Sin preámbulo y con un lo siento les dejo...
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************** Capítulo 10 ************
"…Cuando las luces se apagan me quito esta mascara aunque siempre viste mis ojos ahora vez lo que marca mi mirada…"
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Me miró y volvió a mirarlo a él.
— Pensé que estabas muerto.
— Estoy tan vivo como lo están mis puños, si necesitas te emparejo el rostro para que me creas.
Lo ayudé a pararse mientras que Hotaru llevaba a Shingo a la cocina para que se calme diciéndole unas cuantas palabritas. Volvió con una bolsa de hielo que rápidamente se la puse en el rostro a Darien.
— No entiendo… él… dios, ¿no murió?
— La que murió fue mi madre.
Dijo mi hermano al sentarse en el sillón frente a nosotros con una botella de cerveza. Hotaru fue a su lado.
— No pareces sorprendida— mencionó Darien a Hotaru.
Ella sonrió y negó.
— Ya lo sabía— me miró mi pelinegro y negué a su pregunta no hecha, volvió a mirarla cuando agregó—. La primera vez que salimos me lo confesó, dijo que no empezaríamos con secretos— encorvó sus hombres—. En fin, no era mi secreto.
Eso fue una puñalada directa en mi estómago, aun guardaba muchos secretos a Darien.
— Luna.
Darien volvió a verme.
— Sí, ella murió defendiendo a su hijo— le aclaré y Shingo continuó con la historia.
— Nos atacaron después de la muerte de papá, estábamos en Londres cuando ocurrió y Serena estaba internada— se encogió de hombros—. Supongo que éramos los blancos más fáciles. Mamá vio a unos hombres siguiéndonos y cuando nos interceptaron en una esquina forcejeamos, uno de ellos disparó. Salimos corriendo pero nos persiguieron hasta que caímos al río.
— Pensaron que Shingo murió ahogado— Terminé por él—. La policía aprovechó eso y Samuel desapareció del mundo. Se fue a América, cambió su nombre, historia, todo. Mis tíos lo internaron en algún colegio de Argentina, pero se recibió antes. Al cumplir los dieciséis no hubo poder humano que lo detuviera en ese país, aunque le rogué que se quedara allí no me hizo caso.
— Tú estabas aquí sola, eres su próximo…
— No, ya todo término— me miró sin creerme y volvió a tomar un trago.
— Es increíble— cerró los ojos Darien pero al abrirlos recordó que Shingo besaba a su hermana y su semblante cambió—. No quiero.
— No quieres ¿qué? — le espetó Shingo parándose—. ¿Dejarme salir con ella? Recuerda que sé lo que hiciste. Abandonaste a mi hermana. Dios, pudo haber muerto y tú...
— Él no tuvo la culpa— lo defendí.
— Dime que él aún no lo sabe… Dímelo.
— Le conté de Sagira.
Él calló y me miró. Luego negué bajando la cabeza pidiendo que calle, después de Lita era el único que sabía la verdad.
— Hermano ¿a dónde vas?
Abrí los ojos y vi a Darien incorporarse, dejo el hielo sobre la mesa.
— Lo siento… Yo… Necesito. Lo siento.
No terminó de decirlo por qué cruzó la puerta de mi casa y se fue dejándome con una incertidumbre muy grande, con un corazón estrujado como un osito de felpa pisoteado.
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Dos días, eso es lo que había pasado, dos días que se fue y no sé nada de él. Dos días que no me presenté en la oficina y tampoco él.
Estaba que caminaba por las paredes, sé que le envió un mensaje a Hotaru y que estaba bien, que necesitaba pensar y estar solo. ¿Pero a mí? ¿Por qué no se comunicaba conmigo? Miles de mensaje le había enviado sin contar con las llamadas, todas iban al buzón. Hasta compré una nueva línea, y ni siquiera allí me atendió, estaba en un punto sin retorno con el corazón oprimido.
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— ¿Por qué Helios no pudo venir?
Aparte mí vista de mi celular para ver a la personita quien me habla. Miré al cielo y respondí.
— Sabes que a veces puede venir y otras no.
— Lo sé, pero me aburro.
La miré y a lo lejos vi a mi prima Lita anunciando el almuerzo.
— Ve, ahora voy.
Miré nuevamente mi teléfono, más bien la fecha de mi teléfono, era sábado. ¿Y cuánto había pasado desde que lo vi por última vez? Torcí mi boca ¿casi una semana?
Dios sino fuera por Hotaru creo que hubiese contratado al FBI.
Pensando en su hermana, espero que se comporte con Shingo, él me prometió cuidarla cuando me fui el viernes en la tarde. No podía posponer el viaje, Australia era sagrada para mí. No importa si había un huracán o un maremoto o incluso el apocalipsis zombie. Cada final de mes me encontraba en este lugar, en mi hogar, con mi cielo particular.
Me levanté despacio de la silla donde estaba tumbada al mismo tiempo que apareció Andrew por la puerta de la estancia.
— Aún no te llama— negué—. Mi amigo es muy terco tanto o más que vos.
Suspiré y al llegar a su lado pasó su brazo por mis hombros dándome un poco de consuelo. Andrew es un gran hombre y marido ideal de mi prima. Se reencontraron en Madrid en una oportunidad que ella me había acompañado al médico. En ese entonces era un simple estudiante, lo gracioso fue que Drew había sido compañero de Darien y mío hasta que fuimos a preparatoria. Su madre lo llevó a España y desde entonces vivió ahí. Tuvimos contacto por mail hasta que sucedió lo de Darien. Sin embargo él nunca perdió la esperanza de volvernos a encontrar, lástima que solo me encontró a mí.
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— Hotaru ya estoy de vuelta en Japón— dije mientras cruzaba el aeropuerto en búsqueda de un taxi— .Hay alguna novedad…
— No, te hubiese avisado— resoplé aunque no veía sabía que puso los ojos en blanco—. Pero ayer me mandó un mensaje dijo que se tomaría unos días más de la oficina, que reprograme las últimas reuniones.
Últimamente eso es lo mejor que hacia… reprogramar.
Vi un taxi y alcé el brazo para llamarlo. Cuando frenó me subí indicando el domicilio.
— De acuerdo Hot.
Escuchó mi voz de súplica.
— Ya te lo dije es el mismo número, le dije que lo llamaste pero solo me dice que ya los vio— cerré los ojos—. Dale tiempo.
— Ya lleva mucho, necesito…
Sentí una curva y luego vi al chófer perder el control del volante… Lo último que recuerdo fue el grito del Hotaru en el teléfono antes de que mi mundo se volviera negro.
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Llegué a casa con un enorme dolor de cabeza y un vendaje en la frente. Al abrir la puerta de casa estaba todo en silencio, dejé tirada la valija y fui a mi cajón de los remedios.
El taxi pinchó una rueda y perdió el control del vehículo, conclusión mi cabeza retumbó en el vidrio haciendo que pierda la conciencia casi una hora, hora suficiente para que llegara la ambulancia, los paramédicos y claro la policía con los del seguro.
Me acerqué al equipo de música y puse The show must go on, dios me hacía sentir como estaba mi vida justo en este momento, cerré los ojos al momento que la voz dijo: "¿sabe alguien para qué estamos viviendo?" Me dejé caer sobre el sillón.
