Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.

Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)

HUNTED

Capítulo XI:

Satisfecho

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Draco la odiaba. Odiaba que hubieran estado trabajando juntos durante cinco días y no se había dicho nada más sobre su incidente. Odiaba que ella pareciera estar completamente indiferente a los problemas que su proximidad estaba causando. Odiaba que ella siempre se servía un café en la mañana, negro con dos cucharadas de azúcar. Odiaba que trajera sándwiches al trabajo, que podían ser de jamón o atún y maíz dulce, pero el último era su favorito.

Él odiaba que ella se mordiera el labio inferior cada vez que estaba pensando, lo que pasaba muchas veces. Y que ella se ponía a juguetear con el dobladillo de su camisa o un mechón de su pelo. O cuando él la ponía nerviosa, lo que era a menudo, sus mejillas se teñían con rubor y sus ojos se ponían una fracción más oscura. Ella frunciría los labios y luego haría un comentario ingenioso que siempre lo dejaba preguntándose quién había ganado la discusión.

Lo que más odiaba era como todas esas cosas de alguna manera la hacían atractiva. En los confines de su oficina, todo era multiplicado y magnificado, hasta el punto donde él se convenció de que ella estaba haciendo todas esas cosas a propósito sólo para atormentarlo.

Oh, y él había establecido el tipo de tensión que tenían. Era sexual.

Cuando una mujer invade tu mente cada vez que te masturbas, es algo inevitable.

Él no se había dado cuenta que ella también estaba notando sus pequeñas peculiaridades.

Estaban los gestos más obvios como cuando él alzaba las cejas y suspiraba de aburrimiento, pero más fascinantes eran sus acciones sutiles. Ella a menudo suprimía una risita cuando accidentalmente leía algo en voz alta. Casi se encontraba a sí misma esperando por esos breves momentos cuando la pasión aparecía en sus rasgos cuando algo salía como él quería, siempre acompañada con una sonrisa.

Y si algo lo enojaba en su trabajo él golpeaba el pulgar contra el borde del escritorio por algunos minutos. Las primeras veces, había encontrado el hábito bastante irritante, pero ahora era de alguna manera tranquilizador y rítmico.

Él se servía un café con leche en las mañanas pero luego cambiaba a un té después de las once, siempre Earl Grey con dos cucharadas de azúcar. Se relamía los labios cuando estaba seriamente considerando algo, pero sólo una vez se los humedecía. Y si estaba considerando algo que no requería demasiada atención, chasqueaba la lengua contra sus dientes y encías para hacer esos pequeños ruidos enérgicos. Al principio, ella lo había encontrado también molesto pero ya no le molestaba más.

Ahora que lo pensaba, el hombre se expresaba bastante con su lengua y labios.

Estaba segura que había una ironía allí en algún lugar pero no lo podía comprender del todo.

Naturalmente, se reprendió a sí misma por notar todos esos pequeños hábitos y peculiaridades, pero era imposible para ella no tenerlos en cuenta. Los pequeños sonidos y vistas atormentaban sus sentidos todos los días. Eran interesante y reveladores, y casi… ¿tentadores?

Ahora se había dado cuenta que estaba atraída a él, y no toda su atracción era basada en su apariencia. Malfoy siempre había sido un hombre sorprendente, de una belleza poco convencional con sus facciones invernales. Sus tonos grises, plateados, rubios y blancos la hacían cuestionar si la noción de ser alto, oscuro y guapo había tenido alguna base. A no ser que estos significaban un pasado oscuro, en cuyo caso él marcaba los tres casilleros.

Él la hacía divagar.

El punto era que a ella le habían agradado sus gestos y lo hacían mucho más atractivo. Él la había hecho reír involuntariamente y podía mantenerla entretenida fácilmente con su intelecto e ingenio, como fue comprobado con su conversación sobre la crisis actual en la Moscú Mágica. Incluso le había confesado que leyó algunos libros Muggles, al parecer ajeno de que esto le provocaría un alboroto académico. Él había leído los textos más obvios, incluyendo algunas Tragedias de Shakespeare, algunas novelas de Dickens y un poco de Byron, y ella había escrito rápidamente una lista de recomendaciones.

Él la estaba haciendo divagar otra vez…

Ella estaba atraída a él. Fin de la historia. Y estaba haciendo el trabajo bastante… tenso.

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—Granger.

Draco frunció el ceño cuando ella no le prestó atención. No tenía idea porqué pero Hermione estaba de mal temperamento o distante los viernes y martes, y este viernes no era la excepción.

—Granger —repitió su nombre, finalmente obteniendo su atención. — ¿A qué hora vas a ir?

