¡Tenía razón! Ese bastardo tenía razón en todo lo que había dicho. No le hacía falta verificar las cosas, se creía perfectamente su historia conociendo al antiguo Hinata. Estaba convencido de que no le habría querido destrozar la vida y le dejó marcharse, lo lanzó de nuevo a los brazos de su ex novio, pero eso le había venido bien a él. Sólo había un problema… ninguno de los dos se había olvidado del otro.
Se miró en el espejo del baño un segundo, un segundo antes de lanzar todo lo que estaba a su alcance al suelo frustrado por aquello. ¡Odiaba a Kageyama! Le odiaba con toda su alma por querer quitarle a Hinata. Para colmo… había cargado con su hijo, haciéndolo pasar por suyo y pese a que nadie sabía la verdad… Hinata y él la sabían. No era su hijo… por más que le cuidase… sólo lo hacía para que Hinata le diera uno propio, quería un hijo propio y Kageyama se estaba metiendo en medio.
- Maldita sea – gritó Azumi - ¿Por qué no te quedaste en Estados Unidos a lamerte tus heridas? ¿Por qué tuviste que regresar?
Apoyó sus manos sobre el lavamanos y lo agarró con fuerza tratando de calmarse. Tenía que pensar en algo… necesitaba pensar en algo para retener a Hinata a su lado. Hasta ahora lo había hecho porque sus padres le obligaban a quedarse en ese matrimonio, pero Hinata no aguantaría más, Kageyama le daría el valor para mandarlo todo al infierno y marcharse con él, necesitaba algo más con lo que retenerle… y lo tenía frente a él… su hijo.
Sonrió… ¡Sí! Hinata no se marcharía de ese matrimonio sin su hijo y él podía chantajearle con quitárselo, podía chantajearle para meterlo en su cama y que le diera un hijo propio. ¡Eso haría! Aunque fuera un golpe bajo tener que amenazar a un niño… haría lo que fuera por mantener a Hinata a su lado.
Aun así, no dejaba de darle vueltas a un asunto. ¿Cómo era posible que Hinata aún no se hubiera quedado embarazado? Lo había estado haciendo con él todos los días, a veces un par de veces al día, durante todo ese último mes. ¿Por qué no lo estaba? Todo en su cabeza tuvo sentido… el miedo que Hinata tenía a quedarse embarazado era mayor del que le tenía a los golpes y los maltratos, era posible que estuviera haciendo algo para evitar quedarse.
Sus ojos se desviaron al suelo donde los botes de pastillas estaban abiertos, rotos o simplemente esparcidos, dejando ver algunas pastillas sueltas. Se agachó hacia ellas y comprobó los botes. Aspirinas, antiinflamatorios, para las náuseas y entonces… lo vio…
- ¡Maldito crío! – susurró con una sonrisa incrédula – anticonceptivos. ¿Cómo no lo vi venir? – se preguntaba a sí mismo – escondidos en un bote de aspirinas… muy listo, pero no lo suficiente, Hinata, a esto también sé jugar yo – comentó Azumi bajando con rapidez las escaleras para ir a buscar unas aspirinas que tuvieran una forma parecida a las píldoras anticonceptivas.
Ese chiquillo no se daría ni cuenta del cambiazo que le iba a dar a las pastillas. Pensaría que seguiría tomando sus píldoras… pero no… allí se acababa su buena suerte. Lo único malo era que debía irse ese fin de semana urgente a una conferencia en Corea del Sur y hoy… tenía que trabajar en el artículo que destrozaría definitivamente la reputación de ese engreído Kageyama. Hinata no volvería a acercarse a él y mucho menos… Kageyama cuando acabase con todos sus sueños y esperanzas. Iba a apartarle definitivamente del deporte al que amaba.
En cuanto tuvo listo el cambiazo de las pastillas, volvió al aseo de su habitación y recogió todo para que Hinata no se diera cuenta de lo que había ocurrido, ese chico no sospecharía nada. Cuando volviera del viaje, ese chico sería suyo todas las noches, un par de veces hasta que se quedase embarazado de él. De eso estaba convencido y ya podía tomarse las pastillas que quisiera… porque no le harían efecto. ¡Sonrió al pensar en eso! Ahora iba a terminar con Kageyama y con eso en mente… cogió las llaves del vehículo y salió de la casa dispuesto a ir a la oficina.
