Natsu no podía sentir mayor alivio en ese momento.
Seguía donde Lena le había dejado, sin moverse, todavía entre los árboles, cuando vio de repente a Lucy, Erza y Gajeel.
-¡Lucy! ¡Chicos!- gritó, corriendo hacia ellos con los brazos en alto.
Estos se sorprendieron y no tuvieron tiempo de reaccionar antes de que Natsu se lanzara sobre ellos, tumbándoles en el suelo.
-Natsu…- sollozó Lucy mientras le abrazaba por el cuello.- ¡Natsu!
Ahora ya estaban los cuatro reunidos, y ya quedaba menos para estar al completo y detener con todas sus fuerzas esta estúpida guerra absurda. Pero antes de eso, se pusieron al día, del plan de Hécate y Willow, de la intención de las bestias y de las acciones de las brujas.
Pero no para todos los magos todo iba tan bien…
No pudo llegar a tiempo. Gray no pudo alcanzar la laguna lo suficientemente rápido.
Ivy se ocupó personalmente de derribar el constante torrente de agua que bordeaba el hogar de las sirenas. No duró ni dos segundos ante su llegada.
Juvia se sorprendió mucho al ver la rapidez en que había ocurrido todo, pero ella al igual que el resto de las sirenas que se quedaron en la retaguardia, cubriendo la huida de las demás, no tuvieron tiempo a reaccionar ante la invasión.
-A ver, chicas.- dijo Ivy dirigiéndose a sus compañeras brujas. –Lección básica: ¿qué haríais para matarlas a todas de un golpe? Tened en cuenta que el elemento de la laguna es un buen condicionante…
Todas rieron malévolamente, ya que sabían qué hacer perfectamente, blanco y en botella: iban a electrocutarlas.
Las brujas, Ivy incluida, metieron su dedo índice en la laguna, estando en contacto directo con el agua.
-A la de tres soltaremos una pequeña chispa, con eso será más que suficiente.- anunció.- Una… dos… y tres.
Sus rostros se iluminaron intensamente ante el brillo que emitió el agua mientras conducía salvajemente la electricidad.
Todo fue un caos, las corrientes se descontrolaron y el agua se calentó hasta el extremo, llevando consigo calambres y chispazos. Pronto empezó a aflorar la muerte.
Desde la superficie las brujas se limitaron a contemplar cómo el agua emitía humo negro.
-Mmm, huele a pescado.- dijo una de las brujas, arrancando más risotadas por parte de sus compañeras.
El resto de partícipes en la guerra también rieron, los aliados de las brujas intentaban estar a buenas con ellas.
-Señora Ivy, ¿quién es ese que viene corriendo?- dijo un soldado.
-Oh, pero si es Gray… Creía que lo había dejado con Mist.
Él avanzaba dando granes zancadas, corriendo desesperadamente con un sabor de boca más amargo de lo que le gustaría.
-Llegas justo a tiempo, Gray.- le saludó Ivy, señalando la superficie del agua.
Empezaban a salir a flote los cuerpos muertos de las sirenas, muchos de ellos con espantosas muecas.
-¿Ya habéis…?
-Tú mismo lo estás viendo.
-¿Dónde está Juvia?-dijo él asustado.
-Oh, quién sabe. Por cierto, ¿qué has hecho con Mist?
-¿¡Cómo que quién sabe!? ¡Dime dónde está Juvia! No será que…
-Me extraña que esa joven bruja te haya dejado venir, dime, ¿con qué la has engañado?
-Te habrás asegurado de que ella no estuviera dentro del agua, ¿¡no!?
Ivy hizo estallar una sonora bofetada en la mejilla de Gray.
-Cállate ya, imbécil. Date cuenta de tu posición, basura asquerosa.
-Hija de…
Ivy clavó sus dedos en el sello que anteriormente había puesto debajo del cuello de Gray, y él bramó de dolor.
-¡Ahhhhhhhhhh!
-Conoce tu lugar. En cuanto a tu amiga, dejó de interesante desde el momento en que vi que estaba aliada con las sirenas.
-¿Aliada?- dijo Gray llevándose una mano al pecho.
-Me da pena lo estúpido que eres, mago.
Gray no esperó ni un segundo más y se metió de un salto en el lago, de cabeza. Todavía el agua seguía dando algún que otro calambre, y pudo notar cómo se le entumecían las extremidades, pero no iba a salir del agua hasta asegurarse del paradero de Juvia. Ivy ni se había molestado en comprobar que ella estaba allí, y lo peor es que Gray lo imaginaba. Nada le hacía cumplir su promesa, el pacto fue unilateral, después de todo.
