11. Una nueva vida.

Kotori estaba aún detenida en el umbral del salón, con el rostro sorprendido, mirando a una Umi que estaba completamente avergonzada. Tenía sus manos entrelazadas sobre sus piernas pero las movía de manera nerviosa, y su rostro, sonrojado por completo, miraba hacia la mesa de vidrio en el centro del salón. La madre de Kotori la miró fijamente.

–A ver Kotori, donde está tu educación. Saluda a nuestra invitada.

Kotori miró a su madre por el tono que había usado, y cayó en cuenta de lo que estaba haciendo. Realizando una reverencia, sonrió y habló con un tono pausado pero firme.

–Buenas noches señorita. Un placer, soy Minami Kotori.

Umi mordió su labio y dibujó una leve sonrisa. Asintió despacio he imitó la reverencia, levantándose del sofá. La mujer tocó el hombro de su hija.

–Así está mejor. Ella hija, es Umi. Simplemente Umi.

–Umi… –repitió Kotori en un susurro y sonrió–. ¿Umi-chan? –Dijo mirando a la chica que sonrojó aún más–. ¿Puedo decirte Umi-chan?

Umi miró a la mujer al lado de la joven. Notó el parecido casi absoluto entre las dos. Asintió despacio, desviando levemente la mirada. De pronto, notó los ojos miel de esa chica frente a ella. Había acortado la distancia entre ellas en un dos por tres y le había tomado las manos.

–Umi-chan es un nombre muy bonito. Tú puedes decirme Kotori.

Umi hizo un gesto de dolor que Kotori notó. La joven trataba de soltarse del agarre de la chica, ya que estaba lastimando las heridas en sus manos. Kotori bajó la mirada y la soltó. Notó que ella aún llevaba unos guantes puestos, aunque algo rotos.

–Pe… perdona. ¿Te lastimé?

–Eh…

–Kotori, ten más cuidado. Umi-chan, tiene unas heridas en sus manos, así que no la tomes con fuerza. Además… –miró a la chica–. Ella no puede hablar mucho, así que no la presiones. Sé que tú pareces un radio descompuesto, pero contrólate un poco con ella.

–Yo no soy ningún radio descompuesto mamá –y encaró a la mujer con cierto enojo.

Escucharon una dulce risa. Umi reía con una carcajada, de seguro por el comentario de la mujer. Kotori sonrió y tomó levemente las manos de Umi, sin presionarlas.

–Perdona por lo de antes y espero que podamos ser amigas.

Umi asintió y sonrió ampliamente. La mujer se sonó la garganta para llamar la atención de las dos chicas que se miraban fijamente a los ojos.

–Kotori, sube a cambiarte para que me ayudes a poner la mesa para la cena.

Kotori asintió, y dando un último vistazo a Umi, que sonrojó, subió corriendo las escaleras. Umi desvió la mirada hacia la mujer que la miraba con una sonrisa.

–Parece algo torpe, pero es muy inteligente. ¿Tienes hambre? Voy a poner la mesa para que podamos cenar las tres.

–Eh… yo… puedo… ayu… ayudar –dijo en un tono tímido de voz Umi, levantando su mano.

–Pero eres mi invitada.

Umi negó y sonrió de una forma sincera. Ella asintió y le señaló donde estaban los platos. Regresó a la cocina mientras que la joven colocaba con mucho cuidado la vajilla sobre la mesa. Kotori regresó al salón, bajando con celeridad las escaleras. Vestía una camiseta blanca algo ancha y un pantalón corto. Al ver a Umi colocando el último plato, sonrió y se acercó a ella.

–Ya venía a hacer eso –dijo en un tono divertido–. Pero veo que te me adelantaste.

Umi sonrió ligeramente sonrojada y asintió.

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Cuatro chicas estaban acostadas en el suelo de la plazoleta del templo. Miraban fijamente al cielo, donde la luna, completamente blanca, las iluminaba con fuerza. Las estrellas parecían danzar mientras las pocas nubes que había en el cielo las ocultaban por leves segundos. Hanayo lanzó un enorme suspiró.

–Aun no puedo creer que hayamos ganado.

–Rin tampoco lo puede creer Kayo-chin. Está aún muy emocionada nya.

–Yo les dije que así iba a ser. Las cartas no mienten Hanayo-chan, Rin-chan.

Las dos chicas se incorporaron un poco en sus brazos para mirar a Nozomi. La joven seguía con la mirada fija en la luna. Honoka, que estaba a su lado se sentó y se mordió el labio.