—¿Ir a dónde?—Hermione ladeó la cabeza confundida.

—El sábado —Draco confirmó. —Al cumpleaños de mi madre.

—Oh, sí —su voz estaba distraída. —Llegaré un poco tarde, tengo algunas cosas que hacer, pero estaré ahí a las ocho.

—Está bien —Draco asintió, fingiendo no estar curioso sobre las "cosas" que tenía que hacer. —Cuando salgas de la Red Flu habrá una golondrina encantada que te guiará al salón principal.

—Una golondrina encantada —Hermione repitió con una sonrisa reflexiva. —Qué idea encantadora.

—Idea de mi madre —asintió él. —Tiene algunas cosillas planeadas.

—¿En serio? —los ojos de Hermione brillaron con una emoción infantil. Seguía once años detrás que la mayoría de las brujas y magos y adoraba las pequeñas cosas al azar y creativas. —¿Cómo qué?

—Ten paciencia, Granger —le mostró posiblemente la sonrisa más brillante que ella había visto hasta ahora. —Lo verás mañana.

—Estoy intrigada —admitió ella, incapaz de detener la mirada persistente sobre esa sonrisa. —Voy a admitir que esta fiesta suena prometedora.

—Lo vas a disfrutar —Draco le prometió en una voz sedosa. —Hay algunas sorpresas.

—No lo sé —Hermione dijo en un tono burlón, preguntándose si esto constituiría el concepto de coquetear. —Has hecho muchas promesas, Malfoy. Mis expectativas son altas.

—Bueno, puedo asegurarte —dijo él, haciendo una pausa para mirarla de arriba abajo y torcer su sonrisa. —De que te vas a ir satisfecha.

Las cejas de Hermione se alzaron ligeramente sorprendida, pero la sonrisa divertida permaneció en sus labios. Él estaba mirando su rostro con atención, claramente intentando ver si su insinuación la había afectado. La mirada de ella cedió y bajó a su trabajo, ofreciéndole un sonido entre un resoplo y una risa. Sin duda ¿eso se consideraría coquetear?

«Mala idea, Hermione. Solo ignora al desgraciado descarado»

Coquetear con Draco era como bailar alrededor de un fuego cubierto de petróleo. Incluso si sus creencias sobre la pureza de la sangre habían cambiado, seguía siendo como el joven Malfoy de tantas maneras. Era arrogante, manipulador y muy incorregible. Era uno de los hombres más promiscuos conocidos en la Londres Mágica y probablemente vendería a su propia abuela para su beneficio personal. Era temperamental y conciso, y disfrutaba más que nada de joder con su cabeza.

Justo como lo estaba haciendo en ese momento.

—Veremos—dijo finalmente Hermione encogiéndose de hombros de manera casual. —¿Nos vamos a juntar el domingo para trabajar?

—Tal vez —él contestó, su sonrisa anterior desvaneciéndose mientras ella cambiaba de tema. —Veremos a qué hora termina la fiesta. Si es tarde, voy a tener que decir que no.

—Me parece justo—ella asintió, juntando sus expedientes cuando se dio cuenta que era hora de terminar. —Te veré mañana, Malfoy.

—Nos vemos, Granger —dijo él, viéndola cómo se marchaba.

Una vez que ella cerró la puerta, él gruño para sí mismo, tocándose el puente de la nariz.

«Bueno, ¿puedo asegurarte que te vas a ir satisfecha?»

«¿Qué mierda fue eso?»

Habían tenido varias conversaciones mínimas desde el lunes que podrían haber sido malinterpretadas como sugerentes, pero uno de ellos siempre se las arreglaba para cambiar de tema antes de que rayara en lo peligroso. ¿Divertido? Sí. ¿Inapropiado? Tal vez. ¿Incorrecto? Definitivamente.

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Hermione no tenía nada que hacer antes de ir a la Mansión Malfoy, simplemente disfrutaba bastante en hacer una entrada tardía. Después de la derrota de Voldemort, hubo un sinnúmero de bailes, fiestas, galas, funciones y cualquier otro tipo de celebración, y prefería llegar una vez que la atmósfera había sido establecida.

Decidió no comprar un nuevo vestido, sabiendo que era bastante mala para ir de compras sin la ayuda de Ginny o Luna. Podía ser capaz de elegir un lindo vestido por sí misma, pero no les había dicho a sus amigas sobre el cumpleaños de Narcissa, y si hubieran escuchado que ella había comprado un vestido, hubieran estado más que curiosas. Además, tenía vestidos más que suficientes.

