TODOS LOS PERSONAJES SON DE JK ROWLING, YO SOLO CREO LA BASE DE LA HISTORIA Y LA MODIFICO.
Capítulo 11. Qué complicado es ser un Malfoy.
Era un día distinto. Era el día en el que Draco Malfoy trataba de incorporarse al mundo muggle. Un día... Nadie podría haber imaginado aquel día, siquiera Hermione. La castaña optó por coger el desayuno y llevarlo fuera, comerlo por el camino, cosa que no le gustó demasiado a George que deseaba enseñarles un nuevo paso para la coreografía de "Jingle Bells ". Jane había besado al rubio en la frente justo antes de que ambos salieran por patas de la estancia. Hermione tenía planes, y entre todos esos planes se encontraba el deseo ferviente de saber porqué diablos Malfoy se había tenido que instalar en su hogar.
- ¿Dónde me llevas con tanta prisa, Granger? ¿Estamos simulando a Potter cuando ve a un dementor? Y, ¿Por qué no me sueltas de una vez? Me vas a pegar algo.
Hermione siquiera le había dado una explicación al Slytherin sobre el lugar al que iban. La castaña soltó de inmediato la mano del hurón, como quien mete la mano en el fuego y la retira. Aprovechó el para abrocharse la gabardina, y una vez lo hizo, se pasó una mano por el pelo, hacia atrás, para peinarlo. Era cierto que Draco había abandonado hacía ya tiempo el repeinarse hacia atrás, pero aún así le gustaba darle un toque formal a su cabello para así imponer un poco más y mostrar más elegancia.
- Toma. Y no te metas con Harry, Malfoy. – Dijo Hermione a la par que abría la bolsa de desayuno que había cogido veloz antes de salir de su casa esquivando a sus padres, con dos cruasanes de chocolate. Con el ceño fruncido miró al rubio, que miraba el bollo con cara de profundo asco.
- ¿Pretendes cebarme? Un desayuno no es un verdadero desayuno sin zumo de piña.
Y tras eso, le dio un bocado al cruasán y se paró, indicando que no continuaría caminando si no obtenía lo que quería: zumo de piña. Hermione rodó los ojos con fastidio y suspiró. Se aproximó dando grandes zancadas a una cafetería que se encontraba a escasos tres metros de distancia de donde se habían parado, y salió con el zumo en un vaso de plástico.
- Ten… - Dijo con fastidio, alargando la vocal. En cuanto vio la mirada del rubio abrió mucho la boca para quejarse - ¡No me daban la copa, lo he intentado! ¡No me dejaban irme con la copa de cristal! – Se justificó de inmediato. Aquello pareció hacerle gracia al rubio, que había terminado el cruasán y cogía con gesto de completa diversión el vaso de plástico.
- Me lo beberé rápido, porque si alguien me ve, Granger, te prometo que hago que cada vez que estornudes te salga zumo de piña por la nariz.
Y así hizo. Con el dedo meñique ligeramente estirado, y no de una forma forzada, bebió el zumo de piña. Se lo devolvió con brusquedad, haciendo que Hermione se quedase atrás cuando el rubio comenzó a caminar de nuevo como si supiese hacia donde iban.
- ¡Malfoy, para, no sabes donde vamos! ¡Además, tenemos que hablar los términos de la estancia!
Al principio pareció que el Slytherin iba a ignorarla completamente, como de costumbre, pero al mencionar lo de los términos se paró, y seguidamente se giró con una ceja suavemente alzada.
- … Términos. – Dijo alzando la cabeza con arrogancia. Una sonrisa ladeada, burlesca, se situó en los finos labios del chico. - ¿Has dicho términos? ¿Qué términos piensas ponerme? ¿Vas a hacer que te saque dos veces al día con correa, y que a tus padres les alimente como mínimo otras tres veces al día?
- ¡¿Puedes dejar de meterte con mis padres?! ¡Te están ofreciendo un lugar donde dormir!
- Lugar que yo no he pedido…
- ¿Y porqué sigues aquí? ¡Nadie te obliga a quedarte, Malfoy!
- Dumbledore.
- ¿Cómo? ¿Qué has dicho? –Dijo Hermione al ver que Draco había hablado de inmediato, muy seguro de sí mismo. Parecía que al fin podría saber algo sobre porqué se encontraba en Londres, y porqué tenía que quedarse todas las vacaciones en su casa. - ¿Cómo que Dumbledore?
- Pues eso, Granger. Dumbledore me obliga a quedarme aquí. ¿Acaso pensabas que llevo soñando con esto desde primero, como tú hacías? No me hagas reír… Ver todas las mañanas tu fea cara no es que sea de mi agrado precisamente.
- Dumbledore. ¿Pero porqué? – Se precipitó a preguntar Hermione, buscando conocer todo aquello que deseaba haber escuchado desde el primer momento en el que se encontró con el Slytherin en mitad de la plaza, mientras observaba el guiñol… y se reía de ella frente a todo el mundo, y hacía que pasara vergüenza… Esas cosas agradables que Draco hacía siempre referido a ella o, normalmente, a quienes consideraba inferiores.
- No me deja volver a casa. Mi padre tiene algunos asuntos pendientes en los que no quieren que me entrometa. Y mi madre ha decidido que lo mejor para mantenerme alejado de todo eso es quedándome aquí, contigo. ¿Desde cuando mi madre tiene ideas tan malas?