–Pero… todo fue gracias a esa chica. A… tu amiga, Nozomi.

–Cierto… –susurró Hanayo, sentándose mejor en el suelo–. Si ella no hubiera tocado con nosotras, no creo que…

–A ver ustedes dos –dijo Nozomi cerrando los ojos–. Con ella o sin ella, hubiéramos logrado lo mismo, estoy segura. Somos buenas tocando música.

–Rin no lo cree Nozomi-chan. Esa chica… esa melodía que tocó… fue perfecta nya. Rin podía tocar con mucha calma escuchándola.

–Yo sentí lo mismo –agregó Hanayo en un susurro–. Cada tecla que presionaba… se complementaba a su melodía, era como si ese violín estuviera dirigiendo la música.

Nozomi no dijo nada. Las tres chicas se miraron.

–Nozomi… ¿Sucede algo? –preguntó Honoka lentamente.

–Nada Honoka-chan, simplemente…

– ¿Estás pensando en ella Nozomi? –preguntó Hanayo tímidamente. Nozomi sonrió.

–No te puedo mentir Hanayo, sí, estoy pensando en ella.

– ¿Estás enamorada de ella, nya?

Nozomi no respondió. Nuevamente el silencio llenó toda la plazoleta. Las tres chicas volvieron a mirarse, pero cuando nuevamente Honoka iba a preguntar, pasos las hicieron mirar hacia la entrada. Dos pequeñas chicas, ataviadas en grandes abrigos las miraron fijamente.

–Demonios –dijo la chica castaña lanzando un suspiro de molestia–. Pensé que por lo menos no vería sus horribles caras nunca más.

–Kira-san… –susurró Hanayo. Rin se abrazó del brazo de su amiga.

–Acaso no saben que hay una hora para que las brujas salgan a la calle.

–Entonces tú también estás fuera de horario Kira-san –dijo Nozomi en su tono tranquilo, sentándose en el suelo. Las otras tres chicas la miraron.

Tsubasa se mordió el labio. Iba a reclamar pero la chica a su lado le colocó la mano en el hombro y le negó despacio.

–No vale la pena discutir Tsu. Podemos ir a otro templo.

–Pero Nico…

–Descuiden, nosotras ya nos íbamos.

Nozomi sonreía y se había puesto de pie. Honoka, Hanayo y Rin la habían imitado y esperaban en silencio. Nico frunció las cejas dando una imagen que asustaba y se acercó con pasos lentos.

– ¿Ya se van? No me hagas reír.

–Pero es la verdad Yazawa-san. Ya nosotras dimos gracias a los dioses y tenemos que ir a descansar. No es necesario que se vayan.

Nozomi se despidió de ellas con su mano y comenzó a caminar hacia la salida del templo, pasando al lado de ambas chicas. Hanayo y Rin rápidamente la siguieron sin mirar a las otras dos. Honoka suspiró y miró a Tsubasa un segundo. La chica de ojos esmeralda le devolvió la mirada y la hizo sonrojar. Desvió la mirada y pasó a su lado. Tsubasa sonrió.

–Kousaka-san… hoy tuvieron suerte de que todos en el jurado quedaron embobados con la chica del violín. Pero no creas que fueron mejores que nosotras.

Honoka no respondió. Volvió a mirarla de reojo y bajó las escaleras rápidamente. Tsubasa suspiró y miró a Nico que la miraba fijamente.

– ¿Qué?

–Ya no tenía caso decirle eso.

– ¿Y qué? Me da igual. Solo quiero que sepan que no son mejores que yo.

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Umi estaba sentada al lado izquierdo de la cabecera de la mesa mientras que Kotori lo hizo frente a ella, al lado derecho. En la cabecera estaba sentada su madre. Cenaban amenamente escuchando lo que Kotori les decía del final del festival.

–Vaya, me sorprende que los jueces se atrevieran a dar ese resultado de empate. ¿Supongo que hubo confusión? –Kotori asintió.

–Sí, demasiada. Mis amigas no lo podían creer, aunque… –y miró a Umi que cortaba con algo de dificultad un trozo de pollo–…creo que tu colegio debió ganar. Hicieron una presentación grandiosa.

Umi la miró y se mordió el labio. La mujer sonrió y le acarició una mano a su hija.

–Ustedes tocaron increíble, aunque no quiera aceptarlo. Kira-san y Ayase-san son buenas guitarristas. En cuanto a mis estudiantes… tuvieron cierta ayuda –y miró a Umi que se hizo pequeña en la silla con un leve rubor en sus mejillas.