Un rápido recorrido a su placard reveló unos treinta vestidos, pero sus ojos fueron directo a uno rojo. Lo había utilizado para el cumpleaños de Harry hace dos años atrás y había sido siempre su favorito, pero no lo había utilizado desde entonces. Tenía un corte clásico, con la tela extendiéndose en sus caderas, y finos tirantes que terminaban en un bajo escote.

La tela era un poco pesada pero ayudaba a mantener la forma del vestido. Era simple pero atrevido, y Ginny le había dicho muchas veces que el rojo era su color. En combinación con algunas joyas sencillas y zapatos dorados, estaba convencida de que había elegido el vestido correcto. Utilizó su varita para definir los rizos un poco más y pasó menos de cinco minutos agregando un poco de maquillaje delicado a su rostro.

—¿Qué piensas? —Hermione miró a Crookshanks con una sonrisa expectante.

Su gato curioso simplemente la miró fijo con sus enormes ojos de color ámbar, pero le ofreció un pequeño ronroneo de afecto.

—Gracias —lo acarició mientras se volvía a mirar al un cuarto para las ocho así que se sirvió una copa de vino e intentó convencerse de que no estaba nerviosa.

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Draco tomó una copa de champagne de una de las bandejas encantadas que estaban flotando alrededor del salón de baile, y se dirigió hacia su madre. La mujer, vestida en un elegante vestido negro, estaba rodeada por doce de sus amigas arpías, todas felicitándola por la fiesta.

Draco le tuvo que dar crédito a su madre, la bruja se había jodidamente superado a sí misma. Era similar a como el Baile de Navidad había sido con decoraciones plateadas, pero había adornos negros y verdes. Él no sabía si ella había tenido la intención de utilizar los colores de Slytherin pero estaba contento con el resultado. Junto con las bandejas encantadas para las bebidas, las velas y luces habían sido encantadas para iluminar blanco o verde, lanzando hermosas sombras sobre las paredes.

Habían dijes en formas de estrellas flotando justo sobre la multitud e instrumentos encantados tocaban valses cerca del sector de baile, que había sido alterado para parecerse como hielo muy delgado, con peces nadando por debajo.

Sí, lo habían hecho muy bien.

—Draco —Narcissa sonrió cuando vio a su hijo, y se apartó de sus amigos para acercarse a él. —¿Adónde fuiste?

—Solo por un paseo —le dijo asintiendo con la cabeza y le dio un beso en la mejilla. —¿Todo está bien?

—Todo es maravilloso —Narcissa sonrió como si fuera Navidad. —Todos se están divirtiendo y, si me permites decirlo, esta es la fiesta del año.

—Todavía no ha pasado ni una hora —él le recordó con una sonrisa juguetona. —¿Y ya llegaste a esa conclusión?

—Sé cómo complacer —la bruja sonrió. —¿Dónde está tu cita?

Ah, su cita. Violet Rosenthorn. Hermosa pero irritante, con una voz chillona y sin cerebro que presumir. Blaise la había encontrado a último minuto y él había logrado con éxito deshacerse de la idiota después de veinte minutos. Le había dejado charlando con un mago canoso con una enorme fortuna y una condición problemática del corazón. Se imaginó que se iban a llevar bien.

—Está por ahí —Draco se encogió de hombros cuando vio a Blaise caminando hacia ellos. —¿Divirtiéndote, Blaise?

—Por supuesto —el moreno sonrió, dándole a la matriarca Malfoy un pequeño abrazo. —Bien hecho Narcissa, otra fiesta espectacular.

—Naturalmente —la mujer sonrió, saludando a algunos invitados. —Tengo que ir a charlar con los invitados, los veré en un rato.

Draco vio cómo ella se iba con el ceño fruncido cuando vio a un mago alto abrazar a su madre demasiado tiempo. Sus ojos luego recorrieron la multitud, asimilando los rostros familiares y advirtiendo que una cierta bruja todavía no había hecho acto de presencia.

—¿Ya te deshiciste de Violet? —la voz de Blaise irrumpió sus pensamientos.

—Es una imbécil —Draco dijo rotundamente. —¿Te habría matado elegir a una mujer con una edad decente mental?

—Fue en poco tiempo —Blaise sonrió. —¿Así que tu mamá eligió colores Slytherins a propósito?

—Ni idea —Draco se encogió de hombros. —Pero ciertamente es un prospecto decente. ¿Quieres recordar los días de Hogwarts con whisky de fuego más tarde?

—Tal vez los acompañe en eso —una nueva voz intervino.

