando una cabellera negra y larga, ya se le estaba yendo el aliento cuando llego a la zona norte del castillo. Abrió de par en par las puertas de los salones de entrenamiento, hasta que en una, con una patada extremadamente fuerte, logró sobresaltar a Peter, que lo miró interrogante con sus ojos miel.

-¿pasa algo, Draco?- le preguntó el hombre mirándole preocupado.

-Sirius- logró mascullar entre sus jadeos, Peter formo una "O" con su boca antes de responder tranquilo.

-está en la sala al final del pasillo tomando una siesta- y con ello apuntó hacia una dirección. Draco cabeceo dándole las gracias y salió corriendo ante la mirada confundida del otro.

Esta vez no abrió las puertas de un portazo, se detuve frente a la madera, respiro hondo, y suavemente bajó la perilla. Dentro de la estancia, había una chimenea crepitando suavemente, las cortinas tapaban las ventanas, dejando a la habitación levemente en penumbras, y sobre uno de los sillones, la figura de Sirius dormía plácidamente.

Dudó un poco en si despertar al hombre o no, pero finalmente sus ansias y el pánico le ganaron. Se acercó mirando fijamente a Sirius, éste dormía de espaldas, con una mano sobre su estómago y la otra hacia atrás, dejando que la mano cayera por el brazo del mueble, su boca estaba levemente entre abierta y su respiración era acompasada. Le daba un poco de pena despertarlo, pero sólo un poco.

-oye- le espetó, golpeando con su palma la frente del otro. Los ojos azules se abrieron inmediatamente, un halo violeta cubriéndolos, y la mano que reposaba sobre el estómago rápidamente le apuntaba a él, con la varita en ristre. Se sorprendió por los reflejos del hombre, no pudo evitar dar un paso hacia atrás.

-pero qué….. ¿Draco?- preguntó calmándose, bajando la varita y mirándolo ceñudo- ¿qué sucede?- preguntó soltando un bostezo mientras se erguía en el sillón, flexionó las piernas, apoyando el brazo en el que aun tenía la varita sobre las rodillas, los pies sobre los cojines.- ¿necesitas algo?- volvió a preguntar alejando los mechones de su cara con una mano.

Draco se vio enmudecido momentáneamente, su mente quedó brevemente atrofiada ante la imagen frente a él. ¿Sirius siempre se había visto así? La melena azabache caía lacia por sobre los hombros del hombre, enmarcando su cara y sus facciones cuadradas, la barba de pocos días contrastaba bien con la piel pálida, y los ojos adormilados que lo veían de reojo nunca habían sido tan hipnóticos como en ese momento, entre la penumbra siendo ocasionalmente iluminados por los rayos que se colaban por las gruesas cortinas. Además de la pose despreocupada con la ropa desarreglada.

¿Sirius siempre se había visto así de…. guapo?

Enrojeció ante sus pensamientos. Cerró los ojos con fuerza al igual que sus puños mientras Sirius lo miraba curioso, sin entender que ocurría.

-¿quieres decirme algo?- aventuró. Draco entorno los ojos, con su cuerpo rígido por la presión.

-tu sabes- aseveró. Sirius arqueo una ceja sin entender- tu sabes- insistió.

-¿yo sé sobre qué?- Sirius bajo la mano que tenía apoyada en su cara para acompañar a la otra que colgaba de sus rodillas, irguió la espalda para mirar mejor al adolescente frente a él- porque yo sé sobre muchas cosas, pero necesito que seas un poco más específico.

-tu sabes sobre mí- Sirius resopló.

-más específico- canturreó. Trató de controlar su respiración ante lo desesperado que se sentía. Intentó una vez más.

-sobre mí y….- chasqueo la lengua llevando una mano a su pecho, evitó mirar directamente a Sirius. Pasaron los segundos y nadie dijo nada, con reticencia, Draco volvió la vista hacia la cara de Sirius, éste tenía una mirada que mezclaba la sorpresa con algo de duda, pero de pronto un brillo extraño apareció en sus pupilas, para después dar paso a una sonrisa ladina.

-oh…. Eso- murmuró jubiloso para mortificación de Draco- ¿y, que pasa con eso. Quieres consejos?

-¡No!- tosió un poco para encubrir su exabrupto, aunque a Sirius pareció no molestarle- quiero saber qué harás con esa información- el moreno lo miró con gracia.

