Disclaimer: Los personajes pertenecen a doña Cassandra-me-gusta-matar-personajes-Clare y su saga Los Instrumentos Mortales.
N/A: primero que todo, disculpen la tardanza. Podría describirles porque he tardado tanto en actualizar, podría hacer una queja existencial kilométrico pero, por respeto, no lo haré. Mi vida personal es ridículamente complicada y, por lo menos yo, estoy en paz conmigo misma por escribir las únicas una o dos horas que tengo libres al día.
Pero igual me disculpo. Espero que la tardanza se vea compensada un poco con las 7.355 palabras de este capítulo que, dicho sea de paso, me ha costado horrores escribir.
Advertencias: aparte de mi total ignorancia en medicina; mi total ignorancia en leyes. Esta vez tuve ayuda de mi beta, pero aun así, recuerden que es un fic. Soy Chef, poco sé de leyes o medicina. XD
Recomendación musical: Como siempre, Adam Lambert a cargo de este departamento, esta vez con Mad World.
Nota: recuerden que los fragmentos en cursiva, no siempre están ubicadas en presente. Pueden ser (y la mayoría lo son) eventos en tiempo pasado. Atento con los detalles para no confundirse y poder comprender. :D
Beta: mi querida hermana Tenchi Uchiha. No recuerdo haberla mencionado antes aquí, pero ella siempre me ayuda con mis fics y ha estado con Deuda de vida desde el comienzo.
Ale, a leer.
#10
Viejos Demonios
- Buenas tardes ¿Es usted la Doctora Loss?
- Si, ¿Qué se le ofrece oficial?
- Vengo buscando al Señor Magnus Bane, en la recepción del hospital se me dijo que usted era su doctora encargada.
- Lo soy.
- Doctora, su paciente tiene que dar declaraciones sobre el supuesto accidente. Estamos llevando una investigación.
-¿Supuesto accidente? ¿Es que acaso creen que alguien se haría algo así por propia voluntad?
- Eso es lo que tratamos de averiguar. Necesitamos interrogar al Señor Bane.
- Oficial... ¿Aldreetre? Mire, lo siento, pero mi paciente no se encuentra estable como para dar declaraciones a la policía ni a nadie, la verdad. Magnus está inconsciente aun. Lleva dos días inconsciente desde que pasó el accidente. Entenderá mi postura médica de no permitirle ningún interrogatorio ¿Cierto?
-¿Cuál es su estado?
Ya le he dicho, está inconsciente. No puedo decirle más sin violar la confidencialidad médico – paciente.
- Pero ¿Se recuperará?
- Aun no puedo asegurarlo, sufrió heridas muy graves.
-...bien, volveremos en unos días, doctora Loss. Gracias por atenderme.
...
Aquella mañana, Magnus recibió a Tessa y a Ragnor en su departamento con un ánimo de los mil demonios.
Después que se fuera el abogado de los Morgenstern, Magnus había intentado volver a conciliar el sueño inútilmente. Había dado unas diez vueltas en el colchón antes de darse completamente por vencido.
No estaba siendo un buen día para él.
Para empezar, le dolía la espalda horriblemente. Se había tomado el calmante de rutina y uno extra, de esos de emergencia que Alexander le había dicho que tomara si sentía un dolor insoportable; y ninguno de los dos medicamentos parecía estar funcionando. Por lo cual, en aras de aliviar un poco el peso y la tensión en su espalda, había tenido que comenzar a utilizar la estúpida muleta que Catarina le había dado.
Tampoco funcionaba.
Segundo, su sexy paramédico personal no había dado más muestras de vida que aquel mensaje que le dejara la noche anterior. Lo cual lo tenía ansioso y preocupado. Quería verlo con unas ansias indescriptibles. Sentía que, en aquel momento, lo único en el mundo que podía hacerlo sentir mejor era Alexander.
Tercero, tenía una citación para la corte por causa del accidente. Estaba siendo culpado de daños y prejuicios. Lo cual era... bueno... era lo mínimo que se merecía. Él no era inocente, después de todo. Había matado (aunque accidentalmente) a alguien más. Eso era su culpa y no había nada que él pudiera hacer para cambiar ese hecho.
Como había dicho, aquella no había sido una buena mañana para él. Sentía que finalmente las consecuencias de sus acciones lo estaban alcanzado. Sentía el peso aplastante de la verdad golpeándolo inexorablemente en el pecho. Culpabilidad luchando contra la lógica. Él lógicamente sabía que había sido un accidente, que jamás había querido lastimar a Valentine Morgenstern (Ni siquiera había conocido al tipo, por Dios. No sabía ni como era su rostro; y aun así éste lo perseguía en sus pesadillas cuando el calmante no era lo suficientemente fuerte para mandarlo a dormir sin soñar) pero no había excusas para lo que en efecto, había dañado. Y no importaba cuantas veces se lo repitiera mentalmente, cuantas veces se dijera a sí mismo que había sido un accidente. Se sentía culpable.
Sus acciones habían acabado con una vida.
Así que, con un fuerte dolor de cabeza, Magnus abrió la puerta para sus amigos y les dejó pasar.
Eran las diez de la mañana.
Tessa lucía tan impecable como siempre y Ragnor con las mismas malas pulgas de toda la vida, e incluso parecían haber empeorado. Se veía algo verde. Magnus sonrió nostálgicamente. Casi parecía ayer, cuando había estado estudiando en el Instituto con Ragnor y Tessa.
-¡Magnus! –Saludó Tessa efusivamente. Su abrazo causó que Magnus colocara una expresión de dolor en su rostro y soltara un quejido. Tessa lo soltó y lo miró critica y preocupadamente. -¿Te duele algo? ¿Estás bien?
Magnus compuso una sonrisa. Tessa siempre había sido una especie de hermana para él. Era preocupada, cariñosa y todo lo seria y diligente que él mismo no era. La "Casa de Moda Bane's" habría sido inaugurada en diez siglos si todo el trabajo hubiera dependido de él y si Tessa no se hubiera hecho cargo. Su amiga había creado una empresa a partir de su simple idea de querer hacer la ropa más deslumbrante de toda Nueva York.