Draco y Blaise se giraron hacia la nueva voz y Malfoy no pudo evitar la mirada de sorpresa que robó sus facciones. Bueno, ahí había un rostro del pasado que raramente había visto. Graham Montague, luciendo notablemente más delgado. Lo último que Draco había escuchado es que había estado en San Mungo todavía recuperándose de todo el incidente del Armario Evanescente. Fue su propia culpa por intentar Aparecerse y terminar en el maldito baño.

«Imbécil»

Graham también había estado furioso cuando Draco utilizó el Armario Evanescente para dejar que entren los Mortífagos en Hogwarts, alegando que Draco le había robado la idea y que la aprobación de Voldemort había sido fuera de lugar. Los Sanadores habían asumido que sus divagaciones estaban relacionadas a su escisión, pero Draco no estaba seguro de qué tan ciertos eran los rumores. Su madre tenía una tendencia a exagerar. Él se había convertido un poco en un hazmerreír desde entonces, y por la mirada de su rostro ahora, él no estaba demasiado contento de ver a sus antiguos compañeros de clase.

—Montague —Blaise frunció el ceño ante el hombre alto. —¿Qué estás haciendo aquí?

—Vine con mi madre —el mago de pelo oscuro se encogió de hombros. —Pensé que sería interesante verlos de nuevo. Me pregunto cómo los Slytherins han estado lidiando sin el temple…

—¿Disculpa? —Draco logró su mejor expresión condescendiente.

—Bueno, no los he visto en años —Graham miró fijo a Malfoy. —Y cuando escuché que trabajabas para el Ministerio pensé que te habías vuelto loco…

—Yo no —Draco le dio al mago una fría sonrisa. No le gustaba que Montague estuviera tratando de ser condescendiente con él en su hogar familiar. —Así que ¿hace cuanto qué estás afuera?

—Casi un año —el mago no sonaba avergonzado en lo absoluto.

—¿Y tú cabeza está trabajando en orden? —la voz de Blaise era nítida y cruel.

—Mucho mejor —confirmó él. —Que es más de lo que puedo decir por el resto de Londres. Tal vez Shacklebolt se puede quedar con mi antigua habitación en San Mungo. Sin duda el hombre necesita una revisión si te dio a ti un trabajo…

—¿Y qué estás haciendo exactamente ahora? —El ceño de Draco se endureció. Estaría condenado si dejaba que un imbécil sin nombre, quien había estado separado por años, intentara hacerlo sentir inferior.

—He tenido algunas cosas en las que ocuparme —Graham se mantuvo impreciso, cruzando los brazos sobre su pecho.

—¿No tienes ofertas de trabajo? —Draco sonrió divertido. —Estoy seguro que tus padres te ayudarán a cuidarte…

—Búrlate todo lo que quieras, Malfoy —Montague dijo con una voz oscura. —Nunca voy a estar lo suficientemente desesperado para trabajar para el Ministerio…

—Los tiempos han cambiado, Montague —Draco meneó la cabeza como si estuviera reprendiendo a un niño. —Te has perdido de muchas cosas, encerrado con tus pequeños problemas mentales…

—He escuchado lo suficiente adentro —Graham gruñó, y la mano de Draco fue a descansar sobre su varita. —Te apuesto que tu padre se está revolcando en su tumba. Y si vamos a eso Voldemort también…

No vas a decir ese nombre aquí —Draco gruñó, dando un paso amenazante hacia el mago. —Me importa una mierda si tengo que arrastrarte hacia afuera yo mism

—¡Draco!

El joven Malfoy escuchó el tono desaprobatorio de su madre y se enderezó, notando que algunas cabezas se habían dado vuelta para mirar su discusión con Graham. Se apartó del mago, advirtiéndole con los ojos que no sería prudente de su parte volvérselo a cruzar.

—Disculpa a mi hijo —Draco escuchó que su madre se disculpaba, y él la miró irritado. —Ha estado trabajando…

—Está bien, señora Malfoy —Graham le sonrió, de repente siendo educado. Los ojos de Montague se posaron sobre algo detrás de Draco y el mago pálido resistió el impulso de mirar detrás de él. —Los dejaré a solas. He encontrado otro rostro conocido.

—¿Qué mierda está haciendo él aquí? —Draco miró a su madre escéptico.

—No sabía que su madre lo traería —Narcissa se encogió de hombros. —Sé que ustedes no se llevan bien, pero no te atrevas a hacer una escena aquí, Draco. Todo este asunto fue hace mucho tiempo y él ahora está completamente recuperado…

—Bien —el mago apretó los dientes. —Pero si él…

—Eso va también para ti, Blaise —su madre miró a su amigo con una mirada cómplice. —Los dos, compórtense…

—Draco —la voz de Blaise la interrumpió, y cuando Malfoy miró a su amigo, Blaise le hizo un gesto para que mirara detrás de él. Draco miró por sobre su hombro y sus ojos se agrandaron por voluntad propia.