La voz de Queen retumbó en todo el departamento, su música me relajaba. Me deje trasporta por la letra hasta…
— Dios… No puedo creer que aún sigas escuchando a Queen.
Mis ojos se abrieron de golpe solo por esa voz, esa voz que anhelaba escuchar hace días.
Darien estaba aquí.
Me paré de golpe y prácticamente salte encima de él… está bien me arrojé encima de él sino fuera por qué me agarró de la cintura nos hubiésemos caído al piso.
— Volviste, Darien volviste.
Me apartó un poco.
— ¿Estás bien? — Puso su mano en mi cabeza, sobre el vendaje—. ¿Por qué no te quedaste en el hospital?
Me separé y curvé mis labios.
Él había vuelto… me giré un poco para ver a Hotaru detrás.
— Escuché el ruido, me asusté y lo llamé, por suerte me atendió.
Lo volví a ver, él había vuelto por qué se preocupó por mí, tenía esperanza ¿no?
— Esto — me toqué el vendaje—. No fue nada, un pequeño raspón. Ni el medico consideró hacerme estudio ves— me golpeé la cabeza—. Dura como roca.
Me reí por lo absurdo pero Darien no lo hizo. Pero antes de cualquier palabra Hotaru nos interrumpió.
— Me voy a lo de Mina.
No llegó a terminar de decirlo cuando salió corriendo del departamento. Ambos la seguimos con la mirada pero al cerrar la puerta nos miramos. No sé cuánto tiempo paso hasta que tome valor
— Darien sé…
Elevó su mano.
— ¿No crees que es mucho Serena? Mira — pasó su mano por su cabello—. Esto no está funcionado. Pensé que sí, pero no… Fue mucho que procesar, lloré por un bebé que no tuvo la oportunidad de nacer y no era así, sino que no tuvo la oportunidad de crecer. No solo eso, tu familia la pensé muerta y solo…
— Fue por protección.
— Protección ¿De qué? ¿De quién?
— No lo sé.
Me senté en el sillón.
— ¿Aún siguen en peligro? — me miró—. Hace cuánto tiempo no hay ataque, amenazas o…
— Desde la muerte de Luna— me miró.
— Eso ya fue hace mucho tiempo y nadie más les hizo nada… — cerró los ojos—. Quizás eso no estuvo relacionado con la muerte de tu padre.
— Quizás sí.
— Serena sé realista, busqué las noticias después que me fui. Ellos estaban en un lugar y momento equivocado.
— Eso es lo que dijeron ellos…
Me levanté y fui al ventanal, esto no estaba yendo bien, suspiré.
— Quizás tengas razón, quizás solo sea una obsesión mía — concordé.
— No creo que pueda soportar otra historia más, otro secreto.
Me giré para verlo, iba en dirección a la puerta.
— ¿Pero acaso, tú no tienes ninguno secreto?— me miró.
Dios no podía decirme eso, traté de alejarlo todo el tiempo y ahora que acepté que no puedo estar sin él, es él quien me aleja. No, no iba a permitirlo.
— Entonces dime, vamos dime que son esas cicatrices… ¿Que son esas marcas?
Él se tensó, lo vi en sus ojos como cambiaron. Me miraba con dolor, toqué un tema tabú para él pero no era justo, él también me guardaba secretos.
— Serena… eso no.
— Lo ves— me acerqué—. No por eso te juzgo o me escondo. Te he respetado y esperado a que confiaras en mí pero no, cada vez que lo nombro huyes… deja de huir de mí.
— Maldición, no huyo de ti. Solo… Dios Serena, no quiero contaminarte.
Me acerqué más a él.
— ¿Crees que no estoy contaminada? ¿Crees que no hay cosas de las que me he arrepentido? ¿Que prefiero olvidar? Pero no, sigo adelante, me propuse un objetivo y lo cumpliré— me di vuelta un instante y lo volví a enfrentar al siguiente— ¿Qué es lo que te pasó?
— La vida me aplastó y cuando no le bastó eso arrastró lo poco que tenía para dejarme vacío y sin vida.
— No estas vacío.
Me acerqué y cuando no se apartó elevé mi mejilla a su rostro acariciándolo. Cerró sus ojos permitiendo que mi caricia empiece a calmar su alma.
Sin verme susurró.
— No sabes todo lo que hice para sobrevivir— me acerqué más y lo abracé.
Elevó sus manos y me acercó a él.
— No sabes tú, lo que hice yo para sobrevivir— me apartó solo un poco para mirarme, secó mis lágrimas que últimamente se escapaban fácilmente de mis ojos—. Por eso sé que no estas vacío, como sé que en el fondo de mi cascaron tengo una pequeña parte de mi corazón que empezó a latir el día que cruzaste esa oficina y viniste por mí.
Bajó su rostro y me besó.
No me aparté y lo besé más profundo. Anhelaba su contacto. Dejé que su lengua explorara mi boca que tomara lo que quisiera de mí.
Giramos y me apoyó en la pared cercana a la puerta. Sus manos fueron a mis muslos hasta alzarme, enrollé mis piernas en su cintura.
Dios como necesitaba este contacto, como lo necesitaba a él.
Su beso era dulce, puro, era justo en la medida del amor que sentíamos. No importaba el tiempo, tampoco importaba lo que pasáramos, siempre seríamos él y yo. Piezas del mismo rompecabezas.
Fue a mi cuello y cerré mis ojos cuando un gemido salió de mi boca. Agarré su rostro por qué necesitaba sus labios sobre los míos otra vez, necesitaba sentirlo, necesitaba saber que había vuelto por mí, que era real.
Cuando su beso fue más demandante y mis jadeos eran más profundos, detrás de la neblina de amor y el deseo apareció. Entonces escuché.
— Dios, otra vez no.
Abrí los ojos por qué la voz fue muy fuerte a pesar de la lejanía y miré a Darien que se había apartado de mi boca. Él estaba tan confundido más por mi sonrisa que por la voz a la distancia.
Lo siguiente que vimos fue la puerta abrirse de par en par. Giramos la cabeza para encontrarnos a una Mina muy, pero muy enojada.
— No necesito recordar cómo se llama, créeme... lo sé. Y menos escuchar sus muestras calenturientas sobre la pared. Tengan compasión con sus vecinos.
Y así como vino, se fue.
Darien me dejó sobre mis pies y me miró.
— ¿Es nuestra vecina?— asentí—. La vez que te fuiste cuando Rei vino, ¿estabas al lado?— volví asentir—. Y cuando Hotaru…
Dio un paso atrás y pasó su mano por su pelo dándose cuenta.
— Todo este tiempo ella…— Agregó.
— Si… las paredes son de papel.
— ¿Entonces cuando viene Kun?
— La pieza de ella está justo del otro lado de casa.
Su cara era todo un poema, parecía hasta cierto punto avergonzado. Por qué sabía bien que me hacía ver las estrellas tanto como el grito que salía de mis pulmones cada vez que me llevaba al cielo.
— Dios, como volveré a verle a la cara— se me escapó una carcajada.
— Ven, hay un lugar donde no nos oirá.
Lo jalé y lo llevé a la otra punta de mi departamento.