Magnus se soltó suavemente del abrazo y cerró la puerta con un empujón de su muleta. Ragnor no perdió el detalle y Magnus vio como la comisura de sus labios se alzaban en una sonrisita, seguramente dispuesto a soltarle alguna broma sobre su condición. Magnus se le adelantó.
- Estoy bien - le dijo escuetamente a Tessa.- ¡Ragnor! ¿Cómo estás, querido? – Llamó con un extra fingido de entusiasmo en su voz y su amigo frunció la nariz ante el epíteto- Tan ruiseño como siempre, ya veo. ¿Cómo está tu amado Raphael? ¿La peste aquella aun trabaja contigo en el bufete?
Ragnor volvió a alzar los labios en una sonrisa despectiva pero que Magnus conocía muy bien.
Era su sonrisa de "voy a hincharle las pelotas a Magnus hasta que le duelan"
- Raphael Santiago, mi socio, está muy bien. Comprometido, de hecho. Y muy interesado en trabajar conmigo en este caso, a ver si entre los dos logramos salvar tu purpurino trasero de la cárcel.
Magnus frunció los labios y preguntó, realmente intrigado:
- ¿Raphael, comprometido? – tuvo un escalofrío- ¿Quién es la demente?
- Su secretaria, Lily.
Magnus rodó los ojos y negó con un gesto.
Raphael Santiago había entrado al Instituto cuando ellos estaban en el último año. Estudiaba Derecho, al igual que Ragnor y desdichadamente para Magnus, su verdoso y amargado amigo había hecho migas de inmediato con el chico nuevo. Siendo el humor negro y las burlas sobre Magnus el pegajoso centro de su relación. A Magnus, Raphael no le caía del todo mal. El pequeño latino le era simpático con su estilo extraño y con todo aquel fatalismo por la vida; y Ragnor era su mejor amigo de toda la vida. Pero cuando ambos se juntaban: eran su peor pesadilla hecha realidad.
- Nunca entenderé a esa chica...- murmuró con un suspiro teatral.
Tessa negó con una sonrisa burlona en los labios mientras que Ragnor lo miraba sin comprender sus palabras.
Claro que Ragnor no comprendía sus burlas de Raphael. Ragnor adoraba a Raphael. De no ser ambos enteramente heterosexuales, estarían felizmente casados y declarando su eterno amor al mundo.
Su estomago se retorció. Por Dios, eso era una imagen horrible.
Sus amigos se acomodaron en su sala, al tiempo que él mismo se dirigía a la cocina y montaba la tetera en la hornilla. Luego, se hizo con un paquete de galletas de trigo de la despensa baja y lo volcó en una bandeja de plata.
- Entonces, Magnus... - escuchó la voz de Ragnor desde la sala. Magnus llevó con dificultad la bandeja hacia la sala, haciendo equilibrio con la muleta. Se sentía enormemente torpe con aquella cosa bajo el brazo. - ¿Puedes decirme, de nuevo, como se llama el que imputa la demanda? Necesitamos saber exactamente quien es, antes de proceder.
Magnus llegó a la sala y Tessa se apresuró a ayudarle con la bandeja.
- Se llama Jonathan Morgenstern. No sé nada de él salvo que es el hijo de la víctima mortal de mi accidente.
Se sentó en su sillón más cómodo mientras observaba como Tessa tomaba una galleta y como Ragnor tomaba algunos apuntes en una de sus libretas empastadas con el rostro profundamente concentrado. No había nadie en aquel planeta en quien Magnus pudiera confiar más aquella delicada situación. Ragnor era extremadamente profesional, recto e incorruptible. Iba por la línea de la Ley y actuaba con rectitud. Y además, era el mejor en lo que hacia y era reconocido en todo Manhatan por su trabajo. Si había alguien que podía convencer a un juez de que aquello había sido un accidente y no algo premeditado, ese era Ragnor Fell.
Magnus cerró los ojos un momento. Le dolía la espalda y se sentía sumamente atontando por la odiosa medicación. Lo único que quería en aquel momento era terminar con aquel asunto para poder acostarse a dormir como langosta hasta el día siguiente.
- ¿Cómo me dijiste que se llamaba el abogado?
Tessa respondió.
-Starkweather- dijo, como si el nombre fuese algo venenoso.- Hodge Starkweather. Lo mandé a investigar... nada del otro mundo. De hecho está un poco desprestigiado por haber perdido un caso hace dos años. Aunque no había detalles del caso, está todo muy bien oculto. Pero sé que iba de defensor y perdió y que su acusado tuvo que abandonar el país.
Magnus abrió los ojos, sorprendido. Le había dicho esa misma mañana a Tessa lo del abogado en su puerta y la demanda de Jonathan Morgenstern y tres horas después ya su amiga se había informado de aquella manera.
-Pues el nombre no me suena en lo absoluto. Su firma debe de ser una muy pequeña porque aquí en Nueva York todos nos conocemos – dijo Ragnor antes de anotar algo más en su libreta y luego guardarla en el bolsillo superior de su traje. Magnus parpadeó. ¿Ragnor iba de traje tan temprano? – En fin, eso es irrelevante.
La tetera comenzó a anunciar que el agua ya estaba hirviendo. Magnus hizo el amago de moverse pero Tessa le puso una mano en la pierna para detenerlo y se levantó ella hacia la cocina.
-Yo me encargo.
-Gracias. –Magnus se volvió hacia Ragnor- ¿Y como piensas hacer el caso, Ragnor?- su amigo le devolvió una sonrisa autosuficiente.
Pues simplemente alegando que tu no conocías ni conoces a los Morgenstern y que no tenías ningún motivo en lo absoluto para causar la muerte de Valentine Morgenstern. Y que, de hecho, salvaste la vida de Isabelle y Maxwell Ligthwood en el proceso. Que tu acto, fue un acto instintivo y que no querías lastimar a nadie.
-¿Eso no implicará Isabelle y a Max? – Ragnor se alzó un poco de hombros.
