Mejores Amigos

By Peace Ctrl

Capítulo Once: ¿Encontrados?

Todo el tiempo sabía dónde estaba, aunque ella tuviese un don para controlar su chakra –aún dormida- él estaba demasiado familiarizado con él –con ella- como para perderla de vista así como así. Y llegó un punto, las dos y media de la mañana, para ser más exactos, en el que todos se habían ido a dormir (léase, Suigetsu, Karin y Juugo) y él aún estaba esperando que ella volviese.

No era como si la fuese a ir a buscar.

Aunque sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo, puesto que su pequeño chakra escondido por instinto estaba tranquilo y se movía conforme a la respiración de alguien durmiendo.

Apretó los puños. Se había quedado dormida –aunque eso ya lo sabía- y en cualquier momento él también. Ni siquiera sabía por qué demonios la estaba esperando. Así que sin dudarlo más, se puso de pie y se desvaneció entre los árboles, recorriendo el kilómetro y medio que la separaban de ella.

No tardó más de algunos pocos segundos en encontrarla, en la rama de un árbol, bien alto. Se dio cuenta que desde allí podía ver el campamento –si es que podían llamarlo así- y las estrellas por igual. Su cabeza estaba gacha, enterrada entre sus rodillas. Inexpresivo, se le acercó, dispuesto a llevársela para dormir en un lugar seguro.

Se puso en cuclillas justo frente a ella y pudo oír mejor su respiración acompasada. Algo ronca. Estiró su mano para poner un mechón de su cabello rosado detrás de su oreja, pero se detuvo al sentir humedad en su mejilla. No sabía si fruncir el ceño o ensanchar los ojos, pero sus pupilas se dilataron. Llevó su mano con suavidad hasta su mentón, y lo levantó delicadamente. La luz escaseaba, pero logró activar su Sharingan y aprovechar mejor su visión para observar los rastros húmedos, que seguían brotando de sus ojos. Descubrió entonces que el corazón de ella estaba latiendo un poco más rápido de lo normal.

Ahora sí, frunció el ceño.

Tal y como se lo esperaba, ante el contacto, los ojos de Sakura se abrieron y le observaron atónita, asustada. Notó con algo de orgullo cómo su mano se deslizaba instintivamente hacia su porta-kunais, cómo se aferraba con fuerza a una de las cuchillas. Claro que relajó su agarre al ver aquellos ojos rojos.

-Sa-Sasuke –balbuceó-.

Mantuvo su rostro inexpresivo, aunque ella no podía notarlo porque estaba demasiado oscuro. Sus ojos eran lo único que resplandecía como para ser visibles.

-Sakura, –respondió, amablemente, apoyando su palma en su mejilla-, duerme.

Los tomoes del Sharingan giraron y cayó en el sueño de nuevo, esta vez, para no despertar en largo rato.

Sin dudarlo ni un segundo más, pasó una mano por debajo de sus rodillas y otra detrás de su espalda, y la alzó en sus brazos. Tal y como lo había hecho tantas, tantas veces. Se incorporó como si no pesase nada en absoluto, dejando que ella, somnolienta –dormida- como estaba, enredase sus brazos –molestamente- en su cuello, porque eso era lo que hacía cada vez que se subía en él. Había cosas que no cambiaban.

Cuando la dejó en su bolsa de dormir, tardó un poco en deshacer el agarre de su cuello, pero bastó con volver a repetir un suave "Duerme, Sakura" para que se soltase y se enredase en el grueso acolchado de la bolsa. La miró unos instantes antes de darse la vuelta e ir a la suya propia.

Por fin podían dormir todos al mismo tiempo. Karin había puesto en práctica un jutsu de vigilancia. Se despertaría si alguien atravesase aquella barrera invisible que había creado.

Miró hacia arriba, pero no podía ver las estrellas, las copas de los árboles eran demasiado espesas. Cerró los ojos y recordó las palabras de la pelirrosa horas antes. Mientras estaba dormida.

Él no era estúpido. Él sabía exactamente lo que había soñado.

Ella era la estúpida.