–Pero los jueces aceptaron que ella era una estudiante de Otonokizaka, así que fue legal mamá.

Las dos rieron. Umi las miró fijamente y sintió un cierto dolor en el pecho, como de nostalgia. Una imagen borrosa llegó a su mente, una imagen de la que ella creía era su madre. Suspiró y se mordió el labio.

–Bien. Umi-chan, si todavía tienes hambre, en la nevera hay un delicioso postre.

Umi soltó una linda carcajada que hizo que las mejillas de Kotori sonrojaran por completo. Desvió la mirada mientras la chica peli azul tomaba pequeñas cantidades de comida.

–Kotori, sé que te debo una explicación. A partir de hoy, la señorita Umi-chan, se quedará con nosotras por un tiempo. ¿No hay problema, verdad?

–Eh… claro que no mamá. Es agradable tenerla de compañía. Será fabuloso –Umi sonrojó un poco más.

–Me alegra escucharlo hija. La verdad, no… no hay un motivo así extraordinario para esto, pero quiero ayudarle a Umi-chan.

–Descuida mamá. Sé que te gusta hacer cosas por los demás. Me lo has inculcado mucho.

La mujer sonrió pero no agregó nada más. No podía decirle a su hija que protegía a Umi de una amenaza. Suspiró.

–Ya se conocían, ¿cierto? Por lo que me dijiste en el festival.

Umi negó lentamente con la cuchara en la boca. Eso las hizo reír a las dos mujeres frente a ella y la hicieron sonrojar. Kotori tomó una rebanada de pan y miró a su madre.

–Conocernos no mamá, pero si nos habíamos visto –Umi puso cara de confusión. Kotori rio–. ¿No lo recuerdas? Cuando te di un billete de cinco mil yenes y me lo rechazaste. Te… escuché tocar el violín en un callejón, una melodía hermosa, por cierto– Umi abrió los ojos con sorpresa y se mordió el labio–. ¿Ya lo recuerdas?

Umi asintió y bajó la mirada.

–Gra… gracias.

Kotori sonrió ampliamente, haciendo sonrojar a Umi. Continuaron cenando por unos minutos en silencio. El teléfono del departamento comenzó a sonar.

–Descuida hija, debe ser para mí –dijo la mujer y se puso de pie. Kotori miró a Umi y la notó triste.

–Umi-chan, ¿pasa algo?

–Eh…

–Si sucede algo, dímelo.

–No… no es nada –dijo con algo de dificultad. Siguió comiendo tratando de que así la chica frente a ella no preguntara más.

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La madre de Kotori tomó el teléfono inalámbrico de la casa y se alejó lo más que pudo de las chicas que seguían cenando. Se acomodó el cabello hacia la izquierda y contestó.

– ¿Aló?

–Naomi-chan. Buenas noches. Espero no estar interrumpiendo nada.

–Hola Kenzo-kun. Para nada, solo estaba cenando con mi hija. Espero que no me estés llamando desde el hospital, Sakura-chan se va a molestar demasiado contigo, al igual que la pequeña Maki.

–Descuida, ya le avisé a mi hermosa esposa que llegaré un poco tarde. ¿Qué querías hablar conmigo Naomi-chan?

–Mira… sé que tu especialidad es otra, pero como médico, me gustaría que revisaras a una jovencita que voy a cuidar por un tiempo. Tiene algunas heridas… parecen quemaduras, en algunas partes del cuerpo.

– ¿Sabes quién se las hizo?

–No, la verdad es que ella… al parecer vive en la calle.

– ¿Ayudando a una chica de la calle? Siempre tan altruista Naomi-chan, no cambias nada.

–Que yo sepa, los Nishikino también lo son, así que no me vengas con sermones.

Ambos adultos rieron. Naomi miró hacia la mesa. Kotori ya había sacado los postres de la nevera y le servía un poco a Umi que estaba algo nerviosa. Suspiró.

–Y bien Kenzo-kun, ¿puedes revisarla?

–No veo ningún problema. ¿Crees que puedas venir mañana en la tarde? Luego de tu trabajo.

–Me parece bien. Muchas gracias por tu ayuda Kenzo-kun. Y dale mis saludos a Sakura-chan, dile que extraño nuestras salidas a jugar bádminton.

–Así lo haré Naomi-chan. Dale un beso a la linda Kotori de mi parte.

