Mary: -Hola sempais :D el día de hoy he venido a traerles la conti de Anata no tejun o mite.

Deidara: -Nuevamente viene dividida en dos partes. Una contada por mí, su querido sempai, hum.

Itachi: -Y la otra contada por mí.

Mary: -Oigan, sempais… eh… ¿dónde está Danna?

Deidara: -Mary chan… ya te dije que solo yo puedo decirle Danna a Danna, hum ¬¬u

Mary: -Y yo ya te dije que si no molestas con eso…- mirada inocentemente amenazante –Yo no te violaba.

Deidara: -Nunca dijiste eso, hum O.O

Mary: -Pues ahora lo sabes, da~ ^o^

Itachi: -Le advertí a Sasori que no dejará que viera a Rusia demasiado tiempo ¬¬ Ahora se parece a él…

Mary: -Mary cree que Iván es lindo ^/^

Deidara (temblando): -Yo no… hum.

Mary: -¡Haiya~! Hay que poner la conti antes de que los lectores se aburran y se vayan, sempais Akatsukianos.

Ita/Dei: -Sin darle más vueltas… ¡CONTI!

Deidara: -Hum.


=CAPÍTULO 10=

PARTE 1.

DEIDARA PO´V

La puerta se cerró. El silencio se hizo presente. Gire mi vista hacia donde Itachi parecía leer algo, completamente absorto, pues parecía (o fingía) no haber notado nuestra presencia…

.

.

Frente a mis ojos se extendía el tan conocido lago. Tan tranquilo y hermoso como siempre, que me recibió con un recuerdo especial: Yondaime echándome agua a la cara con una sonrisa, y mi madre, en la orilla cargando a Naruto y observándonos, con una sonrisa tan grande y resplandeciente que provocaba que sonrieras incluso en el fin del mundo.

Este lugar había visto las últimas sonrisas de mi madre, los últimos vestigios de lo que alguna vez fue mi familia. Era triste y a la vez reconfortante volver aquí.

El viento me pegó en el rostro y me estremecí levemente. Sasori pareció notarlo, pues se acercó a mí y me rodeo con un brazo. Miré su mano, todavía roja y marcada por lo que le había hecho Madara, y luego giré a mirarlo a él. Sonrió levemente, y tomo mi mentón, me acaricio la mejilla con el dorso de los dedos.

–¿Por qué lloras?– me preguntó de repente, mientras su mirada me recorría de arriba abajo –¿Estás bien?

Me removí un poco y me limpié las mejillas, mire mi mano. Hasta ese momento no había sido consciente de que lloraba. Sonreí amargamente.

–Sí. No pasa nada, hum– conteste mientras me tallaba con fuerza las manos –Es solo… recordé algo, hum.

Una sombra pasó por el rostro de Sasori. Pero un segundo después, sonrió y se acercó a mí.

–No he podido darte un beso decente en todo este tiempo– susurro –¿Podría hacerlo ahora?

Lo mire mientras me sonrojaba violentamente. No le conteste, pero Sasori sonrió como si hubiera encontrado algo en mis ojos, y se acercó a mis labios. El roce de sus labios con los míos volvió a causarme una corriente eléctrica que me hizo estremecer.

Me sujeto con delicadeza el rostro y me pegó más a él, suspire mientras me besaba. Un roce superficial nunca me había parecido tan profundo. Entre abrí los ojos, como si de un momento a otro Sasori fuera a desaparecer, pero él seguía ahí, trazando con su boca la mía, un camino que querría recorrer por siempre. Volví a cerrar los ojos y a dejarme llevar.

Nos separamos por falta de oxigeno, no me soltó el rostro. Mie mejillas tan rojas como los cabellos de él, y, tuve que ahogar una carcajada al ver que también su rostro le hacía competencia a su cabello.

–Tengo mi primer recuerdo aquí– me susurro con una media sonrisa –¿Y tú? ¿Tendrás algo bueno que recordar? ¿Algo que no te haga llorar?

Asentí nerviosamente, bajando la mirada.

–Será un hermoso recuerdo, hum…

–Deidara.

–¿Hum?

