Un saludo cordial todas las personas que siguen éste fic, que en efecto, ya anda en sus capítulos finales así que espero le haya gustado la trama del mismo.
Paso a agradecerles todos sus comentarios y su apoyo, aprecio mucho su paciencia y sus opiniones.
Incluye líricas del tema de B. Adams, "Everything I Do".
Espero le guste y de antemano agradezco sus comentarios.
Saludos!!!
… … * … …
Capítulo XI
"Dime si no es amor"
El silencio incómodo en el que estaban envueltos se vio roto por el pelinaranja, quien con rígida mirada la observaba.
-"Si no quieres morir torturada, dime cuales son los planes de Aizen"-
-"No lo sé… Mis ordenes sólo se limitaban a liquidarte"- Musitó con dificultad la morena, aunque bien Aizen le había mencionado sus planes, seguramente estos habían cambiado por completo a no haber cumplido con la misión y además a sabiendas de que era prisionera del Gobierno.
Ichigo la miró, la sangre que corrían por sus venas enardecía al escucharla decir sin ninguna clase de miramiento cual había sido su orden, liquidarlo… Le traía de nuevo esos recuerdos, todo lo que ella hizo para ganarse su confianza y buscar la forma de aniquilarlo, aunque afortunadamente logró darse cuenta a tiempo… eso creía, cuando la realidad era muy distinta.
-"Tu misión era liquidarme… ¿no?... entonces toda maniobra que hiciste estaba ligadas para ese fin ¿o me equivoco?"- Aunque el rencor empezara a consumirlo, en el fondo tenía la pequeña esperanza de que las cosas que ella había hecho no estaban del todo vinculadas para lograr su cometido, quería pensar que había hecho algunas cosas por su propia voluntad, porque su corazón se lo dictó.
Rukia se aventuró a levantar la mirada, con sus ojos zafiro titilantes enfocó su atención en él, era evidente el dolor que estaba sintiendo, no sólo por las heridas que su cuerpo había recibido sino también por esa arisca actitud del pelinaranja, ¿porqué le trataba tan mal?...
-"Al principio… sólo al principio… pero eso fue cambiando poco a poco… gracias a ti"- Empezó a sincerarse, en esos momentos lo que más necesitaba era que Ichigo conociera la otra cara de la moneda, que sus acciones no se dejaran guiar por sólo el lado inicuo, que se atreviera a ver los grandes y positivos cambios que él había hecho en ella.
-"No me digas mentiras…"- Aún se negaba a creerlo, ella le estaba dando respuestas muy ambiguas pero ambas colmadas de falsedad.
-"¡¡No te estoy mintiendo!! ¡¡Acepto que al principio hice todo lo posible para captar tu atención para así ser más fácil liquidarte pero… tú… con tus detalles, con tu forma tan dulce de tratarme… eso fue cambiando!!"- Le respondió a gritos, sintiendo como de sus mejillas resbalaban varias lágrimas, y la voz se le quebraba, era un tremendo sufrimiento que él no pudiera comprenderlo.
-"¡¡¿Y porqué habría de creerte?!! ¡¡Como sé si lo que dices es la verdad!!"- Ichigo también se exaltó, por diferentes lados que lo viera, no encontraba nada de lógica en las acciones que la pelinegra era autora. No podía creer sus argumentos, que su forma de tratarla la hizo cambiar, pues no parecía, si no sus dos subalternos más preciados seguirían vivos. Era otra mentira más en su repertorio.
Kurosaki se acercó azarosamente, sus pasos resonaban en cada rincón del sitio, y tan pronto las plantas de sus pies se detuvieron al flanco izquierdo de la morena, inclinó su cabeza a la altura de ella y le musitó:
-"Dame una buena razón por la cual tengo que creerte, porqué todo lo que haz ocasionado apunta hacia otra dirección…"-
Su mano trémula la dirigió hacia la mejillas del pelinaranja, acariciándola suavemente, sus ojos lacrimosos se posaron en su rostro, con un dejo de dolor lindando con el cariño se detuvo a contemplarlo… buscando las palabras correctas que le hicieran vislumbrar la realidad.
