Hola de nuevo!

Bueno les dejo el capitulo, a mi no me gusto como quedo aunque lo edite y re-edite cientos fue pero fue todo lo que mi cabeza dio para no explotar. Pido perdón por los errores.

Lean notas finales. Les dejo el capitulo:


.Capitulo 11

A pesar de su carácter colérico y agresivo, el sultán Rin recordaba muy bien el día que le habían traído a Nitori al palacio. Era un chico huérfano, vendido como esclavo a edad temprana a un hombre quien falleció debido a su vejez hacia unos años, por lo cual morir sus pertenencias fueron vendidas y el joven terminó vendido con otros al palacio.

Matsuoka no era tan malo en algunos aspectos con sus siervos, así que ordeno que no se le castrara o mutilara su cuerpo cuando le compro. En un principio, el joven de ojos celestes parecía ser como cualquier otro miembro de la servidumbre, hasta que se empezó a demostrar su gran admiración (tal vez demasiado obsesiva) por el sultán, tal situación llevo a que poco a poco se convirtiera en el sirviente personal de su alteza ya que era el único que parecía no temerle para acercarse a él con suficiente confianza.

En ese entonces el joven soberano siempre estaba tan enfadado con la gente a su alrededor, pues había pasado un dramático suceso, que termino con la ruptura de su relación con un mensajero del reino: Haruka Nanase. Dos años habían pasado desde entonces.

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Si Rin reflexionaba las cosas, no era tan ilógico que terminaban en una situación como en la que se encontraban en esos momentos, tenía al menor debajo de él mientras besaba y mordía repetidamente sus finos labios, los cuales se empezaban a poner rojizos e hinchar por los besos que no parecía no querer parar. Y era que simplemente no podía detenerse, no podía evitar probarlos cuando ambos lo deseaban tanto, además con lo dulce que era su boca.

-Ai…-susurró. Se dio cuenta de lo mucho que le gustaba como sonaba su nombre.-

-¡Ah! –Un pequeño ruido salió del menor cuando el pelirrojo le jaló él lóbulo de la oreja-

El aludido trataba de mantener la compostura, no se trataba que nunca hubiera estado semi-desnudo en presencia del joven gobernante, pero en la posición en la que estaba era diferente a nadar o darse un baño juntos. Su pecho al descubierto era llenado de caricia más intensas que las que usualmente le proporcionaba, bajaban por su pecho, tocaban su espalda, también delineaban sus pequeñas caderas como si quisiera grabar sus manos en él. Y por el cielo y por todo el agua del reino que el también deseaba tocar igualmente el cuerpo del sultán Rin, pero sus manos temblaban nerviosa lo que le hacía imposible moverlas, permanecían en sus costados.

-Sul…Rin… – susurró - Y-yo…- En realidad no sabía que quería decir, pero quería decir algo. Cualquier cosa como recordarle lo mucho que lo amaba o algo parecido

-¿Qué? - Alzó la ceja. "Tal vez es mucho para él "Se dijo. -¿Qué quieres decir? -

-¡Y-yo!...- tomó aire. - ¿N-no estaba usted ocupado? - No supo porque dijo esas palabras, se arrepintió cuando pareció que no deseaba aquello. Cuando lo deseaba con toda su alma

-¿Eh? No. –Respondió su pequeño siervo siempre era tan raro – Aunque si quieres que me vaya…

-¡No! ¡Quiero quedarme con usted! ¡Quiero hacerlo! – Gritó.- Es que no puedo creer que usted y y-o… - se quedo de nuevo sin palabras, más cuando Rin un poco burlón comenzó a pasar sus dedos por uno de sus pezones.

-¿A pesar de que estabas lastimado? – No pudo evitar sentirse culpable por eso, aunque estaba tan ansioso que no se iba a detener de todas formas.