-Sí, obviamente. Pero es necesario. Son testigos directos de lo sucedido. Ellos ya están implicados.
Magnus se mordió un labio, preguntándose si debería decirle a Ragnor que él estaba saliendo con el hermano mayor de los Ligthwood. Luego suspiró y desechó la idea. En todo caso; Alec y él habían comenzado a salir después del accidente, no antes. No había manera alguna de que Magnus supiera que aquella chica y aquel niño que salvase, terminarían relacionados con él de alguna manera. Además, no quería que Alexander terminara involucrado. No de esa manera... quería protegerlo.
Aquello era un asunto suyo y nada más.
Se removió en el asiento.
-¿Crees que podrías dejar las declaraciones de Isabelle y Maxwell como último recurso?
Ragnor alzó una ceja antes de comenzar a cuestionar.
Abogados...
-¿Porqué?
Magnus hizo un gesto con la mano que trató ser despreocupado.
-Son unos niños. Si puedo evitar que vayan a una corte y tengan que recordar el accidente, lo haré.
Tessa eligió ese momento para llegar con el té desde la cocina.
-Eres una buena persona, Magnus... - le dijo con cariño justo cuando el timbre de su loft sonó por todo el lugar. Magnus fue detenido de nuevo por Tessa de levantarse y hacer esfuerzos. Adoraba a esa mujer. –Yo me encargo.
-Gracias Tess, eres un ángel.
Tessa rodó los ojos, pero antes de que se girara hacia la puerta Magnus pudo detectar una sonrisa en sus labios.
Segundos después, escuchó su melodiosa voz desde la puerta entrada a sus espaldas con un rentintin infantil en su tono que nunca en la vida le había escuchado.
-¡Magnus! ¡Tienes visita!
Magnus alzó la mirada, giró el rostro hacia el marco de puerta principal, la que separaba su recibidor del pasillo, y sus ojos se abrieron de par en par, gratamente sorprendido.
Era Alexander.
...
Catarina había tenido un día duro. Aquella mañana había estado en el pabellón infantil, atendiendo el caso de un pequeño con Leucemia. Ver el rostro de aquel pequeño, su carita con tubos y mangueras, su piel pálida y aun así, con aquellos ojos llenos de esperanza; le había roto el corazón.
Era duro Y estaba agotada. Llevaba setenta y dos horas trabajando corrido. No recordaba lo que era ir a casa y ni siquiera se había preocupado por comer algo decente. Había demasiadas vidas que salvar, demasiado trabajo, demasiados enfermos. Demasiada gente a la que ayudar.
Ella y su cama podían esperar.
Había estado en su oficina los últimos diez minutos, con un vaso de agua fría pegado contra su frente y los ojos cerrados, esperando a que el sueño y la leve migraña que tenía se esfumaran de su panorama; cuando tocaron levemente a la puerta y ella se vio obligada a resignarse y abrir los ojos de nuevo.
Se tomaría una pastilla, entonces. No le gustaban los fármacos realmente. Había pasado una temporada en Perú estudiando los medicamentos naturales y había descubierto que la mayoría de las enfermedades citadinas podían ser mitigadas con remedios sencillos y menos dañinos al sistema en general. Pero, sino le quedaba de otra, se tomaría una pastilla para la migraña. Necesitaba sentirse mejor para poder trabajar.
Había demasiado trabajo que hacer.
Bajó el vaso de agua y alzó la mirada.
- Adelante - concedió, con voz cansada. Solo esperaba que no fuera nada que le causara más dolor de cabeza.
-¿Doctora Loss?
Catarina alzó ambas cejas hasta perderlas bajo su flequillo blanco.
Oh, eso eran problemas.
-Oficial Aldertree – saludó, con genuina sorpresa y algo indefinido en su garganta. Esa sensación de que algo importante se le había olvidado llegó a ella como un relámpago. Se recompuso casi al instante e indicó al oficial con una mano - pase, adelante, siéntese.
-Gracias, doctora. Me quedaré de pie.
Catarina suspiró y cruzó ambas manos sobre el escritorio metálico de su oficina.
-Bien, como desee – replicó amablemente. – Dígame ¿Qué se le ofrece, oficial?
El hombre la miró despectivamente antes de sacar un papelito de su chaqueta y ponerlo sobre el escritorio de Catarina. Ella alzó una ceja y lo tomó entre sus manos.
-Eso es una notificación del departamento policial de Nueva York. Ha sido citada a rendir declaraciones por el caso del Señor Bane.
Catarina dejó el papel de nuevo sobre la mesa y miró al oficial a los ojos.
-No comprendo. ¿Por qué estoy siendo citada?
Se le pidió que nos informara si el Señor Bane se recuperaba lo suficiente como para rendir declaraciones. Tengo entendido que el Señor Bane fue dado de alta ayer en la mañana y no se notificó de su mejoría en ningún momento al departamento policial de Nueva York.
Catarina abrió la boca par de veces y luego la cerró definitivamente. La verdad, había olvidado hacer nada. Su primera y máxima preocupación era la recuperación de sus pacientes, y eso incluía a Magnus. Una mera investigación policial no estaba dentro del parámetro de sus prioridades.
-Oficial Aldertree... mire, la cuestión es... - el sujeto levantó una mano y la silenció. Ella cerró los labios con fruición y lo miró frunciendo el ceño. ¿Pero qué demonios se creía él?
-No tiene que darme explicaciones a mí, Doctora Loss. – ella incrementó su ceño y se reclinó en su silla, marcando distancias. – Solo me queda advertirle que, si resulta ser que el Señor Bane está evadiendo su deber, usted puede ser acusada de obstrucción a la justicia.
Ella alzó una ceja, obligándose a preguntar:
-¿Es eso una amenaza? – le parecía absurdo que un policía le estuviera amenazando. Le parecía absurdo siquiera el estar preguntándolo. Parecía el guión de una mala película.
-No, es solo para que lo tenga en consideración. – ella hizo un gesto con sus ojos y su rostro, mitad negación, mitad condescendencia e incredulidad. Su migraña había aumentado exponencialmente en los últimos cinco minutos. Aldertree se giró y tomó el pomo de su puerta.- Gracias por su tiempo, Doctora. La veré en la estación.