–¿Para qué me has traído aquí?

Aguardé un segundo. Después me separé un poco de su rostro y mire el lago, con un suspiro me senté sobre las piedrecillas. Sasori me miro con detenimiento, la boca entrecerrada, parecía que consideraba mi movimiento como un insulto, así que gire a verlo y le sonreí.

–Siéntate, hum– le pedí amablemente. Sasori me observo inquisitivo, pero al final se sentó –Este lugar es muy especial para mí, hum.

–¿Sí?

Asentí mientras miraba el agua, tan tranquila, solo se movía cuando el viento la rozaba delicadamente.

–Siempre vine aquí con mis padres y mi hermano, hum. Es… se puede decir, una parte de mi infancia, hum.

Hubo un silencio. Abrace mis piernas con los brazos, con aire taciturno.

–Es bonito, ¿no?– preguntó Sasori de repente, gire a verlo –Eso de recordar.

Me encogí de hombros.

–No todo lo que uno recuerda es bueno, hum– asegure –Hay más que solo recuerdos felices, Sasori. Hay recuerdos tristes, de coraje, de terror, hum.

–Pero son parte de ti, al final.

–Supongo…– conteste frunciendo el ceño –¿Sabes Sasori?

–¿El qué?

–Me das mucha envidia– hice una pausa –Yo… quisiera poder olvidar cómo era mi madre, y cómo éramos todos con cuando ella estaba con vida, hum.

–Si no te molesta– susurro, por el rabillo del ojo noté que apartaba la vista de mí –¿Puedes decirme… sobre tu madre?

–Murió por problemas de corazón, hum– conteste con la voz triste. Sasori giro a verme.

–Eh… Yo no me refería a eso…– dijo incómodo –Lo siento.

–No importa. Pasó hace mucho tiempo, hum– contesté tratando de darle mi mejor sonrisa –Entonces… ¿qué querías saber?

Sasori miro la tierra que se removía a cada movimiento nuestro. El olor a los pinos que nos rodeaban unos metros atrás llegaba hasta mi nariz y aspire con fuerza.

–Solo… como se siente…– susurro, su voz era tan triste que de haberlo visto me habría echado a llorar –Qué se sentía cuando te abrazaba ó… te cantaba canciones de cuna.

–Pues…– susurre –En realidad… no sé. Supongo que uno no le presta atención a esos detalles, hum. Solo, recuerdo que cuando me abrazaba…– cerré los ojos y palpe en mis recuerdos –Olía siempre a perfume de rosas. Y siempre se acercaba a mis oídos y me susurraba palabras cariñosas, hum. No me cantaba canciones de cuna ó al menos yo no las recuerdo, pero siempre que cocinaba, cantaba una canción… ¿cómo se llamaba? ¡Ah! Remember, de Gabriel Mann, hum. Cantaba muy bien…Mi mamá tenía una voz… muy entonada, hum.

Abrí los ojos y el viento frío me recibió. Veía borroso a causa de las lágrimas. A mi lado, Sasori también se sujetaba las piernas con los brazos y hundía su cabeza entre el hueco que se formaba. Me pregunte si no estaría llorando también.

Permanecimos en silencio un rato. Cada quien absorto en sus pensamientos.

Un minuto después cogí una piedrecilla y la lancé al agua, ésta se movió y causo que las nubes que se reflejaban se distorsionaran.

–Mi madre me dijo… la última vez que venimos… que me enseñaría a lanzar una piedra y que ésta rebotara antes de hundirse… Pero…

Mi voz se había quebrado entonces. Sasori levantó la mirada, una lágrima corría por su mejilla, pero por lo demás parecía tan sereno como siempre.

–Yo puedo enseñarte… si quieres– me dijo –Es algo fácil.

Se limpió la mejilla y se puso de pie, me extendió la mano, y yo se la tome para apoyarme a ponerme de pie.

–Coge una piedra– me indico e hice lo que me dijo –Ven.

Me puse a su lado, y él me sujetó con firmeza la mano, sentí que mi corazón se disparaba. Hizo que moviera mi mano hacia atrás y hacia adelante.