Allí estaba ella, luciendo absolutamente deliciosa, excepto por Montague que estaba elevándose sobre ella, opacándola con su sombra. Ella no parecía estar asustada ni nada, sino más confundida sobre quién era, pero había un elemento en la postura del hombre que le hizo sentir a Draco algo que no había sentido hacia nadie excepto su madre.

Él se sintió protector.

Estuvo a un suspiro de ir directo y alejarla de la vil presencia de Montague, cuando sintió la mano de su madre sobre su hombro.

—Ni siquiera lo pienses —Narcissa le advirtió. —Ellos solo están conversando. Tengo que ir a saludar a algunas personas más, y cuando me vaya no quiero que comiences más peleas, Draco.

El mago suspiró ante el tono de su madre, pero sus ojos nunca dejaron a Hermione y al bastardo que la miraba con demasiado interés. Él escuchó que su madre se alejaba y la suave risa de Blaise hizo eco en su oído.

—¿Qué? —Malfoy le espetó a su amigo.

—Bueno, no puedo evitar notar el deja vu —el mago moreno sonrió. —Mirando todo lujurioso a Granger…

—¿De qué demonios estás hablando? —Draco regresó su mirada acalorada a su amigo.

—El Baile de Navidad —Blaise le recordó. —Mismo escenario, ella luce guapa otra vez, y recuerdo claramente haberte tomado el pelo por haberte comido con los ojos a la "Sangre sucia Granger"…

—Cuidado con lo que dices, Blaise…

—Lo siento —el mago se corrigió. —Solo reviviendo el recuerdo…

—Todos la miraron en el Baile de Navidad —le dijo Draco.

—Buen punto —Blaise estuvo de acuerdo —Pero tú…

Draco no escuchó lo que su amigo iba a decir. Él ya se estaba abriendo camino entre la multitud hacia ella, su paciencia se había ido en el momento que Montague se atrevió a tocarle el brazo. Se dio cuenta con una pequeña dosis de satisfacción que ella parecía incómoda por el contacto, así que desaceleró sus pasos.

—Granger —Draco la llamó cuando estaba a pocos pasos de distancia. No confiaba en sí mismo al estar demasiado cerca de Montague otra vez, especialmente cuando Graham todavía la estaba tocando. —Ven aquí.

—Solo un segundo, Malfoy —ella le sonrió, ajena a su mal humor. —Solo estoy…

—Ahora, Hermione —él exigió, lanzando otra mirada de odio hacia Montague por si acaso.

Ella lo miró exasperada pero de todas maneras fue hacia él, murmurando una rápida disculpa antes de irse. Él la tomó de la muñeca una vez que ella estuvo lo suficientemente cerca y los serpenteó a través de la multitud. La soltó cuando encontró un pequeño espacio para hablar, a una distancia razonable del Montague.

—¿Qué diablos fue eso? —Hermione le preguntó, evidentemente irritada.

—No hables con él —Draco le dijo concisamente. —Es una mierda…

—Pensé que habías dicho que iba a estar bien…

—No tienen nada que ver con los hijos de Muggles —él le dijo, notando que ella se relajaba un poco mientras hablaba. —Él simplemente está enojado con todos.

Eso era cierto. Por lo que recordó y lo que había escuchado, Graham no había estado demasiado molesto con todo el asunto de la pureza de la sangre. Había estado más interesado en vivir a la altura de las expectativas del estereotipo Slytherin y ganarse un nombre más que cualquier otra cosa. Era esa patética desesperación que había molestado a Draco.

—Él parecía estar bien —Hermione se encogió de hombros. —Sólo que no puedo recordar del todo de dónde lo reconozco…

—Graham Montague —le dijo Draco, mirando al hombre del que estaban hablando. —Él es a quien los gemelos Weasleys pusieron en el Armario Evanescente en quinto año. ¿Recuerdas? Fue uno de los miembros de la Brigada Inquisitorial y sus padres vinieron a Hogwarts a buscarlo…

—Oh, sí —la bruja exhaló, volviendo a mirar al hombre en cuestión. —ha perdido mucho peso. Pensé que todavía estaba en San Mungo.

—Hace poco que está afuera —él le dijo, y sus ojos comenzaron a asimilar su apariencia.

Ella estaba absolutamente encantadora y elegantemente brillante. Por más que odiaba admitir algún tipo de afición por los colores de Gryffindor, la mujer lucía jodidamente decente en rojo.

«Maldita sea»

—Te ves bien, Granger —le dijo con una sonrisa lobuna. —De hecho, muy bien.

