Fin del juego.
Así que a eso se reducía todo. ¿La lógica contra la emoción? Sherlock no puede evitar darle al taxista una sonrisa condescendiente. La lógica siempre triunfaba contra la emoción. En este campo de batalla, es Sherlock quien tiene la ventaja. La adrenalina de su sistema desciende a un nivel manejable mientras su mirada se encuentra con la de Hope con total confianza. Puede que no haya sido el amo de su cuerpo hasta el momento, pero Sherlock siempre es el amo de su mente. Todo lo que tiene que hacer es jugar con Hope un poco más, esperar por la oportunidad de hacer un contraataque, y entonces todo será jaque y jaque mate.
- Así que se trata del poder, ¿no? ¿De por fin ser el gran hombre por una vez? ¿Cree que es un trato justo? ¿Todas esas vidas solo porque tal vez pueda ayudar a su hijo, solo porque por fin puede empujar a las demás personas de su alrededor en lugar de ser usted el empujado? - Sherlock lo presiona, lo provoca, su voz burlona y desdeñosa - ¿Merece la pena, Hope? Se dará cuenta de que no hay trato con el demonio que no termine con usted ardiendo... - es un riesgo calculado, enfadar a Hope. Podría terminar con el taxista decidiendo ignorar las "reglas" y simplemente matarlo. Pero si está enfadado, puede cometer un error. Puede olvidar prestar atención. Mueve un dedo por la superficie de la mesa, aparentemente distraído - Por cada alma que consigue obtener, ¿qué? ¿Más potencia supongo? ¿Habilidades más allá de las que los Adeptos normales son capaces?
- Ya tengo habilidades más allá de los Adeptos normales. Ya las ha sentido por si mismo, señor Holmes. No necesito runas o rituales, no necesito lanzar círculos para hacer que camine dando vueltas si es lo que quiero. Y esto es solo el principio. Pronto, con suficientes almas en mi haber, seré capaz de realizar cualquier hechizo, cualquier magia, solo con la voluntad de mi mente – Hope se inclina hacia delante, ajustándose las gafas una fracción mientras se encararse a Sherlock, haciendo exactamente lo que el detective asesor quería. Su ira está sacando lo mejor de él, no está prestando atención.
Sherlock tiene que distraerlo, mantenerlo hablando o, mejor aún, mantenerlo solo hablando consigo mismo. Cualquier cosa para retrasar a Hope de hacer su próximo movimiento, el cual sin duda será, de alguna forma, convencer a Sherlock de que se suicide. Mientras mantenga a Hope fuera de su objetivo, tendrá una oportunidad de pillarle desprevenido. Sherlock aún tiene su mente y su magia, solo tiene que ser más astuto y jugar mejor que el loco que está ante él. Ya está intentando un experimento, dibujando runas y patrones en la mesa para un hechizo de protección con la punta del dedo, concentrando toda su voluntad en las marcas invisibles que deja el sudor y la grasa natural. No ha oído nunca de que se haya hecho esto antes, sin tiza ni carboncillo, lápiz o tinta, pero no es de las marcas de lo que se trata per se. Quizás funcione, ¿perdiendo solo algo de potencia por su apenas perceptible presencia? Todo lo que necesita es la más pequeña de las barreras entre él y Hope y el juego será suyo.
- No tiene ni idea de lo que es. Nació entre dinero, apuesto que con una jodida cuchara de plata en la boca. Nunca ha sabido lo que es luchar para salir adelante. Siempre ha sido el gran hombre, figuradamente y literalmente. Pero seré franco con usted, señor Holmes. Lo que más me importa es mi hijo. Él es lo más importante. ¿El poder? ¿Todo lo demás? Eso es la guinda del pastel – el taxista se mueve hacia delante, sus ojos enfocados con intensidad, la boca abierta para cambiar el rumbo de la conversación.
Una nueva diversión.
- Entonces, ¿cómo funciona? Vamos, deslúmbreme con su genio. Solo porque haya hecho que esa gente cometa suicidio, no significa que sus almas estén condenadas. No hay un San Pedro sentado en las puertas del cielo con dos sellos, uno marcando el Cielo y otro el Infierno, pero aún así hay un arbitro, una oportunidad para comparecer ante los poderes y arrepentirse a fin de obtener el perdón y la entrada.