–Es secreto está en el movimiento del brazo, ¿comprendes?

Su aliento me cosquilleaba en la nuca y me hacia morderme el labio para mantener la concentración.

–A las tres lo soltarás, ¿ok?– me dijo, asentí –Una… dos… tres.

Solté la piedra, ésta saltó tres veces antes de hundirse. Sonreí, casi maravillado.

–Hizo falta que la lanzaras con más fuerza– me dijo Sasori mientras me soltaba la mano y se hacía para atrás –Inténtalo de nuevo.

Ansioso, me agaché a recoger otra piedra e intentarlo de nuevo. Esta vez fueron cinco. Lo volví a intentar, esta vez fueron seis. Luego cinco, de nuevo. Y después, recorrió unas nueve veces antes de hundirse.

–¡YEI!– grite, emocionado –¡Ha sido muy fácil, hum!

Cuando me gire a ver a Sasori, noté que él no apartaba la mirada de mí. Era tan intensa que tuve que mirar hacia abajo, avergonzado.

–Y cuándo abrazabas a tu madre…– hablo de pronto –¿Te daba calor?

Asentí. No quería hablar y que la voz me saliera ronca.

–¿Con qué más te da calor?

Lo mire un segundo y sonreí. Luego aparté la mirada.

–Cuando tú me besas… cuando estás conmigo, hum.

–¿Tienes frío ahora?

–Un poco. Sí. ¿Tú sí?

Sasori se acercó a mí y volvió a besarme, rodeándome con los brazos la cintura, mientras yo hacía lo mismo pero con su cuello.

0*0*0

Volvimos tomados de la mano a la cabaña. No habíamos conversado mucho en el camino de regreso, yo simplemente me la pase mirando nuestras manos, y de vez en cuando trastabillando. Sasori en cambio, parecía adaptarse perfectamente a las ramas y piedras aún sin verlas, y me sostenía con fuerza para que no cayera.

–Al rato vas a hacer que te tenga que cargar– comentó una vez con sonrisa burlona.

–Vaya, pensé que nunca se te cruzaría por la cabeza hacer eso, hum– le respondí de la misma manera, aunque un poco atropellada.

Había comenzado a chispear cuando regresamos, advirtiendo que quizá llovería con más fuerza tratamos de apretar el paso. A cinco minutos de llegar, la lluvia arreció hasta empaparnos en segundos. Los dos corrimos, aún sujetos de la mano, Sasori adelante prácticamente arrastrándome.

Él se cayó una vez, y yo dos, llenando los pantalones de lodo y ramas, sin embargo, tan fuerte como los rayos que estaban cayendo, nuestras risas por ello llegaron hasta mis oídos.

Al fin, llegamos a la cabaña. Protegidos por el techo de madera, Sasori se sacudió el cabello con ambas manos y yo lo escurrí haciendo que cayera un chorro considerable.

–Me gustaría poder tomar un baño, hum– suspire y mire a Sasori con una sonrisa.

–A mí también no me vendría mal uno.

Reímos un poco mientras estiraba la mano para abrir la puerta. Pero antes de hacerlo, la puerta se abrió violentamente.

–¿Dónde estaban?– nos pregunto la aguda voz de Kisame. Sasori y yo nos miramos –¡Les estoy hablando! ¿Por qué no dicen nada?

–Eh… Solo queríamos salir a tomar aire…hum– conteste nervioso por el tono paternalmente cabreado de Kisame –Solo fue un ratito, hum.

Kisame miró a Sasori con el ceño fruncido. Sasori, al parecer todavía desconfiado de Kisame, imito el gesto de él. Y luego de unos segundos de miradas hostiles, Sasori pasó. Kisame se hizo a un lado y me dejo pasar a mí también.

No cerró la puerta.

–¿Dónde está Tobi?– escuche que preguntó y me gire a verlo.

–¿Tobi, hum?– pregunté con una ceja arqueada –Él no iba con nosotros, hum.

–Ya sé– me contestó Kisame –Pero salió a buscarlos hace una media hora.

Miré a Sasori, que nos dirigió una mirada a ambos.

