Capítulo 11: El derecho a amar se gana
Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.
Hola!, me tardé lo sé, pero estoy atravesando por un ciclo no muy bueno y mías días suelen ser un poco erráticos, espero les guste el capítulo, es el último oficialmente de la historia, solo queda un pequeño epílogo que haré.
Nos leemos pronto.
Saludos!
Shaka rumió, dos estúpidos meses eran los que tenía mantenerse en cama, le fastidiaba, el no poder moverse, el estar casi postrado, y Saga, Saga era un maldito maniaco que en verdad no le dejaba hacer nada por su cuenta, estaba lesionado, nada más, ¡pero no!, Saga como siempre exageraba todo. La primera semana había pasado entre gruñidos y reproches, y como si no fuera suficiente tenía que aguantar por dos a Saga, hasta hace poco no conocía al gemelo del griego, pero Shaka descubrió que su hermano menor era tan fastidioso como el mismo Saga, ahora entendía el porqué de sus continuas y exageradas contiendas. Su acogedora y silenciosa casa repentinamente se había llenado de voces y ruido, no le desagradaba, pero si se le hacía extraño, estaba tan acostumbrado a su propia soledad que estar en compañía continua con el gemelo se le hacía insólito, pero también le gustaba, poco recordaba cómo era sentirse en familia, y el griego le gustase o no se había transformado en eso con el pasar de los años. Dohko y Shion también, lo visitaban continuamente, brindándole siempre una sonrisa y calidez., también comida decente evitando que muriese intoxicado por la mala cocina del gemelo, quizás ese era uno de los pocos defectos que tenía el griego, la poca mano que tenía para la cocina, gracias al cielo por recomendación de su gemelo Saga terminó por entender que no era bueno para su salud que él mismo siguiera procurándole los alimentos.
—Saga no me gustan las coles —dijo por tercera vez Shaka intentando mantener alejado el tenedor que Saga le tendía, para vergüenza de Shaka, Saga había adquirido la costumbre de alimentarlo, alegando que por su brazo lastimado no era una tarea que pudiera hacer con eficiencia, no le sirvieron de nada los ruegos y las quejas, el griego siempre se salía con la suya.
—¿Recuerdas lo que dijo el médico de las vitaminas y minerales que necesitas para fortalecerte? —pronunció Saga con un rictus severo.
Shaka tembló, seguidamente hizo una mueca viendo el despreciable alimento cocido y el pésimo olor que impregnaba la habitación, no es que estuviera haciendo un berrinche, pero de verdad odiaba las verduras cocidas y Saga no acababa por entender aquello. El griego terminó por rodar los ojos y dejó el tenedor y el plato que sostenía sobre un velador cercano. Como en cada ocasión que la testarudez de Shaka se hacía presente Saga se acercó con sumo cuidado al rostro del rubio, le sonrió coquetamente para luego besarlo con suavidad y entrega. Shaka nunca se negaba al toque, al contrario siempre parecía disfrutarlo con tanto ahínco como Saga. El término del beso siempre era el mismo, el griego sonriendo con suficiencia y Shaka con las mejillas encendidas desviando el rostro, pero con una actitud más colaboradora. Saga suponía que era una forma de Shaka de pedirle su cercanía sin caer en la acción de hacerle creer que lo había perdonado por completo, porqué si, a pesar de haber obtenido su perdón a través de palabras, Shaka le había hecho ver su descontento con algunas actitudes donde debía esforzarse más para obtener su cooperación. Pero a Saga no le importaba, más bien le causaba gracia la escueta resistencia que colocaba el rubio.
Los gestos de cariño, las caricias y los besos eran de todos los días, Shaka lo disfrutaba, aunque no lo admitiese. La presencia de Saga y las expresiones de amor que le otorgaba, lo hacían sentir querido, aunque todavía no lo hubiesen hablado expresamente, había algo ahí que no se podía destruir con facilidad.