-"¡¡¡Si te perdoné la vida… Si te salvé… Todos esos riesgos que tomé fueron por ti…. Porqué te amo!!!"- Estaba alterada, sus ojuelos zafiro nuevamente dejaron al descubierto su tristeza al verter algunas lágrimas, sus labios temblaban así como sus manos por la impotencia que sentía, esa era la forma más directa en que podía decirle las razones de su actuar… -"¿Es que acaso no lo entiendes?"- Acotó la morena al ver como Ichigo no reaccionaba.
Mírame a los ojos, tú verás
Lo que significas para mí
El pelinaranja se quedó mudo ante la declaración de la morena, en lo más profundo se sentía feliz al saber que ella le guardaba fuertes sentimientos, pero el rencor y la rabia tenían un peso mayor en su forma de ver y percibir las cosas, estaba completamente confundido en como pensar y como actuar…
Busca tu corazón - busca tu alma
Y cuando me encuentres allí no buscarás más
-"'¡¡Debiste matarme cuando tuviste la oportunidad, así me hubieras evitado muchos problemas, confusión y dolor!! ¡¡Lo que sientas o dejes de sentir por mi ahora ya no me importa!!"- Vociferó el pelinaranja quitando la mano de la morena bruscamente, mirándola con desprecio, se levantó con rapidez dándole la espalda, iniciando su marcha hacia la salida, ya había tenido suficiente.
-"¡¡No me digas que no valió la pena!! ¡¡Dime si no es amor todo lo que hecho por ti!!"- Gritó fuertemente la morena, con su rostro cubierto de lágrimas, con el corazón completamente destrozado, llena de dolor y escasa de esperanza, mientras veía como el hombre que amaba se retiraba y la dejaba de nuevo sumida en la oscuridad y el sufrimiento.
No me digas que no vale la pena
No me puedes decir que no vale la pena
Tu sabes que es cierto
Todo lo que hago - lo hago por ti
Ichigo cerró la puerta tras él, se recargó en ella completamente abatido, sintiendo una opresión en el pecho debido al dolor, el cual incrementaba al escuchar los sollozos de la morena… Ese punzante dolor en su corazón le estaba martirizando, odiaba tratarla de esa forma pero el engaño era un obstáculo que su orgullo no podía dejar pasar por alto, cuando sintió su cálida mano acariciar su rostro deseó con todas sus fuerzas acunarla entre sus brazos, pero las ordenes eran ordenes y por mucho que la amara tenía que acatarlas.
Tomó aire, levantó la mirada y la enfocó hacia el frente, con determinación se encaminó de regreso a los pasillos del cuartel, tenía muchas cosas en que meditar y un gran favor que pedir.
La noche había arribado la ciudad y junto con ella las luminosas estrellas y la luna con su pálida luz que se colaba por aquella abertura que servía como único contacto con el exterior, se escuchaba el cantar de los grillos y un silencio que le traía la melancolía.
Tal y como se encontraban las cosas sentía que la esperanza finalmente se había esfumado, el hombre que le había enseñado a amar la despreciaba por sus actos subversivos que iban en contra de lo que él creía, las palabras sinceras y el amor declarado ya no tenían valor y lugar en la vida de Ichigo, por más que intentara él había dejado claro que nada sobre ella le importaba después de lo sucedido, el rememorar la escena de la mañana era un terrible sufrimiento que la acongojaba, no podía dejar de pensar en ello y tratar de asimilarlo, pero su obstinado corazón quería creer que todo lo dicho por el pelinaranja sólo habían sido palabras que se quedaban en el viento pero no representaban lo que en verdad sentía… por esa razón no se dignaba a declinar.
De pronto escuchó que la puerta se abría, dejando pasar a dos personas, una de ellas traía consigo un par de candelabros, así como un canasto lleno de algunas cosas, y la otra cargaba con un gran tinado de madera, Rukia apenas podía apreciar las siluetas de aquellas personas, aparentemente era dos mujeres.
-"Traeré el agua…"- Dijo una de las mujeres.
-"Está bien… Ten cuidado"- Fue la respuesta de la otra chica, la morena reconoció la voz de ella, sin duda alguna se trataba de Orihime, quien caminó hasta donde la morena y puso en puntos estratégicos ese par de candiles para que alumbraran parte de aquel recinto, acomodando en alguna parte aquel gran canasto.
Ninguna de las dos dijo nada, sólo se limitaron a esperar la llegada de la otra mujer, quien varios minutos después arribó el lugar cargando dos cubetas de agua, las cuales fue a verter en aquel tinado.