-Sí…realmente quiero estar con usted. – Seguía sin saber muy bien las palabras que quería decir.-

Sorprendido por la honestidad de su sirviente, le miró a sus ojos grande y celestes. Le besó castamente en la frente de forma cariñosa. El pensamiento de que su sirviente no fuera tan inocente con sus pensamientos como creía, le paso por la mente. No era la primera vez que sospechaba de eso-

-Bien. – Añadió con su voz de autoridad, que hizo que el menor sintiera una gran electricidad correr por su cuerpo- Lo haremos

El mayor se quitó sus joyas y su turbante dejándolos sobre una mesa al lado de su cama. Una sonrisa se mostró en su cara en cuanto vio que había un poco de aceite y lociones que usaba para su cuerpo, le servirían para más adelante. Le hubiera gustado que arreglaran a Nitori para él, pero ya seria en otra ocasión o en muchas otras ocasiones

Ai admiró a su amado sultán, aun sin adornos con su siempre suave cabello pelirrojo cayendo, seguía siendo muy atractivo y con porte de la realeza. No tuvo mucho tiempo para seguir admirándole, pues Rin bajo hasta su pecho, su aliento chocó contra su cuello donde le mordió fuertemente.

-¡Ah! – Jadeó el de ojos celestes-

Rin sonrió posesivamente al ver sus dientes marcados, tenía una marca de él. No quería que nadie le volviera a tocar nunca más que él. Pasó su lengua por esa zona y luego bajó hasta su pecho besándolo. Su lengua recorrió alrededor de aquella zona para pasar por la aureola de su pezón y luego tomó esa protuberancia con su boca, tratando de tener cuidado con sus afilados dientes. El menor soltó un gemido, fuerte y jaló el manto que usaba su alteza, entonces se dio cuenta que el todavía traía su ropa puesta, pues le hubiera gustado sentir sus dedos y sus uñas encajándose en su espalda pero debido a la ropa le era imposible.

Sin pensarlo dos veces se quitó sus ropas con un movimiento rápido, quedando solo en unas prendas ligeras interiores. Las mejillas de Nitori estaban en un nuevo tono de color rojizo. Debía de dejar de juntarse tanto tiempo con Gou…porque ahora sentía que tenía un poco de su fetiche por los musculos, pues no podría apartar la vista de Rin, aunque ya lo había visto de esa forma casi todos los días.

-¿Eh? – El sultán miró a Ai alzando una ceja. – Siempre supe que eras un pervertido.

-¿Yo? ¡Yo no lo soy! – chilló el menor.

-¿Entonces qué haces mirándome de esa forma? ¿No piensas si quiera tocar un poco? – agregó con una voz más grave provocándole. En el fondo estaba realmente desesperado por ser tocado también

Sabía que no era una sugerencia, sino más bien una orden. Y no podía desobedecer una orden ¿No?. Estiró su mano hasta tocar su pecho y acariciar igualmente con sus pequeñas manos todo lo que podía de su piel caliente de ese cuerpo tan bien trabajado, trataba de aparentar estar natural, pero terminaba por poner una cara bastante lasciva y nerviosa, sin embargo no parecía molestar al sultán, pues su cara no fue el único lugar a donde la sangre hizo efecto. Un bulto estaba presente en los pantalones del joven soberano, aunque por supuesto él no era el único que estaba en esa situación.

Ai estaba sin palabras. Iban a llegar tan lejos ese día, pero no sabía si su cuerpo podía aguantar. Antes de que más pensamientos negativos inundaran su mente, ocurrió algo: Rin se empezó a frotar su cuerpo contra el suyo, por lo que aun por encima de sus ropas sus erecciones chocaban, provocando que la habitación se llenara de gemidos de ambos. Pero aun a pesar de las fuertes sensaciones, el gobernante se separó de su cuerpo y luego paso sus dedos por los delgados labios del menor.

-S-sultan…¿Q-que pasa? - El aire le escaseaba, por lo que junto fuerzas para decir unas palabras.

-Nada…-

Abrió su boca en varias ocasiones, pero no podía decir aquellas palabras que quería expresar. Se dio cuenta que el menor le veía con expresión confundida y eso solo le hizo sentirse más avergonzado. Era el sultán, debería ser siempre bueno en todo y eso le provocaba un poco de nervios, así que desvió su mirada para otro lado, repitió el mismo movimiento de sus dedos sobre sus labios.

-¿Alguna vez..? – Preguntó - ¿Con tu boca…?

- ¡Oh! No…-respondió-

-Bueno en ese caso..- su mirada aún seguía fija en otro punto de la habitación- Yo debería…ya sabes…-

-¿Qué? - El menor no captó muy bien las palabras, y Rin aún no le dirigía la vista. Así que le tomó tiempo entenderle- ¡Oh! Ya veo…

-Debo mostrarte ¿No?