Cuando la puerta se cerró tras él, Catarina resopló con indignación.
- Claro... oficial.
...
Alec se había detenido en seco en la entrada del departamento de Magnus. Su corazón latía furiosamente contra su garganta.
-¡Alec! ¿Qué haces aquí?
La voz de Magnus había salido aguda y realmente sorprendida. Alec dio un paso hacia atrás de manera inconsciente. Le había avisado la noche anterior que iría a visitarlo a su casa tan pronto como pudiera. De hecho, había estado toda la noche pensando en él y había cedido a la tentación de escribirle... pero... ¿Esa reacción significaba que no había visto su mensaje? O peor ¿Qué si lo había visto pero que no le quería ahí?
Desde que había soñado con Magnus y con Sebastián al mismo tiempo, su corazón parecía ir a trompicones por la vida. No podía sentirse así con respecto a Magnus. No todavía, al menos. Apenas lo estaba conociendo.
No podía permitirse extrañarlo, necesitar verlo... no podía enamorarse así tan pronto.
- ¿Es... un mal momento? – logró preguntar. Siempre podría irse, dar media vuelta y escribirle de nuevo. Una mano femenina se aferró a su brazo y le hizo dar un paso hacia delante, saliendo del marco de la puerta.
-Por supuesto que no. Adelante. Nosotros ya nos íbamos. – Alec bajó la mirada hacia la mujer que le había abierto la puerta. Era bajita, delgada y menuda; con un suave cabello castaño y unos expresivos ojos grises cubiertos con unas pestañas largas. Alec supuso que podía ser considerada bonita, con una belleza etérea. Antigua. Vestía sobria y elegante para ser las diez de la mañana. Con un jean limpio y ajustado y una camisa blanca de lino. Parecía ser una mujer amable.
-Solo estoy aquí por una visita médica. – replicó amablemente Alexander. No quería que las visitas de Magnus se fueran por su culpa. No quería molestar, de hecho... - No tienen que irse.
-Ellos ya se iban, Alexander. No te preocupes. – Alec giró el rostro hacia Magnus, sorprendido. ¿Cuándo demonios se había levantado y llegado hasta su lado? Su sonrisa le hizo sentir cosas que definitivamente no podía permitirse, todavía. Miró la muleta bajo el brazo izquierdo de Magnus y frunció el ceño.
-No deberías estar caminando sino no es necesario. Catarina dijo que reposo. – Magnus sonrió de medio lado y él sintió un escalofrío.
-Y dijo que nada de sexo, pero también me siento animado a romper con esa regla si te interesa saber.
Alexander sintió su rostro enrojecer escandalosamente y su garganta cerrarse a la altura de su nuez de Adán. ¿Cómo Magnus podía decir esas cosas, por Dios? Tragó grueso y apartó la mirada de él.
El silencio corto pero incomodo fue interrumpido por la mujer a su lado quien lo miraba con cariño. Luego miró hacia Magnus y alzó una ceja inquisitivamente.
-¿Es él? – Magnus sonrió de nuevo y asintió. La mujer se giró hacia Alec y le tendió una mano fina y delicada.
-Theresa Gray- Alec abrió sus ojos azules al máximo y rápidamente estrechó su mano. Aquella era la amiga que Magnus le había mencionado.
-Alexander Ligthwood.
Entonces, el hombre que estaba sentado en silencio en la sala de Magnus se levantó y preguntó en voz alta.
-¿Ligthwood? – Alec le observó. Era un tipo alto, casi tan alto como el mismo Magnus y con una mirada evaluadora de color marrón y brillante. Su cabello era parecido al de Catarina, de un blanco cegador y... ¿Eran alucinaciones suyas, o su piel se veía verde con la luz de la habitación? Alec hizo un gesto negativo con su cabeza para espantar aquella idea estúpida. El hombre iba vestido de traje, y lo miraba adustamente. Luego miró hacia Magnus y sus cejas su juntaron en su ceño fruncido. – Magnus... ¿Ligthwood? – repitió.
Magnus, para sorpresa de Alec, enrojeció profundamente. Algo difícil de lograr si se tenía en cuenta su exquisito color de piel dorada, tersa y suave... y... Alec tragó grueso de nuevo y desvió la mirada de Magnus.
-Si – confirmó Magnus, sin despegar ahora su mirada de su amigo – Ragnor, él es Alexander – hizo las presentaciones.- Alec, él es Ragnor Fell.
Ragnor alzó ambas cejas y luego apartó, lentamente, la mirada de Magnus para estrechar la mano de Alexander.
- Un placer. –soltó su mano y Alec vio como atravesaba a Magnus con la mirada.- Magnus...
Theresa carraspeó y con una sonrisa diplomática, colocó una mano sobre el brazo de Ragnor.
-Luego, Ragnor. – dijo Magnus. Alexander cambió el peso de sus pies, incomodo. - Tessa dice que ya deben irse a la oficina.
Tessa, la mujer, le sonrió a Magnus antes de corroborar.
-Precisamente. Hay mucho que hacer... - Magnus sonrió a su amiga y luego lo miró a él.
-Alexander, por favor, pasa. Te atiendo en un minuto.
Alec lo dudó unos segundos. ¿Por qué el amigo de Magnus, el tal Fell, lo miraba de aquella manera? ¿Cómo si Alec fuera algo peligroso que hubiera encontrado bajo la cama de su hijo?
Magnus le estaba mirando también. Alec se ancló solo un segundo en su mirada y asintió antes de tragar grueso de nuevo para entrar y alejarse de la mirada penetrante de Ragnor Fell.
...
-Magnus ¿Alexander Ligthwood? ¿En que estabas pensando, por los Dioses? ¿Es familiar de los chicos del accidente, cierto?
Magnus empujó a Ragnor hasta el pasillo con dificultad. Odiaba a muerte a aquella maldita muleta del demonio. Cuando no tuviera que usarla más, haría una fiesta. De las grandes. Invitaría hasta a la Reina de Inglaterra.