–Será mejor que vaya a buscarlo– dijo Kisame mientras se ponía una sudadera con gorrito y salía de la cabaña –Quédense aquí y cuiden a Itachi san.

La puerta se cerró. El silencio se hizo presente. Gire mi vista hacia donde Itachi parecía leer algo, completamente absorto pues parecía (o fingía) no haber notado nuestra presencia. Volví a exprimir mi cabello, maldiciendo interiormente que mi peinado se hubiese estropeado. Termine por quitarme la banda que me sujetaba la media coleta y dejar que todo cayera libre sobre mis hombros.

Sasori me miro y abrió la boca para decir algo. La cerró justo después.

–Lindo…– susurro.

–¿Eh?– pregunté parpadeando rápidamente –Ah… gracias, hum.

Sasori bajó la mirada y se metió las manos a los pantalones de mezclilla sucios y mojados que aún escurrían agua.

–¿Itachi?– pregunté mientras me acercaba al cuarto y le dirigía una tímida sonrisa a Sasori –¿Cómo estás?

En el cuarto, Itachi no apartó la mirada del libro. A su lado tenía una lámpara que hace años no había visto color negro (era de esas que tocabas y se prendía, si la tocabas de nuevo daba más luz, y así dos veces, a la cuarta por fin se apagaba), estaba toda empolvada.

–¿Itachi, hum?– pregunté alzando la voz, ofendido.

Itachi me dirigió una mirada amenazante.

–Estoy leyendo– me dijo con su grave voz. Me estremecí –Sabes que no me gusta que me molesten cuando estoy leyendo.

–Bien– susurre sudando frío y con la voz temblorosa –Te…Te dejo en paz, hum.

Itachi miró de reojo hacia Sasori y luego volvió a la lectura sin decir palabra.

–¿Qué estás leyendo?– preguntó Sasori acercándose a mí. Le hice señas de que no lo molestara. Al ver que Itachi lo ignoro frunció el ceño–¡Eh! Te estoy hablando.

Itachi volvió a apartar la mirada de su libro.

–Si te escuche– dijo con voz tenebrosa, algo que me provocaba miedo, pero que al parecer en Sasori no surtía efecto –Pero estoy leyendo.

–¿Qué cosa?– preguntó Sasori con una sonrisa.

Itachi lo escrutó con la mirada. Su mirada refulgía con destellos de irritación, y quizá, odio.

–"Romeo y Julieta"– contestó al fin, regreso la mirada al libro –Solo espero que hayan disfrutado su pequeño… tiempo a solas.

–Descuida– contesto Sasori burlón –Lo hemos disfrutado, y mucho.

Enrojecí de inmediato.

–¡Sasori!– grité, un poco escandalizado por su manera de hablarle a Itachi –No le hables así a Itachi, y eso va también para ti, Itachi, hum.

Itachi arqueo las cejas sin mirarme, en un gesto burlón. Sasori me miro y asintió.

–Vale– dijo Sasori mientras volvía a mirar a Itachi –Oye, Uchiha– hizo una pausa –Yo solo quería…

Itachi lo miro.

–Solo quería darte las gracias…– termino Sasori y ambos lo miramos, sorprendidos –Tú… eh… fuiste muy valiente al enfrentarte a ese hombre y… tratar de salvarme.

Itachi enrojeció, (¡Oh, por Kami samma! Cuántas reacciones podían causar las palabras de Sasori en la gente) y se encogió de hombros.

–No fue nada especial por ti– se limitó a decir volteando la mirada hacia otro lado –Simplemente…

–Sea como sea… Gracias.

Fruncí el ceño ligeramente.

–Bien, pues– dije sonriendo –Creo que en la camioneta hay comida. ¿no tienen hambre? ¡Yo me estoy muriendo por ello, hum!

Itachi me miro. Sasori giro a verme y sonrió.

–¿No hay hamburguesas?

–Tú solo piensas en hamburguesas, hum– le dije con los ojos entrecerrados y una gotita corriendo por mi nuca –¿Verdad?

–No– se limito a responder mientras se acercaba a mí y me pasaba de lado y susurro –También pienso en ti.