-¿quieres que haga algo con esa información?- soltó una leve risita- Draco, exactamente a qué le tienes miedo ¿Qué le diga a Harry que lo quie…?

-¡no lo digas!- espetó abochornado, Sirius bufó.

-el que lo digas en voz alta o no, no lo hace menos real de lo que es- Se giró sobre el sillón, bajando los pies y sentándose correctamente- mira, si tienes miedo de que yo diga algo, despreocúpate. No diré nada, a nadie. Lo prometo. Además, me estoy entreteniendo bastante con ver todo este drama, hace años que no había nada entretenido en este castillo desde Tonks y Remus- el hombre volvió a soltar una risita, Draco suspiró exasperado, aunque levemente aliviado.

-entonces ¿no dirás nada?- Sirius negó- bien, porque en verdad yo no sé si…. Quiero decir….. yo no sé nada sobre eso, es decir sí, pero con mujeres, y todo esto….

-funciona prácticamente igual- soltó Sirius mirándole con gracia- si quieres consejos prácticos te los puedo dar, pero en sí, es exactamente lo mismo.

-bien- murmuro, mirando al piso un tanto aliviado. Aunque pronto el pánico lo volvió a invadir- ¡pero eso no quiere decir que yo esté interesado en Har… en nadie!- apretó los puños sabiendo lo ridículo que había sonado, pero Sirius no dijo nada, tan solo lo miró cálidamente y cabeceo afirmando.

-por supuesto que no- dijo suave, levantándose del sillón y rodeando sus hombros con uno de sus brazos- pero para cualquier cosa aquí está el tío Sirius.

Como generalmente hacía, quiso obviar la cálida sensación que le recorrió el pecho. Pero no pudo evitar que una sonrisa apareciera tímidamente en su boca.

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-vamos, Mione, no te enojes

-no me hables Ronald.

Draco no sabía qué estaba pasando, pero lo estaba disfrutando bastante. Ya era hora de la cena, y para sorpresa de todos, Granger decidió sentarse al otro lado de la mesa y no junto a la comadreja como era usual. Lo más entretenido era la cara mortificada del pelirrojo que suplicaba perdón a su novia.

-pero, mi amor….

-Harry me pasas las patatas, por favor- Harry se las dio inmediatamente, temiendo quedar inmiscuido entre esa pelea misteriosa.

-Mione….- Weasley ya tenía lágrimas resbalando por sus ojos mirando suplicante a la castaña que lo ignoraba con el mentón levantado.

-¿puedo preguntar qué pasa?- Remus hablo en un tono pacífico, con el que era casi imposible que alguien le respondiera de mala manera. Hermione suspiró enojada y respondió en un tono fríamente cortes

-Ronald cree que soy torpe.

-¡eso no es cierto!- gritó el pelirrojo, Granger le mando dardos helados con la mirada- solamente dije que no eras muy hábil con las tijeras.

-es decir que soy torpe.

-por favor mi amor….- lloriqueo el pelirrojo.

-¿y qué tienen que ver las tijeras?- preguntó Lily Potter mientras cortaba apaciblemente la carne. Hermione tensionó los labios antes de contestar.

-Ronald dice que el flequillo le ha crecido mucho y que le molesta, yo me ofrecí a cortárselo, pero…- la chica inspiró con rabia- me cree una torpe.

-mi vida yo nunca diría eso de ti- para esas alturas Ron ya tenía su cara apoyada contra la mesa mirando con ojos llorosos a Hermione mientras Neville le sobaba la espalda.

-oh, la juventud- la abuela Potter soltó una risa afable- mis niños, no deben discutir por eso, aquí en el castillo tenemos elfinas especializadas en ello.

-¿elfinas peluqueras?- preguntó Longbotton con una sonrisa.

-eso y más- respondió Tonks- hacen manicura y tratamiento faciales, sus manos son especialistas para dejarte como nuevo- sonrió de oreja a oreja batiendo su tenedor- deberían ir todos, de vez en cuando está bien mimarse.

-cariño- llamó Dorea mirando a su nieto, Harry asintió.

-mañana los llevo- dijo el moreno.

Aunque el show entre Granger y Weasley duró hasta el día siguiente, el cual disfrutaba enormemente, quedo sorprendido cuando después de almuerzo Harry los llevó a los cuatro a una amplia sala que no tenía nada que envidiar a los salones de brujas a los que su madre frecuentaba.