Había escuchado ese sueño tantas veces, casi tantas como ella lo había soñado. Y aún así ella se sorprendía de que él lo supiese. Estaba furioso.

Creer que tenía la culpa de su pelea con Naruto, ¿qué clase de idiotez era esa? Ella no tenía la culpa. Ella sólo había querido ayudar, y casi murió en el intento. ¿Por qué insistía en ese complejo de inferioridad que tenía? Le había permitido viajar con él por una razón, ¿no?

Pero no, no era en ese punto donde estaba el problema. El asunto viene de antes. Desde el momento en el que ella se inscribió en la Academia Ninja.

¿Por qué? Sin darse cuenta, apretó los dientes. Haruno Sakura jamás debió de haber sido una kunoichi. Un alma demasiado frágil, demasiado débil, demasiado bondadosa –y estúpida, según términos Uchihas- como para convertirse en shinobi –como para intentar serlo, siquiera. No tenía sentido. Si miraba todo objetivamente, podía ver cómo se estaba destruyendo a sí misma.

Y sabía que llegado el momento, tal vez, y sólo tal vez, ella no tuviese el corazón lo suficientemente duro como para hacer lo que era debido. Él lo sabía –y no importaban las veces que la hubiese visto matar a sangre fría, cómo reía cada vez que asesinaban a un chico malo, e incluso la seriedad y entereza que mostraba frente a situaciones difíciles-, el lo sabía. Tres años no alcanzaban para endurecer un corazón tan blando.

Pero lo hecho, hecho estaba; eso fue lo que aprendió luego de aquella noche en la que su propia sangre inundó sus manos y sus propios ojos lo amenazaron –sangre de su familia, ojos de su hermano. No había manera cambiarlo. Llegado el momento, ya vería lo que harían.

¿Qué hubiese pasado si yo no hubiese –

¿Qué hubiese sido de mi vida si yo hubiese –

¿Qué hubiese sido de ella si no se hubiese inscripto en la –

No. El hubiera, el hubiese; no existen. Sólo torturan.


Me di cuenta de que estaba despierta. Suspiré ante el hecho de que mi corazón no estaba latiendo rápido, y no estaba sudando, y no estaba nerviosa. Perfecto. Una noche sin pesadillas. Por lo general, las situaciones que vivía eran las que me llevaban a soñar aquellas cosas. Cómo aquella vez que Naruto halló el escondite de Orochimaru. Las pesadillas me acecharon por semanas enteras.

Gemí en placer al darme cuenta de que mi bolsa de dormir estaba caliente, y que no tenía frío. Agradecía a Sasuke por haberme traído. Ya tenía tanto sueño que no habría podido volver yo sola. Abrí los ojos perezosamente, notando que esta vez eran sólo Suigetsu y Juugo los que continuaban durmiendo.

Me senté lentamente mientras mis ojos se acostumbraban a la luz. Por la posición del sol, calculé que eran las nueve de la mañana. Maldije para mis adentros. Se suponía que partiríamos antes del amanecer. Salté de la bolsa, no había tiempo que perder. Busqué el chakra de Sasuke o de Karin, pero no tuve necesidad de terminar de concentrarme, pues estaban a unos cinco metros hablando encima de un mapa. Sonreí. Nada había cambiado. Nada había cambiado. Y eso era definitivamente bueno, al menos por ahora.

Caminé, comprobando con pesar que mis piernas estaban algo entumecidas por estar quietas, hacia ellos. Karin me sonrió y Sasuke asintió ante mí en señal de aprobación. Yo también sonreí. Mirando el mapa, pensativo, me ofreció unas rebanadas de fruta que tomé agradecida. Comí en silencio mientras observaba el mapa yo también.

-O sea que no puedes decirme hacia dónde fueron –dijo totalmente inexpresivo, aunque yo sabía, y él sabía, que estaba bastante molesto-.

-Lo siento, Sasuke –se disculpó Karin-. Se esfumaron totalmente. Ni siquiera estaban ocultando su chakra, y de repente… Adiós. Desaparecieron.