- Ahhhh, ve, ahí es donde se equivoca, señor Holmes. Pero no se sienta demasiado mal. Todo es acerca de la elección, supuestamente, pero eso no significa que a los que mandan no les guste manipular un poco el juego. Si la gente conociera la verdad, bueno, probablemente no harían las decisiones correctas. Pero en pocas palabras, esto es como es. La gente obtiene más o menos lo que cree. ¿Cree en la reencarnación? Tiene la oportunidad de volver. ¿Cree en la reencarnación, el karma, y era un hijo de puta? Puedes volver como una babosa – se encoge de hombros mientras sigue explicando – Por eso voy tras los Católicos. Ellos creen que si cometes suicidio, es un pecado mortal e irás directo al Infierno. Creen que si mueres antes de que hayas tenido la oportunidad de confesar tus pecados y arrepentirte, estás condenado. Porque ellos lo creen, así es como lo obtienen. La mayoría de ellos nunca se han dado cuenta de lo que estaba pasando. La mayoría de ellos nunca se dio cuenta de que dentro de ellos habían abrazado esas enseñanzas. Y, por supuesto, ninguno de ellos se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Demasiado concentrados en el dolor del momento, la angustia y la desesperación, para considerar la eternidad de dolor que se abría ante ellos.
- ¿Y quién le dijo eso? - le reta Sherlock con una mirada endurecida - ¿Su patrocinador demoniaco? - pone los ojos en blanco ligeramente – Ahora de verdad. Como esa no es una fuente parcial...
Por un momento el taxista parece lanzado, pero se recupera rápidamente y sonríe, mirando a Sherlock mientras reflexiona:
- ¿Sabe?, me dijo que estuviera alerta por usted. Dijo que quizás lo intentaría e interferiría. Parece que es bastante famoso ahí abajo, señor Holmes. Pero no se preocupe. Soy suficiente rival para usted y... - su mirada cae hasta la mesa casualmente antes de que su mirada azul claro capturen el movimiento de la mano de Sherlock. Los ojos centellean con rabia. Hope se levanta tan rápido que su silla se vuelva detrás de él, rebotando ruidosamente contra el suelo - ¡He dicho, que nada de eso, señor Holmes! ¡Nada de hechizos o hechizos de contención o zona de protección!
Una vez más, la mano de Sherlock se congela, enroscándose sobre si misma y temblando mientras lucha para resistir la orden, maldiciendo suavemente en voz baja.
Le toma un momento a Hope recuperar la compostura. Sherlock había estado cerca, muy cerca de darle la vuelta al tablero. Lo mejor era cortar las cosas de raíz ahora, en lugar de seguir complaciéndose a él y a su presa.
- Creo que esto ha ido demasiado lejos. He cumplido con mi parte del trato. Le he dado las respuestas. Ahora, señor Holmes, es hora de que pruebe un poco de su propia medicina, por así decirlo – metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta, el taxista saca un pequeño bote; unas pequeñas cápsulas llenas con diminutos gránulos rojos y blancos se encuentran en el interior. Desliza el bote hacia Sherlock y asiente con satisfacción, una cruel sonrisa curvando sus labios.
La primera inclinación de Sherlock es impulsarse con la mesa e irse. Pero ya sabe que eso no es una opción. No puede volver atrás y no puede moverse hacia adelante. Todo lo que queda es mantenerse firme y enfrentar el reto. Su cabeza se levanta ligeramente, determinado a no dejar que nada de su incertidumbre se muestre. Con una ceja y la comisura de la boca elevándose caprichoso.
- Bueno. No puede culparme por intentarlo...
El taxista se yergue un momento antes de ofrecerle a Sherlock una sonrisa lobuna en respuesta, riendo suavemente mientras toma asiento.
- Es cierto, señor Holmes, es cierto. Mis disculpas por mi exagerada reacción. Habría estado decepcionado si ni hubiese intentado escabullirse – su cabeza se inclina a un lado mientras pregunta casi con alegría una vez más - ¿Hablamos?