La estancia, de un bello color crema inmaculado, adornado con muebles de una tonalidad levemente más oscura, y sillas y sillones de tonos pasteles, hacían ver la habitación luminosa y amena. Junto a los grandes ventanales del fondo había un conjunto de sillones y sitiales con una bella mesita de centro color crema, y una alfombra felpuda de color café claro, cerca, había una barra, que exponía una pequeña cocina con una gran máquina de café y una fina y elegante porcelana siendo exhibida. Por el lado derecho habían tres grandes sillas acolchadas frente a una larga mesa con un espejo igual de grande, y cuando le dieron la vuelta, si dieron cuenta que había otras tres exactamente igual por el otro lado.

De pronto, aparecieron cuatro saltarinas elfinas que vestían con trajes rosas.

-amo Harry- dijo una, siendo coreada por las otras tres, y en perfecta sincronía, hicieron una elegante reverencia.

-chicas, les traigo a mis reclamados- Harry los apuntó con sus manos, y una de las elfinas le brillaron los ojos cuando posó su mirada en la maraña que era el pelo de Granger- los dejo en sus manos.

-por supuesto amo Harry, no se preocupe- Una elfina fue corriendo y tomó con sus huesudas manos una de las suyas y lo arrastró hacia una de las sillas.

A pesar de su reticencia, debía admitir que la elfina había hecho un buen trabajo, había casi rapado su nuca, dejando el cabello largo a medida que subía, para finalizar en algunos mechones que caían sobre su frente. Lo cual, para él, era un cambio, siempre había llevado la frente despejada emulando a su padre, pero el cambio le gustaba.

A Neville no le habían hecho mucho, sólo retocar su corte de cabello, mientras que a Weasley le recortaron al frente y a los costados, pero el cabello detrás de su cabeza se lo dejaron largo. Obviamente nunca diría en voz alta que aquel corte favorecía al pelirrojo, antes muerto.

Granger fue otro caso, ella no dejó que las tijeras se acercaran a su cabello para frustración de la elfina que la atendía, pero permitió que la elfa le hiciera un tratamiento capilar. El cambio era obvio, ya no era una maraña de rizos crispados, ahora eran rizos más o menos definidos, y el cabello hasta se le veía más castaño de lo normal.

-te ves bien, Hermione- le había halagado Longbotton, la chica chasqueo la lengua incomoda.

¡oh! Tan poco femenina que era.

Febrero alcanzó sus primeros cinco días cuando Lily Potter lo fue a buscar a su clase con Sirius. Podía decir orgulloso que ya estaba manejando más o menos bien eso de extrapolar su magia, por lo menos ya daba saltos fluidos, aunque correr era otra cosa, seguía tropezándose con sus propios pies.

-Draco, cariño- le dijo la pelirroja una vez lo llevó a una pequeña sala, con su mano le ofreció asiento que él tomó, la mujer se sentó frente a él abriendo la carpeta que llevaba en sus manos- han sido enviados los resultados de tus pócimas- dijo alcanzándole una hoja- has salido con un extraordinario en todas excepto una, aunque un supera las expectativas es igualmente bueno- los ojos esmeraldas refulgieron con esa felicidad innata que siempre llevaba la mujer consigo- sin embargo, yo creo, corrígeme si me equivoco, que quisieras tener un resultado perfecto para avanzar a la siguiente etapa en tu maestría, así que pedí una prórroga, puedes entregar nuevamente la poción en una semana para una nueva evaluación.

-¿Quién me está evaluando?- preguntó tras un silencio mientras inspeccionaba las anotaciones que le habían dado a sus pócimas. La pelirroja sonrió enigmática mientras mecía un dedo frente a su nariz.

-secreto, secreto- canturreo.

La pócima en cuestión, tenía cuatro días de reposo antes de agregar el ultimo ingrediente, así que al día siguiente, mientras Longbotton contaba fascinado como había podido desbloquear el primer punto de presión, se escabulló de la manada Gryffindor, y se fue a su laboratorio, porque sí, ya lo llamaba su laboratorio, nadie, además de vez en cuando la señora Potter, lo utilizaba, así que se había apropiado de la sala.

