CAPITULO ONCE
Cuando el día comenzó a rayar, Gaara desistió de intentar dormir. Se levantó y, después de vestirse, descendió al establo.
Después de una buena cabalgata, se dirigió al campo de ejercicios marciales. La intensa actividad física no lo ayudó a quitar de su mente los acontecimientos de la víspera. La paz de espíritu no volvía.
Dio la orden a Choi de traer un caballo. Era el momento de comenzar a enseñar al muchacho a manejar la lanza. No podía permitir que los problemas personales le impidiesen cumplir sus obligaciones.
Aunque Gaara percibiese el entusiasmo del escudero, no se animó como lo habría hecho en otra ocasión. No podía pensar en nada además de la conversación exaltada con su mujer.
Habría sido justo con Ino? Finalmente, ella no había hecho nada mas allá de mencionar un asunto prohibido.
El hecho que Ino hubiese conversado con Amori había sido una casualidad, pues ella no lo había buscado. Aún así, Gaara hervía de rabia.
Lo más importante era que ella comprendiese la necesidad imperativa de no persistir en el propósito de reconciliarlo con Haruk. Esperaba haberla convencido de eso.
Pero no sería culpa de él el hecho que Ino no hubiese escuchado la primer advertencia? Se acordó de sus acusaciones. Estaría impidiéndole entrar en su vida?
Aunque le fuese difícil mencionar a su madre y su relación con Matsuri, él había conversado sobre ambas con Ino. Además, nunca había hecho eso con otra persona. Aún con Matsuri, su amiga de la infancia, él jamas se había quejado de su madre. Ella, a su vez, no lo cuestionaba. Los dos tenían sus secretos.
El ya le había contado a Ino algo sobre Matsuri. Pero no podría agregar mucho más sin revelar el secreto de Yuki.
Habría Ino hablado la verdad al decir que no le mentía desde la noche de la cena en ausencia de Naruto? Tenía la impresión de que si. Ya habían discutido muchas veces, pero ella nunca se había acobardado y había expresado lo que tenía en su mente, a pesar de despertar su rabia. Aún sabiendo cuanto esa cuestión sobre Amori lo enfurecería, Ino lo había buscado y le había expuesto su punto de vista.
Nervioso, Gaara se pasó la mano por los cabellos. Si al menos hubiese una salida para ese dilema...
Oyó la voz de Choi llamándolo y sacudió la cabeza. Debía prestar más atención al muchacho. Se acordaba de su propio entusiasmo cuando había empuñado la lanza por primera vez.
Si Choi fuese como él, al final del día disimularía el dolor en los brazos.
Prosiguió instruyéndolo para dar en el blanco hasta que el muchachito apenas podía sujetar la lanza. Al día siguiente, él no conseguiría ni siquiera levantar las manos. Pero debía ser así. En la batalla, un soldado tenía que ser capaz de empuñar la lanza por horas. Este era sólo el comienzo para Choi.
Gaara se imaginó si podría establecer un comienzo semejante con su esposa. La estabilidad de su matrimonio sólo sería alcanzada a través del sufrimiento? Había sido testigo de un solo matrimonio, el de su padre y de su madre.
Lo que Gaara no ignoraba era el hecho de haber sido muy rudo con Ino. Ganaría algo si la buscase y hablase con más calma, aunque no entrase en detalles? Ella se mostraría más dispuesta a obedecerlo?
El concepto era nuevo para él. Sin embargo, la perspectiva de enfrentar a Ino lo dejaba ansioso. Ella rechazaría su tentativa de reconciliación?
Otras veces, ella había aceptado de buena gana sus pedidos de disculpa. No había hecho comentarios mordaces ni lo había condenado. Bien diferente de la manera en que su madre trataba a su padre. Su madre usaba cualquier situación para aumentar el dominio sobre su marido.
No. Ino no le había dado motivos para pensar que usaría contra él cualquier gesto de simpatía. Por el contrario, su mujer actuaba con el propósito de conseguir un poco de armonía entre ambos.
No sería fácil vencer los viejos hábitos y confiar en ella. Tampoco podía forzarla a ser leal. Pero precisaba intentarlo, no sólo por su propio bien sino por el de Yuki también. Necesitaba convencerla de que actuaba únicamente con el objetivo de lograr la felicidad de su hija, aunque no pudiese explicar por qué.