—Gracias —ella le sonrió, observando su elegante traje de gala con ojos de aprobación. —Estás bastante guapo.

—Me alegra que lo pienses, —él le mostró los dientes. — ¿Has tomado algo?

—Todavía no —aceptando una copa de champagne que él sacó de una de las bandejas. —Este lugar es absolutamente impresionante, le debió haberle tomado horas a tu madre.

—Tuvo mucha ayuda —le dijo él.

—Bueno, valió la pena —ella murmuró, sus ojos color avellana rondando por el salón asombrada. —Es absolutamente impresionante.

—Lo sé —la voz de Narcissa capturó la atención de Hermione, y ella le sonrió a la bruja mayor. —¿Cómo estás Hermione?

—Estoy pensando en pedirle que organice mi próximo cumpleaños —la Auror le sonrió a la mujer. —Esto es maravilloso, Narcissa.

—Gracias —respondió la bruja. —En algún momento tendré que mostrarte el resto de la Mansión. En realidad, Draco ¿por qué no la llevas a un recorrido más tarde?

—Por supuesto —él asintió, sus ojos grises echando un vistazo a Hermione por un segundo robado.

—Brillante —la sonrisa de Narcissa se agrandó. —¿Por qué no van y charlan con los invitados? Bailen o algo así.

—En realidad no bailo —Hermione murmuró, su rubor conocido le robaba las mejillas.

—Bien —Draco dijo arrastrando las palabras junto a ella. —Yo tampoco.

—Bueno entonces den un paseo —insistió su madre. —Hay algunas sorpresas esparcidas por ahí así que vayan y disfruten. Y Draco compórtate.

—Siempre lo hago —el joven Malfoy rodó los ojos ante su comentario antes de que ella desapareciera en la multitud. Se giró hacia la bruja junto a él y una vez más encontró admirando su presencia con poca restricción.

Ella estaba mirando a las estrellas que flotaban, al parecer fascinada por la belleza del salón. Sus ojos danzaron sobre varios objetos encantados fascinada y los ojos de Draco se entrecerraron divertido. Ella advirtió su expresión y sus mejillas se oscurecieron con un rubor avergonzado.

—Lo siento —ella se rió un poco mientras hablaba, y Draco tensionó la mandíbula cuando encontró ese gesto ridículamente atractivo. —A veces estas cosas siguen sorprendiéndome.

—Está bien —él exhaló, intentando una sonrisa pero falló. — ¿Quieres que te muestre alrededor?

—Sí, por favor —Hermione asintió.

Ella lo siguió mientras él atravesaba la multitud, llevándola a la fuente multicolor que sabía a arándanos con licor. Luego a los ramos de lirios de plata que hacía pequeños sonidos si jugabas con los pétalos. Él la guió a las esculturas de hielo que bailaban con la música en vivo como si fueran parejas en sus podios.

Antes de que ella se diera cuenta, las horas habían pasado, y había logrado con éxito charlar con los invitados sin tener ningún tipo de critica por su herencia. Había observado a Draco lanzarle miradas malévolas a Graham Montague durante la noche pero no le prestó atención. Era evidente que tenían algunos asuntos sin resolver de Hogwarts pero se imaginó que Draco tenía problemas con algunas personas de sus días escolares.

Hacia al final de la noche se encontraron sentados solos en una mesa, mirando cómo varios invitados dejaban lentamente la Mansión. Hermione se dio cuenta de que no se había sentido tan relajada desde hace bastante tiempo, encontrando eso bastante sorprendente cuando tenía en cuenta la compañía. Era pasada la medianoche y aunque la multitud estaba aminorándose, ella estaba disfrutando demasiado del ambiente para irse.

—¿Adónde fue Blaise? —Hermione le preguntó mientras él se sacaba el saco, quedándose en una camisa blanca.

—Es probable que haya llevado a su cita a su casa —se encogió de hombros, y luego la miró con una expresión seria. —¿Qué es lo que te estaba diciendo Montague antes de que interrumpiera?

—Me pidió un baile —explicó ella, reclinándose en su asiento. —Le dije que no, y luego me preguntó si lo recordaba de Hogwarts, y luego entraste tú.

—¿Puedes recordar si su nombre está en la lista de Rastreadores?

—No estoy segura —la bruja frunció el ceño mientras intentaba recordar todos los nombres —¿Por qué?

—Creo que deberíamos vigilarlo —Draco arrugó la frente —Es un bastardo furtivo, y se amargó ante los ex Mortífagos después de que nos burláramos de él.

—Pero dijiste que él no tenía nada contra los hijos de Muggles —ella le recordó con una mirada pensativa.