Rin se acercó al abdomen de chico bajando hasta su vientre, con un movimiento rápido como el que hizo para deshacerse de sus propias ropas, desvistió por completo a Nitori hasta dejarlo desnudo y a su merced. Dio besos en su vientre hasta bajar a su vientre y luego se acercó a su miembro. Solo dio una pequeña lamida a su punta de su hombría y el menor sentía de nuevo que se iba a derretir.

-¡Ah..! ¡R-Rin! – jadeó su nombre

Matsuoka escuchó con claridad aquel sonido. Era realmente lindo y caliente al mismo tiempo, sintió un gran gusto al saber que el menor disfrutaba de aquello .Volvió a lamer nuevamente, para después meterlo por completo su boca, disfrutando de los sonidos y expresiones del joven de cabello plateado. Realmente quería hacerle sentir bien, se lo merecía y también le quería mucho.

Ai no podía sentirse mejor en esos momentos, era una sensación realmente tan placentera, lo que menos podía hacer era jalar un poco de ese cabello de ese cabello pelirrojo pidiendo más de aquellas sensaciones que el mayor le daba con su boca. A pesar de que Rin tenía cuidado con sus afilados dientes, ocasionalmente le rozaba con ellos, sin embargo eso no le molestaba, extrañamente le fascinaba sentirlos rozando su miembro, tal vez si era un poco pervertido después de todo. No paso mucho tiempo para que el menor alcanzara su climax en la boca de su amado sultán, por lo cual no pudo evitar sentirse culpable. Pensaba que no se merecía tantas atenciones, mucho menos terminar en su boca de aquella forma

-¡Lo siento!...- gritó avergonzado-

- Bien…- respondió Rin, limpiándose las comisuras de sus labios.

Una vez que su alteza termino de limpiarse, tomó por las piernas a su joven sirviente quien se sorprendió ante aquello, pero enseguida reacciono a lo que el sultán quería, no era muy difícil imaginarlo. Así que solo trató de relajar su cuerpo. Rin separó sus suaves piernas los lados para después acomodarse en medio de ellas, no sin antes dejar unas caricias. Estiró sus manos hasta la mesa del lado de su cama, entonces tomó uno de los frascos de aceites que usaba para masajes lo abrió y untó un poco de esa sustancia en sus dedos.

-Alza un poco tus caderas…- susurró. Ya quería sentir como sería poseer al menor. Su parte baja empezaba a doler, deseaba tanto ya la unión de sus cuerpos.

Nitori obedeció sin quitarle la vista al rostro excitado del sultán para relajarse. Tomó aire mientras uno de sus dedos se iba introduciendo en su entrada, para después moverse. Se sentía extraño e incomodo, pero no era del todo malo si se trataba de él. Cuando apenas se iba acostumbrando a la sensación, vino un segundo y después un tercero, moviéndose en forma de tijera. Matsuoka paró en cuanto encontró el lugar de placer del menor, pues en cuanto tocó aquel punto el menor arqueo la espalda y soltó un gritó

-¡Sul..¡Rin! …- gimió. - ¡Ah..!

Rin le beso por una vez más y luego sustituyo sus dedos por algo más grande, comenzó a penetrar lentamente en su cuerpo con su miembro, primero empezó metiendo su punta lentamente

-¡Ah…! Rin…esto…duele

-No te pongas nervioso – añadió el sultán. –Separa un más tus piernas.

El joven de cabello plateado no lo había hecho con nadie más, por lo que estaba bastante apretado y caliente, mucho mejor que lo que el joven sultán lo había imaginado, le sería difícil controlarse, cosa que unas veces paso por su mente, pero ahora solo quería hacérselo.

-¡Duele mucho! – Chilló el de ojos celestes- ¡Saquelo!

-Shh…Ai…- le pasó la mano por las mejillas- Relájate, - Usó su tono de autoridad y el menor se contuvo. – Respira.

-¡Rin..! –tomó aire.

Y en verdad que el joven de cabello plateado chilló fuerte y pataleo, pero no había nada que pusiera hacer puesto que había aceptado, pero no había pasado por su mente virgen que algo como eso pudiera ocurrir, que sintiera un dolor quemarle por dentro. Sabía que el sultán no pararía. Tal vez por que escuchó su llanto, el pelirrojo fue un poco más amable, esperando a que se acostumbrará a la intromisión. Pero no podía esperar demasiado, por lo que empezó moverse en su cuerpo,

Después de algunos instantes, Ai sintió algo que no se imaginaba una mezcla de dolor y placer en todo su cuerpo, ya no se sentía tan mal. Dolor y placer, así también podría describir algunas veces la relación con su amo. Se sorprendió a sí mismo en cuanto quiso más de aquellas sensaciones, mientras Rin se movía suavemente en su interior.