"Mortífagos. Señor Tenebroso. Bellatrix Lestrange. Guerra. Antebrazo…"
- Draco. – Hermione se había quedado completamente quieta, con los ojos muy abiertos, mirando un punto fijo en el suelo. Alzó la vista para mirar al rubio, que no contestaba. - ¿Va todo bien…? – Musitó. Aquello logró desconcertar a ambos, y fue más que palpable. Draco no podía apartar su gélida mirada de los ojos de la castaña, y no luchaba por mostrar algo en su rostro. Estaba desconcertado. Por otra parte, Hermione había llamado por su nombre a Malfoy sin siquiera darse cuenta, y le había preguntado, se había interesado por él de alguna forma.
- No es asunto tuyo. – Respondió arrastrando las palabras, en voz hosca y segura. Se giró de golpe para que no viera como apretaba los dientes hasta casi el punto de chirriar. Hermione tardó en reaccionar, pestañeando varias veces. Volvió a alcanzarle, y cuando lo hizo no dijo nada. Sabía lo que había hecho mal.
- Perdona, yo…
- Cierra el pico y dime donde vamos, Granger. – Seguía sin mirarla, con los ojos fijos enfrente, sin agachar la cabeza. Hermione notó el brillo en éstos y apretó los labios, arrepentida de lo que había ocurrido… A veces esas cosas salían solas de ella.
- A comprarte ropa. No has traído demasiada y mi madre me ha dado dinero para que te compres al menos un par de camisas y pantalones…
Una fortísima carcajada hizo que Hermione alzase la cabeza y le mirase. El rubio parecía pasárselo en grande. El ceño de Hermione fue frunciéndose, hasta que la típica postura de "madre" se adueñó de ella: también se había cruzado de brazos.
- ¿Qué te hace tanta gracia? – Se quejó al fin. Draco apartaba un par de lágrimas de sus ojos, exagerando más si cabía.
- ¿Invitarme? ¿Vas tú a invitarme? ¡Por Merlín, Granger, y yo que pensaba que no podías ser más graciosa!
- ¿¡Qué tiene de malo!? Has traído pocas maletas y...
- No necesito de tu caridad. Tengo dinero. Una de las maletas solo estaba llena de el, y del muggle, además…
- Libras. Libra esterlina.
- Lo que demonios sea, Granger. El caso es que tengo dinero de sobra como para comprarme cien trajes de la tienda más cara a la que puedas llevarme… Que por cierto, ¿Cuál es?
- Mmm… ¿Gucci? Creo que es la más cara del mundo, además.
- Pues vamos, Granger, que empiezas a aburrirme.
Hermione se sentía soberanamente extraña en aquel lugar. La tienda era enorme, repleta de espejos, de luces tenues en ciertos lugares, y en otros repletos de luces y cristales. No se atrevía casi a mirar los precios, pues cada vez que el rabillo del ojo le jugaba una mala pasada y se desviaba a uno de éstos, sentía un vuelco en el estómago que casi le producía arcadas. Se sentó en uno de los sillones aterciopelados cercanos al mostrador y aguardó a que el rubio saliera. Escuchaba de lejos a la mujer de la tienda alabar cuan bien le quedaba la ropa, lo atractivo que se sentía e, incluso, como le preguntaba indirectamente que si tenía novia, o que si Hermione lo era. Tardó cosa de 20 minutos en salir el chico con tres bolsas llenas. Había comprado dos trajes (uno negro y otro gris) unas cinco camisas (dos blancas, dos negras y una azul oscura), tres corbatas (roja, negra y verde oscura) y un par de zapatos negros, que, a juzgar por su precio, parecían ser de piel de… algún tipo de ser vivo. Aquello le hizo negar a Hermione, ofuscada.
Draco fue directo a darle las bolsas, pero Hermione previó el movimiento y se apartó a tiempo, dirigiéndose directamente a la salida.
- Granger, ¿No harás que cargue con todo esto, verdad?
- Por supuesto que sí, Malfoy. Yo no soy tu sirviente.
- Le diré a tu madre que me has hecho llevar todo esto con el grave problema de cervicales que tengo…
El tono de lástima fingida no hizo que Hermione se echase hacia atrás y le ofreciese ayuda, por el contrario, le hizo resoplar. "¿Cómo puede ser tan teatrero?"
- ¿Y ahora donde vamos?
- ¿A dónde? ¡A casa, por supuesto! Me temo que tendremos visita cuando lleguemos…
Eso último lo dijo en voz baja, casi rezando para que no acertase en ello. No quería que nadie conociese a Draco Malfoy, y mucho menos, que Draco conociese a sus seres queridos y… con el apelativo de "novio".
- Espero que al menos tengas alguna prima atractiva en esa familia rara que tienes…
Y se marcharon, escuchando como los dependientes de la cara tienda les despedían con una sonrisa de lo más amplia en los labios. "Ha pagado todo en efectivo" dijo asombrada la mujer que le atendió en los cambiadores, la tonta que no tardó en alabarle… Ambos los habían escuchado: Hermione rodó los ojos y la sonrisa de Draco se amplió con una autosuficiencia casi enfermiza.