-¿Es esta su última ubicación? –pregunté, señalando con la mirada los puntos rojos. Karin asintió, y yo tragué el panecillo-. ¿Puede ser que tu barrera tenga algo que ver?

Karin ensanchó los ojos. Sasuke me miró expectante. Me mordí el labio, nerviosa; pero sonriendo orgullosa para mis adentros.

-Kakashi tiene el Sharingan –dije-, es posible que haya detectado la barrera y ordenado a todos que camuflen su chakra. Estoy más que segura que todos son más que capaces de hacerlo ahora, de seguro que más de la mitad ya son chuunins o jounins. Hemos de mantenernos alerta. Podrían estar en cualquier lado.

Sasuke asintió y miró a Karin.

-Haz lo que ella dice –le ordenó-. Quiero sondeos cada quince minutos en un radio de diez kilómetros. Sakura, despierta a Juugo y a Suigetsu. Ya estamos atrasados y tenemos que movernos.

Me puse de pie, y fue algo extraño hacer algo tan personal como despertar a dos personas que apenas conocía, pero lo hice de todos modos. En silencio, volví hasta mi bolsa y comencé a cerrarla mientras oía las quejas de Suigetsu, y las reprimendas Karin.

Por supuesto, Sasuke ya estaba listo y esperándonos a nosotros. Caminé hacia él y me detuve a su lado, mirando hacia los otros tres. Al menos Juugo sí estaba empacando eficientemente y en silencio.

De repente, Karin calló. Suigetsu sonrió arrogante y abrió la boca para volver a molestarla, pero la pelirroja se dio la vuelta y miró a Sasuke, aterrada; con sus ojos ensanchados y pupilas dilatadas.

-Alguien atravesó la barrera –gimió, corriendo hacia su bolso-.

Instintivamente, agucé mi sentido de detección de chakra y oculté el mío. También noté el de Sasuke y los demás desaparecer casi al mismo tiempo. No era nada comparada con Karin, pero el hecho de ser médica me daba una sensibilidad extra al chakra y podía sentirlo con bastante precisión.

Sentí el ruido de Sasuke apretando los dientes y mi corazón comenzó a latir más rápido mientras Suigetsu y Juugo imitaban a Karin y ponían sus bolsos sobre sus espaldas. Todos se acercaron al Uchiha expectando instrucciones, con las rodillas flexionadas, listos para saltar a los árboles en la dirección que él indicase.

No se movió. En lugar de ello, habló, y demasiado tranquilo para mi gusto.

-¿Cuántos? –inexpresivo, frío, calculador-.

-N-no lo sé. Sólo noté uno, pero lo más probab-

Ensanchó los ojos y no terminó la frase, y no tardé mucho en descubrir por qué. Su chakra era casi igual que antes, firme y macizo; casi como el de Sasuke. Me mordí el labio nerviosa (aterrorizada), mientras me abría paso entre ellos para verlo mejor. Sasuke caminó junto a mí.

Estaba frente a nosotros, no era una alucinación, podía sentir su chakra -¿acaso era estúpido? ¿Por qué demonios no lo mantenía oculto?

Su cabello rubio era más corto. Sus ojos azules eran más opacos, y su boca no estaba sonriendo. De hecho, sus dientes estaban apretados. Oh, y ahora él era más alto que yo.

-Naruto… -susurré, nostálgica-.

Me miró con algo que –dolorosamente- identifiqué como odio y no se molestó siquiera en sonreírme, y luego volteó hacia Sasuke.

Algo se rompió dentro mío, y hubiese querido ponerme a llorar allí mismo, pero sabía que no era el momento adecuado. Éramos ninjas renegados, y la misión de Naruto probablemente consistía en capturarnos –o aún peor, matarnos.

Mi instinto shinobi, a pesar de todo; se concentró en el comunicador y el micrófono que traía puesto, mientras sus ojos y los de Sasuke se entrecerraban y se fulminaban con la mirada mutuamente. Casi había olvidado su estúpida rivalidad. Naruto abrió la boca para decir algo, y rápidamente lanzé la kunai que casi automáticamente se había deslizado entre mis dedos.

