Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-10-

-Así que es cierto –quise maldecir al escuchar la voz de Edward detrás de mí. –Aro tiene razón –afirmó con seguridad, y no tuve otra opción que darme la vuelta lentamente.

-No. No tiene razón –le contesté con firmeza.

-Pues no lo parece.

-Podrías dejar de meterte en mis asuntos –pensé que tal vez si me comportaba como un imbécil con él, me dejaría en paz.

-No podría aunque quisiera. Soy capaz de leer las mentes, ¿recuerdas? –me preguntó con una media sonrisa burlona, y entonces me tensé al escucharlo. Era cierto. Había olvidado aquel pequeñísimo detalle.

-¿Y te crees muy listo por eso? –inquirí levantando una ceja, queriendo que dejase pasar el tema.

-Bueno, sé muchas más cosas de las que crees. Sé que tú eres el vampiro que ella busca.

Apreté los dientes con fuerza ante aquella revelación. Era justamente lo que no quería que supiera.

-¿Y qué vas a hacer? ¿Delatarme? –me puse a la defensiva sabiendo que si Edward tenía pensado provocarme, lo atacaría en cualquier momento.

-Qué poco me conoces. Me acabas de ofender –musitó, y comprendí que el idiota se estaba riendo de mí. Y aquello era lo último que necesitaba. –Lo sé desde el momento en el que ella llegó. Estabas muy raro, y al final decidí meterme un poco en tu cabeza.

-Podrías habértelo ahorrado. No me siento orgulloso de lo que pasó, ¿vale?

-Sí, también lo sé. Ser tú es muy aburrido, por cierto. Tendrías que dejar de torturarte mentalmente. Estos últimos días pensé que acabarías provocándome jaqueca.

Entrecerré los ojos, molesto. Emmett le habría pegado su buen humor, ya que normalmente Edward no era tan bromista.

-¿Crees que debo decírselo? –le pregunté rindiéndome.

A pesar de que estaba enfadado con él, no podía evitar sentirme mal al pensar en hacerle daño. Habíamos sido muy buenos amigos en los últimos años.

-No. No creo que sea una buena idea –se puso serio de repente, y yo me alegré de que se lo tomara con más sensatez. –Y más sabiendo lo que te ocurre con ella.

-No me ocurre nada –le aclaré fulminándolo con la mirada. –Deja de decir eso.

-Mira, niégalo si quieres, pero tú nunca te has comportado de ese modo con nadie. Y no soy el único que lo piensa.

Genial, aquello me consolaba mucho.

-Sólo quiero protegerla, y eso no significa nada. Además, creo que es normal después de haber asesinado brutalmente a su madre, ¿no te parece?

-No significaría nada si todos tuviésemos esa obsesión por su bienestar. Pero eres tú solo el que se preocupa por ella.

-¿Y?

-Pues que tal vez deberías aceptarlo.

-No quiero convertirla. Le repugnamos, ¿de acuerdo? No desea convertirse en uno de nosotros –repetí de nuevo, esperando que aquello le quedara claro a alguien.

-Sí, eso también lo sé. Pero no me refiero a que quieras o no convertirla.

Me crucé de brazos, aburrido y cansado de aquella conversación.

-¿A qué te refieres entonces?

-Te sientes atraído por ella. ¿Me equivoco?

-No. Su sangre me atrae como la de todos los humanos, no sé que hay de especial en eso –quise escaparme por la vía fácil porque sabía qué era lo que me estaba intentando decir.

-Te atrae más allá de la sangre.

-No –lo negué rotundamente. No estaba dispuesto a aceptar tal estupidez.

-Jasper, deja de negarlo. Sé lo que piensas y sé que crees que es una tontería, pero te olvidas de que también puedo leer su mente.

-Me da igual lo que piense de mí. Ella es una simple humana y yo soy el vampiro que acabó con la vida de su madre. No hay nada más. Y ahora déjame en paz –me di la vuelta enfadado ante su insistencia, deseando que jamás hablara con nadie sobre la conversación que habíamos tenido.

-Significa eso que cuando todo esto acabe, ¿la dejarás marchar? –volvió a preguntarme, y me detuve otra vez, esperando poder dejarle las cosas claras.

-Sí –ni siquiera yo me creí aquella respuesta, pero necesitaba salir de ahí pronto antes de que me estallara la cabeza.

-Jasper –escuché la voz de Carlisle y apreté los dientes. Aquella noche no iban a dejarme en paz.

Me dirigí hasta su estudio, donde sabía que estaba, y entré una vez llegué.

-¿Qué? –le pregunté de mal humor. Aún le estaba dando vueltas a la conversación con Edward, y me entraron ganas de destrozar todo lo que se me pusiera por delante.