Sherlock se prepara para la primera descarga de Hope. Francamente, no tiene ni idea de qué esperar. Nunca ha tenido a otro Adepto o ser sobrenatural usando su propia mente y su cuerpo contra si mismo. La experiencia es totalmente sin precedentes. Hasta ahora, Hope ha demostrado que puede parar a Sherlock de hacer cualquier cosa física, pero ¿de verdad cree que puede deducir a Sherlock y romperlo? Controlar su cuerpo es una cosa, pero tiene que trabajar con la verdad, con los hechos y la realidad, si va a convencer a Sherlock tanto como para tomar esas píldoras, y mucho menos una. Seguramente no será capaz de tal tarea. Esas otras personas no eran suficientemente listas, no se dieron cuenta de contra qué luchaban. Pero el que avisa no es traidor, y Sherlock no va a rendirse sin luchar. Su barbilla se levanta una fracción, los ojos entrecerrándose en hostiles rendijas mientras mira fijamente al taxista al otro lado, sin decir palabra, desafiándolo a hacer lo peor.
- Creo que, en muchos sentidos, somos parecidos, usted y yo, señor Holmes. Quiero decir, por razones obvias, ambos somos todo unos genios y Adeptos. Cualquiera de esas cosa es bastante rara, pero ¿tenerlas las dos juntas? Memorable, la verdad. Y aún así – reflexiona, inclinándose más cerca, sus brazos se deslizan sobre la mesa entre ellos, las manos pacíficamente entrelazadas – Creo que tenemos mucho en común. Usted ya ha descubierto partes de mi historia. Soy un solitario. Lo he sido la mayor parte de mi vida. Igual que usted. Sin encajar nunca, ¿verdad? Los padres estaban demasiado ocupados o demasiado duros para nosotros. Demasiado diferentes para los demás para que realmente nos entiendan.
"Por supuesto nuestros caminos se separaron. Como ya hemos dicho, yo era el hombre pequeño, usted era el hombre grande. Decidí volverme invisible. Parecía lo más fácil de alguna forma. Ya se me pasaba por alto de forma natural. ¿Aunque usted? Eligió hacerlo peor. Vistió su extrañeza, su soledad, igual que lleva ese abrigo. Con orgullo y estilo. Pero eso no hace amigos, ¿verdad? En todo caso, lo hizo aún peor. ¿Y sus padres? No sabían que hacer con usted. Lo enviaron a loqueros que le dieron al principio apelativos como autista y Aspergers, luego sociópata y psicópata. Ya es bastante malo ser invisible, pero al menos mi familia no esperaba nada de mi. ¿Pero usted? ¿Teniendo un perfil tan alto como el suyo? Apuesto a que todo el mundo esperaba más de usted. Algo mejor. No podían ver lo brillante que era, y eso fue más un perjuicio que una ayuda. Y por supuesto estaba usted, haciéndolo todo peor, no mejor. ¿Recordándoles a todo el mundo a su alrededor lo mucho mejor que era usted que ellos? Fue denigrado. Despreciado. A la gente no le gusta quedar como idiotas. Su orgullo, su arrogancia, es su arma de doble filo, ¿no es así, señor Holmes? Mantiene a los demás a raya, pero todo eso mientras le está cortando, extirpándole su corazón y su alma..."
Un verdadero resoplido de burla se le escapa a Sherlock ante las jactanciosas pretensiones del taxista. ¿Parecidos? ¡Pfft! Sherlock no se parece en nada a este hombre pequeño, o, más bien, Hope no se parece en nada a Sherlock. Primero, no ha demostrado ser casi tan magistral como él en adivinar la verdad sobre las personas y las situaciones como Sherlock ha hecho. ¿Dónde está la página web de Hope? ¿Dónde está la prueba de Hope?
Un hilo de voz murmura suavemente dentro de su cabeza: Bueno, sí, pero de nuevo, se las ha arreglado para matar a cuatro personas hasta ahora. Personas que no tenían sentimiento de culpa o de remordimiento aparente por lo que estaban haciendo, personas de las que todo el mundo había informado como gente feliz, contenta y plena. No cambias de opinión como el que cambia de sombrero y decides suicidarte solo porque alguien te hable durante cinco minutos. Te guste o no, Sherlock, Hope tiene poder.
Sí, pero no es su poder. No como el mío. Yo siempre fui brillante, siempre un poderoso Adepto...