La mujer terminó la llamada y miró una vez más hacia la mesa. Le parecía increíble ver lo animada que estaba Kotori, hablando con Umi quien reía de una forma dulce, aunque aún lucia bastante nerviosa. Decidió acercarse un poco.

–A ver, a ver Kotori… que te dije de hablar como un radio descompuesto. Ya debes tener a la pobre Umi-chan mareada –Umi comenzó a negar asustada. La mujer le acarició la cabeza–. Era una broma.

–Mamá…

–Kotori, quería pedirte algo. Podrías por favor prestarle tu uniforme a Umi-chan, el que te di de Otonokizaka.

– ¿Mi uniforme de Otonokizaka mamá?

–Sí. Quiero que Umi-chan vaya conmigo mañana al instituto, y quiero que lo haga ya con el uniforme. Y como tú no lo vas a usar, y veo que casi son de la misma talla y altura.

–Eh… señora… no, yo no… yo no puedo ir a…

–Claro que puedes ir Umi-chan.

–Mamá… pero creo que ella tiene razón. No puede simplemente llegar a mitad del curso. ¿Y sus estudios anteriores?

–No te preocupes Kotori, y tú tampoco Umi-chan. Además… ¿no quieres estar con tus amigas?

–Yo… no… tengo amigas –dijo en un tono muy bajo y triste.

– ¿Y Tojou Nozomi? Yo diría que es tu amiga, por lo que pasó hoy.

A Umi se le iluminaron los ojos al escuchar ese nombre. Un leve sonrojo le coloreó las mejillas y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Kotori sintió una leve molestia en el pecho al ver esa reacción, aunque no sabía por qué. Umi bajó la mirada y comenzó a mover sus manos entrelazadas de manera nerviosa. Naomi sonrió.

– ¿Me puedes hacer ese favor Kotori?

Kotori miró a Umi unos segundos y luego a su madre. Asintió en silencio y sonrió levemente al ver la sonrisa en el rostro de la otra chica.

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La figura de un hombre podía mirarse al fondo de la habitación, sentado tras un enorme escritorio. El lugar estaba en completa penumbra, y solo la luz del cigarrillo que estaba fumando podía divisarse. Dos hombres, uno rubio y el otro de cabello castaño grisáceo, ataviados en sendos trajes miraban a la figura a varios metros de ellos.

–Entonces lo que me dices es verdad Ayase. La jovencita está con vida.

–Si señor –contestó el hombre rubio. El otro lo miró fijamente–. Es la viva imagen de su madre, Ritsuko. Y puedo asegurar que toca maravillosamente el violín.

–Interesante. ¿Y por qué no la capturaste?

–Como le informé señor, tuvimos problemas con cierta mujer.

–Cierto… Minami Naomi. Que tienes que decir a esto, ministro de defensa.

El hombre de cabello grisáceo suspiró algo nervioso y miró al hombre rubio frente a él. Lanzó otro suspiro antes de hablar.

–Eh… bueno, usted sabe señor como puede ser mi ex mujer. Además, estaban en su colegio. Ella, bueno, ella duda de nosotros.

– ¿Duda? No creo que dude. Es algo más.

–Apenas terminó el festival, su equipo de seguridad y algunos oficiales nos sacaron a mis hombres y a mí de los terrenos del colegio. Tuve que esperar a mi hija fuera –dijo Ayase con un tono de molestia evidente.

–Necesito encontrar a esa vagabunda. La necesito de regreso si queremos quedarnos con el dinero de los Sonoda. Aunque le hayamos provocado amnesia a esa pequeña, no creo que sea seguro que ande por ahí.

– ¿Y… como sugiere que la encontremos señor?

–Sencillo –dijo la figura y apagó el cigarrillo mientras presionaba un botón. Una secretaria ingresó por la puerta y le entregó una carpeta a cada hombre.

– ¿Qué es esto?

–Eso, ministro de defensa, es nuestro plan para atrapar a esa jovencita. Si no me equivoco, sus hijas ya se han involucrado con ella, indirectamente.

–Eli no tiene nada que ver con ella. Tampoco Kotori –dijo Ayase molesto. El ministro de defensa asintió.

–Ayase tiene razón, no meta a Kotori en esto.

– ¿Cómo están tan seguros? La chica del cabello de fuego protegió a una persona que estuvo con esa vagabunda. Si esa niña lo hizo, sus hijas también han de haber estado en contacto.

–Pero una cosa es que Nishikino Maki ayudara sin querer a alguien que estaba con esa maldita mocosa, muy diferente a que ella…

Ayase no pudo terminar la frase porque el hombre golpeó la mesa con el puño. Hubo un largo silencio, interrumpido solo por el encender de un mechero. La figura volvía a encender un cigarrillo.

