Siento tardar mucho en publicar. Es que me tomé un pequeño descanso en Navidades, aunque estuve muy ocupada con un fic navideño que me ocupó mucho tiempo. Sorry. Disfruten de este capítulo y espero que haya merecido la espera para ustedes :3 3


CAPÍTULO 10

POV Jack

"Busca gente que colabore contigo en tu causa. Cuantos más colaboradores tengas, más fácil te resultará liberar esta ciudad". Esas fueron las palabras que Ezio me dijo antes de que yo saliese de nuestra guarida (sí, al final mi casa es nuestra guarida de Asesinos). Menos mal que tengo la ventaja de que conozco a todos y a cada uno de los habitantes de Halloween Town y tengo pensado a quienes buscar para que me echen una mano: los hermanos vampiros, el hombre lobo y las brujas. Los primeros serían unos expertos en infiltración gracias a su capacidad de transformarse en murciélago. El hombre lobo tiene una fuerza increíble, lo que me sería muy útil con enemigos muy grandes. Respecto a las brujas, siempre viene bien un poquito de magia para salir de un apuro. Me había enterado por fuentes externas que el hombre lobo estaba encerrado en las mismas mazmorras de las que yo salí un año y medio antes, así que sería mi primer objetivo.

Tras mi encuentro con Sally fui directo a aquel oscuro edificio lleno de celdas, eso sí, por los tejados, algo muy sencillo para un Asesino como yo, ya que tenía el factor de las sombras a mi favor para no ser visto por nadie.

No duró mucho tiempo hasta que me situé en una alta torre enfrente de las mazmorras. Cogí carrerilla para alcanzar, de un salto, una ventana de la que conseguí agarrarme. Me dispuse a entrar por aquel hueco cuando vi a un guardia acercándose a la ventana, lo que hizo que me volviese a colgar rápidamente de ella, temiendo que aquel guardia me hubiese visto. "Por favor, pasa de mí", pensaba, con los nervios a flor de piel. Entonces escuché la voz del guardia:

-Qué raro, creí haber visto a alguien por aquí. Bueno, serán cosas mías.

Suspiré aliviado antes de mirar por encima de la cornisa. ¡El maldito guardia seguí ahí! Y no parecía que se fuera a ir.

-Espero que sepas volar –murmuré para mis adentros antes de impulsarme para clavar mi hoja oculta en la espalda del guardia, agarrarlo y lanzarlo hacia el vacío.

Mientras oía los gritos del guardia en su caída, entré por la ventana al interior del edificio con cuidado, ya que aquel sitio estaba más que infestado de guardias. Me escondí tras una esquina cuando escuché pasos y voces pertenecientes a dos soldados que hablaban entre ellos:

-¿A qué viene esa cara?

-No sabes lo duro que es vigilar al hombre lobo. Tratas de parecer autoritario pero luego tienes un miedo horrible que te carcome el alma porque no sabes que va a hacer esa cosa. Menos mal que cambié el turno con Marco. Él es quien tiene ahora las llaves de la celda de esa horrible criatura.

Tras obtener aquella información tan útil pensé en buscar al tal Marco y quitarle sus llaves. Cuando pasaron los guardias por mi posición, me pegué a la pared mientras contenía la respiración. Para mi fortuna, los soldados pasaron de largo. Salí de mi escondite y puse en marcha mi vista de águila, buscando un blanco dorado, quien era mi objetivo que debía permanecer vivo. No pasó mucho hasta que encontré el hombre a quien buscaba. Me acerqué por la espalda del guardia y, mientras le tapaba la boca, le asfixié hasta dejarlo inconsciente. Cogí las llaves y abrí la puerta de la celda. Por desgracia, unos guardias me vieron. "Genial, ¿y ahora qué hago?", pensé. "Por Dios, Jack, ¿serás idiota?" Cogí una bomba de humo y la estrellé contra el suelo formando una nube blanquecina que dejó a los guardias cegados. Aproveché para intentar sacar al hombre lobo de allí.

-¿Qué haces? –me preguntó el licántropo.

