11: Mentiras

Eldarya, un mundo plagado de cosas maravillosas y fantásticas. Erika nunca se habría imaginado que sería testigo de su existencia.

Desde que fue trasportada por aquel círculo de champiñones se asombraba con cada momento que pasaba, ya que seres que pensaba eran salidos de las más tórridas fantasías humanas hacían acto de presencia en su día a día. Desde un pequeño brownie, hasta un esplendoroso oráculo, incluso entregó su corazón a uno de estos personajes supuestamente ficticios. Pero ahora lidiaba con la criatura más misteriosa e impredecible que había conocido en este mundo tan irreal.

Sentada en la sala veía como Ezarel discutía con Valkyon. Buscaban la identidad del ente que había charlado con ella. Ahora sabían que Eir no había salido de su habitación, Heks tampoco se había ido del baño pues decidió ayudar a Helga atizando la fogata

¿Quién había sido? Era la pregunta principal de aquella charla entre líderes.

—si Heks y Eir no salieron de la casa, eso quiere decir que esta...persona tomó la forma de ellas, pero ¿por qué? ¿y con qué fin? —Valkyon miraba en dirección a la puerta trasera, se podía ver claramente el par de columpios vacíos.

—¿estás segura de que solo te preguntó cómo estabas? —Ezarel insistió con Erika.

La castaña se vio forzada a dar otra versión de los hechos cuando preguntaron de lo que había hablado con aquella presencia. Sin atreverse a decir la verdad porque implicaba revelar los sentimientos hacia el alquimista, mintió de nuevo al asentir con su cabeza.

Los dos chicos quedaron confusos, con aquella información falsa no irían a ninguna parte. Al poco tiempo Helga llamó a Ezarel, su baño estaba listo.

Mientras se desvestía Ez pensaba en un posible espionaje. ¿Nómadas? ¿alguna secta humana? ¿Aquel hombre enmascarado? Si era cualquiera de estos no entendía porque se interesaban en una misión de carácter personal que no tenía que ver con el gran cristal.

Trató de relajarse hundiéndose en la tina advirtiendo entre el agua su cuerpo. Ahí estaban de nuevo, los brazos delgados pero tonificados, sus piernas largas y firmes, el abdomen esbelto y remarcado, todo como solía ser. Suspiró aliviado de haber vuelto, pero, aún no entendía como lo había logrado, no recordaba haber hecho algo en particular, aparte de sumirse en su depresión. En un instante pasó por su cabeza la imagen de la castaña en el riachuelo; su rostro estaba muy cerca, tanto que aun recordaba percibir su respiración. Con fuerza su corazón volcó en su pecho, haciendo que perdiera la calma. Esta sensación era algo familiar por lo que frunció el ceño, inmediatamente agitó la cabeza y cambió sus pensamientos al enigma de aquella aparición, aunque sus manos temblaban aún nerviosas.

Terminó de bañarse y salió con las prendas que le había dejado la valquiria, no eran de su gusto, pero era mejor que andar desnudo y lo llamasen pervertido.

Afuera Helga se mostró más hospitalaria ofreciéndoles quedarse a comer y pasar la noche si estaban cansados. Ezarel se negó. Se hacía tarde y tenían que regresar al cuartel, pero Valkyon propuso aceptar la oferta. Si era cierto que los vigilaban lo más probable es que fueran atacados de regreso al CG, era mejor esperar al día siguiente y salir de mañana.

Con la decisión tomada se sentaron a la mesa, Eir ya había despertado y se situó al lado del elfo. Tomó una tostada y le untó miel ofreciéndosela al mismo, este impactado por el acierto se la comió sonriéndole a la niña.

—a mi me gusta mucho la miel—dijo la pequeña al verlo saborear el alimento.

—a mí también

Respondió el otro limpiando con un dedo la mejilla de la pequeña, tenía dulce en casi toda la cara. Esta le sonrió.

Erika los observaba enternecida, sintiendo celos de la pequeña por un momento. Si al menos el elfo fuera asi de amable con ella seria dichosa, mas la realidad era otra. Después sus pensamientos cambiaron drásticamente, recordó la conversación con la falsa Eir, ¿Por qué le había insinuado confesarse a Ezarel? Esto la hizo sentir culpa por ocultar la verdad a sus compañeros, arriesgándolos con su mentira a lo desconocido.