- Lo siento… - seguía disculpándose Hinata al ver la cara de sorpresa de Kageyama – lo siento mucho.
- Ven aquí – le dijo Kageyama abrazándole contra su pecho – cálmate, ¿vale? Arreglaremos esto, lo arreglaremos.
- No puedo… quiero divorciarme desde hace mucho pero… es imposible, él siempre tiene un plan para impedírmelo, no puedo salir de este matrimonio.
- Pensaré en algo.
Por momentos, Kageyama deseaba abrazar a ese chico y protegerle, en otros momentos… tan sólo quería estar a solas y pensar en la bomba que le acababan de soltar. Era padre… Hinata había tenido un hijo, un chico que se había quedado embarazado sin explicación alguna excepto por un problema genético o una malformación que le había creado ese útero.
Hinata sentía que pese al abrazo que recibía, Kageyama estaba tenso, seguramente por toda la información que se agolpaba ahora en su cabeza y que no había procesado aún por falta de tiempo.
- Las pastillas… - dijo Kageyama - ¿Por qué te las tomas? Es decir… ¿Es porque no quieres tener un hijo con tu esposo?
- No quiero tener más hijos – dijo con la voz asustada – yo no… no quiero morir, no así – dijo realmente asustado.
- ¿De qué hablas?
- Me tomo las pastillas porque no quiero quedarme embarazado de nuevo. Aquel día, Kageyama… yo morí – le dijo sin más.
- ¿De qué me estás hablando?
- Un hombre no puede tener hijos, nuestro cuerpo no está diseñado para esto. Tuvieron que abrirme para poder sacarlo, hicieron una cesárea y… casi me desangro en esa camilla. Literalmente… morí durante treinta y tres segundos. Mi corazón se paró y no podían reanimarme… morí en esa camilla, Kageyama – lloró Hinata – no quiero volver a pasar por eso.
- Joder – susurró Kageyama apretándolo más contra su pecho, intentando ahogar sus lágrimas, su miedo y su dolor en su pecho – lo siento mucho. No lo sabía, Hinata, no lo sabía. Perdóname… debí estar aquí, debí estar a tu lado.
- No lo sabías – lloró Hinata – no sabías nada y yo tampoco sabía por lo que pasaría cuando decidí tener a nuestro hijo, pero no podía… no podía permitir que no naciese, ya estaba creciendo dentro de mí y…
- Te quiero, Hinata – le confesó Kageyama besando su frente con dulzura – te quiero a ti y si me das la oportunidad… quiero conocer a nuestro hijo, quiero quererle, por favor.
- Él no me dejará que te lo lleve – dijo Hinata llorando – mi esposo me impedirá que lo lleve contigo.
- Lo haremos a escondidas o hablaré con un abogado, soy su padre legítimo, algo podremos hacer.
El teléfono sonó en la bolsa de deporte de Hinata rompiendo aquel momento que ambos compartían después de tanto tiempo. Fue Kageyama el que se levantó de la silla y abrió la bolsa de Hinata descubriendo el nombre de su esposo. Por la cara que puso Kageyama, Hinata supo quién era.
- Pásamelo – comentó – por favor. Será peor si no le contesto.
- Ten cuidado con él, ¿vale? No me fío de lo que pueda hacer.
Hinata contestó a la llamada pese a que su tono de voz resaltaba su miedo y su nerviosismo, aun así, trató de aparentar la mayor normalidad posible y sobre todo… tratar de que pareciera que Kageyama no estaba ahí junto a él. Su esposo preguntó por su estado de salud lo primero aunque Hinata le informó que los médicos no permitirían que hoy se fuera a casa, iban a llevarle al hospital para hacerle unas pruebas y le tendrían en observación. Ante aquello, Azumi no pudo hacer otra cosa que explicarle que él tenía que viajar temprano durante todo el fin de semana, pero a la vuelta se verían. Hinata asintió y colgó el teléfono.
- ¿Qué te ha dicho? – preguntó alarmado Kageyama.