-¡M-mas! ¡Ahh! ¡M-mas fuerte!

-¡Ah! Ai… sí… - susurró el sultán.- ¡Ahh!

Era la primera vez en mucho tiempo que Rin obedecía una orden, pero lo hizo sin bacilar, incrementó su ritmo al penetrarlo, sin siquiera tener cuidado de dañar al menor, pero el de ojos celestes parecía bien, gimiendo de placer aferrándose a sus hombros y espalda. Y él solo podía soltar gruñidos mientras repartía besos por toda su cara y cuello además de masejear un poco su erección quien necesitaba un poco de atención también.

-Mío…- susurró junto a sus labios, después de haber tirado de ellos con sus dientes. – Ai...eres tan..hmp –

El joven siervo no olvidaría jamás la expresión del rostro de su alteza, su rostro sonrojado solo adornado son sus afilados dientes blancos sumergido en el placer y con los llenos de deseo que él mismo provocaba. Lo que no sabía que su rostro no era tan diferente: Labios hinchados, un color muy rojizo en su pálida piel, marcas de dientes en su cuerpo además de sus ojos llorosos por tanta emociones. Se estiró hasta tomar el rostro del pelirrojo y besarle. No era muy experto en besos, pero pudo introducir su lengua en su boca y torpemente explorarla...

-Lo amo…- murmuró el menor con dificultad cuando se separó de él – ¡ Lo amo tanto! – unas lagrimas bajaron por sus ojos, para que luego Rin las secará con sus labios

Nada le importaba más en aquel momento, solo que su cuerpo y su corazón le pertenecían siempre a Rin Matsuoka. La forma en que el sultán se movía de aquella forma en su cuerpo repitiéndole que era suyo, pero después de todo era algo que ambos sabían. Con unas cuantas embestidas más, una sensación abrumadora le recorrió por completo, su orgasmo estaba cerca,..

-¡Y-yo…voy a ..!-

-Y-yo igual…

Con un fuerte gemido por parte del menor, y un ronco gruñido por parte de su alteza, ambos alcanzaron su climax uno después del otro, primero Nitori en las manos de su amado soberano y luego Rin en su interior

Rin muy satifecho, se acostó a su lado abriendo sus brazos indicándole que se acostará más cerca de él, Ai obedeció muy feliz, aunque su cuerpo dolía. ¡Pero que importaba! ¡Lo había hecho con él sultán Rin Matsuoka!. En cuanto se acurrucó a su lado, él se le acercó y le dio un beso en su lunar debajo del ojo y en otras partes de su rostro ¿Quién diría que tendría un lado tan cariñoso? , luego dirigió unas palabras a su oído. Nitori empezó a llorar de felicidad mientras era arrullado hasta quedarse dormido, mientras el mayor le acunaba en su cuerpo.

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Cuando Nitori se levantó, estaba sobre una almohada muy dura. Había tenido un sueño muy extraño. Fue tan real …en el estaba él con su amado sultán y este poseía su cuerpo

La almohada tenía un olor delicioso, al abrir los ojos, se dio cuenta que no era una almohada, sino el musculoso pecho de Rin, quien estaba dormido desnudo a su lado. Lo tenía apretado contra su cuerpo por sus grandes brazos. En cuanto quiso levantarse sintió una punzada de dolor en sus caderas, ¡No había sido un sueño!. Chilló de felicidad mientras lo recuerdos de la noche anterior volvían a su mente y entonces el pelirrojo se despertó

-¿Hum? ¿Ai? – Vio al menor y luego se sonrojo- Buenos días…no andes despertando gente…-

Rin le dio un beso de buenos días a su joven siervo y amante, después lo abrazó fuertemente. Ninguno de los habló por un rato, después de todo solo eran dos amantes felices de haber consumido su amor.

-L-lo de ayer…- empezó a hablar el menor.- L-lo

-Fue muy bueno… – Interrumpió Rin y sonrió pícaramente – Realmente me gusto.