Pero también erróneo. Listo sobre los hechos, las cosas, pero no las personas. Nunca pudiste entender a otras personas, porqué estaban enfadadas contigo, qué querían decir. Decidiste que era porque eras más listo que ellos, que estaban celosos. Pero la verdad es, que estabas roto. Mamá y Papá lo vieron. Por eso te llevaron a todos esos psiquiatras cuando eras joven. Y luego, por supuesto, está tu magia. Cuando eras pequeño podías ver cosas, igual que Mycroft. Eras un Adepto y un Sensitivo, justo como se suponía que debías ser. Pero entonces lo perdiste. Ahí es cuando todo empezó a desmoronarse. Mycroft siempre fue tan amable al principio. Enseñándonos, preocupándose por nosotros, pero cuando perdiste la habilidad de ver, estabas tan herido, tan enfadado. Mycroft dijo que él sería tus ojos, pero eso no era suficientemente bueno. ¿Así que qué hiciste? Lo rechazaste. Igual que rechazaste a todos los demás. Pensabas que estaban celosos, pero eras tú quien estaba celoso. Querías encajar, querías ser protegido, querías gustar a la gente...
¡No, no, eso no fue así en absoluto! ¡Mycroft estaba celoso de mi! ¿Qué utilidad tiene ser un Sensitivo? Que puedes ver cosas. ¡Una conveniencia, nada más! No te permite influir no cambiar nada. Es más bien una maldición, la verdad, ser capaz de ver pero no de hacer. ¡Yo compadecía a Mycroft! Mycroft sabía que era mejor que él, y una vez que empecé a defenderme por mi mismo, cuando ya no lo necesitaba, es cuando él me apartó. Le resentía mi poder, !le resentía el hecho de que yo era el Adepto y no él!
¿Sigues mintiéndote a ti mismo? Escucha a Hope, Sherlock. Todo lo que está diciendo es la verdad y lo sabes. Lo has escondido, olvidado, borrado, retorcido los hechos para apoyar tu teoría. ¿Y quién puede culparte? Eras un niño después de todo. Necesitabas a alguien que te entendiera, que te quisiera y te cuidara, pero estabas demasiado asustado para dejar a la gente acercarse. Cuando dejas que la gente se acerque, es cuando pueden hacerte daño, ¿verdad? Y como entonces no podías ver las señales, no podías entender las pistas, salías herido. Era más seguro, más fácil, simplemente cerrarse en uno mismo, ¿verdad? No es culpa tuya. Hiciste lo mejor que podías hacer con las herramientas que tenías. El problema es, que nunca creciste, ¿no es así? Nunca maduraste de ese comportamiento. Oh, sí, ahora puedes ver las señales, ahora puedes diseccionar clínicamente las reacciones emocionales y las acciones de las personas, despreciándolas como debilidades y flaquezas. Podrías cambiar tu camino ahora que lo entiendes, pero no lo harás. Porque te has convencido a ti mismo de que a tu modo es mejor. Que tener un corazón de piedra te salvará de que te lo rompan. Por eso no tienes ningún amigo, por eso sigues solo, por eso sigues luchando inútilmente contra Mycroft. Nunca vas a cambiar. Ahora es demasiado tarde. Probablemente ni siquiera sepas como amar, como preocuparse de los demás a parte de ti mismo. Es como dijiste, todo lo que importa es el trabajo, pero no es suficiente. Yo lo se, y tú lo sabes...
Sherlock vuelve bruscamente en si mismo para encontrar su mirada fija en la mesa, sus ojos mirando al vacío. De algún modo, en algún punto, ha perdido la concentración, se ha perdido lo que el taxista le estaba diciendo, la voz de Hope siendo monótona, ignorada, olvidada. Excepto por el hecho de que no lo es. Sacudiendo la cabeza con un jadeo, Sherlock lucha por concentrarse en lo que Hope está diciendo, parpadeando aturdido.
Eso no se parece en nada a algo que haya experimentado antes. Todo lo que Hope le ha lanzado desde que entró por primera vez en el taxi del asesino había sido tan sutil que ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba pasando. Ni siquiera había sentido la influencia del Adepto guiando sus acciones de un lado a otro. Pero ahora es incluso más insidioso e irresistible. Las palabras no son tanto escuchadas como absorbidas. Hope no le está hablando a Sherlock; le está hablando al subconsciente de Sherlock, despertando a la normalmente bestia dormida, despertándola como una criatura primitiva y nocturna, hambrienta después de su largo descanso, con los dientes y las garras afiladas gracias al propio intelecto de Sherlock y espoleadas por la oscuridad de Hope, susurrando palabras.
Normalmente son las calles de Londres las que sirven como su campo de batalla, y su inteligencia es el arma que elige. Pero ahora es la mente de Sherlock la que está bajo sitio, su intelecto y su astucia se están volviendo contra él.