Fue un susurro que me hizo sonrojar violentamente. No creí que Itachi lo escuchara, por como fruncía el ceño, pero por la manera en que volteó a ver el libro nuevamente, creo que lo adivino.

PARTE 2.

ITACHI PO´V

Me tomo de las manos, mientras yo lo miraba, y con una sonrisa, comenzó a limpiarlas.

.

.

Pequeño enano pelirrojo idiota. Si creía que no había escuchado lo que le dijo a Deidara (ignoraba si lo había hecho a propósito, o no. Pero de la misma manera era maleducado), es que era un completo… un completo… Bah. Con decírmelo no basta. Deidara sigue pensando que es tan perfecto que de nada sirve que yo no lo piense.

–Ya vuelvo, hum– me indico mientras seguía a Sasori fuera de la cabaña hacia la camioneta aparcada unos metros más allá.

Suspire. Con un molesto dolor en el abdomen, deje (o sería más propio decir que arroje) el libro de "Romeo y Julieta" a los pies de la cama. Me quede mirando la ventana. No se podía distinguir nada entre las gruesas gotas de agua que la golpeaban.

Mire mis manos, descansando sobre mis piernas. Todavía quedaban manchas de sangre seca en ellas. Hace tiempo, Deidara lo habría notado enseguida y habría corrido a preguntarme qué me había pasado o algo así. Y ahora… nada. Podría haber tenido la boca manchada de sangre, y probablemente él no lo habría notado.

¿No había sido bello aquel tiempo? Cuando Deidara se mantenía a mi lado, y nada era más importante que nuestro apoyo mutuo. O seguir teniendo entre las manos la mentira de Madara y pensar que todo estaba bien.

Apreté las manos y sentí el escozor de mis uñas sobre la piel. Pero seguí apretando hasta que ya no podía hacerlo más.

A Romeo y Julieta les había ido bien, en realidad. Al menos ellos se correspondían. No se imaginarían el dolor que causa saberse solo, y sentirse traicionado. Como si miles de púas se clavaran en tu pecho y al respirar abrieras más las heridas.

Al final, Deidara tenía razón sobre mí y mi gusto obsesivo por los libros. Tenía miedo a vivir mi propio romance, porque simple y sencillamente era ridículo pensar que en algún lugar había alguien que era para ti. Y mi prueba final, era la única vez que me había enamorado. ¿Y para qué? Lo único bueno que había sacado era haber escrito las obras literarias que ganaron el primer premio de la escuela y que se fueron a un concurso que también ganaron.

Y sin embargo, podía ir envidiando a esos dos. La manera en que se miraban, hacía que tú no pudieras permanecer mirándolos, era como si sintieras que estabas interrumpiendo un momento íntimo. Te sonrojas y sientes como se acelera tu corazón.

Yo miraba así a Deidara… ¿Quién me miraba así a mí?

La puerta se volvió a abrir y aparecieron Sasori y Deidara con un par de cajas. Estaban empapados, pero sonreían. Dejaron las cajas a un lado de la puerta y entraron sacudiéndose los cabellos, mirándome.

–¿Ya dejaste de leer, hum?– me pregunto Deidara, radiante. Puse mis manos palmas abajo, y de repente se puso serio –¿Cómo te sientes, hum?

–Bien.

–¿Seguro? Estás sudando, hum– dijo mientras se acercaba a mí con el ceño fruncido, estiro la mano y me toco la frente. Me sonroje, y al parecer Sasori lo notó, puesto que me miro con desdeño –Estás un poco caliente, hum.

Hice un ademán con la cabeza para que retirara la mano y gire la mirada al lado contrario de donde ambos estaban.

Deidara bufó algo y se sentó a mi lado, sonriéndome. Sasori se recargó en el marco de la puerta.

–Y… ¿Tobi a dónde se fue, hum?– preguntó Deidara curioso y quizá un poco preocupado.

Me encogí de hombros, puesto que a todas vistas Tobi se había largado de la cabaña para dejarnos a solas a Kisame y a mí. Noté que las mejillas me ardían y me las tallé con fuerza.