Otra de las tareas cotidianas que más vergüenza el traía al rubio era el baño, el cual inevitablemente necesitaba de la ayuda de Saga por su escasa posibilidad de movimiento. Al principio fue una sarta de palabras y actitudes incomodas, pero Saga ya le había reiterado en más de una ocasión que había hecho más que solo verlo desnudo, Shaka se sonrojaba ante la sola mención de la noche que pasaron juntos, de mala gana aceptaba la ayuda del gemelo. Y así transcurría su día a día, en una grata, y hasta hilarante rutina, que parecía fuera de lo común pero con la presencia del otro se hacía sumamente placentera. La relación entre ambos iba creciendo más allá de un mero sentimiento que ambos se profesaban, lo que una vez faltaba en confianza y convivencia poco a poco iba desarrollando ante los ojos expectantes de todos. ¿Necesitaban palabras?, Shaka mientras pasaban los días estaba seguro de que no, pero lo suyo no quedaría completamente sellado hasta que aclarasen su situación, a pesar de que esta pareciera demasiado obvia, ¿Quién no amase como lo hacía Saga hacia Shaka tendría ese tipo de atenciones?
Dos semanas después una mañana de sábado todo comenzó a tener un caris diferente. Del pecho del rubio nacía una necesidad imperante de formalizar algo más con Saga, quizás nació de la irritación que sentía al recordar la llamada del día anterior que recibió Saga. "Aioros", le había escuchado responder, la sola mención de aquel nombre lo hacía cabrearse, comprendía que todo lo que tuvo con Saga fue una farsa, pero las caricias cercanas y los besos que se dieron no lo fueron, podía ser un amigo cercano del griego, pero no lo quería en sus vidas. La mala cara que le colocó al heleno durante el resto del día de ayer y su punzante molestia le hizo tomar una determinación, no podía mantener ese miedo patente cada vez que Aioros y cualquier persona intentase algo con Saga, no cuando sin mediar palabras ambos estaban construyendo algo.
Saga intentaba observar en silencio las muecas y gestos que Shaka hacia ante sus pensamientos, pero tenía la ligera idea de hacia dónde se dirigían estos, estaba molesto por la llamada que recibió de su amigo, si este tan solo supiera que estaba preguntando por su estado. Saga sonreía internamente ante la escena de celos nada disimulada que le otorgaba Shaka, esa actitud confirmaba que lo que Shaka sentía por él era más que verdadero, y ¿Cómo no serlo?, si fue capaz de perdonar las estupideces que hizo. Los celos que el rubio le prodigaba le agradaban, pero no podía dejar que aquel asunto aumentara en proporciones, necesitaba ser claro con Shaka para no llegar a formar nuevos malos entendidos. Quizás fuera hora de colocar en marcha la idea que hacía tiempo maquinaba por cortesía de cierta persona.
Por su parte algo similar pasaba por la mente del rubio, sabía que la situación entre ambos estaba por rebalsar y si no hablaban acerca de su relación lo que tenían podría desvanecerse.
—Saga —dijo Shaka intentando sonar casual mientras se acomodaba en su cama.
El griego se acercó a arreglar las manta del rubio, todo en una sincronía natural. Saga miró a Shaka expectante prestando toda la atención de la que era capaz. Pasaron los segundos y Shaka no estaba seguro de como abarcar el tema que lo estaba quemando por dentro. En su mente le parecía sencillo, pero los jades del gemelo siempre lograban intimidarlo.
—¿Qué es lo que sucede? —Saga intentó animar el habla del rubio, pero este seguía mirándolo sin emitir palabra.
—Yo…
—Siempre has sido alguien seguro, es extraño verte titubear —dijo el gemelo a modo de broma. Shaka frunció el ceño, él trataba de hablar de algo muy serio, y el idiota se burlaba.
—¡Saga! —Shaka rumió.
El aludido se carcajeó, el rubio era tan fácil de sacar de sus casillas, al menos esa faceta de ambos había vuelto.
—Después hablaremos —pronunció Saga con inusual seriedad, dejando su gozo de enfadar al rubio. Shaka iba a protestar, pero el gemelo lo cayó con un beso sorpresivo. Cualquier protesta que este tuviera fue dejada de lado, odiaba cuando Saga lo acallaba de esa manera, la sensación de sus alientos juntos, la tersura de sus labios y sus respiraciones agitadas revolucionaban sus pensamientos, incordiando su razón, en otras palabras, esa era la manera en la que Saga se salía con la suya.
—Quiero hacer algo, en ese momento aclararemos lo que tenemos pendiente —volvió hablar Saga una vez que se separó de Shaka. Este lo vio quedamente para asentir en silencio, no sacaba nada quejarse o protestar, pues Saga en esas semanas parecía siempre tener la última palabra.
