Disclaimer: Naruto no me pertenece, es creación de Masashi Kishimoto.
Nota: Universo Alterno. Dark Fic.
"Princesa Boca de Algodón"
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Son las doce horas más tortuosas de toda su corta vida. Medio día sin moverse de la cama, perdida en sus pensamientos, en los recuerdos de la mañana, intentando no parpadear por mucho tiempo porque todo se vuelve rojo como la sangre de su hermano en el suelo. Quiere que Sasuke se calle, que su rostro compungido desaparezca de su cabeza, que esa carga pesada (culpa) desaparezca de su espalda, que deje de temblar y que su voz regrese de lo mucho que ha gritado de impotencia.
Ni siquiera quiere que todo resulte ser una pesadilla porque eso significaría despertar en la misma casa que tanto detesta. Lo que quiere en verdad es que todo se apague.
Doce horas y un minuto interrumpidos por el portazo del primer piso.
—¡Tío! —llama a su verdugo, desesperada, aventándose desde algunos escalones de la escalera al suelo, olvidando por un instante el terror que había empezado a tenerle— Se llevaron a Itachi al hospital, Sasuke se fue con ellos…
—Ya sé; me llamaron a la oficina —responde cansado, como todos los días cuando regresa del trabajo.
Sakura lo mira, esperando alguna explicación pero él solo se limita a retirarse el saco y dejarlo sobre el sofá, como si fuera un día como cualquier otro, como si nada importante hubiera pasado. Como si la vida de su sobrino no corriera peligro.
—¿E-está bien? —pregunta temerosa, intentando buscar en su rostro el alivio a su ansiedad.
Madara gira sin expresión alguna, no está triste, no está molesto; Sakura debía de alegrarse porque ello solo podía significar que lo de Itachi no había sido nada grave, pero no podía sonreír al verlo acercarse tan pausadamente, sin quitarle los ojos de encima.
—¿Qué te importa, Sakura? —responde sereno, desajustando su corbata— ¿Qué te importa Itachi?
Su pequeño cuerpo recuerda el pánico que despierta en él la figura inmensa de su tío cuando está cerca, pero reacciona demasiado tarde porque ya la tiene sujetada de los hombros, mirándola fijamente sin emoción alguna.
—Itachi es tu sobrino… como yo…
Ojos que la hacían sentir como un objeto fácilmente aplastable; era la mirada de París. Madara la toma suavemente del brazo y la guía hasta las escaleras, Sakura sabe sus intenciones pero se deja hacer. Ya no pelea. ¿Para qué?
Sus padres la aventaron al fuego, sus hermanos le echaron kerosene y su tío, con un soplido, terminó por esparcir sus cenizas.
…
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Un fastidioso cosquilleo en su espalda la despierta, como hormigas recorriendo su espina dorsal. Es algo mucho peor.
—No tienes que ir al colegio si no quieres —susurra contra su espalda encorvada.
El tibio aliento contra su hombro le escarapela el cuerpo, sus dedos se clavan en la almohada y su cuerpo se orilla al borde de la cama.
Hace frío y la vergüenza hace presencia en la mañana del lunes. ¿Sasuke la habrá escuchado? ¿Habrá escuchado sus gritos el sábado por la noche y sus lloriqueos el domingo después del almuerzo? A estas alturas ya no le importaba si su hermano no había hecho nada para ayudarla, lo único que quería saber era lo que pensaba de ella.
(Eres igual a tu madre).
—T-Tengo examen.
No entiende cómo es que si se quedó quieta, le duele tanto la espalda, el cuello y los muslos.
Sale de la cama aferrándose a la sábana pero el contrapeso del cubrecama la traiciona, enredándose con la delgada tela rosa y quedándose esparcida en el suelo. Entonces camina desnuda rápidamente hacia el baño, entra a la ducha y deja que el agua se deslice por su cuerpo y lo limpie; no contenta con el agua, toma la esponja y empieza a jalarse la piel, a hacerse daño. Mira la piel de su brazo roja, quiere llorar pero el miedo que se forma en su garganta le impide soltar las lágrimas. Un repentino pensamiento la invade: ella está desnuda y Madara está en la casa. Cierra la llave de la ducha y se cubre con la bata, toma la prenda blanca y se viste con rapidez; gran parte de su blusa se moja y lo cubre con su sweater beige. Sabe que se resfriará pero tiene que salir rápido del baño antes que él entre.
Quiere estar en cualquier otro lugar menos en su casa, y su única excusa disponible es la escuela, que está a kilómetros de distancia.
—¿Puedes llevarme a la escuela? —le pregunta sin mirarlo, intentando sonar complaciente, y al no obtener una respuesta rápida, agrega—: ¿Por favor?
Madara se levanta de la cama y con pereza arrastra los pies fuera del cuarto. Qué repugnante.
:_:
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N/A: Bueno, no lo subí el pasado fin de semana, pero no demoré mucho. Creo.
¿Les perturba la lectura? A mí a veces sí.
En el próximo capítulo reaparece alguien, adivinen quién, yo ya lo(a) extrañaba.
¿Pueden creer que ayer escribí el último párrafo del final de este fic? :'D
Por el momento, la historia tendrá 20 (mini) capítulos, o sea que estamos a mitad del fic.
Carol-chan, obrigada!
Saludines :B