Parpadeando de nuevo, Sherlock intenta por un lado escuchar lo que el taxista está diciendo mientras al mismo tiempo resiste fervientemente el veneno que gotea lentamente en sus oídos. Como Claudio al Rey*. Creía que estaría luchando contra la emoción con la lógica, una batalla fácil. Nunca había sospechado que la emoción estaría usando la lógica como escudo y como espada...
Hope no se detiene ni un momento en su asalto, su mirada enfocada en Sherlock, observando como la mirada del genio Adepto se desvanece y se pierde en su interior, sonriendo cuando vuelve a resurgir, vacilante como un hombre ahogado. Él será un reto mucho mayor comparado con los otros, un reto del que Hope tiene la intención de disfrutar al máximo. Se ha pasado mucho años observando a este joven, impresionado por él, sí, naturalmente, celoso de él. ¿Y si se las arregla para derrotar a Sherlock Holmes? Joder, eso casi merece la pena por si mismo. ¿El hecho de que su patrocinador le dará suficiente poder para salvar a su hijo? La guinda del pastel. Sus labios se curvan en una sonrisa sádica, los ojos brillantes con una especie de impío placer.
Precipitándose por el pasillo, corriendo a toda velocidad, John se sacude abruptamente parándose en seco, los brazos girándose mientras el hilo de su corazón que le une a Sherlock de repente tira de él hacia la derecha y a través del marco de una puerta de una clase abierta. Corre por la habitación, serpenteando entre los pupitres en su camino hasta que sus manos chocan contra la ventana, viendo con horror la escena que ocurre enfrente suya. Sherlock sentado en una larga mesa, inmóvil, y ante él el taxista, sus labios moviéndose, y entre ellos poder, magia, las palabras como un vapor venenoso, oscuro y retorcido, entrando en los oídos de Sherlock, nublando su mente con soledad, desesperación, cansancio.
John golpea las manos contra el cristal, gritando el nombre de Sherlock con impotencia, intentando en vano de llevar su atención lejos del taxista, de esas palabras. Oh Dios. Oh Dios mio...
- ...y luego, por supuesto, está el aburrimiento. Una mente como la suya, es imposible de mantener ocupada. Demasiada redundancia en el mundo. La sociedad se va al infierno. Todo es una perdida de tiempo, la verdad. Ningún verdadero desafío que quede por hacer, ¿verdad? Por eso tienes el trabajo, ¿no? No captura asesinos porque sea una causa noble. Es solo algo que le ayuda a mantener la mente ocupada. Pero eso no es suficiente, ¿verdad? - el taxista inclina la cabeza a un lado mientras señala, tirándose del cuello del jersey – Señor, pero que calor hace aquí, ¿no cree? ¿Por qué no se quita el abrigo, señor Holmes, se remanga las mangas y se relaja?
Temblando, las manos de Sherlock se levantan, se quita el abrigo de los hombros y lo aparta poniéndolo sobre el respaldo de la silla. Los movimientos son lentos y entrecortados, la mente de Sherlock resistiéndose a la presión de la de Hope tanto como puede, pero incapacitado como está, no tiene ningún tipo de ventaja ante este tipo de magia. Su voz sale tensa, ronca, como si el esfuerzo de decir lo que piensa fuera casi demasiado difícil.
- Esto apenas es lo que uno llamaría una pelea justa – señala con frialdad, con los dedos temblando ahora violentamente mientras se abre los puños de la camisa en contra de su voluntad y empieza a enrollar las mangas – Creía que quería un verdadero reto. Sus habilidades contra las mías... - es un respiro, un momento para Sherlock de intentar de reunir todo su ingenio una vez más, para Hope una forma de regodearse de su percibido éxito.
- Oh, usted ya tuvo su oportunidad, señor Holmes. Si hubiese hecho lo que debería haber hecho, darse cuenta de que estaba contra un verdadero adversario, habría tomado precauciones. Habría estado preparado con talismanes y hechizos. Pero falló. Falló en ver quien era yo realmente, falló en protegerse a si mismo. No tiene a nadie a quien culpar de esta situación salvo a usted. Ahhh, eso está mejor, ¿no? - pregunta cuando las manos de Sherlock se apartan de su ropa.
Alargando la mano por encima de la mesa, Hope agarra el antebrazo de Sherlock justo cuando este intenta apartarlo. La lucha es breve, pero suficientemente larga para que el taxista vea lo que estaba buscando.