~~FLASH BACK~~

Kisame me observó con cautela.

–¿Ya no te duele tanto, Itachi san?

Lo mire e hice un atisbo de sonrisa amarga.

–No. Ya no me duele tanto, Kisame. Gracias.

Kisame no se movió de donde estaba, comenzó a repartir miradas por todas partes, excepto que nunca dirigió la mirada a mis ojos. El silencio entre los dos se volvió profundo y créanme que eso no llegaba a molestarme. A diferencia de Deidara, Kisame parecía saber cuándo necesitaba que se quedara callado.

Cerré los ojos un momento. La escena de Sasori saliendo tomado de la mano con Deidara se repetía una y otra vez, y hacía que yo tuviera que fruncir el ceño. Sentí aquella molesta sensación de que iba a llorar, ese ardor en mi garganta y el escozor en mis ojos.

Fui consciente de que Kisame me miraba, y con los mismos pasos lentos de que si estuviera acercándose a un tigre, camino a la cama. En la silla que estaba ahí se sentó y permaneció mirándome.

Abrí los ojos y dirigí una fría mirada a Kisame, que sonrió nerviosamente y apartó la suya.

–¿Qué pasa?– pregunté, molesto. Kisame sonrió amargamente (por un momento mi corazón se aceleró) –¿Qué?

–Estás enamorado de Deidara, ¿verdad, Itachi san?

Abrí los ojos con sorpresa por el descaro de la pregunta y casi me atragantó con mi propia saliva (que todavía sabía a sangre).

–¿Por qué lo dices?– casi grite –¡No seas idiota!, ¿Cómo podría yo amar a ese…?

Hice una mueca de dolor cuando el abdomen lanzó una punzada que me entumió toda esa zona en un segundo. Kisame me dirigió una mirada extraña.

–Quizá no lo recuerdes. Pero ya se lo habías dicho… Lo escuche sin querer– contestó avergonzado.

–¿Cuándo…?

–Cuando fue al edificio. Antes de rescatar a Sasori san.

Enrojecí. Creía que Deidara había sido el único que había escuchado mi declaración.

–¿Y con eso qué?– pregunté, déspota –¿Vas a chantajearme o algo así?

Kisame me miro entre sorprendido y ofendido.

–¿Y por qué querría yo chantajearte?

–¿Por qué no querrías hacerlo?

Kisame abrió la boca y la cerró. Suspiro pesadamente, mientras miraba la ventana. Uno podría decir que triste.

–El amor es algo muy bonito, ¿no?– dijo de pronto. Lo mire varios segundos, con el ceño fruncido –Siempre estás de buen humor y… crees que no hay nada imposible.

–Eso es…– comenté mientras miraba mis manos, noté que estaban manchadas de sangre –Una ridiculez.

Kisame lanzó una carcajada.

–De verdad que eres increíble– susurro –No puedes creer que todo y todos son ridículos. Algo habrá que no te haga pensar así.

–Pues suerte con encontrarlo– conteste, poniendo los ojos en blanco y luego mirando la pared con aire taciturno –Ni siquiera yo conozco algo que no me resulte ridículo.

Silencio.

–¿Qué tal los libros?– aventuró Kisame. Lo mire, él estaba sonriendo –Tú… no piensas que los libros son ridículos, ¿no?

–Obviamente no– conteste al fin, resignado. Kisame extendió su sonrisa.

–Bueno, de eso yo me alegro mucho– comentó –¿Sabes? Mientras Madara me mandaba observarte…

Lo mire con desprecio poco disimulado. Él rió nervioso.

–Noté que te gustaban mucho los libros– comentó y se puso de pie, camino hasta la cómoda que había en el cuarto –Este… Y te compre algo… Seguro que ya lo leíste, pero…

Se dio media vuelta y me entregó el libro. Lo mire primero a él, luego al libro y de nuevo a él.

–Un libro no hará que te perdone por lo que hiciste– le dije, molesto e irritado. Kisame se encogió de hombros –¿No te importa eso?

–No me gusta mucho leer– contestó –Es para ti. De nada servirá que me lo quede, y más si nada va a cambiar.