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Con dulce brillo la luna iluminaba el cielo despejado de la noche, el viento fluía calmo contra las prominentes copas de los árboles, Shaka adoraba aquel paisaje, la naturaleza, el silencio, el viento danzando sin importarle nada más, algo idílico a su parecer. Más todo ese sosegado paisaje no era capaz de tranquilizar su alma. Saga había prometido hablar, pero la desazón que venía sintiendo la tenía desde el momento en que llegó al hospital. Saga le había dicho exactamente lo mismo "Después hablaremos", aquello solo hacia crecer su agonía, confiaba en Saga, pero su mente solía intentar racionalizar todo, no era sencillo vivir con eso día a día.
—Tan distraído mirando por la ventana cuando deberías estar en tu cama descansando —Saga susurró muy cerca del oído de Shaka haciéndolo estremecer, no se había percatado de la presencia de Saga en la habitación. Como un felino es busca de su presa, Saga podía ser muy silencioso.
—Saga —Shaka pronunció su nombre con sorpresa a la vez que volteaba su cabeza, Saga lo mira divertido mientras le otorgaba una traviesa sonrisa.
—Eres un muy mal enfermo Shaka —continuo Saga a son de broma.
Shaka frunció el ceño, odiaba estar en cama y Saga lo sabía, aunque fuese por su bien.
Saga se rio con fuerza ante los intentos del rubio por parecer intimidante, Shaka lo miró con recelo, pero terminó riendo con él, desde siempre ha sabido que es un muy mal enfermo, nunca le han gustado los hospitales y su eterno olor a vendas y desinfectantes, y por sobre todo odiaba tener que guardar reposo manteniéndose inmóvil, no había nada peor.
Saga después de que las risas hubieron cesado tomó con delicadeza el brazo del rubio para poder guiarlo hasta el lecho, Shaka hizo una leve protesta, pero se dejó hacer. Saga ya estaba acostumbrado a su renuente actitud. Como un esposo paciente se dedicaba a cuidarlo, aun cuando fuera en contra de su voluntad. Saga envolvió con seguridad y fuerza la cintura de Shaka con uno de sus brazos, mientras el otro lo utilizaba para poder apoyar cada paso que el rubio daba. Shaka por su parte se arrimó a Saga lo más cerca posible, le gustaba sentir el calor de su cuerpo y el suave latir de su corazón cuando aproximaba su oído cerca de su pecho.
Apoyándose del borde de la cama Shaka se sentó sobre el colchón para luego con dificultad poder subir sus piernas, un quejido silencioso acongojó a Saga, quien de forma inmediata asistió con mayor presteza a Shaka ayudándolo a acomodarse. Una vez que Shaka estuvo en la cama Saga arropó al rubio, el gemelo cada noche se aseguraba que su compañero estuviera cómodo y caliente. Eran parte de sus cuidados y como cada tarea que involucraba a Shaka quería hacerlo bien. La única fuente de luz de la habitación era la lámpara de cálido tono que yacía sobre el velador contiguo a la cama. Saga apagó la lámpara y trajo la penumbra hasta la habitación, debía dejar a Shaka descansar para lo que tenía planeado al día siguiente. Shaka parpadeó pesadamente, estaba cansado, más de lo que hubiera creído, la calidez y confort de las mantas lo envolvían con celo dentro de su nido de comodidad, pero quería algo más, a alguien más mejor dicho, quería pasar un momento de intimidad llana con Saga como una pareja manteniendo caricias y mimos solo por el cariño de estar juntos. Saga cada día mientras lo asistía le había procurado cuidados, pero ahora deseaba su cercanía intima, quería experimentar aquello que se había negado desde un principio, aquella sensación que sintió al tener a su lado solo con sus pieles desnudas, con el calor de sus cuerpos unos con otros, con sus respiraciones agitadas próximas.
—Saga... —dijo Shaka de manera vacilante.
El heleno que estaba a punto de salir de la habitación se volteó extrañado a ver al rubio.
—¿Qué sucede?
—Duerme conmigo esta noche —Shaka fue conciso y directo, Saga frunció el ceño.
—No puedo, debes recuperarte.
—Quiero hacer el amor contigo —continuó Shaka sin reparar en las palabras de Saga.
El griego suspiró, cuando Shaka deseaba podía ser tan cabezota como su hermano.
—No —fue toda la respuesta que le dio, iba a salir de la habitación, pero el ruido de las cobijas destapándose y los quejidos lo hicieron detenerse. Saga se resignó a la testarudez de su amado, debía ayudarlo a volver a la cama.