Después de dispensar a Choi de sus ejercicios, Gaara se dirigió al castillo, dispuesto a enfrentar la situación. Nada ganaría eludiéndola.
Al encontrar a la jefa de los criados, le preguntó por su mujer. Jean le respondió que Ino estaba en sus aposentos.
Ya en la escalera hacia el tercer piso , Gaara miró su kimono inmundo y resolvió ir primero a tomar baño y cambiarse de ropa.
Mientras lo hacía, se censuró por el nerviosismo que sentía. Finalmente, iba sólo a hablar con su mujer. Pero el corazón continuaba a martillándole en el pecho. Esa era la primera vez que intentaría apaciguar a una mujer y eso era alarmante.
Al llegar a los aposentos de Ino, Gaara se paró, indeciso. Respiró profundamente y abrió la puerta.
Lo que vio lo dejó paralizado. Ino y su hermano, Aoi, se tocaban íntimamente al lado de la ventana. La luz de la tarde iluminaba los mínimos detalles. Aoi, la espalda de ella, había una mano en los hombros expuestos por el kimono rasgado. Ino no intentaba escapar, pero retorcía impetuosamente hacia él.
Atónito, Gaara se acordó de las manos de Ino ayudándolo a rasgarle las ropas para quedar desnuda debajo de él. En una fracción de segundo, la visión desapareció, pero la agonía de lo que presenciaba permaneció. Confiaba ciegamente en Aoi. E Ino? Su lascivia dolía más que un golpe de lanza.
Todo eso, Gaara lo observó en un pestañear de ojos. Inmediatamente, Aoi giró y dijo:
— Gaara, ven aquí. Debes ayudarme. Perplejo por la falta de remordimiento de su hermano, Gaara no entendió pronto el pedido. Continuaba paralizado en la puerta.
Ino, al oír a Aoi, giró. Sus ojos color zafiro brillaban. La perfidia de esa mujer!
Gaara continuaba inmóvil, pero oyó una voz detrás de él :
— Con permiso, Lord Sabaku No.
Giró y vio a Sakura trayendo una bandeja con queso, carne y pan.
La visión de esos elementos tan comunes lo sacó de su inmovilidad. Con la velocidad de un relámpago, Gaara atravesó la sala y apartó a Aoi de al lado de Ino. Sorprendido, oyó la voz de la criada.
— Lady Ino, qué pasó?
Furioso, Gaara la encaró mientras empujaba a Ino en contra de él.
— No es obvio? Y con mi propio hermano! — agregó, mirando a Aoi.
En vano, Ino intentó soltarse. Aoi dejó escapar una exclamación de irritación y sorpresa.
— Has perdiste la razón, hermano?. Tu acusación es tan ridícula que no me tomaré el trabajo de responderte.
Con un el dedo, Gaara apuntó a la túnica rasgada de su mujer.
— Pues explica que significa esto.
Estaba tan furioso que no oyó la exclamación de Ino.
Ella consiguió soltarse y cachetearle el rostro.
— Cómo te atreves a tanto? — preguntó al apartarse de él.
A Gaara le extrañó esa demostración de virtud ofendida. Había visto con sus propios ojos la prueba de su desfachatez. Crispando las manos, se aproximó a ella, pero Aoi se interpuso entre ambos.
— Cuidado, hermano. No se expongas más al ridículo. Entonces, como si Gaara no mereciese su atención, giró hacia Sakura.
— Tu patrona fue mordida en la espalda por una araña. No te asustes, porque no era venenosa, estoy seguro de eso. Yo la atrapé y la maté. Pero examine la herida. Tal vez precise de un curativo.
Al darse cuenta de cómo había actuado, Gaara volvió a permanecer pegado al piso.
Una araña.
Miró a Ino. Ella bajó la cabeza mientras empujaba su kimono rasgado sobre sus hombros.
Dios del Cielo! , qué había hecho?, se preguntó Gaara al pasarse las manos temblorosas por el rostro. Afligido, miró a su hermano.
— Aoi, yo...
— Sólo por amor a ti te perdono por lo que pensaste respecto a mí, Gaara. Yo jamás me metería en la cama de tu mujer. Pensé que nos conocíamos mejor. Durante todos esos años de convivencia, jamás te di motivo para dudar de mi lealtad. A causa de eso, me esforzaré al máximo por olvidar esta escena desagradable. — Miró a Ino, quien, pálida, mantenía callada. — Tu esposa tendrá más dificultad en perdonarte, Gaara, pues siempre te trató con bondad — agregó antes de dejar el aposento.