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Estábamos aun en la cama a pesar de que ya era tarde para ir a la oficina. Los dos días posteriores de que había vuelto no lo dejé irse a la oficina. En otras palabras lo rapté, sonreí recordando que mucho no me costó.
Después de que Hotaru se iba a la casa de Mina ella no volvía aparecer hasta la noche con la comida hecha, nos dejaba todo el día para nosotros solos.
Mi mano hacía círculos alrededor de su pezón y luego lo hacía en el otro. Seguí una par de líneas que había en su pecho y comencé otra vez. Estaba recostada sobre él y con mis piernas enredadas con las suyas, no me percaté ni de la hora o de que Galaxia juró que si no iba hoy vendría ella misma a buscarme.
Lo escuché suspirar tranquilamente, a pesar de que sabía que estaba despierto me dejaba seguir jugando con las líneas de su pecho. Apoyé la yema de mi dedo en el centro e hice círculos pequeños, su cuerpo comenzó a elevarse hasta escuchar una leve risa. Miré hacia arriba y lo vi observándome.
— Buen día.
— Buen día Dar— me miró y suspiró.
— Aunque me encante mirarte, necesito preguntarte algo— asentí sin idea de que podría ser esta vez —. Cada mes, a fin de mes… viajas o te vas lejos ¿A dónde vas?
Parpadeé asombrada, desde que el regresó a mi vida siempre me veía ir y venir de un viaje a otro pero él se detuvo en el detalle del fin de semana, en unos días especiales.
— No vas por la empresa, y sé por Hotaru que nunca programó uno de esos viajes… ¿por qué? — agregó.
— ¿Por qué?...
Asintió.
— ¿Por qué nadie sabe de eso?… ¿A dónde vas esos días?
Lo miré mientras que se sentaba, agarró mi mano besando en el dorso.
Sonreí.
— Voy donde está la última parte mi alma.
Respondí dejándolo aturdido. Encorvó una ceja.
Me senté y lo miré. Quizás era lo mejor… no, era lo mejor, debo decirle que hay en Australia. Abrí mi boca pero el sonido de su celular me interrumpió.
— Espera— se estiró para agarrarlo de la mesa de noche, curvó sus labios y tecleó unas palabras.
Mi curiosidad fue más grande y me acerqué lo suficiente para ver a quien le escribía. Mi asombro fue mayor cuando puso enviar y lo miré enojada.
— ¿Michiru?
Apartó su mirada del móvil y me miró confuso mientras agregaba.
— Mientras que estás conmigo en la cama le envías un mensaje a una mujer.
Me paré enojada… no ofuscada.
Era increíble cómo diablos mi magnifico Darien podía ser igual que los demás hombres. Fui a un cajón, saqué una toalla y me dirigía al baño.
— Vamos Serena, no seas celosa.
Me di vuelta.
— No soy celosa. Tengo que ir a trabajar.
Entré al baño dando un portazo.
— Serena…vamos, pequeña no te enojes. Ella es una amiga.
— Vete al diablo.
Abrí el grifo mientras escuchaba como golpeaba la puerta trabada. Me bañé lo más rápido que pude, me arreglé y abrí la puerta. Darien estaba sentado en la cama solo con un pantalón deportivo. Se levantó y levanté mi mano.
— Debo ir a trabaja y tu deberías hacer lo mismo.
— No hasta que me escuches… Michiru es una persona importante, ella...
— No me interesa nada de ella, vete con ella si es tan importante.
Me escapé cuando me quiso atraer a sus brazos y rendirme a mi testarudez. Pero salí de la habitación ya vestida con mi traje de oficina.
Darien iba tras mío pidiendo que no sea tan terca pero no me importaba, solo escuché "Michiru" y "es importante". Si ella era tan importante ¿por qué diablos nunca me lo dijo? Aparte Hotaru la conocía… ¡ella conocía a Hotaru!
Me paré en seco al llegar a la sala y encontrarme con la persona que allí se encontraba parada en el centro.
— Hola
Me congelé y sentí como Darien se puso a mi lado.
— Amor, escúchame. Ella fue la única que en este tiempo…
Pero se interrumpió al ver que no lo miraba y si al hombre que había en la sala. Se giró y vio a Alan.
— Hola.
Volvió a decir mi amigo antes de añadir.
— Puedo hablar con ella unos minutos, o primero me vas a golpear— elevó sus manos protegiendo su rostro y tras ellas me miró—. Dime por favor que se lo dijiste.
Suspiré.
— Sí, ya lo sabe. No seas alarmista ¿Quién te abrió?
— Una jovencita de cabello negro— se giró como buscándola y al no verla volvió a encontrarme con la mirada—. Muy bonita por cierto, dijo que se iba con una tal Mina.
Puse mis ojos en blanco, dios todos iban a matarme y en el mismo día.
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Era lo más irrisorio.
Estaba tomando un café apoyada en la mesada y frente a mí del otro lado de la barra del desayuno estaba Darien con su café y solo vistiendo aun el pantalón deportivo. A su lado Alan hablaba de las mil maravillas de su trabajo y claramente de su novia.
Tomé otro sorbo cuándo comenzó a contar como nos habíamos conocido. Miró a Darien cuando empezó a relatar de cómo lo conoció a él y como mi padre lo enviaba para espiarnos cuando nos encerrábamos en mi cuarto con la excusa de estudiar, aunque solo repasáramos anatomía una y otra vez. Mejor dicho nuestra anatomía una y otra vez.
Darien resopló y Alan se descostilló de la risa.
Mi celular sonó y sin necesidad de ver quien era lo supe antes de atender.
— Dime que por lo menos estás en camino.
— Buenos días para ti también Galaxia.
— Serena por favor no bromes. ¿Estas viniendo?
Miré a Darien y torcí mi boca.
— No lo creo.
Dar me miró y me preguntó quién era. Susurré el nombre de Galaxia cosa que asintió y siguió tomando su café.
— Si en quince minutos no traes tu trasero aquí iré yo misma con los lobos hambrientos que me tiraste encima al dejarme sola todos estos días.
— Calma.
— ¿¡Calma!? Ven…
La corté.
— Salgo para allá.
Resoplé al colgar. Ella tenía razón con todo lo que pasó la deje sola. Ella había sido muy buena y yo no fui justa.
— ¿Vienes conmigo?
Pregunté a Darien que aún me miraba curioso.
— Pensé que tú eras la jefa y decidías.
Le arrojé un trapo.
— Lo soy, pero no puedo dejarla más tiempo sola a Galaxia. Fue muy paciente y comprensiva con nosotros.
Se río.
— Me baño y en quince estoy.
Se levantó mirando a Alan.
— Compórtate.
Alan levantó sus manos.
— Mis manos están sujetas y dentro de mi pantalón.
Se dio vuelta perdiéndose dentro de mi habitación. Alan miró al pasillo una vez más y luego a mí
— Ahora que tengo unos minutos te diré primero— levantó su mano—. ¿Estás segura de seguir? Digo, parece que tienen algo especial, hasta ahora nunca te dije nada por qué siempre te vi sola. Sabes que como tú yo quiero la verdad aunque me duela saber si el mismo se gatilló por protección hacia ustedes o si realmente le faltaba un tornillo.
Lo miré muy mal.
— Sabes lo que pienso, así que no me mires así. Era mi mentor, como un padre para mí. Pero en lo que se involucró es muy pesado sin esas pruebas todo apunta a otra cosa.