Con presición milimétrica, pasó a dos centímetros de su cuello, cortando magistralmente el cable del micrófono, para luego perderse entre los árboles. Ni siquiera quería pensar en lo problemático que sería que pidiese refuerzos. Lo fastidiaría todo. Dos segundos después, pude ver sus ojos atónitos fijarse en mí al mismo tiempo que una pequeña gotita de sangre se deslizaba por su mejilla.

-Sakura-chan…

La decepción palpable en su voz casi me parte al medio. Bajé la mirada de sus orbes azules y la deposité en sus pies; un poco avergonzada.

-Sasuke, ¡déjala ir! –bramó con voz ronca-. Si quieres ser un maldito renegado hazlo –dijo resignado-. Pero no tienes que arrastrarla contigo.

Sasuke chasqueó la lengua y sonrió arrogante.

-No la estoy arrastrando. Piérdete, Naruto. Déjanos en paz.

Ensanché los ojos cuando se dio la vuelta y casi sonreí cuando comenzó a caminar en dirección opuesta. No habría enfrentamientos –o al menos, Sasuke no tenía intenciones de matar a Naruto; lo que me era suficiente.

Juugo, Karin y Suigetsu; que habían permanecido en silencio, probablemente sintiendo la tensión en el aire, también se giraron y siguieron a Sasuke, caminando a paso lento. Me lo estaban dejando a mí.

Aproveché que estaba distraído analizando a nuestro equipo –después de todo, era la primera vez que lo veía-, e hice un kage bunshin. Se escondió en los árboles que había detrás de él, y lo hice justo a tiempo antes de que me mirase a mí de nuevo.

Esta vez, estaba mirándolo a los ojos.

-Sakura-chan, por favor… -rogó-. Vuelve. Todos te estamos esperando. Por favor.

Bajé la cabeza y la meneé suavemente.

-Lo siento tanto, Naruto… -susurró mi bunshin detrás de él-.

Sólo tuvo tiempo de ensanchar los ojos antes de caer, inconsciente, sobre el césped.

Me di la vuelta y seguí a los demás. Bueno, pensé, eso no fue tan traumatizante como lo había esperado. Yo ya había pensado en lo peor, que acabase en una pequeña masacre. Pero Sasuke había cumplido con su palabra, había cumplido con su palabra; y eso valía muchísimo para mí. No me sentía mal. Le había ahorrado problemas a Naruto, aunque él no lo supiese.

Corrimos a toda velocidad durante unas tres horas y media, pero por suerte estábamos descansados y revitalizados. Todo parecía estar saliendo bien. No disminuimos la velocidad porque sabíamos que Kakashi y los demás no tardarían demasiados minutos en notar la ausencia de la molesta voz de Naruto; y tampoco tardarían en encontrarlo.

El camino invisible que estábamos siguiendo a través de los árboles parecía hacerse cada vez más angosto, y era aún más incómodo por el silencio incómodo en el que todos estábamos sumidos. Sin embargo, yo seguía sonriendo. Naruto estaba bien, me bastaba con eso. Me iba a odiar, y apenas podía soportarlo, pero al menos seguía con vida.

-Oi, Sasuke –llamó Suigetsu. Todas las miradas se dirigieron a él, que se detuvo. Lo imitamos-. Ahí abajo.

Había una enorme roca que dividía un sendero en dos. Extraño, pensé, puesto que ni siquiera sabía cuándo habíamos comenzado a seguir aquel camino en las alturas. Bajamos y pudimos contemplar la enorme roca. Parecía más pequeña desde arriba, pero fácilmente tenía la altura de un edificio de dos pisos. Nos miramos entre nosotros.

-De un lado ha de estar la guarida más cercana –dije, mirando el mapa que ya había sacado de mi bolsa-. Y del otro la que está un poco más lejos.

Miré el suelo con curiosidad. Estaba lleno de pisadas que iban en nuestra dirección contraria, al parecer provenientes de ambos caminos. Alguien se había ido con prisa.

-¿Qué hacemos, Sasuke? –preguntó Karin-.