Sakura fue hasta Ino y expuso nuevamente su hombro para examinar la picadura. En ese instante, Gaara perdió la inmovilidad. En dos pasos, alcanzó a las dos y apartó a la criada a un lado.
— Puedes dejar, yo me ocuparé de eso — dijo en voz baja. Sakura lo miró con vacilación y se quedó esperando una orden de Ino.
— Dile que nos deje a solas — pidió Gaara. Mirando al piso, Ino murmuró:
— Por favor, Sakura, sal.
Tan pronto la criada cerró la puerta detrás de sí, Ino se apartó unos pasos de su marido y lo encaró con la cabeza erguida. Los ojos azules no escondían su amargura.
— Perdón, Ino. Vi a Aoi y pensé. Que... Perdí el control.
— Lo que tú pensaste quedó muy claro. Cómo tuviste el coraje, Gaara? Yo jamás te di razón para imaginarte que...
— No, no me diste. Quien se equivocó fui yo. Pero, qué hacía Aoi aquí con vos? — preguntó en tono angustiado.
Exasperada, Ino no tenía ganas de dar explicaciones después de los acontecimientos de momentos atrás y de la víspera. Gaara vivía encerrado en sí mismo y esperaba que ella le fuese leal. Eso se volvía difícil porque él no tenía un mínimo de confianza en ella. Pero resolvió hablar:
— No siento con la obligación de explicarte esto. Pero, por el bien de tu hermano, voy a hacerlo. Aoi viene a aquí a encontrarse con Sakura. Si vieses algo mas allá que tus problemas, habrías notado que los dos están enamorados.
Gaara se dio cuenta de que estaba oyendo la verdad. De hecho, todas las veces que veía a Aoi al lado de Ino, Sakura también estaba presente. Dio un golpe en la palma de la mano.
— Por Dios, qué idiota fui! No tengo disculpa, Ino. Después de lo que hice, esto deja de tener importancia. Pero quiero que sepas que vine aquí para tener una conversación amigable y no para discutir más. Algo me viene pasando desde que nos conocimos. Me Parece que perdí el sentido común.
— De hecho, lo perdiste. Ahora, por favor, déjame sola.
Gaara le reconocía el derecho de despacharlo, pero él no quería irse. Precisaba intentar corregir el error cometido. Había sido injusto con Ino.
Hacía semanas, él no conseguía concentrar su pensamiento en algo que no fuera ella. Jamás había tenido un sentimiento tan fuerte por una mujer. Y había llegado al punto de querer pelear con su hermano por haberla tocado. Dos meses atrás, no hubiera creído eso. Hubiera dicho que ninguna mujer valía un conflicto con su hermano. Pero, al verlo tocándola, había sido dominado por un sentimiento terrible de posesión.
Al lado de la ventana, ella se mantenía inmóvil. Dio unos pasos en su dirección. En otras ocasiones, Ino lo había disculpado rápidamente, pero, esta vez, lo sabía, sería diferente. Le daba la razón. Él había cometido el imperdonable error de acusarla de coquetear con Aoi.
El kimono rasgado de Ino se había deslizado de su hombro y Gaara vio la mancha roja con las marcas de la mordedura.
El remordimiento lo hizo tocarla. Con cuidado, apartó más la túnica y besó la herida.
— Por favor, Ino, perdóname.
Ella se estremeció al sentir el beso y, muy lentamente, giró para mirarlo. Sin disimular su confusión y amargura, dijo:
— Gaara, por qué me tratas así? Qué te hice yo para merecer tu odio? Lo Lamento si fuiste forzado a aceptar un casamiento indeseable. Pero voy a tener que pagar por ese error por el resto de mi vida?
Gaara sintió su corazón oprimirse al darse cuenta de cuánto la había amargado. Apesadumbrado, puso un dedo en sus labios.
— No, Ino, vos no hiciste nada. El casamiento no fue sólo culpa tuya. Nadie me obligó a quedarme e cenar en ausencia de Naruto. La decisión fue mía. En Cuanto a odiarte, no es verdad. Mis sentimientos por ti son muy variados, pero el odio no es uno de ellos.
Ino lo miró. Los ojos no expresaban mas amargura, sólo tristeza.
— Ah, Gaara, admitir eso ya es algo. Aún así, me temo que no exista un futuro para nosotros.