— Lo sé, lo sé.
— Entonces ¿seguirás?
Asentí.
Sacó un sobre de su bolso y me lo entregó.
Al abrirlo vi la carpeta que contenía quienes estaban invitados a la fiesta de la mansión. Solo faltaba una semana. Visualicé los nombres pero me detuve en uno y miré mi amigo.
— ¿No hay error?
Negó
— No— se inclinó sobre la mesada y vio el nombre que observaba. Volvió a su posición—. Es uno de los patrocinadores.
— ¿Cómo?
Encorvó sus hombros.
— Lo estamos averiguando. Si quieres Melisa puede…
— NO— lo interrumpí. No era la mejor opción, ella no sabría defenderse, tampoco cuenta con aliados dentro. Además no la expondría a ella—. Solo lo evitaré durante el evento.
— ¿Vas a llamarla?
— Sí, no iré sola. No puedo hacerlo más ahora.
Me miró y asintió sabiendo cómo me sentía y a que me refería.
— Toma.
Me entregó una carta. Dejé la carpeta sobre la mesa e inspeccioné la invitación con mi nombre a la fiesta de la mansión… Bueno, mi otro nombre.
La guardé y la puse dentro de la carpeta cerrándola.
Escuchamos unos paso y al siguiente minuto un fabuloso hombre de ojos zafiros me miraba con tanto amor y anhelo vestido con un traje gris.
— ¿Nos vamos?
— Salgo con ustedes.
Anunció mi amigo a Darien para girarse y agarrar sus cosas.
Asentí. Me giré buscando mi cartera y me pregunté una vez más como era posible que un buen hombre tuviera la misma sangre o esté relacionado con Diamante Shields. Y ¿qué hacía en aquella lista? O lo peor es… ¿cómo se relacionaba con ese mundo para ser un patrocinador?
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Al llegar a la oficina lo primero que noté fue que Ami no estaba. Ni siquiera sus cosas. Ella no faltaba. En una oportunidad la tuve que obligar a irse a su casa por qué se había presentado con cuarenta grados de temperatura.
Me paré en la puerta de la oficina de Galaxia, aún me negaba a tener la mía propia, y miré al escritorio de la peliazul. Suspiré.
— Tranquila, seguro que fue por un acontecimiento importante— me doy vuelta en dirección al lugar de donde la voz provenía.
Galaxia estaba sentada detrás del escritorio.
— Excepto que se haya desatado la tercera guerra mundial en medio oriente ella no falta— contesté sentándome.
— Siempre hay una primera vez.
— ¿Conoces al hombre con el que sale?
Ella me negó.
Cerré mis ojos no quería pensar lo que estaba pensando. Un escalofrío me recorrió cuando una idea finalmente se apoderó de mi mente.
— La llamaré.
El timbre de su casa junto con el de su celular sonaba incansablemente sin atenderme. Ya me estaba preocupando de más.
Galaxia me vio intentar por décima cuarta vez al acercarme unos papeles que empecé a observar y a releer hasta que corté. Ami seguía sin atenderme.
— Debes hacer que Darien firme estos.
Marcó el final de muchos papeles. Asentí levantándome.
Una vez que salí de aquella oficina me detuve de camino a la oficina de Darien y volví a marcar el celular de Ami. Al final me atendió y claramente su explicación no me convenció.
"que estaba fatigada", "con falta de aire", "que el médico…" bla bla bla
No le creí una palabra pero era Ami. Ella debía tener un verdadero motivo, más tarde pasaría por su casa.
Mis sentidos se activaron desde que me comentó que el chico con el que sale la trataba mal enfrente de todos, y lo peor es que le preguntara cosas de la empresa… Oye, que no me pongo en plan de protector pero ¿acaso no le interesaba la muchacha? ¿Y por qué tantas preguntas? Y lo peor es esas sonrisas que tenía cuando veía a una persona en particular… Eso ya no me gustaba.
Caminé casi llegando al despacho de Darien y observé que la puerta se encontraba entreabierta. Dos personas discutían acaloradamente.
— ¿Es tu última palabra?
Bueno esa era Molly, con razón no estaba en su escritorio y por lo que me comentó Galaxia la había suspendido por su vestimenta... Otra vez.
Puse los ojos en blanco cuando me contó que su vestido corto solo tenía un cierre por delante. Si no fuera por Umino de administración que la vio sin ropa interior no nos hubiéramos dado cuenta lo que pensaba hacer.
La obsesión que tenía con Darien era cada vez peor. No le importó las advertencias y mi amiga puso las cartas sobre la mesa.
— Vete y lárgate de mi sector.
— ¿Eso se lo dices a todas?
Me acerqué a la puerta. Claramente Molly estaba casi sobre el escritorio donde mi Darien estaba sentado.
— Yo podría…
Se levantó de golpe y le agarró el brazo apartándola.
— No me interesa, entiendes, amo a la mujer con quien estoy. No me traerás problemas.
Molly se empezó a reír a carcajadas.
— ¿Yo? ¿Problemas?— se alejó un paso y sacó un sobre abultado de su cartera—. Te alcanza con diez mil, es el precio por la hora ¿no?
Los ojos de Darien se agrandaron dando un paso atrás.
— O sí, estoy muy bien informada. Ahora cumple.
— No.
— ¿No? El cliente siempre tiene la razón, que dirá tu pro…No, espera cómo lo llamarías, tu… ¿Dueño?
Se acercó a Darien que estaba paralizado, llevó su mano desde su abdomen hacia su pecho coqueteándolo. Los ojos de mi hombre temblaban al tiempo que tenían ¿miedo?
— Solo un pequeño adelanto ahora— dijo Molly acercándose a su boca.
No lo soporte más y abrí la puerta de su portazo.
— ¿Interrumpo?
Ambos me miraron.
— Srta. Tsukino…— Molly dio un paso atrás parecía atemorizada.
¿Será mi presencia?
Me acerqué a Darien, agarré su rostro y lo besé frente a su secretaria.
Al principio se sorprendió luego puso sus manos en mi cintura y correspondió al beso. Dios, era un enorme beso apasionado digno de finales de películas. Poco a poco nos separamos. En su mirada había sorpresa pero también agradecimiento.
Me giré para verla a Molly, estaba como decirlo ¿estupefacta?
— Ahora aclaremos algo— señalé su vestimenta— .Vestidos hasta la rodilla, escote prohibido, y por supuesto ropa interior en su lugar.
— Yo...
Levanté mi mano interrumpiéndola.
— Tú harás lo que yo digo, estás suspendida desde este momento, tienes una semana más aparte de los tres días que Galaxia te dio.
— Pero… Yo— me miró con odio—. No lo entiende él…
— Él es mi novio y padre de mis hijas. Tú te vas AHORA.
Bajó su cabeza.
— No me despida— suplicó Molly despacio.
— Serás reubicada, en sector administrativo, donde todas son mujeres, ya me harté que te obsesiones con los hombres. No es la primera vez. Además entrarás en un programa de rehabilitación— iba a decir algo pero la corté—. Si quieres seguir trabajando en Elyson esas serán tus reglas a partir de ahora.
Se dio media vuelta pero antes de irse tomó el sobre del escritorio. Nos miró mejor dicho miró a Darien con rencor y se fue.