Dejó a Ragnor fuera de su departamento y lo silenció con un dedo sobre sus propios labios. Tessa estaba justo detrás de él.
-Guarda silencio ¿quieres? No tienes porque gritar.
Su amigo lo fulminó con la mirada.
-No estás respondiendo a mi pregunta lo cual me lo dice absolutamente todo. ¿Estás loco? ¿Cómo se te ocurre? Además ¿Cuántos años tiene? Oh, Magnus... eres un irresponsable, un imprudente...
-Ragnor, calma. Magnus no ha hecho nada malo.
Su verdoso abogado dirigió su furia litúrgica hacia ella y la señaló con un dado. Magnus se contuvo de suspirar exasperado.
-¿Tú lo sabías, cierto? Sabías que Magnus estaba involucrado con... esto. Dioses, Tessa, esperaba algo mejor de ti.
-¿Puedes calmarte?- casi gritó Magnus. Su dolor de cabeza había alcanzado niveles estratoféricos y las heridas de su cuerpo y los nervios de su espalda habían recordado su fatídica existencia. Había específicamente un punto en su costilla izquierda que estaba matándolo del dolor. Y ardía. Se pasó una mano por el cabello y suspiró antes de responderle a Ragnor. – Si, Alexander es hermano de los chicos Ligthwood. Es su hermano mayor. Pero yo no lo conocía antes de accidente. Lo conocí después. Fue él el que me sacó del auto. Ragnor, Alexander me salvó la vida.
Ragnor hizo un gesto de exasperación con las manos.
-Es... Magnus. ¿Tienes idea de cómo se puede ver eso para un jurado?
Magnus comenzó a desesperarse.
-Lo conocí después. No antes. Yo no sabía quienes eran, Ragnor. – Su amigo lo fulminó con la mirada.
-Espero, por tu bien, que alguien a parte de Tessa y yo, podamos creerte eso Magnus. – Magnus abrió la boca para replicar pero Ragnor lo detuvo con un gesto de su mano y le espetó- Me voy a la oficina. Te llamaré en lo que tenga noticias.
Magnus se mordió la lengua y observó como su amigo se giraba y caminaba a grandes zancadas para alejarse de él. Tessa le puso una mano en el antebrazo y Magnus giró su atención a ella.
-Ya se le pasará. Sabes como se pone... – Magnus negó con el rostro pero no dijo nada. Tessa le sonrió antes de abrazarle. – Anda, Alexander está en tu sala esperando por ti. Guarda reposo y recupérate pronto.
Magnus hundió su rostro en el cuello de su amiga. No era muy dado a los abrazos afectivos con sus amigos, pero ese día no estaba en su mejor momento y sus defensas estaban por el suelo.
-Gracias Tess. Te llamo más tarde.
...
Cuando Magnus regresó a su sala de estar, dando lentos pasos con su muleta, vio a Alexander de pie en el medio de esta mirando hacia todos lados como un ave en cautiverio. Se veía extremadamente incomodo. Como si la noche anterior no hubiera estado en la misma sala, y no se hubieran comido a besos en el sillón que estaba a sus espaldas. Magnus sonrió y se sentó, palmeando a su lado para que Alec tomara asiento junto a él.
Alec lo hizo, a dos metros aproximadamente de distancia. Bueno... al menos estaba al otro lado del mismo sillón y no al otro lado de la habitación.
El silencio se perpetuó unos segundos hasta que Magnus, ya harto, lo rompió.
-¿Estás bien? – le preguntó con la voz quizás demasiado calma. Alec le miró unos segundos y luego apartó la vista rápidamente de él.
-No quería incomodarte, Magnus. Lamento que tus amigos se hayan tenido que ir por mi causa.
Magnus alzó ambas cejas con sorpresa. ¿Era eso? Por Lilith, y él que pensaba que había escuchado algo de su conversación con Ragnor. Que estaba incomodo por como su amigo había reaccionado.
O peor, que había escuchado lo de la demanda y ahora estaba molesto por ello.
Se acercó a Alexander lo mejor que pudo por sobre el mueble, y lo tomó de la barbilla. Aquel gesto se había convertido rápidamente en su manera favorita de llamar la atención de su ángel.
Alexander. Es cierto que adoro a Tessa como mi hermana y que Ragnor es mi amigo desde... Dioses, que horror, desde que tengo memoria; pero quiero que sepas que, desde que vi tu mensaje esta mañana al despertar no he sentido otra cosa sino unas enormes ganas de verte.
-¿Es en serio? – le preguntó Alec, con duda. Magnus no entendía como alguien podía ser tan tierno, adorable y tan jodiblemente sexy a la vez. Era un enigma de lo más desesperante.
-En serio, Alec – le dijo suavemente.- No lamento ni un poco el que estés aquí.
Y le besó.
...
-Se supone que esto es una visita médica Magnus. No una sesión de besos. Ya quita esa cara.
Magnus se cruzó de brazos, completamente enfurruñado.
-No, no pienso quitar "esta cara" – recalcó con énfasis en su voz - Eres un matapasiones, Alexander... y la estabamos pasando tan bien.
Alec sonrió, divertido por primera vez en aquel día.
-Solo tengo que chequear tus heridas. Debo ver si alguno de tus puntos se ha abierto. Revisar que no tengas infecciones ni nada y como ya has caminado hoy, podemos saltarnos los ejercicios. – Magnus mantuvo la misma expresión y Alec se contuvo de lanzar otro suspiro de exasperación. Aunque por dentro encontraba aquella reacción adorable y sexy. Los labios de Magnus se curvaban de una manera que provocaba lanzarse sobre ellos. Parpadeó y negó con el rostro. Ya se estaba pareciendo a él. – Anda, necesito que te recuestes y me dejes revisar tus heridas. ¿Dónde está tu cuarto?
Magnus cambió bruscamente su expresión y lo miró con diversión y una indiscutible lujuria en los ojos. Alec sintió como su rostro ardía pero no retiró la mirada. Aquello era parte de su trabajo y del compromiso que había adquirido con Catarina para que Magnus pudiera salir antes del hospital. Si tenía que aguantar que Magnus lo viera así, pues lo haría.