-Necesito tu opinión –me dijo mirándome seriamente.

Fruncí el ceño. Muy desesperado tenía que estar Carlisle para pedir mi opinión.

Me acerqué hasta el escritorio para escuchar lo que me quería decir.

-Tú dirás.

-Después de lo que ha pasado antes con Aro, he pensado que ya no sé qué hacer para mantener la paz y el equilibrio entre nuestras hermandades. Lo único que creo es que todo esto acabará en guerra, y sabes que es lo último que quiero.

Asentí en silencio, pero cuando vi que no iba a hablar más, le pregunté:

-¿Y qué tiene que ver esto conmigo? –me sentí algo insolente al preguntarle aquello de tan mala manera, pero mi humor no era el mejor en aquel momento.

-Tú has estado con ellos muchos años y estoy seguro de que sabes como actúan. ¿Qué crees que harán a continuación? –me preguntó interesado.

Pensé detenidamente en su pregunta.

-Supongo que…intentarán hacernos desaparecer del mapa. Diría que Aro está harto de que intervengamos y de que no les dejemos…cazar en paz.

-¿Y eso qué supondrá?

-Imagino que una guerra –observé que mi respuesta era la que menos había deseado oír. –Sabes que no nos rendiremos sin luchar, ni yo ni ninguno de los demás –admití firmemente.

-Sí, eso lo sé –resopló pareciendo fatigado, colocándose las manos en la cabeza.

-Podemos ganar.

-¿Pero a qué precio? Tanto si venciéramos como si no en una guerra, habría muchas pérdidas. Y no creo que pueda tolerar eso.

-A veces es necesario hacer sacrificios –me sentí cruel al decir aquellas palabras, y recordé que yo solía pensar de aquel modo antes de abandonar a los Deimos.

-No estoy dispuesto a perder a nadie, Jasper.

-¿Entonces? ¿Quieres que nos escondamos? Hablar con ellos resultará inútil a partir de ahora.

-Yerathel no permitiría que…–comenzó, pero el temita del ángel me estaba cansando, por lo que le interrumpí:

-Mira, Yerathel no querría saber nada de nosotros. Es más, creo que le repugnaríamos. Somos vampiros. Fuimos creados para matar. Nosotros elegimos no hacerlo, pero nuestra función inicial era saciarnos con la sangre de los humanos. Somos lo contrario a los ángeles, tal vez es hora de que te des cuenta –le solté enfadado por ninguna razón aparente. Aquello era el resultado de la conversación que había mantenido con Edward.

-No creo que sea así, aunque entiendo y respeto tu opinión –musitó Carlisle con tranquilidad. Sin embargo sabía que lo había decepcionado con mis palabras. –Comprendo que creas que toda mi…fe en los ángeles sea estúpida, pero gracias a ella existe esta hermandad.

-Sí, y también la de los Deimos. Tal vez si jamás se hubiesen creado, ahora no estaríamos a punto de sufrir una guerra.

-Tal vez. Pero no tendrías que estar tan alterado. Tú sabes luchar, puedo incluso afirmar que eres uno de los mejores guerreros que hay aquí. Y crees que podemos vencer.

-Sí.

-Entonces, ¿por qué estás tan nervioso?

Ni yo mismo sabía la respuesta. De repente pensé en Alice. Si había una guerra, ella querría estar en medio, y aquello sí que no iba a permitirlo bajo ninguna circunstancia.

-No lo estoy.

-De ese modo, no te importará que advierta a Alice sobre la guerra, ¿no? –me preguntó Carlisle con una mirada extraña.

-Yo lo haré –le contesté de inmediato. No sólo la iba a advertir, sino que también la obligaría a marcharse de la mansión. No iba a dejar que se arriesgara de aquel modo. No tendría ninguna opción contra tantos vampiros juntos, y lo único que haría sería estorbarme. No podría concentrarme en la lucha sabiendo que ella estaba exponiendo su vida de aquella forma tan estúpida.

-Como quieras. Pero te sugiero que lo hagas pronto, no creo que los Deimos tarden demasiado.

Asentí con rapidez y salí de su estudio pensando en lo que tenía que hacer. Decidí salir a cazar para distraerme durante unos momentos. Mi mente debía estar despejada para lo que debía hacer a continuación.


Edward lo sabe todo porque SÍ lee las mentes... ¡Jojojo! Y para ponerle la guinda al pastel, ha descubierto la verdad... ¿Y qué creéis que ocurrirá a continuación?

Estoy segura de que los siguientes capítulos os gustarán ;) Pero de todas formas, espero que este también os haya gustado ^^

¡Nos leemos en el siguiente!

XOXO