-¿Tú qué crees? ¡Te estoy sacando de aquí! –le respondí mientras le agarraba del brazo- Y date prisa. Ese humo no dura eternamente.

-Déjame en paz, ¿quieres?- dijo mientras se soltaba bruscamente.- Estoy bien aquí.

-¿Qué de qué? Que yo sepa nadie está bien dentro de una celda.

-Eso mismo pensé cuando me encerraron aquí por haberme rebelado contra ese tal Oogie Boogie. Pero ahora pienso que al menos he salido vivo de aquella situación. Por eso prefiero quedarme aquí porque aunque esté encerrado al menos sigo con vida.

Cada palabra que pronunciaba el hombre lobo, a quien yo conocía como alguien impulsivo y lleno de impulsos animales, pero que se había convertido en un conformista, aumentaba una especie de rabia que crecía dentro de mí. "¿Será idiota?", pensaba, mientras apretaba los puños. Cuando terminó la última palabra no pude evitar estallar y le cogí del cuello de la camisa antes de estrellarlo contra la pared y escupirle estas palabras, furioso y fijando mi mirada en los ojos del hombre lobo:

-¡¿Eres imbécil o qué?! ¡¿Prefieres pudrirte en una cárcel antes que defender tus convicciones?! ¡Si me diesen a elegir, prefiero morir por una buena causa antes que ver cómo me comen los gusanos dentro de una celda! ¡¿Dónde está ese hombre lobo conocido por todos por su rabia incontenida y su inconformismo?! ¡Dime dónde está! Porque yo solo veo a un cobarde.

-¿De qué sirve ser libre si no estás vivo?

-¡¿Y
de qué sirve vivir si no eres libre?! –bajé un poco el tono de voz y añadí, con más tranquilidad- Mira, te he venido a sacar de aquí porque quiero que me ayudes a recuperar la ciudad. No te obligo, pero te estoy ofreciendo una segunda oportunidad de volver a ser libre. ¿Y tú la rechazas?

El hombre lobo dudó mientras yo le soltaba. Pronto obtuve respuesta:

-Tienes razón. No lo veía de esa manera. Mira, no sé quién eres pero algo me dice que debo confiar en ti.

-Pues deberías hacer caso a ese algo. –respondí con una media sonrisa.- Ahora tenemos que salir de aquí antes de que…

-¡Ahí está el Asesino! ¡A por él!

Al escuchar aquellas voces me volví y vi, frustrado, que el humo se había disipado.

-¿Me disculpas un momento' –pregunté al hombre lobo.

-No tengo prisa.

-Gracias.

Cuando me dirigí a los guardias una flecha vino hacia mí a toda velocidad. Tras esquivarla de milagro, logré ver al único guardia con una ballesta y, sin dejarle recargar el arma, le incrusté una bala entre los ojos a la misma vez que contraatacaba a otro guardia atravesándole el pecho con mi sable. Como distracción, arrojé el reciente cadáver contra el resto de guardias, que cayeron y dejaron el camino despejado.

-¡Esta es nuestra oportunidad! –exclamé.

El hombre lobo y yo salimos de allí. Pero nos encontramos en una especie de laberinto. Había muchas puertas, pero no sabíamos cuál era la correcta.

-¿Y ahora por dónde? –preguntó el licántropo.

Aquella era la ocasión perfecta para usar mi vista de águila y buscar cuál era la puerta que nos llevaría al exterior. Pronto vi una puerta que brillaba y dije, mientras la señalaba:

-Por ahí.

Estábamos a punto de alcanzar la puerta cuando se nos cruzó un enorme minotauro de más o menos tres metros y pico de altura. Estaba encadenado, llevaba una armadura que le cubría el torso, sus enormes brazos estaban llenos de cortes y quemaduras y empuñaba una gigantesca hacha. "¿De dónde sacará Oogie Boogie los minotauros?", pensé antes de esquivar un hachazo de la bestia mientras esta emitía un potente rugido. Entonces pude fijarme en lo indefensa que estaba la parte de atrás de la cabeza del monstruo y se me encendió la bombilla.