Pareció pensárselo un par de veces. La guarida más cercana era donde más probablemente se encontraba Itachi, era la más pequeña y tenía fácil acceso a unos cuantos pueblos. Sin embargo, la otra era más grande y estaba más resguardada, según la información que Juugo había recolectado.

Y a decir verdad, en lo que a mí respectaba, no nos vendría para nada mal tener un poco de información extra de Akatsuki. Tendría un peso increíble cuando volviésemos a Konoha (porque íbamos a volver, ¿se entiende?, Sasuke lo prometió) y tuviésemos el juicio (porque no la íbamos a sacar tan barata tampoco).

-Yo puedo ir a la otra guarida si quieres –dije, señalándola en el mapa-. Puedo recolectar información, Sasuke. Ustedes vayan a por Itachi.

Me miró y levantó una ceja, mirándome como si estuviese totalmente loca.

-Tú no vas a ir sola.

Fruncí el ceño, y me crucé de brazos.

-¿Por qué no? –le desafié-. Tú tampoco vas a ir solo.

Bufó exasperado y rodó los ojos.

-Karin. Vas con Sakura.

-¿Q-qué? Oh, sí, de acuerdo, Sasuke-kun.

Ja, se le escapó el sufijo, reí para mis adentros. Ahora Sasuke la fulminaba con la mirada. Oh, pobre Karin. En fin. La miré y asintió sonriendo.

Caminé lentamente hasta Sasuke y me puse frente a él. Tenía que alzar un poco la cabeza, seguía siendo más alto que yo. Entrecerré los ojos pero en mi rostro se formó una sonrisa.

-No dejes que te mate –pedí-. O yo también tendré una venganza que cumplir.

Ensanchó los ojos pero sonrió arrogante.

-Fuera de mi vista, baka.

Volví a sonreír y me eché a correr por el sendero de la derecha. Karin no tardó en alcanzarme. Si miraba hacia la izquierda, podía ver correr a los otros. Pronto el bosque se volvió más espeso y tuve que concentrarme en lo nuestro.

La guarida más grande, a la que nos estábamos dirigiendo, probablemente era la sede central de Akatsuki. Oh, si Tsunade-sama pudiese amasar este tipo de información. Pero la teníamos nosotros, y era algo excitante. Miré a Karin y pude ver en sus ojos entrecerrados la excitación del momento. Dos kunoichis infiltrándose en la base de Akatsuki. Oh, era una misión suicida. Pero por alguna extraña razón, no tenía miedo.

Si tenía que ser sincera, me daba un poco más de miedo el hecho de que Sasuke perdiese en su batalla contra Itachi –si es que lo encontraban allí, puesto que Karin nos había dicho que no había nadie, aunque lo más obvio era que ocultaba su chakra.

Y también estaba el hecho de que Naruto o Kakashi, o el que fuese, se apareciese y lo fastidiase todo. Bueno, pensé, nuestro chakra está totalmente enmascarado y las posibilidades son mínimas. Mhm. De seguro que ya lo han llevado a Naruto a Konoha de nuevo para ver qué demonios le había pasado. Jamás sospecharán que fue lo que le hice. Y cuando despierte… Bueno, ahí va a estar el problema.


A/N: Salió algo forzado, ¿no? Bueno, no importa. Por fin actualicé. ¿Saben qué? El clímax de la historia está acercándose. Oh Dios, he estado soñando tanto con escribir las escenas que seguirán... Se repiten constantemente en mi mente y no puedo parar de pensar que es simplemente genial, aquella idea. Espero que les haya gustado.

Pobre Naruto. Oh, y el Sasuke's Pov... Bueno, no quise hacerlo, al final. La mente Uchiha ser muy complicada. Así que lo hice todo en tercera persona. Espero que eso, especialmente eso les haya gustado, porque me costó bastante, lawl.

¡106 reviews! Muchas gracias, de verdad. Les quiero. Me ayudan a seguir escribiendo. Es por todos uds que a veces escribo cuando no tengo ganas, por que les respeto y porque se merecen seguir leyendo. Gracias a todos, de verdad.

Peace.