-¿Mi habitación? – le preguntó Magnus con voz divertida y seductora a la vez. ¿Cómo alguien podía siquiera hacer eso? Carraspeó y se mantuvo firme, sin ceder ante la sonrisa de Magnus.
Necesito que te recuestes en tu cama, Magnus. Tus heridas.- insistió.
-¿En... mi habitación? – repitió Magnus lentamente y Alec alzó ambas cejas.
-No recuerdo que tuvieras problemas con alguna contusión cerebral, Magnus. Si, en tu habitación.
Dicho eso, se levantó primero, dejando a Magnus ir detrás de él y yendo hacia donde había visto la noche anterior que Presidente se refugiaba, suponiendo que aquella sería la habitación de su...
¿Paciente? ¿Novio?
Negó de nuevo con el rostro y abrió la puerta con la mano que tenía libre de su mochila. Magnus, quien lo seguía dócilmente, le miró con la misma sonrisa grabada en los labios.
-¿Solo la camisa? ¿O me desnudo por completo?
Alec frunció el entrecejo y señaló hacia dentro de la habitación como una madre que regañara a su hijo menor.
-Magnus, ve a tu cama y quítate la camisa, ahora. Necesito revisarte.
Magnus alzó ambas cejas y pasó a su lado al entrar a la habitación.
-¿Alec, siquiera tienes idea de lo sexy que sonó eso? – le murmuró con su sonrisa y Alec cerró la puerta tras él con un suspiro.
...
Era en ese momento en que Magnus comprendía eso de que el dolor podía tener algo de placentero.
Aunque supuso, no todas las personas que declaraban eso tenían el privilegio que él estaba teniendo en ese momento, de tener a un ángel como el suyo sentado sobre su cama, con el negro cabello cayendo hasta cubrirle parte de su adorable expresión y sus manos sobre su cuerpo.
Magnus gimió de dolor y se retractó un poco mentalmente.
Bueno, no todo el dolor era placentero.
Alec masculló algo para sí mismo y, con el ceño profundamente fruncido, se inclinó sobre Magnus para tomar algo de los insondables fondos de su mochila. Con curiosidad, Magnus siguió sus movimientos. Era una gasa nueva. Vio, con curiosidad también, como Alec retiraba una gasa vieja y sucia de sangre de su costado y la tiraba en la papelera con una puntería perfecta.
Rodó los ojos. Algunos eran simplemente perfectos en todo y no se daban cuenta de ello, como Alec. Y curiosamente, eso los hacía más perfectos. Soltó un nuevo gemido adolorido y Alec suspiró enfadado.
-Por el Ángel, Magnus – a Magnus le hacía gracia que Alec jurara por un ángel cuando él claramente parecía haber caído del cielo más que cualquier otro ángel – deja de quejarte.- le espetó con malhumor.- Debiste decirme de inmediato que tenías un punto ido. Pudo haberse infectado y una infección es peligrosa para ti a estas alturas.
Magnus volvió a gemir con dolor y cerró los ojos con fuerza. Respiraba con dificultad y su cuerpo había comenzado a cubrirse de un sudor que le perlaba la piel. Se sentían como pequeñas cuchillas agujereando su piel.
Como pudo, comenzó a hablar.
-Alec, no sabía que tenía un punto abierto. Me quedé dormido en el sillón anoche después de que te fuiste y me desperté esta mañana cuando llegaron Ragnor y Tessa – murmuró. Alec pasó la gasa de nuevo sobre la herida de su costado y él no pudo contener un grito – ¡ahg! ¡Maldición...!
El tono de Alec se suavizó y su siguiente toque fue mucho más sutil y delicado.
- Lo siento –murmuró - ya casi termino.
-No...es tu trabajo.- gimió Magnus abriendo sus ojos con dificultad. Alec sonreía suavemente sin verlo a él realmente. Presionó una última vez con la gasa sobre su herida y luego la cubrió con el adhesivo médico.
-Listo. – murmuró Alec con voz suave. Luego agregó con una más firme. - No tienes infección pero deberás tomar un antibiótico por si acaso. Aquí tengo uno que...
La voz de Alec se fue apagando. Magnus se movió un poco sobre si mismo y se incorporó mientras Alec buscaba en su mochila.
-¿Alec...?
- Aquí está.
Alec se sentó de nuevo y le tendió una pastilla con su mano extendida para que él la tomara en la suya. Magnus le miró burlón. Por favor... ¿En serio Alec pensaba que lo iba a dejar pasar tan fácil?
No se le iba a pasar por alto que él aun estaba sin camisa, aun estaban en su habitación y aun estaban en su cama.
¿Cómo podría perdonarse a sí mismo luego si en ese momento no aprovechaba esa brillante oportunidad?
Abrió la boca para que Alec pusiera la pastilla entre sus labios y disfrutó plenamente de toda su expresión de sorpresa y vergüenza. Mentalmente logró contenerse cuando Alec, como en cámara lenta, llevó sus dedos hasta su boca entreabierta y dejó la pastilla allí, rozando suavemente sus labios con su pulgar e índice. Magnus tomó la pastilla y besó delicadamente los dedos y la mano de su ángel.
Alec cerró los ojos un segundo y luego pareció reaccionar, alejando la mano de sus labios con rapidez.
-Debo irme, Magnus. – le dijo antes de inclinarse por su mochila. Magnus no se lo permitió. Lo tomó de la muñeca que mantenía más cerca de su cuerpo y haló de él con la suficiente fuerza para hacerlo caer a su lado sobre la cama. Sus sábanas amarillas se amoldaron bajo su hermoso cuerpo. Magnus no podía esperar a ver el cuerpo de Alec, totalmente desnudo y cubierto solamente y parcialmente, por ese trozo de tela. Casi podía babear al imaginarlo.
Alec lo miró sorprendido e indignado a la vez. Era fascinante la cantidad de expresiones que podían cruzar ese rostro en un segundo.