—No creo que lo tenga —le dijo. —Pero el tipo ha estado encerrado por años y ha recibido tratamiento desde que tenía dieciséis. Merlín sabe lo que está pasando por su cabeza.

—Buen punto, —Hermione asintió con sus labios tristes —lo veremos el lunes.

—Y ahora que lo pienso —Draco se frotó la barbilla pensativo. —Probablemente deberíamos mirar a…

—¿Podemos no hablar del caso ahora? —Hermione le preguntó con una mirada suplicante. —Simplemente tengamos una noche libre del trabajo.

—Está bien —él estuvo de acuerdo con una ceja alzada, mirando cómo ella se movía en su asiento y siseaba entre dientes, al parecer incómoda. —¿Qué sucede?

—Mis pies me están matando —confesó ella con un tono bajo, mirando sus zapatos con desprecio. —Nunca fui buena con los tacos.

—Entonces sácate los zapatos.

Él no esperó por su consentimiento mientras extendía la mano y tiraba de su pie así descansaba sobre su regazo. Ella lo miró en silencio y con una mirada confusa cuando él lentamente desató las correas y le quitó el zapato. Colocó su pie con delicadeza sobre el suelo y levantó el otro. Esta vez su vestido se corrió un poco, revelando un poco de su pierna y ella no pudo evitar dejar escapar un pequeño jadeo.

Si bien sus manos trabajaron en quitarle el segundo zapato, esta vez él le mantuvo la mirada, observandola fijo con una expresión indescifrable. Ella simplemente le regresó la mirada, sus labios un poco abiertos y sus ojos color avellana buscando los suyos. El zapato se cayó al suelo, pero él le sostuvo el pie por un momento, acariciando con su mano derecha la parte posterior de su pantorrilla antes de volver a ponerlo en el suelo.

Hermione apartó la mirada, encontrando que la mirada de él era demasiado intensa. Arregló su vestido de manera torpe para que le cubriera las piernas y miró nerviosa alrededor del salón.

—Gracias —murmuró ella rápidamente, decidiendo que lo mejor era no mirarlo en ese momento.

—Está bien —él contestó ásperamente, observándola con una fachada cuidadosamente cautelosa. Merlín, si sólo ella supiera los pensamientos lujuriosos que le gritaban en su cabeza. —Mira, Hermione…

—Oh, mierda —ella maldijo de repente.

Los ojos de él se agrandaron ante sus palabras, habiendo aprendido hace mucho que ella raramente maldecía. Siguió su mirada sorprendida hacia el otro lado del salón donde su madre estaba hablando con una cierta bruja rubia que ninguno de ellos podía tolerar.

—Skeeter —Hermione frunció el ceño, haciendo que Draco regresara su mirada a ella. —Odio jodidamente a esa mujer.

—Lo mismo —admitió él, riéndose un poco ante su mirada amargada. — ¿Por qué la odias tanto, Granger?

—Esa mujer escribió suficiente mierda sobre mí para ahogar un ejército —le dijo la bruja. —Hace tiempo atrás cuando estaba saliendo con Krum. Luego la metí en problemas porque era un Animagus no registrado y ella me ha odiado desde entonces.

—Ya veo —él le sonrió, divertido por su mirada de malicia hacia la bruja.

—¿Crees que podamos ir a otro lugar? —Hermione le preguntó, luciendo decididamente incómoda con la nueva invitada. —No quiero arruinar la noche con una pelea con ella.

—Seguro —él suspiro. — ¿Qué te parece llevarte a un recorrido como mi madre mencionó?

—Sería genial —ella le ofreció una sonrisa de alivio mientras se levantaba de su asiento. Estaban lo suficientemente cerca de la puerta para hacer una escape discreto, y en su apuro, Hermione se olvido los zapatos.

Draco la llevó a los largos pasillos y se detuvo en las distintas habitaciones que su madre había decorado recientemente, manteniéndola alejada, de una manera inconsciente, del sector de la Mansión donde Hermione había sido torturada. Ella sonrió con admiración ante cada habitación y le dijo que su madre tenía un gran don para la combinación de colores, a lo que él simplemente resopló.

—Tengo que admitir —ella susurró mientras caminaban por un pasillo particularmente largo. —En verdad disfruté esta noche.

—Dije que lo harías —él le recordó con una mirada de suficiencia.

—Lo sé —ella admitió, mirándolo por el rabillo de su ojo. —Tengo que confesar, tenía mis dudas en venir aquí.

—Ya me lo suponía—él la miró rápidamente, y esas nociones traicioneras invadieron su mente. Solos en el pasillo oscuro y ella luciendo muy encantadora, era difícil de ignorar.