- Justo como pensaba. Tuvo que encontrar un poco de ayuda para ser capaz de lidiar con todo, ¿no? ¿Una pequeña inyección de algo para apartarlo del borde del precipicio? Para calmar la mente, o agudizarla, sin duda. Pero eso no es suficiente, ¿verdad? Noooo, ni de lejos suficiente. No puede escapar, ¿verdad? Todo ese ruido en su cabeza, entre sus deducciones, su magia, sus casos y la página web y el trabajo. Claros indicadores de que es el tipo de hombre que no puede encontrar el interruptor de apagado. No sabe como relajarse, como simplemente sentarse y disfrutar de la vida. No, eso serían las puertas de la locura para usted, ¿no? ¿No hacer nada? Se subiría por las paredes. Así que cuando se pone mal, cae en la tentación, ¿no? Fue hace tiempo, ya veo. Fácil adivinar el porqué. Pero apuesto a que aún lo anhela, ¿verdad? Algo que le ayude a olvidar el trabajo, a olvidar el aburrimiento, incluso a olvidar la soledad. Porque de lo que se trata a fin de cuentas, lo que odia, más que el aburrimiento, más que todo ese ruido de su cabeza, todos los golpes bajos y las observaciones amargas, es que está solo y sin amigos. Nadie le entiende. A nadie le gusta. Nadie le amará jamás. Se burla del amor, de las emociones, porque cree que eso le hace fuerte. Pero sabe que es una mentira, señor Holmes. ¿Porque en el fondo? Quiere ser amado. Todos lo hacemos, no importa lo mucho que lo neguemos...
No, no, no escuches sus palabras. ¡No! Espera, escúchalas, concéntrate en ellas, en su forma, sus sílabas, su significado. Disecciona sus palabras, déjalas inservibles. Son solo palabras, nada más que palabras. ¿Cómo dice el refrán? ¿Palos y piedras romperán mis huesos, pero a las palabras se las lleva el viento*? Dios, eso es estúpido y completamente obvio. ¿Como es que no lo he borrado todavía?
Porque sabes que no es verdad. Creías que podías encerrarte en ti mismo, pero las palabras duelen, ¿verdad, Sherlock? Claro que lo hacen. Dolían entonces y duelen ahora. Eres mejor fingiendo que no lo hacen, pero ambos sabemos que lo hacen. John tenía razón, ¿verdad? Intentas provocar a todo el mundo hasta que te golpeen, derramar tu propia sangre primero antes de que alguien más la derrame. Pero aunque te cortes a ti mismo o algo más te corte, aún duele. Cortarse a si mismo te permite la comodidad del control. Igual que con las drogas. Tú eliges. Tienes el control de cuándo y cuánto y qué droga para qué efecto. Te haces daño a ti mismo, no otra persona. Y lo que es en realidad es un dolor pequeño y agradable, ¿verdad? Se lleva el dolor consigo, lo hace más fácil de olvidar, más fácil distraerse con el trabajo, hace que la mente se calme en esos días cuando todo el ruido es simplemente demasiado. Cuando todo lo que quieres es encogerte en una pequeña bola como hacías cuando eras pequeño, tener una mano amable acariciándote cariñosamente el pelo, decirte que todo va bien, que estás a salvo, que estás en casa y protegido y amado. ¿Cuando paró todo eso, Sherlock? ¿Cuando murió tu madre? ¿Cuando tu padre se enfrascó en el trabajo para huir del dolor? ¿Es ahí donde aprendiste como hacerlo?
Emociones que Sherlock no ha sentido desde la infancia se levantan como un tsunami, el sonido de la voz del taxista es la onda de choque inicial que lo pone todo patas arriba, su propia voz, las palabras, los recuerdos que surgen a través de él como un cuerpo masivo de agua contaminada con el sedimento de la amargura del pasado. Es impactante, más allá de la lógica, más allá de la comprensión. Tanto que aunque para Sherlock estén muertas y enterradas, todas las cosas que ha "borrado" se están levantando desde el fondo de su mente bajo la fuerza de esta ola de emoción. Por primera vez en lo que parece un largo tiempo, sus fundamentos se agrietan y tiemblan, su lógica flaquea y se sacude.
Dios para, ya basta... por favor, por favor para...