–No le haré ningún daño a sus hijas, lo saben, pero necesito que hagan exactamente lo que indican esas carpetas. Y si alguna de sus preciosas hijas sabe algo…

– ¿Y qué pasará con mi ex mujer? No pensará…

–Naomi es una pieza clave en esto, mi querido ministro. Pero si interfiere mucho, lamento que quedarás… ¿cómo decirlo? Divorciado y viudo a la vez.

– ¿Y qué va a pasar con Kira y Nishikino? También están involucrados –preguntó Ayase con molestia. El hombre dibujó una sonrisa en su rostro.

–Así es… ya los he involucrado. Recibirán su información, igual que ustedes. Ahora… pueden marcharse, Minami, Ayase.

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Umi miraba el techo de la que ahora era su nueva habitación. Acababa de acostarse en esa suave y caliente cama, pero aun así, se sentía fría, porque ella sabía que no le pertenecía. Miro a su lado, sobre la misma cama, estaba el estuche viejo y destartalado. Eso era lo único que poseía, lo único que la unía a una vida que no podía recordar, eso, y todas las heridas en su cuerpo.

Suspiró. ¿Y si se marchaba? Su ropa estaba en la canasta del primer piso, y su abrigo colgaba de la puerta. Podía tomarlos, ponérselos y salir de la casa sin hacer ruido. No entendía porque esa mujer la estaba ayudando.

Pensó en Kotori. Esa chica era muy bonita y alegre. Se había preocupado en arreglar el uniforme para que a ella le quedara bien, incluso ajusto un poco la blusa blanca que le quedaba un poco grande porque ella tenía menos pecho que esa chica. Además, le regaló unas pantuflas de en forma de foca, y le dijo que podía tomar otro pijama para que tuviera dos.

Sonrió. Esas dos mujeres se habían preocupado mucho por ella, al igual que Nozomi. Pensar en Nozomi la hizo sentir nerviosa. Porque cada vez que pensaba en ella, sentía ese calor en el pecho y en sus mejillas.

Tres leves golpes en la puerta la hicieron salir de sus pensamientos.

–Disculpa Umi, ¿estás dormida?

Umi negó y se sentó en la cama. La mujer entró a la habitación y cerró la puerta, encendiendo la luz. Notó el maniquí a un lado de la cama, que tenía puesto el uniforme de Otonokizaka y sonrió. Miró a Umi que había entrelazado sus manos sobre su regazo.

–Imaginé que no podías dormir, ¿verdad? –Umi asintió–. ¿Por qué?

–Es que… –comenzó a decir con dificultad–…todo esto que usted… esta…

–Umi, Umi, Umi. En verdad, no debes sentirte mal por lo que estoy haciendo por ti. No hay nada que debas temer ni dudar. Yo solo quiero ayudarte.

– ¿Por qué?

–Porque imaginé lo mucho que debes haber sufrido, y puse a Kotori en tu lugar. No quisiera que mi hija viviera eso, como tampoco quiero que lo sigas viviendo tú.

–Pero…

–Umi, dame una oportunidad, por favor. Confía en mí, por favor.

Umi miró los ojos color miel que la miraban. Asintió despacio y dibujó una leve sonrisa en su boca. La mujer le acarició la mejilla y le besó la frente. Ese pequeño acto hizo que algo se removiera en el corazón de Umi, un sentimiento.

–Mañana te llevaré al colegio, para que veas a Nozomi. Luego, iremos a comprarte ropa y veremos a un amigo mío. Está bien.

Umi asintió. La mujer sonrió y la ayudó a acostarse en su cama. Colocó la frazada hasta arriba para arroparla y volvió a besarle la frente.

–Descansa Umi-chan. Te lo mereces.

La mujer abrió la puerta y apagó la luz. Umi la miró hasta que ella cerró la puerta. Presionó su pecho y cerró los ojos.

–Gracias… –susurró mientras se dejaba arrastrar al mundo de los sueños.


Bueno, perdón por la tardanza. Aquí está un nuevo capitulo en donde vemos como Kotori está feliz con la nueva inquilina de su casa, demasiado feliz diría yo. ¿Como le irá a Umi en el colegio? ¿Y quien será el hombre misterioso?

Espero les guste el capitulo y comenten. Por cierto, para los que les gusta ver los ships que se estan haciendo, aquí aparece otro, jajaja.

Un abrazo.