Las lágrimas de Gray eran cálidas y se mezclaban con el agua electrificada. Nadaba torpemente, desesperado y se iba a quedar pronto sin aire. Intentó gritar, pero fue inútil, él no podía hablar debajo del agua.
Pero como si fuese una visión vista en un sueño lejano, Gray pudo ver el cuerpo de Juvia en el fondo, tocando la profundidad rocosa de la laguna.
Nadó lo más rápido que pudo y la alcanzó por fin, comprobando en el lamentable estado en el que se encontraba: tenía el cuerpo lleno de quemaduras, apenas llevaba ropa encima, y la poca que tenía estaba deshilada y a pedazos. Su rostro tampoco daba signos de nada. Nada en absoluto.
Gray cargó a Juvia a la espalda y se apresuró por salir fuera, para llevársela lejos de allí y ponerla a salvo.
"No estés muerta, por favor"
Ivy, que seguía mirando el agua desde la orilla seguía contemplando los cadáveres de las sirenas hasta que vio asomarse a Gray, y llevaba con él a su amiga.
-Vaya, mira tú por donde, al final estaba ahí.- dijo riendo.
Gray se arrastró todavía con Juvia a la espalda para salir del agua, agarrándose a las rocas para impulsarse hacia tierra. Entonces se dejó caer y tomó varias bocanadas de aire, todo eso sin despegar a Juvia de sus brazos.
-Tú… eres lo peor… lo peor que hay en este lugar.-le dijo Gray.
-Oh, no me hagas llorar, chico malo. Ya tienes lo que querías, ¿no?
Se levantó y cargó a Juvia a sus brazos, y sin decirle nada a Ivy, se fue con ella.
-Oye, ¿le vas a dejar ir?- dijo un soldado.
-Supongo que no pasará nada por dejar que cave un hoyo para enterrar a esa estúpida. Además, el sello todavía no ha desaparecido, así que encontrarle de nuevo será más fácil que haber matado a las sirenas… O puedo simplemente deshacerme de él, lentamente.
Gray seguía corriendo con Juvia en brazos cuando de la marca del pecho empezó a emanar sangre, pero no había ninguna herida. Sabía que era cosa de Ivy, iba a torturarle hasta el último momento y haría que se arrepintiese todo lo que le quedaba de vida de haber coincidido con ella alguna vez.
-Juvia… ¡ah!- le dolía hasta hablar.- Resiste, resiste… resiste.
Ya no corría tan rápido, sin embargo no dejaba de avanzar y avanzar, adentrándose en el bosque pero sin rumbo fijo. Unos matorrales se le engancharon en la pierna y tropezó estrepitosamente contra el suelo arenoso. Se manchó la boca y la cara de barro también y comprobó, tendido en el suelo, que Juvia no había recibido ni una herida más. Aún así, no tuvo fuerzas para volverse a levantar.
-¿Vamos a morir?
Miró los ojos cerrados de Juvia y la boca empezó a temblarle. Quería llorar hasta quedarse seco y gritar tan fuerte como para detener el movimiento de los planetas, pero ni eso podía hacer en ese estado, todavía expulsando sangre notablemente.
-Juvia…- dijo alentado por sus últimas fuerzas.- No sé si puedes… No sé si puedes escucharme, pero me hubiera gustado que me perdonases.
Ella seguía inconsciente, Gray tenía asumido que nunca más volvería a escuchar su voz, el último recuerdo de ella iba a ser el débil latido de su convaleciente corazón.
-No es justo que lo haga sin que tú lo sepas…- dijo él llorando finalmente.- Pero no descansaré en paz si no lo hago.
Lentamente Gray se acercó más todavía al rostro de Juvia y pegó sus labios a los suyos, cerrando los ojos con fuerza para que las lágrimas no se derramasen. La besó, abrió su boca y le plantó un suave beso sobre los labios de Juvia. El que ella no le pudiese corresponder en ese instante le hizo sentir peor de lo que estaba.
-Has sido lo mejor que me ha pasado en la vida…
La vista se le nubló y parecía que le estaba cayendo el universo entero sobre su cabeza.
"Nuestro viaje termina aquí."
"¿Quieres que todo acabe realmente?" resonó una peculiar voz.
"¿Ya estoy muerto?" pensó decir Gray.
"¿Esto es un juego de responder con más preguntas? Qué divertido." dijo la voz entusiasmada."Lo siento, es normal que estés confuso."