—¡Quédate conmigo! —habló Shaka severamente.
—Shaka…
—Solo quédate a mi lado, prometo portarme bien —Shaka desviaba su cabeza en un intento de esconder su vergüenza y necesidad palpable en todo su rostro.
Saga lo meditó, solo sería dormir a su lado, lo cierto es que él como hombre también anhelaba la cercanía de Shaka, pero hasta ahora había estado reprimiendo sus propios deseos en pos del bien del rubio, pero si este le pedía algo como aquello no podía rehusarse, no cuando tenía ante sus ojos tan tentadora oferta.
—Solo dormir —acotó Saga firmemente.
Shaka sonrió en victoria mientras se dejaba llevar de vuelta a la cama por el gemelo, por aquel día había cumplido su cometido de someter al heleno bajo sus propios deseos de mantenerlo cerca.
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El corazón se ilumina con la sola sonrisa de la persona que amamos, Saga jamás había creído en todo ese excelso romanticismo que se expresa en dulces y tiernas palabras, lo había visto con sus tíos, su propio gemelo y su primo, pero hasta que él mismo no fue presa del amor no había comprendido la opresión que se generaba cuando estas lejos de esa persona, ni como una apremiante emoción se apoderaba de tu mente y corazón al estar a su lado. El miedo había corroído cada parte de su ser al momento del accidente. Y su alma solo había vuelto a su cuerpo en el momento en el que pudo volver a presenciar el brillo en sus expresivos ojos.
Y ahora…, se había convertido en un empedernido enamorado que caía ante cualquier petición de Shaka. Convivir con el rubio día a día le había enseñado paciencia y tolerancia, orden y el esfuerzo de ganarse el perdón y la confianza de la persona amada, sabía que era demasiado lo que tenía que trabajar en sí mismo para mejorar como persona y para derribar cualquier prejuicio e ideas preconcebidas acerca de lo que es una relación duradera. Y no solo para él, el mismo Shaka se sabía primerizo, pero juntos y con el tiempo a su favor podrían sortear cualquier obstáculo.
Saga sonrió ante el cálido rayo de Sol que caía sobre su rostro. El día era brillante y la emoción embargaba cada fibra de su ser, el olor a café recién molido le parecía el más delicioso que nunca hubiera percibido. Lo que hacía el estar enamorado.
—Demasiado embobado —dijo seco Shaka.
Saga se giró sorprendido de no poder haber percibido al rubio.
—¿Cuándo…?
—Te he dicho muchas veces que no es para tanto.
—Tienes algunas costillas fisuradas y…
Shaka rodó los ojos mientras se sentaba con dificultad sobre una de las sillas cercanas de la cocina. Saga prestó mayor atención a la apariencia del rubio. Su cabello revuelto y su cara somnolienta, por más que dijera que se encontraba en óptimas condiciones habían tareas que no podía realizar solo.
—Por lo que veo no pasaste por el baño —decidió dejar el tema anterior.
Shaka gruñó, cuando se despertó sintió el lecho vacío, por lo que sin pensarlo demasiado se levantó en busca de Saga. Le gustara o no, le era imposible realizar algunas tareas personales sin ayuda.
—Tengo hambre —dijo esquivo el rubio. Saga sonrió, desde que vivía en el hogar de Shaka solía hacerlo con mayor frecuencia, pero no le importaba si lo tachaban de loco solo por enternecerse por los gestos huraños y esquivos del rubio, de esa manera lo quería.
Después de que Saga hubiese ayudado a Shaka con su aseo personal ambos desayunaron en un grato silencio. La calma y la seguridad los cubrió a ambos a pesar de todavía seguir con dudas acerca de su relación. Algo se construía entre ambos, algo sólido sin la necesidad de tener un nombre claro, solo eran ellos dos y el amor que sentían.
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A Shaka lo había tomado por sorpresa la disposición de Saga de salir de su hogar, desde que se hubo accidentado no lo había dejado colocar un pie fuera de la vivienda, pero aquel día parecía ser diferente. Algo en el semblante del griego se lo decía.
Cuando ambos estuvieron en el automóvil Shaka se atrevió a preguntar.
—¿Hacia dónde vamos?
—Un día de campo.
Shaka parpadeó intrigado, ¿Un día de campo?, ¿A que vendría todo aquello?
—¿Dónde…?
—Dijiste que querías hablar de nuestra relación, bueno pensé que no había nada mejor que conocieras a mi familia para darte a entender que quiero algo serio contigo como mi pareja.