-"Listo… ¿Segura que no necesitas ayuda?"- Inquirió la otra mujer antes de marcharse.
-"No, gracias. Lo haré yo sola"-
-"En ese caso, ten cuidado de que nadie te descubra…"-
Orihime sonrió ligeramente, la otra dama se escabulló del lugar con sumo sigilo, dejando tanto a la morena cautiva como a la pelimarrón dentro de aquella cúpula.
-"Te traje agua caliente, algunos ropajes… para que puedas asearte…"- Dijo Orihime mientras sacaba algunas vestimentas del canasto.
Rukia la miró detenidamente, conmovida por lo que esa mujer estaba haciendo por ayudarla, no sólo se esforzaba también ponía en riesgo su vida, no era correcto auxiliar al cautivo.
-"Gracias…"- Musitó la morena, Orihime le sonrió dulcemente, acercándose a ella para desatar sus pies, ayudándola a incorporarse y a que se deshiciera de lo que le ataviaba, de forma que su desnudo cuerpo se adentrara a las cálidas aguas.
Lavó su cabellera, su rostro, su cuerpo entero quedó libre de impurezas, Orihime le entregó algunas batas para que se cubriera, incluso notando sus heridas las sanó con sumo cuidado, Inoue era mujer de noble corazón, y aunque se le acusara de muchos cargos, ella creía saber lo que había detrás de todo, sospechaba de las razones por las cuales no había cumplido con su misión de asesinar a Ichigo, además si él despreciara tanto a la morena no le habría pedido su ayuda para lo que en esos momentos realizaba y algo le hacía creer que podía hacer algo al respecto… ser ese lazo que pudiera unir de nuevo los corazones de la morena y el pelinaranja.
Pasaba de la media noche cuando lo que vieron sus ojos al abrir la puerta fue su rostro, era una visita inesperada y que desconocía en gran parte las razones. Con cuidado a que nadie pudiera descubrirlos, la invitó a pasar y estando encerrados entre las cuatro paredes se dedicaron a hablar.
-"¿Terminaste con lo que te encargué?"- Preguntó Ichigo quedamente, tratando de sonar rígido.
-"Sí. ¿Porqué la lastimas?... Ella realmente lamenta todo lo que hizo pero…"- No logró continuar con las palabras pues el pelinaranja la interrumpió.
-"Ella no tuvo piedad al lastimarme… ¿porqué habría de pasarle por alto todo lo que hizo?"- De repente la ira se apoderaba de sus pensamientos, que regresándole el dolor ocasionado podría darse una idea los efectos.
-"Ella me dijo hace minutos que… al principio sus ordenes sólo estaban restringidas a aniquilarte… pero conforme te fue conociendo y por la forma en que la tratabas sin querer se enamoró de ti… por eso declinó en su misión y te protegió… ¿pero que haz hecho tu a cambio?..."- Las palabras de Orihime fueron como un golpe, ella tenía mucha razón pero… ese era su trabajo… no podía tener preferencias ante nadie, ni con Rukia…
-"Quiero ayudarla… pero no puedo, no tengo nada a su favor… Además aún me duele lo que me hizo… estoy tan confundido… no sé que hacer…"- Se llevó las manos a la cabeza, nuevamente esa sensación de desesperación comenzó a aquejarlo, sintió como la mano de la pelimarrón se posaba en su hombro y quedamente le decía:
-"Claro que puedes… yo te ayudaré…"- Sus miradas chocaron por algunos instantes, Orihime pudo ver un brillo especial en su mirada, uno que reflejaba la esperanza, Ichigo por su parte sintió la calidez arribarle el alma, una especie de calma que los vocablos de la pelimarrón le regaló, tenía una idea, un plan que esperaba rindiera frutos.
Sólo se presentaba ante él para entregarle sus informes relacionados al Departamento que lideraba, sin embargo ésta ocasión estaba varado frente a sus puertas con un plan bien definido en la mente, gracias a Orihime había encontrado una salida viable a la confusión por la que estaba transitando su mente y su corazón, sólo faltaba la contraparte que quedaba en completa decisión del Comandante General.