Fui a la puerta y la cerré dejándonos solos.
— Serena yo…
Levanté mi mano, a la vez que apoyé mi espalda en la puerta.
— Tranquilo, lo escuché todo.
— ¿Todo?
Lo miré a los ojos y había temor… Torcí mi boca.
— Lo suficiente como para saber que Molly está enferma. Además es mi culpa si le hubiese dicho a todo el mundo quién eres y lo que representas para mí, no estarías en este embrollo ni menos con el de Galaxia.
Se acercó, me tomó de la cintura acercándome y me besó.
— Eres la mujer más excepcional que existe.
Hasta que sepas lo que realmente hago pensé sonriéndole. Cuando se lo diga el amor se esfumará como la brisa de verano que un día lo trajo hacia mí nuevamente. Pero antes de eso debo decirle qué hay en Australia, solo por si no puedo seguir con el juego.
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Entrando a la casa Hotaru no salía de júbilo… Después de mi demostración ante Molly ella lo gritó a los cuatro vientos.
Miles de preguntas me hacinaron ante mí.
¿Cómo era posible si él estaba comprometido con Galaxia?
¿O desde cuando manteníamos una relación?
Y los peor ¿si era yo la amante? ¿O lo era Galaxia?
Galaxia se reía, Darien no quiso salir de su despacho dejándome con los buitres de la oficina. Aclaré lo necesario hasta que Mina no tuvo la mejor idea que anunciar mi boda.
¡BODA!
No estaba en mi vocabulario pero claro que los murmullos aumentaron, lo que más me entristeció fue que varios cotillearon que era una maniobra de Darien para ganar poder dentro de la empresa. Cuando me harté les dije que lo terminaran o los despediría a todos.
O sí, la gran arquitecta despiadada salió desde adentro de mí… ¿cómo era posible toda esa clase de cosas? ¿La gente era tan mala?
Si lo sabré yo, aunque espero que siempre haya una entre tantos, uno que tenga buen corazón.
Diamante no se presentó en todo el día y eso me calmó… sino otro dilema más. Sin contar que seguro me acusaría de ser la amante y tratar de sacar partido.
Lo extraño que la gente no temía que los despidiera sino temían a que la empresa cambie de reglas o de dueños. Eso jamás lo permitiría.
— Tendremos que hacer una gran fiesta.
Hotaru dijo al tiempo que se tiraba al sillón.
— Hot— suplicó su hermano.
Yo dejé mi cartera en la silla y alcé a Diana que estaba muy mimosa últimamente, por suerte conmigo.
— Pero hermano, es grande esto y cuando sepan que viven juntos.
— Alto ahí pequeña revoltosa, alégrate por lo dicho pero nada más.
Puso un mohín a su hermano levantándose.
— Llamaré a Shingo.
Miré a Darien ya que esperaba algún comentario sarcástico pero él estaba concentrado en su celular. Me miró y sonrió.
— Disculpa, haré una llamada.
Salió al balcón.
Diablos después de lo que dijo Molly, más lo que averiguó Artemis y Alan no quiero confirmar que sus sospechas sean correctas. Pero aún no se abre conmigo, no me dice nada de lo que le pasó o mejor dicho lo que hizo para mantener a Hotaru lejos de las garras de su tío.
Dejé a Diana en el piso y me acerqué al balcón. Las puertas quedaron abiertas y a pesar que el viento soplaba en contra las palabras se oían.
— ¿Qué?.. No, no. Sabes que ese no era el trato…— silencio—. Pero no, ella no está en eso y no va a participar. — Otra vez silencio—. Por supuesto que yo tampoco, firmé que lo entregaría si nos dejabas en paz hasta que cumpla la mayoría…— con quien estuviese hablando no aceptaba un no por respuesta—. No, no puedo hacerlo. No ya no, no me lo pidas— bajó su cabeza apoyando una mano en el barandal—. No le puedo hacer eso, yo…
Fue el silencio más prolongado que escuché, la respiración se quedó en mis pulmones.
— De acuerdo pero déjala en paz… lo haré, me escuchaste, pero déjalas paz a las dos.
Cortó y bajo más la cabeza. Ambas manos apretaban el barandal tan fuerte que sus puños estaban blancos. Elevó su cabeza y mi corazón se partió.
No aguanté más y me acerqué a él despacio.
Con quien estuviese hablando lo lastimó pidiéndole algo que lo ataba, haciéndolo sentir como un muñeco de trapo.
Subí mi mano a su hombro y al tocarlo reaccionó dándose vuelta, asustado. Me miró.
— ¿Estás bien?
— Solo abrázame sin preguntas.
Y así lo hice, lo abracé fuerte.
No pregunté nada. No podía y tampoco lo iba a forzar. Sé que en poco tiempo sabré la verdad o parte de ella y también sé que no me gustará.
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La noche pasó volando, dormir abrazada a mi amor era lo más mágico. Ya hacía semanas que dejó el sillón para instalarse en mi cama, en mi cuarto. Hotaru en una tarde trajo las cosas de su hermano y las acomodó en mi placar. Dios parecíamos una familia.
Pero después de esa conversación Darien estuvo apagado la mayor parte de la noche, al terminar de comer vimos una película y recién ahí volvió a ser él. Lo estaban atormentando. Pero ¿Quién y por qué?... Recordé las palabras de Molly, una sobre todo una en particular. "Dueño" aunque ella casi dijo otra cosa.
Me levanté casi a las tres de la madrugada, no pude dormir más. Agarré la vieja laptop y me puse a escribir, Diana desde su cesto me miraba y con la luna de testigo vio lo que escribía.
Terminé, lo guardé y cerré. Me recargué sobre la mesa del comedor observando las estrellas que estaban desapareciendo. El amanecer estaba próximo.
Aunque el hombre más sexy del mundo estuviera desnudo y esperándome en mi cama, esta noche no me sentía digna de él. Por lo que hago, a pesar que ya hacía varias semanas no dejaba que nadie me tocara más que sus manos expertas, las que aceleraban mi corazón. Siempre tuve planes B, que me han salvado de hacer avanzar más allá. Y eso es de lo mucho que estaba agradecida. Me había encontrado con buenas personas en ese mundo. También les había dado mi palabra, las sacaría, y aunque ya saqué a muchas, otras aún sufrían en manos de la esclavitud moderna.
— Papá espero que entiendas lo que hago— cerré mis ojos—. También espero que tú lo hagas.
Volví a abrir la laptop y abrí el archivo encriptado. Allí había una foto. Elevé mi mano al abrirla.
— Te extraño— le dije al rostro que se veía. En su disfraz de conejito me miraba con esas dos luceras zafiro que encandilaban mi vida entera.
La cerré y luego apagué la computadora.
Me levanté y agarré el café que me había preparado horas antes. No importaba lo frió que estaba porque así me sentía yo. Fría y sin alma. Porque mi verdadera alma estaba a solo cuatro horas de viaje. La razón de todo lo que hacía.
Darien podría haber devuelto la vida a mi corazón pero no era razón suficiente para dejarlo todo. Aunque…
— Algún día te tocará a ti cuidarla— susurré al viento.
— ¿A quién?
Me di vuelta asustada, no lo esperaba. Allí parado estaba mi adonis personal.