-Quédate – le pidió Magnus en voz baja. No quería romper la atmósfera. Alec lo miraba a los ojos, con una sombra de duda en ellos. Sorpresa, molestia y duda. Todo a la vez.
Fascinante.
-Tengo clases, Magnus. No puedo quedarme... además...
-Quédate –insistió Magnus. Soltando su muñeca y dándole un poco más de espacio. No era su intención acosar a Alexander (no mucho, en todo caso) solo quería su compañía durante un rato más. ¿Era tan malo? ¿Era eso parte de "ir lento" o no? - ¿A qué hora tienes clases? – le preguntó, apartando suavemente un mechón de su cabello. No podía resistir mucho tiempo sin tocarlo, tenía que admitirlo.
-A las cinco y media. Tengo que ir a casa y ver que Izzy y Max... – Magnus alzó una mano y detuvo sus palabras.
-Alec ¿has dormido algo en las últimas cuarenta y ocho horas? – Preguntó exasperado y Alec enrojeció.
-Ehhhmmm...
-Alec, respóndeme. ¿Has dormido algo? – su ángel se mordió un labio antes de hablar.
-¿Dos horas durante la guardia cuenta?- Magnus sonrió con incredulidad y negó con el rostro como respuesta. Alec, aun viéndose culpable, trató de replicar.- Ese no es el punto, necesito ir a casa y ver que Izzy no haya cocinado, que Max haya hecho las tareas y que Jace no se vaya de fiesta hoy, que no tiene guardia y que cuide de ellos.
Magnus le interrumpió su discurso. Era el colmo. Alec ni había dormido y ahí estaba, cuidando de sus hermanos y cargado de responsabilidades. Bueno, mientras él pudiera, iba a obligar si era necesario, a que Alec descansara un poco y se preocupara más por él mismo.
-Ni hablar, Alec. Quédate y descansa hasta las... - miró su reloj. Las... ¿Once de la mañana? ¿Tan rápido? Bufó para sí y volvió su mirada a Alec sacando rápidos cálculos- hasta las cuatro y media. Yo te despierto para que puedas ir a la Universidad a tiempo.
Alec se vio dudoso.
-Magnus... no creo que...
-Alec, confía en mi. Yo te despierto. ¿A las cuatro?
Sus ojos se encontraron fijamente el uno en los del otro. El azul claro de Alec en los suyos. Luego Alec sonrió con dulzura, se acercó y lo besó lento y profundo, poniendo una mano cautelosa sobre su pecho.
Al cortar el beso, Alec estaba respirando con dificultad y sus ojos brillaban más que nunca.
-A las cuatro y media –convino en un susurro. Le dio otro beso, esta vez corto y dulce, y le susurró – gracias Magnus.
...
Podía acostumbrarse a eso.
Podía acostumbrarse a su calor rodeando su cuerpo, al latido de su corazón y al sonido rítmico y suave de su respiración.
Podía acostumbrase al olor, a la calidez, a la dulzura de sus besos y gestos.
Acarició un mechón de su cabello para luego bajar por sus mejillas y sus labios.
Miró la hora: 2:50 PM titilaba en el reloj de mesa.
Alec cerró los ojos y se acercó más al cuerpo de Magnus. Aun era temprano.
...
Despedirse de Alec no fue su parte favorita del día. Aun tenía sobre el cuerpo los residuos de su calor corporal y el olor de su cuerpo.
Había sido una tarde preciosa y perfecta. Con Alec abrazándolo, con su cabello haciéndole cosquillas en el rostro...
Se estaba enamorando y lo sabía. Y lo que era más sorprendente es que no quería hacer nada por evitarlo. Durante toda su vida, había esperado conseguir a alguien que hiciera latir a su corazón de aquella manera y por fin lo había conseguido.
Había estado años, creyendo en que no podría conseguir a alguien a quien amar. Que no podría sentir como sentían los demás. Pero ahí estaba Alec, demostrándole sin querer hacerlo siquiera, que él si podía amar y ser querido a cambio.
Suspiró con un sentimiento extraño y eufórico en el pecho y cerró definitivamente la puerta de su departamento por la cual se había marchado Alec hacía unos escasos cinco minutos.
El tiempo era un bastardo maldito y pervertido que solía pasar a su antojo, rápido o lento, por sobre su vida.
Suspiró de nuevo y se fue a la tina. Era hora de tomar un largo baño caliente con sus sales aromáticas y jabones de sándalo preferidos para relajar su cuerpo. Quizás podría convencer a Alec de tomar un baño relajante con él alguna vez...
-Dioses, debo hacer algo contra mi imaginación... - Presiente salió de las profundidades de su departamento y lo miró interrogativamente. - ¿Qué? – le espetó al gato. Ni que fuera la primera vez que él hablara sólo.
Presidente se giró, dándole la espalda y entrando en su estudio. Todo con la cola muy en alto.
Magnus achicó los ojos y lo siguió con la mirada.
Aquel gato del demonio lo juzgaba demasiado para ser una mascota. Quizás debió conseguirse un pez, o algo aun menos expresivo.
...
Despedirse de Magnus había sido duro. Sobre todo cuando él en realidad no quería irse.
Nunca en su vida una clase de Traumatología se le había presentado tan odiosa en su panorama.
Bajó los últimos escalones del departamento de Magnus y; mientras se acercaba a su motocicleta y tomaba el casco que había dejado bien sujeto sobre el manubrio, escuchó como este cerraba por fin la puerta de su departamento.
Sonrió, se colocó bien el casco, sacó su cazadora negra del bolso, se la puso y se subió el cierre hasta el cuello.
Sabía que se estaba enamorando. Lo sabía y, durante aquella tarde, se dio cuenta que no quería ni podía hacer nada para evitarlo. Magnus se estaba metiendo bajo su piel.
Era una sensación bipolar de peligro y tranquilidad al mismo tiempo.
Desde Sebastián, hacía dos años, Alec no había podido abrirse con nadie más. Tenía miedo, pavor, de con sus acciones pudiera volver a lastimar a alguien. Tenía miedo de acercarse. De descubrirse.