-¡Distráelo un rato!- exclamé al hombre lobo.

-¿Qué vas a hacer?

-Voy a acabar con esa mala bestia.

Me puse por detrás del monstruo a la vez que este ejecutaba otro golpe, esta vez hacia el hombre lobo, quien lo logró parar agarrando del mango del hacha mientras apretaba los dientes. No me equivocaba al pensar en la fuerza sobrehumana de ese tipo. "Ese es el hombre lobo que yo conozco", pensé al ver en los ojos del licántropo toda la rabia animal que le precedía.

Estuve buscando durante unos pocos segundos la manera de vencer al minotauro antes de fijarme en una pared que estaba detrás de la bestia. "Me temo que mi hoja oculta no podrá servir de mucho con esa monstruosidad de cuello", pensé antes de desenvainar mi sable. Corrí por la pared y me impulsé hacia detrás antes de subirme a la espalda del minotauro y clavar el sable por la parte posterior de su cabeza entre los hombros. Muerte instantánea. Me bajé de un salto de la bestia mientras esta se derrumbaba como un gigantesco muro. Mientras sacaba la espada del cadáver de la bestia, el hombre lobo me decía, impresionado:

-Vaya, acabo de recordar lo sanguinario que yo era. Y reconozco que tú lo eres más.

-Ya, –respondí tras sacar el arma, llena de sangre de minotauro, del macizo cuerpo sin vida- pero yo hago esto en defensa propia. Yo nunca disfruto de los asesinatos que cometo.

Enfundé el sable antes de agacharme delante del rostro del monstruo. Tenía los ojos abiertos y vidriosos y la lengua fuera de un hocico por el que asomaba un hilo de sangre.

-Sabes que no disfruto con esto. –murmuré al cadáver- Espero que encuentres algo mejor en el otro lado. Descansa en paz.

Entonces cerré los ojos del animal. Aquel gesto hizo que el rostro de la criatura pareciese más sereno.

-Vámonos. –dije, antes de abrir la puerta que nos condujo a la salida.

Cuando estábamos fuera y empezamos a alejarnos del edificio, el hombre lobo me dijo, sin dejar de andar:

-¿Puedo preguntarte algo?

-Dime.

-¿Por qué acabaste tan fácilmente y con tanta sangre fría con los guardias y sin embargo cuando mataste a aquella cosa te compadeciste de ella, no sé, como si te diese pena?

Me detuve y agaché la cabeza antes de contestar:

-Las cadenas, los cortes y las quemaduras.

-¿Qué?

-Estaba encadenado y lo habían torturado. No actuaba voluntariamente sino que le habían obligado. Aquellos guardias ya venían corruptos. Ellos disfrutan haciendo sufrir a sus víctimas, incluyendo el minotauro. Aquella pobre criatura no se merecía que le tratasen así. Digamos que su muerte ha sido una especie de liberación para él. Los verdaderos monstruos son los que le hicieron sufrir de aquel modo.

Tras aquellas palabras, ambos permanecimos en silencio. Agité la cabeza para librarme de mis pensamientos y pregunté al hombre lobo:

-¿Tienes algún lugar a dónde ir?

-Esos bastardos me lo quitaron todo.

-Pues estás de suerte. Te vienes conmigo a mi casa barra guarida. –respondí mientras ponía una mano sobre el hombro del licántropo.

-¿En serio?

Asentí con una sonrisa.

-¿Sabes? Tienes un gran corazón para ser un esqueleto. Y otra cosa, me has hecho el favor tan grande de salvarme la vida y no sé ni cómo te llamas.

-Puedes llamarme Jack. Y tú eres…

-Bill.

-Pues encantado, Bill. Y ahora te voy a presentar a algunas personas que te van a caer bien.


Muchas gracias por leer este capítulo de este crossover. Cada línea que escribo la disfruto al máximo. Les agradezco mucho a ustedes que sigan este maravilloso proyecto. No olviden comentar. ¡HASTA EL PRÓXIMO CAPÍTULO! :3 :3 3 3