— Tonterías ¿Qué haces despierto?
Suspiró.
— Sentí frió y resultó que una rubia sexy me había abandonado. Salí a buscarla simplemente. ¿La viste?
Me reí.
Se acercó y me dio vuelta haciendo que mi espalda se recargara sobre su pecho. Solo vestía un pantalón de chándal.
— Dime que piensas— agregó luego de unos minutos.
No le contesté, solo espero que algún día me perdone… pero no tuve opción. En cambio ella sí.
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Los días pasaron y estaba a solo dos días del evento de la mansión, no sabía que decirle para que entienda que me tendría que ausentar un fin de semana completo.
Pero no fue necesario.
— Hermano no es justo.
Acababa de decirnos a su hermana y a mí que Diamante lo buscaba por algo especial y debería viajar ya que se encontraba en las afuera de Minato. Se iría mañana por la noche para estar el sábado temprano allá.
A Hotaru no le gustó y a mí tampoco. Pero lo acepté.
El viernes por la noche se quedó a cenar. Mientras que terminaba el equipaje conversábamos en la habitación.
— Me dijo Karmesite que te vas de viaje.
Asentí, bueno eso le pedí a mi secretaria. Si llamaba no quería conflictos.
— Reuniones de último momento, un arquitecto no puede viajar y tuve que suplantarlo.
— Ah… pensé… deja.
— ¿Pensaste que iba a Australia?
Me senté en el borde de la cama y lo miré.
— En dos semanas iré— agregué—. Pero me gustaría hablarte de algo.
— Cuando vuelva— asentí.
Me dio un beso que poco a poco empezó a tornarse apasionado. Las manos de él fueron a mi blusa abriéndola al tiempo que besaba mi cuello.
— Si me dejas a medias te mato, o si te vas ahora podemos…
Me interrumpió tomando mi cara, me besó fuerte, exigente.
Caminó conmigo hasta el centro de la cama, tumbándome en ella, los besos eran ¡dios! inexplicable como si se quisiera fundir dentro de mí. Se alejó solo un poco para sacarse su propia ropa y con mi pierna empujé su bolso, que quedó todo desparramado en el piso y no nos importó mientras que nos amábamos. Hotaru dormía hace una hora mínimo ya que el taxi vendría a buscarlo a la una de la madrugada para llevarlo a su destino.
Eran las cuatro, claramente no escuchamos cuando sonó el portero y el celular de Darien. Sonreí mientras que él trataba de contactar a otra empresa.
— Es tu culpa y lo sabes.
Me dijo y con la mejor voz de inocente.
— ¿Mía?… pero si solo te dije que no me dejes a media. Tu solito te entregaste.
Se arrojó en mi cama de un salto.
— Mentirosa, con esos labios y curvas me haces perder la noción de las cosas.
Me reí mientras me besaba, en eso sonó su teléfono.
— Sí… bueno ¿en cuánto?— escuché decirle a la compañía de taxi—. De acuerdo lo espero.
Me miró sonriendo.
— ¿En cuánto?
Vio su reloj.
— En cuatro o cinco horas… así que aprovechare mi tiempo.
Me reí cuando volvió a la cama conmigo.
Una hora antes de que llegue su taxi salimos del dormitorio. No me importaba haber tenido la noche en vela. Fue una fabulosa forma de desvelarse.
Estaba tomando un café mientras lo veía arrastrar un bolso bastante grande para un fin de semana.
— Son dos días, ¿no es demasiado lo que llevas?
Me miró y torció el brazo.
— Es mejor estar prevenido— se acercó a mi atrapándome en sus brazos—. ¿Me extrañaras?
— Creo que no.
Empezó a hacerme cosquillas pero fueron tantas que despertaron a Hotaru y ella viendo a su hermano lo abrazó. Le explicó que el taxi pinchó una rueda… claro como si Hotaru se creyera esa pobre excusa.
Cuando llegó esta vez estuvimos atentos todos. Al irse sentí que mi corazón se oprimía. Respiré, era hora de que me preparara yo. Además debo ir a buscar a la caballería.
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Cerca del mediodía llamé a Shingo para pedirle que cuide a Hotaru, no me preguntó por qué ni donde iba. A veces pienso que mi hermano sabe más de lo que aparenta pero se mantiene al margen, es mejor así.
Con mi bolso llegué al garaje donde escondía el segundo auto, cambié mi imagen solo un poco y arranqué. Mientras que el sol se ocultaba en el horizonte llegué a la residencia donde la caballería me esperaba. Subió y salimos, tendríamos por lo menos tres o cuatro horas de viaje. Llegaríamos casi a medianoche donde realmente el show comenzaba.
— Toma.
Le extendí un sobre a mi acompañante, ella lo vio y lo puso entre su pecho sonriéndome.
Hicimos una pequeña parada, allí en el tocador miré mi celular. Darien me dejó un mensaje que rápidamente le contesté. Y mentalmente le pedía perdón por las siguientes horas.
La fiesta se haría en las afuera de Asaka, en dirección opuesta a Minato, bien lejos de él.
Me acomodé la peluca rosa y cerré el corsé blanco que me había puesto. Agarré el tapado largo para evitar que el personal de la pequeña estación me viera, solo traía medias con portaligas enganchado a mis bragas. Me coloqué los lentes de contacto negros y levanté mi vista observándome a través del espejo.
— Hola Bunny.
Me dije, respiré y salí del cubículo.
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La mansión se asomaba a lo lejos, era majestuosa. Impresionante para estar en una zona tan apartada. Pero era lógico si aquí solo hay perversidades.
Entramos con aire de comernos al mundo. Al llegar nos encontramos con los de seguridad. Dos hombres grandes y rudos.
— Invitación.
Mi acompañante la sacó de entre sus senos expuestos, el guardia siguió el movimiento hasta que estuvo en su mano, la vio y asintió.
El otro abrió la puerta.
— Espera.
Miré al que había recibido la tarjeta, bajó su mano hasta que llegó a mi muslo expuesto, lo tocó y ascendió hasta mi trasero, ahora que había dejado el saco en el auto estaba expuesta en su totalidad. Cuando masajeó uno de mis cachetes sonrió, y luego me dio un pequeño azote.
— Aceptada— se relamió la lengua y me miró con lujuria— .Si quieres estar en la lista vip podemos llegar a un arreglo.
Me hizo señas con sus ojos indicando un árbol cercano.
Cuando iba a negarme el otro abrió su boca.
— ¿Y tú?
El otro agarró los pechos de mi acompañante y los masajeó ambos. Ella sonrió.
— Después grandulones, después venimos con ustedes— se acercó al que estaba más cerca de mí y susurrándole en su oído le dijo—. Busco dos chicas más y nos vemos más tarde en el claro.
Terminó mordiendo su lóbulo y se alejó del que me había tocado.
Ambos guardias se miraron asintiendo.
Ambas entramos y escuché detrás de nosotras.
— Éstas serán nuestro broche de oro, busquemos a las morochas.
Seguimos caminando, miré a mi aliada. Ella estaba vestida igual que yo. Supongo que éramos como dos mellizas, una fantasía para todo hombre.