Shhhh-hhhh, está bien Sherlock. Ya no estás solo. Estoy aquí. Incluso aunque todo el mundo piense que eres horrible y cruel, incluso aunque todos los demás te rechacen y te odien, aún así estaré aquí. Después de todo, yo soy tú y tú eres yo. Todo irá bien. Hope sabe lo que hay que hacer. Tenía razón todo el tiempo. Ahora es tan obvio. Ya lo habías pensado antes, sabes que lo has hecho. Esa última vez, con la morfina. Eres demasiado inteligente para no saber cual es la dosis correcta. Lo habías hecho docenas y docenas de veces. Y aún así tomaste demasiado. Si Lestrade no hubiese aparecido en el último momento, ese hubiese sido el último momento. Habría estado bien. Paz. Un alivio al fin. Un descanso al fin. Y entonces solo estaríamos tú y yo para siempre. Y no importaría lo feo o horrible que eres, yo siempre te querré. Soy el único que lo hará...
Todo el cuerpo de Sherlock está temblando violentamente, sus manos aferrando el filo de la mesa tan fuerte que los nudillos están blancos. Sus ojos se abren de golpe, con la mirada salvaje y frenética mientras grita:
- ¡NO! ¡Ya BASTA! Por el amor de Dios, ¡PARA! - sus manos se levantan para enredarse en su pelo, la cabeza cayendo hacia delante mientras su voz se rompe un poco, jadeando – Por favor, por favor... solo... ya basta...
Pero la voz de Hope no para, sus palabras parloteando, echando sal a las heridas ya abiertas en el alma de Sherlock, su expresión arrogante cuando observa a Sherlock desmoronarse ante sus ojos.
- ...así que aquí está, solo y sin amigos, incapaz de amar o de ser amado porque ha estado alejando a todo el mundo de usted durante tanto tiempo que se ha olvidado que hay que hacer para que le importe alguien, como dejar que otra persona le importe usted. Y así es como va a terminar, ¿verdad? Morirá en algún caso, intentando ayudar a alguien que ni siquiera le conoce, y mucho menos importarle. ¿Y para qué? "Gracias a Dios, el friki por fin está muerto" Eso es lo que dirán. "Por fin. Ya era hora"
Chasqueando la lengua con tristeza, Hope alarga la mano, con ella acariciando cariñosamente el pelo de Sherlock, su mirada azul pálido esperando hasta que Sherlock suelta un suave gemido y levanta la cabeza para devolverle la mirada, sus ojos plateados conmocionados y aturdidos. Hope sonríe con suavidad y dulzura, acariciando las manos de Sherlock mientras las deja caer en la mesa ante él.
- Todo es en vano, señor Holmes. Lo sabe. Yo lo sé. Todo lo que conoce es una vida de dolor y miseria. Está tan infeliz, tan desesperadamente solo y hambriento de afecto, por estimulación mental. Y eso solo va a seguir y seguir y seguir, ¿no es así? Pero eso no tiene porque ser así, ¿verdad?
Liberando las manos de Sherlock con una gentil palmada, el taxista desenrolla la tapa del bote antes de empujarlo hacia Sherlock, su voz cariñosa, suave, la voz de alguien que entiende, que se preocupa.
- ¿No está cansado? ¿Cansado de todo? ¿Cansado de no ser amado, ni apreciado? ¿Cansado de todos los insultos, las miradas de odio? ¿Cansado de lidiar con toda esa gente estúpida y de poca monta? Ellos no le entienden. No pueden entenderle. Realmente, ¿qué tiene por lo que valga la pena vivir? Nada, eso es. Nadie a quien amar, nadie que le quiera, y una mente que no le dará un solo momento de paz. Pero tiene un opción. Siempre tiene una opción...
Mirando abajo hacia el bote abierto, Sherlock lo alcanza lentamente con una mano temblorosa, los dedos rodeando cuidadosamente el recipiente antes de empujar la silla hacia atrás lentamente y ponerse en pie, los ojos paralizados en las píldoras de color rojo y blanco del interior. Hope se levanta también, observando a Sherlock, estudiándolo para ver si la trampa realmente ha saltado o si el detective asesor requiere de algo un poco más "convincente". Una vez que el joven se da la vuelta, la tensa sonrisa se vuelve cruel una vez más, incluso aunque la voz permanezca dulce y suave.
- Sería tan simple, ¿verdad? Podría simplemente terminar...