Le encantaba estar ahí, nadie iba, nadie lo molestaba, sólo estaba él, con el olor de los ingredientes y el crepitar de la llama bajo el caldero. En cierto modo le entregaba una paz que le era esquiva casi todo el tiempo; esos locos e irracionales sentimientos que bullían dentro suyo, porque había sido lo suficientemente maduro como para admitir que no eran simples sensaciones, sino sentimientos que se estaban desarrollando y que lo tenían con un nudo en el estómago constantemente, es decir, ¡hasta sentir lo que sentía por Granger era más lógico que esto!. Además debía sumar la sombra que cubría con cada día que pasaba los ojos de sus padres. Cuando los veía a través de la bola de cristal de Harry sentía temor por lo que los ojos de sus padres mostraban, profunda tristeza, pero también algo más, algo más oscuro que ya le ha quitado el sueño un par de noches.

Mientras rebanaba un escarabajo, no pudo evitar pensar en cómo sería su vida de ahora en adelante, en ese castillo. Sabía que podía irse si lo pedía, el problema es que no quería irse, por alguna extraña razón se veía atado al castillo, algo le decía que debía permanecer ahí, que ahí mismo era donde debía de estar, y por mas vuelta que le daba al asunto, no podía ver cómo podía desarrollar su vida ahí adentro.

-pones una cara graciosa cuando haces pociones- dio un brinco sobre sus pies a la vez que empuñando el cuchillo hacia dónde provenía la voz, una mano cálida le detuvo por la muñeca- ey, buen ataque.

La sonrisa acompañada con las esmeraldas lo entumeció unos segundos.

-¿Qué haces acá?- le espetó en cuanto reaccionó, volviéndose a la poción.

-te estaba buscando- Potter se dio la vuelta alrededor del mesón y se sentó en una silla- desapareciste de repente.

-no me interesa escuchar los avances de Longbotton y Granger- arrojó con innecesaria brusquedad el escarabajo a la poción. Harry sonrió.

-lo puedo deducir, pero quizás lo siguiente te guste- las esmeraldas brillaron tras las gafas- como bien sabes, el próximo año es el mundial de quidditch- asintió levemente- pues bien, a fin de mes comienza la final nacional- su cabeza se ladeo ligeramente hacia la voz de Harry- y bueno es un gran evento, y los Potter tenemos asientos preferenciales, y obviamente, sus reclamados.

Trató de que en su cara no se mostrara la emoción, pero el vislumbrarse en uno de los eventos deportivos más grandes del país le hacía remecerse de emoción. La final nacional, que se celebraba un año antes del mundial, más que el campeonato en sí, era para decidir qué jugadores se convertirían en el plantel oficial que defendería Inglaterra en el mundial.

-¿te interesaría asistir como mi reclamado?- No tuvo que darle una respuesta, con sólo conectar las miradas Harry sabía cuál era.

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Cinnia ronroneaba sin parar mientras se frotaba contra sus piernas, meciendo su larga cola negra de un lado a otro mientras que sus dorados ojos lo observaban con un inusitado amor. Suspiró por enésima vez mientras le acariciaba el lomo. Parece que a todos les había afectado la llegada de San Valentín.

Hermione y Ron se la pasaban de melosos, después peleaban por alguna idiotez, y seguían melosos. A Neville se le había dado por contar lo inusitadamente bella que había encontrado en el último tiempo a Hannah Abbott, y ni hablar de sus padres o de Remus y Tonks, últimamente era muy difícil encontrarlos, Peter había resuelto su falta de pareja saliendo casi todas las noches a buscar a su media naranja, y Draco se veía inusualmente molesto e irritante, por lo menos más de lo normal. Sirius era cuento aparte, parecía muy feliz y murmuraba cosas raras, algo sobre la chispa del amor o algo así.

Arrojó el librito que tenía en las manos sobre su cama, dejando ver un par de fotografías con unas cruces sobre ellas, suspiró agotado y optó por echarse sobre la cama. Cinnia no perdió tiempo y se acostó sobre su espalda, ronroneando y amasando con sus patitas su suéter.

Debía tomar decisiones, decisiones importantes, y aunque toda su vida se preparó para cuando llegara éste momento, ahora no podía cumplir su rol como debía, porque día y noche le perseguían los mismos ojos inquisidores.

Suspiró derrotado, no sabía qué mierda estaba sintiendo, era tan raro, le gustaba pero le desagradaba. Eran como gusanos moviéndose por entre su pecho, con sus viscosos cuerpos retorciéndose dentro de él. ¡Iugh!, esa imagen le dio asco.