Pronto todos terminaron y se levantaron de la mesa. Las chicas ofrecieron su ayuda a Helga con los trastos y la mesa, mientras los chicos salieron al patio a revisar si no encontraban algún indicio sobre aquella presencia.

Al no haber hallado nada el resto del día se la pasaron haciendo conjeturas, esto incomodaba mucho a la faelinne haciéndola quedar en silencio... por su mente pasó la idea de decir la verdad a alguien que no fuera Ezarel, como por ejemplo Valkyon o Heks. No sabía qué hacer y la incertidumbre la consumía.

De noche Helga les enseñó sus habitaciones. Erika estaba muy a gusto compartiendo cama con la azabache y por el lado de los chicos Ezarel solo pidió a Valkyon que no lo fuera a abrazar ni mucho menos a aplastar durante la noche. Todos se rieron.

Las luces de la casa se apagaron al poco tiempo, Heks cayó rendida en la cama quedando dormida al instante, las emociones del día y el largo viaje los tenían muy fatigados a todos, excepto a Erika que era la única que no podía conciliar sueño a pesar del cansancio.

No dejaba de pensar en lo que estaba ocultando, temerosa de alejar a Ezarel si revelaba lo que su corazón resguardaba.

—¿y si fuese la bruja? —murmuró y se levantó de la cama.

No quería despertar a su compañera con sus remordimientos, por lo que con aprensión salió de la habitación.

Llegó a la estancia viendo como era iluminada parcialmente por la tenue luz de la luna. Se acercó a una ventana por donde la claridad se colaba y entre aquel silencio y tranquilidad vio junto a los columpios una figura oscura. Esto la estremeció.

—¿Qué haces levantada?

Sobresaltada giró en dirección a quien le hablaba. Entre la penumbra y con lentitud aquella persona se acercó a paso normal.

—¿acaso no puedes dormir?

—n-no —respondió a Ezarel que ahora estaba frente a ella.

Con nerviosismo volteó de nuevo a la ventana buscando aquella silueta, pero el patio estaba vacío y sintió palidecer.

—¿estás temerosa por lo que viste en los columpios? —Ezarel miró en dirección a donde ella tenía clavados sus ojos.

—eso...creo

El elfo la observó por un lapso de tiempo notando un temblor en sus manos que lo intrigó. Tomándola de un brazo la arrastró con él hasta el sofá ordenándole sentarse y esta obedeció sin protestar. Estaba muy inmersa en sus pensamientos que parecía no estar presente, asi que Ez fue a la cocina de Helga rebuscando entre los estantes, poco después regresó con una bebida.

—toma esto—le extendió una taza de té caliente.

Erika tímidamente la cogió entre sus dedos, mientras que un aroma floral se colaba entre sus fosas nasales. Una sensación relajante invadió su cuerpo mientras veía la superficie adornada por fragmentos de hierbas que flotaban. Finalmente sonrió levemente.

—¿qué haces levantado? —preguntó al sentirse mejor

—estoy vigilando, después de lo que viste no pensabas que nos podíamos quedar dormidos plácidamente.

Ella pensó en lo que recién había visto en el patio, pero no estaba segura de comentarlo, tal vez solo habían sido figuraciones suyas por el cargo de conciencia que tenía.

—¿y porque no nos dijeron nada a Heks y a mí? Podíamos ayudar también.

—pensamos que era mejor que descansaran

—¿y Valkyon?

—lo dejé dormir primero, más tarde me va a relevar.

—entiendo—se quedó mirando la taza de té.

—bébelo, eso te hará relajar los nervios y conciliar el sueño

—estás siendo muy considerado y amable...es...extraño—se empezó a tomar la infusión.

—yo soy amable, soy una buena persona, solo que la gente que no ocupa su cerebro como tú no logra darse cuenta.