¿Conocer a su familia?, Shaka se alarmó, Saga podía ser tan impredecible cuando se lo proponía. ¿Cómo se le ocurría llevarlo en esas condiciones y sin ni siquiera haberse arreglado lo suficiente?, cierto pánico comenzó a recorrer al rubio, conocía de primera mano lo importante que era para Saga su familia, en más de alguna ocasión deseo conocerlos, pero ahora y en esas condiciones no era lo más acertado. ¿Qué pensaría la familia del griego de él?, ¿Qué les habría dicho el mismo Saga?, en ocasiones el gemelo hablaba de más y…
Saga notó la repentina palidez que cubrió a Shaka. El griego no sabía si reír o preocuparse. Pero…
—¡Eres un idiota! —exclamó el rubio con molestia—. ¡Podrías haberme dicho a dónde íbamos!
—No creí que te molestaría —dijo Saga.
Shaka renuente desvió la mirada de Saga. —No es eso, es solo que…
—¿No quieres conocer a mi familia? —cuestionó con duda y cierta decepción el griego.
—No es eso —Shaka volvió a repetir mientras suspiraba—, es el nerviosismo, debiste avisarme, ¿Cómo se supone que debo actuar con ellos? ¿Me aceptaran? —susurró con timidez.
Saga se enterneció, así que lo que preocupaba era la aceptación de su familia.
—De seguro le parecerás encantador, créeme, quien debería estar asustado debo ser yo, mi familia es más extraña de lo que crees.
Shaka no quedó muy convencido, pero si algo más tranquilo, no se imaginó que el griego tomaría medidas como esa, pero decir que no le satisfacía el hecho de que Saga se preocupara de su relación sería mentir. Solo esperaba que todo saliera bien.
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Presentarlo con su familia fue idea de Kanon, cuando se le comentó Saga casi enloquece, por el manicomio que era su familia con su gemelo y con su primo. Pero sabía que un gesto como aquel solidificaría su relación Shaka y dejaría más que claro sus intenciones. Pero eso no evitaba que el terror lo apremiara, Kanon y Milo juntos era un verdadero ejercito de desastres, eso sin contar el bizarro sentido del humor de su tío Kardia, solo su tía, su madre y su abuela eran los más normales, aunque de todos su abuela era la que más temor infundía cuando se lo proponía.
Aquel día de campo resultó muy oportuno, ahora estaba dando un paso muy grande en lo que constaba en su intimidad. Dejar entrar a Shaka por completo significaba sentirse vulnerable y dejarle ver cada una de sus debilidades, pero con él valía la pena.
Fueron cuarenta minutos de viaje y cerca de cincuenta kilómetros fuera de la ciudad de Atenas. El paisaje costero y la gran vegetación que envolvía las cumbres le parecían muy hermoso al rubio quien era alguien muy apegado a los ambientes naturales. Jamás en todo el tiempo que había permanecido en la ciudad había circulado por esos lares, se había estado perdiendo de un muy bello paisaje.
Cuando el automóvil se detuvo frente a una apartada costa golpeada por un tranquilo océano el nerviosismo volvió a plasmarse en el rostro del rubio. Saga lo tranquilizó acariciándole los cabellos, ambos estaban inquietos, pero él debía encargarse de darle esa tranquilidad que necesitaba.
En silencio ambos salieron del automóvil, Saga escrutó el paisaje en busca de su familia, no tardó en localizarlos. Su madre y su abuela se hallaban juntas sentadas sobre una manta hablando. Más allá estaban sus tíos; su tía Idalia y Milo intentando controlar a su tío Kardia que dejara de incordiar al novio de Milo, su primo pequeño. No veía a Kanon ni a Mu por ninguna parte, eso no era buena señal, bien Kanon estaba preparándose para jugarle alguna broma de mal o gusto o simplemente no habían llegado, desde el compromiso de ambos en raras ocasiones se separan, mucho más por insistencia de su gemelo que por voluntad del tibetano.
—¡Kanon deja eso! —no muy lejos escuchó la voz alarmada de Mu, cuando volteó ya era demasiado tarde, un baldazo de agua fría había caído sobre él. Entre su enojo Saga agradecía no haber estado ayudando a Shaka en esos momentos.
Mu veía con temor el semblante molesto de Saga mientras que el gemelo menor plasmaba una sonrisa jocosa en su rostro a la vez que filmaba al empapado Saga.