- Que se va de viaje todo el fin de semana – dijo.
Aquello pareció relajar a Kageyama de golpe, quien respiró por primera vez desde que había iniciado la conversación.
- Menos mal – susurró – por lo menos este fin de semana no estará a tu lado.
- Trama algo – dijo Hinata al dejar el teléfono encima de la sábana que cubría sus piernas – él siempre tiene un plan para todo.
- Relájate, Hinata, yo estoy aquí contigo, no voy a dejar que te haga daño.
- No puedes impedirlo… vivo con él.
- Haré algo, te lo prometo. Quizá tus padres… si se enteran de lo que te hace…
- Mis padres son los que quisieron casarme con él para evitar habladurías o más de las que ya hubieron cuando me quedé embarazado. Azumi les brinda esa seguridad social, no me permitirán divorciarme y montar un escándalo a su estatus.
- Eres su hijo, Hinata, yo no creo que se queden sin hacer nada al saber cómo te trata tu esposo.
- Tú siempre… has estado cuidándome – sonrió Hinata pese a que su rostro estaba sonrojado y empapado en lágrimas – siempre te he querido a ti, pero no podemos estar juntos.
- Lo estaremos… lucharé contra viento y marea por ti – le sonrió Kageyama acariciando sus mejillas, intentando limpiar aquellos caminos que habían dejado sus lágrimas.
Lentamente, su rostro se acercó al de Hinata, temeroso de que le rechazase, pero no lo hizo, Hinata acercó su rostro también, cerrando sus ojos y dejando que ese chico moreno rozase primero sus labios para luego poseerlos con fogosidad.
Le echaba de menos, no podía negar algo así. Durante todos esos años, se había convencido a sí mismo de que Kageyama se había marchado, que era mejor así, que debía olvidarle, intentó odiarle con todas sus fuerzas por dejarles… sin poder asimilar que era su culpa el haberle echado de su lado. Todo les había salido mal en la vida, pudieron estar juntos y se negaron la oportunidad… ahora… tenían un nuevo inicio y no sabían cómo aprovecharlo con las circunstancias en las que se encontraban. Ahora todo estaba patas arriba, estaba a la inversa.
Conoció a Kageyama con novio, ahora era él quien estaba casado y el moreno libre… todo era un asco, parecía que el destino unía una y otra vez sus caminos pero para demostrarles simplemente… su mala suerte, para mostrarles que no podrían amarse con libertad.
Los enfermeros entraron por la enfermería comentándoles que debían llevarse ya a Hinata al hospital donde le harían más pruebas. Kageyama simplemente… prefirió dejarle tranquilo pese a las ganas que tenía por acompañarle.
- Puedo ir contigo si quieres – le dijo Kageyama sin soltarle la mano.
- No. Creo que, si te quedas más tiempo conmigo, no podrás pensar todo lo que te he dicho con claridad, necesitas tu espacio y lo entiendo. Estaré bien, los enfermeros están conmigo.
- ¿Estás seguro?
- Sí… ve a casa y descansa. Seguramente algún compañero del equipo irá a buscar a Kai a casa y podemos desayunar mañana juntos cuando me den el alta.
- De acuerdo – le comentó Kageyama.
Los enfermeros ayudaron a Hinata a moverse a la otra camilla y empezaron a llevarle hacia la ambulancia que esperaba fuera del pabellón deportivo. Todos los del Karasuno observaron cómo se llevaban a ese chico pero no estaban ni la mitad de preocupados por él como lo estaban por Kageyama.
No podían negar que lo veían mal. No sabían lo que esos dos habían hablado allí dentro, pero estaba claro que le había afectado a Kageyama. Asahi colocó su mano sobre el hombro del moreno y apretó sus dedos tratando de calmarle.
- Estará bien.
- No… no lo estará hasta que no salga de esa mierda de matrimonio. Le está destrozando, ese cabrón lo está hundiendo.
- No podemos hacer nada con eso. Además… ahora te ha amenazado a ti. Deberías tener cuidado con lo que haces, ese tipo no amenaza en balde.
- Me da igual lo que me haga a mí si consigo liberar a Hinata.