De sentir.
Pero Magnus había pasado por encima de todo eso, de todo lo que lo mantenía a salvo y se estaba haciendo su propio lugar.
Y Alec quería dejarlo hacerlo.
Aceleró al tomar la vía rápida para salir de Brooklyn, mientras rememoraba aquellas horas que habían pasado en silencio el uno al lado del otro. Con Sebastián nunca había hecho nada así. Sus momentos juntos habían sido de descubrimiento de lo que sentían y miedo de que Robert los descubriera. Habían sido momentos apresurados, sin la calma y la tranquilidad que había experimentado con Magnus. Era algo nuevo y tenía miedo de fallar.
El vibrar de su celular lo sacó bruscamente de sus cavilaciones. Activó el manos libres y contestó con el auricular de los audífonos.
-¿Aló? ¿Quién es? –
Solo esperaba que no fuera Izzy para decirle que había algún problema con Max. O Max, para decirle que había algún problema con Izzy y Jace. De su desquiciada familia sólo Maxwell había heredado su responsabilidad y sentido común, al parecer.
Al otro lado de la llamada, sin embargo, sonó una voz femenina y conocida.
-¿Alec? Es Aline. ¿Dónde estás?
-¡Aline! ¡Hola! Voy camino a la Universidad ¿Todo bien? ¿Cómo está Helen?
-Está bien Alec. Todos estamos bien. – la voz de su amiga sonaba forzada y cautelosa. Alec bajó un poco la velocidad y se pasó al carril lento con cuidado.
-¿Aline? ¿Qué sucede?
-Alec, estaciónate por favor. Estaciona la moto y apágala.
-Aline...- dijo Alec, comenzando a asustarse. Conocía a los Penhallow de toda la vida. Aline era una de las pocas chicas fuera de su familia que conocía, quería y que consideraba su amiga. Y a Aline la conocía mejor que a nadie así que insistió. – Dime, ¿qué es?
-Estaciona la moto Alec, y apágala. Por favor. No quiero que estés manejando cuando te diga.
La conocía, y porque la conocía bien sabía que Aline Penhallow nunca rogaba por nada.
Alec se estacionó al borde de la autopista. Se quitó el casco y desconectó el manos libres, llevando su celular al oído. Podía sentir como los carros que pasaban a su lado a una velocidad vertiginosa alborotaban al vuelo su ya de por si desordenado cabello.
-Listo. Estoy estacionado. – Aline guardó silencio. – Aline, por el Ángel, te estoy diciendo la verdad. Ahora dime que sucede.
Escuchó un claro suspiro al otro lado de la línea y su piel se erizó con anticipación.
-Es él, Alec. Jonathan está en la ciudad.
...
Cuando Magnus salió de su prolongado y revitalizador baño, supo de inmediato que algo no andaba bien en su entorno. Lo supo con una certeza casi ineludible.
Se detuvo en la mitad de su sala, con un paño frotando su cabello y cubierto por su bata de baño verde limón. Miró alrededor, buscando la razón de esa sensación en su pecho. Normalmente era que había dejado la cafetera encendida toda la mañana o que Presidente estaba desgarrando sus sillones. Pero todos sus electrodomésticos estaban fuera de peligro y su bola de pelo particular estaba acurrucada en el sillón frente a la tv.
Fue hasta él y lo acarició en las orejas. Tomó su celular de la mesa de té de su sala. Ni un mensaje histérico de Tessa, ni diez llamadas perdidas de Ragnor.
¿Entonces qué...?
Su mirada se posó en la puerta de entrada de su departamento y su ceño se frunció, extrañado.
¿Qué demonios era eso?
Con pasos lentos pero precisos, llegó hasta el rellano donde se agachó y tomó la hoja que obviamente alguien deslizado por debajo de la puerta. La tomó con una mano y lanzó la toalla por sobre sus hombros para desplegarla.
Dentro había una nota hecha a mano con tinta negra. Magnus alzó una ceja sorprendido, aquello parecía parte de una mala película de terror.
Con una indefinida mezcla de confusión, asco y miedo; arrugó el papel y lo lanzó a la papelera más cercana que tenía y se fue en busca de su teléfono para llamar a Tessa y Ragnor.
Con el aparato en mano y la confusión e incredulidad en su mente, no vio siquiera a quien marcó.
-¿Magnus? ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
A Tessa, entonces.
-Me llegó una nota de amenaza, Tess. Alguien la pasó por debajo de mi puerta.
-¿Una qué? – Tessa sonaba tan incrédula como se sentía él y muy asustada- ¿Quién te la envió?
Magnus miró hacia el papel arrugado dentro de la papelera y leyó de nuevo los trazos negros en latín:
Vindicta
Cerró los ojos y suspiró antes de contestar a su amiga.
Creo, que puedo asegurar que fue Jonathan Morgenstern.
N/A: bueno, hasta aquí llego por el día de hoy :D
Para loristicam quien me preguntó que edad tenía Alec en el fic: Tiene 22. Estuvo con Sebastián a los 20 y desde un poco antes. Magnus tiene 28. Quise hacer una separación de edades más pronunciada, pero al final me decidí por solo esos 6 años. ^^ Creo que dejé detalles por ahí indicando esto, pero igual se los aclaro. Incluso cuando Alec dice que su Padre lo trae sin cuidado desde hace 10 años...eso quiere decir es que a partir más o menos de los 12 años de Alec cuando comenzaron sus problemas con Robert. ¿Problemas que tenían que ver con la sexualidad de Alec, o problemas porque sus padres atendían más el trabajo que a sus hijos? Eso está por verse. :D gracias por tu RR.
:D espero haber aclarado sus dudas. Y disculpen por no responder directamente. :/ como saben, tengo muy poco tiempo. U_U
Gracias a todos por su paciencia y no olviden ingresar al grupo Malec, en Facebook y ahora, como nueva editora de la página "Malec Fanfic", los invito a pasarse por ahí también. Ambas cosas, grupo y página, en la red social facebook.
Kisses
IL