Su voz se escuchaba triste. Suspire y cogí el libro. En la portada se veía la escena trágica de Romeo y Julieta. Fruncí el ceño y mire a Kisame.

–¿Romeo y Julieta?

–Parecías tener interés en las obras de Shakespeare.

Miré el libro. La verdad es que había escuchado la tragedia, visto la película, incluso ya lo había leído. Me parecía una obra literaria clásica muy… empalagosa, quizá. Sin embargo, había algo en ella que te atrapaba al instante.

–Gracias– susurre mirándolo con una sonrisa –No lo había leído antes.

–¿De verdad?– preguntó arqueando las cejas –No te creo. Esa incluso yo la he leído.

–No. No la había leído.

No, ¿No? ¿Por qué decía eso? Sin embargo, luego de ver la cara de Kisame, supe que le había alegrado "acertar" en la elección.

–Bueno. Te dejo para que lo leas… si necesitas algo me dices– comentó feliz Kisame mientras daba media vuelta. Lo mire, curioso.

–Oye Kisame– pregunté y él se giro sobre sus talones.

–¿Sí?

–¿Cuánto tiempo estuviste observándome?

Kisame sonrió. Fue una sonrisa que me hizo estremecer. Me gustó esa sensación temblorosa en mi corazón, como si se volviera a derretir.

–Lo suficiente– volvió a dar media vuelta.

–¿Lo suficiente?– repetí en voz baja, y luego lo dije en voz alta –¿Lo suficiente para qué?

–No creo que merezca la pena decirlo ahora, Itachi san.

Y me dejó solo en el cuarto, con el libro en las manos.

((FIN DEL FLASH BACK))

Miré el libro de Romeo y Julieta aún botado en los pies de la cama. Me estiré un poco para alcanzarlo. Deidara me miro con el ceño fruncido, y me lo pasó.

–Gracias– contesté sin darle mucha importancia a que nuevamente, Deidara pasara por alto la sangre en mis manos.

–¿Entonces, hum?– preguntó con una sonrisa.

–No sé a dónde se fue…– respondí con sinceridad –A buscarlos a ambos.

Sasori me miraba desde el marco de la puerta, pero decidí fingir que no me daba cuenta.

–Tengo sueño– dije cortante –¿Pueden irse?

Deidara me pasó una mano por los cabellos y se puso de pie, apartándose de la cama. Parecía un poco ofendido. Sasori no se fue, sin embargo, permaneció mirándome. Se acercó a mí y yo evité mirarlo a los ojos unos segundos.

–¿Qué?– le pregunte cuando nuestras miradas se cruzaron. Deidara nos miraba en la puerta, un poco angustiado.

–Kisame… – dijo de repente mientras me miraba de arriba abajo, al parecer, notando las manchas de sangre –Es una buena persona.

Y diciendo eso, salió del cuarto.

–¡Buenas noches, Itachi san!– gritó Deidara. Sasori cerró la puerta, con los ojos destellando como oro oscuro.

0*0*0

La puerta de mi cuarto sonó y me gire a verla. Durante todo este rato (quizá cuarenta minutos) había estado leyendo y ni Sasori ni Deidara habían venido a molestarme.

–¿Quién?– pregunté un poco molesto.

–Soy yo, Itachi san– contesto la voz de Kisame al otro lado.

–Ah… Pasa.

Kisame abrió la puerta. Lo mire mientras cerraba el libro.

–¿Has encontrado a Tobi?

–Sí.

–¿Dónde estaba?

–Pues… se metió a una cueva que hay por aquí por la lluvia– contesto sonriendo –Incluso había encendido una fogata y todo. Se ve que a ustedes los llevaban de campamente seguido.

Me encogí de hombros.

–Teníamos esa facilidad– conteste con amargura –Madara nunca iba, ¿sabes? Ahora me pregunto qué es lo que hacía cuando nos ausentábamos… y porque no nos mató antes…

Silencio.

–¿Tú lo sabes?– pregunté mirándolo. Kisame negó con la cabeza.