Las palabras calaron en lo profundo de su ser y él se aproximó mas. La había ofendido al punto de no poder enderezar la situación? Precisaba más tiempo para probarle que valía la pena una nueva tentativa.
— Para qué hablar del futuro ahora? — preguntó, sintiéndose solitario y amedrentado con la perspectiva de perderla.
Para ser un hombre tan autoritario y poderoso, Gaara se mostraba inesperadamente triste y cansado. Al mirarlo, Ino no tuvo más fuerzas para censurarlo.
Los ojos agua marina, tan llenos de remordimiento y soledad, imploraban su comprensión. Era como si él, abriéndose un poco, expusiese el gran vacío en su interior. Y era ese lugar el que Ino ansiaba llenar. Necesitaba ser cautelosa. Podría confiar en los sentimientos de ese hombre herido, inflexible y guapo?
A pesar de las advertencias de su mente, su corazón se inflamó de esperanza. Gaara no había hecho declaración alguna de amor, pero eso la dejaba satisfecha, Era mejor ser honesto. Ambos no habían dado nombre a sus sentimientos. Tal vez con el tiempo el amor surgiese entre ellos.
En Caso que eso no pasase, deberían contentarse con el respeto, compañerismo y, ciertamente, atracción física.
Como siempre, Ino sentía deseo por su marido. Eso la dejaba inquieta. Desde la noche en que habían hecho el amor, él no había vuelto a tocarla. Aunque intentase olvidar la experiencia, no lo conseguía. Ansiaba sentir los brazos de Gaara alrededor de su cuerpo, por alcanzar el éxtasis otra vez.
Miró las manos de él crispadas a lo largo de su cuerpo y pensó en el placer provocado por ellas. Una oleada de calor se esparció en su cuerpo.
Gaara notó su reacción, pero continuó inmóvil. No estaba seguro si cualquier gesto suyo sería bien recibido.
Percibiendo que le cabía a ella dar el primer paso, Ino lo tocó en el rostro y murmuró:
— Gaara.
A pesar de entender la actitud como una invitación, él quiso tener certeza de que Ino lo quería. Después del terrible error cometido con ella y Aoi, era necesario que la percepción de ese momento fuese verdadera.
Pero la expresión ardiente de los ojos azules lo excitaron y él se sintió envuelto por su necesidad reprimida hasta entonces. Tenía que actuar cuidadosamente para no apartarla.
— Reconozco haber sido injusto hoy y muchas veces antes. Pero tu mirada me lleva a pensar que tú quieres que estemos juntos otra vez. Es verdad? Me deseas, Ino?
Todavía inmóvil, esperó por la respuesta. Aceptaría cualquiera. Por nada de ese mundo, quería amargarla otra vez.
Ino sabía, sin sombra de duda, que la respuesta era afirmativa y se alegró porque él fuera tan respetuoso al hacerle la pregunta. Bajito, respondió:
— Si, marido, te deseo.
La intención de Gaara era ser lo más delicado posible, pero Ino se mostraba muy bien predispuesta. Apenas se vio en los brazos de él, encontró su boca, la que exploró ávidamente.
Él no contuvo una exclamación. La Apretó contra su pecho y la besó profundamente mostrándole la fuerza de la pasión que sentía. Receptiva, ella se abandonó a las caricias mientras lo enlazaba por lo cuello. Gimió y se inclinó- hacia atrás cuando él bajó la cabeza en busca de sus pechos.
Con los dientes, Gaara apartó la parte superior del kimono y tomó uno de los pezones en la boca. En Agonía, Ino gritó su nombre y él se rió.
Sensaciones deliciosas irradiaban de sus pechos a todo su cuerpo e Ino intentaba un contacto mayor entre ambos. Pero el resto del kimono se lo impedía y ella gimió de frustración.
— Ay, Gaara, tómame. No esperes más. Te quiero dentro de mí.
La súplica no fue ignorada. Gaara quería hacer amor durante horas, acariciar cada curva de ese cuerpo, pero la pasión inmediata precisaba ser atendida. Era como si los celos y la rabia de minutos atrás abriesen un camino a sus emociones más íntimas. El pene erecto resentía el confinamiento dentro de su ropa. Arqueó el cuerpo al sentir las manos acariciándolo en la entrepierna.
Esta era su mujer y ella lo deseaba.