-…Sultán…- tragó saliva

Tocaron a la puerta, debería ser el desayuno. Rin tomó una sabana de de su cama para enrollarla en su cintura, aunque lo hizo de mala gana, lo cierto era que estaba muy hambriento, suponía que Ai igualmente quedria comer. El de ojos celestes tomó una sábana y se cubrió hasta la cabeza, sea quien fuera de las sirvientas, se pondría muy avergonzado de que lo vieran en esa situación. Solía dormir en la habitación de Rin, pero estar desnudo y con marcas era diferente.

Sin embargó en cuanto Rin abrió la puerta, resulto ser su emir Mikoshiba, quien portaba el desayuno para dos personas.

-¡Buenos días su majestad! – dijo animado. Se asomó por la habitación y no le fue muy difícil encontrar una cabeza de pelo plateado- Veo que Nitori ya esta mejor y en sus actividades. ¡Usted también tiene cosas que hacer! ¡Vamos que el consejo lo espera!

-Tsk…Mikoshiba- gruñó – Primero tomaré mis alimentos. Pide que preparen un baño para Nitori y para mí

Rin tomó la bandeja con su comida en sus manos, pues no pensaba dejarle pasar, mas con el desastre que habían dejado el y su amante la noche anterior. Además que Ai aún estaba desnudo en su cama y no tenía intenciones de que alguien más lo viera asi

-Por cierto su alteza…- empezó a hablar con una sonrisa, bastante animado- Ya que sabe que su hermana está bien. Quisiera que usted… ¡Me concediera su mano por favor!

-¡No!

El joven soberano cerró la puerta en cara de Mikoshiba, no estaba en sus intenciones casar a su hermana, aunque esta ya cumpliera con la edad necesaria para hacerlo. Así que no quería hablar de ese tema. Y sobre todo su principal motivo era que no quería que alguien le separara de Gou

-¿Su mano…? – preguntó Nitori descubriéndose –

-Tsk, ¡No! ¡Ese Mikoshiba como se atreve!

Rin se sentó en su gran cama junto a él y de inmediato ofreció un trozo de pan al menor, quien lo tomó sin objeciones y lo devoro de inmediato, estaba muy cansado y hambriento por la noche que había pasado. El pelirrojo también desayunó, mientras tenía su brazo alrededor de los hombros de Ai, solían tener ese tipo de contacto antes, pero se sentía diferente.

-Ai…- dijo mientras se limpiaba los restos de comida- Tomaremos un baño juntos ¿Si? Luego Estaré ocupado, tú descansa. Y que Mikoshiba no haga alguna estupidez.

-¡Sí! Haré lo que pide- Respondió mientras el pelirrojo presionaba sus labios en su mejilla

Nitori estaba tan feliz, supuso que así debería ser tener una noche de bodas. En cuanto el sultán se hubo retirado para hacer sus actividades (Después de darse un baño juntos) descubrió que dos cartas se encontraban en la bandeja. Normalmente en otra situación no las hubiera abierto, pero lo ameritaba puesto que su majestad estaba tan ocupado…

Deseo no haberlo hecho, en verdad hubiera sido mejor no hacerlo. La primera era sobre algunos nadadores, recordándoles que la competencia. Y la segunda…era una amenaza de muerte.

Colocó las dos cartas en donde se encontraba y las dejo en el lugar donde las encontró, lo mejor era dejarlas ahí mismo. Esperaría que Rin regresará pronto…o si no iría con Mikoshiba. Confiaba en que el sultán y sus consejeros arreglarían todo, trató de calmarse así mismo con esos pensamientos


Uff bien, varías cosas:

1.-Espero no haberlas desepcionado mucho, siempre he batallado con el lemon aunque me gusta hacerlo. Tengo tres malas experiencias con como en roler-player. Prometo mejorar TAT

2.- Este capitulo fue por completo a Rin y Ai-chan (No los culpo son hermosos *o*). El próximo tendrá Makoharu un poco de Rinharu.

3.- Gracias a Mily mi editora por decirme cuando escribía algo en "termino medico" y cortaba el asunto (?).

4- Creo que batallaré un poco con él próximo capitulo, me ocupe mucho esta semana y dedique mucho tiempo a este capitulo, sin adelantar nada

5.- Lean 30 días OTP que escribo con milyp94 (Subira capitulo esta noche )

Bye! Les dejo y espero sus comentarios n.n Y pueden dejar preguntas, las responderé n.n