–A mí me gusta pensar que los quería– dijo en un susurro, y ante mi mirada de desdeño, agregó –O que no le convenía hacerlo en esos momentos.

Deje el libro en el regazo.

–¿Te está gustando?– me pregunto señalando el libro.

–Está bueno.

–Me alegro de que te gustará– dijo, seguido de una carcajada. Entonces, miró mis manos –Vaya… esto… déjame limpiarte eso.

–¿El qué?– pregunte, y automáticamente metí las manos bajo las sábanas. Kisame sacó un pañuelo de su pantalón, completamente mojado.

–Dame.

Permanecí quieto unos segundos. Pero al final, tendí ambas manos hacia él. Me tomo de las manos, mientras yo lo miraba sonrojado, y con una sonrisa, comenzó a limpiarlas.Sus manos eran cálidas, y grandes, un poco ásperas pero suaves al mismo tiempo.

Sé que sonara ridículo, pero por un momento me parecían estar hechas a la medida.

Cuando me miro, aparté la mirada. Escuche como reía y eso solo sirvió para sonrojarme más.

=MINÍ EXTRA=

SASUKE PO´V

.

.

El celular sonó cuando Kakashi estaba dando una explicación sobre la historia de este viejo edificio. Me miro por encima del hombro.

–¿Puedo?– pregunté un poco avergonzado. Kakashi se encogió de hombros y se dio media vuelta, explicando nuevamente el tema.

Me aparté de mis compañeros y contesté el celular.

–¿Bueno?

–¿Sasuke?– la voz al otro lado de la línea era la de mi tío, por alguna razón mi corazón se disparo –¿Estás bien?

–Eh…– mire hacia mis compañeros, Kakashi me miraba un poco desconfiado –Sí. ¿Por qué no habría de estarlo?

Hubo un silencio.

–Sasuke… ha...ha pasado algo– dijo con voz afligida –Tienes que volver. Hablaré con tu sensei y…

–¿Qué cosa?– pregunte atónito, dándole la espalda a mis compañeros y pegándome más el celular al oído –¿Qué ha pasado? Tío… ¿es algo malo?

–Yo… Sasuke… – una pausa larga –Tobi ha sido secuestrado e Itachi…

–¿Itachi? ¿¡Qué ha pasado, tío!

–Ha muerto…Le han matado.

En ese momento solté el celular. El sonido que produjo fue demasiado lejano para considerarlo real.

TO BE CONTINUED.


Mary: -Hum… la verdad es que quería poner más de SasoDei, pero creo que no lo he logrado, ¿verdad? ._. Sin embargo, espero que les haya gustado.

Deidara: -Siento que ya casi no salgo, hum.

Itachi: -Tú y Sasori ya tuvieron su afinidad en los demás capítulos. Es justo que me toque a mí…

Mary: -En especial porque te he hecho sufrir mucho.

Sasori (apareciendo de repente y hablando con voz tenebrosa): -Estás segura, mocosa… ¿de que no se trata de tu nueva obsesión por Itachi?

Dei/Mary (miedo): -¡AHHH, DANNA!

Itachi: -…-

Sasori: -¿Entonces?

Mary (sudando frío): -Jejeje. Sa…Sa…Sasori danna… ¿dónde estabas?

Sasori (aura negra): -Me dijiste que no te dejaba escribir el fic a gusto, y no nos hemos visto en días, mocosa. Estuve esperando MUCHO a que terminarás esta estúpida continuación… ¿te enteras?

Mary: -Jejeje… es que… es que… Yoite… y… y Rusia… y… ¡TODO ES CULPA DEL ANIME!

Sasori: -Pero la vas a pagar mocosa o.ó

Itachi (poniendo los ojos en blanco): Permítanme anunciar que las ideas de esta niña posiblemente ya no den para mucho…

Deidara: -A menos que dejen review ^u^. Mary, Itachi, aunque no quiera decirlo ¬¬: Sasori danna y yo… Alias: sus sempais Akatsukianos… esperamos leerlos en un comentario, hum.

Dei /Mary (porque los otros dos no dicen más): -¡MATTA NE~!

Deidara: -Hum.