Capítulo 11: La Travesía de Taxidermio. Día 3.

Luego de unas cuantas bromas, sinceros deseos, y las despedidas, Taxidermio se marcha ala media noche, de casa de Jonathan, dejando claro que continuaría investigando en su casa.

Annya le ha dado algunos obsequios para Ragamuffin y Lenore, y nuevamente, ofrece disculpas por haber pensado lo peor del joven vampiro, a lo que Taxidermio le ha dicho que no se preocupara, y que tratara de calmarse…

Nuevamente, el taxidermista recorre su viaje anterior para poder salir de la aldea, una vez fuera, camina ya más tranquilo, seguro de que nadie lo descubrirá, pero, ya estando dentro del bosque, dirigiéndose hacia su hogar, escucha detrás de él la ruptura de una rama, sonido ante el cual reacciona ocultándose, para darse cuenta de que era un aldeano que caminaba detrás de él: era un seminarista de la aldea, caminaba detrás de Taxidermio sin prestar atención a nada más, su mirada estaba en blanco, y su andar era algo torpe.

-¿Pero qué hace un seminarista aquí en el bosque solo y de noche?

Taxidermio se armó de valor y siguió al seminarista desde una distancia prudente, viendo al muchacho llegar a un enorme castillo al cual ingresó, detrás de él se cerraron las puertas, y Taxidermio no vio más, pero le resultó extraño aquel acontecimiento; de repente, mientras caminaba, escuchó con claridad un alarido de dolor que se producía dentro del castillo: sin duda era el seminarista…

Taxidermio escapó lo más rápido que pudo, el aterrador ruido era la prueba de que en ese castillo es donde se suscitaba la desaparición de los aldeanos…

Con las pocas fuerzas que le quedaban, llegó a su casa, subió las escaleras, entró a su habitación, y se recostó a dormir, había sido víctima del más aterrador sonido del mundo: el sonido de la muerte.

A la mañana siguiente, su sueño fue interrumpido por la angelical voz de la dulce Lenore, el solo escucharla hacía que llegara paz a su atormentada alma:

-buenos días pequeña dama, ha descansado bien ¿verdad?

-sí… pero creo que tú no has podido dormir bien ¿no es así?

-me temo que anoche sufrí el peor de los horrores, y no me ha permitido conciliar el sueño…

-lo que importa es que llegaste a salvo Taxidermio… -dice Ragamuffin recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

-así es, estar a salvo es todo lo que importa ahora… Joven Ragamuffin, ¿podría hablar con usted unos minutos?

-sí, seguro.



-yo iré a preparar el desayuno… -dice Lenore saliendo de la habitación con una gran sonrisa, y al pasar junto a Ragamuffin, ella rosa su mano contra la del eterno vampiro, haciendo que ambos se sonrojen, luego Ragamuffin cierra la puerta detrás de él:

-¿Qué sucede Taxidermio?

-joven Ragamuffin, en los días que no estuve aquí, ¿se suscitó algo extraño, o, escucharon aquel escalofriante sonido de la vez anterior?

-mmm, nop… no hemos visto nada extraño, ¿Por qué? ¿A caso tú viste algo?

-me temo que sí… -Taxidermio contó a Ragamuffin lo ocurrido durante la madrugada, y le explicó lo que le habían contado Jonathan y Annya…

-que extraño… me pregunto que será lo que causa esa reacción…

-yo estaré investigando en algunos libros de mi biblioteca, mientras, le suplico no mencione nada de esto a la pequeña dama; el más mínimo conocimiento de esto podría alterarla…

-… lo sé, descuida…

Ragamuffin se disponía a irse, cuando…

-una cosa más, joven Ragamuffin…

-¿dime?

-se comportó usted como un caballero con la "señorita" Lenore ¿verdad?

-… ¡¡p-por supuesto que sí ¿con quien crees que hablas?!

La reacción y el sonrojo de Ragamuffin eran lo que hacía falta para que la paz interior de Taxidermio regresara, ahora estaba totalmente seguro de que Ragamuffin era la persona idónea para Lenore…