-"Pasa Kurosaki"- Dijo el longevo hombre de rango mayor, invitándole a adentrarse a sus aposentos, el pelinaranja seriamente acató y estando ambos confinados entre las cuatro paredes, se dispusieron a discutir los asuntos que según Ichigo, eran de suma urgencia resolver.
-"Investigué a la mujer que mis hombres capturaron hace dos días"- Introdujo a palabras con semblante serio, uno que resultara convincente al mayor.
-"Qué arrojó su investigación"- Quiso saber el veterano Yamamoto, inmutable en su actuar.
-"Esa mujer responde al nombre de Rukia, 24 años de edad, cortesana de alto rango de la casa Tachibana en el distrito de Shimabara, no tiene ninguna clase de antecedente relacionado al grupo de La Oposición o delitos referentes"- Aunque Kurosaki sabía la verdad, y lo que sus labios soltaban era mentiras que creía tan piadosas como peligrosas, sólo para poder salvarla de un rumbo directo a la muerte.
-"¿Ya ha corroborado esa información?"- Yamamoto era un hombre difícil de convencer, por ello necesitaba tener la certeza de los datos.
-"Personalmente me dediqué a tener certeza de ello. Puede confiar en la veracidad de los datos"- Ichigo lo decía con voz tan segura, incluso su forma de dirigirse y cada ademán derrochaba innegable certidumbre.
-"Pero hay algo que no me queda claro"- Para Yamamoto, Ichigo era uno de los líderes de la policía del Gobierno más confiables, debido a su código de honor y carácter podía decir que era de los hombres que nunca pensaría y mucho menos trataría en traicionarlo. Pero incluso, el Comandante tenía un duda que necesitaba fuera despejada antes de tomar un veredicto respecto a la morena.
Ichigo tragó saliva con dificultad, al menos esperaba que le permitiera interrogarla directamente, si no habría graves problemas para ambos, pero con temple aguardó a su duda.
-"Si ella no está ligada al asunto que nos concierne, ¿porqué fue hallada con indumentaria y armas que toda kunoichi debe portar?"-
Respiró profundo, guardó la calma, procesando las preguntas y pensando en una lógica respuesta que no le pusiera en tela de juicio.
-"Respecto a eso, se le preguntó a la cautiva, ella declaró ser víctima de un engaño por parte de un hombre miembro de La Oposición, quien la frecuentaba en el distrito rojo"- El argumento sonaba lógico, si ella había sido víctima de un engaño, viéndose amenazada y obligada a hacerse pasar por una kunoichi, siendo en sí la carnada, entonces no había cargos que imputarle pues tampoco existían pruebas contundentes.
-"Ya veo… ¿Entonces cuál en su veredicto final?"- Inquirió Yamamoto, tal cuestión tomó por sorpresa al pelinaranja, esperaba que la condición de la morena la determinara él, pues era el Comandante General.
-"Disculpe el atrevimiento pero ese tipo de decisiones están en sus manos Señor"- Acotó Kurosaki aún impactado, el veterano imperturbable le miró fijamente.
-"Está equivocado, usted como líder del Departamento de Inteligencia, tienes entre sus responsabilidades tomar decisiones acertadas en éste tipo de asuntos. Se hará lo que usted diga, entonces… ¿Cuál es su veredicto?"- Las palabras le cayeron como balde de agua fría, quizás se precipitó demasiado que lo había olvidado, pero daba mayor seguridad si él lo aprobaba.
-"Digo que esa mujer es inocente"- Dictaminó, esperando que no se le refutara la decisión.
-"Entonces así será. Pida a sus hombres que sea puesta en libertad"- Por las palabras del mayor, no había existido ninguna clase de inconveniente, era aprobado su laudo.
Con miradas de complicidad y acatamiento, se despidieron.
Al salir del recinto, Ichigo puso sentirse con un peso menos encima, había sido difícil conllevar sus emociones y sensaciones, de forma que su actitud no pusiera en peligro el veredicto. Ahora Rukia no podía decir que no le había ayudado, por él ella estaría puesta en libertad pero… ¿y sus sentimientos?... ¿podría volver a confiar?... Eso el tiempo lo decidiría… o quizás más pronto de lo debido.
Con la frente en alto caminó por los pasillos del cuartel, en dirección hasta los edificios del Departamento que dirigía, allí también les daría las explicaciones y ordenes necesarias, aunque sería él, quien personalmente le daría la noticia a la morena.