Sacudió aquel pensamiento frotando su cara contra el cobertor nuevo que los elfos habían colocado esa mañana, olía a menta. Sus mejillas se sonrojaron al recordar que la última vez que había tenido un olor a menta bajo su nariz, pero ese olor tenía un toque especial, que le hacia hipnotizante, como una droga, y venía acompañado de un sedoso cabello rubio.

Gruñó molesto. Su corazón palpitaba acelerado y sus mejillas se tornaron un poco más rojas. Odiaba esto, odiaba estar sintiendo todo lo que sentía, odiaba que todas las mañanas la primera imagen que le venía a la cabeza fueran unos ojos grises, odiaba que su corazón saltara cada vez que lo veía, odiaba seguir con su mirada cada movimiento que hacía, odiaba sentirse ansioso cuando lo veía, y odiaba aún más que cada vez que iba a buscarlo con cualquier estúpida razón, se sintiera adormecida por la calma que la cercanía de Draco le proporcionaba.

Sabía que era lo que le pasaba, ya una vez le había pasado con Cho Chang, y tal como lo hizo aquella vez, no podía permitir que esos sentimientos afloraran. Sabía que no era correcto, partiendo por lo básico, Draco era un chico, al igual que él, y por Sirius sabia el prejuicio que existía hacia los magos y brujas que tomaban esta opción. Segundo, Draco era su reclamado, y aunque sus reclamados no eran conscientes de ello, la magia se encargaba que lentamente se generara una lealtad inquebrantable entre ellos, y por consiguiente, ninguno de sus reclamados le negaría nada, y lo último que quería es que Draco se viera obligado a corresponderle. Y por último, estaba el pequeño detalle que él era el único heredero Potter, y tenía un deber con su familia, generar los próximos herederos.

Suspiró levantado la cabeza del cobertor, Cinnia se había bajado de su espalda y ahora estaba sentada sobre la tela frente a él. Los ojos dorados de la gata resplandecían.

-¿qué hago, Cinnia?- preguntó en un tono lastimero, podía jurar que la gata estaba sonriendo por como su boca se había estirado- ¿te diviertes con mi sufrimiento?- la gata maulló levemente y Harry supo que la respuesta era sí.

Estiró una mano para acariciar a Cinnia, la gata dejó que sus dedos acariciaran un costado de su cara. Esa hermosa gata negra había sido un regalo de sus padres cuando cumplió cinco, apenas si era una gatita diminuta que dormía todo el día y mordía sus pies cuando estaban descalzos. Por lógica, ella ya debía estar muerta, o tan vieja y decrépita que no podría moverse, pero se habían enlazado, Cinnia era una gata mágica, y él era su "familiar", sus vidas estaban entrelazadas y podían llegar a un nivel de comprensión que otros no entenderían. Cinnia estaría con él hasta el final de sus días.

-¿Qué crees que deba hacer?- la gata abrió sus ojos mirándolo fijamente, preguntándole con su mirada- me refiero a Draco, al próximo reclamado, a todo. No sé qué hacer.

La gata parpadeo un par de veces antes de dirigir su mirada hacia la libreta abandonada a uno de sus costados. Harry tomo el cuaderno y le mostró una de las páginas, la gata lo miró dudando un poco.

-sí, aun no es tiempo, ¿no?- la gata cabeceo. Harry giro el libro para mostrar una nueva página. Cinnia meneo la cola mientras sus ojos apreciaban la fotografía frente a ella- sí, yo también pensé que él sería una buena opción, lo llamaré en una semana más, o algo así- la gata cabeceo secundándolo.

Harry marcó la página y dejo el libro a un lado, cruzó sus brazos bajo el mentón y miró fijamente a la gata, Cinnia imitó su mirada seria.

-ahora, lo que sigue- dijo- Draco, ¿qué debo hacer con él?

Para su sorpresa y horror, Cinnia viró los ojos al cielo mientras soltaba un exagerado bufido, para terminar mirándolo con una cara que claramente transmitía "¿me estas jodiendo?", para finalmente levantarse con su cola bien erguida y salir de la habitación.

-¡Cinnia no me dejes, necesito respuestas!- Lloriqueo, pero Cinnia ya se había ido.

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Continuará.