Entramos a la mansión y nos encontramos con diferentes escenarios, la música se escuchaba en todos lados. Mozos pasaban con bandejas llenas de bebidas y drogas. En algunas mesas había hombres riendo y sentadas con ellos mujeres, vestidas similares a como estábamos nosotras.
Sentí una mano en mi cintura y me volví alejándome de ese hombre. Pero le tiré un beso.
Seguimos caminando reconociendo el territorio, había una escalera que daba a los cuartos. Mi acompañante tocó mi hombre y me señaló que me quedara por el salón bailando, que viera donde podían estar los que buscábamos. Asentí y ella se fue con un grupo de hombres. Levanté mi vista y a lo lejos había algunos patrocinadores. Levanté mi brazo sacando a través de mi pulsera fotos de ellos. Lo hacía como si estuviera bailando con las manos arriba, en un conjunto de movimientos de cadera.
En eso sentí a otro hombre agarrando mi cintura y llevarme hacia él. Me clavó su erección en mi trasero al tiempo que sentí y escuché su aliento alcoholizado en mi oído.
— Me vuelves loco— llevé mi cabeza hacia atrás y él subió una mano poniéndola sobre uno de mis senos para apretarlo—. ¿Eres Bunny? Había un rumor que vendrías.
— Sí ¿y tú?
Me di vuelta para verlo a la cara.
— Soy Christopher, hijo del patrocinador Garzón— me atrajo hacia él estrellando ambas manos sobre mi trasero—. Él que maneja la mercancía que entra a Europa.
Sonreí refregándome un poco sobre él. Su erección se hizo más abultada.
Mis manos vagaron por su vestimenta, encontré unas llaves y una tarjeta de acceso. Mientras que el jugueteaba con el tirante de mis bragas. Me di vuelta quedándome de espalda a él. Puse la tarjeta entre mi pecho y él aprovecho para bajar su mano a mi sexo.
— Vamos, no aguanto más.
Lo empujé y sonreí.
— Voy por un trago.
Tiro de mi besándome o quiso eso porque esquivé su boca.
— Yo quiero probarte a ti.
— Pues yo quiero una bebida— jugueteé en su pecho con un mohín— .Y un cuarto.
Sus ojos se iluminaron al instante.
En todo momento me siguió, otros tomarían mi mano, pero este hombre tocaba mi trasero. Al llegar a la barra sonreí al ver a Nephrite. Me acerqué inclinándome más en la barra.
— Dame mi bebida— susurré.
Al hacer ese movimiento sentí como desprendían las ligas de mi pierna. Llevé mi mano ahí y me di vuelta.
— Espera para lo mejor.
Se apoderó de mi boca y aunque no respondí tomó de mi lo que hizo.
La bebida llegó rápido y di gracias a dios entregándosela a Christopher que la tomó de un solo trago, nunca se dio cuenta que yo no tomé nada. Me empujó y subimos por la escalera. Con una patada abrió la primera puerta de una habitación. Allí había un hombre con dos chicas muy asustadas.
— Largo.
Gritó.
Los tres salieron. Pero me memoricé la cara de las chicas. Debía sacarlas de este mundo.
Me giró y me alzó tirándome en la cama.
Lo miré espantada, no quería acostarme con ese hombre. No, no quería saber de nadie más que no sea Darien. No quería traicionarlo.
Christopher se sacó la camisa y gateando se puso sobre mí.
¿Por qué la bebida no funcionó? Me dije.
Él llego a mí, empezó a besarme el cuello. Cerré los ojos y un segundo después me estaba aplastando, casi no podía respirar. Levanté su rostro para verlo dormido. Lo empujé y suspiré.
— Por poco— respiré más tranquila.
Me levanté lo desvestí y como pude lo dejé en la cama. Saqué unas pastillas de entre mi ropa y se las metí por la boca.
— Gracias Artemis por dejarme estas.
Agradecí a mi amigo por las pastillas, eran unas especiales que daban impotencia. Sonreí, por un tiempo no podrá forzar a nadie más.
Salí de la habitación y aunque ya quería un baño necesitaba llegar al despacho principal. Tenía la tarjeta de acceso pero aún faltaban pruebas.
Llegué al segundo piso. Entré con el acceso que le saqué al maldito. Revisé todo el escritorio pero nada. Encontré un cajón cerrado y del corsé saqué dos clipes, con esfuerzo el cajón cedió.
— Bingo.
Allí había unas fotos, recortes y algunas transferencias que hacían estos hombres. Con mi pulsera saqué las fotos de todo eso. Agarré un papel doblándolo escondiéndolo entre mi ropa. Guardé todo en su lugar y cerré.
Mientras que bajaba salía por el jardín allí vi a mujeres refinadas, desde jóvenes hasta ancianas, todas acompañadas con hombres jóvenes y hermosos. Algunos solo tenían un pantalón, en su cuello tenían puesto un moño o una cadena que conectaba con el brazalete de las mujeres.
Los pocos que estaban vestidos con trajes pude notar la cara de asco que tenían antes de tener que besar a esas mujeres. Diablos no solo hay hombres perversos sino mujeres. Todas con plata y poder que creen que pueden obligar a alguien para que cumplan sus caprichos.
Pasé cerca de una mesa donde varias mujeres hablaban y comían, mejor dicho tocaban al pobre hombre que estaba en la mesa desnudo envuelto en comida para ellas.
— Es verdad lo que escuché Johana.
— Sí, Alex está en Japón, ya hablé con…
— Dios, aún recuerdo como me puso. Como sentir tenerlo dentro
— Y a mí, jamás un hombre fue tan varonil— dijo otra al tiempo sacaba un tomate del ombligo del hombre.
— Es más chicas…— la tal Johana se acercó al grupo, yo me quedé cerca del lugar para escuchar. Porque al escuchar Alex temblé—. Confieso que lo tengo apartado.
"Bruja", "suertuda" "descarada" era una de las muchas palabras que escuché antes de alejarme. Tenía que conseguir lo último que me faltaba para largarme de aquí.
Llegué al salón y me puse a bailar, a lo lejos vi la mesa de los patrocinadores del evento, todos con un brandy. Entre ellos estaba Diamante sonriendo hipócritamente haciendo señas a alguien a la lejanía.
Mi sangre hirvió, según el papel que escondí, él es responsable de algunas cosas que pasaron hace algún tiempo en Japón, tendré que pedirle a Artemis que lo constate antes de acusarlo.
Giré mi cabeza cuando sentí que mi piel se erizaba y mi corazón empezó a latir muy fuerte. Di una vuelta con un brazo en lo alto y el otro abajo siguiendo el ritmo de la música que resonaba en el lugar. Al levantar la cabeza veo a un hombre alto de cabello pelinegro parado en la puerta.
— No— me dije aterrada.
Él me miraba fijamente, dio un paso hacia mí pero una persona se le abalanzó para ponerle una peluca que rápidamente la apartó.
Aproveché para girar y escaparme por la siguiente sala. Caminé pasando por un sillón donde había dos personas besándose, agarré la peluca blanca de la mujer y me la cambié por la mía.
Él celular vibró.
Salí al patio trasero, allí había una piscina donde se tiraba la gente vestidos o desnudos. Caminé por el borde.
