Disclaimer: El manga/anime "Shingeki no Kyojin" no es de mi propiedad.
16 de Julio. Tema alternativo: Sueños
# de palabras: 1419
El atardecer que estaba presente sólo se manifestaba afuera de los muros. Es por eso que relacionaba el color naranja con libertad y peligro, sin embargo, no sentía esa pizca de alerta que lo invadía cada vez que cruzaba las puertas.
Estaba tranquilo y confundido.
A su alrededor sólo se divisaba kilómetros de pasto cuyo color verde estaba siendo opacado por el color del cielo y el aire lo hacía sentir como… como si ese fuera su lugar, el lugar donde pertenece: corría una brisa tranquila y tibia. Levi no estaba seguro si eso era posible, pero empezaba a gustarle.
Sin embargo, no podía permanecer en ese lugar por siempre. Debía encontrar a los demás o una pista que le indicara donde se encontraba exactamente y en lo peor de los casos, que tan en peligro se encontraba (si llegaba a divisar a un enemigo). Ese último pensamiento le recordó que se sentía demasiado ligero para estar en el exterior: se miró la cintura y frunció el ceño al comprobar que no contaba con su equipo de maniobras, mucho menos con sus tanques de gas. Ni con un arma cualquiera.
Estaba de traje.
Se miró los zapatos, bien lustrados, el pantalón sin arruga alguna, se tocó la playera (demasiado suave, debía ser de la mejor calidad, qué extraño) y las mangas, traía un saco negro que se quitó inmediatamente y acto seguido se lo colgó en el hombro emprendiendo su marcha hacia… algún sitio el cual no tardó mucho en encontrar.
Dio solamente treinta y ocho pasos para detenerse completamente percibiendo como el aire desarreglaba su ropa y cabello, aún así no era molesto sin embargo, lo que tenía enfrente, sí.
Era un árbol seco sobre una pequeña colina. Levi supo entonces donde se encontraba: ese escenario, fue el último que su escuadrón vio antes de…
Bajó el saco al tiempo que sus ojos se cerraban con pesadez: su cabeza le estaba haciendo una mala jugada. Comprendió entonces que debió quedarse dormido sobre los planes de acción de Erwin ante la "gran" misión de recuperar el muro María.
Estaba teniendo una pesadilla, hace mucho que no las tenía. Bueno, es que hace tiempo que no dormía.
Exhaló y musitó un "a la mierda", que se venga lo que tenga que venir. A este punto ya lo había visto todo y estaba un poco curioso por ver lo que su inconsciente le tenía preparado esta noche, o tarde, no tenía idea de la hora que era al caer muerto sobre su escritorio.
Estaba frente a frente ante el árbol: seco, sin alguna hoja ni en sus ramas ni en el piso. Era horrible y enorme. Y solo con la simple compañía del atardecer y brisa que no disfrutaba. Porque estaba muerto y ya no podía sentir nada… ¿cómo él?
Sí.
Aventó el saco para después sentarse él, recargándose en el tronco: sus antebrazos descansaban en sus rodillas y admiró desde ahí todo a su alrededor esperando a que algo pasara y recordó como las primeras veces que soñaba con el árbol no podía ni acercársele, le huía. Luego, cuando pudo hacerle frente iba y le gritaba. Como si el maldito le hubiera quitado la vida a sus compañeros… era estúpido. Pero no podía evitarlo y ahora, sólo lo aceptaba: ¿qué otra cosa más podía hacer?
—Cuando gustes, desgraciado –invitó a su mente esperando tranquilo. Cerró sus ojos un momento y dio un profundo respiro.
Escuchó algo a su derecha. "Ok… ok" aceptó con tranquilidad, lo que fuera que iba a suceder, ya estaba ahí y él estaba listo para enfrentarlo.
—Es muy bonito, ¿verdad? –El corazón de Levi se detuvo y sus ojos y la expresión de su rostro fueron de sorpresa y agonía (y no se está exagerando. De hecho, tal vez, "agonía" le queda corto).
Se encontró con su sonrisa. Le dolió saber que estaba olvidando como solía ser.
Petra miró nuevamente hacia el paisaje.
—Me gusta mucho este lugar. Aquí no pasa nada, siempre está tranquilo –Levi alzó la vista hacia la copa del árbol: había hojas, su tronco era café. Estaba vivo otra vez-. No creí que encontraría algo así… me da gusto saber que estaba equivocada. —Lo volvió a ver y su sonrisa se borró al notar lágrimas atoradas en los ojos de quién fue su superior en vida-. No. Por favor…
—¿Qué haces aquí? –increíblemente su voz no estaba cortada. Pero sí sonaba molesto. No con ella, ¡con él mismo!
—Yo vivo aquí capitán –Levi cerró los ojos y negó con fuerza.