La chica rodó los ojos antes de dejar la taza sobre la mesa de centro que estaba frente a ellos. A los pocos minutos de más hostigamiento del duende, empezó a sentir los párpados muy pesados, la vista borrosa y su cuerpo se tambaleaba mientras estaba sentada.

—¿estás bien? —la miró extrañado

¡PLAFF!

Erika se dejó caer por delante azotando su cabeza en la mesa de centro, sacándole un susto a su compañero que la miraba perplejo.

Este la llamó repetidas veces y al no tener respuesta la movió con la mano, pero no logró reacción alguna. Temeroso le levantó la cabeza viendo que había caído dormida.

—mierda, creo que me pasé con la dosis del té—dijo entre risa al ver un bulto en la frente de la chica que se le había formado por el golpe, también de su boca colgaba un pequeño hilo de saliva—que poca elegancia tiene al dormir.

Siguió riendo a costas de la faelinne mientras la recostaba en el sillón, pero la noche empezaba a refrescar y no podía dejarla a la intemperie.

Con pesar fue a la habitación donde se supone dormiría la humana, tomó una sábana rápidamente haciendo el mínimo ruido para no despertar a Heks, ya que no quería que se hiciera ideas equivocadas. Al salir cerró la puerta sin darse cuenta de que la azabache había sonreído abriendo levemente los ojos.

Ya en la sala cubrió a la joven con la sabana, percatándose que esta murmuraba dormida, se acercó a ella, pero no escuchó más.

—humana loca—empujó con un dedo la hinchazón de la frente, haciendo que se quejara entre dormida.

Esto lo hizo reír y siguió torturándola pues estaba confiado en que no despertaría hasta el otro día, pero se detuvo al ver que unas lágrimas se asomaron en el rostro de Erika.

Tal vez era alguna pesadilla; pensó mientras observaba la mueca de angustia que se había formado en la cara de la castaña. Sin decir más se sentó en el único espacio que había en el sofá, quedando a un lado de la fémina.

No quiso prestar más atención en la joven, pues el ver aquel rostro temeroso lo hizo sentir de igual manera por alguna razón. Enfocó el pensamiento en su tarea de vigía, mirando a su alrededor mientras el tiempo pasaba, hasta que sin darse cuenta poco a poco el sueño fue haciéndolo presa. Finalmente, el color verde de sus ojos se ocultó tras sus párpados al cerrarse.

—0—

De mañana un rayo del amanecer acarició el rostro del bello durmiente, forzando a que despertara confundido. Ahora estaba recostado en el sofá con Erika abrazada a su cuerpo. Su cara se descompuso en el acto.

—buenos días señor Ezarel.

Escuchó saludar a la pequeña Eir que salía de su habitación dejando la puerta semiabierta.

—bu...buenos días— Desconcertado por no saber cómo había terminado así, trató de incorporarse.

La pequeña se acercó y observó a la joven que estaba aferrada al cuerpo del duende con una sonrisa.

—ella es muy simpática...me agrada —dijo contenta

Ezarel seguía intentando zafarse del agarre de la faelinne, pero sorpresivamente era fuerte y no podía conseguirlo

—me gusta su cabello—Eir tocó uno de los mechones castaños que caían por la espalda de la humana.

—ah... ¿sí? —seguía forcejeando—a mí me parece un cabello común—logró quitarse un brazo de encima.

—eres un mentiroso—lo miró a los ojos y Ezarel paró en seco abrumado—a ti también te gusta su cabello, como el color de sus ojos y su rostro...te gusta tanto como la miel

El elfo quedó impactado con las palabras de la menor. Recordando lo sucedido con Erika, sus ojos fueron a dar a la puerta por donde la pequeña valquiria había salido. Cual fue más su sorpresa que detrás en la habitación se veía a otra Eir que se levantaba de la cama, casi su corazón se detuvo de la impresión. Sin pensarlo extendió su brazo para alcanzar a la menor que tenía enfrente, pero ante sus ojos su mano atravesó a la pequeña que ahora sonreía.

—no he terminado contigo Ezarel—esta se despidió antes de desvanecerse por completo con una voz muy diferente a la de Eir y que él conocía.

—no puede... ser

Saludos a todas y gracias por leer y esperarme XD