"¿Qué pasa aquí? ¿Por qué no veo nada?"
"No podemos dejar que nos veas porque tu vida dejaría de tener sentido. Sí, especialmente en tu caso, así que nos hemos ocupado de que no puedas ver, además de deshacernos de ese espantoso sello que llevabas puesto, ¿a quién se le ocurre? Qué mal gusto."
"¡¿Ya no llevo el sello?!"
Gray no sabía si alegrarse. Nada le garantizaba que estuviese vivo, puede que todo fuera un sueño, así que el sello ahora era lo de menos, no obstante siguió como si nada. Solo por si acaso.
"¿Qué crees que deberíamos hacer con tu acompañante?"
"¡Juvia, tengo que ayudarla!"
"Tranqui, la tenemos con nosotros, pero parece que no va a contestar ni a decir nada de momento."
"¿Sigue inconsciente? ¿Está vivía?"
"Mmm deja que le eche un vistazo… ¡Oh! He oído su corazón, o eso creo."
"No dejes que se muera, por favor."
"¿Así sin más?"
"¡No hay tiempo que perder! Haré lo que sea…"
"No vuelvas a caer en el mismo error, tonto."
Tenía razón, esa voz estaba en lo cierto. Por haberse entregado sin pensarlo dos veces había tenido ese lío tan problemático con las brujas. Pero la vida de Juvia estaba en juego, y apenas dudaría en volver a pasar por lo mismo si con ello pudiese salvarla.
"No hay tiempo…" sollozó Gray.
"No te vayas a reír por lo que te voy a decir, pero con el amor… Si hay amor los seres como yo ya nos sentimos pagados. Y aquí hay tanto, tanto, tanto amor… ¿O no, Gray? ¿Hay o no hay amor?"
"¡Claro que hay amor, maldita sea!" estalló Gray enrojecido.
"Ella seguro que te ama con todas sus fuerzas, se le ve, lo lleva escrito en la frente."
Pasaron unos minutos en silencio, Gray sin saber qué decir y confiando en que esa voz salvaría a Juvia.
"Hecho, pronto despertará."
"¿Lo dices de verdad?"
"Por supuesto, nunca mentimos."
"¿Quién eres?"
"Si te lo digo la mitad de tu vida dejaría de tener sentido. Mientras lleves esa marca en tu pecho… No, no seríamos tan mezquinos como para decirte nada."
"No te entiendo… ¿Por qué ibas a ayudarme sin ni siquiera decirme quién eres?"
"Eso no es relevante, no para nosotros al menos. Lo importante es que debes caminar junto a esta chica hacia adelante y hacer lo que tengáis que hacer en esta tierra."
"No sé qué es lo que tenemos que hacer…"
"Pareces confundido, pero te aseguro que pronto todo irá a mejor."
"No soy muy optimista respecto a eso."
"Que sí, haz caso por una vez en tu vida. De momento cuida a tu amiga hasta que se recupere del todo y luego seguid con vuestro viaje. Además, esto no será un adiós definitivo. Os volveremos a visitar."
"¿Y cómo sabré que…?"
"No tengas prisa, mago. No tengas prisa…"
Un destelló cegó a Gray, le pillo desprevenido y tuvo que cubrirse instintivamente con el antebrazo los ojos. Cuando recuperó la visión todo le pareció extraño. Estaba sobre lo que parecía un lecho de hojas… Parecía una cama, más bien, una cama silvestre, sobre unas ramas de madera que actuaban como soporte. Agachó la vista y comprobó que el sello había desaparecido, Ivy iba a frustrarse muchísimo… Y lo mejor de todo, justo a su lado estaba Juvia.
Ella estaba acostada cara arriba y volvía a respirar con regularidad.
-Estás bien…- dijo Gray incrédulo, acariciando la mejilla de Juvia.
Decidió dejarla descansar, ella decidiría cuándo despertar, así que se limitó a abrazarla por la cintura, detrás de ella y besando su cabeza con suavidad. Y en ese justo instante se prometió que nunca volvería a alejarse de ella, ya que su mayor angustia desde que se separaron fue la seguridad de Juvia, el ansia por volverla a ver, por mantenerla sana y segura, y había fracasado en todo… hasta ese momento.
Las brujas habían cometido un grave error en confiar en que podrían dominarle a todas horas, no esperaban un factor externo que liberase a Gray del contrato con ellas, así que podría decirse que era su primera pequeña gran victoria, que debía seguirse de muchas más para salir triunfantes de ese espantoso lugar.