¿En verdad estaba yo tan fuera de mí, que lo vi? ¿Era correcto sacrificar tanto?¿sacrificar a él? ¿O realmente estaba fuera de foco en lo que en verdad quería? Fueron muchas de las preguntas que me amotinaron en mi mente,
El celular volvió a sonar,
Lo elevé... Darien me estaba llamando.
Rechacé su llamado.
Caminé hasta que di vuelta en una esquina, él estaba de espalda a mí. No lo soporté más y sin medir las consecuencias toqué su hombro para enfrentarlo.
Entonces lo entendí, "Darien estaba en la mansión".
Se quedó quieto viéndome, yo lo veía a él.
¿Qué hacía en Asaka? ¿Qué hacía en la fiesta? ¿Qué hacía aquí?
Su mirada era confusa, dolorosa y avergonzada. Como si yo hubiese descubierto uno de sus secretos y no al revés.
De mis ojos caían pequeñas lágrimas, nos mirábamos sin decirnos nada. Parecía que el tiempo se había detenido entre los dos, que el mundo ya no giraba. Hasta que no lo soporté más. Di un paso tomando su rostro y llevando mis labios a los suyos le di un beso. Seguramente el último.
Lo besé y él me estaba besando casi con la misma intensidad que yo. Elevó sus manos a mi rostro al tiempo que sentí varias manos empujarnos y separarnos.
Habías algunas mujeres u hombres encima de él haciéndole preguntas, me giré volviendo a escapar de sus ojos azules, de esa mirada que pronto sería de odio.
Salí corriendo hacia la calle, tan rápido como mis pies me daban, mi rostro estaba empañado de lágrimas. Dios, Darien estaba acá y no solo eso, me vio, me reconoció, sabe lo que hago.
Me daba asco a mí misma, conoció a la Serena que jamás quise mostrarle, me odiaría y también me dejaría. Cerré mis ojos cuando volví mi vista a la mansión.
¿Qué hacia Darien aquí? Minato estaba muy lejos de aquí.
— No, no él no podía estar involucrado en este mundo.
Acaso él forzaba a las mujeres como los hombres que están allí riéndose. Él era un cliente más en este mundo perverso, sin escrúpulos. Darien no era más el dulce Darien sino un hombre que trata a las mujeres como objeto para su satisfacción.
Pero entonces… ¿qué hacía aquí? Estaba de traje, elegante y diablos su dirección indicaba que se iba a encontrar con la gente más poderosa de aquel lugar ¿era un patrocinador? ¿Era uno más de ellos? ¿Es por eso que Diamante lo quiere tanto, para que ocupe el puesto de él? ¿Es lo que hizo estos diez años? ¿Se involucró en este mundo perverso de drogas y sexo?
— Bunny.
Una mano a mi espalda me sobresalto. Me giré y vi a mi acompañante que en su mano traía mi peluca rosada.
— Me la cambié, lo siento.
Ella negó.
— Debemos actuar, pagaron por ti.
Cerré los ojos. Rápidamente alguien avisó que estábamos y si no era quien esperábamos la suma que pedíamos era ridículamente alta. Con tantas mujeres gratis ni se gastaban en pensarlo, salvo que yo lo eligiera y ahí, la suma era mínima.
— ¿Quién?
— No dijo su nombre, pero dio un cheque en blanco. Está involucrado con el patrocinador de Japón y dijo que le pedimos a cambio lo que sea.
— No puedo.
— Lo sé, por eso estoy aquí.
Extendió mi peluca rosada, la acepté cambiándomela.
— Cuarta puerta del tercer piso.
Asentí.
Me sequé las lágrimas y me enderecé. Ella estaría a mi lado.
Entré a la casa y subí las escaleras. Al llegar al tercer piso me detuve un instante en la cuarta puerta. Mi mano estaba en el pomo de la misma y en la otra traía la bebida que le pedí a Nephrite antes de subir.
Pero si mi aliada decía la verdad este hombre me ayudaría con la última revelación o por lo menos a conseguir el último acceso.
Abrí la puerta. El cuarto estaba oscuro. Entré despacio cerrando la puerta tras de mí. Caminé solo unos pasos cuando escuché a mi espalda.
— Supongo que es la primera vez que pago por esto.
Esa voz, me giré bruscamente y ahí estaba sentado viéndome. Sus ojos me penetraban viendo mi alma oscura y blanca, me miraba desde detrás de la puerta. Como dos luceros hermosos, dos hermosos luceros conocidos también por mí, pero esta vez me miraba de manera diferente.
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Oh ¿que paso? acaba de sentir que su mundo colisiona al ver a darien y sentirse expuesta por el... jajaj. Bueno ya he explicado quien es Shingo ¿se esperaba que era su hermano pequeño?
Solo dire que el siguiente capitulo es... bueno...esclarecedor... algo... jjaa
Contestando Reviews
yssareyes48: como veras Darien esta mas confundido que otra cosa, pobre lo que le falta entender. Pero es tan hermetico que tiene miedo y bueno quien no ama a alguien no se vuelve posesivo, siempre en una medida sana. Sino arde troya. Con los lemos lo pensare aaj solo no quiero que se pierda la historia por ellos. pero bueh aun no se si pondre uno mas(dudo..)Saludos
lyzcg11 : ¿cortito? te prometo hacerlo un poquitin mas largo jaja.. asi aclaro mas temas. Bueno ya se viene la primera parte de la gran revelación.. sera ¿de Serena o Darien?. Saludos
Lunabsc: Si, serena paso por mucho pero eso la hizo fuerte y Sam siempre estuvo ahi pero respet ando a su hermana. Esperemo que se comporte con Hot
amely614 : Gracias. Te cuento que la habia ojeado esa historia hace un tiempo atras pero aun no la pude leer completa (cuestiones de tiempos) pero en breve pasare a leerla bien parecia bastante interesante. saludos
ReynaCecilia: Poco a poco mas y mas detalles veras que todo se relaciona. saludos
Sere: gracias, espero que la proxima actualizacion no demore tanto, ya casi termino el siguiente cap
Zakura Naeiguino: Gracias me alegro que te guste, aun faltan mas detalles que contar. saludos
lili: Pobre Serena todas sus acciones tendran su consecuencia grave pero prometo en breve aclarar esa duda (me gusta creer ambiguedad) pronto revelara si se acuesta o no con ellos. Solo dejame decirte que no todo lo que brilla es oro. Saludos
Pio: Darien es hermético con lo que hizo y aparentemente hace tiene justo ese miedo de perderla para siempre, aunque Serena por otra parte sabe que lo perderá siempre lo supo y hasta su aparición no le importaba nada lo que hacia o le hacian ahora él la revoluciono. Mientras que el pasado de ella la hizo fuerte, el pasado de él lo hizo vulnerable e indigno. Lo de la hija lo pense mucho pero del dolor nace la fuerza, un proposito ese es el obetivo de Serena. La pregunta mas importante es ¿podrá el amor superar al dolor?. saludos
Sere: Samy trae claridad del pasado de Serena para Darien cosa que lo confundirá mas y no sabe como actuar. Saludos
.
Perdon por la demora y gracias por su paciencia. Ya saben navidad, año nuevo, las fiesta bah... demoras. Dudas comentario lo que quieran sera bien recibido el siguiente casi esta listo espero no tardar mucho (¿gracias? tu sabes jeje aun pienso en alguna maldad jaja solo bromeo, ella lo sabe).