Y allí en la sala, donde cualquiera podría entrar, ellos se acostaron en el piso, intentando desvestirse. Incapaz de quitarse el kimono con Ino tan cerca, Gaara quiso levantarse. Ella, sin embargo, se lo impidió.
— No, Gaara, por favor. No puedo esperar más. Que sea ahora.
Él le subió la falda del kimono con mucha dificultad, y masajeó la carne tierna entre sus piernas . Se asombró de sentirla húmeda, lista para recibirlo. Su pasión respondía a la de él. Pero quería verla enloquecida de deseo y entonces usó su lengua y sus dedos para estimularla unos minutos mas.
Ella no contuvo un grito al sentir la penetración y Gaara se dejó dominar por la sensación deliciosa de poderosa virilidad. Finalmente, eran uno solo, fundidos por lo calor de la pasión y del deseo.
Las lenguas iniciaron una danza que imitaba los embestidas del miembro masculino.
Gaara la sintió convulsionarse alrededor de su pene y permaneció quieto por algunos segundos para que ella llegue a su clímax y un grito de placer se le escapó de los labios a Ino . En el instante siguiente, él también se entregaba al gozo.
Poco después y todavía jadeante, Gaara intentó moverse de encima de Ino.
— No te apartes de mí — pidió ella.
— Soy muy pesado para estar encima tuyo. Te puedo lastimar
— Si no lograste hacer eso antes no lo harás ahora.
El se rió, pero rodó a un lado y puso a su esposa sobre su cuerpo. Relajada y suspirando, ella murmuró:
— Esto no está nada mal.
Gaara le besó la frente y confirmó:
— No, no lo está.
Cuando despertó, Ino se vio en la cama en sus aposentos. Aún sin buscar a Gaara, sabía que se había ido, pues no sentía la presencia de él allí.
Sólo podía concluir que Gaara la llevo a su cuarto. La última cosa que recordaba era estar acostada sobre el piso de la sala.
Se Ruborizó al pensar en cómo se había comportado. En relación a Gaara, su pasión era incontrolable.
Se estremeció al darse cuenta de cuánto se habían arriesgado. Cualquier persona podría haber entrado en la sala.
Tal vez Sakura, sabiendo que los dos estaban a solas, hubiese mantenido a todos apartados del lugar. Mentalmente, le agradeció.
En ese instante, la puerta se abrió y la criada apareció. Al verla con los ojos abiertos, dijo:
— Disculpa, no fue mi intención despertarte. Vine a ver como estabas. Me quedé preocupada cuando Lord Gaara me contó que vos había caído en un sueño profundo. Imaginé que sería a causa de la picadura de la araña. O, quien sabe, tu marido te habría perturbado.
— Tonterías. Me dormí porque estaba cansada. Ni ciento la picadura y Gaara no hizo nada para hacerme enojar. Me Pidió disculpas por el error cometido y llegamos a un cierto grado de entendimiento — afirmó, ruborizando al recordar cómo había terminado la conversación entre ellos.
Sakura la observó y también se ruborizó. No era difícil imaginar lo que la pareja había hecho. Mirando hacia abajo, y preguntó:
— Entonces está todo bien entre vos y Lord Gaara?
Ino reflexionó por unos instantes. Aunque la situación conyugal estuviese menos mal, no cometía el error de considerarla buena. Gaara no había hecho confesiones o promesas. El pedido de disculpas y los momentos de pasión no podrían sanar todos los males existentes.
Gaara todavía desconfiaba de las mujeres y del amor. Ella no deseaba mentirle a Sakura, y mucho menos reflexionar respecto a cómo sería su vida si su marido no venciese sus temores.
— No puedo responder a tu pregunta. Gaara continua siendo Gaara y el futuro le pertenece a Dios.
Se levantó de la cama y fue hasta la ventana. Mientras apreciaba el atardecer, algo se le ocurrió. Gaara había amado a Matsuri. Más que eso. Había Confiado tanto en su juicio a punto de volverse el enemigo del hermano de su amada. La palabra de Matsuri había tenido, y continuaba teniendo, mucho valor para él.
Si ella consiguiese entender la relación de ambos a través de los ojos de su marido, tal vez encontrase la solución a los problemas.
Ino no tenía intención o ganas de ser como Matsuri. Pero, al entenderla, podría develar el secreto que la afligía.
Se sintió determinada a tener éxito en su intento. Ella y Gaara se merecían construir una vida mejor y sin sombras del pasado.