—Esto irá al registro familiar —dijo como si nada Kanon, ciertamente el menor jamás olvido el incidente con el jabón y su alergia, su intuición seguía diciéndole que había sido obra de su hermano mayor, hasta ahora no había tenido posibilidad de vengarse dado todos los turbulentos sucesos, pero con las aguas más calmas se abría un horizonte de opciones.
Shaka por su parte había visto venir al gemelo por detrás, quiso avisarle a Saga, pero cuando abrió su boca ya era demasiado tarde, Saga estaba empapado desde su cabello a los pies. Ver a Saga todo desgreñado, con el cabello un poco revuelto y enfadado le causaba gracia, aquellos gemelos juntos eran un enorme peligro.
—Lo siento… —se quiso disculpar Mu con expresión culpable.
—Tú no tienes la culpa —habló Saga entre dientes mientras le dirigía una mirada amenazadora a Kanon—, sino este idiota —apuntó con su dedo al menor de los gemelo.
—¿Y qué harás para hacerme pagar Saga? —el griego mayor tenía el impulso asesino de corretear a su hermano menor por toda la rivera hasta alcanzarlo, pero no dejaría a Shaka a merced del resto de su desquiciada familia.
—Solo espera y ya verás Kanon —siseó Saga. Después de haber amenazado a Kanon Saga se aproximó a Shaka y lo ayudó a encaminarse hacia donde estaba su abuela y su progenitora, por el bien del rubio se calmaría, aunque las ansias de venganza quedarían latentes hasta que finalizase el día y obtuviese su oportunidad de cobrárselas.
Shaka giró su vista hacia el gemelo menor y el muchacho de cabellos lavanda que había llegado donde Saga, el de cabellos lavanda estaba reprendiendo al menor de los gemelos quien solo mantenía la cabeza agachada, pero sin quitar la sonrisa del rostro, aquello le hizo soltar una pequeña risa, aunque no lo creyesen esos dos gemelos se parecían en muchos aspectos, aquella escena le recordaba la infinidad de veces en las que había regañado a Saga por sus travesuras.
Con paso lento descendieron hacia donde estaban dos mujeres, su madre y su abuela le había dicho Saga en el trayecto, su madre…, hasta ahora solo había tenido contacto solo con el menor de los gemelos, y aunque no había tenido problemas relacionándose con este, le asustaba presentarse ante la progenitora del gemelo mayor, Saga adoraba a su madre y no sabía cómo reaccionaría este si no lograba agradarle, mucho menos si no lo aprobaba, hasta ahora jamás había dado luces de tener un relación con Saga y no sabía si este en alguna ocasión había hablado de su persona, solo esperaba que si lo había hecho no hubieran sido hechos nefastos como todo lo que había estado sucediendo. Shaka respiró fuerte a pesar del dolor que sentía al inspirar profundamente, necesitaba que su mente se concentrase en pensamientos más positivos y menos en el posible rechazo.
Por otro lado, Saga no tenía alguna duda que su madre llegaría a querer mucho a Shaka y que congeniarían muy bien, después de todo el rubio era la persona que él había escogido para pasar su vida.
Ambas mujeres levantaron la vista al ver llegar a Saga y Shaka, primero fue la sorpresa por ver a un empapado Saga, desconcierto que solo duró unos segundos teniendo en cuenta que estaba reunida toda la familia, con Kanon y Milo sueltos por ahí se podía esperar cualquier cosa, después toda la atención recayó en el accidentado Shaka, la mirada de Cyrene la abuela de Saga fue la más aguda de ambas, Saga se esperaba aquello de su abuela, siempre midiendo a cada persona que se involucrara con su familia. Y su madre, bueno ella estaba enterada de todo. Sabía cada detalle de su conflicto con Shaka y cada error que había cometido. Cuando le hubo comentado la situación, esta le brindó una conciliadora sonrisa y una mirada de apoyo, después de todo lo sucedido aquella calidez materna era lo que tanto necesitaba.
Shaka estaba nervioso, la fija mirada de la mayor de las mujeres estaba incomodándole, se sentía expuesto, casi como si estuvieran tasando su valor y sopesando si valía la pena. La mujer terminó por darle una intensa mirada para después desviar su atención hacia Saga, sintió que el gemelo trago, aquello no parecía buen augurio. Entre aquel lapsus de inspección la mujer suspiró, casi como si estuviera resignándose.