—¡¿Qué haces aquí, Petra?! –volvió a exclamar poniéndose de pie, ella también lo hizo. Traía puesto un vestido color crema. Se le veía demasiado hermoso.
—Vivo aquí –repitió-. ¿Usted qué hace aquí? ¿Vino a visitarme?
Levi abrió y cerró su boca sin lograr musitar palabra alguna. Se tomó el puente de la nariz con fuerza y luego miró a su alrededor, desesperado, buscando qué hacer, cómo reaccionar. No sabía si quería despertar o desear que en verdad esto no fuese un sueño.
Por fin se detuvo, rendido y con los ojos ardiendo por impedirse llorar: ella tampoco sabía qué hacer. El viento jugaba con su cabello y Levi sólo podía pensar en lo mucho que necesitaba ver ese rostro todos los días, todo el día. Tal vez, sólo tal vez, este era el mundo real y lo demás sólo era un mal sueño. Sólo tal vez ella jamás se fue sino que todo este tiempo estuvo aquí.
Deseaba con todas sus fuerzas que esa fuese la verdad.
Petra miró como la mano de Levi se extendía hacia ella, hacia su mejilla. Su superior dudó un momento pero no tardó mucho en acariciarla. Ella cerró sus ojos y se dejó llevar.
Podía sentir el calor de su piel. Era de verdad su subordinada.
—Regresa –habló por fin-. Petra, ven conmigo.
Ella sólo negó
—No puedo –y lloró-. En verdad no puedo.
Levi apretó sus dientes ante la impotencia que sentía y sin pensarlo más, la atrajo hacia ella y la abrazo con fuerza: su olor, su calor, su cuerpo, ella regresaba a él y él no deseaba soltarla.
—Ya no podía ver tu cara –confesó hundiendo su rostro en su cuello—. Cerraba mis ojos y ya no te distinguía Petra, te estás convirtiendo en un recuerdo, en uno lejano. Te estás yendo. No lo hagas, quédate…
Sabía que estaba llorando, pero a diferencia de ella, él se ocultaba. No debía dejar que lo viese llorar, nadie. Lo comprendía.
—Por eso estamos aquí. Señor, ha olvidado que su escuadrón sigue con usted: trabajo en equipo, ¿recuerda? Vine aquí para asegurarle que en esta misión, lo acompañaremos. A usted y a Eren, los cuidaremos, ¡daremos lo mejor de nosotros…!
La sostuvo de los hombros y la miró una vez más. Ella le sonrió.
—Así que dé lo mejor de usted, ¿sí?
—No quiero olvidarte. Olvidar esa sonrisa…
Petra tomó sus manos.
—Esfuércese capitán. Demuestre al enemigo el poder de la humanidad, la fuerza de todos nosotros. Siga peleando por la libertad.
El árbol se había secado nuevamente.
—Petra… -musitó entendiendo que todo iba a terminar pronto.
—Su nuevo escuadrón lo necesita. Sea el mejor líder, así como lo fue con nosotros. No los deje caer
El viento se detuvo.
—Petra…-negaba con dolor.
—Eren lo necesita señor, guíelo, hágale saber de lo que es capaz. Lo fuerte que es.
El césped se fue.
—Volveré. –Eso la tomó por sorpresa.
—… ¿Qué?
—Sé que volveré aquí en algún momento. No ahora, no puedo. Pero cuando sea el tiempo correcto regresaré aquí.
Petra lo soltó y retrocedió dos pasos.
—Y cuando eso pase, yo vendré por usted.
La soldado se puso firme e hizo el saludo de la humanidad.
—Mi corazón siempre fue suyo.
Despertó.
Todo el cuerpo le dolía y como sospechaba, quedó dormido sobre los planes de ataque de Erwin. Miró hacia la ventana que yacía atrás: era de día, todavía de mañana.
Hoy era el día.
La puerta de su oficina se abrió y su joven subordinado llegó avisando que era el momento de irse. Esta vez todo el maldito plan debía salir a la perfección: con esta misión, la humanidad debía ganar. Lo iban a lograr, no importaba qué.
—A movernos, Eren –ordenó colocándose su chaqueta de la legión de reconocimiento. Eren hizo el saludo.
—¡Sí, capitán!
Por los caídos.
Por los que seguían.
Por todos.
Por ella…
Debían ganar.
Esta vez, no iba a olvidarla.
N/A: Una persona ya no podrá leer mis historias. Pero quiero que sepa donde quiera que esté que continuaré escribiendo, así lo haga cada 6 meses o cada dos, tres, cuatro años... lo seguiré haciendo.
Gracias May por darme el apoyo desde el principio, por leerme todo, por decir que te gustaba todo aunque yo sé que la mayoría era porquería. Gracias May, gracias, gracias ,gracias.
Perdón por ya no hablar contigo.