Estaba un poco más tranquila, ya se había acostumbrado a ese estrecho recinto, a que el sol entrara por un pequeño recoveco y la luna hiciera lo mismo por las noches, lo único que tenía por hacer era el pensar, sumirse en lo más profundo de sus cavilaciones, aparentemente todo estaba mal… pero su corazón seguía testarudo a la idea de que Ichigo probablemente aún la quería pero no se dignaba a demostrárselo por el orgullo y el deber, ambos eran factores difíciles de rehuir.
De pronto la puerta volvió a abrirse, dejando pasar a aquel pelinaranja, quien observó a la morena que cabizbaja se encontraba, le enternecía encontrarla así, quizás era momento para demostrarle que a pesar de todo, sus sentimientos no había cambiado en lo más mínimo, así que se acercó a ella y se puso de cuclillas, quedando a la altura de su rostro, Rukia por su parte al percibir esa cercanía comenzó a temblar por nerviosismo, su corazón empezó a palpitar imperioso, aún se sonrojó cuando le entrevió…
Ichigo tomó el mentón de la morena, pidiendo ver sus ojos zafiro, se hundió en la belleza de los mismos, dándose cuenta que ella, aún siendo una kunoichi, tenía la capacidad de derretir su corazón, sin pensarlos dos veces, fue acercando sus labios lentamente a los de ella, percibiendo su aliento y su respiración, ella no parecía estar en condición de rechazar ese roce, de hecho un dejo de alegría la sucumbió al adivinar lo que el pelinaranja busca encontrar en sus labios, cuando sus ojos entrecerrados estaban, a instantes de unir sus labios, alguien entró estrepitosamente en la celda.
Provocando un pasmo en la pareja, Ichigo se separó de ella al instante, mirando azorado la entrada, donde un subordinado suyo se encontraba.
-"¡¡Señor, La Oposición está avanzando a donde el Emperador Kōmei!!"- Vocifero el exaltado hombre, después de sus palabras le sucedieron llamados de alerta hacia todo el cuartel.
Ichigo quedó pasmado, el enemigo estaba dispuesto a atacar directamente al Emperador, dentro de sus deberes se encontraba evitarlo en conjunto con sus hombres y los demás escuadrones.
-"¡¡Dile a los demás que se preparen, vamos hacia allá!!"- Dictaminó, al instante aquel sujeto corrió con el propósito de entregar el recado, dejando nuevamente a solas al pelinaranja y a la morena.
Ella le miró preocupada, con sus ojos titilantes puesto en su rostro, no podía evitar sentirse melancólica…
-"El Comandante General ha determinado dejarte en libertad…"- A penas el mensaje llegó a sus tímpanos y sus ojuelos reflejaron la sorpresa que sentía, azorada le miró, ¿Cómo había sido posible eso si había tantas pruebas que indicaban su culpabilidad?... No entendía porqué las cosas estaban cambiando de rumbo, no merecía el perdón…
-"Inoue se encargará de ti… yo me tengo que ir"- Le dijo a la morena, apoyando su mano en el hombro de ella, sin embargo la pelinegra aprovechó para acariciar la mejilla del chico con suma delicadeza, mirándole con suma ternura, murmurándole palabras que servirían como un aliciente para volver con vida.
-"Cuidate mucho que yo te estaré esperando"-
¿Dime qué ves aquí? ¿Dime si ves amor?
¿Dime qué piensas? ¿Qué siente tu corazón?
Ichigo le sonrió levemente, pasando a besar las palmas de la morena por un instante, ahora sentía que estaba recuperando la calma, como si tuviera de regreso el cariño de la morena, el simple hecho de tenerla cerca le llenaba de vitalidad, quizás ahora era más probable tener una vida a su lado y lucharía por ello.
Sin ninguna clase de miramiento, la abrazó fuertemente, uno que ella correspondió con sutileza, manteniéndose unidos por algunos momentos, uno que llenaban de dicha y a la par de nostalgia, despidiéndose temporalmente… Se separaron un poco, sus miradas chocaron acompañadas de un leve sonrisa, al momento Kurosaki fue alejándose con dirección fija… dejando a Rukia de nuevo en soledad, pero con más sentimentalismo desbordando de su ser… de ahí en adelante aguardaría a que el destino volviera a unirlos, si es que así lo quería.
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