—Supongo que todos ustedes ya hicieron su vida —fue lo que soltó la abuela de Saga.
Saga se sorprendió ante sus palabras. Casandra sonrió entendiendo el sentir de su suegra. Los hijos crecían más rápido de lo que las madres quisieran.
—¿Y bien Saga? —apremió su madre.
El gemelo sonrió, sabiendo que todo estaría bien.
—Quería presentarles a Shaka, él es mi pareja —dijo sonrojándose el griego mayor.
Shaka quería hablar, pero las palabras se negaban a salir, y su estado de incapacidad móvil momentánea no ayuda. La madre de Saga se levantó desde donde estaba parada y caminó hacia el rubio, Shaka se quedó callado contemplándola, le pareció una mujer calma y hermosa. Al menos esa fue su primera impresión, pero…
—Mamá no intimides a Shaka —habló Saga repentinamente viendo el intercambio de mirada de ambos.
Casandra inmediatamente volteó para contestarle a su hijo.
—No te metas Saga, no estoy intimidándole, solo quiero hablarle.
Shaka parpadeó por el repentino cambio de humor de la mujer, ahora entendía de donde Saga sacaba su carácter.
—No me he presentado adecuadamente —dijo el rubio tratando de mantener la compostura, y no perder los estribos—. Como Saga dijo mi nombre es Shaka y bueno…creo que estamos juntos.
—¿Crees? —Casandra enarcó una ceja mirando a su hijo.
—Bueno… —Shaka intentó contestar, pero Saga habló en su nombre.
—No empieces madre, te conté que está pasando y…
—Aún no le aclaras tu situación —dijo severa la mujer—, a nadie le gusta esperar con dudas hijo, me sorprende que te aguante de esa manera, debe tener mucha paciencia para soportarte.
Shaka solo miraba la interacción entre madre e hijo. ¿Cómo se supone que tenía que reaccionar ante este tipo de escena?
Fue Saga quien acabó cediendo.
—Tienes razón —exclamó Saga, seguidamente se giró hacia Shaka y lo vio directo a los ojos—. Lo siento Shaka, por no haber sido más claro con lo que sentía y con nuestra relación. Casandra sonrió satisfecha por la acción de su hijo.
—Bien, con eso es suficiente se acercó a Shaka y con cuidado lo instó a sentarse con ella y la abuela de Saga—. En tu estado querido debes estarte cansando de pie, ven con nosotras y deja al energúmeno de mi hijo, en serio que esos dos gemelos son un verdadero desastre cuando se trata de relaciones personales.
Shaka decidió dejarse hacer, era eso o intentar entender, y tomando su experiencia con Saga como referencia la primera opción era la mejor.
Tanto su madre como su abuela se presentaron con una sonrisa, los nervios que Shaka había sentido en un principio se estaban desvaneciendo, la familia de Saga era muy curiosa, pero eran muy unidos, y el amor que había entre todos los miembros era obvio para él.
También pudo conocer al resto de la familia del griego entre ciertas bromas e insinuaciones, pudo percibir que el primo de Saga era idéntico a su tío en muchas facetas, y que eran sus parejas quienes siempre colocaban una gota de control en su infantil comportamiento, como él solía hacerlo con el gemelo mayor. Sonrió ante las palabras que le había dicho su suegra "Eres el sostén perfecto para Saga, solo tu logras poder domarlo"; él no lo consideraba de esa manera, pero la calidez y el entusiasmo que le produjo la aceptación de la familia del griego le hizo sentir un anhelo que hacía años no experimentaba, esa necesidad de convivir como una familia, y gracias a Saga ahora tenía eso y mucho más. Cada persona que había conocido aquel día se convertiría en alguien importante en su vida, los tranquilos jóvenes de Camus y Mu, los extrovertidos y descarados del hermano de Saga y su primo, el bromista de su tío, y su tía que lograba siempre calmarlo, y que no decir de la madre de Saga que era tan parecida a él. Y la abuela del gemelo mayor que actuaba como pilar en la familia, todo le recordaba a los sueños que alguna vez tuvo y hoy volvían con fuerza, pero no se sentía melancólico, sino con la certeza de que había encontrado su lugar a pesar de su orgullo y la renuencia de seguir su camino junto a Saga, a través de un amor que nació de ambos y que quizás no se expresó en las mejores condiciones, pero que al final acabó triunfando para darles el derecho de poder amarse libremente.
~FIN~