—Pero me encantó —continuó ella con una sonrisa imponente. —Y gracias por mantenerme entretenida.

—Entretenida —repitió él, mirando cómo ella parecía reconsiderar sus palabras con un leve rubor.

—Por hacerme compañía —ella se corrigió, poniendo un mechón detrás de su oreja, nerviosa. —Te lo agradezco.

—Está bien —dijo Draco en un tono distante, ahora mirándola abiertamente mientras ella jugaba ansiosa con sus manos. Un pensamiento audaz vino a su cabeza, rogando ser expresado, y él no lo pudo evitar. —Entonces ¿tus expectativas han sido satisfechas?

Hermione detuvo sus pasos lentos cuando reconoció la insinuación anterior y se volvió hacia él con una mirada confusa y precavida. Él la vio con esa mirada vacía que ella odiaba tanto, pero sí notó que los ojos de él bajaron a sus labios por un segundo.

—Sí las han sido —ella asintió tímidamente, sintiendo como si él estuviera demasiado cerca aunque había medio metro entre ellos. Intentó pensar en algo más para decir para parecer calmada. —¿Las tuyas han sido satisfechas?

Él le sonrió, y su corazón se aceleró cuando él dio un paso más cerca de ella. Sus ojos volvieron a viajar a sus labios, y ella advirtió la mirada de determinación en sus ojos.

—Casi —él susurró.

Ella apenas tuvo tiempo para parpadear antes de que él la empujara bruscamente contra la pared, deteniéndose solo por un segundo antes de que él la besara. Y ella le regresó el beso. Tal vez era porque se había servido algunas copas de champagne, o tal vez era simplemente porque Malfoy era endiabladamente atractivo, sería un pecado no hacerlo.

Sólo besos rápidos y acalorados para comenzar, pero cuando él mordió ligeramente su labio inferior, él se aprovechó de su pequeño jadeo. Su lengua era tibia en su boca, talentosa y sedosa contra la de ella. Sus dedos agarraron su cuello desesperadamente y pasaron por su pelo y él empujó todo su cuerpo hacia el de ella, las manos a sus lados y los pulgares rozaban los costados de su pecho. Una de sus manos subió hacia su garganta y ella apenas gimió cuando sus dedos rozaron un punto sensible.

Ella dio pequeño mordiscos, succionó y lamió lo más que pudo de su boca, perdiéndose mientras él pasaba la lengua sobre su labio inferior. Los labios de él dejaron los de ella y succionaron su cuello con ansias, y el gemido que esta vez ella dejó escapar fue fuerte y claro cuando su aliento tibio coqueteó con el húmedo rastro de sus besos.

Ella mordió suavemente su oreja mientras él besaba su garganta, pasó la lengua bajo su lóbulo mientras los dedos de ella continuaban jugando con su cabello frenéticamente. Le besó la mandíbula, saboreando su esencia masculina con la punta de la lengua, cuando los labios de él volvieron a los de ella. Él era brusco y salvaje y ella igualaba sus intenciones, suspirando cuando él la empujaba con más fuerza contra la pared.

Ahora era desenfrenado, y los dientes de ella agarraron su labio inferior mientras sus uñas se clavaban en los omoplatos de él. Ella lo sintió estremecerse por un rápido segundo y él dejó escapar un sonido gutural en su boca. El ruido pareció haberla despertado de su trance, combinado con el fuerte calor duro empujando contra su estómago.

Sus manos encontraron los hombros de él y lo empujó lejos de ella, odiando la forma en el que el pasillo solitario hacía eco de sus respiraciones agitadas. Ella lo miró fijo con los ojos bien abiertos y conmocionados, rogando que su pasión fuera poco visible. Él estaba igualando su mirada con un deseo reprimido, jadeando como ella.

Ella se apoyó contra la pared y Draco miró cómo su pecho se movía, el cuello expuesto y todavía húmedo por sus acciones. Él pensó en volver a besarla, pero la sorpresa en su rostro le advirtió que era una mala idea.

Mierda.

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NdT ¡Mieeerdaaaa! ¿Qué te paso Hermione? ¿Por qué hiciste eso? Nos debés muuuchas explicaciones, no podes hacer eso después de TREMENDO beso… Esto ciertamente no me dejo satisfecha, o bueno un poco si ¿Ustedes qué opinan?

Otro personaje que se suma... ¿será otro sospechoso? sólo el tiempo dira ;-)

No voy andar con muchas vueltas, solo decirles gracias por ser tan fieles lectoras, las quiero muchisimo. Espero que tengan una buena semana de todo corazón. Un gran beso y abrazo.