La mano de Sherlock se vuelve más firme cuando busca dentro del bote y saca una sola píldora, mirándola fijamente, dándole vueltas entre los dedos.
John grita el nombre de Sherlock una vez más mientras observa horrorizado, observa como Sherlock, el humano más calmado, sereno y controlado que conoce empieza literalmente a desmoronarse. Observa mientras el veneno invade la mente de Sherlock retorciendo la lógica en una interminable cinta de Moebius*, poniéndolo todo del revés y patas arriba. Sus manos se hunden en la ventana, los músculos tensos inútilmente contra la madera policromada y el cristal. Es completamente incapaz de hacer la única cosa que debe hacer. El corazón le late con fuerza, el hombro le arde, la respiración se le entrecorta por el esfuerzo y el pánico mientras observa a Sherlock, sosteniendo la píldora, la píldora venenosa, sosteniéndola en el aire, mirándola fijamente como si contuviera todos los secretos del universo en su pequeña cápsula de gelatina. Y todo lo que John puede hacer es mirar a Sherlock como si él tuviera todos los secretos del universo en su frágil y mortal cuerpo.
- ¡SHERLOCK!
La agonía se precipita sobre John como una llamarada de fuego, tan inesperada como insoportable. Gritando por la sorpresa, se inclina hacia delante, doblándose por la mitad, con la mano derecha agarrándose desesperadamente el hombro izquierdo, como si de alguna forma pudiera sacarse el hierro caliente que arde ahí dentro tan intensamente mientras su espalda siente como si algo estuviera a punto de estallar fuera de él... y entonces estalla.
Tras él unas alas de color oro y marrón estallan hacia afuera, desplegándose en una llamarada de poder, batiendo poderosamente, por instinto.
Los dedos de la mano derecha se enrosca contra algo que sobresale de su hombro cicatrizado. Aún gritando, John tira y tira y tira... hasta que una espada, su espada, emerge libre, ardiendo con cada color imaginable, brillando de poder.
Solo tiene un segundo para asombrarse antes de que pueda sentir que el nivel de peligro llega a un punto desgarrador, la mano de Sherlock empieza a bajar la píldora pulgada a pulgada, los labios abiertos, la lengua asomándose, preparado para saborear la muerte y la liberación.
No hay tiempo para llegar a él. Incluso con sus alas y su magia. Sin ni siquiera saber si el hechizo que le frenó antes cederá o contendrá su ataque. La espada en sus manos es inútil. Necesita un arma diferente, necesita...
John Watson sabe exactamente lo que necesita.
El hombre dentro del ángel da un paso adelante abruptamente, como si el hombre en persona estuviera allí, empujando a John fuera de su camino y haciendo lo que tiene que hacerse. Su brazo se levanta sin pensar, su cuerpo cambia de posición incluso mientras la espada parpadea y ondea con su voluntad, cambiando de figura y forma, retorciéndose como si le doliera quedarse firme en su mano, la empuñadura del Browning sólida contra la palma de su mano, el dedo descansando tranquilamente sobre el gatillo. Entrecerrando los ojos, apuntando el cañón de la pistola mientras fija su objetivo, las alas aleteando mientras ajusta su objetivo fraccionalmente... y dispara.
NT:
Como Claudio al Rey:
Referencia a la obra de Hamlet de Shakespeare, donde el tío de Hamlet, Claudio, mata al Rey envenenándolo vertiendo veneno en su oreja mientras dormía.
Palos y piedras romperán mis huesos, pero a las palabras se las lleva el viento:
En el original, lo que realmente dice es: Sticks and stones may break my bones but words will never hurt me. Una cancioncilla infantil. Literalmente significa dice, los palos y piedras podrán romper mis huesos, pero las palabras nunca me herirán. Gracias Lilith Malfoy Snape por darme el refrán más cercano (de hecho es casi igual). No sabía que existía y es perfecto. ^^
Cinta de Moebius:
Concepto matemático cuya escultura está colgada en la pared de mi facultad xDD Se trata de una banda o cinta con una cara y un solo borde. Se puede hacer recortando una tira de papel y juntando los extremos dándole la vuelta a uno de ellos. wikipedia.org(/)wiki(/)Banda_de_M%C3%B6bius
Bueno, espero que os haya gustado este capítulo y no os deje muy nerviosos xDDD Muchísimas gracias por leer y por dejar reviews, que simpre animan ^^ ¡Besos!
